Décimo Cuarta Viñeta para 30Vicios.

Personaje: Percy Weasley.

Tema: Licor.

Palabras: 626

Advertencias: Esta viñeta contiene Spoilers, así que leed con precaución.

Licor

Yaxley entra en el ascensor, a empujones, como siempre, y la bruja que está a su lado agacha la cabeza y aprieta los labios, temblando ligeramente. Percy se aprieta contra la pared, intentando ocultarse detrás de la montaña de pergaminos que trae consigo. No quiere que ese hombre le vea. Desde que los suyos han tomado el Ministerio, las cosas cada vez van a peor, y el joven brujo quiere hacerse muy pequeño y pasar desapercibido, porque sabe que los Weasley pronto dejarán de ser bienvenidos en ese lugar.

Está seguro de que Yaxley no tardará en bajarse y, entonces, podrá seguir con su camino tranquilamente, pero la puerta vuelve a abrirse y Percy ve un rostro conocido. Se pone en tensión cuando su padre da un paso adelante, observando al mortífago directamente, sin bajar la mirada ni un solo segundo. Percy debe reconocer que es valiente, y en cierta forma le admira por eso, pero al mismo tiempo quiere advertirle del peligro que corre por su actitud retadora. Teme que Yaxley tenga un solo motivo para ir a por él. Aunque Percy lleve mucho tiempo alejado de la familia, no quiere que a ninguno le pase nada malo.

Afortunadamente, Yaxley se baja en el siguiente piso y, con él, todos los ocupantes del ascensor, excepto dos. Percy y su padre. El joven cree que el destino se ha aliado en su contra para amargarle el día. Primero, tener que acudir a una de esas horrendas vistas que supervisaba Dolores Umbridge, y ahora esto.

Arthur Weasley lo mira con sorpresa. Evidentemente, Percy se ha escondido muy bien antes, pero ahora están solos, así que es inevitable intercambiar una mirada. Instintivamente, el joven alza la barbilla. Sabe que es estúpido, sobre todo porque está deseando poder decir algo para arreglar lo que ocurrió en el pasado, pero lleva demasiado tiempo comportándose de esa forma cuando está ante ese hombre. Quizá, es una forma de protegerse de sí mismo. Sabe que aquella noche, la que abandonó la Madriguera, se comportó como un imbécil. Pensar en todas las cosas que les dijo a sus familiares, especialmente en las palabras que le dedicó a su progenitor, le hacían sentirse tremendamente avergonzado. El tiempo ha pasado y ahora se arrepiente, pero Percy se sabe orgulloso y, aunque han sido muchas las ocasiones en que ha querido hablar tranquilamente con su padre, pedirle que le permitiera volver a casa con él, no ha tenido valor para hacerlo.

-He oído que colaboras con Umbridge.

Hay desprecio y desilusión en la voz del hombre. Percy se pone tenso y sabe lo que está pensando, pero las cosas son así. Él no es como Umbridge. Le enferma tener que escuchar esas estúpidas acusaciones contra los nacidos de muggles. Siente que el mero hecho de permitir que los dementores se lleven a todos esos pobres desdichados va a destrozar su cordura, pero él no puede hacer nada. Sólo esperar, captar los nombres de los conocidos y avisarles para que se escondan. Sólo eso...

-No...

Musita. Suena débil y lo sabe, pero no puede decir nada más. En cierta forma, piensa que sus acciones no tienen excusa, pero su padre lo mira fijamente y, como por arte de magia, su expresión se suaviza y está a punto de sonreír. Y Percy sabe que le ha creído y se siente infinitamente mejor. Más tranquilo. Casi feliz.

Arthur Weasley cabecea, el ascensor se detiene y el hombre se marcha sin decir nada más. Percy suspira y se deja caer de nuevo contra la pared. Lo único que puede pensar en ese momento, es en tomarse una buena copa de licor en cuanto llegue a casa. Nunca creyó que pudiera llegar a necesitar tanto de la bebida como esa mañana.