Extrañaba en exceso a su muñeca ya habían pasado varias lunas… y su muñeca Luna aun no regresaba. Hermione atesoraba a su muñeca porque era lo único que tenia de la persona que más quería.
Extrañaba en demasía a su hermana mayor Petunia. Empezó a llorar de nuevo sin importarle que varias niñas se quejaran por el llanto.
Se imaginó que petunia estaba a su lado y recordó aquella vez que petunia le dio más amor que los demás.
Hermione se sentía molesta, no era justo que su vecino del otro lado de la calle y su hermana Lily recibieran una carta de Hogwarts. Era cierto que Hermione no tenía una buena amistad con Severus, y que Severus se haya encariñado más con Lily que ella. Por un momento deseó ser egoísta y quemar las cartas de los niños, pero después se calmó y decidió irse a su cuarto que ya no compartía con Lily. Bueno su padre le dio la mirada de molestia y de miedo y claramente le ordenó que se fuera a su habitación.
Le comentó a Luna que el otro año ellas iban a ir Hogwarts. No cerró la puerta porque sus padres no querían que por accidente prendiera la habitación y quemara la casa. Con torpeza se subió a la cama para enredarse la cobija y quedarse oculta de las miradas de sus padres.
— ¿estás bien? —escuchó una voz decir.
Hermione no faltaba decir que su hermana mayor la entendía o medio la entendía por sus cambios de humor. Hermione se destapó y vio a su hermana mayor con una sonrisa.
—Tuney léeme un cuento —pidió con una sonrisa. Hermione le gustaba como su hermana la mimaba cuando se sentía triste.
—Haz espacio —ordenó mientras tomaba el libro que estaba en el buró. Hermione asintió mientras se acobijaba y esperaba que su hermana se acomodara en el espacio que le dejó. Ese estremecimiento en el pecho la hacía sentirse querida y amada. No sabía cómo definir la calidez que petunia le mostraba.
Petunia inició con la lectura mientras Hermione se sumergía en los brazos de Morfeo.
Ahora su pecho lo sentía apretado y necesitaba hablar con alguien que no sea sus amigos los Slytherin, ya que ellos se preocupaban más de la cuenta, y por tiempos no la entendían en sus divagaciones.
Escuchó un siseó y volteó por inercia a donde estaba aquel sonido. Hermione sonrió y fue corriendo hacia donde estaba su muñeca. Su Luna estaba en la puerta. Hermione empezó a limpiarse las lágrimas de felicidad mientras abrazaba a luna y decía gracias en voz alta.
Al final del año sus cosas aparecieron, no volvió a perder a Luna. Peter estaba feliz de que ella ya no llorara, al igual que Regulus, Rabastan y Lu-Lucius.
Algo malo era que Lucius se graduaba de Hogwarts.
