Contrarreloj
14º
Mea culpa
-Puedes venir a la hora que quieras, nena. Soy paciente. No estaré esperando a nadie más las siguientes veinticuatro horas... –sonrió malicioso.
Raimundo siguió la dirección en el celular de Kimiko y llegó hasta una casa desdentada, no había actividad de movimiento. Ni autos ni personas. Se dirigió a la entrada principal, pero antes le quitó el seguro a su pistola. Entró con la espalda apoyada contra la pared, niveló el brazo en movimientos de barrido mientras él apuntaba con su arma a cada sombra. Su brazo izquierdo se inclinó hacia atrás irradiando una pequeña linterna de entrada. Tenía el aspecto de Rambo. Se sentía como suplente a medias.
Se deslizó hacia la esquina. El pasillo era largo y oscuro y parecía dividir en 2 la casa como una arteria principal. Su nariz se crispó cuando reconoció los olores desde años antes. El bilis se acumuló en su garganta y tragó saliva otra vez hacia abajo. Giró a la derecha y fue directamente a una cocina pequeña. Los platos aún están apilados en el fregadero y un periódico estaba abierto en la mesa de la cocina, dando la sensación inquietante de la vida interrumpida. El piso de vinilo, sin embargo, no parecía de cocina. Grandes secciones fueron arrancadas. En las cortinas había marcas de retazos y enmiendas. Abrió los armarios inferiores y barrió las profundidades frías y húmedas con la luz penetrante de la linterna.
La luz se aproximó lavando un viejo mostrador y ésta continuó sin descanso. Las paredes brillaban como la luz recogió varios residuos. Como miró hacia arriba, vio la linterna iluminar puntos oscuros arqueados a través del techo como arco iris...
O como si fueran salpicaduras de sangre. Corrió por el pasillo hacia el vestíbulo principal, la calma helada fluye por sus venas. Esta vez, él era el acosador. E iba a terminar con esto justo aquí. Ahora mismo. Nueve en punto, doce, tres. Sus ojos recorrieron la zona. Nada. El hijo de puta se fue. En la cocina había una salida de emergencia que daba hacia la calle. Si Young utilizó esa salida, entonces podría haber tomado un móvil y ahora estaba a mitad de camino a la avenida principal. Maldita sea. Se apresuró a bajar la calle tomando esa ventaja, recorriendo con la vista todas las direcciones, pero no hubo rastros de Young. Raimundo se quedó inmóvil, evaluando la situación, cada músculo de su cuerpo se tensó listo para saltar. Frente a él, las parejas bien vestidas se estaban metiendo y saliendo de limusinas y taxis, algunos le lanzaban miradas inquietas, otros ni siquiera se percataron de su presencia. Pero ninguno de ellos era Young. Continuó avanzando. Se detuvo frente al policía de tránsito cuando un pensamiento horrible se le ocurrió. Kimiko... fue descuidado una sola vez y casi la perdió... ¡Maldita sea, CASI LA PERDIÓ! Debía apresurarse en volver con ella. Apenas lo pensó, ya rompiendo carrera de regreso con Kimiko cuando atravesó el umbral.
La sala estaba llena de gente y él dio un codazo para empujar a una mujer con un vestido de lentejuelas y un hombre en traje de etiqueta, un terrible temor crece en su pecho mientras sus pies golpeaban el suelo. No, Cristo, por favor, no. La vio sentada en la barra, charlando con el camarero, perfectamente casual, mientras que una docena de personas alrededor se arremolinaban. Seguro. Gracias a Cristo. Dio un paso hacia adelante y todo cambió. Young estaba a un metro de llegar a ella también. Él no lo piensa. Él sólo sacó su arma y disparó alto, haciendo añicos al espejo de la barra enviando a Kimiko, al camarero y otros clientes al suelo. Los gritos llenaron el aire como Raimundo corrió y tiró del codo de Kimiko.
-¡De prisa! –dijo entre dientes mientras agarraba la caja del ordenador portátil y su bolso de mano.
Ella no discutió y juntos corrieron devuelta por el camino que Raimundo entró. No tuvieron inconvenientes de encontrar el auto en dónde se había estacionado. Empujó a Kimiko en el interior y en seguida se subió. Bruscamente la agarró por los hombros mirándola de arriba hacia abajo. No parecía herida si no consternada.
-¡¿Qué diablos pasó?! ¡¿lo encontraste?! –respiraba con dificultad. Su pecho subía y bajaba.
-No, él no estaba en la dirección si no en el bar –cada gota de color en el rostro de la chica desapareció y él no quería nada más que tirar de ella y decirle que todo estaría bien. Como deseaba creer que eso fuera verdad. De repente, su agarre se volvió frágil.
-¿Él me disparó? –su voz era una brizna y tuvo que apoyarse en ella para oírla.
-Eh... en realidad ese fui yo. Necesitaba una distracción –tomó su mano, apretándola firme- no ha pasado mucho tiempo entre el hotel y ahora, eso quiere decir que está pisándonos los talones. Me imagino que ahora debe estar detrás de nosotros. La oportunidad en el hotel era perfecta, pero Young nos tenía contra la pared... sugiero que sigamos con la pista...
-¿Y la dirección? –preguntó ella preocupada cuando Raimundo sacó del bolsillo trasero las llaves para encender el coche.
-Ya no nos es de utilidad, Young debió averiguar que nosotros sabíamos la dirección. Tiene la habilidad de ver y escuchar a través de las paredes, obtuvo la información directamente de Jack extorsionándolo o debo pensar que todo fue una trampa en la que él está implicado o tu amigo no sabe hacer bien su trabajo.
Él la miró como si esperara algún tipo de reacción. Pero Kimiko no podía reaccionar. Por lo demás, su cabeza apenas podía procesar las palabras. ¿Extorsión? ¿implicado? ¿Jack? No,es imposible, no existía nadie más que Jack que supiera tanto de tecnología. La información no pudo ser falsa así que sólo se pudo reducir a dos opciones: Young lo extorsionó para que les diera una dirección falsa en que pudiera emboscarlos o todo fue parte de una trampa. No estaba segura del todo qué significaba, pero eso no le gustó ni un poco.
-¡SEÑORES, ¿ME PERMITEN SU ATENCIÓN POR FAVOR?! –profirió en voz alta Omi a través del micrófono para llamar la atención de los policías congregados en el pasillo a un paso de entrar a la sala de interrogación. En el altoparlante aquello era un bramido- esto nos llevará menos de cinco minutos si están dispuestos a colaborar. Sé que deben atender otras responsabilidades, empero ha ocurrido una situación de emergencia: Tenemos razones para creer que Chase Young está infiltrado en la estación sacando información oficial o que al menos uno de nosotros es su cómplice, así que por eso todos ustedes serán sometidos a la prueba del polígrafo. Si no están vinculados con Young, no deben temer decir la verdad.
Menos de veinticuatro horas en que se reportó haber encontrado el cadáver de Willow Hale, alias Sombra, cómplice de Chase Young. Muerte por estrangulamiento, mutilada, torturada, violada. Una nota perforada en la piel de su estómago dirigida para el agente: ELLA YA NO FUE ÚTIL PARA MÍ, AGENTE OMI. Y Omi había perdido la compostura. Ordenó cambiar las combinaciones de todos los sistemas de seguridad, reorganizó las posiciones de todo el mundo, a partir de hora el acceso a la oficina principal estaba prohibido a casi el personal y ahora un grupo fue llamado para someterlos a la prueba del polígrafo. Antes cuando Young todavía pertenecía al cuerpo de homicidios, podía acceder a la investigación del asesino en serie cuando quisiera, ahora que todos saben su verdadera identidad le era más complicado llegar a ella a menos que hubiera alguien implicado o estuviera disfrazado. El agente Omi creía fervientemente que era la primera opción, la única vez que dio su nombre y mostró su cara fue en la rueda informativa. Su sistema de seguridad era infalible. Nada se le escapaba. Esto no podía estar sucediéndole.
Probaría con todos y cada uno de los oficiales, incluyéndose a sí mismo, pero no permitiría que Young se burlara en su cara cuando lo tenía justo en frente. El teniente Bailey regresó de la escena del crimen y actualmente era quien aplicaba la prueba del polígrafo en la sala de interrogatorio junto al teniente Guan. Mientras tanto el teniente Marsden, el oficial Ping Pong y el agente especial Omi monitoreaban con las cámaras lo que sucedía en los pisos de la torre desde la oficina principal del último. Inquieto, Marsden caminaba en círculos.
-¿Y si Young es tan buen mentiroso y logró pasar por encima de las cámaras, los códigos, escáneres, etc., cómo una pequeña máquina va a desenmascararlo?
-Porque él no pudo estar aquí, teniente Marsden, por eso –masculló entre dientes Omi- uno de los policías es cómplice de Young. No permití que divulgarán mi identidad, solamente en esa reunión me dirigí a todos así que nada más me queda pensar que él estuvo presente cuando los invoqué a todos, pero no hubo manera de que estuviera aquí si registramos a los oficiales que entraron. Sea como sea, la búsqueda de Kimiko Tohomiko se suspende...
-¡¿Qué?!
-¡Young está jugando con nosotros! –reconoció Omi claramente molesto, cogió las fotos de la autopsia de la nota de Willow perforada en su estómago y se la mostró- no fue casualidad que mis palabras hayan atravesado la piel de Willow. Esta nota es una mentira, teniente, por supuesto que ella seguía siendo útil para él, esto fue tan solo una advertencia para decirnos que se esconde entre nosotros. Él nos está mirando, esperando que hagamos lo que él quiere ¿y qué es? Encontrar a Tohomiko. Absoluta y positivamente será peligroso para ella si dejo que eso pase.
-¿Qué quieres decir, Tornami? Explíquenos –indagó Ping Pong.
-Se me ocurre que dónde quiera que esté Tohomiko está mejor sin nosotros. Acertó al irse por su cuenta si es que Young no la atrapó. No importa a cuántos policías asesine o cuántos cómplices mate, su objetivo final será Tohomiko y si nos ponemos en contacto con ella, la tendrá por nuestra culpa. Él tiene su mensaje en su mente y no parará hasta encontrarla.
-Mierda –la expresión del teniente Marsden parecía indicar que ganó diez años en mínimos diez segundos y Omi pensó que debía tener el mismo aspecto.
La prueba del polígrafo era toda su esperanza. El agente volvió la silla hacia el monitor y se prensó el puente de la nariz mientras cerraba los párpados, imaginando las frías carcajadas de Young mofándose de su inteligencia superior y burlándose de ellos. Estaban estancados, acorralados en una calle ciega, contra la espada y la pared. Maldición. Hasta entonces no le había prestado atención a Marsden, quien nuevamente tomó la palabra.
-...Aún si eso es verdad, ¿de veras cree que uno de nosotros sea capaz de traicionarnos para aliarse con ese monstruo? ¡¿por qué?! ¡¿qué razones tendría?!
-También podría ser un cómplice haciéndose pasar por policía, ¡no sé! Son muchas razones: chantaje, miedo... cualquiera de ellas no podrán pasar desapercibidas bajo el polígrafo.
-¡¿Y qué sucederá si no da resultado?!
-¡Debe dar resultado, Marsden! –espetó- si estos hombres y mujeres aprueban la prueba del polígrafo, entonces llamaremos a los del otro grupo y así sucesivamente hasta encontrarlo.
-"Cuidado con las personas, la gente no dice todo lo que piensa, ni siempre sienten todo lo que dicen", lo dijo William Shakespeare –irrumpió Ping Pong.
Tubbimura no tenía idea por qué Tornami los convocó en la estación hasta que llegaron a ella y se les informó que serían sometidos a la prueba del polígrafo todos, sin excepción, ya que presuntamente había un infiltrado en la base. En tanto que no habría nuevo aviso, sólo se limitarían a mantenerse alerta a cualquier señal de Chase Young. Esto era malo. Tornami sospecha de un espía, ¡¿pero cómo y cuándo?! Admitió que luego de su pequeño encuentro con Young, ha estado intranquilo en el trabajo, la noche anterior no consiguió dormir, no ha podido comer y varios compañeros repararon su actitud perturbada, ¿ellos le habrán dicho algo? ¿y hacían esto para mantener las apariencias? ¡No! Una persona podría estar nerviosa por diversos motivos, no necesariamente pues que tenían encima un asesino en serie. Y si no era eso porque sospechaba, ahora estaba llamando mucho la atención. Andando distraído con el corazón encerrado en un puño, sus manos sudorosas, hiperventilaba y su estómago constreñía sus entrañas. La cabeza le daba vueltas. Y sentía una urgente necesidad de ir al baño. Nada serviría, se pondría nervioso en el interrogatorio, Bailey se daría cuenta y se lo diría al supervisor.
La policía tendrá a su espía. De inmediato, pasaría de ser un oficial a un criminal. Todos lo sabrían. Iría a la cárcel. Sentado al lado de asesinos, violadores, secuestradores. Hombres el doble de fuertes y poderosos que terminarían el trabajo de Young. Las horas que pasaría en la sala de interrogatorios con Tornami y el teniente Bailey tratando de negociar con él para que delatara a Young. Si decía algo marcaba su sentencia: Young, Tornami o los reos, ¿con quién prefieres morir? ¡Y Rosquillita, ¿quién la cuidará mientras no esté?! Bueno, da igual. Cualquier humano, que no sea Tubbimura, será buen amo. Faltan dos para su turno y debía ir al baño, ¿acaso despertaría sospecha si decía que quería ir? Apenas se dio la vuelta, otro oficial lo empujó.
Omi observó la conducta extraña de Tubbimura a través de la pantalla y se frotó la barbilla. Discutían sobre el permiso de ir al baño. Parecía un dato irrelevante, pero no para Omi.
-¡¿Y mientras tanto qué?! ¡¿eh, Tornami?! ¡¿nos quedamos atascados y dejamos que Young haga lo que quiera con nosotros?! –vociferó el teniente Marsden. Omi no lo oía. Se quedaba mirando fijamente a la pantalla, evaluando los detalles.
A su izquierda tenía una lista con los nombres de este grupo. Deslizó la mano hasta el papel y los leyó. No sé por qué de pronto estaba tan ansioso por analizar los resultados del oficial de policía Tubbimura.
El automóvil se estacionó en la entrada de la calle número 42, cerca del reloj rodeado de las estatuas de Hércules (hijo de Zeus, el semidiós más fuerte de la mitología griega), Atenea (diosa de la sabiduría) y por último, Hermes (mensajero de los dioses y el ser más veloz del Olimpo con sus pragmáticos zapatos alados). Fuerza, sabiduría y velocidad. Son tres de las cualidades más importantísimas que se requería en esta carrera contrarreloj. Kimiko todavía no había tenido tiempo de preguntar al respecto sobre Jack. Este viejo reloj sólo parecía una imitación del insigne Big Ben en Londres. Recordaba que era más grande cuando lo vio por primera vez, había llegado desde Japón entonces. En el interior hizo una súplica silenciosa, pidiendo ayuda a los dioses cuando Raimundo tiró de ella hacia adentro, lejos de la colada caliente inundadas de luces de oro que bañan la fachada. Pasaron bajo el mapa celeste y los dos subieron por las escaleras. Teniendo en cuenta que es una estación de tren, no parecía un edificio tan imponente. Pero lo es. No es sólo hermoso, todo lo tiene incluido. Si pudiera viviría allí. Hay tiendas en cada esquina, además de una interminable variedad de puestos de comida en la planta baja para cuando desees comida rápida. Si deseas comer de lujo sólo subes la zona por encima de la explanada.
-¿Te conté alguna vez que salí con un conductor de metro?
-No, te saltaste esa parte.
-Fue hace un par de años, la relación terminó porque descubrí que tenía una novia...
-¿Te fue infiel?
-No, yo era "la otra". Su novia muy furiosa fue a mi casa, quién sabe cómo lo averiguó, me armó un numerito frente a la puerta y los vecinos, me dijo que era su novia y me gritó puta. Me amenazó con hacerme algo terrible si volvía a verme con su novio. Tomé la decisión de que no quería saber nada de esas personas y le dije que no volviera a buscarme, aún seguía enamorada cuando se lo dije, pero peor estaba lastimada... Oye, ¿deliberadamente crees que Young relaciona las pistas con el perfil de su víctima?
-Uh, puede ser –Raimundo estiró los brazos remisamente, flexionando los músculos- hasta ahora has descifrado todas los acertijos de Young, te envía claves matemáticas que sólo tú puedes entender, ¿no era que estudiabas matemáticas?
-Criptología, realmente. Tengo una licenciatura en matemáticas y ahora me quiero sacar un postgrado en historia.
-Eso es muy emocionante.
-Lo es –admitió- me encanta. Tengo la esperanza de quedarme en CosmosXiaolin, tal vez luego vaya a hacer un postgrado en doctorado y quizás enseñe en una escuela privada, estoy considerando opciones.
Raimundo la miró a los ojos con una expresión ligeramente desconcertada. Kimiko se sintió de pronto bajo el microscopio.
-¿Qué? –exigió.
-Nada, es que me sorprendiste... asumí que intentarías entrar en Seguridad Nacional o algo así.
-Bueno, sí –farfulló ella encogiéndose de hombros- lo pensé una vez, pero no veo cuál es el punto. Quiero decir, hay muy pocos puestos en el campo de mi trabajo y las probabilidades de entrar son una en un millón en realidad.
-No sabrás eso si no lo intentas, ¿por qué no lo intentas y luego tomas la decisión?
-Porque no voy a ser aceptada –espetó. Esos ojos verdes se concentraron nada más en ella y sintió cómo entonces se derretía por esos ojos cálidos y tiernos.
-Claro que sí, estoy de seguro de que nunca has fallado algo en tu vida –ella alzó una ceja, el hombre empezaba a cruzar las líneas que aún no necesitaban ser cruzadas- apuesto a que has clavado todo lo que has hecho siempre. Tienes una increíble fortaleza, pero no pareces darte cuenta de todas las cualidades que te rodean. Creo que te hace falta optimismo así que cuando descubra cómo sacarme un poco y embarrártelo encima te lo diré.
Le dedicó una sonrisa. Sus relucientes dientes blancos y perfectos salieron a la luz. Era una sonrisa hermosa. Kimiko no supo en qué momento sus piernas empezaron a temblar. De no ser por qué falló constantemente con los hombres, pudiera tener razón. En el extremo este del local se puede llegar al altillo de una insólita escalera. Una vez allí hallarás un pasmoso bar, los dueños eran los ex jefes de la estación de la vieja oficina. Kimiko había ido allí una vez a una fiesta privada. El bar estaba cerrado entonces y su visión no parecía más que una bonita ilusión en bandeja de plata, pero Kimiko estaba convencida de que era uno de los lugares más espectaculares jamás vistos. Varias veces deseó regresar, no obstante de alguna manera no llegó hacerlo.
-Una vez vine aquí con Keiko. Recién culminó el primer semestre en la universidad fuimos allí con unos compañeros, es coincidencia que lo recuerde perfectamente… –se encogió de hombros- y también me acuerdo que después de eso, me hice un tatuaje. No uno exagerado ni enorme, uno tan pequeño que ni siquiera se nota aun cuando me ponga mi ropa más ligera. Quise hacerme otro, pensándomelo poner en el tobillo o en la muñeca, empero el primero me dolió muchísimo en las primeras semanas y como no tuve el presupuesto decidí quedarme con el que tenía.
-Recuerdo que me dijiste algo similar en el coche.
-Sí, uno tenía un tatuaje en el brazo que me llamó la atención, le pedí la dirección como ya tenía pensado hacerme uno, salvo que antes no lo había hecho porque no conocía ningún sitio. No permito que cualquiera lo vea, sólo algunos cuántos que se lo hayan ganado y tú... –Kimiko suavizó el tono de voz, entrecerrando los ojos lentamente- puedes verlo las veces que quieras. Únicamente tienes que pedírmelo.
Raimundo sonrió, la picardía se asomaba en sus ojos y se volvió hacia la chica cruzando los brazos bajo el pecho.
-¿Y qué me hace digno de un ofrecimiento tan generoso? –de pronto estaban demasiado cerca el uno del otro. A ninguno le importó.
-Tú me salvaste la vida, no veo otra forma de agradecértelo. ¿Y tú tienes uno?
-No, aunque quisiera ponerme uno en el brazo, la marina me lo mandaría a cortar si quería ser admitido. No nos era permitida esa clase de cosas pues que iba en contra del aspecto de un infante de marina, ni fumar ni embriagarnos en el servicio. Era bastante espantoso.
-No sabía –se excusó ella sin apartar la vista, en un segundo se había perdido en su mirada- bueno, quién sabe, cuando toda esta pesadilla se acabe, es posible que puedas llevarme allí para brindar por nuestro éxito.
-Puede ser, puede ser... –la sonrisa de Raimundo se ensanchó más a pesar de que mantuvo el timbre de voz inaudible. Una vez más su mirada bajó unos centímetros de sus ojos azules y se detuvieron en el mismo punto. Ella lo notó y esperó. Pero no ocurrió nada, él se apartó. Y siguieron adelante. Soltó un bufido.
Lo que Kimiko no agregó fue que para ella aquel era algo simbólico porque había decidido hacérselo en un lugar especial que nadie lo viera excepto su pareja, sin embargo, prefirió no decírselo. "Amar nos hace libres", al menos eso creía ella. Y esperaba igualmente un amor incondicional de esa persona que elegiría su corazón. Había elegido tantas veces, estaba un tanto asustada de volver a fallar. Era mediodía, la estación estaba empezando a vaciarse, los últimos trenes aún tenían que correr y la multitud tropezaba con los adolescentes, borrachos y ellos. Más de una persona verdaderamente necesitaba conocer las alegrías que te ofrece el baño. Todo se estaba moviendo tan rápido, pero ahora su mente se aferró a las noticias que Raimundo le había dado esta mañana. ¿Jack en complicidad con Young? ¿pero por qué? De repente, tuvo un mal presentimiento, no obstante, no hay tiempo para pensar en ello.
-¿Dónde están?
-¿Qué?
-Los casilleros –cierto.
Kimiko empujó los pensamientos de Jack fuera de su cabeza. Podría lidiar con eso después. Caminó en un círculo, examinando su entorno. Encogió los hombros.
-Francamente no recuerdo dónde (y cuándo) fue la última vez que las vi.
-No hay problema –dijo Raimundo- soy un recién llegado, no ayudo bastante, pero creo que podemos preguntar.
Lo siguió hasta el mostrador de información y esperaron que los atendiera el asistente, éste estaba ocupado con una pareja de ancianos quienes aparentemente jamás leyeron el horario de trenes. Finalmente, llegó su turno.
-¿Casilleros? –repitió el encargado- me temo que no hay ninguno.
Se inclinó hacia adelante, dando un codazo a su compañera.
-Yo los vi aquí, sé que están por alguna parte.
-¿Eso fue reciente? –el empleado la miró genuinamente desconcertado- bueno, en realidad si no mal me acuerdo creo que los sacaron un par de años atrás.
-¿Qué sucede con el paquete de cheques? –preguntó Raimundo.
-Lo sentimos. No. Problemas de seguridad, ustedes saben.
-Por supuesto, gracias de todos modos.
Raimundo se alejó, su mano soltó el codo de Kimiko. Tuvo que seguirlo para no perderlo y fue cuando tuvo la sensación de que sus piernas se entumecían. No hay taquillas. Las ideas no crecen en los floreros. Las posibilidades se agotan. ¿Qué demonios iban hacer ahora?
Tubbimura regresó a su casa. Todo estaba tranquilo. Resulta bastante sospechoso, Rosquilla siempre viene ladrando luego de cerrar la puerta a saltar sobre él y lamer su cara. Hoy no lo hizo. ¿Estará durmiendo o Young...? Su oído se agudizó cuando oyó el crujido del juego de té hecho de porcelana china que decoraba la alacena del salón. Es cierto, alguien estaba allí. Se lanzó a la habitación.
-¡¿Quién anda ahí?! –farfulló. El sujeto se voltea y lo miró de frente. Creyó que era Young, pero no era él- ¡¿usted?! ¡¿qué hace aquí?! –indagó atónito. El agente especial lo observó sin sorprenderse de que lo habían descubierto, devolvió la tacita de té tranquilo a su lugar.
-El conserje me dejó entrar.
-Eso lo entiendo, ¿pero cómo entró al apartamento sin llave?
-¡Ah eso! Uno nunca debe preguntarle sus secretos a un detective de homicidios –respondió misterioso.
-¿Cuánto lleva aquí?
-Un buen rato, me he entretenido leyendo tus revistas, no tenía idea que querías adelgazar... supongo que es porque no he visto los resultados, ¿está esperando que llegue septiembre? –Tubbimura bajó la mirada. Caray qué incómodo, de todas las personas en el mundo él era el último a quien quería ver ese día, de seguro vino a decirle el resultado de su prueba o de lo contrario, ¿qué estaría haciendo aquí?- ¿qué le sucede?
-Es que... –titubeó- es que pensé que era más alto. No me imaginé que era...
-¡¿Qué?! ¡¿acaso ser de altura compacta es un crimen?! –Omi frunció el entrecejo, enojado. Y tomó asiento sin permiso- siéntese, Sr. Tubbimura, me gustaría hablar con usted.
-Está bien... pero antes, ¡¿dónde está Rosquillita?!
-¿Quién? –puso una mueca fastidiado. Tubbimura todavía tenía la frente arrugada hasta que el agente hizo memoria y rodó los ojos- ¡ah! ¿te refieres a ese saco de pulgas? Cuando vine estaba dormido. Por favor, siéntese, no tengo todo el día –rumió impaciente.
Tubbimura se sentó delante del agente. Se hundió en el sillón, sintiéndose pequeño y débil. No podía cambiar de asiento, su preferido estaba siendo ocupado por otra persona. Omi no dijo nada al principio, cruzó los pies y alisó su gabardina. Sus ojos no se apartaron de él. El oficial tosió disimuladamente, desviando la mirada por un minuto. Se había producido uno de esos momentos incómodos en que no sabes qué decir. Omi permaneció en silencio.
-Y... ¿y-y por qué quería hablar conmigo?
Omi metió la mano en el bolsillo de la gabardina sacando una hoja de papel doblada por la mitad, la desdobló y se la mostró. Era una hoja blanca con una impresión de un segmento de los gráficos del polígrafo. Las líneas dibujaban escalones que asciende y desaparecen en el margen.
-¿Adivino que estos son los resultados de la prueba del polígrafo? ¿vino para entregármelos en persona? No se hubiera tomado la molestia...
-No fue molestia –respondió sin pestañear el agente- de todos los oficiales y el personal del edificio sometidos a la prueba del polígrafo usted fue el único que no pasó esta prueba. Es muy curioso que haya fijado mi vista en usted minutos previos que fuera interrogado (el teniente Bailey me comentó que durante el examen vaciló en sus respuestas y jamás lo miró de frente). Comportándose de una forma extraña. Usted le corresponde patrullar en el turno diurno, pero más curioso es que una de sus zonas cubiertas es dónde fue encontrada muerta Willow Hale ¿cómo es posible qué Young escapara?
-No soy el único que estuvo allí, las coincidencias existen...
-YO no creo en las coincidencias, menos las que compartan relación con Chase Young. Tal vez tenga razón, pero usted fue el único que mintió y ¿sabe qué? Odio la mentira. No puedo soportarlas, ¿qué tiene que decirme? –masculló entre dientes.
Atrapado con las manos en la masa. Tubbimura inmovilizado no supo que responder, fingir o admitir que fue descubierto. No podía continuar con el engaño. Si confesaba le vendrían encima las acusaciones y le esperaría la cárcel si es que Young no intervenía. Si no, estaría retenido. No pararían hasta extraerle la verdad. Cruzó los dedos. Meditó. Omi esperó.
-Vaya, parece que tiene el misterio resuelto, no necesita explicaciones si lo tiene todo claro. Enhorabuena... ¿qué puedo hacer por usted?
-Tengo casi todo el misterio resulto, pero me hace falta un motivo ¿por qué? –preguntó con voz grave.
Al menos una buena explicación podría hacer que entendiera sus acciones y le permitiera ser más flexible. Tubbimura no tuvo palabras para contestar a Omi, su respuesta lo tacharía de cobarde. ¿Pero qué importa? Independientemente de lo que dijera, nada cambiaba lo que decía la hoja en su mano ni redujera el castigo que esperaba.
-Hace cuatro años cuando la policía buscaba a Young por el asesinato de esas indefensas y pobres mujeres, era un oficial de tránsito. Un día malo tuve la desdicha de encontrarme con un conductor loco, pasó por alto un semáforo en rojo y fui a perseguirlo... cuando lo detuve, vi que era Él. Entré en estado de pánico y antes que pudiera hacer algo, me amenazó con un cuchillo y obligó a subirme en el automóvil consigo, hablamos y me prometió que no iba a matarme si a cambio le pagaba con un favor, sabía que trabajaba con la policía, notó que le era conveniente mi ayuda. Me dejó ir, créame que traté todo por escapar de él ¡en serio yo no quería cumplir esa promesa!, pero logró encontrarme... y no tuve nada más remedio...
-¡ALTO! He tenido suficiente –Omi pegó un salto, enojado. Caminó en círculos tratando de comprimir la rabia, no obtuvo resultados buenos y la dejó ir-. ¡¿Por qué coño no lo reportó de inmediato qué se alejó?! ¡¿por qué bajar la guardia?! ¡¿por qué guardó silencio por tanto tiempo?! Si sabía que iba a volver, debió hablar... ¡iba armado, hombre! La diferencia entre un cuchillo y una nueve milímetros no es demasiada, ¡usted pudo haberlo detenido! ¡ese día pudimos haberlo atrapado finalmente!
-¡Pero también pudo haberme matado! –la voz de Tubbimura se quebró al final de la frase, levantándose- nadie puede decirle que no a Chase Young. ¡Si no me hubiera matado a mí, si no hacía lo que él me pedía, rastrearía la dirección de mi casa o la de mis padres! ¡ellos estarían en peligro por mi culpa! ¡¿no lo entiende?!
-¡No! Jamás he entendido y aceptado los actos de cobardía porque estoy muy seguro que en ese momento usted no pensaba en nadie más que en salvar su culo maloliente, ¡mientras ese psicópata siga suelto, quieras o no, lo hagas o no, todos somos sus víctimas! Es un cobarde.
-¡PUES SÍ, MI SEÑOR, TIENE ABSOLUTA RAZÓN! ¡SOY UN COBARDE, NADA MÁS TEMÍA POR MI VIDA! ¡¿PERO QUÉ HUBIERA HECHO USTED?! –vociferó el hombre, la parte posterior de su cuello y sus mejillas estaban infladas de un vivo color rojo- ¡Póngase en mi lugar por favor, ¿qué hubiera hecho si el policía que arrestó a Young fuera usted?!
-¡HUBIERA MUERTO! –rugió- ¡MUERTO ANTES QUE SER UN COBARDE! ¡ANTES QUE CONDENARNOS A TODOS AL MALDITO INFIERNO, HIJO DE HUEVONA! El hilo de esta historia hubiera sido bastante diferente por una decisión en un día, a estas horas ninguna mujer estaría con las ventanas y puertas cerradas aterrorizadas ni Tohomiko estaría desaparecida. Como tu jefe debería meterte preso con cargos de complicidad con Young, es el mínimo precio que deberías pagar, pero quería saber si existía una buena razón para darte un indulto... –sacudió la cabeza- luego de lo que oí, ¿por qué debería perdonar a una basura como tú?
Un ladrido interrumpió a Omi. Se estremeció cuando Rosquillita pasó a su lado y se paró en dos patas sosteniéndose de su amo, Tubbimura lo levantó y le dirigió una última mirada. El perro le recordó lo mucho que detestaba los animales peludos, en especial las ardillas. ¡Ay, las ardillas! La visita ha concluido. Minutos previos de que cruzara la sala. Lo detuvo.
-¿Por qué debería perdonar...? Estoy seguro de haber escuchado esa frase antes. Cómo llegó hasta aquí, su manera de caminar y hablar... usted me recuerda a alguien, ¿no nos habremos visto en otro lado?...
-¡DE NINGUNA FORMA! ¡Debe estar confundiéndome! La conversación se terminó aquí. Olvídese de regresar al trabajo. Yo me tengo que ir ahora…
Más exaltado, Omi abrió la puerta y desapareció azotando con fuerza. Luego caminó hasta el ascensor pulsó el botón, exasperado, para llamarlo, empero este tardaría un poco en bajar desde el último piso. Omi no tenía todo el tiempo y bajó las escaleras, esperando drenar su frustración.
No puede ser, aun cuando no quiera, su sombra siempre me perseguirá. No puedo escapar.
Después de bajar los dos pisos y salir a la calle, cercó el borde de la cera en el pavimento. No hay coches ni peatones. Tenía la calle para él. Nadie debe saber que salió del edificio para hablar con Tubbimura, ni siquiera Ping Pong o su mentor. Hace mucho que no salía a tomar aire. No recordaba la última vez que fue a realizar trabajo de campo. Aunque no tenía nada personal contra el mundo exterior; le gustaba la comodidad de la oficina. Hoy hay demasiado viento, excepto por un volante que salía despedido estaba totalmente solo, ¿pero por cuánto tiempo?...
El tren ya estaba allí, y algunas personas se arremolinaban. Y todavía Kimiko no tenía un mejor plan que el de hace media hora. La plataforma era totalmente anodina. Un área vacía y grande. Nada parecía ser una pista. Ninguna pintura destinada sólo para sus ojos. No hay patrones geométricos establecidos en el suelo de baldosas, hábilmente sembrados por Chase Young. No tenía ni la más remota idea. Raimundo y Kimiko estaba en una mesita de uno de los establecimientos mientras esperaban la orden. Raimundo había ordenado hamburguesas para los dos. Kimiko tenía la cabeza metida en otros asuntos como para preocuparse por su dieta y no protestó, además que estaba segurísima que con todos estos maratones quemarían las calorías hasta del último mes. La chica trató pensar. Había estaciones de metro en todo el lugar, pero las únicas estaciones ferroviarias reales de las que estaba al tanto eran estas.
-Raimundo... –Kimiko se volvió hacia el hombre después de recorrer la zona barriendo con la mirada, quien tenía sus codos pegados a la mesa y levemente inclinado hacia la joven- ¿y si interpretamos la pista equivocada? ¿y si hemos estado detrás de una búsqueda inútil? Y si para empeorar las cosas se nos acaba el tiempo y Young...
-Eso no pasará –prometió con voz grave sin quitar su expresión serena- estamos bien. Estoy seguro.
-¿Estamos bien? –repitió incrédula. Estaban contra la espada y la pared y, él lucía tranquilo- ¡Raimundo, nada de esto está bien!...
-¡La comida!
Para suerte de Kimiko, el mesero era simpático. No empalagoso. Le cayó bien. Quizás era porque es un él. Dejó entre los dos platos con un par de enormes hamburguesas rebosantes de mostaza, salsa, tomate, carne y lechuga. El refresco llegó primero a la mesa. Raimundo dejó la carta del menú a un lado y agarró la hamburguesa con ambas manos.
-¿Qué pasa? ¿por qué no comes? –indagó luego de su primer gran mordisco- ¿nunca habías visto una hamburguesa antes en tu vida?
-Sí... –contestó sin apartar la vista de la hamburguesa ni molestarse en cambiar de posición- es que no he comido una desde que me inscribí en el gimnasio, estoy tratando de cuidarme y según mis apuntes, ya he consumido las calorías del mes. Todo fue culpa de un miserable pedacito de pastel que me comí en la cafetería de la uni, ¡era de chocolate! ¡no me contuve!
-Oh por favor, Kimiko, ni que fueras a subir de peso de una hora a otra por una inofensiva hamburguesa. Date un lujo, ¿no era que no habías comido una desde hace tiempo? –sonrió.
Kimiko se encogió de hombros. Tal vez sería la última oportunidad en la vida que tendría de comer una hamburguesa. Y en verdad, tenía hambre. No desayunó esta mañana. Relajó su postura y extendió el brazo, dio una sola mordida que manchó de mostaza la comisura de sus labios.
-¿Qué estás mirando?
-Estoy viendo algo que me gusta –le contestó sin borrar su hermosa sonrisa de oreja a oreja, alargó su mano y le limpió con el pulgar. Entonces fue cuando que descubrió que no quería alejarse de ella. No pronunciaron palabras si no que fijamente se quedaron viendo.
-¿Te gusta mi pinta labios? –murmuró ella.
-¿Cómo? –levantó la ceja suavemente. Desconcertado.
-Porque has estado mirando mis labios mucho tiempo así que supuse que te gusta mi marca de lápiz labial...
-Bueno... tus labios son irresistibles a mi vista –confesó él en un susurro casi inaudible.
Ella tenía las mejillas sonrosadas de carmesí, el calor se asomó en sus brillantes angulosos ojos azules, su mirada permaneció en su rostro y su respiración se aceleró; separó sus labios rosados irresistibles, pero no dijo nada. Una pequeña charla y una sonrisa coqueta y estaba atrapada. No había hecho un gran esfuerzo por atraer su atención hacia él en comparación con sus anteriores relaciones, empero fue incapaz de ocultar sus sentimientos, ¿qué tenía de especial? A estas alturas no sabía decir con exactitud qué fue lo que había hecho con ella que la hacía esperar impaciente en este momento de un beso de sus labios, que su corazón saltara cada vez que le sonreía o por qué le era imposible dejar de mirar fijamente sus ojos verdes. Sabía que debía tener cuidado. No debía caer tan fácilmente, eso fue lo que había concluido al final de todas sus relaciones desastrosas. Vaya que sí tenía experiencia con eso. Pero en este momento no le importó. Fue como si fuera la primera vez. Kimiko se inclinó más, pero Raimundo bajó la cabeza y se apartó. Su rostro dibuja la misma sonrisa. Kimiko estaba aturdida.
-Kim... –dijo con voz ronca- deja de jugar conmigo.
¡¿JUGAR?! ¡¿pero acaso le parecía que estaba jugando?! No lo entendía, la mayoría de los chicos tomarían ventaja de la situación y cualquiera que hubiera estado en su lugar no iba a detenerse a pensarlo dos veces y la besaría con pasión. La tristeza y la rabia abrieron paso, pero actualmente sólo predominaba la tristeza. ¡¿Qué le pasa a este hombre?! ¡¿por qué la esquivaba tanto?! ¡¿por qué rechazaba sus afectos?! De no ser porque tuvo una novia en el pasado, apostaría en adivinar que es gay. Kimiko sentía que las lágrimas querían salir de sus cuencas orbitales. Nunca se había sentido tan lastimada ni tan sedienta de más al mismo tiempo. Era muy confuso.
-¿Jugar? –vaciló unos minutos antes de detonar- ¡¿cómo qué jugar?! ¡No lo entiendo! Rai... ¿acaso no soy deseable para ti?
-¿Qué? –preguntó él, ahora sí un poquito perturbado. Enserió las facciones- ¿piensas que el problema es eso? Oh Kim... ¡no! –sacudió la cabeza- tú no eres el problema, sólo que ahora no es el momento ni el lugar, debemos mantener la cabeza fría para terminar de descifrar la pista. Sé que estamos cerca, pero necesitamos algo que nos ayude a orientarnos y... –se dio cuenta que ella no lo escuchaba y la miró: estaba ruborizada, con la cabeza baja y sus ojos estaban húmedos. La chica sentía su estómago dar vueltas (y esta vez no era por el hambre), se sentía vulnerable y tonta- no me digas que herí tus sentimientos –contempló horrorizado- Kimi, deja de esquivarme, me haces sentir mal... tú sabes muy bien que no podemos pensar en nosotros…
-Pero Rai... –extendió su mano, acariciando el dorso de la suya- te necesito... ahora más que nunca.
-Lo sé, cariño –dijo él tiernamente con voz inaudible- porque yo también te necesito. No te imaginas cuánto, lo que ocurre es que las mujeres creen que nosotros somos como ustedes (que podemos hacer varias cosas a la vez) y no es así, sólo hacemos una cosa a la vez, pero lo que hacemos... lo hacemos bien y yo soy de esos tipos que les gusta tomarse su tiempo para todo, en especial cuando están con una chica, y quiero que nuestra primera vez nos dé placer a ti y a mí, ¿no querrás que empecemos en este lugar tan antiromántico en medio de unas hamburguesas o sí? ¿Es mucho si te pido que aguantes un poco?
-No lo sé –Kimiko cruzó los brazos bajo el pecho neciamente. Él se rió nada más.
-Anda, vamos, termina de comer tu hamburguesa. Está buena –aseguró el hombre dándole otra mordida.
¿En qué idioma o en qué medio podría hacerle entender a Raimundo que estaba locamente enamorada de él y en este mismo instante se moría por una respuesta suya? En una cierta y extraña manera, sus cálidas palabras y su dulce caricia alimentaron su esperanza o ¿cómo podría explicar esa sensación que saltaba en su interior como un pequeño niño que aplaude? Kimiko sacudió la cabeza. Raimundo tranquilo y ella hecha un rollo. Se sentía ridícula. Lo peor es que parecía que a cada minuto mientras más lo pensaba, aumentaba la curiosidad y las ganas... ¿en serio es timidez? ¿lo estaría haciendo a propósito? Su sonrisa, sus brillantes ojos, su rostro, su cuerpo... Ella no podía manejarlo, él siempre estaría en su mente aunque no quisiera. Se sentía como una mariposa envuelta en su red que ni siquiera hace el mínimo intento para escapar...
Nadie había sido tan difícil como Raimundo Pedrosa que Raimundo Pedrosa.
...Esta historia continuará...
A/N: ¡Malvaviscos asados, estoy de vuelta con el capítulo catorce! Justo en la semana y fijado para el día de siempre, aún no tengo listo para nada el capítulo quince, pero prometo tenerlo pronto para la semana que viene aprovechando que voy a tener unas semanas de descanso por la navidad… (a lo mejor no el martes, deben estar atentos). Lamento si les parece corto, empero es que no quería interrumpir el hilo de las ideas pues que para el próximo capítulo les tengo preparado un montón de sorpresas donde predominan la acción y el romance. ¿Con qué comenzamos? La atracción entre Kim y Rai va creciendo en cada capítulo, sin embargo, todavía estamos en esa fase de "ver, pero no tocar". Más que nunca visualicé coqueteos directos de parte de ambos. Muy raro porque siempre es él el que intenta convencerla a ella, aquí es al revés. Él le dice que tenga paciencia. Ella está enloqueciendo de amor. Y llevan un día apenas. Kimiko está ansiosa por saber si besa a esta rana se transformará en ese apuesto príncipe que ha estado esperando, mientras tanto la veremos buscando en el estaque. Presiento que Kimiko no es la única ansiosa, ustedes también, Raimundo las está matando del deseo ¿no? Bueno no se me impaciente porque la que va a disfrutar de ese galanazo es Kim, no ustedes :P ¿me expliqué? ¿o necesito realizar una gráfica?
Lo que me recuerda anunciar una noticia que me tiene feliz: Hurricane batió recórd en visitas. Y concluí que todas las chicas que leen el fic se enamoran perdidamente de Raimundo: Millonario, guapo, sádico, perturbado, un alma oscura... y que por dentro, MUY, MUY adentro late el corazón del hombre más tierno.
-A todas les gusta a un Raimundo que les azote por el c...
Sí, otra conclusión fue que nadie se resiste a leer un fic porno. En especial si se trata de 50 Sombras de Pedrosa... ¡AY NO! Me pasé de rata. Nunca se me ocurrió ese título, quizá porque no lo consideré una adaptación como tal y además que es muy feo, digan el nombre en voz alta para que vean. Y verán que AliceXS tiene siempre la razón aún cuando no la tenga.
-¿Y si pruebas con 50 Sombras de Young?
Chase Young encaja más en las características de Christian, ¿qué pasa con Anastasia? Kimiko no tiene parecido con Ana. No es tan pasiva. Volviendo al tema, ustedes no se preocupen en el tema del romance... ese lío está resuelto, una vez que dé rienda suelta, nadie lo detendrá y tal vez me pidan que vaya más lento. Claro, no con esto yo quiero decir que va a haber lemmon uno tras otro ya que la continuidad demasiado frecuente de estas escenas tiende a desvirtuar la trama y llega a ser bastante molesto. Para mí, el sexo en una historia es un postre. Existen varias formas de alimentar la pasión en una pareja y la interacción entre esta y el público que la hace atractiva, no solamente con sexo... Porque después de eso, uno (entre comillas) no espera la gran cosa y es ahí en donde digo que la idea es ponerse creativa. No necesariamente con romper la relación, que es una técnica más que cliché, ¿si me comprenden?
Es más, le haremos justicia a Kimiko en el capítulo que viene. Para compensarles su semana de espera. Una escena romántica que les robará el aliento. En cuanto a lo que sucedió con Omi, qué igualmente debemos comentarlo, fue interesante... Por fin descubrió quién era el espía, oímos su versión, para Omi eso fue un acto de cobardía (si se recuerdan en mis notas del autor del capítulo cuatro) y lo que ocurrió al final fue para ponerse de cabeza: Tubbimura lo iba a comparar con alguien, empero Omi no lo dejó, enloqueció y salió. ¿Alguien puede armar este rompecabezas? Más detalles sobre esto próximamente.
Con respecto al capítulo quince, este viernes salgo a tomarme un breve de descanso (lo que resta del mes) de mis estudios, comenzando con irme al parque de atracciones con unas amigas para reembolsarme (valió la pena que me lavara en mi propio sudor, mis notas fueron excelentísimas). Tengo pendiente demasiadas cosas que hacer, pero creo que me dará tiempo de escribir el final del fic tan esperado. Algo me dice que no voy a descansar mucho estas vacaciones. Ay de mí :( En fin espero que este capítulo les haya gustado mucho. Nos vemos en el capítulo quince de Contrarreloj: Rendición¸ no se lo vayan a perder mis corazones de melones. ¡Cuídense!
Mensaje para María del Mar: Mmmmm... Eso espero. Vuelvo y repito, no me molesté, empero me pareció impertinente la actitud y eso fue lo que me fastidió. Dejémosle así y pasemos al otro punto. ¿Saliste de vacaciones? Qué felicidad. Si pudiera retroceder en el tiempo me hubiera haber practicado un arte marcial, pero siempre mis estudios me absorben como esponja en el agua.
Awwwww... María, desde el principio vengo diciendo que este fic está inspirado en dos libros: El esposo perfecto y El código Givenchy, en el primer capítulo dije que escogí la personalidad de Melanie Prescott (protagonista de la segunda historia) para basarme en el perfil detectivesco de Kim. El libro que me dices no está por ninguna parte ni lo he leído para nada, ¿Naomi Misora? ¿de casualidad "este libro" no es una precuela de Death Note? ¿no es acaso un manga? Me confundes.
Sí que eres extraña, Omi dice que mató a un hombre de lo más tranquilo y sólo dices que es tierno (me imagino que ese dato no es por lo otro, si no por Megan). Qué cosas, ¿no? Chase Young tiene un enorme odio contra las mujeres, quién sabe por qué. A mí también me tiene intrigada el acertijo del reloj, todavía seguimos en suspenso. Muchas gracias por el apoyo. Gracias a Dios pude seguir y aquí está el capítulo. Lo tenía bastante adelantado, me faltaba el diálogo final. El capítulo 15 no lo tengo, no puedo darte fecha segura de cuándo salga. Nos leemos hasta entonces, querida.
