Nuevo Destino

By Menma - kun

Capitulo 14: ¡Estás arrestado!

Aclaro que gran parte de los personajes a los que yo haga mención NO me pertenecen. Son de Masashi Kishimoto creador del manga Naruto. Esta historia es un mundo alternativo donde están involucrados varios personajes de la serie.

Todo lo demás fué ocurriendo en secuencia y sólo esperábamos la oportunidad. Tranquilamente, vimos como Madara entraba a la rupestre capilla, levantada en pino silvestre y con un maletin plateado, caminar hacia el pulpito donde estaba de pie un sacerdote cristiano ortodoxo. Al llegar frente a él, Madara realiza una venía en señal de reverencia hacia el religioso. Aquel hombre, de apariencia de unos 50 años de edad, tez blanca, nariz gruesa y ganchuda, guardaba un semblante de resignación y tristeza reflejándose en sus ojos. Madara inclinó su cabeza al ver al sacerdote a los ojos, nuevamente levantó su cabeza para besar el anillo que el clerigo llevaba en su mano derecha; y tras hacer esa presentación, Madara extiende hacia el sacerdote aquel maletin que traía. Aquel hombre vió de nuevo a el tipo Uchiha, con la mirada triste y pesabumbrada, que no vió otra acción más que realizar salvo la de recibir el maletín y darle a Madara la bendición. Realmente ese tipo de sotana tiene de seguro un estomago de hierro, como para hacer algo bueno por un hombre tan consumido por la maldad; si en este momento me dijeran en cual sitio desearía jamás estar, justo ahora, no quisiera tener los zapatos puestos de ese hombre. Luego que el sacerdote bendijo a Madara, se retira hacia la capellanía con el maletín en su poder dejando a Uchiha solo frente al altar, poniendose éste de rodillas ante las imagenes de santos que habían en él.

El silencio reinó en el interior de aquella capilla durante unos segundos. Era tan pacifico pero a la vez tan alterable; el más minimo silbido o ruido que se hiciese y se oía en resonancia en todo el lugar. Cualquier chasquido o pisada podría escucharse no importaba en que parte dentro de la capilla se estuviera. Cualquier cosa. Cualquiera fuera... Exepto nosotros.

Madara se alarmó abriendo de golpe sus ojos cuando Obito carga su escopeta apuntandole a su cabeza a su lado derecho y yo detras de él con una pistola Prieto Beretta cal. 9 mm., por si trataba de hacer algo.

Madara ya sabía de quienes se trataban. Muy distinto a asustarse, estaba en calma y sereno; inclusive somreía con un poco de sorna. Obito rompe el silencio:

No veo ningúna razón para que tengas esa sonrisa en tu rostro. -

Hmph. ¿Y por qué no debería reirme de algo? Al fin no hay mucho que no sepa de este mundo. Tampoco me perderé de gran cosa a futuro: El mundo cambia muchas cosas de afuera, pero su esencia seguirá siendo la misma. ¿Creen que no sé de los riesgos que tiene este negocio? A veces se gana, a veces se pierde. Mas solo quien sabe de estas cosas, está preparado para todo; incluso si es preciso para morir, así lo demanda la historia. - dijo Madara.

Pues tu acabas de pasar a la historia, Uchiha Madara. ¡Estás arrestado! - le dije con determinación.

¡¿Arrestado dices?! * Madara soltó una gran y fuerte carcajada por varios segundos antes de proseguir * ¡Ustedes no tienen idea de la situación que están enfrentando! - * suelta para luego volver a reír. Me incomodaba mucho oírlo reírse así.

Tal vez eres tú quien no comprende, que no estás en posición de negociar. - Obito acerca más la escopeta a la cabeza de Madara, quien cambia de inmediato su rostro ante la presión -

¿Entonces va a ser así? Okey, (hablaba pausadamente) pero luego no digan que no se los advertí. Seguro me han tomado desprevenido. ¿Pero cuanto durará? Se dieron cuenta desde el momento que ambos llegaron acá: No existe un modo de salir de aquí. Están atrapados y la chica dondequiera que se esconde también no tiene escapatoria. Todos ustedes se quedarán en Rusia. Jamás volverán a casa. Su destino es estar aquí, muertos, y lo saben. -.

No es algo que nos importe ahora. ¿o sí? Tú te metiste con algo que nos importaba. No me preocupa lo que pueda pasar luego; solo es una cuestión simple; hemos venido a acabarte. - responde Obito rudamente.

Y bien, ¿qué esperas? - provoca Madara. Obito tenia su dedo metido en el gatillo de su escopeta.

¡Obito, espera! - le replico.

Sabes que lo haré... - seguía presionando Obito a Madara.

No lo hagas, Obito. Madara es nuestro, no tienes que hacerlo. - seguí replicando.

Podría ser tan sencillo que apenas si aparto el rostro para no ensuciarlo con tu sangre...- Obito amenazaba. Madara ya no se veía feliz sino preocupado. No parecía tener miedo, pero tampoco no se veía tan rudo como siempre.

¡Espera Obito! ¡Ya lo tenemos! ¡Él pagará por todo lo que hizo!... - hablaba mientras Obito insistía

...El fin... De tu reino de terror. - Obito haló del gatillo.

¡No! - me alarmé yo.

*clash*

La recamara de la escopeta estaba vacía y el martillo sonó al aire. No tenía cartucho adentro. Madara por un segundi creyó que le iba a volar la cabeza. Honestamente, Obito si lo hizo, pero gracias a mí logré que no cargara el arma hasta que Madara cooperara para que nos siguiera y llevarlo tras las rejas sin oponer resistencia.

Pero hoy no seré tu verdugo. - Obito responde y a escena aparece Shion desde un oscuro caminando hacia Madara. Ella se detiene a mi lado mirando fijamente a los ojos del hombre que mandó a asesinar a su padre. Uchiha la miró también; ambas miradas chocaron y se notaban tantos sentimientos enfrentados: odio, resentimiento, ira, dolor, desprecio, una sed de venganza oculta... ¡Justicia!

Shion agarra el arma que yo traía y con ella apunta a Madara a la cabeza y luego de varios segundos le dice:

No me explico... Hasta hace unos segundos solo quería dispararte en la cabeza, y matarte, así como mataron a mi padre. Me causaste un daño irreparable. Todo terminaría aquí si solo halo de este gatillo. Ya nunca más volverás a destruir la vida de ninguna persona. -

¿Por qué no cierras la boca y me matas de una vez? ¿O debo provocarte para que tú o alguno de ellos dos lo haga por tí? - le dijo Madara en un tono muy molesto.

¡Shion! - contestamos Obito y yo al mismo tiempo.

Y la repuesta que da Shion:

Porque si acabo con un monstruo, movida por el odio y el rencor, será cuestión de tiempo en convertirme en uno peor. - en esa frase descargó todo su dolor y pudo actuar con sensatez.

Madara merecía morir por mano de cualquiera de nosotros, pero por fortuna aún existe la justicia. Aún queda esperanza y no todas las instancias son corruptas por el dinero y el poder. Uchiha pagará por todos sus crimenes y fechorías. Su vida, como la sombra que solía ser ante todo el mundo y mandar en ella como si fuera un dios, habían terminado.

Naruto - interviene Obito - esto no exime al otro por lo que le hizo a Ryüzetsu. Así que tú llevate a Madara, pero Kabuto es mío. -

Has lo que quieras. - le respondo.

De ahí salimos separados en dos equipos: Salgo primero con Madara a escabullidas hasta alcanzar los coches; más atrás vienen Obito y Shion, para hacer de contención y darnos ventaja.

Abordamos y empezamos con la huida. La meta era llegar hasta el retén militar de la frontera; es un suicidio considerando que casi nadie pasa por ahí y menos entre tanta nieve y a bordo de autoa de carreras. Las llantas se vuelven lisas debido al hielo y el metal de los chasis se hacen maleables a altas velocidades. Un descuido y sales patinando y es seguro que chocas. Lo que más hace dificil la gesta es que era de tarde noche; el sol ya se había ocultado y todo en el área se notaba oscuro.

Me preguntaba justo ahora, si teniendo en cuenta todas esas variables, cómo seguíamos nuestro camino sin interrupciones.

Oye tú, Madara, para ser un jefe mundial de una organización criminal, te han dejado solo a tu merced. ¿En donde está la caballería, eh? -

Enseguida de haber dicho eso, un auto me embiste por la derecha y detrás de él, una caravana de coches de todos los suborninados de Madara aparecieron en escena; con modificaciones para transitar en la nieve y neumaticos anti- deslizantes, trataban de rescatar a su patrón secuestrado. Mientras que él, con una sonrisa de satiafacción me grita:

¡Ten mucho más cuidado con lo que pides! ¡Jajajajajajaja! -

Una estampida de veinte coches me vienen siguiendo; y con la unica misión de recuperar a Uchiha Madara, estos tipos estaban dejandome con una presión de lo más hijueputa.

Apenas puedo sortear el camino sin resbalar y perder el control, lo cual solo empeoraba las cosas, la caravana seguía acercándose más y más; y para colmo tenía que soportar a ese maldito pretendiendo bajarme la moral.

Será mejor que pares. Porque sino quisiste matarme antes menos lo harás ahora. -

No si quiero bajarte del auto ahora. -

Contesto furioso.

Habrías pasado por todo esto para nada. - decía Madara en burla.

Hostigaban más los coches y ahora eran dos los autos que me golpeaban de los costados. Luchaba contra ellos pero me era imposible desplazarlos y mantener el control del coche al mismo tiempo. Ya eran tanto los golpes que recibía, que hasta el mismo Madara se aburrió de ser estremecido por sus propios hombres.

¡Dejen de golpear el auto, me están pegando a mí tambien, DISPÁRENLE A ESE IDIOTA! - Gritó El desgraciado dando la orden de matarme sin ver porque el coche no se saliera del camino volcándose.

Y de inmediato los tipos que iban en los autos sacaron unas pistolas Automáticas y comenzaron a disparar. Esta situación no podía ser peor. Los vidrios del coche empezaban a romperse uno por uno y se sentían las balas impactar en la carrocería. Solo podía agachar la cabeza y preocuparme de que algún tiro me hubiera impactado en el cuerpo.

Todo pasaba muy rápido que apenas si tenía reflejos para reaccionar. Si esquivar las balas no podía, tratar de bloquearlas en el coche era la única opción. El problema era que no duraría mucho y alguna me daría causandome la muerte. En medio de una curva, un auto se acerca por la derecha y uno de los tipos me tira a disparar; pero las balas le dan al capó del coche, y en un bache que había en la carretera, en auto salta abruptamente, tropezando conmigo y el que venía disparando soltó la ráfaga cerca de Madara que por poco lo mata. El implicado grita furioso:

¡Idiota! ¡Casi me matas! ¡Disparale a él, No a mí! -

Al seguir el lacayo de Uchiha con su hostigamiento y no ver ninguna otra alternativa, giro el volante rudamente hacia la derecha y golpeo al auto zarandeando A Madara de paso; el auto seguía disparando pero al hacerlo no se percató de un montículo de nieve que tenía al frente y el auto pegó un salto en el aire, haciendo que se volcara y chocando él y el piloto contra el suelo cubierto de nieve. ¡Era uno menos! Pensé que las cosas bajarían de tensión en ese momento; por desgracia, aquello no fué así. Antes tendió a empeorar, cuando ahora, eran dos los coches que venían de atrás, para sumar tres que trataban sin descansar de matarme; y ahora, estando apresado de ambos costados y de la parte de atrás, será más sencillo para esos infelices alinearme a matar. Y cuando estaba al borde, soportando los golpes de los coches y los gritos de Madara diciendo: ¡Dispara ya!, aparece Obito con Shion a bordo sacando del camino a mis acosadores. Golpeandolos de los costados y disparandoles a los neumáticos, Obito se deshacía uno por uno de los perseguidores de Madara, poniendome a salvo de al menos ser disparado de cerca. Dijo Madara en ese momento.

No creas que eso te salvará. ¿En serio piensas que tienes oportunidad de salir vivo de aquí? Jajajajajajajajajaja. -

Y eso fué la tapa. El desgraciado hartó mi paciencia y tenía que hacer algo para mantener el orden o ahí mismo iba a reventar a Uchiha dentro del auto.

*puñetazo*

Madara se lleva la mano izquierda a su mentón quejándose del dolor por el puñetazo que le dí. Realmente se lo merecía, y hasta creo que eso me hizo sentir muy bien, pues estaba más calmado y menos presionado por la situación. Ya quedaban 12 coches de 20 que nos venían siguiendo gracias a Obito, pero en ese momento..

Aparece en medio del viento fuerte y de la nieve el Pontiac Firebird en escena; lo cual sólo significaba una cosa: Kabuto Yakushi estaba aquí.

Madara comienza a reírse entre dientes.

¿Qué es tan gracioso, EH? - pregunto molesto.

Esto ahora se va a poner interesante. - contesta el villano.

Llegábamos mientras esto sucedía al paraje plano donde se encontraba el túnel oculto debajo del hielo muy cerca del puesto de frontera militarizado. Madara no se veía asustado, sabía que éste podría ser su fin así que trataba de darse sus últimas ínfulas de gloria. Me miró a medida que nos acercábamos al muro de hielo y me dice irónicamente:

¿Sabes bien en donde está el túnel? Porque no creo poder ayudarte a abrir la compuerta. - se sobaba el labio que tenía un sangrado leve producto de mi golpe.

Mi mente estaba concentrada en atinar con la entrada al túnel mientras resistía la presión y los nervios. Pos aunque odiaba admitirlo, estaba muy preocupado y también algo muerto del miedo. Entretanto, Kabuto me seguía pisandome los talones; inclusive, se había deshecho de dos coches aliados suyos para abrirse paso hacia mí. Miraba cada vez más cerca, buscaba, buscaba más, y más... Y antes de estrellarme, aceleré el coche para finalmente, romper la compuerta y así entrar al túnel subterráneo.

De pronto, un sonido de radio se prende de la pretina del pantalón de Madara y salió la voz de Kabuto.

Ahora si que estás en problemas maldito estúpido. ¡Porque estás en mi territorio papá! -

Y tiene razón. Ninguno conocía mejor el túnel como Kabuto. Lleva mucho tiempo usando esta ruta para pasar el dinero y la mercancía de Uchiha Madara. El hecho que recuerde el camino no me exime de que el desgraciado no me acose desde atrás, intentando varias veces el querer hacerme perder el control. Toda mi pericia y concentración estaban puestas en conducir. Yo no quería morir de ningún modo en ese lugar. A cada momento luchaba contra Kabuto en aquel túnel, y era tanto, que hasta el mismo Madara admitió:

Pues vaya que sí sabes conducir, muchacho. -

Y ahí seguido prosiguió la lucha. Kabuto hacía de toda maniobra peligrosa posible para hacer que perdiera estabilidad, pero todos sus esfuerzos salían frustrados; hasta el punto, que Madara se hartó y falto de paciencia, tomó el radio y le gritó molesto a Kabuto:

¡Maldición! ¡¿Qué pasa contigo?! ¡Ya fué suficiente! ¡Embistelo de una vez! -

¿Señor? - Kabuto preguntó sorprendido. Igualmente yo, que abrí alarmado mis ojos y voltié a mirar hacia Madara, quien dijo.

¡Embistenos ahora! - gritó con furia

El Pontiac retrocedió un poco después de eso colocándose detrás de mi coche y en un tiempo aceleró y se acercó por la izquierda, como queriendo sobrepasarme; cuando de repente, el coche de Kabuto se avienta contra mí golpeándome del costado izquierdo de la rueda trasera, haciendo que el coche donde vamos Madara y yo comience a girar como trompo, y debido a lo liso del camino debido al hielo, pierda el control del vehículo; a lo cual, el Pontiac acelera al máximo y somos chocados por él llegando ya al final del túnel, atravesando la capa de hielo con nosotros, destrozando él coche suyo y en el que íbamos nosotros, que damos vueltas por el suelo, lastimandome severamente.

Un cristal fragmentado del parabrisas se desprendió con el choque incrustándose en el costado

Derecho de mi abdomen provocando que empiece una hemorragia; además, al volcarse el coche, éste quedó de cabeza con las ruedas hacia arriba. Kabuto destrozó la parte delantera de su Pontiac pero aún podía rodar. El maldito salió ileso del choque, pero también resulta aturdido y tarda unos segundos en salir del auto y chequear lo sucedido. Madara y yo estamos de cabeza y ambos estábamos golpeados y aturdidos tras el accidente; mas éste es el primero en responder desde ahí:

¡Kabuto! ¡Ven, ayúdame! -

Este sale a caminar hacia el lado del pasajero a sacar a su jefe de entre las latas retorcidas del coche. Lo ayuda a ponerse de pie y lo sostiene para que pueda caminar unos metros; pero en ese momento, tras recobrar el conocimiento y percatarme de mi situación, me hago de lado y con ambos pies golpeo con fuerza la puerta de mi lado del conductor, abriéndola con violencia buscando salir del coche.

Me empujaba con mis brazos saliendo poco a poco del coche volcado; y para mi desgracia, Kabuto estaba justo enfrente, afuera del auto esperándome con su arma y listo para disparar. ¿Había llegado mi fin en ese frío y desolado lugar? ¿Moriría aquí y ahora? ¿Todo... Todo terminó?

Me acomodaba para al menos quedar recostado, mirando a los ojos a ese asesino que se preparaba sólo para tirar del gatillo. En ese momento el tipo me dice a mí:

Es bastante curioso; la chica que vino antes de tí estaba exactamente igual como estás tú: rendida y a mi merced. La única diferencia, es que ahora me tomaré el placer de ensuciarme con tu sangre después de que te vuele la cabeza. -

Ella... Era mi amiga. Y vas a pagar... Por asesinarla... Infeliz. - Le respondí.

¡Ja! El choque debió afectarte la cabeza. Pero descuida, muy pronto te reunirás con ella. Si es que la encuentras. No podrás cumplir tu promesa. - dijo Kabuto.

¿Quien dijo que yo te asesinaría? - le dije irónico.

Kabuto no comprendió lo que dije a lo último. Sólo hasta cuando se sintió el estruendo de un auto chocar. Un coche tipo Camper atravesó la capa de hielo de aquella muralla y se dirijía hacia Kabuto a toda velocidad. Al mirarlo bien, Yakushi se dió cuenta de quien era: de Obito Dairenji, su verdugo. Kabuto veía al hermano de su última víctima, su peor enemigo, acercarse a toda marcha contra él; entonces cambió de blanco y ahora apuntaba directamente hacia Obito, descargando todo el proveedor en él, y sin tener éxito en atinarle, éste lo arrasa y estrella contra su propio Póntiac, quedando aprisionado de las piernas para abajo y la otra mitad de su cuerpo tirado sobre el capó dejándolo muerto instantáneamente. Obito resultó ileso de milagro, ya que se agachó tras los disparos, aunque estaba algo aturdido. Y para mi asombro, Shion también está a bordo del vehículo. Se veía asustada, pero estaba bien y no tenía ninguna herida. Ambos bajan del auto y se dirijen hacia mí.

Obito se queda primero observando el cuerpo de Kabuto con una mirada de ira y algo de consuelo por lo que su muerte significaba:

Al fin está hecho, Ryüzetsu. Descansa en paz, hermanita. - dijo mirando al cielo.

Obito vengó la muerte de su hermana; Shion lo observaba con cierta tristeza, pero no iba cargada de odio o rechazo. Parecía que ella entendía lo que sucede y lo que para Obito significa ese momento en especial. No podía juzgarlo o al menos hablar mal de él. No luego de las cosas que hemos pasado juntos. Inmediatamente Shion es la primera en llegar hasta mí a mirar mi estado.

¡Naruto! ¡¿Naruto, estás bien?! - Shion mira la herida de mi costado y prosigue con tono de mucha preocupación:

¡Naruto descuida! ¡Te atenderé esa herida de inmediato! ¡Estarás bien! -

Obito se acercó detrás de ella y se arrodilla para valorarme:

Tranquilizante un poco, ¿ok? Vas a estar bien, lo juro. - afirma Obito.

Me estaba desangrando lentamente; el mayor temor era que fuese a entrar en shock y/o perdiera el conocimiento, ya que en las condiciones en la que nos hallábamos, podría morir sin remedio alguno. Obito hacia lo que podía para mantenerme consciente, a la vez que se aseguraba que Madara no intentara escapar y Shion me atendía la hemorragia usando una tela de prenda haciendo presión para detener el sangrado. Yo luchaba por mi vida en ese momento, pero no podía dejar de pensar en tres cosas:

1) Logramos cumplir la misión de atrapar con vida a Uchiha Madara y de desmantelar su organización criminal.

2) Hice que un ex bandido prófugo de la justicia y hermano de una agente de policía, ayudara de manera indirecta ( o mejor dicho, de forma inconsciente) a el éxito de ésta misión, redimiendo así, lo ocurrido con su hermana, terminando incluso lo que ella inició.

3) Finalmente pude vencer un temor oculto de varios años, que me impedía volver a entregar mi corazón, al cariño de una buena mujer.

Tras ayudar a rescatar a Shion de una terrible experiencia de secuestro, en la cuál perdió a su padre, tendríamos con su testimonio una prueba viviente y clave para vincular a Madara a todos los delitos que se adjudicaban a él por sus acciones; durante el desarrollo de la misión, pude darme cuenta de algo: Quería proteger a Shion a como dé lugar, no importaba lo que sucediese. Me preocupaba su bienestar y no solo porque fuese en el acto del deber. Al principio solo lo ví como parte de mi trabajo; pretendía no involucrar mi vida profesional con la personal. Mi pasado con Hinata y con Ryüzetsu habían creado un trauma en mi corazón, que no deseaba acercarme a ninguna mujer, en las circunstancias que pasé al conocerlas. Me daba miedo que si me involucraba con una chica, ella resultara lastimada. En mi caso, había conocido a dos chicas en un principio en condiciones normales: ambas perdieron la vida luego de involucrarse conmigo. No quería volver a sufrir y menos que a alguna saliera herida por mi culpa. Realmente, no tenía culpa alguna de lo que sucediera, pero no evitaba que sintiese esa agonía en el pecho, de que si alguien que conociese resultase lastimado, tendría alguna responsabilidad en ello.

Pero eso, luego de todo lo que pasó, había pasado a un segundo plano. Podía volver a creer, a soñar, a amar.

Pensaba en todo esto, cuando sentimos las patrullas del ejercito fronterizo aproximarse a lo lejos. Por Shion y por mí no había problema; pero Obito no era legal, y encima el hecho de que estabamos en Rusia, si llegan descubrirlo aquí, será su fin anticipado. Ambos cruzamos las miradas. Era obvio que debía tomar una decisión: Yo le dije a Obito.

Tienes que irte... No puedes dejarte atrapar aquí. Tú lo sabes... -

No quiero seguir huyendo más, Naruto. Quiero cumplir la ultima voluntad de mi hermana. - dijo Obito.

Pero no de este modo. -

Debo pagar por mis culpas, Naruto. Ya conseguí lo que quería. Ahora ya no me queda nada. -

Claro que sí. Ahora nos tienes a nosotros. Puedes empezar de nuevo. Hacer nuevos recuerdos. Ryüzetsu no querría verte destruido en una prisión rusa. Vamos Obito... Tienes que irte. - le dije.

En ese momento un auto llega al lugar cerca de donde estamos: Era Rin. Se notaba muy desesperada. Y desde abordo del auto ella grita afanosa:

¡Ey! ¡Vamos! ¡No tenenos mucho tiempo! ¡Debes subir al auto, ahora! -

Obito volteó la cabeza sorprendido cuando esa chica llegó y por un segundo, se quedó en estado de shock después que ella le gritó esas palabras. Y entonces yo le dije...

Sube a ese auto. No tienes mucho tiempo. Debes irte... ahora. Cuidate. Espero verte pronto, libre. O al menos, verte en paz. - Le dije sonriendo.

Obito sólo asintió con la cabeza; no entendía muy bien su actitud, pues era extraño notarlo con un deje de nostalgia en su semblante: Era casi como si viera de nuevo a su hermana y escucharla hablar. Las palabras que dije llegaron a él y se incorporó de su puesto, se dió la vuelta y caminó hasta el coche donde Rin lo estaba esperándo. Pero antes de llegar y subirse al coche le llamo yo a él:

¡Obito! -

Se gira para verme.

Oye, en aquella carrera... Tú sabes que te gané. ¿No es cierto? - le dije con ironía.

Creo que estás delirando, Naruto. - responde Obito con una risa en su boca.

¿Ah sí? Pues espero... Que tengamos la revancha... ¡No vas a volver a hacerme trampa de nuevo, Obito! - dije yo.

La tendrás pronto entonces... La tendrás pronto. - dicho esto, Obito se da la vuelta, se embarca en el auto y ambos se marchan del sitio justo antes de que las patrullas lleguen a custodiarlo.

Fin del capítulo.

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El próximo es el último capítulo de la novela. He estado demorado por mi deber como soldado, pero mi pasión y las ganas pueden más que todo eso y ellas no descansan. Pronto terminaré el final de esta historia. Siganla hasta el final. No se la pierdan.

By Menma - kun.