Aqui les traigo un nuevo capitulo. Gracias por agregarme a sus favoritos y si comentan no me enojo, en serio ;)
Empaco sus pocas pertenencias en la mochila que llevaba consigo desde que huyo de casa, sonrió un poco al recordar la pequeña sorpresa que les dejo en el Instituto antes de regresar, eso los pondría más furiosos de lo que ya están, pero pagaría lo que fuera por ver la cara de Isabelle en ese instante, debió ser épico.
La información de la reina Seelie no fue tan mala como pensó, por supuesto que no se fiaba de ella completamente y para ser sincera tampoco de Sebastian, las hadas poseen esa habilidad de jugar con la verdad como nadie más. Ahora lo que necesitarían sería un auto, nunca ha visto a Sebastian conducir un auto, ¿sabrá siquiera conducir? No tiene sentido aprender hacer cuando puedes moverte por medio de portales dibujados en las paredes. Nina tampoco tiene auto, sabe conducir pero su padre siempre insistió en que llevara chofer, aunque sinceramente siempre prefirió el metro.
-Esto es como Alicia en el País de las maravillas. – se dijo a si misma colgándose la mochila a su espalda. – solo que más gótico.
Salió de la habitación encontrando a su anfitrión tirado en el sofá con su antebrazo puesto sobre sus ojos, soltó unas risitas esa es la última manera en que se lo pudo imaginar.
-¿Sabes conducir? – pregunto haciéndose notar. Sebastian se acomodó en el sofá para quedar sentado y la miro enarcando una ceja. - ¿tienes auto siquiera? – hizo otra pregunta en vista que no respondió la primera. – No sé cómo tomar tu silencio.
-No como el presagio de algo bueno, eso es seguro. – sonrió, definitivamente si sus palabras no la convencían esa sonrisa que prometía problemas sí. – Y tengo algo mejor que un auto, incluso llegaremos más rápido que usando uno.
La motocicleta negra frente a Nina lucia preciosa, no era como la que su primo Roger conducía, esta es más elegante y… diferente. Ya quería conducirla.
-No sé qué estamos esperando. – dijo Nina con verdadero entusiasmo. – andando.
Estaba a punto de montarse en la moto cuando Sebastian la tomo del brazo impidiéndoselo.
-No conducirás. – la detuvo.
-¿Por qué no? – pregunto frunciendo el ceño.
-Porque es mi motocicleta. – le respondió después de un bufido enfatizando la palabra mí.
-Me dejaras conducirla de regreso. – no fue una pregunta.
-Ni lo sueñes. – replico el rubio montando el vehículo. – Sube, antes de que considere la idea de dejarte aquí.
-¿No lo habías considerado ya? – pregunto malhumorada.
-Aún tengo tiempo de considerar todas mis opciones. – Nina se acomodó a su espalda, ¿tendría que sostenerse de el? Esa idea le gustaba tanto como le desagradaba. – me está costando bastante traerte conmigo.
-¿Porque?
-Solo serias una carga. – giro un poco su rostro para dirigirle una mirada que no supo identificar. – Puede que ni siquiera regresemos. – la rubia se estremeció, no quería pensar en esto.
-¿Te curaste el moretón? – cambio de tema señalando su mejilla, el golpe que su puño ocasiono tendría que estar ahí. – Veo que no seguiste mi consejo.
-¿Por qué habría que tomarlo en cuenta? – le pregunto el cazador antes que el rugido de la moto la hiciera sacudirse en su asiento.
Porque así demostrarías un poco de empatía, lo pensó pero no lo dijo en voz alta.
-Si no quieres caer por el camino, será mejor que te sujetes. – a regañadientes Nina rodeo la cintura del conductor con sus brazos, odiaba admitir que si él fuera otra persona y estuvieran en otra situación, disfrutaría de estar en esta posición con el arrogante cazador que tiene enfrente. - ¿le temes a las alturas?
Negó con la cabeza sin entender la pregunta.
-¿Por qué preguntas eso? – inquirió con cautela.
-Por nada en especial. – eso no respondió su pregunta.
Arranco sin darle tiempo de preguntar algo más.
La información que la reina de las hadas les había proporcionado no era nada alentadora, pero por lo menos era algo. Por supuesto, la chica que se sujetaba a su espalda como si su vida dependiera de ello, no lo sabe.
-¿No pudimos usar un portal? Prefiero marearme. – comento la chica, Sebastian sonrió, al fin algo de sentido común.
-Nos pueden rastrear. – respondió como si fuera lo más obvio del mundo. – Creí que las alturas no te daban miedo.
-Y no lo hacen. – replico enfurruñada. – Pero no me imagine esto…
-Te aseguro que yo tampoco. – murmuro Sebastian, recordando la situación en que esta mundi lo había metido.
Miro la ciudad de Nueva York a sus pies, pronto se dijo, pronto todo sería suyo y nadie podría detenerlo. En cuento se deshiciera de la rubia tendría el libro, esta vez no se interpondrían en su camino.
-Hay algo que me estas ocultando. – dijo la rubia de improviso, demasiado perceptiva para su propio bien. – Prefiero saberlo ahora que no tengo un bate a la mano.
-¿Qué tanto podrias hacerme con un bate? – pregunto Sebastian en voz alta, burlándose a sabiendas que no llegaría ni de cerca para darle un golpe.
-Te di un golpe en la cara, me las arreglaría en caso de que fuera necesario.
-Sí, eso jamás se volverá a repetir.
-No cantes victoria, aun. – oyó el susurro de la mundana. – Ahora dime que me ocultas, la información que campanita nos dio es demasiado buena para que sea real.
Le hizo gracia como se refirió a la reina Seelie, sin embargo, tiene razón.
-Cuando lleguemos te lo diré, si caes y mueres no podrás hacer nada después.
-Malditas hadas. – la oyó quejarse. No había manera de contradecirla.
Llegaron a su destino. Estaciono la motocicleta con suavidad en la azotea de un edificio, no le preocupaba ser visto sobrevolando por las calles de Nueva York, el glamour lo ocultaba bastante bien, no podía decir lo mismo de la rubia, que bajo con elegancia del vehículo.
-No sabía que las motocicletas pudieran volar. – observo con adoración la máquina.
-Funcionan con energías demoniacas. – explico Sebastian sin saber que lo impulso hacerlo. – no es una simple motocicleta.
-Interesante. – comento la rubia echándole la última mirada para así mirar directamente al cazador. – Ahora, dime que es lo que está pasando en realidad.
-Van a subastar a tu hermano, esta noche. – soltó Sebastian sin censura. Su fuerte nunca ha sido la sutilidad.
-¿Que? – pregunto la mundana como si no entendiera. – Eso… no… - vio como cerro los ojos y respiro un par de veces para tranquilizarse. - ¿Cómo se supone que lo rescatemos? ¿Por qué quieren subastarlo? Es… enfermo. – se estremeció.
-Eso es lo de menos. – le restó importancia a sus preguntas. – ¿Qué estas dispuesta hacer para rescatarlo?
-Lo que sea.
La respuesta lo tomo desprevenido. Solo veía determinación en sus facciones, ni un rastro de duda asomaba su fachada, Nina Sawyer resulto ser distinta, después de todo. Un cambio fresco.
-Me alegra escuchar esa respuesta.
