PERSONALIDADES

Capitulo 14: La reunión del trío colorado

Por: Okashira Janet

Kaoru caminó lentamente por las animadas calles del pueblo donde con un poco de suerte se encontraba el pelirrojo faltante.

El cielo pintaba un naranja encendido lo cual era claro síntoma de que estaba por anochecer, debía darse prisa y seguir las indicaciones que le habían dado.

-Casa pequeña con patio descuidado…- la jovencita rememoró en voz baja lo que le habían dicho girando la vista a ambos lados, la verdad la mayoría de las casas de ese lugar eran pequeñas y los patios no estaban muy bien cuidados que digamos ¿Cómo encontraría la casa que estaba buscando?, y cuando llegara ¿Qué haría?.

Bueno, no era momento de estar pensando en eso, mejor dejar las dudas para después, si tenía que ir preguntando de casa en casa lo haría, todo fuera por el amor.

-Sí, por él…- apretando los labios ahogando un suspiro la chica dirigió sus pasos a un cancel y estaba por llamar tirando de las campanas cuando como un golpe sintió algo que se removía en su pecho, giró rápidamente la vista pero no distinguió nada, o mejor dicho a nadie, a lo lejos podía ver que donde se terminaba el camino se encontraba una casita particularmente descuidada.

-¡Que tonta!- la muchacha se dio un golpecito en la frente recordando que le habían dicho "el camino todo derecho", era lógico pensar entonces que la casa que estaba buscando se encontraba al final del camino, sacudiendo sus manos caminó entonces hacía ese lugar, su cabello negro ondeó a su espalda, el tiempo empezaba a descomponerse, ella y el par de pelirrojos debían darse prisa o pasarían la noche a la intemperie.

-Me pregunto sí…- pero no pudo agregar nada más, sus ojos se abrieron al máximo y por un momento a punto estuvo de dejar que el cordel de su morral de viaje resbalara de sus manos, la luz del atardecer languidecía y en ese paisaje melancólico podía distinguir a escasos metros de ella la figura de Yukishiro Enishi. Sin querer hacerlo en realidad parpadeó y dio un paso atrás, el joven parecía cansado, sus hombros estaban medio caídos y se había puesto las gafas oscuras sobre el blanco pelo para frotarse los ojos.

¿Era ese el mismo hombre que había estado a punto de matarla en la isla?, no lo parecía, agachado sobre una pila de agua el muchacho se ocupaba en enjuagar el trapo con el que había contenido las heridas de su compañero, la sangre escapaba del tejido y teñía de carmín el agua y él seguía frotando con la expresión perdida del que piensa en otra cosa. Sessha estaba más delicado de lo que creía en un principio, ya no era cosa de si quería o no quería ayuda, él lo obligaría a meterse en una clínica, encontraría al mejor doctor para que cuidara de él, eso es lo que hubiera deseado su hermana… eso es lo que él quería hacer en realidad en esos momentos.

-¡Yukishiro Enishi!- levantó la mirada cansada y la observó, por un momento su mente no pudo procesar la imagen de la jovencita apuntándolo fieramente con su shinai, la recordaba como si hubiese sido el día anterior cuando habían compartido sus días en la isla y sin embargo, le era imposible pensar que ella estuviera realmente ahí frente a él, no la había oído.

-¡Yukishiro Enishi!- Kaoru volvió a repetir su nombre tragando saliva, no se iba a dejar amedrentar -¡Dime si le has hecho algo a Kenshin!-

-Debo estar delirando yo también…- el joven aplastó el trapo mojado contra su mejilla, sus hombros aún sin recuperar su característica altivez.

-¿Por qué lo dices?- sintiéndose realmente confundida Kaoru bajó la shinai, había llegado a creer que quizás Enishi tuviera a Kenshin de rehén o alguna locura así, pero el joven parecía demasiado cansado para algo por el estilo.

-¿En realidad estas aquí?- sus ojos negros la observaron con cansancio -¿O me he dormido y estoy soñando contigo de nuevo?- las mejillas de la joven se tiñeron al instante de carmín, no sabía que Enishi soñara con ella y sinceramente no le había agradado del todo enterarse.

-No estas soñando- algo cohibida apretó el shinai en su mano –Lamento haberte amenazado, te noto cansado- él entonces alzó una ceja, esa era justamente la Kaoru que recordaba, la que podía pasar de agresiva a preocupada en menos de un segundo.

-Algo…- giró la vista hacía su pequeña casa, dentro de él sabía que las cosas estaban por cambiar.

-Disculpa, pero… estoy buscando a Kenshin él…- la chica se mordió ligeramente los labios y bajó la mirada pero luego clavó sus hermosos ojos azules en los negros de él con ardor -¿Esta contigo?, me han dicho que sí, escucha, lo estoy buscando porque…-

-Porque lo amas- el completó la frase calmadamente, sin emociones de más, sin hacer un solo gesto.

-Bueno…- no entendía porque pero siempre que se encontraba frente a ese hombre sentía como si él pudiese ver a través de ella, como si fuera un libro abierto para él.

-Esta aquí, conmigo…- el joven caminó hasta ella, su figura imponente se recortaba contra la cada vez más escasa luz del sol.

-¡¿En serio?!- no sabía si debía alegrarse u horrorizarse por esa confesión.

-Ven- por un momento estuvo tentado de tomarla por el brazo pero deshecho rápidamente la idea, como amigo, como hermano, como lo que había descubierto que podía llegar a ser debía tratar de estar lo más lejano posible de Kamiya Kaoru, por su bien.

-¿Esta adentro?- caminó tras él sintiendo un ligero temor, sabía que Enishi no se atrevería a matarla porque le traía el recuerdo de su fallecida hermana, pero de cualquier manera era imposible saber como reaccionaría el peliplateado.

-Esta muy débil- Enishi se detuvo a escasos pasos de la cama donde el pelirrojo dormía respirando irregularmente –Es muy necio y no deja que lo lleve a una clínica pero creo que va siendo hora de llevarlo amarrado porque…- pero el joven no pudo terminar, Kaoru dejo caer su morral con un grito ahogado, sintiendo que el dolor la invadía se llevo ambas manos a la boca para ahogar el segundo grito que pugnaba por salir, en la cama Kenshin parecía una sombra de lo que había sido, su cabello rojo había perdido todo su brillo, su piel se encontraba pálida, su respiración era como la de Misao cuando aún no la operaban, pero lo peor de todo era la sangre, la sangre que había manchado las sabanas y el piso y que Enishi había recogido negligentemente en un montón sobre una esquina.

-Esto…- dándose cuenta demasiado tarde que Kaoru podría pensar erróneamente que él le había causado todo ese daño al pelirrojo el joven abrió los ojos con sorpresa y sintió una opresión sobre el pecho –Créeme que después de leer el diario he cambiado de ideas- aunque su voz sonaba firme y diplomática la verdad es que por dentro era un manojo de nervios –No le haría daño porque…- se rascó ligeramente el flequillo, una cosa era haber hablado de sus sentimientos con el pelirrojo y otra muy diferente hablarlo con esa joven de la que dicho sea de paso, no deseaba que se enterara lo que despertaba en él

-¡Kenshin!- la joven gimió, él tragó saliva y estaba por tratar de calmarla diciéndole que el joven se pondría bien cuando algo que no esperaba sucedió, ella se aferró a él, las lagrimas rodando por sus mejillas, sus uñas clavándose en su espalda.

-¡Gracias por cuidarlo!- gimoteando la chica escondió el rostro en su pecho, nunca había visto a Kenshin tan frágil, tan vulnerable, para ella él siempre había sido el invencible, el poderoso, la persona que podía cargar con todo y salir adelante… pero no era así.

-Ah…- por primera vez en su vida Enishi no supo como responder, Kaoru se abrazaba a él con fuerza, pero la imagen no le despertaba ni una pizca de deseo, no, era algo diferente, despertaba en él las ganas de protegerla, de abrazarla y susurrarle al oído que todo iba a estar bien.

-Gracias…- su voz cada vez se iba haciendo más queda y sus sollozos bajaban de intensidad.

-Era algo que le debía a mi hermana- él entonces rodeó con sus musculosos brazos el pequeño talle de la joven, apoyando su barbilla sobre su cabeza, viendo por la ventana abierta el aire que empezaba a arreciar.

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-Eres idiota- Battousai gruñó, Shinta caminaba dando grandes pasos a su lado con las manos tras la espalda y viendo el suelo.

-Si me dices idiota es que tú eres idiota-

-Claro que no-

-Somos el mismo-

-No en estos instantes- el de ojos dorados volvió a gruñir –Y desde ahorita te aclaro una cosa, no pienso volver a formar parte de Kenshin Himura nunca más-

-¿Ósea que no quieres que nos juntemos de nuevo?- las orbes violetas se levantaron para observarlo –Eso va a disgustar mucho a Kaoru-chan-

-Yo sabré convencerla- el más joven se cruzo de brazos –Si nos quiere a los tres puedo soportar que así sea, pero no en el mismo cuerpo-

-Yo tampoco quiero volver a ser Kenshin- Shinta soltó un suspiro –Cuando los tres éramos uno solo mi felicidad nunca era del todo real, cuando jugaba con los niños en vez de disfrutarlo siempre se me venían a la mente recuerdos de otros tiempos, de cuando jugaba con otros niños sobre la colina de una montaña-

-Eran buenos tiempos- una sonrisa apenas incipiente apareció en el rostro del hittokiri.

-¿Recuerdas el frío que hacía?- Shinta se abrazó a si mismo y tembló –No volveré a intentar ser un granjero en la cima de una montaña nunca más-

-De hecho éramos un vendedor de medicinas…- Battousai entrecerró los ojos.

-¿Y entonces por que nos la pasábamos sembrando?- Shinta saltó contrariado.

-Porque las medicinas salen de las plantas…-

-¡Ah!- bajó la cabeza con pesimismo –Nada es perfecto-

-Solo Kaoru-

-Solo ella- el silencio los envolvió por un momento y entonces giraron a verse y unas rayas moradas aparecieron bajo sus ojos.

-¿Qué dijo Kaoru que hiciéramos?-

-Creo que… buscar a nuestro otro yo-

-Menuda tontería- Battousai infló el pecho y luego puso la mano sobre la mejilla donde se distinguía perfectamente su cicatriz, parecía tan reciente como si se la acabara de hacer.

-¿Tienes miedo de que te reconozcan?-

-¿Por qué habría de tenerlo?- el joven alzó una ceja –Los que deberían tener miedo son ellos-

-No tienen porque- alzando los ojos al cielo Shinta se encogió de hombros –En realidad solo matabas porque era tu deber y no porque te agradara, nunca le hubieras hecho daño a un civil-

-No tienes que intentar consolarme- sintiéndose repentinamente cohibido Battousai giró el rostro fingiendo molestia.

-Lo que sea, busquemos al otro Kenshin-

-Sabes, deberíamos buscarle un apodo- el hittokiri puso un dedo bajo su barbilla y alzó los ojos al cielo.

-¿Qué te parece rurouni-kun?-

-No, algo más depresivo-

-¿Depre-kun?-

-En ese caso tu te llamarías sonrisa-kun-

-Y tu gruñón-kun- Shinta se cruzó de brazos haciendo un mohín con la boca –Dejemos eso para después y mejor busquémoslo antes de que se haga de noche-

-Hasta que dices algo coherente- el joven se llevo nuevamente la mano a la mejilla, aunque le había dicho a Shinta que no le importaba la verdad es que no le agradaba mucho ver el temor en los ojos de la gente por su causa –Pero tú preguntas-

-¡Hai!- asintiendo el pelirrojo giró hacía su primer victima, una joven que parecía muy sumida en sus pensamientos.

-Disculpa, disculpa…- el de ojos violetas se situó frente a ella cerrándole el paso y sonriéndole ampliamente, Battousai por su parte se pasó una mano por la cara entrecerrando los ojos, vaya manera de abordar a una persona.

-¡Pero si es el compañero de Enishi-kun!- la jovencita hizo una rápida reverencia y le devolvió feliz la sonrisa -¿Ya se encuentra mejor?-

-¿Qué si me encuentro mejor?- Shinta parpadeó confundido, no entendía ni media palabra de lo que estaba pasando.

-Me alegro de que haya dejado esa maña suya de tirarse bajo un puente, sabe que eso preocupa mucho a Enishi-kun- la jovencita lo señaló acusadora con un dedo.

-Pero yo…- Shinta echó la cabeza hacía atrás intentando escapar del dedo acusador que casi le picaba la nariz.

-No diga nada, pórtese bien de ahora en adelante y no vuelva a escapar-

-¡Yo…!- estaba a punto de decir una de sus clásicas tonterías cuando notó que a espaldas de la chica Battousai le hacía seña de que preguntara por su casa.

-Ah… ¿Y donde vive señorita?- la chica parpadeó sorprendida y atrás Battousai le enseñó el puño gruñendo que se lo metería por un lugar que no le agradaría nada.

-¡No, no!- el pelirrojo ladeó la cabeza para intentar entender lo que le decía su contraparte que hacía señas cortantes y precisas (como si él pudiera entenderle).

-¿Qué es lo que desea saber?- la jovencita lo miró fijamente, así de cerca el pelirrojo no se veía tan mal, hasta pintaba guapetón, quizás lo que decía la gente del pueblo acerca de que eran pareja no era más que una mentira.

-Yo…- entrecerró los ojos, Battousai señalaba una casa y luego a si mismo –Yo quiero saber…- Battousai parecía a punto de perder la paciencia -¡Yo no recuerdo como regresar a mi casa!- el hittokiri suspiró aliviado.

-¿No lo recuerda?-

-No, podría decirme por donde es, por favor-

-Claro, siga este camino todo derecho, ¿Quiere que lo acompañe?- nuevamente Battousai le mostró el puño.

-No, no es necesario, gracias- el pelirrojo se despidió con un suspiro y luego trotó cansadamente hacía donde su contraparte lo esperaba.

-Serás idiota, te estoy diciendo que preguntes por tu casa-

-¡Pues no entendía!- Shinta se quejó ruidosamente -¡Además!, ¿Cómo pretendes que entienda esas señas que no significan nada?-

-No bromees- los ojos dorados lo observaron de mala forma –Era el lenguaje que usábamos para no hablar en las misiones del Ishin Shishi-

-¡Pues no recuerdo nada!- Shinta se cruzo de brazos.

-Es mentira, no pudiste haberlo olvidado, lo usamos por más de cinco años-

-Ya te dije que no me acuerdo- ambos gruñeron por lo bajo, había algo muy extraño en esa técnica de separación de cuerpos.

-¿Y para que preguntamos por…?- Shinta guardó silencio recordando que la jovencita había mencionado en su discurso algo sobre "Enishi-kun" ¿Sería el Enishi que recordaba? -¿Tu crees…?-

-En efecto- Battousai bajo la vista contrariado –No puede ser una coincidencia-

-Pero Enishi-kun ¿Qué pretende hacer con nuestro otro yo?-

-Espero que…- pero el joven no completó su frase y se sumió en el más profundo silencio, recuerdos dolorosos empezaban a llegar hasta él.

-Enishi-kun se portó muy bien con nosotros al final- Shinta entrecruzó sus dedos nerviosamente –Hasta salvo a Kaoru-chan-

-¿De que hablas?- Battousai observó a su compañero sorprendido.

-Acuérdate, cuando estábamos peleando en la isla un tal Hein o algo así se volvió loco y Enishi-kun salvó a Kaoru-chan de morir-

-No…- los ojos dorados se abrieron con sorpresa –No recuerdo nada de eso-

-¿Pero co…?- el viento arreció de tal manera que sus rojos cabellos les taparon a ambos por un momento la visión, pero lo que pudieron ver al enfocar de nuevo la vista fue una puerta abierta… y adentro Enishi Yukishiro abrazando apretadamente a SU Kaoru.

-Que tonta- aún apretada fuertemente contra él Kaoru soltó su agarre y se frotó la nariz limpiando de paso las lagrimas que habían manchado sus mejillas –Veo a Kenshin en este estado y en lugar de intentar hacer algo me pongo a llorar-

-Es comprensible- Enishi le habló calmadamente pero aunque sabía que ya no era necesario sus brazos se negaron a soltar su cintura.

-De verdad gracias Yukishiro…- la joven volvió a hundirse en su pecho, ahora que ya se había calmado un poco le entraba una vergüenza total que ese hombre viera sus lagrimas, con lo sarcástico que podía llegar a ser de seguro que le recordaba ese momento de debilidad para el resto de la eternidad.

-No fue nada- iba a volver a agregar que eso era lo que hubiera querido su hermana cuando por mero instinto aventó a Kaoru lejos de él y sacó con una velocidad vertiginosa la tachi que llevaba siempre colgando de su cintura.

-¡Yukishiro Enishi!- los ojos de Shinta estaban encendidos, su sakabattou brillaba ferozmente contra el filo de la espada chino-japonesa -¿Qué demonios pretendes?-

-¿Shinta?- Kaoru abrió los ojos aturdida, aún sin saber bien a bien lo que pasaba se dio cuenta que Battousai la retenía entre sus brazos, su agarre era firme pero podía sentir que su cuerpo era consumido por las dudas.

-¡¿Qué demonios?!- los ojos negros del peliplateado se abrieron con marcado espanto, el hombre frente a él ¿Era Kenshin Himura?, entonces ¿Quién era el que estaba sobre la cama?, ¿Sería que estaba soñando?, ¿Alucinaba quizás?

-No permitiré que intentes algo con Kaoru-chan- la voz del pelirrojo era calmada pero sus ojos estaban decididos, para Kaoru fue como revivir la pelea que habían tenido esos dos en la isla.

-¿Quién demonios eres?- intentando reaccionar Enishi apretó los labios y sacudió la cabeza sin apartar la vista de su oponente.

-Esta confundido- Battousai apretó inconscientemente los antebrazos de Kaoru.

-¡Tú!- con terrible consternación el peliplateado se llevó una mano a la sien, podía ver a Battousai aferrando a Kaoru, pero era el Battousai que recordaba de cuando era niño, el Battousai de coleta alta, ojos dorados y cuerpo joven.

-Enishi- el hittokiri pareció responder pronunciando su nombre.

-¡¿Qué demonios estas haciendo aquí?!- todos sus traumas de niño parecían volver sobre él con solo observarlo -¿No dijiste que no volverías a ser Battousai?-

-Enishi… escucha…- con cuidado el de ojos dorados retiró a Kaoru y avanzó hacía su ex cuñado observándolo con dolor –Desde siempre he querido decirte que lamento mucho lo que paso con tu hermana, hubiera dado mi vida por cambiar la suya, hubiera querido poder criarte, intentar pagarte lo que hice con tu mundo pero…-

-¿Por qué me dices esto?- Enishi dio un paso atrás –Ya me habías pedido disculpas antes-

-No, nunca lo había hecho-

-¡¿Qué demonios pasa?!- completamente desorientado el joven apretó su cabeza y cerró los ojos.

-Yukishiro, escucha- Shinta bajó su espada, el joven se veía realmente perdido –Déjame explicarte-

-¡Estoy soñando!-

-No espera…-

-¡Es un maldito sueño!- sus ojos furiosos se dirigieron hacía Battousai –Pensé que ya lo había superado, que tú estabas enterrado en algún lugar profundo de mi mente, pero no fue así-

-Espera Yukishiro, esto no tiene nada que ver con tu mente- asustada la joven kendoka notó que el peliplateado empezaba a alterarse de más.

-¿Cómo sucedió?- clavando la espada en el suelo se dejo caer en un rincón –Debo despertar, Sessha necesita mi ayuda, debo cuidar a Sessha-

-¿Sessha?- Battousai repitió el nombre sin comprender y Shinta entrecerró un ojo, él si que recordaba ese mote.

-Debo despertar- el joven cerró fuertemente los ojos, no entendía porque su mente le gastaba esas jugarretas, justo en esos instantes lo único que quería era la guía de su hermana, su maravilloso aroma a ciruelo blanco mostrándole el camino, pero lo que consiguió distaba mucho de ser eso.

-Yukishiro-san- la voz normalmente apagada ahora sonaba tranquilizadora a sus oídos.

-¿Sessha?- abrió los ojos pero aunque el joven de ojos cansados estaba frente a él las visiones de los demás aún no desaparecían.

-Sessha lamenta mucho haberle hecho pasar este mal momento a Yukishiro-san, Sessha nunca hubiera pensado que Kaoru-dono y las otras facetas de Kenshin Himura fueran a buscarlo.

-¿A que te refieres?- su habilidosa mente intentaba dar con la solución lógica de tamaño enredo pero no era mucho lo que podía imaginar en esa situación.

-Sessha en realidad no es Kenshin Himura al completo- sus apagados ojos lo observaron tiernamente y una sonrisa melancólica se dibujo en su rostro –Sessha lamenta haberle mentido a Yukishiro-san pero no creyó que Yukishiro-san fuera a creerle si se lo contaba- el peliplateado pasó saliva, en verdad que Sessha tenía toda la razón, ni aún viendo las pruebas vivientes podía aceptar la verdad del todo.

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Megumi soltó su estetoscopio y suspiró con cansancio, había pasado unos días demasiado feos como para rememorarlos, empezando con el hecho de que desde que se había encontrado a Soujiro y a Aoshi al lado de una Misao dormida observándose uno al otro como perros feroces las hostilidades entre ellos se habían vuelto insoportables, tanto así que había prohibido la entrada de los dos con Misao, lo ultimo que le faltaba a la joven ninja era presenciar una pelea cuando apenas se estaba recuperando de una herida de la cual (dicho sea de paso) ni siquiera debía haber sobrevivido.

-Que problema- profundamente cansada la joven doctora arrimó una silla al lado de su dormida amiga y le puso un paño frío sobre la frente, debía tener mucho cuidado en que no le fuera a subir la fiebre.

-Kitsune…- susurrando por lo bajo Sanosuke entreabrió la puerta de la clinica -¿Puedo pasar?-

-Si, claro…- la joven le hizo ademán para que entrara y el muchacho arrimó otra silla y se sentó solícitamente a su lado.

-¿No ha despertado?-

-Lo hace de a ratos pero pierde rápido la conciencia-

-Que raro- el castaño frunció el ceño –Battousai habló un buen rato con ella después de la operación-

-Por eso mismo su desgaste ahora es tan grande- con gesto distraído la joven mujer le acomodó un mechón de negros cabellos tras la oreja –Lo único que la mantuvo viva todo este tiempo era su deseo inmenso de vivir-

-¿Crees que eso haya cambiado por lo que le dijo Shinomori?- el joven peleador se revolvió incomodo –La verdad en ese momento quizás haya sido un idiota pero ahora parece realmente arrepentido-

-Aunque haya sufrido una decepción dudo mucho que esta chiquilla se de por vencida- sonriendo Megumi acarició su frente –Siempre me ha llamado la atención su carácter alegre, no creo que eso cambie por más cosas malas que le sucedan-

-Eso quiero creer- Sanosuke sonrió de medio lado -¿Cuándo crees que este lo suficientemente estable para llevarla al dojo?-

-Dentro de poco-

-Allá podremos turnarnos más fácilmente para cuidarla-

-¿Todavía no hay noticias de Kaoru?-

-Nada- el joven se rascó una oreja –Pero solo han pasado tres días desde que se fueron, igual y creo que su búsqueda puede ser tardada-

-Sí…- sacudió la cabeza porque sus parpados amenazaban con cerrarse.

-Si estas cansada puedo relevarte- Sanosuke le guiñó un ojo.

-No eres la clase de hombre que se esta quieto mucho rato, o sales huyendo o te quedas dormido- la doctora le sonrió, pero no era su clásica sonrisa sarcástica, estaba demasiado cansada como para intentar pelearse con el joven.

-¡Oye!- él se hizo el ofendido aunque la verdad no lo sentía –En ese caso dejemos a Yahiko y te acompaño a tu casa, tu te duermes y yo preparó algo de comer ¿De acuerdo?-

-De acuerdo- frotándose un ojo la joven se levantó y caminó hacía la puerta –Haríamos un buen equipo, tú cocinas y yo trabajo-

-Si un buen equipo- sonrió de medio lado –Aunque eso mejor dicho me suena a un matrimonio-

-Con la pequeña diferencia que los roles están volteados- la joven doctora ahogó un bostezo –Pero si así esta la cosa tú te encargas de cuidar a los niños-

-Pero no cambio pañales, aclaro- el joven sonrió y le abrió la puerta, era tan fácil hablar con Megumi cuando las cosas estaban en paz.

-Bueno, yo les cambio los pañales- la joven giró a verlo como si le estuviera hablando de una cosa muy importante –Pero si lloran en la noche tú los atiendes-

-¿Quién va a llorar en la noche?- Yahiko ladeó la cabeza parpadeando, a su lado Tsubame que hasta hace unos momentos se entretenía tejiendo una bufanda alzó sus ojos castaños para ver a la doctora.

-Unos niños mal portados, chicos ¿Podrían cuidar a Misao un rato?- el guerrero les guiñó un ojo –Kitsune ya se cansó, ya ven que no aguanta nada-

-¡Serás!- la joven giró violenta hacía él pero lo que eran Yahiko y Tsubame corrieron a la clínica como si en vez de mandarlos a cuidar a Misao los hubieran puesto a jugar.

-Que animo…- el joven parpadeó.

-Megumi-san, ¿Misao-dono ya se encuentra mejor?- desde el suelo y amablemente Soujiro le dirigió una sonrisa a la doctora.

-Dentro de lo que cabe- la mujer se mordió los labios y giró hacía donde Aoshi estaba recargado en la pared, con los brazos cruzados, la mirada volteada hacía otro extremo y sin decir nada –Aoshi-san, lamento no permitirle la entrada pero si Misao lo viera en su estado…-

-Entiendo- el joven ninja la cortó tajante pero Megumi no se sintió ofendida, comprendía que ese era el modo que tenía el ninja para protegerse a si mismo.

-Bueno, entonces volvemos al rato- Sanosuke la tomó de la mano y la jaló rápidamente de ahí, últimamente la tensión en el ambiente provocada por esos dos se hacía insoportable. Aoshi los vio alejarse y luego giró a donde Soujiro volvía a cerrar los ojos sonriendo, interiormente se preguntaba que era lo que sentía el muchacho en esos momentos, ¿Se sentiría igual de preocupado y exaltado que él?, ¿Le afectaría lo mismo no verla? Y como siempre sus pensamientos volvían a ella, Soujiro había dicho que la ninja había despertado, que había hablado con él y había dicho que no quería hablar sobre su tutor, ¿Sería que ahora Misao lo odiaba?, no, ella era demasiado buena para odiar a alguien, lo más seguro es que sus sentimientos habían resultado lastimados cuando de sus labios habían salido esas repugnantes palabras.

Su mente se volvía un caos, esos sentimientos tan fuertes hacía ella, no había otra manera de llamarlos que no fuera nombrando al amor, no al amor nacido entre un tutor y su protegida sino entre un hombre y una mujer, la quería y había sido tan idiota de no darse cuenta hasta que había sido demasiado tarde. Sus ojos se clavaron nuevamente en Soujiro, aunque con un poco de suerte… tal vez aún le quedaba una oportunidad.

Y así mientras Sanosuke y Megumi partían para hacer algo de comer y Soujiro y Aoshi mantenían una guerra silenciosa dentro de la clínica Tsubame y Yahiko tomaban sus respectivos lugares frente a la camilla y se inclinaban sobre Misao.

-Despierta dormilona-

-Ya llegamos Misao-dono- Tsubame ladeó la infantil cabeza sujetándole la mano.

-¡MI-SA-O!- El moreno gritó su nombre pero nada de que la chica despertaba.

-Parece que hoy tampoco va a abrir los ojos- la jovencita sonrió tristemente –Lleva tres días así y si sigue sin comer…-

-Recuerdo que la última vez que pelee también estuve varios días sin comer, si no mal recuerdo tú me cuidaste-

-¡Ah!- la pequeña se sonrojó –Esto…-

-Si seguimos hablándole seguro que despertara- el jovencito asintió vehementemente con la cabeza.

-Eso espero-

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-Eso es lo que esta pasando- cansada por contar en tan poco tiempo una historia tan larga Kaoru soltó un enorme suspiro y se dejo caer sobre la cama.

-In-Increíble- los ojos de Enishi estaban abiertos al máximo, recargado sobre la pared y con una mano bajo la barbilla parecía un hombre que de buenas a primeras descubre que después de todos los duendes si existen.

-Como verás deseo que estos tres estén de nuevo juntos- la joven kendoka se revolvió el rebelde cabello.

-Sí, es comprensible- de reojo el antiguo mafioso notó a Shinta que se divertía con un trompo que se había encontrado en una estantería y el rostro de Battousai que aunque intentaba parecer distante no despegaba su atención de lo que hacía su contraparte.

-¿Lleva mucho tiempo contigo?- la joven habló quedamente acariciando la frente del tercer pelirrojo que de tan cansado que estaba se había quedado dormido en la cama.

-Bastante- el peliplateado se revolvió incomodo –Lo hubiera llevado al dojo, pero él se negaba-

-Gracias por cuidarlo- la joven le sonrió, alumbrados por una vela los otros dos pelirrojos veían el trompo dar vueltas por el piso del salón.

-¿Te lo llevaras?- era la pregunta que se venía haciendo desde que la había visto en el patio apuntándolo con su shinai.

-Sí- la joven apretó sus manos una contra la otra –Quisiera que Megumi lo tratara y por otro lado creo que solo Aoshi-san podría encontrar la respuesta a como deshacer el rito-

-O podemos quedarnos así como estamos- cruzado de brazos Battousai giró la vista hacía la ventana abierta.

-Una cosa así sería problemática- Enishi arqueó una ceja –Además, según lo que me han platicado en este tiempo me doy cuenta que sus recuerdos están rotos o en el peor de los casos son inexistentes-

-El recuerdo es simple pasado- el hittokiri frunció el ceño sin ver a su ex cuñado, contemplar su cabello blanco como la nieve lo hacía sentirse mal.

-Para el mantenimiento de la vida es necesario el ying y el yang- el peliplateado arqueó una ceja –Se necesitan entre ustedes, así como están ahora viven incompletos, la furia, la miseria y la alegría se han volcado sobre uno de ustedes-

-¡Oro!- Shinta detuvo su trompo feliz –Me ha tocado ser la alegría-

-Pero una alegría que desconoce las penas no podrá ver lo que hay delante de si-

-No entendí muy bien lo que dijo- el de ojos violetas le susurró a su contraparte quien soltó un bufido.

-Tampoco estás muy dotado de inteligencia que digamos-

-¡Battousai-kun, que grosero!- Enishi parpadeó ante el mote, en otros tiempos le parecía que Battousai era capaz de asesinar a alguien solo por esa falta de respeto.

-Quieran o no quieran buscare la manera de volver a juntarlos- la joven se cruzó de brazos, sus ojos azules visiblemente molestos.

-Desearía ayudarte… ayudarlos- el peliplateado corrigió rápidamente, tampoco era cosa de dejar entrever sus sentimientos.

-¿Es en serio?- la chica entreabrió los labios de la impresión, estaba descubriendo facetas de ese joven que le habían quedado vedadas en su estancia con él en la isla, ¿Sería que tanto lo había afectado leer el diario de su hermana?, ¿Habría descubierto la verdad acerca de su vida?

-No es que me moleste- Shinta habló entrecerrando los ojos (de hecho si le molestaba)-Pero ¿Por qué haces esto Yuki-kun?- como si hubiera dicho algo prohibido Battousai le propinó un potente coscorrón.

-¡¿A quien le dices Yuki-kun baboso?!-

-¡Oro!, ¿Battousai-kun porque me pegas?-

-¡¿Cómo que por que?!- el de ojos dorados bufó molesto –Él fue en otros tiempos nuestro cuñado, le debemos respeto-

-Pero si es un crío- los ojos violetas observaron al peliplateado con desidia –Y para colmo no me da buena espina- una venita furiosa apareció en la frente de un aparentemente calmado Enishi y Kaoru se levantó de la cama de un salto, demasiado sorprendida por la actitud que tomaba su hasta ese momento pelirrojo mejor portado.

-¡Shinta!, ¿Por qué dices esas cosas?-

-¡Oro Kaoru-chan!- el joven paseó un pie por el piso –Yuki-kun me ha hecho pasar muchos malos ratos, hizo que me golpearan en un bosque, me mordía la mano como si fuera un tiburón cuando era pequeño, me disparo a los pies unas seis balas, me aventó una pistola a la cara y me hizo un moretón, pero lo que no le puedo perdonar es que te haya secuestrado y me haya hecho creer que estuvieras muerta- Enishi se cruzó de brazos y se mordió los labios para no escupir unas nada agradables palabras, disculpas ya las había pedido y esa vez al pelirrojo correcto.

-Pero si él ha cambiado tú deberías entenderlo- la joven habló con tal violencia que los tres presentes se sorprendieron –Tú siempre estás hablando de segundas oportunidades y de rehacer la vida-

-Sí…- ahora el pelirrojo se veía medio avergonzado –Pero es que Kaoru-chan… tú nunca me has contado… Yuki-kun se ha convertido en realidad en un hombre apuesto… Kaoru-chan es una mujer muy hermosa…-

-¿Qué estas insinuando?- la joven kendoka se puso roja al instante y Enishi tuvo que carraspear y girar la vista a otro lado, ese pelirrojo era muy perceptivo, tenía que tener cuidado con él.

-¡Kaoru-chan, me dan celos de Yuki-kun!- el de orbes violetas explotó.

-Tonterías- Battousai entrecerró los ojos –Yukishiro Enishi jamás se fijaría en una mujer como Kaoru- ahora todas las miradas se posaron en él –Dista mucho de lo que es su modelo de la mujer ideal-

-¿Y cual es ese modelo?- Kaoru preguntó medio curiosa medio ofendida.

-Una mujer recatada, callada, buena cocinera, amable, fría… algo así-

-Ni que quisiera casarse con su hermana- Shinta hizo carita de asco –Sé lo que te digo Battousai-kun, ningún hombre podría ser inmune a los encantos de Kaoru-chan-

-¡Ya cállense todos!- la joven se sostuvo la cabeza demasiado roja y avergonzada como para seguir escuchando esa sarta de desvaríos –Vamos a dormir hoy y mañana partimos, si Yukishiro quiere acompañarnos será más que bien recibido-

-¡Pero Kaoru-chan!-

-Nada de peros- la jovencita señaló a ambos pelirrojos con un dedo –Yukishiro es un hombre muy inteligente, con algo de suerte podría ayudarle a Aoshi-san a deshacer el rito, ustedes deberían estar agradecidos con él-

-Bueno…-

-No es que queramos…-

-Deshacer el ritual en realidad- ambos dijeron la ultima frase al tiempo girando la vista al techo y rascándose las cabezas.

-¡Lo que sea!- demasiado cansada por el viaje y las emociones de ese día la jovencita soltó un sonoro suspiro.

-Tu duerme con Sessha- acomodándose las gafas de tal manera que sus ojos quedaban completamente ocultos el joven empezó a extender unas mantas –Estos dos y yo nos las arreglaremos muy bien en el piso-

-Que suerte tiene Sessha-kun- Shinta ladeó infantilmente la cabeza poniendo ojos de puntito pero Battousai le dio un codazo por lo bajo, la verdad es que su contraparte estaba peor de lo que hubieran esperado.

-Bien- poniéndose roja como la grana Kaoru se metió bajo las frazadas al lado de ese pelirrojo que tan poco conocía y que sin embargo quería con un amor inmenso, cuando las luces se apagaron los hombres empezaron a desvestirse y a gruñir algo como "no te me acerques", "son mis cobijas", "malditos pelirrojos" y "pinta tu rayita" pero después de unos cortos minutos la habitación quedo en silencio.

Un silencio que Kaoru aprovecho para ponerse de lado y apoyando su cabeza sobre su mano contemplar al pelirrojo dormido frente a sí, su cabello no era brillante pero lo tenía limpio y recogido en su clásica coleta, su piel se veía extraña, como si le faltara color, en su rostro se leían algunas arrugas, como marcas pequeñas de sufrimiento y su cicatriz estaba marcada de tal forma sobre su mejilla que daba la impresión que le dolía.

-Kenshin…- le susurró por lo bajo pasando sus dedos sobre su rostro, sintiendo esa piel, ese dolor, quería tenerlo a su lado, quería abrazarlo y calmar su corazón, nunca antes había sentido tan fuerte esa necesidad de amarlo y protegerlo.

Sintiendo un calor insospechado en el corazón pasó sus pequeñas y temblorosas manos por el gi entreabierto y se abrazó a ese cuerpo calido recargando la mejilla sobre ese varonil pecho, lo sentía frágil como una pluma al viento, de alguna manera, de algún modo, tenía que recuperar la vida que se le escapaba entre los dedos.

-Battousai-kun…- pasada la medianoche Shinta le susurró a su contraparte que nada más dormirse todos se había levantado y había recargado la espalda sobre la pared "durmiéndose" en una bastante incomoda posición.

-¿Qué quieres?- el otro le gruñó en respuesta.

-¿Por qué te portas así con Yuki-kun?-

-¿Así como?- bajo la voz, no quería despertar a los demás.

-Como si te importara, como si te sintieras culpable por algo-

-Mate a su hermana- apretó la empuñadura de su espada larga –Nunca me lo voy a perdonar-

-¿No tienes celos de él?-

-No-

-Cuando éramos Kenshin Himura teníamos dudas acerca de eso-

-Esas dudas eran tuyas-

-¿Pero no crees que a Yuki-kun podría gustarle Kaoru-chan?-

-Tal vez…- guardó silencio un momento –Pero no por eso voy a hacerle algo-

-A Sanosuke-kun ya lo hubieras vuelto cachitos-

-Porque no le debo nada a Sagara-

-¿Entonces solo te abstienes de hacerle algo a Yuki-kun por que te sientes en deuda con él?-

-…Algo así…-

-Los estoy oyendo- Enishi gruñó molesto ¿Por qué demonios todos se daban cuenta de sus sentimientos? –Hablar mal del anfitrión en su propia casa es una falta de respeto-

-Oír platicas ajenas también- Shinta contraataco y Battousai soltó un suspiro, se le estaba acalambrando el trasero.

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Kaoru notó cuando la luz del sol entró tímidamente por su ventana que era la primera en despertarse, con tranquilidad soltó el agarre que había mantenido toda la noche sobre el apagado pelirrojo que ahora respiraba un poco más desahogadamente.

Frotándose un ojo giró la vista al suelo y…

-¡Dios mío!- se tapó la boca y sus ojos azules se abrieron grandes, no entendía porque le causaba esa sensación de ternura y calor ver esa ¿Cómo decirlo?, ¿Extraña?, ¿Sugerente?, ¿Irreal? Imagen.

Enishi dormía en medio como un bendito, el cabello blanco despeinado y rebelde cayendo sobre sus cerrados parpados, los brazos abiertos a los extremos y el torso desnudo, Shinta como era su costumbre había buscado en la noche inconscientemente algo de calor y se había dormido acurrucado entre el hombro y la cabeza de su ex cuñado el gi entreabierto y el rojo cabello confundiéndose con el blanco de Enishi y como nota final Battousai se había cansado de su incomoda posición y usaba el estomago de Shinta como almohada (vengándose de la escena del dojo), los brazos cruzados sobre el pecho y los rojos mechones cayendo sobre la pelvis de Enishi en un cuadro rojo con blanco bastante atractivo.

-Kaoru-dono- parándose débilmente tras de ella Sessha observó lo que la joven veía –Es raro que ninguno de ellos haya notado su estado, de seguro que están muy cansados-

-¡Ah!- se sobresaltó y giró hacía él riendo nerviosamente, no quería que descubriera sus poco santos pensamientos –Creo, me parece oír que hablaban en la noche-

-Kaoru-dono…- sus ojos opacos y tristes la observaron con pena –No debió de haber venido por mi-

-No digas tonterías- sucumbiendo al imperioso deseo que la había asaltado desde que lo había visto lo abrazó acomodando la barbilla sobre su hombro –Te amo, no te voy a dejar jamás-

-Kaoru-dono…- en su pecho se arremolinó el regocijo y la culpa, él no merecía algo tan hermoso, no era digno –Yo no…-

-Y aunque tú no sientas lo mismo no me daré por vencida- se aferró a él cerrando los ojos.

-¡Kaoru-dono, yo la amo!- lentamente correspondió a su abrazo –Pero un hombre como yo no debería…-

-No importa lo que hiciste en el pasado ¿No lo recuerdas?- se separó de él y acarició su mejilla sonriéndole dulcemente –Yo al que quiero es al vagabundo, te quiero a ti- en el piso tres hombres siguieron haciéndose los dormidos, esa escena les incomodaba pero debían aceptar que no tenían corazón para deshacer el momento que esos dos estaban viviendo.

………….

……..

.

..

.

-¡Que frío!- Sanosuke se sobó los brazos y dibujo una mueca en su cara, se había soltado un viento increíble.

-Hoy Tsubame no ha venido- Yahiko habló casi para si mismo, la bufanda que su amiguita había estado tejiendo ahora estaba fuertemente apretada en torno a su cuello.

-No entiendo como es que esos dos se pueden pasar la noche fuera de la clínica, de seguir sin moverse se van a volver estatuas- el joven guerrero se encogió de hombros y en ese instante Katsu se les unió alzando una mano y corriendo hacía ellos.

-¿Cómo ha estado la chica?-

-Sin cambios-

-No despierta-

-Que pena- el reportero se frotó las manos –Últimamente he tenido mucho trabajo y no me he podido pasar por la clínica-

-Tampoco es que haya pasado gran cosa- Yahiko giró hacía el castaño, últimamente había notado que su tono para con su amigo se volvía algo neutral cuando hablaban de cualquier cosa referente a la clínica o a Megumi.

-¿Y de Battousai?-

-Tampoco nada-

-Un panorama bastante gris el de hoy- Tsukioka oteó el cielo y Sanosuke se enfurruñó metiendo ambas manos en los bolsillos de su pantalón, si Megumi prefería a su amigo el asunto era comprensible, después de todo ambos tenían educación, trabajos estables, cierto tipo de conversación, nunca antes se había preocupado por esas cosas, no le molestaba ser el "tonto" de su grupo de amigos porque igual y tenía cosas que compensaban su falta de educación, pero… Ahora que pensaba en Megumi como pareja… bueno, no era como si ella fuera a caer rendida a sus pies.

-¿Van a cambiar a la chica para el dojo?-

-Si no despierta Megumi piensa que no es buena idea- faltaban pocos pasos para llegar a la clínica y los tres jóvenes aminoraron la marcha –Aunque parezca estable la verdad es que sigue muy grave-

-Aún recuerdo el baño de sangre en que llego- el reportero alzo una ceja –Nunca nos contaron que fue lo que pasó-

-Tienes razón- los ojos castaños de Sanosuke se agrandaron –Me pregunto que demonios pasó entre esos dos-

-¡Vaya horas de llegada!- saliendo de la clínica y sacudiendo las manos Megumi los observó ceñuda.

-No llores kitsune- Sanosuke señaló el obento que Yahiko levantó para hacer más notorio –Trajimos el almuerzo-

-Menos mal- la joven se abrazó a si misma, estaba haciendo mucho frío.

-Deberías ponerte algo encima- Katsu la observó preocupado –Te vas a resfriar-

-Bueno, bueno- el joven peleador se atravesó en la platica de los otros quitándole el almuerzo a Yahiko –También trajimos para Shinomori y para Seta-

-Gracias Sagara-san- el más jovencito hizo una pequeña reverencia muy sonriente y el ninja simplemente bajó ligeramente la cabeza.

-¿Puedo pasar un ratito con Misao?- jalando su bufanda con nerviosismo Yahiko se giró hacía Megumi y la joven doctora lo observó extrañada.

-Sí claro, pero íbamos a comer-

-¡Cómo adentro, gracias!- el chico tomó un pequeño recipiente y subió de un salto los escalones cerrando rápidamente la puerta tras de si.

-Que niño más raro- todos los presentes se encogieron de hombros pero una chispa brilló en los ojos de Aoshi antes de que su mirada volviera a ser la fría de siempre.

-¡Eh Misao!- el jovencito le gritó quedito a su amiga en la oreja –Soy yo Yahiko-

-¿Ya-hi-ko?- abrió dolorosamente los ojos, le dolía mucho el estomago, como si le restiraran la piel con cada palabra.

-Sabía que estabas despierta- el jovencito se sentó sobre el banco sonriéndole ampliamente -¿Por qué le haces creer a Megumi que sigues inconsciente?-

-No es que… quiera hacerlo en realidad- en su rostro se dibujo una mueca de dolor al intentar moverse –A veces quiero hablar pero por alguna extraña razón no puedo despertar… hasta ayer-

-Es que Tsubame y yo somos muy persistentes- en su rostro se dibujo una flamante sonrisa –Te ha mandado esta bufanda para que te recuperes- de su gi sacó un tejido celeste.

-Dile que gracias- apenas pudo apretar la bufanda contra su mejilla y cerró los ojos.

-¡Oye no te duermas!- presuroso extendió el plato de comida hacía ella –Necesitas comer, no has comido en cuatro días-

-Si lo hago lo vomitare- su voz sonaba mas dormida que despierta.

-Misao, vamos- le sacudió un hombro pero parecía que la joven ninja luchaba contra un profundo sueño –Además quería decirte que Aoshi… bueno el parece…-

-No me hables de él…- se arrebujo contra la bufanda, se había quedado profundamente dormida –No quiero oír nada de él…- y Yahiko supo que le hablaba entre sueños.

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Soujiro se acercó a su caballo y le dio amorosamente una buena zanahoria mientras el otro lo empujaba suavemente con el hocico exigiéndole atención, bueno, si era sincero esos caballos no eran suyos pero se podría decir que había pagado por ellos porque había dejado otros a cambio.

Sin embargo había corrido con buena suerte, los caballos eran mansos y veloces justo lo que él buscaba en unos buenos animales.

-Lamento tenerlos aquí sin hacer nada- el jovencito les habló palmeándoles las crines, desde que había llegado a Tokio los había tenido sin moverse en la parte posterior de la clínica, quizás fuera buena idea quitarles las correas y dejarlos dar una vuelta.

-¿Ha escuchado lo que se dice?- por mero instinto se pegó al carruaje pasando desapercibido.

-Acerca de lo del general Fujita me supongo-

-Sí eso- los observó de reojo, parecían dos policías de rango menor.

-Dicen que estuvo muy herido-

-¿Quién lo hizo?-

-Nadie sabe, pero debió haber sido muy poderoso- con el flequillo cubriéndole los ojos el jovencito tomó un cepillo y se puso a hacer el tonto con los caballos, dudaba mucho que lo reconocieran con la ropa al estilo extranjero que ahora usaba pero igual y no podía arriesgarse.

Los policías siguieron hablando mientras se alejaban, el joven estaba por tomar la cosa como trivial cuando un ultimo comentario lo hizo estremecerse hasta lo más profundo, ¡No era posible!, ¡Debía marcharse cuanto antes!, no podía dejar que lo atraparan, pero antes… antes tenía que ver a Misao, lo haría así tuviera que tomar medidas drásticas, nadie le impediría despedirse.

…………..

…….

.

..

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-Entonces nos vamos- bañados, arreglados y con un morral a cuestas tres pelirrojos en distintos estados de ánimo emprendieron el camino, las tres figuras recortándose contra el sol de la mañana.

-Esto es tan raro que me parece que estoy soñando- gruñendo Enishi también se echó su morral de viaje a cuestas, el diario de su hermana descansaba bajo su brazo y sus eternas gafas de sol despedían destellos desde la seguridad de su plateado cabello.

-Es como ver los hombres que ha sido y que es por separado- sonriendo tiernamente la joven kendoka se puso al lado del joven sin dejar de ver a los pelirrojos que amaba.

-Battousai-kun, esto esta muy pesado ¿No quieres cargarlo tú?-

-Ni que fuera tu chacha-

-Sessha no cree que pelear tan temprano sea bueno-

-¡Oro!, Sessha-kun, no deberías hablar tanto, se ve que apenas puedes con tu alma-

-No le digas eso idiota, va a pensar que se esta muriendo-

-¿Y ese trío colorado es al que tú amas?- levantando una ceja el antiguo mafioso giró hacía la jovencita como si no acabara de creerlo.

-Aunque lo dudes- y soltó un suspiro, el viaje de regreso iba a ser muy largo.

Notas de Okashira Janet: Bueno por fin la actualización, la verdad no ha resultado lo que esperaba, sobre todo porque Enishi parece haberse hecho a un lado, pero creo que ya después explicare lo que sucede. Lamento la tardanza pero tuve exámenes (unos resultados desastrosos en Calculo integral).

Agradezco profundamente su apoyo, son como las pilas necesarias para que continúe, mil gracias a: gabyhiatt, Watashi L desu (tu nick me recuerda a un amigo ¿No serás tú? je,je), cindy-jhonny, Hina Himura, King of All Cosmos, the black Misao, X0o-KhareHchaN-o0X, Juliex19, Isabel-san (te mande un correo pero no funciono al parecer, por favor vuelve a escribir tu correo pero con espacios si no, no sale enel review), MargoChanning, Sammy-Askura (niña eso ya no fue un review fue un fic paralelo) kaoru-pretty, Haro kzoids, moonlight y kislev.

Alguien me dijo por ahí que Kaoru de seguro se iba a poner más amorosa con Sessha por verlo en ese estado, la chica nunca había visto a su amado derrotado (recordemos que cuando paso lo de Enishi ella estaba secuestrada), por otro lado aún a estas alturas me siguen echando en cara lo del beso entre Misao y Battousai, de verdad que fue un evento que a algunos los molesto mucho, je, lo siento, aunque quizás volvería a hacerlo, tengo algunas dudas respecto al futuro de este fic, se suponía que tendríamos un final oscuro pero empiezo a rajarme (como se dice por estos lares).

En fin, mi impresión de este capitulo es que ha quedado como una transición, en el capitulo que viene entran unos personajes y salen otros, otra cosa que quiero comentar es que por ahora no veo posible un lemon, no con los giros que esta tomando la historia, además a muchas personas una escena así les resultaría desagradable (sobre todo a las mujeres que son mas sentimentales), con esto una escena de estas no queda descartada pero si lo hago sería más adelante (aunque como no soy buena en ese tipo de redacción tendría que pensarlo).

En fin me despido, agradezco fervientemente su apoyo, son las y los mejores (hace mucho tiempo que no tenía lectores hombres, soy feliz) Ciao

16 de Marzo del 2009 Viernes