Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia.

Capítulo 14

Kenshin continuaba sentado junto a la ventana del cuarto tras haber visto amanecer, apenas habiendo dormido por haber cuidado de la chica después de que el médico la atendiera.

El pelirrojo fijó la vista en la morena, tendida sobre el futón mientras suspiraba, pensando en cómo poder arreglar toda esa situación y llegar a que ella no le odiase tanto. A pesar de entender que lo merecía, aquello era algo insoportable.

Kenshin apartó su pensamientos mientras observaba como Nanako se despertaba, intentando incorporarse fallidamente, emitiendo un leve quejido, maldiciendo después a causa del dolor sin saber que él estaba allí.

-¿Cómo estás? –Preguntó sereno mientras la miraba, haciendo que esta se asustara, observándolo con sorpresa.

-¿Qué haces en mi habitación? –Dijo sin responder, con enfado a la vez que se sentaba con calma, evitando el dolor.

-El médico dijo que te vigilara hasta que despertases. Perdiste bastante sangre.

-Pues estoy bien, no iba a morirme, Battousai. Pero gracias. –Añadió quitándole importancia, para después seguir hablando mientras trataba de levantarse. –Deberías preocuparte por ti y dejarme, sé cuidarme sola. No te necesito.

-Tú también me salvaste anoche, te lo agradezco ¿Por qué lo hiciste?

Nanako terminó de incorporarse mientras se apoyaba en la pared con dificultad, mirándole con la mandíbula apretada unos segundos, pensando en que en realidad no entendía tampoco por qué lo hizo si se suponía que lo odia. Obviamente la chica tiró por otro camino, que aunque era cierto, no era el único aliciente que le había impulsado a salvarlo.

-Por Kaoru. Ella te necesita y yo le debo mucho. Haré lo que sea para que ella sea feliz. No creas que me importas, Battousai ¿Cuándo vamos a irnos de aquí? ¿Y Saito?

-¿Por qué tienes tanta prisa? –Preguntó poniéndose en pie, mientras se fijaba fugazmente en la ventana.

-Quiero conseguir esas listas y continuar buscando a esos cabrones. –Añadió rápido, con su característica frialdad.

-Saito dijo que a las 9 estaría aquí, antes tenía algo que hacer.

-¡Pero qué les pasa! –alzó la voz, enfadada– ¡¿Primero tienen mucha prisa y ahora hay que esperar?! Iré yo misma, sé donde está la caja que los guarda. Acabemos con esto de una puta vez. –Masculló, mientras se separaba de la pared y trataba de caminar rápido hacia una de las esquinas donde estaba su katana, pero el dolor intenso en su abdomen y costillas se lo impidió, haciendo que se parara junto a la pared tomando aire con brusquedad, mientras el hombre se acercaba.

-No estás en condiciones. No te recuperaste bien tras la paliza de esos hombres y ese asesino te ha herido de nuevo. No puedes irte.

-¡No me des órdenes! –Espetó furiosa, clavándole fríamente la mirada. Se agachó para recoger su katana, y un mareo intenso casi la dobló en dos.

Kenshin la sujetó alarmado porque pudiera caerse, mientras ella luchaba por ganarle la partida al malestar, logrando no desmayarse.

-Tienes que comer, perdiste mucha sangre. No seas idiota. –Le dijo con un deje de enfado por la terquedad de la muchacha, que volvió a centrar sus ojos en los de él.

-Suéltame, no me toques. Voy a volver a esa casa. Tenemos que irnos de aquí.

El pelirrojo no la obedeció, pues temía que aún no se hubiese recuperado del vahído, y volvió a darse cuenta de la insistencia de la chica en correr y salir de todo aquello cuanto antes. Su curiosidad fue tan fuerte que no pudo reprimir sus palabras, a pesar de saber que el enfado de ella aumentaría.

-Deja que te ayuden, es absurdo lo que haces ¿Acaso no ves en qué condiciones te encuentras, qué te pasa?

-¡Esta es mi lucha! Y tú no eres nadie para detenerme, suéltame o te juro que... –Le gritó, mientras llevaba su mano derecha a al katana, pero él la detuvo, reteniendo su brazo diestro, agarrando su muñeca fuertemente.

-¡Sólo quiero ayudarte! ¡Piensa un poco! Estás obsesionada con largarte cuanto antes. –Le dijo perdiendo la paciencia, cuando ella no aguantó más, explotando mientras se deshacía de su agarre golpeándole con la rodilla en el estómago.

-¡Sí, quiero largarme de este sitio! ¡No soporto estar aquí después de todo lo que pasó! ¡No quería volver más a esta maldita ciudad, tener que ver mi casa, y la casa de ese desgraciado que me hizo tanto daño! ¡Pero vosotros no podéis entender eso, tendrías que pensar en los demás y en todo el daño que habéis provocado! –Le chilló con rabia, para después salir del cuarto con violencia, dejando al hombre anclado en la misma posición, apartando a un lado el dolor del golpe, para ser herido por la culpa.

¿Cómo no había pensado en eso antes? Era algo más que evidente. Kenshin de pronto se sintió idiota e insensible, mientras pensaba en cómo iba a disculparse.


Nanako limpió una lágrima que resbaló rápidamente por su mejilla, sintiéndose tonta por todo aquello mientras recogía la caja con cerradura del mueble del cuarto de su tío.

Sabía que no se había comportado bien ni de forma madura, y aunque el dolor la atenazara no era excusa para hacer todo aquello, como si fuera una niña estúpida. Se suponía que era dura, que los demás debían pensar eso, con lo que los sucesos del pasado debían estar ya enterrados, o al menos no causarles aquel dolor. Pero había huido de ellos en parte sin afrontarlos, con lo que ahora pagaba las consecuencias.

Luego, a la vez, sentía aquella contradicción tan horrible que la volvía loca. Odiaba a ese hombre y otras veces no, quería pedirle perdón y agradecérselo, pero luego quería matarlo y hacerle sufrir. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo comportarse con el asesino de su padre, y por ende de su infancia, y a la vez salvador de su vida varias veces, amable y atento a pesar de haberlo humillado e insultado?

Sólo pudo pensar que su maestro tenía razón en todo lo que le había dicho, y aunque aquello le molestase profundamente, tendría que comenzar a sobrepasarlo para intentar vivir en paz.

La chica, al sentir como alguien se acercaba despacio tras ella, se giró rápido desenvainando su Katana mientras sujetaba con fuerza la caja con el brazo libre, vislumbrando ante ella a Kenshin durante unos instantes que pasó mirando su ojos.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó de forma seca y distante mientras volvía a guardar el arma con delicadeza, apartando la vista del pelirrojo, que sin atender a su pregunta, habló casi en un susurro leve y sincero.

-Lo siento mucho. Debí darme cuenta antes y comprender lo duro que debe resultar para ti estar aquí, y conmigo. –Añadió tras una pausa.

Nanako cogió aire con fuerza mientras los músculos de su cuerpo se tensaban, intentando relajarse y sonar fría e indiferente mientras caminaba hacia la salida al patio, pasando al chico, hablando con serenidad.

-Déjalo, Battousai. Lo hecho está hecho, no podemos volver atrás.

-Si hubiera algo en lo que pudiera ayudarte, sólo bastaría con que me lo dijeras. –Añadió tras la frase de la morena, haciendo que esta se parara en el umbral de la puerta que daba paso al patio.

La joven meditó aquellas palabras y los diversos efectos que provocó en ella. Pensó instantáneamente en ser cruel o borde con él, pero tras volver a inspirar y pensar todo lo anterior a su llegada, optó por otro camino, mostrándose impasible.

-Si quieres hacer algo por mí, haz que nos saquen de esta maldita ciudad cuanto antes.

El silencio se hizo total en la estancia, mientras ambos pasaron unos segundos inmóviles como estatuas, hasta que vieron aparecer por la puerta principal a Saito, cigarrillo en mano, avanzando hacia ellos con decisión.

-¿Llegará el día en el que cumpláis una orden por las buenas? –Preguntó parándose ante los dos, para después darle una calada al cigarro, volviendo a hablar, contemplando la caja que portaba la muchacha. -Veo que lo has conseguido, ¿has mirado dentro?

-No. Iba a llevártela para que la abrieras tú mismo.

-Muy bien. ¿Tienes la llave? –Preguntó de forma seca, vislumbrándola asentir, para después tirar la colilla al suelo y coger la caja, abriéndola con rapidez y poca delicadeza, sacando varios papeles amarillentos y ajados.

-Eso es lo que querías, ¿no? –Preguntó la morena, observándole revolver papeles.

-Sí, eso parece. Hay nombres de bastantes políticos que apoyaron al emperador Meiji en las sombra.

-Entonces hemos acabado aquí, ya no nos necesitas. Debemos volver a Tokio. –intervino Kenshin, haciendo que Saito le mirara tras unos instantes.

-Contigo no he acabado, Battousai ¿Crees que te he traído para que te pasees? Necesitamos al guerrero que fuiste para acabar con Shishio y sus hombres. Sin tu ayuda será imposible detenerlos. Sólo tú puedes salvar a Japón.

Nanako contempló como el pelirrojo se tensaba ante el comentario, y no pudo evitar sentir curiosidad sobre el por qué de aquello. A fin de cuentas no era nada extraño lo que el estaba pidiendo Saito, sólo algo que ya había hecho antes miles de veces... ¿O quizás fuera ese el inconveniente?

La chica se sorprendió al pensar aquello que tanto había negado, que aquel asesino hubiera dejado todo aquello tras, y de veras hubiera renunciado a la vida violenta, prometiéndose no volver a matar ni siquiera a quien pudiera merecerlo.

¡Gracias por leer!