CAPÍTULO 14
SEVERUS SNAPE
La chica me observaba con nerviosismo, había asentido al menos unas cinco veces desde que había comenzado a hablar, intuía que se encontraba al borde de la histeria y del pánico, pero lo ocultaba a la perfección, y yo prefería ignorarlo.
—¿Comprendió?
—A la perfección señor, contratos, los vendedores, la entrega a los Black, vigilar los laboratorios del piso de abajo y tomar todos los recados, no tomar decisiones sin consultarle… y… — entró en pavor.
—No dejar entrar a la señorita Susan.
—Sí… ya… se me escapaba — se disculpó anotándolo —. ¿El señor Azel se va demorar?
—No regresará a trabajar, sorpréndame esta tarde y el puesto es suyo. — En vez de saltar de felicidad la joven sonrió a punto de llorar.
Tomé mi túnica y salí rumbo al departamento de Hermione, no tenía excusa para haber olvidado la cita médica, había tantas cosas que Azel había tenido razón, había pasado a Hermione a segundo plano, todo mi mundo giró alrededor de Susan y Amber, sin poderme dar cuenta que ella sufría con mi falta de tacto.
Ni siquiera podía imaginarme lo que tuvo que pasar cuando fue al médico sin apoyo, saber que nuestro hijo corrió peligro y sobrellevar eso sola.
Así mismo comenzaba a temer su falta de interés en todo. Cuando llegué al departamento las cortinas estaban cerradas, no esperaba que me cerrara la puerta en la cara así que me aparecí en la sala. Maldije cuando me di cuenta que no estaba, fui a la recámara y mi mundo se vino abajo, el tocador estaba vacío, abrí los cajones con urgencia para verlos sin ninguna de sus pertenencias.
—Maldita sea.
Salí como alma que se lleva el diablo. El primer lugar al que acudiría sería la casa de sus padres, aunque eso significara hundirme más de lo que estaba.
Cuando abrí la puerta la señora Granger por poco la cerraba, puse mi mano con sutileza.
—Por favor…
—No es grato verte en estas circunstancias Severus — me respondió sin permitirme la entrada.
—Hermione… ¿ella ha estado aquí?
—Vino por la mañana, hubiera sido menos bochornoso para ella que dieras la cara a su lado — alcé la mano buscando que me diera la oportunidad de defenderme, de decir algo, pero ella me calló con solo la mirada —. Tú puedes ver las cosas como quieras, pero Hermione se ha quedado sola en todo esto.
—Jamás la he dejado sola, es algo que no permitiré.
—Que yo sepa tu mujer está esperando un hijo tuyo, eso me dijo mi hija — cerré los ojos con impotencia, Hermione le había dicho todo, no tendría a la señora Granger de mi lado y que intercediera.
—Susan no es mi mujer.
—Pero si tu prioridad ¿no?
—No, señora Granger hay demasiados malentendidos, debo hablar con ella con urgencia, dejó el departamento en que vivía y…
—El departamento que le pusiste… como si mi hija fuera…
—¡No lo diga! No es así, esperábamos el divorcio para poder arreglar nuestra relación, pero…
—Sé perfectamente lo que sucedió Severus — me interrumpió abriendo la puerta pero sin permitirme el acceso —. Los problemas te hicieron huir, pero supongo que sabías que ella era casada, con una familia, eso dejó de ser atractivo supongo.
—Claro que no, para mi Hermione nunca dejó de ser la misma, acepté a sus hijos como míos, nunca fui más feliz porque supe que iba darme un hijo, pero… creí que ella podría soportar todo esto, mi otra hija puede morir y…
—¿Y esa fue razón suficiente para dejarla pasar sola por todo?
—No.
—¿Tienes idea de lo que sentí cuando me dijo todo lo que había ocurrido? Saber que esta divorciándose, con una pelea de custodia, y preñada de ti, no bastando con eso la soledad que vi en su mirada, ver que lo perdió todo… me contó cada cosa Severus, una a una… hasta su decisión de abandonarte.
—No, eso no lo hará.
—Creo que eso es decisión por completo suya.
—Soy el padre de su hijo — le debatí, ella sonrió de esa manera que solía hacer la misma Hermione.
—¿Crees que para ella, es razón suficiente? La conoces tan bien como yo Severus, cuando se le mete una idea en la cabeza es imposible hacerla entrar en razón, te dejó… no podrás hacer nada.
—¿Dónde está?
—No te lo diré, creo que deberías hacerle un último favor y dejar las cosas como están, aún no es tarde para recuperar a sus hijos.
—¿Y mi hijo? — pregunté con preocupación.
—Tendrás una hija — respondió con frialdad, me quedé callado y ella tomó eso como el final de la conversación, cerró la puerta dejándome más que angustiado.
…
Salí de la casa de sus padres con un nudo en la garganta, parecía que en verdad lo había hecho, me había dejado sin tomarse la molestia de decírmelo de frente, de hablar en claro lo que sucedería, porque ante todo yo era el padre de su hijo, eso pareció ser lo que menos le importó.
Me aparecí en La Hilandera, subí a la recámara de Rose y todo seguía intacto, no había pisado esa casa, ni siquiera le tomó importancia a recoger las cosas que quedaban en ella, quisiera pensar que fue porque aún no decidía pero no era así, lo sabía bien, estaba tan decepcionada que yo había dejado de ser importante.
No buscaría a Potter, odiaría escuchar de su boca que él tuvo razón siempre, una confrontación entre ambos era lo menos que ahora necesitaba, además no tardaría mucho en buscarme, en el momento en que se enterara de lo sucedido vendría encolerizado a echarme en cara mis errores. Sabía que era una de las pocas personas que sabría a la perfección donde se encontraría, así le suplicara, cosa que no haría, nunca traicionaría a Hermione.
No tenía idea de donde se encontraba, de lo que pasaba por su cabeza, eso contando que Azel no le hubiera dicho nada a Hermione, en caso contrario no podría tener ni siquiera la esperanza de que ella me perdonara, esa mujer podía llegar a ser la mujer más rencorosa que he conocido. Y dado eso, sabía de antelación que no funcionaría nada romántico, ni un juramento, si ella se sentía traicionada probaría todo su rencor.
Tocaron la puerta y bajé tan rápido como pude, estúpidamente pensaba que podría ser ella y hablar de lo que iba suceder. Cuando abrí la puerta Susan me veía con nerviosismo, maldije dejándola pasar, los nervios llegaron de pronto, tenía tan mala suerte que no dudaba que Hermione pudiera llegar en cualquier momento.
—¿Qué es lo que quieres? — le pregunté dándole la espalda.
—Hablar… Severus lo que sucedió ayer fue… déjame explicarte — dijo por fin, después de tanto titubeo.
—No hay mucho que explicar Susan, me mentiste… el embarazo fue planeado, pero eso no tiene caso discutirlo, Amber ya está aquí, pero eso me lleva a preguntarme ¿cuánto tiempo me has mentido?
—No…. No es así.
—Dudo mucho que Hermione te haya atacado todas esas veces, dudo de cada una de tus palabras.
—¿Sólo por lo que te dijo Azel? ¡Por Dios! ¿No puedes verlo? ¿Eres tan ciego?
—¿Qué es lo que debo ver?
—Él sólo quiso hacerte a un lado, provocar una pelea entre ustedes, y así lograr quedarse con ella, Hermione fue mi amiga por mucho tiempo, es hermosa, ¿por qué razón Azel no se enamoraría de ella? Siempre estaban juntos… todo fue un juego mental de Azel.
—No… él no hizo eso — respondí de inmediato, no podía consentir la idea de eso.
—Pudo no hacerlo, pero también… puede que esté sucediendo.
Salí de la casa quitándome la levita con rapidez, debía encontrarla cuanto antes, preguntarle, que me dijera de frente si por mi falta de interés y mi ausencia, ella había decidido darse la oportunidad con alguien más. Si su respuesta fuese afirmativa mataría a Azel con mis propias manos.
—¿Qué haces? ¿A dónde vas?
—No voy a perder a Hermione, ni por Azel ni por ti — le dejé en claro azotando la puerta.
Toda la información me llegaba de pronto, la idea de Hermione de hacer pasar a Azel como padre de su hijo, la indiferencia de ella con nuestros problemas, su falta de interés, no podría soportar la idea si ella lo hizo, aunque yo hubiese colaborado y dándole motivos para serme infiel, no podría superar eso.
Cuando llegué a la casa de Azel, me abrió su hermana con una sonrisa en su rostro, llevaba debajo de la mano una patineta y un casco en la otra.
—No está señor Snape.
—Espero a que llegué — la joven se sacó la paleta que llevaba en la boca.
—Va estar difícil, en la mañana sacó una maleta, dijo que se iba ausentar por unos meses.
—¿Sabes con quién se fue? — le pregunté con temor.
—Ya conoce a mi hermano, no suelta prenda.
—Gracias.
De pronto era como si no pudiera controlar mis impulsos, la única persona que me daría respuestas era aquel cretino, y me dirigí hacia allá, estaba enfurecido, pero también temeroso de lo que fuera a suceder con ella.
En algo tenía razón la señora Granger, una vez que a Hermione se le había metido algo en la cabeza era imposible sacárselo, si ella había tomado la decisión de dejarme, no importaban mis argumentos, lo mucho que le suplicara, ella terminaría haciéndome bajar al infierno y pagar mis culpas.
Abrí la puerta con fuerza y Draco dejó caer un libro por el susto, cuando vio que era yo me lanzó una mirada asesina, y yo se la correspondí azotando la puerta, él rió para al final sentarse en su escritorio cruzando los brazos.
—¿Dónde está?
—Lejos — respondió sin hacerse el tonto, creí que me la negaría o que fingiría no saber de lo que estaba hablando, pero todo lo contrario, abrió uno de los cajones arrojando un pergamino con unos cheques firmados por mí.
—¿Qué es esto?
—Mi clienta no quiere nada que venga de usted Snape — lo vi con odio cuando hizo énfasis en mi apellido, dejé los cheques donde se encontraban — A su vez me pidió entregarle las llaves del departamento, no quiere que este a su nombre, me tomé el atrevimiento de ponerlo a nombre de Susan.
—No seas idiota, no formes parte de la locura de Hermione, ese departamento es para que no se preocupe por donde vivirá.
—No creo que eso sea mayor problema — me dijo sin moverse de su posición inicial —. El empleo que le conseguí supera lo que ganaba en San Mungo, y el hecho que ese departamento este a su nombre y el comprador hayas sido tú, pone en riesgo a mi clienta, el padre de su hijo es Azel y así planeo que siga hasta resolver todos los inconvenientes.
—¿Dejó San Mungo?
—El acoso era demasiado para ella, además el accidente que sufrió fue ahí, no quiero que se tope con esa maniaca, hice todos los cambios.
—¿Es cierto que el bebe está en peligro?
—No puedo responder eso, es un tema privado de ella, tú no tienes incumbencia en sus asuntos.
—No me tomes por idiota Malfoy, el padre de ese niño soy yo — le exigí alzando la voz.
—Tan sólo un donador de esperma, eso no te hace padre, deberías saberlo ya Snape — me levanté encolerizado al ver cómo había sacado mi pasado a la luz, todo para hacerme cabrear —. Ella me pidió que me encargara que no la molestaras en lo absoluto.
—Hermione es inteligente, sabe que no dejaré esto así como así, la buscaré hasta dar con ella, es mi mujer y lleva a mi hijo.
—Si te niegas a su petición… tramitaré una orden de alejamiento, vía mágica y muggle — me amenazó con tranquilidad, no podía creer lo que me estaba diciendo, él me debía fidelidad a mí, no a ella.
—No le temo a tus amenazas, ni a las de ella.
—Conoces a Hermione… sabes que llena de rencor no tendrá piedad de ti — me recordó, me quedé callado, él tenía razón pero no iba a darme por vendido — Es natural su reacción, se cansó Snape, de siempre recibir las migajas de tu tiempo, relegando todo a Azel, de cierta forma ese chico… es el padre de su hijo.
—Cierra la boca — siseé con enojo al darme cuenta que tenía razón.
—Se hartó de todo, tu lástima hacia ella no fue suficiente.
—No le tengo lástima, si iba a pasar mi vida con ella evidentemente no sería por eso.
—Tienes una forma extraña de demostrar que la amas — me dijo levantándose —. Todas tus actitudes… recuérdalas, la orillaste a eso, no le diste el lugar que se merecía.
—¿Olvidas todas las decisiones que tomó desde su separación?
—¡Tu único deber era apoyarla! Perdió su casa, su familia, su trabajo y a sus hijos ¡por ti! Lo mínimo que podías hacer por ella era apoyarlo en cada cosa que decidiera, pero fue más fácil para ti escudarte en esa mujer y tu hija, dejándola por completo sola.
—Amber podía morir.
—¿Y cuál es la maldita queja entonces? Ahí tienes a esa niña, deja en paz a Hermione, que yo me encargaré de su seguridad y la de su hijo — me aseguró con un cariñó que ignoraba donde había nacido.
—¿De cuándo te ha importado tanto ella? Ni pienses que voy a permitir que la tomes como tu amante en turno Malfoy — le amenacé acercándome a él.
—Pronto quedará soltera, es hermosa, buena madre, si te digo que hiciste todo para no merecerla es porque me encargaré que el próximo hombre que se le acerque dé todo por ella.
—¡No te atrevas idiota!
—No te quejes, esperaste con tanta paciencia a que ella dejara a su esposo, lo hizo y perdiste en interés en ella, la echaste de tu vida, atente a las consecuencias.
—Esto lo hablaré con ella, no contigo ni con Azel, y vele diciendo que el padre de ese niño soy yo, no él — le dejé en claro fuera de sí.
—¿Sabes que le pasó para que ella tuviera el riesgo de perderlo? Si… esa maniaca le arrojó una mesa, pero… ¿qué le dijo el médico?
—No me quiso decir Hermione — me defendí.
—Porque mandaste a Azel a ocuparse de tus obligaciones, bien…. Pues ese chico si sabe lo que le ocurrió. ¿Sabías que el niño viene en mala posición? Azel si lo sabe, fue en la cita donde te negaste a ir por un "olvido", no hubiera sido esa maldita loca porque hasta hubieras ido por ella a su casa — me recriminó sin detenerse —. Todo lo está viviendo Azel, porque te negaste a compartir la paternidad con Hermione… al final veremos quién merece más ser su padre.
—Dile a Hermione que me tendrá que dar la cara, quiera o no.
—Sabes el resultado, una orden de alejamiento… no bromeo Snape — me dijo con seriedad, me di la vuelta abriendo la puerta con violencia y saliendo de ahí con más temor del que podía demostrar.
HERMIONE
Mi hija iba en silencio viendo los aparadores, llevábamos un par de cosas en la mano, un vestido para la comida que tendría en la casa de los Weasley, y un pijama nuevo. Yo había comprado algunas blusas, mi embarazo era tan evidente en ese momento, creí que era necesario hablar con ella, Hugo era demasiado pequeño, pero había tomado la decisión de decírselo a mi hija.
—¿Estás cansada?
—Sí, ¿podemos tomar una limonada ahí? — me preguntó señalando unas mesas con unas sombrillas blancas, asentí agradeciéndolo.
Pedí dos limonadas, y mi hija sacó aquella caja color rosa, llevaba dentro algunos moños para el cabello, un brillo para los labios con unas pulseras de piedras transparentes. Cuando la abría salía una bailarina y ella le tocó el cabello mientras me veía con alegría, sabía cuánto le gustaba que saliéramos de compras y los últimos meses no lo habíamos hecho.
—Cariño… hay algo que quisiera hablar contigo.
—¿Sí mami?
—¿Recuerdas cuando tu amiga Sophie estaba muy triste? — Ella asintió prestándome atención —, bueno, yo te había explicado que sus papás se habían separado porque ya no eran felices, pero que jamás dejarían de amarla ¿cierto? bueno mi amor… tu papá y yo decidimos que era mejor vivir separados.
—Lo sé — me dijo bajando la vista hacia la pequeña muñeca —. Por eso no vives con nosotros.
—¿Te lo dijo tu papá?
—No, dijo que tú nos dirías.
—Y te diré una historia ¿de acuerdo? Cuando yo era muy joven me enamoré de…
—¿De un príncipe? — iba responder que no inmediatamente, pero ella me veía con ilusión, creyendo que sería una historia más que le solía contar.
—Sí… un príncipe y fui feliz con él, yo le quería y él a mí, pero nos separamos, y yo lo olvide por un hechizo.
—¿Y no lo volviste a ver? — me preguntó con tristeza.
—No lo recordé jamás, y luego tu papá y yo nos hicimos novios, nos casamos en un lindo jardín, después llegaste tú, después Hugo y fui muy feliz con los tres. Pero una noche… recordé todo.
—¿Lo recordaste a él?
—Sí — susurré con cierto rencor —. Y me puse muy triste porque no había dejado de quererlo, y amaba a papá con todo mi corazón. Mami cometió errores, hermosa, eso no voy a negártelo. Con el tiempo me di cuenta que el amor que le tenía a papá no era tan grande y empecé a querer de nuevo a… él — recapacite en decir su verdadero nombre.
—¿Por eso nos dejaste?
—No cariño yo nunca los deje, sólo me separé de tu papá, pronto regresarán conmigo.
—¿Y con él, con… el otro hombre? — preguntó seria.
—No, sólo seremos Hugo, tu y yo.
—¿Por qué? ¿Dónde está el príncipe?
—Eso no importa, sólo seremos nosotros y el bebé que estoy esperando.
—¿Un hermanito? — asentí sonriendo al ver que veía mi barriga con mucha sorpresa —. ¿Y sí ya no estás con él porqué no regresas con papá?
—Ya lastimé mucho a papá cariño, cuando le dije que estaba esperando un hijo de otra persona, no puedo hacer eso.
—¿Quién es el príncipe?
—Después te diré eso — le prometí, sabía perfectamente que deshacerme de Severus no iba ser tan fácil como yo lo pensaba, sólo esperaba que la relación entre ellos no se dañara cuando mi hija comenzara a tomar conciencia de cómo habían sucedido las cosas.
—Y… papá… ¿se volverá a casar? Como el papá de Sophie.
—Eso lo decidirá él Rose, tiene derecho a buscar su propia felicidad.
—¿Y tú?
—No lo sé, podría ser.
—El novio de la mamá de Sophie es muy bueno con ella…. ¿es como un segundo papá?
—Más o menos.
—O sea… que el príncipe sería como mi papá… ¿él es bueno?
—Lo es — respondí queriendo creer eso.
NARRADOR
Severus tenía la cara de los mil demonios mientras esperaba sentado en San Mungo, Susan había intentado hacerle conversación al menos cuatro veces, pero él no respondía a nada. En último intento le mostró lo que había comprado minutos antes para Amber, pero él tan sólo lo vio para posteriormente ignorarla.
—No estás siendo educado conmigo.
—No me interesa.
—¿Ya no te importo? ¿Ni siquiera tu hija? — le exigió con chantaje.
—Estoy aquí ¿no? ¿Qué más quieres? — Susan se giró indignada, su amiga le hizo la señal para que entrara a la cita médica.
—Ya me toca.
—Pues ve… el problema era que yo viniera a traerte y llevarte a casa ¿no? Aquí te espero.
—Pero es tu hija.
—Ya fui a la cita muggle… no me interesa lo que te vaya decir tu amiga… ¡Ve ya! —le alzó la voz, ella se levantó sin decirle nada, en cuanto Susan desapareció se maldijo por haberla tratado así, juró que jamás lo volvería hacer, su hija resentía cada mal trato que él tenía con su madre.
Pero se había estado esforzando tanto con ella, cada cosa que iba descubriendo de Susan lo decepcionaba, había perdido a Hermione por ella, se daba cuenta que no había valido la pena, y se odiaba por lo que le había hecho a la mujer que amaba, y se odiaba por desquitarse con Susan, que aunque lo merecía quién recibía todo era su pequeña.
Se levantó y la esperó en el pasillo, buscaba desesperadamente la forma de calmarse y no estallar, en el momento que Susan saliera él debía estar relajado y tratarla mínimo con el respeto que se merecía por ser la madre de su hija.
Olvidó todo cuando vio a Hermione entrar a San Mungo, vio que se dirigió a la dirección, pero salió a los pocos minutos con un pergamino en la mano, ella iba seria y no podía negar la tristeza que se escondía detrás de sus ojos. Se acercó siguiéndole los pasos, hasta que ella bajó hasta donde se encontraban los cubículos, bajó las escaleras y selló la puerta con un hechizo.
Cuando llegó al último escalón la vio guardando sus posesiones en una pequeña maleta, así que era verdad lo que le había dicho Malfoy, había dejado San Mungo. Cuando terminó de hacerlo se la colgó al hombro y se giró, el susto casi la hace retroceder.
—¡Me asustaste! — le alzó la voz molesta.
—Te he buscado por toda la semana — ella alzó la ceja incrédula.
—¿Mi abogado no te dio mi recado acaso?
—Me lo dio, pero creo que antes de tomar cualquier decisión debiste hablar conmigo, debimos hablarlo.
—¿Hablarlo? — le preguntó burlándose —. ¿Cuándo? Tenías tiempo para todo, menos para mí, y ahora la que carece de tiempo soy yo, con permiso.
—No te irás hasta que hablemos.
—¿Sellaste la puerta? — le preguntó incrédula cuando vio la puerta cerrada.
—Así es… te recomiendo que accedas a que hablemos, es la única forma en la que dejaré ir.
—Esto es ridículo… — bufó.
—Ridículo fue ver que te habías ido huyendo como una cría — le reprochó acercándose a ella —. Eres mi mujer y llevas un hijo mío, no podías irte sin decirme ¿en qué pensabas Hermione?
—¿Quieres que te diga en qué? — le cuestionó furiosa —. En que nunca estuviste, desde que decidí mudarme tú te alejaste de mí, como si estuvieras castigando por separarnos temporalmente.
—Porque me arrebataste mi paternidad Hermione, empezaste a decidir todo sola, sin pedir mi opinión, y no me dejaste disfrutar de mi hijo — le dijo con resentimiento —. Luego le diste a Azel todos los derechos… sin saber tu verdadera razón — ella sonrió conteniéndose.
—¿Ahora piensas que me metí con Azel?
—Quiero entenderte, sólo eso.
—No me interesa si me entiendes, perdí a mis hijos y busqué recuperarlos utilizando todos los medios que tuve, sólo te pedí que sacrificaras cinco meses de mi embarazo, después regresaríamos, pero yo tendría a Rose y Hugo conmigo, sólo te pedí eso Severus, sólo eso — le gritó luchando para no quebrarse —. Jamás te pedí que te alejaras, eso lo decidiste tú.
—Hermione, lo hice porque Amber me necesitaba.
—¡Amber! ¡Amber! Tú te dejaste chantajear por su madre, ¡acéptalo! Debes afrontar las consecuencias de tus actos, dejó de interesarte mi hijo, yo… y… mis problemas, dejé de ser interesante para ti y pasé a segundo plano para todo, si necesitaba de ti el primero en aparecer era Azel, enviado por ti o por iniciativa.
—No Hermione, cometí un error, sí. Pero no puedes ahora creer que no te amo — pudo decir comenzando a temer.
—Ya no voy a caer… lo hice por debilidad, pero ya no.
—¿Qué quieres decir?
—Que no planeo regresar contigo Snape — me dijo segura de sí misma.
—¿Por faltar a una cita médica? Hermione creo que estás exagerando.
—No fue por eso, te dejo Snape, por no estar conmigo cuando te necesite, lo aposté todo y lo perdí… a ti no te importó, Draco y Azel son los que han estado conmigo, si tienes tiempo para pasar la noche con Susan y no para acompañarme a un lugar… es evidente con quién debes quedarte.
—No me acosté con ella, te lo juro.
—Pero tuviste el cinismo de mentirme — él se quedó callado al sentirse en evidencia.
—Te besaste con ella… y para mí eso fue… suficiente. — Le dijo desviando la mirada —. Tan sólo sientes lástima por mí, crees que debes corresponderme, pero no es así, no te necesito.
—Ella me besó, pero la rechacé, Hermione necesitas calmarte para hablar.
—Cuando pudimos hablar no estabas Snape, es tarde, tienes dos opciones, la primera es afrontarlo y hacer lo que siempre has querido…estar con tu hija y su madre o enfrentas a mis abogados — Hermione subió las escaleras y se paró frente a la puerta — Ábreme.
Severus la acorraló intentando besarla, ella lo rechazó con sutileza, las manos del pocionista viajaron hacia su vientre donde sintió un movimiento que lo hizo ponerse ansioso, ella alejó su mano con violencia haciéndolo retroceder.
Casi podía recordarlo, era el mismo sentimiento cuando la había obliviado, sabía que la perdería, la última vez que sucedió aquello pasaron años para recuperarla, y ahora con su orgullo jamás permitiría un acercamiento.
—Nunca deje de ser tu aventura… primero como alumna y luego como tu amante, hazme un favor y hazte a un lado, me vas a estropear la custodia, deja que Draco y Azel hagan su trabajo.
—¿Es tu última palabra?
—Sí.
—Entonces conoce la mía — le dijo dejándose llevar por los celos —. Ese hijo que llevas en tu vientre es mío, y tengo derechos — Hermione soltó una carcajada y se acercó a él.
—¿Me estas amenazando? ¿Piensas quitármelo? Serás tan miserable de quitarle a su madre a un recién nacido Snape, porque Ron tenía razón al pelearme a los niños, mi infidelidad, pero tú lo haces porque acabo de dañar tu ego de macho herido, mínimo utiliza una buena razón para irnos a lo legal.
—Si quieres irte bien… pero no creas que no lucharé por mi hijo.
—¡Hazlo! Porque le estoy cogiendo experiencia a esto de la custodia… y créeme, ¡Ganaré! — le dijo segura de sí misma.
—No es la última vez que nos vemos Hermione.
—Severus… si saqué a Ron de mi vida, que era un buen hombre, un buen padre ¿crees que no lo puedo hacer contigo? Más tardé en tronar los dedos que en sacarte de mi vida… tan rápido… que ni te diste cuenta — él se quedó callado en señal de derrota —. ¿Me abres la puerta? — con un solo movimiento ésta se abrió.
Hermione tomó la maleta y subió las escaleras con rapidez, cuando giró se encontró con Susan, ella sonrió con burla, se cerró la túnica y vio a los ojos a Susan.
—Te lo deje… satisfecho.
—¿Qué? — Cuando la mujer comprendió Severus llegó con paso decidido, Hermione ya se había ido y él le seguía los pasos — ¡Severus!
—Ahora no, ¡Hermione!
—Severus…. Severus.
Cuando Hermione llegó a la salida de San Mungo se detuvo en el auto negro que los esperaba, Severus se detuvo cuando vio que Azel metía a la parte de atrás la maleta, le abrió la puerta para que ella subiera, y él sin darse cuenta que él lo veía dio la vuelta para entrar y llevarse a Hermione de ahí.
Ahí Snape lo supo, que la había perdido y él le había dado todas las armas para que así sucedieran las cosas.
…
El fin de semana había sido un poco agotador para Hermione, ella consideraba que su hija había procesado demasiado bien la noticia, y no podía comprender por qué, no notaba ni siquiera tristeza en su rostro.
Después de un largo día llegaron hasta la parada del autobús donde Ron pasaría a recogerla, ella cogió todo lo que había comprado en esos días y lo puso en la maleta. Fueron caminando y Hermione apresuró el paso cuando vio el auto de Ron ya estacionado, Hugo corrió abrazarla y ella se arriesgó y lo alzó para darle un beso.
—Lo siento, no me fije que salí tarde.
—No, más bien yo llegue temprano ¿lista linda? — le preguntó a su hija, ella asintió entregándole su maleta.
—¿Podemos comprar un helado allá? — le preguntó la niña a su padre, él volteó a ver un negocio que acababa de abrir, asintió cerrando el auto.
—Vale… vamos, nos vemos Hermione.
—Adiós.
—¿No quieres ir mamá? — le preguntó Rose, ella negó de inmediato viendo a su ex esposo.
—No cariño… debo regresar.
—Ven…no nos vamos a demorar mucho — le dijo Ron, ella se sorprendió y asintió sin darse cuenta.
Se sentaron en una mesa cerca de las ventanas, sus hijos corrieron a los juegos y ellos se sentaron con cierta incomodidad, Hermione perdió su vista en el menú que le mostraron, vagó de arriba abajo sin tener idea de lo que pediría, y si fuera un poco más sincera no estaba prestando atención a nada.
—Iré a pedir para nosotros, los niños no vendrán por ahora.
—De acuerdo.
Cuando Ron regresó le dio un plato de porcelana donde se extendía una capa de pastel de chocolate, encima llevaba helado de fresa con frutas alrededor bañadas en caramelo, hasta arriba se depositaban galletas con coco rallado, ella arqueó la ceja y una risa salió sin esperarlo.
—Carajo — soltó sin pensarlo, Ron rió entregándole la cuchara —. ¿El tuyo de qué es?
—¿De qué? ¡De todo! — le respondió con obviedad, Hermione vio su plato dándose cuenta que ahí había al menos ocho sabores con galletas de chocolate.
Hermione comenzó a comerlo todo hasta la última gota, Ron la vio por un par de segundos, parecía disfrutar tanto lo que comía que supuso que su ex esposa no había comido nada en todo el día. Bajó la vista sintiéndose miserable, por un momento había olvidado el divorcio y todos los problemas por los que estaban atravesando.
—Yo… le dije a Rose.
—¿Todo bien?
—¿Le dijiste algo cierto? ella… no pareció sorprendida.
—Le dije sólo lo que necesitaba saber — le respondió pidiéndole a la mesera otro helado.
—¿Y qué fue?
—Nada malo, te lo prometo.
Hermione se acercó a su hija y acomodó el peinado que había hecho, respiró bastante agitada y observó a su madre con concentración, la abrazó de pronto haciéndola sentir mal.
—¿Cariño qué fue lo que te dijo papá? De… nuestro divorcio.
—Que tú me dirías el motivo, que no debía juzgarte porque a pesar de todo, tú me amabas más que a ese hombre, más que a todo — le dijo con voz trémula —. ¿Puedo jugar un rato más?
—Sí, ve.
Regresó a la mesa más ausente de lo que estaba en realidad, se asomó a la ventana y vio a su esposo con un celular en la mano, desvió la mirada cuando éste se dio cuenta que lo estaba observando. En esos pequeños instantes todo paso en su cabeza, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos, las vacaciones, los sábados de películas, la comida que él llevaba por las noches, de pronto recordó a Severus, su infidelidad, la concepción de su hijo, el rechazo de él, su indiferencia, su falta de interés.
Cuando se dio cuenta Ron había regresado a la mesa con los niños, tenía su cabeza gacha y había dos gotas en su vestido, su ex esposo se quedó parado con ambos helados en las manos.
—¿Hermione estás bien?
—Sí — respondió antes de tiempo.
—¿Rose? Vayan a comer esto en el área de juegos ¿de acuerdo?
—Sí papá — cuando los niños se habían alejado él se sentó inseguro.
—¿Te pasa algo? — volvió a preguntarle, ella negó con la cabeza y en cuanto su mirada se alzó a esas orbes azules de las cuales había estado enamorada, ella estalló en llanto.
—Lo siento… lo siento tanto — se disculpó con sinceridad, con la culpa por haberlo lastimado, por haber destrozado su familia y por arrepentirse de todo lo que había hecho —. Perdóname.
—Herms… tranquila… no… no llores aquí… — pero ella no pudo controlarse, lloró cubriéndose la boca y Ron se giraba para comprobar que todas las personas lo veían con odio.
—Lo… lo sien… lo siento.
