FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN

Me había equivocado. No me había acercado siquiera a la descripción de cómo era su apartamento. Y estaba infinitamente lejos de lo que yo me había imaginado.

—Vamos te voy a dar un rápido tour. —me dijo tomando mi mano.

Me condujo hacia la escalera que había a mi izquierda y que aún no había visto. La escalera conducía hacia el piso inferior, y el pasamanos era transparente.

—Living, comedor, cocina. —me iba señalando en las direcciones a medida que mencionaba las diferentes estancias.

Los cristales panorámicos que dominaban el apartamento y habían captado toda mi atención. El inmenso living, con las paredes decoradas de color blanco y gris al igual que el elegante piso de mármol del apartamento quitaba el aliento.

Justo debajo de la escalera había un enorme sofá en forma de medialuna, de color blanco, con mullidos cojines grises y blancos sobre este. Frente a este una mesa maciza de mármol con forma de gota junto a la que estaba un asiento de mármol igual que la mesa pero más pequeño. En el extremo opuesto al sofá una butaca casi negra junto a la que había una mesita en forma de X sobre la que había un pequeño bonsái.

Me solté de la mano de Christian y me adentré en el apartamento.

Caminé hasta los cristales panorámicos.

Debajo de nosotros se encontraba Londres completamente iluminada. Podía verse desde aquí La Noria del Milenio completamente iluminada y asombrosamente cerca. Era una vista absolutamente deslumbrante. En estos momentos estaba atónita.

Aparté mi vista del panorama de Londres de noche y continué admirando el apartamento.

A mi derecha incrustada en una columna de color blanco había una enorme mesa de mármol negro en la que cabían ocho personas. Sobre la mesa había varios jarrones estilo griego de color blanco, todos de formas diferentes. Frente a la columna donde estaba incrustada la mesa, se levantaba un enorme muro de color blanco en el cual estaban incrustadas las lámparas detrás de triángulos y otras figuras geométricas de diferentes tamaños. En la base de la columna había una pequeña aunque sofisticada chimenea.

Después de la mesa había una barra de color dorado detrás de la que había dos sillas negras. Sobre la barra había un cuenco con frutas.

Justo frente a la barra estaba la impotente encimera de la cocina de color plateado.

En la parte de atrás de la escalera y junto a la barra había macetas con enormes bambúes que se extendían hasta el techo del apartamento.

Me quedé mirando el techo. En el medio de la estancia formando figuras geométricas encajadas entre sí, de cristal con los bordes en dorado se encontraba la elegante iluminación de la estancia.

— ¿Qué te parece?

Había olvidado que Christian se encontraba conmigo.

Estaba demasiado impresionada con tanta elegancia a mí alrededor.

—No es lo que esperaba.

—Imagino que no. Vamos te mostraré el piso superior.

Christian tomó mi mano nuevamente y se encaminó hacia la escalera.

Al terminar la escalera había un lounge donde había dos sofás iguales al del piso inferior, uno frente a otro, separados por una mesa de madera maciza.

Pero eso no era lo que más impresionaba. En la pared de la derecha se encontraba el bar. Con la barra de mármol, el estante con las botellas detrás hasta el techo, y el suelo frente a la barra era transparente, de cristal con una piscina por debajo de este. Las luces que había en el fondo de la piscina hacían que con el movimiento del agua se reflejaran en el techo de la estancia.

Del techo colgaban cientos de figuras en forma de media luna, donde se reflejaban las luces de la piscina y las que había en el techo sobre la barra. Tenían la misma forma de los sofás, y eran de color dorado.

Sencillamente extraordinario.

La piscina continuaba hacia lo que suponía era la terraza que estaba separada del lounge por una enorme puerta de cristal transparente. Iba a continuar hacia la terraza para explorarla pero Christian me llamó.

—Vamos, te mostraré la habitación, tendrás tiempo de ver la terraza más tarde.

Aparté la vista de la terraza y me giré hacia Christian que ahora caminaba hacia el lado de la escalera donde había una puerta junto a esta. Abrió la puerta y lo seguí dentro de la habitación.

Lo primero que vi al entrar fue la enorme cama que dominaba la estancia. Caminé hasta pararme frente a la cama. Sobre esta y colgando del techo que era completamente negro habían veinte lámparas, que al igual que las del lounge estaban colgando del techo. Pero estas eran bombillas. Estaban divididas en cuatro filas, de cinco lámparas cada una. Exactamente sobre la cama.

Christian le dio la vuelta a la cama y se dirigió hacia el otro extremo de la cama, justo frente a donde yo estaba.

Ahí había una puerta corrida totalmente hacia un lado.

—Este es el guardarropa. —dijo dejando las maletas en el suelo. —Y por si necesitas usarlo, ese es el baño. —dijo señalando hacia su izquierda.

Giré mi vista hacia la derecha, donde él me señalaba.

Y cuál fue mi sorpresa al descubrir el baño.

— ¿Tienes que estar bromeando? —me encaminé hacia el baño para verlo mejor de cerca.

Era completamente de cristal transparente y tenías una perfecta vista de toda la ciudad mientras te bañabas en la enorme bañera que se encontraba en medio de este. A la derecha había una encimera con dos lavamanos y enormes espejos sobre ellos. Y a la izquierda estaba la ducha y el váter. Todo el suelo del baño estaba decorado en mármol gris y blanco.

—En serio, un baño completamente transparente.

—Creo que él único que te va a ver desnuda aquí arriba seré yo.

Tenía razón en eso.

—Ponte cómoda, puedes acomodar tu ropa en el armario. Estaré abajo preparando algo ligero de cenar.

Christian salió de la habitación.

Me senté en la cama y me quedé mirando fijamente la tina de forma oval y de color negro. Pero lo haría más tarde. Me levanté y me dirigí hacia el armario donde Christian había dejado mis maletas.

Y tuve que sentarme en la banqueta que había en cuanto entrabas justo debajo de un espejo de pared completo.

Esto no era un armario, era una habitación para guardar ropa. No sabía por dónde comenzar. Entonces algo llamó mi atención. Había una parte del armario en donde no había ropa colgada. Un espacio entre tantos trajes de diseño y ropa cara. Las gavetas que había debajo, que abrían a presión, también estaban vacías.

Así que sin pensarlo dos veces me saqué el sobretodo que aún llevaba puesto y comencé a acomodar mi ropa en ese espacio. Y los zapatos los acomodé también en un espacio vacío que había en el armario.

Una hora más tarde ya había terminado de acomodar todo en el armario. Salí de allí y me quedé mirando la enorme cama.

¿Cuántas mujeres habrán pasado por ahí?

Y después miré hacia la tina.

¿O por ahí?

Lo mejor sería olvidarme de eso.

Así que salí de la habitación y bajé las escaleras. Pero mientras lo hacía no puede evitar mirar hacia la terraza. ¿Qué tendría de especial ese lugar que me llamaba tanto la atención?

Terminé de bajar las escaleras, pero no veía a Christian por ninguna parte.

— ¡Christian! —grité.

— ¡Estoy aquí! —me dijo asomándose brevemente por la encimera de la cocina.

Me encaminé hacia donde él estaba.

— ¿Necesitas ayuda? —dije recostándome a la encimera.

— No, ya terminé. — dijo poniendo dos platos con sándwiches sobre la encimera.

Cogí los platos y los llevé hacia la barra. Ya Christian había preparado todo. Había dos vasos y en ese momento venía en mi dirección con un pomo con jugo de naranja.

—No quise preparar nada pesado por la hora.

Miré hacia afuera, sí que estaba oscuro.

— ¿Qué hora es?

—Aunque no lo creas son las 12:30 am.

— ¿Eso quiere decir que en unas horas debemos ir a trabajar?

—Exactamente, así que lo mejor será comer algo, bañarnos y tratar de descansar algo.

—Creo que eso será imposible.

—Bueno debemos adaptarnos al cambio de horario, vamos a comer.

Christian se sentó a mi lado y nos comimos el sándwich de media noche.

—Bien, hora de bañarnos. —dijo poniéndose de pie y tomando una de mis manos entre la suya.

— ¿Cómo mantienes tan limpio este apartamento?—le pregunté cuando íbamos subiendo las escaleras.

—Hay alguien de la agencia que viene a limpiar en el horario que estoy en el trabajo.

Terminábamos de subir las escaleras y me quedé mirando hacia la terraza.

—Déjame mostrarte la terraza. —me dijo mientras tiraba de mi mano.

Y lo seguí con mucha curiosidad ansiosa por descubrir que era lo que me llamaba tanto la atención. Que era lo que había después de la doble puerta de cristal.

Me condujo rumbo allí. Pero no era lo que yo me había imaginado. Al salir a la terraza allí no había mucho espacio. Había un banco forrado y sobre éste varios cojines. La baranda alrededor del balcón era transparente dejando ver completamente la ciudad. El muro del apartamento estaba completamente cubierto por helechos y de las piedras sobresalían unas diminutas lucecitas.

Pero eso no era lo que llamaba la atención de allí. La terraza era inmensa. Pero no había espacio porque lo que dominaba aquella estancia no era otra cosa que el invernadero.

— ¿Lo tienes en tu apartamento?

—Pues claro, donde más lo iba tener.

—Pensaba que estaría en otro lugar.

—No dejaría mis plantas mucho tiempo lejos de mí.

— ¿Y todo este tiempo que has estado fuera quien ha atendido las plantas?

—Déjame mostrarte.

Christian se acercó y abrió las puertas del invernadero.

—Adelante. —me hizo un gesto para que pasara.

Dentro había mucho colorido. Todo tipo de plantas exóticas, en todas partes.

—Tienen un sistema automatizado instalado, no necesitan mucho cuidado con respecto al agua. —me decía mientras me mostraba las diminutas mangueritas que alimentaban a las plantas como si fuera un gotero.

—Mientras estuve en Chicago alguien se encargaba de las malas hierbas, aunque no debí haber estado tanto tiempo fuera. —decía mientras acariciaba una planta.

— ¿Por qué lo dices?

—Porque las plantas necesitan, cariño… —abrió una bolsa que había en el suelo y tomó un poco de lo que sea que había allí y lo esparció en una maceta. —…necesitan ser mimadas… —dijo arrancándole una hoja amarilla a otra. —…y cuando su dueño les falta por mucho tiempo pueden ponerse tristes... —dijo mientras le echaba un poco de agua a otra planta. —…necesitan amor…

Dejé de escuchar lo que decía. Creo que sus plantas y yo teníamos cierto parecido. Entonces una planta llamó mi atención. Estaba al fondo del invernadero. Era la más grande de todas y aparentemente la que menos llamaba la atención por estar apartada. Me dirigí hacia donde se encontraba la inusual planta. Al acercarme me percaté que era una planta de rosas. Tenía varias y eran de un color rojo intenso, casi negro.

—Veo que la has encontrado.

— ¡Eh!

—La planta más especial de este invernadero.

— ¡Esta! ¿Qué tiene de especial una planta de rosas?

—No es cualquier planta de rosas, es la que da las rosas negras.

—Pero yo las veo rojas. —me giré hacia Christian que se encontraba parado detrás de mí.

—Sí. Normalmente las da rojas, solamente en verano son negras.

— ¿Normalmente?

—Sí. He logrado adaptarle el hábitat para simularle un verano permanente.

—Para que las dé negras todo el año.

—Exactamente.

— ¿Y porque están rojas?

—Antes de irme desconecté ese sistema pues hay que tenerlo bien controlado. Pero ya que hemos regresado... —dijo dirigiéndose hacia un panel de controles ubicado en una pared, oculto por los helechos. —…creo que lo mejor sería si lo conecto nuevamente. —presionó un botón en el panel.

Rápidamente la iluminación del invernadero cambió de una luz blanca a una amarilla, que daba más calor.

— ¿Ves ese botón que aún no se ha abierto? —me dijo señalando un capullo de una rosa que había en un extremo de la planta.

—Sí.

—Puede ser que si tienes suerte, dentro de dos días se abra y sea de color negro. Ahora que tal si nos bañamos. —dijo tendiéndome la mano.

Tomé su mano y salimos del invernadero rumbo a la habitación.

— ¿Estas cansada del viaje? —me preguntó ya dentro de la habitación.

—Un poco.

Aunque había dormido todo el viaje, el cambio físicamente me tenía agotada.

— ¿Te apetece un baño de espuma? —me preguntó frotándome ligeramente los hombros.

Cerré los ojos ante la sensación.

—Humm. —un baño en de espuma no sonaba mal en lo absoluto.

—Espera, voy a preparar las cosas. —me dijo separándose de mí y regresando rápidamente.

Me abrazó por detrás y me giró entre sus brazos, deslizó las manos hasta donde comenzaba la blusa y me la sacó por la cabeza mientras yo levantaba las manos. Hizo lo mismo con mis jeans deslizándolo hacia el suelo. Y después me quitó rápidamente el ajustador y la ropa interior.

Ya me tenía desnuda completamente, era mi turno. Dirigí mis manos hacia su camisa, pero él me detuvo.

—No, nada de tocarme hasta que haya terminado contigo. —me dijo agarrando mis manos. —Ven vamos a bañarnos.