Hola chicos y chicas! Esta ha sido la peor semana de mi corta existencia. Primero me caí y me hize un moretón en el pomulo, luego se me atoró la uña en la banca de la escuela y me arrancó un cacho y luego... ay... verán ay una puerta pesada en mi escuela que lleva al patio de atrás y me habían contado que un niño se había roto la mano ahí, yo no lo creía hasta que iba caminando felizmente hacia mi salón cuando uno de los orangutanes que tengo por compañeros me empujó al mismo tiempo que otro cerraba la puerta. En resumen su autora tiene dos dedos rotos, no tiene cachos de uñas en tres dedos y un moretón del tamaño de Texas en la cara. Dolió... mucho, en verdad mucho. Y como podrán suponer es ligeramente díficil escribir con toda tu mano vendada. Mis amigos se comprometieron en irse turnando para seguir subiendo capítulos ya que es una traducción y sólo lo tienen que pasar de inglés a español. Al principio de cada capítulo cada uno se va a presentar así ustedes sabrán a quién agradecer. Estaré fuera de servicio unos dos meses, lo siento mucho. Si son personas amables les garadeceran a mis amigos el sacrificio de tiempo que están haciendo para que ustedes puedan seguir disfrutando los capítulos desde la comódidad de su hogar. Bueno eso es todo, sigamos con el capítulo. De este capítulo ya lo llevaba casi todo y me lo acabó mi hermana Angie. Disfrútenlo :D
Capítulo 14: La fruta del amor
Gaara estaba de pie en el balcón de la casa que se les había ordenado cuidar como misión. Una misión bastante tonta, ya que era rango D y él era el Kazekage y Hinata era una jounin. Hinata… había sido muy grosero con ella. Quería ir a disculparse con ella pero eso no era algo en lo que el fuera particularmente bueno. Sólo se disculpaba con sus hermanos cuando les contestaba bruscamente, una vez a un jounin con el que había chocado por accidente en la aldea o a Baki cuando perdía el temperamento con sus viejo sensei. Sacudió la cabeza con gesto cansino.
No se le ocurría como pedir disculpas. Le había dicho que debería de ir con Tsunade y preguntarle si se podía casar con Naruto en su lugar. Estúpido… ¡No es como si siquiera quisiera casarse contigo! Ugh… eso también era verdad. Era un matrimonio arreglado después de todo. ¿Cómo pudo ser tan esúpido como para pensar que de hecho se quisiera casar con él?
Él era Subaku No Gaara. El Kazekage de la aldea escondida entre la arena, de la Tierra del Viento. El huésped anterior del Shukako, el demonio de arena. ¡El asesino sediento de sangre que había matado a cientos antes de alcanzar la pubertad! Sí, todas las chicas de la aldea iban tras él pero… pero no sabían lo que solía ser. No sabían cuanta sangre había sido derramada a sus manos. Hinata sabía… y por eso…
-¿G-Gaara?-
El Kazekage abrió los ojos y vio a su alrededor. Hinata estaba parada en la puerta del balcón, su largo cabello flotando en la fría brisa nocturna. Lo veía con esos interesantes ojos plateados.
-Hinata- dijo, dando la vuelta para encararla.
Cerró los ojos y caminó hacia ella. Se detuvo junto a él y levantó la vista hacia la luna menguante. –Me… me gustaría que me dijeras algo, Gaara.- dijo en voz baja.
-¿…?-
Volteó a verlo con ojos firmes. –Dime como te hiciste ese moretón y ¡quiero la verdad! Yo… yo no puedo creer que te caíste tú más que nadie. En verdad…- bajó la mirada. -¿Qué tan densa crees que soy?-
Gaara parpadeó, sorprendido por su cambio de actitud. Suspiró. –De acuerdo… te firé la verdad…-
Hinata le lanzó una mirada.
Gaara frunció el ceño. –Naruto lo hizo.- dijo en voz baja, sin verla a los ojos. –Me emboscó una noche y me golpeó. Estaba enojado…-
-¿Porqué?-
-No lo sé…- mintió.
-Ya veo…- la boca de Hinata era una tensa línea. –Gaara… ¿Tú me… me odias?
Gaara la volteó a ver con los ojos llenos de sorpresa. -¿Qué?- dijo en apenas un susurro. ¡No podía creer lo que acababa de decir!
-Digo…- apretó la mano que tenía sujeta del barandal. –Lo que dijiste antes, y lo que dijiste sobre Naruto-kun… yo… yo sólo…- Gaara vio como las lágrimas se agolpaban en sus ojos de nuevo.
Hizo una mueca. –Sólo… no llores más.- era más una orden que una solicitud. Gaara no era bueno con este tipo de cosas. Maldición, ¡donde estaba Temari cuando la necesitas! En la aldea de la hoja… mierda. –Yo… yo no te odio, yo sólo…- sus palabras se apagaron.
-¡Escucha, sólo deja de llorar! ¡No soy bueno en estas cosas!- era difícil para él admitirlo pero era verdad. Levantó la mano y le limpió las lágrimas con la manga, evadiendo su mirada. –Sólo… detente.-
Hinata se le quedó viendo con ojos llenos de lágrimas brillando a la luna llena. Nunca pensó que alguien tan serio como Gaara sería tan gentil. Luego recordó la noche en que su padre lo había invitado a cenar y ella se había clavado una astilla en el dedo.
-Es tarde.- murmuró él. –Deberíamos ir a la cama.- se dio la vuelta para irse con los ojos cerrados.
-¿Gaara?-
Se detuvo y volteó a verla con cautela.
Hinata caminó hasta él y rápidamente rodeo su cuello con los brazos, escondiendo el rostro en su hombro. –Gracias…- susurró, con la voz ligeramente apagada por la ropa de él. Tan rápido como lo hizo, lo soltó y corrió hacia su cuarto, cerrando la puerta rápidamente.
Gaara se quedó ahí para sorprendido con los ojos verdes muy abiertos. Tenía miedo de explotar. Después de una pequeña duda, caminó a su cuarto y cerró la puerta detrás de él. Parpadeó confundido. -¿Qué fue eso?- murmuró para sí mismo. Duh, te abrazó, idiota. –Ya sé… pero ¿porqué?- ¡Quien iba a saber que las chicas reaccionaban así a la amabilidad!
Se sentó en la cama y sacudió la cabeza con exasperación. No entendía a las chicas pero sí sabía que Shikamaru le daba flores a Temari de vez en cuando. Cuando eso pasaba, ella no actuaba como siempre. Se ponía toda feliz, sonriente y lo abrazaba a él y a Kankuro todo el tiempo y les decía que los amaba. ¡Esa definitivamente no era la usual Temari! Hm… flores…
¿Era eso lo que las chicas querían de los chicos? ¿Flores y abrazos? ¿Qué mas querían de chicos? Había visto a Temary y Shikamaru besándose antes… oh no… ¡no iba a besar a Hinata! Por supuesto que si diota, ese es el punto. Sacudió la cabeza y se acostó en la cama con los brazos detrás de la cabeza, pensando en una sola cosa.
¿Qué les gusta a las chicas?
-XxX-
-¡Baki-sama!-
Baki se dio la vuelta para ver a Matsuri corriendo hacia él, con la cara roja de estar corriendo en el sol. Se veía sin aliento.
-¿Qué pasa, Matsuri?- le preguntó a la chica. La respetaba, ya que era la única además de Gaara que podía controlar la arena. Era la alumna de Gaara después de todo. Si, no era tan poderosa como el Kazekage, pero tenía talento.
-¡Este mensaje acaba de llegar del Anciano Mayor, señor!- dijo, dándole una hoja de papel. -¡tiene que ver con el matrimonio de Gaara-sama y Hinata-san!-
Baki frunció el ceño y escaneó la hoja rápidamente. Solo era un aviso, diciendo que el Anciano Mayor atendería la boda, junto con todos los kages de las otras aldeas. De acuerdo… ¡QUÉ! Se le quedó viendo al papel sorprendido.
-Está… ¿pasa algo, Baki-sama?- preguntó Matsuri con las cejas levantadas.
-¿L-leíste esto?- preguntó.
Ella sacudió la cabeza.
-¡El Anciano Mayor y todos los otros Kages irán a la boda así como varios señores feudales!- prácticamente gritó Baki.
-Wow, ¿de verdad?- preguntó Matsuri con los ojos negros muy abiertos.
-¡No es nada de que impresionarse!- dijo bruscamente Baki. –Oh, esto no es bueno.- se mordió el pulgar. Con Gaara lejos, no había nadie a quien decirle excepto por… -¡Matsuri, sígueme!- ordenó.
-Uh, si señor.-
La guió fuera de la aldea y arriba por un cañón por el que corrían vientos de impresionante velocidad. ¡Este viento iban tan rápido como los jutsus de Temari-san! Baki lo guió por una gran puerta. Tocó tres veces en el duro metal y abrió la puerta.
Dentro había como una miniatura de la aldea de la arena pero mucho más limpia. Estaba hecha de mármol blanco con un pequeña laguna artificial en el centro. Un viejo hombre estaba sentado en un lado de la laguna con una caña de pescar en sus arrugadas manos. Matsuri lo reconoció rápidamente.
-¡Ebisu-jiisama!- exclamó en voz alta y Baki le tapó la boca con la mano.
Ebisu levantó la mirada. –¡Oh, Baki! ¿Eres tú?-
-Así es Ebisu-sama,- dijo Baki asintiendo. –Junto con Matsuri, jefe del escuadrón ANBU de recuperación.-
Matsuri hizo una reverencia.
-Ah, si.- dijo Ebisu asintiendo. –La pequeña niña que estaba ahí cuando los ninjas de Konoha ayudaron a salvar a Gaara-san.-
-Pequeña…- murmuró y Baki le cubrió la boca con la mano de nuevo.
-¿Y?- dijo Ebisu, poniéndose de pie. -¿Qué pasa, Baki?-
El jounin sacó el papel y se lo mostró al anciano. –El Anciano Mayor y todos los kages van a ir a la aldea de la hoja por el matrimonio de Gaara-sama y Hinata-san.- le explicó. Esto lo preocupaba… si todos los kages iban, eso incluía al Mizukage. Por alguna razón, el Mizukage despreciaba a Gaara. Temari había tenido una idea con la que Gaara y Kankuro estaban de acuerdo. Había visto el perfil del Mizukage y descubierto que se había convertido en kage a los 40 mientras que Gaara lo hizo a los 15. Había llegado a la conclusión de que el Mizukage estaba celoso de la juventud de Gaara. Parecía una respuesta razonable, ya que Gaara era el más joven de todos.
Ebisu leyó el papel, con las largas cejas levantadas de interés. –Oh ¿de verdad?- le regresó el papel a Baki y caminó hacia la puerta. –Vengan conmigo ustedes dos. Creo que atenderé la boda también pero necesito hacer algo antes.-
Baki y Matsuri intercambiaron miradas antes de seguirlo.
Le tomó a Matsuri un momento en darse cuenta de que Ebisu los había llevado a un cementerio. Levantó la vista hacia Baki que tenía su único ojo visible cerrado. Volteó a ver a Ebisu a tiempo para verlo detenerse frente a una tumba.
-Voy a la aldea de la hoja, nee-chan.- dijo, poniendo una mano sobre la tumba. –Gaara-san se va a casar. ¿Lo recuerdas verdad? Le diré que le mandas saludos.-
Matsuri se sintió mal por él. Chiyo-sama era la hermana de Ebisu-sama y había sido la persona que había dado su vida para traer a Gaara de regreso. Todos en la aldea visitaban su tumba frecuentemente pero nadie más que Gaara. Una vez, alregresar de una misión, había visto a su viejo sensei sentado frente a la tumba tomándose una copa de sake. Suspiró.
-Bueno,- dijo Ebisu, dándose la vuelta. -¡Estoy listo!-
-Uh, ¿ahora Ebisu-sama?- preguntó Baki, con sorpresa.
Ebisu asintió. -¡Sí! De todos modos nos tomarán tres días para llegar a la aldea. Puse a Sanada a cargo por lo pronto.-
Matsuri volteó a ver a Baki que asintió. Los dos hombres mayores se fueron hablando en voz baja. Matsuri empezó a seguirlos pero se detuvo. Se dio la vuelta hacia la tumba e hizo una reverencia. Luego se apuró y siguió a Baki y Ebisu.
-XxX-
Hinata levantó las cortinas y la luz entró a su cuarto. Abrió la ventana y aspiró el fresco aire de la mañana antes de suspirar felizmente. Se sentía inusualmente feliz ese día y no sabía porque. ¡Ya que!
Salió del cuarto con el cabello en una cola de caballo alta y caminó hacia el balcón. Alcanzó a ver a Gaara sentado bajo un árbol en el patio, haciendo diseños abstractos en el aire con su arena. Le dirigió una pequeña sonrisa. Le hablaría más tarde.
Bajó las escaleras para hacerse el desayuno cuando vio un tazón de arroz en la mesa. Gaara. –Hm…- se sentó en la mesa, viendo los huevos con curiosidad.
Kankuro se había negado a cocinar cada vez que Temari le pedía que lo hiciera y la comida de Temari era, bueno… asquerosa. Nunca había probado nada que hubiera hecho Gaara.
Tomó un bocado con cautela y sus ojos se iluminaron. No estaba tan mal, no era perfecto pero ¡no estaba nada mal! Al parecer la cocina era la especialidad del hermano más fuerte de la arena. No pudo evitar una risa.
Terminó el tazón y lo puso en el lavadero. Lo lavó rápidamente y decidió ir a caminar. No hablaría con Gaara aún… conociéndolo, estaría pensando en lo de anoche igual que ella.
Se ruborizó ligeramente al recordar el abrazo y se preguntó como se había sentido él. Ella se había sentido… bueno, en realidad no podía describirlo.
El sol brillaba sobre el pasto verde esmeralda mientras Hinata caminaba por los campos. Subió a una de las colinas y se sentó, observando las cascadas. ¡Era casi demasiado hermoso! La brillante agua rodaba suavemente contra la orilla, mientras libélulas danzaban juntas en la superficie.
Hinata suspiró, cerrando sus ojos y dejándose caer sobre el suave pasto. La luz del sol calentaba su piel y la hacía sonreír felizmente. La primavera era una increíble estación, en verdad.
De pronto, algo la golpeó en la cabeza. Se sentó sorprendida y vio a su alrededor. Entonces notó que había estado descansando cerca de un árbol de duraznos y uno de ellos había caído justo sobre su cabeza.
Levantó la fruta y la sintió. La piel estaba suave, como debería. No tenía manchas cafés, ósea que estaba perfectamente maduro. Una mordidita no lastimaría a nadie.
La mordió con cuidado y sonrió. ¡Estaba jugosa y tan deliciosa! ¡Nunca había provado un durazno así antes!
-¡Ese tipo de durazno en particular se llama la fruta del amor!-
Hinata brincó y volteó para ver una mujer vieja caminando hacia ella, recargándose en un bastón.
-¡O-oh!- dijo, poniéndose de pie. -¡Lo siento! ¿Este es s-su árbol?-
-¡No, no niña!- dijo la mujer, sentándose. Le hizo una seña a Hinata para que se sentara junto a ella. –Sólo soy una viajera pero he visto ese tipo de durazno antes. Se dice que si comes esa fruta y luego lapersona que amas también la come, ¡ambos se enamorarán inmediatamente!-
-¿De verdad?- Hinata miró fascinada la pequeña fruta en sus manos. Parpadeó.
La anciana asintió. –Sí, mi niña.- dirigió la mirada hacia la distancia, sonriendo. -¿Es ése tu amante?-
Hinata volteó hacia donde señalaba la anciana y vio a Gaara sentado bajo el mismo árbol en el que Hinata lo había visto más temprano. Brincó tanto que soltó la fruta. -¡N-no!- gritó, ruborizándose. –D-digo, m-me voy ac-casar con él pero… pero es un matrimonio arreglado.-
-Ah niña,- dijo la vieja mujer. –El amor puede florecer donde sea y con quien sea. No importa que sea un matrimonio arreglado. ¡Quien sabe! Algunas personas encuentran su pareja perfecta en su prometido arreglado.-
Hinata frunció el ceño. –Pero…-
La anciana se puso de pie. –O la fruta puede hacer que te enamoras y tener un matrimonio feliz,- dijo. –o… puedes enamorarte de acuerdo a lo que te dicta tu corazón.- se dio la vuelta y se alejó. -¡Siempre escucha a tu corazón, mi niña!- gritó sobre su hombro.
-XxX-
-¿Oíste eso, Lee?- susurró Shikamaru. -¡El durazno puede hacer que las personas se enamoren!-
-¡Increíble!- gritó Lee. -¿Pero no las personas deberían de enamorarse sólo cuando quieren? ¡Digo de eso se trata la primavera de la juventud y el amor!- dramáticas lágrimas empezaron a correr por sus ojos negros.
Shikamaru sacudió la cabeza. –Idiota, ¡se nos ordenó hacer que se enamoraran a cualquier costo! Si eso significa tener que hacer que se coman ese durazno al mismo tiempo ¡así será! Ahora sólo tenemos que encontrar la manera de que Gaara se coma uno…-
-¡Podríamos dárselo!- sugirió Lee.
Shikamaru frunció el ceño y volteó a ver a su compañero. –Lee… nos dijeron no dejar que Gaara y Hinata nos descubrieran ¿cierto?-
-Cierto.-
-Entonces ¡como diablos podemos sólo dárselo a Gaara!- gruñó.
Lee sonrió. –Jutsu de transformación.- susurró emocionado.
Shikamaru se quedó frío un momento, antes de registrar lo que Lee le había dicho. Sí… ¡sí eso podría funcionar! ¡Esperarían hasta que Hinata saliera a caminar o algo y uno de ellos haría un jutsu de transformación, convertirse en Hinata y hacer que Gaara se comiera el durazno!
-Lee, ¡eres un genio!-
-Lo soy…¡espera, lo soy!-
-¡Sí!- dijo Shikamaru, viendo a Hinata desde su rama en un árbol cercano. -¡Jutsu de transformación como no se me ocurrió antes!-
Lee se ruborizó, aún sonriendo.
-La fruta del amor…- dijo Shikamaru en voz baja. –¡Así es como los juntaremos de seguro!
