Eddi

"Los niños son las llaves del paraíso."

Algunos meses después.

Le sorprendía la rapidez con la que había pasado el tiempo. Lo atribuía a que en esos maravillosos meses todo había sido felicidad. Una que había perdido aquella tarde a sus 17 años. Cuya cita yacía en el olvido.

Hermione Granger había sanado, madurado, había encontrado nuevamente la felicidad.

Pero, justo el día de hoy, se encontraba presa del pánico, los nervios la acumulaban, aquella mañana tendría que presentar su examen de admisión para la universidad, la medicina aún era su ambición. Edmund la había acompañado en todo este proceso. Ciertamente, había llegado hasta ahí, hasta ese día, tan preparada para el examen gracias a su novio. Edmund se había tomado muy en serio los estudios de Hermione, por lo que se había adjudicado el título de tutor para su novia. La ayudaba a estudiar, le brindaba toda su experiencia que había tenido en los casos en el hospital, e incluso cuidaba del bebé.

Edmund ya se había ganado el nombre de padre del pequeño Eddi. Porque ese fue el nombre que Hermione había escogido para su bebé Eddi Granger. Si bien, no podía ponerle el apellido Pevensie ya que todo sería muy apresurado pero sí que lo hizo en el nombre, para ella Eddi era el diminutivo de Edmund.

Y para el chico no hubo mejor regalo que aquel.

—¡Hay mucha gente! ¡Somos muchos los que presentaremos el examen! Seguramente no me quedaré, llevo un año perdido...

—Hermione tranquila —la calmaba Edmund mientras intentaba encontrar un lugar para estacionar su camioneta a los alrededores de la facultad —. No has perdido un año, al contrario, ahora estás más preparada gracias a lo que has vivido, además, fue un año dedicado a Eddi.

Hermione lo miró dulcemente. ¿Cuándo fue que Edmund se había convertido en ese hombre tan maduro? Ahora nada le faltaba y todo gracias a él. Tomó su mano, apretándola fuertemente al entrelazar sus dedos.

—No dejes que huya Edmund. Estoy a punto de salir corriendo, muero de nervios —le confesaba sin dejar de mirar al resto de los alumnos que había en el campus.

—¿Huir? Cariño, estás atada a mi ¿recuerdas? —decía suavemente, paró la camioneta para mirarla fijamente —, si yo no me hecho atrás, tu tampoco. Si quieres te acompaño hasta el aula del examen, pero no dejaré que renuncies a tu mayor sueño.

Se desabrochó el cinturón para poder acercarse a su novia y así, poder besarla. Aun recordaba como incluso pensar en ella le causaba un nerviosismo, que ni siquiera podía besarla sin sentir pánico. Pero ahora, ahora se sentía tan decidido, tan fuerte y pleno. Se separó lentamente, admirando como Hermione, aun con los ojos cerrados, recargaba su rostro entre sus manos.

—Gracias Edmund, pero no puedes acompañarme, tienes que cuidar de Eddi.

Ambos miraron hacia el asiento trasero, Eddi dormía en el portabebé. Era un niño muy tranquilo, pero si tenía hambre lloraba incansablemente para conseguir lo que quería, sin duda una cualidad que había heredado de su padre. Hermione estaba agradecida de que eso fuera el único parecido con aquel tipo, eso fue hasta el día en que su pequeño Eddi había abierto los ojos, y se dio cuenta de que eran de un tono grisáceo. No por eso amaba menos a su hijo, pero ver a Draco en los ojos de su bebé no le agrada nada. Por suerte, Edmund le había dicho que no se preocupara, debía aceptar que Draco había estado en su vida y le había dado lo mejor que tenía: a Eddi.

•••

Sentía que corría contra reloj.

Con el paso de los meses, el equipo que habían formado para chantajear a Lucius había dado avances pequeños. Eran avances mínimos casi nulos, pero eso era mucho mejor que no tener nada y su equipo lo valoraba enormemente.

Pero no ella. No Astoria.

Ella sentía que su reloj estaba por concluir. Había días en los que la enfermedad la tumbaba en la cama sin fuerzas para poder levantarse. Pero también contaba con la suerte de tener buenos días, en los cuales, daba su mejor esfuerzo para contribuir al plan. Su contribución últimamente consistía en planear la boda. Y eso en lugar de animarla, la deprimía.

Convivir todo el tiempo con su madre y la de Draco no era nada divertido, y mucho menos productivo para acabar con Lucius. Se sentía inútil. Claro que el rubio siempre la alentaba a que hiciera lo que sus madres pedían y así no levantarían sospechas.

Mientras se probaba el quinto vestido en aquella tienda, anhelaba que llegara el día en el que se sintiera mal y así aquellas señoras no se aferraran a sacarla de la cama por cosas tan inútiles como aquella.

¿Un vestido carísimo para una boda falsa?

Llegados a este punto ya no sabía que la deprimía más; si era no servir para el equipo, su enfermedad o el hecho de que su boda era una total falsedad. Al parecer esto último era lo que más la hundía. Desde que había elegido besar a Draco el día en que les soltaron la sorpresa a sus padres de su boda, no se había podido sacar al rubio de la cabeza. Le encantaba ese hombre, se encontraba fascinada por su presencia, quedaba siempre en blanco debido a los nervios cada que tenían que reunirse por una situación del plan.

Tonta y lentamente, se había enamorado por completo de Draco Malfoy. Y sabía que no podía hacer nada al respecto.

Draco no sentía nada por ella, y su enfermedad se empeñaba en consumirla.

•••

—Vengo a presentar mi baja de la carrera.

La directora McGonagall miraba incrédula a Draco. Justamente el chico le había solicitado una reunión con ella, pero jamás imaginó que ésta sería la razón. Malfoy se había convertido en uno de los mejores alumnos de la generación, mostraba talento para la medicina, sabía que podía llegar muy lejos.

—Señor Malfoy, no doy crédito a lo que está diciéndome. Es sin duda, uno de nuestros mejores elementos ¿Porqué desea renunciar?

Draco estaba sentado tratando de seguir adelante con su elección. Aquella con la que había estado pensando por días. Dejar la carrera era lo mejor en aquellos momentos debido al plan que estaba llevando a cabo.

Se había inmiscuido en el negocio de su padre, y era el mismísimo Lucius el que le estaba confiando todo poco a poco y eso; requería tiempo. Necesitaba concentrarse en no echar todo a perder, y la medicina le quitaba valioso tiempo. No era una elección que él en verdad deseara, amaba estudiar medicina, era perfecto para ser médico. Pero sabía que ganaba más si su padre era puesto tras las rejas.

—Estoy ayudando a mi padre en la empresa que él maneja, profesora —intentaba sonar lo menos nervioso que se pudiera para convencer a la directora y más aún; a convencerse él mismo —. En estos momentos necesito ayudar a mi familia, y ellos me demandan mucho tiempo. No estoy descartando mis estudios, solo les estoy poniendo pausa.

—¿Está seguro de su decisión, señor Malfoy? —lo miraba fijamente por encima de sus gafas rectangulares, sentía que estaba siendo escaneado. Temiendo que la directora pudiera ver a través de él y averiguar su plan; y sus verdaderas intenciones.

—Totalmente, tenga por seguro que nos volveremos a ver para concluir mi carrera.

Había sonado tan seguro de sí mismo. McGonagall no lo interrogó mas, así que veinte minutos después salía de la dirección con su papelería bajo el brazo. Sentía que se estaba defraudando a sí mismo, pero vencer a su padre era primordial dado que esto, beneficiaría tanto a Astoria como a él.

La imaginaba libre, sin ser controlada como un marioneta por su padre. Draco sabía que su amiga no contaba con mucho tiempo, ciertamente, esperaba estar equivocado. Se había acostumbrado a la idea de la boda, en un inicio por el simple plan. Pero, desde que Astoria lo había besado, sentía que algo había despertado en él. Pero necesitaba cerrar ese maldito ciclo donde se encontraba estancado para poder volver a empezar. Y si ese nuevo inicio se daba, pensaba en que Astoria pudiera convertirse en algo más que una simple farsa.

Porque desde que ella había llegado, el recuerdo de Hermione ya no parecía doler. Y se motivaba aún más teniendo la esperanza de que si su padre estaba encerrado, no había nada que lo apartara de su hijo.

El plan debía funcionar para que Draco pudiera armar de nuevo a su familia.

Caminaba por los pasillos de la facultad. No recordaba que ese día era cuando los nuevos alumnos presentarían su examen de admisión y el lugar estaba abarrotado de rostros nuevos. Draco miró su reloj de pulsera, iba tarde a la reunión con su padre por lo que apresuró el paso. Llegó al estacionamiento donde había dejado su auto.

Se acercaba a su vehículo cuando reparó en una cara conocida. Edmund Pevensie se encontraba arriba de su camioneta, sonreía como bobo y hablaba como un niño. La imagen le pareció en un inicio ridícula, tal vez al fin el pequeño Pevensie se había vuelto loco. Pero su sorpresa fue al ver a quien dedicaba toda su atención el menor de los Pevensie.

Edmund sostenía en brazos a un pequeño bebé. Y su corazón, en ese breve instante se detuvo y volvió a latir al doble de velocidad.

Se acercó lentamente a ellos, hipnotizado por la risa del niño. Sin recordar que él vivía bajo la amenaza de su padre de no acercarse a ellos.

—Pevensie —dijo a modo de saludo. Edmund volteó a verlo, y como acto reflejo abrazó al bebé contra su pecho a modo de cautela. Se sintió pésimo, tener que proteger a un bebé de su propio padre.

—Malfoy ¿qué haces aquí? —Edmund se había puesto en modo de defensa. Sabía que Hermione no estaría nada contenta al ver a Draco tan cerca de Eddi.

—Vine a presentar mi baja —señaló la carpeta que llevaba en sus manos.

—¿Renuncias? ¿porqué? —pero Draco no estaba poniendo atención a las palabras de Edmund. Se encontraba mirando a Eddi. Con la añoranza reflejada en su rostro, y eso a Edmund le partió el corazón —, él es Eddi —dijo separando al pequeño bebé para que Draco pudiera verlo mejor —. Creo que sabes muy bien qué es el hijo de Hermione. Ella también está aquí, presentando su examen.

El rubio se acercó un poco más a la camioneta para admirar a su hijo. Era hermoso, sus ojos reflejaban el linaje Malfoy corriendo por sus venas. Lentamente, acercó su mano para poder tocarlo.

Justo antes de poder hacer contacto. Su teléfono sonó, y temiendo lo peor miró la pantalla; apartándose un poco. Era un mensaje de Lucius:

"Habías actuado muy bien hasta el día de hoy, hijo. Tus deberes te esperan, no querrás que esa camioneta sufra un accidente en las próximas horas, aléjate".

—Tengo que irme, cuida bien de él Edmund, estoy tan feliz de que seas tú él que pueda cuidarlo —el dolor lo atravesaba. Dio un último vistazo a su hijo y hecho a andar directo a su auto. Miraba a todo su alrededor, tratando de encontrar al maldito espía que siempre le arruinaba todo. Pero no había rastro de nadie siguiéndolo.

Salió disparado en su auto, la ira lo sobrepasaba. Y en esa ocasión sentía que no iba a poder controlarse.

Debía buscarla a ella, no quería cometer una tontería.

•••

Aquel martes, Susan se encontraba terminando sus estadías en el jardín de niños. Pronto se graduaría, logrando al fin obtener su título para poder convertirse oficialmente, en la maestra de los niños que tanto adoraba. Amaba su trabajo.

Siempre dejaba limpio el salón antes de partir. Incluso dejaba los materiales que utilizarían en la clase del día siguiente ya listos.

Antes de salir del aula, su celular comenzó a sonar. Era Harry quien le hablaba.

—¡Hola Harry!

Susan, ¿cómo estás?

—Excelente, ya voy de salida.

Ve con cuidado. Cambiando de tema, dentro de dos semanas es mi graduación y me gustaría que me acompañaras ¿Crees que puedas?

—¡Claro Harry! Gracias por invitarme— Susan no podía evitar mostrar toda su emoción cada que hablaba con el azabache. Le gustaba demasiado. Y en esos meses, su amor por él no hacía nada más que aumentar.

¡Sabía que podía contar contigo! Eres mi mejor amiga, y jamás me dejas solo. Gracias Susan.

"Amiga" "Su mejor amiga", las palabras retumbaban en su cabeza. Harry siguió hablando con ella, pero Susan ya no escuchaba. Sintió como si todo lo que ambos habían pasado todos los meses antes ya no significara nada. Susan se había sentido en el mismísimo cielo, y ahora había caído brutalmente al frío suelo. Y el golpe sí que había sido duro.

La llamada terminó y Susan quedó petrificada justo en el centro de su aula. Si bien, Harry y ella no habían hablado sobre cuánta era la formalidad en su relación; pero cualquiera que los viera podía afirmar que ya había algo sólido entre ellos.

Esos meses no podrían significar solo una amistad para Harry. Susan no estaba tan loca para haber imaginado entre ellos el nacimiento de innumerables sentimientos.

•••

Su semana pasaba más lenta que en otras ocasiones. Ahora le había tocado ir por la mercancía a la bodega de Dean solo. Lucy, por alguna razón que él ignoraba, había decidido no acompañarlo y quedarse en la tienda. En un inicio esta decisión pareció no afectarlo, Lucy podía hacer lo que quisiera, no era obligación de ella estar siempre a su lado.

Pero Ron comenzaba a sentir un ligero vacío cada que subía al camión y no había nadie esperándolo en el asiento de copiloto. No sabía cómo interpretar ese sentimiento, algo le faltaba.

Aquella tarde, descargó todos las cajas con los productos recién llegados. Ni Fred ni George se acercaron a ayudarlo. Presentía que estaban actuando igual que Lucy, dejándolo de lado, otra vez.

No le sorprendía de sus hermanos, pero sí de Lucy. Los días antes del concierto todo había ido muy bien entre la pequeña Pevensie y Ron. Pero después de ver a The Killers, ya nada había sido igual. No entendía y en su mente despistada no se armaba la teoría de que Lucy estaba enfadada porque se puso a besuquear con Daphne en dicho concierto.

Se encontraba subiendo las cajas en los estantes correspondientes. Ron nunca fue muy bueno fijándose en hacer bien su trabajo, todo lo hacía sin tener cuidado y en esta ocasión no fue la excepción.

Las cajas que recién había acomodado, estaban mal colocadas, y antes de que pudiera salir del almacén se percató de que estaban por caer todas al suelo. Regresó sobre sus pasos para poder detener todo y evitar el desastre. Consiguió sostener con sus grandes manos todas las cajas que estaban por caer, eran demasiadas para sus dos manos. Por lo que no podía moverse de en la posición en la que había quedado.

—¡Ayuda! —sabía que tal vez nadie iría en su ayuda, pero necesitaba rápidamente una solución si no todos esos productos se romperían y sus hermanos se los cobrarían sin dudar —¡Fred! ¡George!

Nadie llegaba.

Las cajas cada vez se sentían más pesadas. Y comenzaba a entrar en pánico.

—Se supone que eres un hombre fuerte, puedes simplemente empujarlas de nuevo hacia atrás.

La voz chillona de Lucy se escuchó en el almacén. Un ligero alivio lo recorrió.

—¡Lucy! ¡Santo Dios! ¿Puedes ayudarme? —no obtuvo respuesta alguna de la pequeña. ¿Cómo pudo pensar que ella lo ayudaría? prácticamente ya no se hablaban.

—Insisto, puedes hacerlo tú solo —le replicó Lucy enojada. Y Ron sí que lo notó.

—¿¡Qué no estás viendo!? —evidentemente, Ron no poseía tacto para tratar el enojo de Lucy.

—¡Claro que te veo! ¡Arréglatelas tú solo, no me necesitas!

—¡Lucy no seas infantil! —al parecer ésto caló en Lucy pues su cara de fastidio cambió a mostrarse ofendida.

—¡No soy infantil! ¡Solo digo la verdad!

—¡¿De qué hablas!?

—De que no me necesitas —la firmeza con la que Lucy pronunció esta frase, hizo que Ron volteara a verla. La miró frágil, pequeña a su lado. Pero con una determinación que jamás había visto en ninguna chica, no al menos de su edad.

—Lucy, por favor ayúdame ¡Fred y George me matarán si éstos productos recién llegados se caen!

La chica lo miró por unos segundos más, pero al final decidió acercarse a ayudarlo. Hizo lo necesario, y se alejó sin brindarle ni una palabra más. Ron ya no aguantaba ser ignorado por ella. Justamente se había comenzado a encariñar con su amistad y de la nada ella lo trataba así.

—¿Cuándo volverás a hablarme? —la sutileza tampoco era algo que Ron poseyera.

—No lo se, tal vez cuando me tomes en serio.

—¿De qué hablas?

Lucy puso sus manos recargadas en sus caderas. Estaba tan enfadada con el pelirrojo. Tenía días conteniendo tanta rabia, pero ya no podía mas.

—¡Hablo de que he estado totalmente pendiente de ti desde que te conozco! ¡Y tu siempre me haces menos! ¡Me has dejado plantada siempre para largarte con otras a besuquearte! —la cara de Ron estaba tornándose roja, no sabía como reaccionar. Era cierto, siempre dejaba a Lucy por irse con Daphne, y jamás se había puesto a pensar en su amiga. Ahora que había sido descubierto no sabía con qué cara enfrentarla—. ¡Seguramente esos besos fueron excelentes, porque no volviste conmigo hasta que el concierto llegó a su fin!

—Lucy yo...

—Eres un idiota Ronald Weasley.

No quiso oír ni un tipo de disculpa por parte de Ron. Se dio media vuelta y dejó a un chico con un dolor en el pecho. Se sentía una completa mierda por haber herido así a Lucy. Nunca pensó en sus actos, siempre fue guiado por el deseo. Daphne siempre lograba hacer de él cualquier cosa, no se veía capaz de dejar de tener sus encuentros con ella, era débil.

Pero ¿acaso por Lucy podría ser mejor persona?


Hola, espero alguien se encuentre todavía pendiente de esta historia.

Gracias por sus follows y alerts, me emociona que a unas cuantas les haya agradado este crossover, en lo personal muero por Edmund.

Nos leemos en el próximo capítulo!