CAPÍTULO 14. ENTRE EL DOLOR.
Throught blurry eyes...
Todos sufren alguna vez en la vida, el dolor es parte esencial de ésta, si no hay sufrimiento, luego no existe felicidad... todo es un proceso que nos lleva a una felicidad profunda o a un sufrimiento que parece no tener fin.
Si lloramos, expulsamos nuestro sentir en lágrimas inmensas que nos ahogan y nos cortan el aliento, si estamos felices la sonrisa no se borra de nuestros rostros y parecemos contagiar a todo mundo de nuestro entusiasmo... llenando de luz todo a nuestro alrededor.
Sin embargo, nadie es completamente feliz, ni aunque su vida haya llegado a su fin una persona podrá decir con certeza que todo lo que vivió estuvo impregnado de emoción, de sentimientos agradables y de comprensión de los seres a su alrededor, porque el mundo no es perfecto.
Lo que significa que nadie tampoco es completamente miserable, cuando menos ha tenido un momento de paz y tranquilidad en su vida... un momento capaz de haberle hecho esbozar una sonrisa sincera.
Era la única cosa que Maki se había llevado bueno de la vida... los momentos compartidos con el rubio.
Y eso le brindaba un poco de tranquilidad al rubio, le daba la certeza que él había hecho todo lo posible porque su amiga estuviera bien, porque no sufriera... pero que probablemente no había sido suficiente, puesto que ella, de todas maneras, había cometido suicidio.
Cerró sus ojos... justo cuando estaba lleno de sufrimiento ajeno por culpa de la experiencia de los recuerdos vividos... sentirse morir y abandonar a alguien amado... y ahora encontrar que una de sus mejores amigas moría por haber cometido suicidio, le hacía pensar que realmente él no era un buen amigo.
Maki creía que ella solamente brindaba sufrimiento a quienes conocía, lo que no sabía era lo mucho que el rubio la apreciaba. El hecho que le había sacado de problemas muchísimas veces.
Una semana desde el suicidio de su amiga y él había faltado a la escuela todos esos días, dejando en stand-by todo con Kaiba.
Como si en ese momento solucionar las cosas con el CEO fueran más importantes. Claro que no! Su amiga significó mucho para él, lo suficiente como para hacer de lado, momentáneamente, obvio, sus sentimientos por el ojiazul.
Sabía que Yuugi y Cía. estaban preocupados por él, por no haber asistido a la escuela.
Sin embargo, la preparatoria no significaba nada para él cuando su mejor amiga cometió suicidio y él no pudo hacer nada por detenerla del otro lado de la línea.
Ella necesitaba escuchar cuanto la necesitaba él.
Era como una hermana, la apreciaba del mismo modo en que a Serenity y haberla perdido le hacía pensar en su hermana. QUERÍA VERLA.
En medio de lágrimas, esbozó una sonrisa al recordar su rojo cabello, sus ojos brillantes y su piel pálida.
Ella era el sol de su vida, así como él lo era el de ella.
Por qué su hermana estaba tan lejos cuando él necesitaba el apoyo incondicional de ésta?
Su mente estaba llena de millones de cosas que no estaban relacionadas con Maki y de otro millón completamente referentes a ella... Estaba como en un espacio alterno, como si su habitación se hubiese transportado a otra dimensión... porque específicamente le pidió a su padre que nadie le molestara, y nadie lo había hecho.
Su padre sólo entraba depositaba una bandeja con comida y se llevaba la que había puesto antes... intacta... el rubio sólo había consumido agua.
Eso iba a dañarlo, especialmente siendo alguien como Joey que se alimentaba apropiadamente.
Su padre estaba empezando a perder la calma.
Él le había dicho a Joey que iba a hablar con el padre de Maki, pero fue muy tarde, cuando llegó vio a su hijo arrodillado junto al teléfono, luciendo desamparado y solo, con el rostro sucio de lágrimas.
Cuando oyó la historia de Joey... se sintió mal.
Quizá si hubiera permitido que éste siguiese a Maki, nada de eso hubiera ocurrido.
Pero el hubiera no existe.
El último adiós...
La puerta de su habitación se abrió y entró su padre, llevándole la comida del día, viendo el desayuno intacto.
"Tienes que comer un poco, Joseph." Sonrió el hombre, sentándose en el borde de la cama, viendo a su hijo, que negó. "Tus amigos están preocupados, no han parado de llamar... incluso un tal Mokuba llamó varias veces, dice que va a intentar venir."
"No es necesario." Dijo el rubio. "Mañana iré a la escuela."
El padre del rubio sonrió y acarició sus despeinados cabellos.
"Me alegra..."
Joey no dijo nada, no tenía energías para infundirle a su padre, sus propias ganas de continuar estaban ahogándose bajo el sufrimiento inmenso de la pérdida de su amiga; era como si el mundo se hubiera detenido en su habitación, luego que su padre le obligó a colgar el teléfono.
Maki ya no estaba a su lado, esa sonrisa fuerte que le brindaba tranquilidad cuando Yuugi, Yami, Tea y Tristán no estaban cerca, se había marchado.
Se sintió más triste que nunca, incluso el propio dolor de la pérdida de Kaiba parecía tan insignificante.
Pero extrañamente sentía la necesidad de verlo, de saber que, cuando menos, Kaiba estaba con él.
Aún vivo, lejos de sí, pero vivo.
Estaba como ido, su padre lo notó inmediatamente, que su hijo no estaba en las mejores condiciones.
"Espero que te vaya bien de regreso a la escuela." Susurró, acariciando los mechones rubios de su hijo, sintiendo como éste asentía de forma mecanizada, como si en realidad NO le importase lo que a su alrededor estaba ocurriendo.
Joey estaba asustado ante la perspectiva de lo que ocurría a su alrededor.
Incluso cuando velaron el cuerpo de Maki se sentía atrapado en medio de un sueño.
No, como si fuera una pesadilla.
Meditó lo que estaba viviendo y se dijo a sí mismo que, una vez que abriera los ojos, iba a gritar fuertemente y correría en busca de su amiga... Ella no podía haber cortado su vida porque ella no era tan tonta.
Inocente, dulce, amable... no tonta.
"No te preocupes, papá... Todo va a estar bien." Sonaba tan hueco, carente de emoción, como si fuera un cascarón vacío.
Sus ojos melados no expresaban mucho, nada.
"Tengo que dormir un poco, no quiero llegar agotado a la escuela."
Su padre dudaba mucho que realmente necesitara más descanso, cuando los últimos tres días los había pasado durmiendo y acurrucado en su cama, observando el vacío de su propia habitación... Pero no quiso protestar, quizá Joey iba entonces a retractarse.
Salió de su habitación y tomó el teléfono, para marcarle al niño llamado Mokuba que le había pedido que le llamara para avisarle de cualquier mínimo cambio, por si podía ayudar... creía que sería bueno que uno de sus amigos estuviera enterado que iría al día siguiente a la escuela, para que vigilaran que no cometiera ninguna estupidez, aunque no creía a su hijo capaz.
Joey tenía demasiada vida como para apagar su llama.
Escuchó el tono de llamado y esperó a que alguien atendiese su llamada.
"Residencia Kaiba. Quién llama?"
"Soy el padre de Joey Wheeler, quería hablar con Mokuba Kaiba." Respondió el hombre, esperando que respondieran.
"El joven Mokuba esperaba su llamada, espere un momento."
No esperó mucho tiempo antes que Mokuba respondiera.
"Señor Wheeler, ¿pasó algo malo?" Mokuba rogaba porque no fuera nada así, había visto a su hermano consumir tres tazas de café seguidas, debido a la preocupación que experimentaba al no saber nada del rubio.
Había oído del suicidio.
Sabía que era amiga del rubio.
Sabía que era LA amiga del rubio, aquella por quien él se preocupaba mucho.
Mokuba supo de inmediato que ante la reacción del rubio, Seto Kaiba echó su mente a volar y llegó a la conclusión que ella, pese a lo que dijo Joey, era más que su amiga.
El pequeño había hablado con Ishizu y ella le había asegurado que podía intentar ayudarlo, porque conocía mucho del pasado, pero que sin su collar del milenio, el cual había entregado al faraón, no podía conocer el futuro.
Y éste, además, ya no funcionaba con ella.
Aún así, Mokuba apreciaba toda la ayuda que podía recibir.
Contaba con la joven egipcia y con Yuugi.
Lo cual ya era una gran comienzo, pero enterarse que Joey estaba encerrado en su habitación, evitando cualquier contacto con el mundo, le hacía sentirse mal.
Su propio hermano estaba encerrado en la oficina que había en la casa, argumentando que no se sentía con ganas de ir a KaibaCorp, que iba a trabajar en casa.
"No, no tienes que preocuparte. Joey va a ir a la escuela mañana, parece estar recuperándose lentamente... pero me gustaría que mantuvieran su atención en él... No quiero que cometa ninguna tontería."
Mokuba no tuvo que pensarlo siquiera, la respuesta fue inmediata.
"Por supuesto, señor Wheeler, yo me encargaré que todo se haga... Por el bien de Joey."
"Muchas gracias."
Sin más cortó la comunicación y lanzó una mirada a la habitación de su hijo.
Sí, con tan buenos amigos como los que tenía, además de Maki, su hijo aún tenía mucho por vivir.
Y tanto por experimentar.
No importaba mucho que en ese momento todo para él fuera sufrimiento, porque pronto encontraría una luz a la cual aferrarse.
Mientras tanto tendría que soportar.
Después de todo, el rubio era alguien MUY fuerte.
No tenía que esforzarse mucho por soportar el dolor, era alguien con excelentes capacidades y una depresión no iba a detenerlo.
No a Joey Wheeler.
OOOO
Seto miró a su hermano entrar a su oficina y sentarse frente a él, con una sonrisa en el rostro, sus ojos grisáceos brillando de una emoción extraña que hacía mucho tiempo no veía en su hermano.
Pensó que estaba a punto de pedirle algo, conocía muy bien al pequeño chantajista y sabía que era un excelente actor cuando se trataba de algo que él quería... pero en ese momento el tipo de felicidad que su hermano irradiaba parecía no ser proveniente de alguna necesidad que él tuviera el deseo de satisfacer y supiera que con solo pedirlo su hermano lo complacería.
Por eso no enarcó la ceja, como pensó al principio, sino que dejó de teclear y observó cuidadosamente a Mokuba.
Éste sonrió amablemente y depositó un vaso de jugo sobre el escritorio, indicándole a su hermano que era para él.
Había una atmósfera extraña en la oficina y todo se dio debido a la introducción de Mokuba a ésta, así que Kaiba supo anticipadamente que lo que su hermano -fuera lo que fuera- le dijera tenía un gran significado.
No se dejaba llevar por corazonadas, generalmente dejaba eso a los crédulos, él era más analítico.
Pero momentáneamente algo le dijo -una corazonada- que algo bueno estaba a punto de ocurrir.
Dios lo librase de alguna locura de Mokuba.
Y tampoco era religioso, era simplemente una frase.
Sabía que su hermano no iba a forzarlo a hacer nada... su mirada más bien decía que lo que iba a comunicar favorecería al ojiazul.
"Qué es, Mokuba?" Preguntó de una vez, viendo que a su hermano le gustaba mucho el suspenso y parecía querer tenerlo al borde de su asiento debido a la espera, pero eso con Kaiba nunca funcionaba, el pequeño más que nadie debía de saberlo. "Porque tengo trabajo que hacer y no puedo perder el tiempo."
El pequeño sonrió más ampliamente.
Estaba pensando en la forma más fácil de decirle que había ofrecido a su hermano para mantener su atención en Joey.
Ok.
Había sido un poco cruel de su parte, pero era por el bienestar del rubio y su hermano desde que confesó que sí gustaba del rubio a su hermano, también parecía sentir cierto interés por el bienestar de Joey.
Él fue quien persuadió a Mokuba de llamar, aunque realmente el pequeño no necesitaba ser persuadido.
"Tienes una nueva misión, así que supongo que es hora que empieces a delegar responsabilidades en KC." Fue como inició el discurso del pequeño Mokuba, manejando un tono de voz demasiado serio para su persona. "No sé si recuerdas que tú tienes un futuro novio llamado Joey Wheeler."
Kaiba rodó los ojos.
Su hermano y sus fantasías infantiles.
Cómo iba a hacer que entrara a la cabecita de su hermano que no podía controlar lo que el rubio sentía y que entre ellos no iba a producirse una relación solamente porque le gustaba el rubio?
Una relación no se alimentaba de las apariencias.
Su hermano no parecía comprenderlo y había formado una especie de comité para reunirlos.
Estaba al tanto de los planes de Yuugi, Ishizu y Mokuba.
"Bueno, tomo tu silencio como un sí..." Continuó Mokuba. "Bien, mi futuro cuñado," Seto volvió a rodar los ojos. "regresa a la escuela mañana y su padre está muy preocupado, tanto que como yo llamé para decirle que en caso de algún problema nos contactara, eso fue lo que hizo, nos pidió que cuidáramos a su hijo de cometer cualquier tontería."
La sola idea de Joey cometiendo una le hizo recordar lo mucho que los sueños y recuerdos le molestaban en el pecho.
No podría imaginar como sería si a quien perdía ahora era a Joey.
Pero tampoco iba a demostrar una preocupación abierta por él.
No quería ser obvio, él no era ese tipo de personas, estaba entrenado para demostrarse frío y calculador y pensar, no sentir.
Lo esencial, siendo el CEO de su compañía, era que fuera alguien analítico.
Alguien que piensa antes de actuar, que piensa antes de decidir... que siente sólo en mínimas cantidades y sólo cuando es preciso.
Ahora sentía... pero no quería.
Iba a cuidar a Joey.
Pero también iba a pedirle a su hermano que hablara con los amigos del rubio; entre más, mucho mejor.
Y así lo hizo.
"Ok, cuidaré del perro... pero tú tienes que pedirle lo mismo a los amigos de Wheeler. En caso que ni tú ni yo estemos presentes, ellos tendrán que encargarse."
Mokuba asintió.
"De hecho, Niisama, hablé con ellos antes de hablar contigo."
Seto asintió.
Eso era un gran alivio.
Él no tenía mucho tiempo libre, porque la mayor parte del tiempo estaba tras las paredes de su oficina en KC.
"Mañana lo veré entonces y me encargaré, parcialmente, de cuidarlo... que los amigos del perro también estén pendientes."
No quería hacer función de niñera.
Tampoco quería importunar al rubio con su presencia.
Esperaba que éste no lo tomara como una muestra de acoso.
Eso sería extremadamente extremo... válgase la redundancia.
Y miró su reloj, faltaban 13 horas para tener que irse a la escuela.
OOOO
"Está muy preocupado por él, o eso fue lo que dijo Mokuba." Comentó el joven de cabello tricolor, hablándole a su reflejo en el espejo.
Su Yami no estaba muy de acuerdo en involucrarse directamente en el pasado de los dos jóvenes; tenía plena confianza en el destino y no estaban dejando que éste trabajase de forma apropiada.
Si seguían inmiscuyéndose en esos asuntos, las cosas no iban a funcionar para la pareja.
Además, el propio Yami tenía asuntos de que preocuparse, y ver como su Aibou se daba de topes contra la pared, luchando por encontrar un método convincente de unir a un par muy impar, no era algo placentero.
La propia relación de Yuugi y Tea estaba enfriándose y la chica no hacía intentos por hacérselo saber a Yuugi.
Ella simplemente no parecía muy de acuerdo con el hecho que su novio estuviera involucrándose en algo que ella consideraba sagrado.
La unión de dos personas no debía ser forzada.
En ese momento, Yami concordaba con ella.
Tea poseía una gran inteligencia respecto a asuntos del corazón porque ser una chica le daba la sensibilidad que a muchos hombres le falta.
Yami poseía en mínimas cantidades, pero él había sido contagiado de ésta por el pequeño, que por su deseo inmenso de ayudar a Joey estaba actuando basado en impulsos y no en estrategias que realmente ayudaran.
Pero tal como pensaba la chica, el amor no es un juego.
Es un sentimiento que involucra a personas... emociones.
Yuugi, Mokuba e Ishizu estaban jugando con los sentimientos de dos seres humanos.
Tanta insensibilidad por parte de su Aibou le inquietó.
Y ver como el noviazgo del pequeño acababa y él parecía ajeno a esto le hizo pensar que estaba olvidándose de sí mismo.
Yuugi sólo veía por los demás.
"¿No ibas a salir con Tea?"
Yuugi lo miró.
"¡Por Ra, Yami, lo había olvidado! Gracias por recordármelo... de lo contrario Tea va a matarme."
Yami sabía que sí.
La relación del pequeño pendía de un hilo y él estaba salvándola, a pesar que sus propios sentimientos por Yuugi le dijeran que dejara ese amor enfriarse, de todos modos no veía mucho interés últimamente de parte de él.
Ella tampoco se esforzaba por llegar a Yuugi.
Los dos vivían sus vidas separados, encontrándose solamente en el colegio, donde interpretaban una farsa.
Ella le sonreía tontamente a Yuugi y batía las pestañas, éste simplemente sonreía e intentaba llenar de atención a la chica, como ésta lo requería... pero Yami se daba cuenta que su Aibou hacía un tremendo esfuerzo.
Tea no era una mala persona, tampoco era tonta; pero Yami sabía que ella sólo había aceptado la propuesta de Yuugi por compromiso.
Su propio Aibou le había hecho la pregunta a Tea por lo mismo, a pesar que nadie los presionó dentro de la relación, su Aibou se presionaba a sí mismo a estar cerca de la chica, y cuando lo creyó conveniente, no para él o para ella, sino para los demás, a la expectativa de ambos, le hizo la pregunta.
Estaban en una relación que ante el mundo era perfecta, pero que para Yami, quien lo veía a diario, Tea y Yuugi era un enorme problema.
"Lo sé, Aibou." Sonrió al pequeño, éste devolvió el gesto. "Lo sé."
Yuugi se arregló lo más rápido que pudo y salió de su habitación.
Yami simplemente lo miró partir.
No quería decirle a Yuugi la forma en que él se sentía porque allí sería él quien ejercería una presión innecesaria sobre su aibou.
Amaba demasiado al pequeño.
No iba a lastimarlo.
OOOO
Seth sintió un nudo en la garganta mientras sostenía el cuerpo inerte de su esclavo, sus ojos azules se llenaron de lágrimas.
No dejó que éstas resbalaran por su mejilla, porque no iba a permitir que los demás vieran su sufrimiento.
El dolor era inmenso, pero más la ira por saber que el ataque contra el imperio había acabado con la única persona que realmente le interesaba.
A Seth no le importaba tanto el bienestar del faraón, él podía cuidarse solo porque poseía la fuerza que le brindaba el poder para derrotar a todos esos enemigos, los demás sacerdotes poseían habilidades sorprendentes; qué tenía Jouno?
Era un simple esclavo que había sido un regalo de parte del faraón para Seth, porque éste siempre estaba muy ocupado y necesitaba de alguien que se encargara de él, que le velara su sueño cuando éste estuviera muy agotado.
Atemu jamás imaginó que éstos terminarían involucrándose sentimentalmente.
Seth estaba al tanto que su faraón estaba enterado de la relación que tenía con el esclavo, y estaba conforme que éste no reclamara nada.
Apretó a Jouno contra su cuerpo, el majestuoso cuerpo del Dragón Blanco de Ojos Azules volaba sobre él, batiendo sus alas fuertemente y mirando fijamente al enemigo, que había sido reducido a la mitad gracias a su ataque anterior.
Jouno aún estaba tibio, pero su corazón ya no latía y había perdido demasiada sangre.
Sus ojos cambiaron de tonalidad, de aquel azul oscuro empezaron a teñirse de gris, un gris oscuro que en ocasiones se transformaba en un profundo color negro que parecía tragarse las emociones del sacerdote.
Vio salir al faraón y al resto de los sacerdotes y vio como empezaban a encargarse de los demás... los monstruos invocados por el faraón no eran los más fuertes. El soberano no quería emplear sus ataques más poderosos porque no quería que, cuando el verdadero enemigo se apareciera ya no tuviera ninguna técnica que mostrar.
A él eso no le había importado, atacó con todo lo que tenía.
Es más, utilizando su ki ordenó de nuevo al Ojiazul que usara su rayo y atacara nuevamente.
Vio como la energía de los soldados enemigos se evaporaba y sus cuerpos se consumían en una hoguera de fuego azul que dejó muerte y destrucción a su paso... Incluso algunos soldados del ejército de Atemu estaban muertos.
Pero a él que le importaba el mundo cuando su mundo yacía muerto entre sus brazos.
El rostro pálido del rubio mostraba una sonrisa, feliz de haber muerto entre sus brazos, de haberle hecho prometer que le buscaría en una nueva vida.
Pero, ¿cómo sabía Jouno que iban a tener otra vida cuando debían ser castigados por los dioses por la relación prohibida que ellos llevaban?
Esperaba tener la oportunidad de verlo una vez más, cierto, pero no sabía si eso era posible.
"Qué crees que haces, Seth?" Cuestionó el faraón, mostrando una expresión furiosa.
La muerte de muchos soldados suyos no era algo que perdonase, pero al ver el cuerpo del esclavo, sin vida, suavizó un poco su mirada.
Todos dentro del castillo apreciaban al rubio, desde que estuvo al cuidado del faraón unos cuantos días, hasta que éste decidió entregárselo a su más cercano sacerdote.
"Simplemente salvándole la vida a su castillo, su majestad." El tono irónico con que respondió hizo que Mahado lo viera con enfado, cómo se atrevía a contestarle de ese modo al faraón.
Pero Atemu simplemente negó al ver la expresión de su otro sacerdote.
"Lo lamento, Seth, pero no hay nada que podamos hacer." Dijo con voz firme. "Sabemos que no hay forma de regresar de la muerte."
Seth ni siquiera se molestó en mirarlo.
Sus ojos estaban posados en una visión hermosa, en algo que no quería dejar ir... se aferraba al cuerpo de su esclavo, como si pudiera transmitirle su propia energía.
No le importaba entregársela toda... sólo quería oírlo una vez más.
Un aura oscura comenzó a rodearlo y se puso en pie, sujetando al cadáver entre sus brazos y miró a los que lo rodeaban.
Su dragón lo siguió y Seth se dirigió lejos del castillo a algún lugar donde pudiera encontrar paz y tranquilidad... un momento a solas con Jouno.
Kaiba sonrió inconscientemente, su mano apretando el volante, iba camino a la escuela y sabía que tenía que encargarse de vigilar al rubio.
No contaba con que éste realmente se hiciera daño a sí mismo, pero por si las dudas mejor estar pendiente de él y esperar que los inútiles amigos del rubio hicieran lo mismo por éste.
Iba muy distraído escuchando una canción en la radio que no prestó mucha atención al muchacho rubio al que pasó... lo vio cuando se detuvo frente a un semáforo y el rubio de ojos melados lo alcanzó.
Aparcó el vehículo y vio que Joey se detenía y miraba el vehículo.
Supo que era Kaiba con solo ver el modelo de éste.
"Wheeler. ¿Vas a la escuela?"
Joey sonrió.
"¿Dónde más podría ir yo, Kaiba?" Preguntó suavemente, no parecía con intenciones de discutir, Kaiba tampoco, así que simplemente iba a continuar su camino hasta que sintió la mano de Kaiba cerrándose en torno a su muñeca.
"Yo podría llevarte a la escuela. Después de todo los dos vamos allá."
Joey sonrió una vez más, veía que parte de su deseo se hacía realidad.
Estaba viendo a Kaiba, quien parecía muy interesado en él... y esta vez no estaba ebrio, así que no podía atribuírselo al alcohol.
Sonrió más honestamente y asintió.
"No me vendría mal." Fue su respuesta. "Gracias, Kaiba."
Una leve sonrisa iluminó el triste rostro del rubio y el CEO apartó la mirada y entró al vehículo, permitiéndose una diminuta sonrisa antes que el rubio abordara el carro, para que éste no le viera.
"Sé que mi papá habló con Mokuba, espero que no haya ocasionado ningún problema." Empezó el rubio, sujetando su mochila fuertemente contra su pecho. "Sé que tu hermano estuvo hablando... espero poder hablar con él pronto. No quise ser grosero con él pero no estaba atravesando un buen momento."
Kaiba no respondió inmediatamente, en caso que Joey quisiera añadir algo más... pero al ver que éste no lo hizo, habló.
"Mi hermano lo comprende, Mokuba es un niño muy inteligente. Sabe que estabas de luto y él también se sintió mal, a pesar de no conocerla, porque dijo que si te hacía feliz a ti... era una buena persona."
Joey asintió.
Consideraba cierto lo que Mokuba había dicho.
Maki era una buena persona.
"Pero no lo suficiente como para comprender que el suicidio está mal." Susurró, pero el ojiazul alcanzó a escucharlo.
"Quizá. Pero cada quien piensa distinto."
Joey negó.
Era cierto pero no comprendía por qué ella decidió eso. Él estaba a su lado, él pudo ayudarla a pasar ese trago amargo.
Pero ella prefirió el camino corto.
"No quiero hablar de ella, Kaiba. Sé que Mokuba se preocupó, me hizo feliz saberlo, pero no quiero hablar de ella porque me hace sentir peor." Expresó, su voz sonó rendida, demasiado agotado. "Por favor." Añadió y eso hizo asentir al ojiazul.
Sus ojos se posaron en el rostro del rubio.
Una presión en el pecho le hizo decidir que, probablemente, los recuerdos influían, pero era la propia presencia de Joey Wheeler lo que le atraía poderosamente y no solo la imagen que encontraba en él.
Su similitud con el esclavo no era tan grande una vez que comparaba el carácter de ambos.
Joey era fuerte, lleno de una vitalidad que lo asemejaba a una llama vibrante y candente, llena de energía, mientras que el esclavo del sacerdote era más calmado, sí, un poco rebelde, pero mucho más centrado... más entregado.
Mucho más.
De lo contrario el rubio ya hubiera cedido a sus instintos.
A aquel deseo de unir su boca contra la del ojiazul que iba a su lado y entregarse de lleno a éste.
Pero eso iba en contra de lo que él creía y sí, admitió ante Yuugi que Seto Kaiba le gustaba, pero estaba entre la espada y la pared porque su mejor amiga, aquella dulce chica a quien él tanto apreciaba acababa de cometer suicidio; cometió el peor error de su vida, uno que no tenía forma de solucionarse.
Joey lo sabía.
Por su mente no pasó la idea que luego de la violación de Maki esta encontraría una salida en la muerte.
Debió considerarlo, era una chica.
Una chica que toda su vida había sufrido, que había sido abandonada por su madre y vivía con un padre abusivo.
"¿Estás bien?" Quiso saber Kaiba, deteniendo el vehículo al ver que Joey apretaba muy fuertemente su mochila.
Joey asintió.
Luego negó, sintiéndose torpe y abatido.
Alzó sus ojos casi dorados y miró al ojiazul, abrió la boca y rió irónicamente. Sin previo aviso se lanzó sobre Seto en un apretado abrazo que sorprendió al CEO pero que aceptó en cuanto encontró su calma tras el sorpresivo abrazo.
El rubio lloraba escondido en su cuello.
Sentía las lágrimas calientes, el temblor de aquel cuerpo contra el suyo y quiso hacer que se sintiera mejor.
"Es tonto... pero me siento mejor."
Kaiba asintió.
Él no creía que fuera tonto, ciertamente él también se sentía más relajado, pero no conseguía descifrar el motivo.
Seguía sintiendo extraños sentimientos por el rubio frente a él.
No lo amaba, simplemente le atraía físicamente y una relación no se basa en eso.
No iba a desperdiciar su tiempo o el de Wheeler, menos cuando éste se encontraba tan vulnerable.
"Gracias por la ayuda, Kaiba."
"Ahora sí, ¿estás mejor?"
Joey negó.
"En realidad no. Gracias por el viaje, pero no iré a la escuela... creí que lo estaba, pero aún no estoy preparado para continuar."
No cuando ella está vagando por allí, incapaz de encontrar el descanso eterno.
Sonrió al mirar afuera y salió del vehículo.
Yo le prometí a Mokuba que iba a cuidarlo. Voy a cuidarlo.
"Detente, perro." Fue lo que ordenó y el rubio se detuvo y miró al ojiazul con sorpresa.
Creía que habían superado esa etapa luego del beso y los sueños tan confusos que ambos compartían; al parecer estaba equivocado y el ojiazul seguía creyéndose alguien superior entre los dos.
"Lo siento, Kaiba, pero no estoy de humor para jugar al gato y al ratón."
Kaiba negó.
"Mokuba me hizo prometer que te vigilaría. Todos tienen miedo que cometas alguna idiotez. Eres un insensible... y vienes tú y hablas de la amistad cuando tratas a tus amigos como unos perfectos desconocidos." Dijo el CEO, no muy convencido del piso que estaba pisando al adentrarse a un terreno desconocido para él como lo era la amistad. Pero se arriesgó. "Vienes a darme lecciones a mí por como trató a Yuugi, pero al menos yo nunca le he hecho hacerse ilusiones... No somos amigos."
Para Joey aquello fue como una cachetada.
Reaccionó.
Estaba comportándose muy infantilmente. Sí, la muerte de Maki era para llorarse, pero no para encerrarse en su interior y cerrar al mundo fuera.
Kaiba tenía razón, trataba a Yuugi y compañía como extraños.
Tenía que disculparse con ellos, demostrarles que estaba bien, que había sido un período que había atravesado, que iba a mejorar y que el sufrimiento que estaba experimentando quizá no le abandonase nunca pero que él no se dejaría ahogar en éste.
Sonrió.
Una vez más, Kaiba había ayudado.
Vio los ojos azules del CEO, sintió su presencia y recordó el beso... sus labios presionados contra los del CEO, sus cuerpos juntos.
Sin pensarlo demasiado, acortó la distancia entre ambos y sus labios encontraron un lugar en los de Kaiba, quien no se resistió porque no esperaba nada de eso.
La calidez de Wheeler incluso se sintió bien.
Lo abrazó.
"Vámonos de aquí." Dijo el CEO una vez que se hubieron separado. "Tenemos que ir a la escuela."
Joey se detuvo.
Sus ojos brillaban. "Gracias, Kaiba, pero prefiero ir caminando, si no te molesta."
Soltó su mano de la de Kaiba y dio media vuelta, retomando el camino que estaba siguiendo antes que el ojiazul le ofreciera llevarlo en su automóvil.
"Sabe, amo Seth... no debería trabajar tanto; puede ser perjudicial para su salud." Susurró el esclavo, acariciando la espalda desnuda de su amo, quien dormía plácidamente en el lecho que ambos compartían. "Hay que tomarse las cosas con calma... Usted no sabe cuánto le amo yo."
Besó el cuello de Seth.
Su cuerpo estaba cálido, su mano se aferraba a la túnica que cubría el cuerpo de Jouno... éste simplemente estaba apoyado sobre su codo, observando a Seth.
"Y no tiene que saberlo aún."
Joey concordaba con eso.
Iba a darse una oportunidad de probar a Kaiba, pero el ojiazul no tenía que saberlo aún.
Continúa...
Notas de Doi Hachan - Lena:
Otro capítulo terminado, espero que estén
disfrutándolo... había una persona que ya habían
visto esto... jeje. Aún así, a las otras se les
agradece aún más por tomarse la molestia de esperar...
Ok, sobre cuándo empieza lo bueno... les juro, prometo y
más... que pronto. Aún hay un pequeño problemita
que aún no sé cómo poner bien en la historia más
adelante, y sí, es el alcoholismo de Kaiba... que si bien no
se ha visto drástico, aún está en fases
iniciales.
Y una vez más, esto se suponía sería
de pocos capítulos y ya va para quince... ¿Cómo
le hago? Ni yo misma me entiendo... me fallo a mí misma...
pero a ustedes debe gustarles, ¿verdad? A pesar que eso
significa que mi vida social se hace inexistente.
Una vez más, gracias a todos aquellos que dejan sus comentarios, porque me hacen sentir muy bien. Millones de gracias... Forfirith-Greenleaf, Kida-Luna(Ok, mándame un poco de ese ceral, Jajaja, quiero comer Joeys y Kaibas) , Rei-Dark-Angel, Mannaz, Remi, Hibary-Hiwatari, BaLucita.
