Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, solo la trama.

Capitulo dedicado a Marttha Zazueta por su experiecia de vida que doy paso a partes fundamentales a este fic. Gracias por ser tan fuerte y estar ahí.


Perfectamente Imperfecta

Capitulo 14 "Perfectamente Imperfecta"

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Edward

-¿Todavía no hay noticias? – pregunté a mi padre por enésima vez. Estaba tan ansioso como todos, pero no por eso dejaba de irritar con las preguntas que tenían siempre las mismas respuestas.

-Aún no Edward –

Mi hermana Alice estaba en la segunda cirugía de su tratamiento y eso nos había trasladado una vez más a Chicago para acompañarla, precisamente en el período de inicios de clases en la Universidad de Washington. La verdad era que no me importaba perder unas clases con tal de estar con mi familia en estos momentos, un par de talleres obligatorios que fácilmente podría justificar.

Miré mi reloj con nerviosismo.

La cirugía estaba durando más de las dos horas que el Dr. Evason y nos tenía a todos con los nervios de punta por no tener noticias. Veía a mi padre pasear desde cada esquina de la habitación y a mi madre romper en miles de pedazos un pañuelo desechable que había traído consigo, parecía no percatarse del desastre que tenía a sus pies ni preocuparse por limpiarlo.

Por mi parte trataba simplemente de no pensar.

Si dejaba a mi mente vagar se iba por peligrosos caminos y ninguno de ellos me gustaba. El primero Alice y la operación, y el segundo Bella y Londres.

Mi mente se imaginaba todos los escenarios posibles, por ejemplo cuando hubiera llegado a Londres, bajando del avión y llevado sus maletas, cuando hubiera tomado un taxi y pagado por el recorrido a su destino, cuando hubiera mirado hacia lo alto el edificio de las residencias estudiantiles y su suspiros nerviosos cuando se hubiera decidido a entrar, cuando hubiera desecho sus maletas y ordenado sus ropas por color, cuando hiciera su cama en las residencias estudiantiles y así sin parar.

Hace una semana que abordó en ese maldito avión, yo mismo la fui a dejar, llevé sus maletas y me despedí como pude soportarlo ese día y la noche anterior… el recuerdo me carcomía todas las malditas noches.

Pensaba y pensaba, mi mente no quería quedarse callada y eso me desesperaba. Me debatía entre irme con ella, seguirla, estar juntos…pero simplemente no podía.

Mi mano pasaba regularmente por mi cabello en representación de mi desesperación. Sin embargo dejar a mi familia en un momento como este, estaba fuera de cuestionamiento. Las familias están para apoyarse y eso quizás ella no lo entendía ¿Verdad?.

Soy un idiota de tan solo pensarlo, eso sí es verdad.

¿Sacrificas lo que amas por la familia? Yo lo hice y aún siento como si me faltara un trozo de mí. Un gran pedazo que se fue en la maleta de Bella aunque ella no lo supiera. Pero no me arrepiento.

No nos dijimos, ni nos prometimos nada. ¿Para qué? Ambos sabíamos lo que sentíamos, un océano de distancia puede hacer muchas cosas en nosotros y mejor no sufrir. Pero a veces me encuentro deseando querer sufrir solo por poder escuchar su voz o volverlo a ver. Pero se supone que el amor supera todo, el amor verdadero es fuerte y definitivamente lo que sentía por ella no podía denominarse algo débil.

Soy un masoquista, siempre lo he sido y en secreto la espero y la amo. Lo sé, me he convertido en un cursi ¿Verdad?.

Nunca imaginé que Isabella, la perfecta, la chica popular y novia del presidente de estudiantes fuera tan diferente a como la imaginaba…frívola, egoísta, estúpida niña consentida que jamás se detenía a mirar a nadie que no fuera lo suficientemente importante como para prestarle atención. Jamás pensé que su fachada estuviera tan bien construida como para engañarme todo el tiempo que la ví de lejos, como un cuadro que miras sin realmente ver los trazos del pincel que lo trasforman en la obra de arte que es.

Hasta ese día. El día que me quede practicando un poco más en el piano de la preparatoria calmando mis emociones al recordar que ese día era el fatídico aniversario del accidente. Me había encontrado con ella antes ese día pero no había sido nada fuera de lo normal, se había acercado a ayudarme cuando mis apuntes refalaron de mis manos. Ni siquiera quise agradecerle su gran esfuerzo de rebajarse a mi nivel, el gracias entre dientes salió más furioso de lo que creí pero en ese momento no me preocupó…ella era uno de ellos, quizás se merecía un poco de su propia medicina.

Ahora sonrió al recordarlo. Sin tan solo hubiera imaginado lo que vendría después…

Recuerdo claramente…

La hora había pasado sin que me diera cuenta , mi madre me había llamado preocupada, luego de explicarle sin muchos detalles donde me encontraba, me comentó entusiasmada por la posibilidad de realizar las cirugías para la recuperación de la vista de mi pequeña hermana. Ese día había incluso llorado en silencio con cada nota que habían tocado mis dedos bajo las teclas de marfil.

Miré el reloj una vez más y me sorprendió lo tarde que era. Con apuro tomé mis cosas y partí a casa. Hubiera ido todo perfectamente hasta que choqué con ella y sin siquiera verme a los ojos se desmoronó en mi regazo. Un instinto protector poseyó mis brazos y todos mis músculos, no quería que llorara y no sabía la razón. Sin pensar , otra vez, la arrastré al laboratorio para que quién quiera que viniera por el pasillo a esas horas no la viera llorando. ¿Por qué? Ni idea…yo la aborrecía. Ella y su grupo se encargaban de burlarse y maltratarme a mi y a otros muchos estudiantes… Sin embargo al verla tan vulnerable y delicada, tan diferente a como pensaba que era, que lo que me había poseído, esa extraña sensación se intensificó brutalmente exigiéndome que la protegiera y de allí no pude parar de hacerlo.

Me tomé mi tiempo para no pensar en ella, para que no me afectara esa primera vez juntos. Sus besos, su toque…su cicatriz tan parecida a la mía. Jamás en mi vida me hubiera imaginado que había sido formada por motivos parecidos y cuando lo descubrí me pareció más hermosa. Era ella, esa cicatriz era parte esencial de ella…

Jamás hubiera imaginado lo similares que éramos y lo conectados que llegaríamos a estar.

Jamás hubiera imaginado lo importante que sería para mí esa engreída niñita.

Reí mientras miraba desde la ventana del quinto piso de la clínica el cielo oscuro de Chicago.

Cada noche antes de dormir me regañaba por preocuparme por ella, por querer protegerla de si misma. Por convertirme en un ser obstinado en que ella descubriera lo hermosa que era sin ese camuflaje de perfecta. Por inundarme de celos cada vez que la veía con Félix, cuando no tenia ni la más mínima razón para tenerlos.

Me preguntaba todas las malditas noches que había cambiado para que mi mente se negara a cooperar cuando se trataba de ella.

La amabilidad que mostró con Alice fue lo que me desconcertó más y a la vez me enojó en sobremanera. Parecía que ellas habían nacido para ser amigas y eso era lo que mi pequeña hermana se desvivía diciéndome. Cuando me pidió que le entregara esa bolsa con galletas hechas en casa, me convertí en un cobarde. Simplemente no pude dárselo cara a cara y estúpidamente se los escondí en su mesa, cortándole sin tijeras la etiqueta que mencionaba el remitente mientras ella no estaba. Solo le había dejado la parte de "Para Bella" y había arrancado el "De Alice".

Patético, lo sé.

Nunca, nunca había huido. Incluso mientras entre cinco me rodeaban y pegaban por no ser como los populares creían. Les plantaba cara y me defendía. Pero en ese tiempo, solo faltó que me pararan enfrente de ella ante una tarea tan común como dar un regalo para que saliera casi a hurtadillas a dárselo. Patético.

En ese momento no sabía que estaba enamorado… y es lo que dicen que el amor te hace débil.

Luego su venganza, mi repudio hacia la situación y como involucró a Alice. Las palabras, declaraciones sin ser pedidas que me dejaban con el corazón en la mano.

"No vale la pena"

¡Dios!

Y peor aún cuando la encontré llorando en el prado, cuando había ido allí para pensar en ella. Sus heridas me dejaron en un hilo desesperado de pensamientos homicidas ¿Quién le hizo esto? ¿Quién le tocó un pelo? ¿Félix la golpeaba? ¿Ella misma? Me sorprendí a mi mismo llevándola a casa, preocupándome y planeando cuidarla.

Curarla incluso de las heridas que no se ven, esas que son en el alma. ¡Que iluso fui al pensar que yo la curaría a ella! Al final de todo nos ayudamos ambos y comprendí que eso es lo que las parejas hacen. Se ayudan…se superan juntas.

"Tú vales la pena, Edward"

Suspiré exasperado.

Recordarla solo me hacia más daño. Ella estaba ahora instalándose en uno de dormitorios para estudiantes en Londres, soñando despierta con su libertad y con sus expectativas de éxito.

Ella estaría feliz ¿verdad? ¿Y no le dije que si ella era feliz yo también lo seria? Ahora eso me parecía estúpido.

La egoísta verdad era que la quería conmigo, de la mano, sonriendo.

Pero eso no ocurriría, ella no estaba aquí, no volvería hasta un buen tiempo y tenía que convencerme de eso ahora.

Golpeé suavemente el vidrio del cual me estaba apoyando con la sola intención de hacer algo en contra de mis sentimientos tan contradictorios.

Mi madre me miró angustiada de no saber que pasaba allí dentro ni lo que me pasaba a mí. Pero debía sospecharlo ¿Bella se iba y yo caía en depresión? Malditamente conveniente.

Un doctor salió vestido con esos trajes verdes, gorros y mascarillas bajo su barbilla. No lucía triste ni decepcionado, ni mucho menos asustado por ir a nuestro encuentro. No había manera que la segunda intervención de Alice hubiera salido mal.

Rogaba que mis instintos tuvieran razón.

Mi madre fue la primera en levantarse, mi padre la abrazó a penas pudo y yo me paré a su lado esperando ansioso lo que tuviera que decirnos.

-La operación ha sido un éxito.- dijo sonriendo. El gemido de felicidad de mi madre fue seguido de los suspiros aliviados de mi padre y yo.- Nos hemos demorado un poco más por una pequeña hemorragia que tomó lugar al momento de terminar la cirugía, pero esta todo bajo control. Ya esta en la sala de recuperación pueden pasar a verla dentro de una hora cuando despierte de la anestesia –

-¿Una hemorragia? – gimió mi madre tapándose su boca.

-Nada de que preocuparse, insisto. Ni siquiera fue necesario usar las unidades de sangre que teníamos, la hemorragia fue controlada sin mayor esfuerzo.-

Mi padre y el médico se alejaron un poco para seguir conversando, mientras abrazaba a mi madre quien lloraba tranquilamente, agradeciendo en voz baja que su pequeña hija estuviera bien.

Yo también agradecía. Una operación menos, un paso más cerca de recuperar su vista y disminuir un poco mi propia culpabilidad.

Al cabo de una hora entramos todos a la habitación de mi pequeña hermana, bajo la mirada incrédula de las enfermeras a cargo de la unidad. No nos importaba…en su primera operación también entramos todos.

Procuré sonreír a la chica nueva que trabajaba ahí antes de cerrar la puerta de la habitación, su sonrisa avergonzada me aseguró que no tendríamos problemas.

Esto fue una especie de Deja Vú. Las mismas vendas en sus ojos, los mismos sueros colgando desde los extremos de la camilla, el mismo tono pálido de su piel y la misma voz rasgada preguntando si éramos nosotros.

-Cariño, claro que somos nosotros… todo ha ido bien – le aseguró mi madre tomando su mano y besándola con cuidado.

Mi padre en su lugar, tomó un pedazo de algodón y lo humedeció en una pequeña palangana con suero fisiológico y lo pasó de forma suave por sus labios. Ya estábamos algo habituados a esto.

-Gracias, papá –

Pronto mi celular sonó, haciendo que todos en la habitación saltáramos.

Era Jasper.

-Todo salió perfecto – dije antes de saludar y sin más preámbulo me acerqué a dejar el celular en el oído de Alice, no sin antes besarle la frente como saludo.

A pesar que Alice tenia la voz rasgada y seguramente le dolía hacerlo, las palabras llenas de amor que intercambiaban me hicieron voltear hacia la ventana y volver a pensar en Bella.

Otra vez.

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Casi tres semanas habían pasado desde la operación de Alice y no era por voluntad propia ni por deseo es que hoy iba a la Universidad.

Había perdido ya dos semanas de clases y supondría que tendría que poner más del acostumbrado esfuerzo para ponerme al día…pero no podría importarme menos. Había estado estas tres semanas con mi hermana, aunque no me necesitara para nada y hace una semana que estaba en casa recuperándose satisfactoriamente.

No hacía mucho la verdad, estaba con ella la mayor parte del tiempo leyéndole o escuchando música, a veces tocándole nanas en mi piano para relajarla. Mi madre se encargaba de todo lo demás, de sus horarios y de las curaciones. Un día cuando le estaba leyendo tan solo soltó en un tono tan autoritario que me sorprendió.

"Ve a clases. Haz algo por tu vida, soy grande y me puedo cuidar sola"

Sé que no estaba enojada, e incluso ví como una pequeña fracción de su boca se levanto en forma divertida. Ese día solo me reí y le prometí que desde el próximo lunes iría a hacer algo con mi patética vida. Alice otra vez me sorprendió tomando mi mano y diciendo que nada de ella era patética.

Estacioné el volvo en un lugar libre al costado derecho del estacionamiento. Me fijé en los muchos estudiantes caminando por la gran calle hacia los edificios, en otros bajándose de sus automóviles y recogiendo sus bolsos desde los asientos. Estaba mirando sin mirar… Una especie de sentimiento extraño recorriendo mis venas y dejándome atascado delante del volante.

Como si alguien tirará de mi hacía algo, como si un elástico estuviera siendo jalado sin percatarme de ello.

Traté de ignorarlo.

Apague mi IPod y lo retiré dejando parte de los audífonos colgando de mis bolsillos. Colgué mi bolso, cerré el volvo y comencé a caminar en dirección a la sala que indicaba el horario. Por suerte conocía esta universidad y aunque nunca haya venido a clases…sabía donde quedaba cada cosa.

Llegué relativamente temprano. Digo relativamente porque no estaba el profesor pero todos ya estaban sentados en sus puestos. Eran mesas pareadas, lo que supongo hace sentido ya esta primera clase del lunes era una especia de taller de liderazgo y esas estupideces que hacen para enseñarte a ser un líder. Cuando crucé la puerta muchas miradas se centraron en mi, miradas especulativas y curiosas.

Me dejaron un poco incómodo. En la preparatoria pasaba desapercibido y muchas veces ignorado…Pero tenía que haberlo esperado después de faltar dos semanas y aparecer ahora que todo estaba avanzado.

Bueno…pueden mirar lo que quieran no me importa.

Avancé bastante seguro hacia el fondo esperando encontrar algún puesto donde fuese –los hábitos nunca mueren… siempre me sentaba en el asiento mas alejado del resto - y para mi suerte lo encontré. El único puesto aparentemente disponible era al lado de de alguien que estaba prácticamente tirado sobre la mesa. Usaba una capucha con flores estampadas y tenia su cabeza apoyada en sus brazos de forma que le funcionaban de almohada. Antes de detenerme y colocar mi bolso sobre la mesa, me fijé en sus manos bastantes pequeñas por lo que supuse se trataría de una chica con falta de sueño.

Me pareció graciosa su posición, dejado ver que también había estado lo bastante cansada como para levantar su mochila del suelo.

Esa mochila…lentamente levante mi vista y me fije en sus manos.

Sus muñecas estaban hacia arriba así que se podían ver con facilidad unas pequeñas marcas…cicatrices marcando su piel.

Antes de poder detener mis pertenencias de caer sonoramente en el lado libre, mi mente reconoció esas marcas…

Las curé yo mismo el día que fueron infligidas.

Las besaba a diario y las tocaba cada vez que mis manos tocaban las suyas.

Me era imposible no reconocer esas cicatrices porque las había memorizado en mi mente con fuego.

Mis latidos se trasformaron en ruidosas bombas y mis ojos se abrieron al ver como ella levantaba su cabeza ante el ruido y se encontraba con mi mirada…tan anonadada como la suya.

-¿E…Edward? – susurró levantándose al instante haciendo que el asiento en el cual estaba sentada se cayera ante el movimiento e hiciera que chocará ruidosamente en el suelo.

-¿Bella? – susurré de vuelta, ignorando por completo los murmullos que se iniciaron alrededor.

Dios…me estaba volviendo loco.

La puerta fue abierta de un golpe y rápidamente todos se quedaron en silencio y se sentaron. No miré quien era y tampoco me importaba…todo lo que podía ver era a ella, quien arregló su asiento y se sentó sin mirarme ni por un segundo, escondiéndose bajo una cortina de cabello. Respiraba con dificultad…

Era ella…era Bella.. ¡¿Qué estaba haciendo en Estados Unidos sentada en mi clase?

De pronto se oyó otro golpe como si alguien hubiera tirado algo en una mesa, eso me distrajó haciéndome girar hacia el origen del sonido. Un señor con bigote, calva y barriga me miraba con su frondoso ceño fruncido.

-Edward…siéntate – me susurró Bella tirando de la manga de mi mano haciendo que me sentara de golpe.

-¿Qué..? –

La verdad era que había olvidado todo lo relacionado con el mundo exterior cuando sentí sus dedos rozar mi piel de nuevo, la corriente eléctrica que extrañaba se sentía tan familiar, era como si no hubiera estado respirando hasta ese momento.

-¿Qué haces aquí? – logré decir al mismo tiempo que una voz ronca hablaba. Noté que Bella se sonrojaba mirándome haciendo que levantará mi mano a su mejilla.

-Señor Edward Cullen, he de suponer. Bienvenido a la Universidad, espero que sus vacaciones hayan sido satisfactorias –la voz ronca e irónica decía –Espero que tenga una buena excusa, sin embargo o si no reprobará mi clase –

-¿Qué haces en Seattle? – seguí susurrando. Quería respuestas y mi mente no pensaba en nada mas que en las preguntas para conseguirlas. En su sonrojo, en su nerviosismo y en su mejilla sobre mis dedos.

-Edward… el profesor – Bella parecía asustada.

-¡Oh, ya veo! Dos tortolitos…¿Por qué no deleitan a las paredes del pasillo con su romance? Salgan de mi sala ahora mismo los dos.-

Yo miré atónito hacia adelante donde el señor – que evidentemente era el profesor – vociferaba a todo pulmón que nos quería fuera de su clase. Todos los demás nos miraban entre asustados y divertidos, mientras sentía mis mejillas arder de a poco. Miré a mi lado, sin creerlo todavía, mientras Bella ponía sus cosas en su mochila y se paraba para salir.

-¡Ahora, Señor Cullen! –

Al escuchar esas palabras mientras Bella ya salía por la puerta, me levanté y salí sin demora.

¿Qué había sido eso?

Diablos, de verdad estoy loco.

Pasé mi mano por mi rostro tratando de despertar si este era un sueño extraño. Por lo menos no había conejos atrasados, ni fiestas del té con sombrereros locos..aún.

-No sacamos nada con quedarnos aquí – escuché que me decían y levanté mi rostro hacia ella.

Lo más loco de todo esto.

-¿Bella? – Volví a preguntar sintiéndome totalmente estúpido.

-Vamos afuera – dijo respondiendo. Tomó mi mano y me dejé guiar. Era un sueño bastante extraño.

Tomé su mano con fuerza temiendo por algún instante que podía perderla de nuevo. La quería aquí y también quería respuestas. Llegamos al patio exterior del edificio de Finanzas. Árboles por todos lados y asientos, esparcidos de manera superficial adornaban el exterior. Bella me guió a uno de esos asientos bajo un frondoso árbol y tras dar un largo suspiro, giró y me abrazó tan fuerte que creí que caería de bruces al suelo.

-¡Oh Dios, Edward! Creí que no te vería nunca – decía mientras escondía su rostro en la unión de mi cuello y mi hombro y sollozaba suavemente.

Eso me descolocó ¿Qué no me vería nunca? ¿No era eso lo que pasaría si ella se iba a Londres? Por qué ella debería estar en Londres y no aquí… no sentada en una de las clases de esta Universidad.

Coloqué mis manos en su baja espalda y me permití abrazarla y deleitarme con su aroma antes de alejarla lentamente y colocar mis manos en su rostro, enmarcándolo.

-¿Qué haces aquí y no en Londres? –

Quería saber….necesitaba saber. No quería sacar conclusiones apresuradas…

Bajó su mirada, escapando un poco de mí. Se alejo sin darme la espalda y contestó.

-No me pude ir Edward. No subí al avión, cuando regrese ya se habían ido… yo… me vine a Seattle. Empecé de cero, conseguí empleo y una plaza en esta Universidad. Quería estar bien antes de llamarte…quería ser digna. Tú me diste todo y yo aún así pensé en irme, pero no pude… -

-¿No subiste al avión? ¿Y porque no me llamaste de inmediato? ¿Te das cuenta el infierno que pasé viendo ese avión partir? ¿Puedes siquiera imaginar los demás días imaginándote en Londres? – dije atónito y enfurecido.

-No fue así, quería llamarte –

-¿Querías? ¡¿Querías? Dios …- Ella estaba aquí todo el tiempo…tan cerca… y yo…

Mi gorro pronto voló de mi cabeza y llegó a parar a el asiento que estaba a un costado. Bella temblaba un poco.

-¿Dónde estas viviendo? ¿Qué pasó con las becas? Dios ¿Te falta algo? ¿Estas bien? – De pronto todos los miedos surgieron a la superficie. Me acerqué y la tomé de ambos brazos notando su consistencia, no era algo alarmante, Bella siempre fue delgada. ¿Estaba alimentándose bien? ¿Sus padres le ayudaban? El instinto protector volvió a nacer como un fénix.

-Arriendo en un edificio para estudiantes, Edward estoy bien. Tengo dos trabajos y con eso me alcanza más los ahorros ¿recuerdas? Eso me cubre hasta que pueda postular a las becas que perdí por dimitir en Londres – susurró sin mirarme.

Sus ojeras marcadas eran algo que me preocupaba, su mirada cansada y acuosa, su leve temblor.

-Perdóname ¿Sí? no puedo ir donde no estés es tan sencillo como eso, contigo soy libre. Me dijiste que si yo era feliz tu eras feliz… Soy feliz contigo –

-Bella…-

-Acéptame ¿Sí? Haré lo que sea. Te amo Edward, Había ensayado como decirte todo esto pero al final ha sido un desastre..¡Genial! yo…-

Interrumpí su monólogo chocando mis labios con los suyos. Si antes dije que volvía a respirar cuando la toque, esto sería volver a vivir. Acaricié su labio inferior rozándolo con mi lengua con desesperación, quería sentirla, saborearla y lo necesitaba ahora.

Había sido tanto tiempo.

Abrió su boca mientras sus manos se enterraban en mi cabello, deshaciendo nudos y volviendo a hacerlos, masajeando y acariciando mi cuero cabelludo haciéndome suspirar.

Como lo extrañé.

Gimió mientras mi boca tomaba la suya, mientras mi lengua acariciaba su paladar haciendo que yo mismo jadeara ante la indescriptible sensación.

Bella estaba aquí conmigo de nuevo, estaba besándola.

Nos separamos uniendo nuestras frentes, escuché sus risitas haciéndome sonreír en respuesta.

-Extrañaba esto – sus manos bajaron a mi nuca, jugando con los mechones de mi cabello, logrando que deseara acariciar su rostro con mi nariz y volver a intoxicarme con su aroma.

-Un mes – murmuré aún incrédulo.

El siempre presente dolor en mi pecho había simplemente desaparecido, el agujero que sentía ya no estaba…

Todo estaba en su lugar.

-No viniste a clases –

-Alice- respondí – Su segunda operación-

-¡Oh Dios!¿Cómo esta ella? – preguntó Bella horrorizada.

-Bien, no te preocupes. Esta en casa recuperándose. Si quieres ir a verla …-

-Sí, claro que quiero, la he extrañado también – confesó sonrojándose más.

Solté mis manos de donde las tenía y en un impulso la tomé de la cintura y la hice girar. Estaba feliz, eufórico…

Apagué su grito de sorpresa con otro beso mucho más lento y mucho más delicado, Haciéndonos suspirar en el proceso.

-¿Estoy perdonada? – dijo mirándome bajo sus pestañas ¿Quién era esta Bella tímida? Sonreí más ante este pensamiento.

-Lo estás con una condición – le respondí levantando una ceja, Bella asintió rápidamente. -No vuelvas a asustarme así, no vuelvas a irte ¿ok?-

Ella solo sonrió, asintió y me besó.

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Bella

En la vida nos encontramos con las situaciones mas inéditas, las que creemos normales y las que son prácticamente imposibles de evadir. Cosas buenas y cosas malas. Somos capaces de elegir y eso hace que tengamos la facultad de elegir quienes somos.

Podemos ser perfectos o simplemente podemos ser normales.

Podemos ayudar a quienes deseen ser ayudados y a quienes no lo desean.

Podemos ganarnos enemigos y amigos. Aliados y camaradas.

Podemos tener marcas que nos recuerden cosas que no queremos.

Pero podemos elegir. Podemos elegir que hacer con todo aquello que se nos es regalado como parte de experiencia. Siempre hay opciones y siempre hay respuestas, y no importa si elegimos bien o mal…eso nos hace quienes somos.

Perfectos, imperfectos…

Solo hay una cosa que yo deseo en esta vida, una cosa que aprendí de ti a fuego, sudor y lágrimas.

Quiero ser quien soy, con mis defectos, mis virtudes, mis sonrisas y mis lagrimas. Mis cicatrices…

Quiero ser autentica, porque así..es la única forma en la puedo decir con seguridad que estoy hecha para ti.

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-¿Qué sucede cariño? – dijo Edward frotándose los ojos mientras se levantaba a mi lado posando como de costumbre su mano en mi espalda. Lo había despertado.

- Nada, no es nada vuelve a dormir – le dije apoyándome en su caricia.

-¿Te duele la espalda otra vez? – reconoció posicionándose detrás mío con ambas piernas rodeando mi cuerpo sentado en el colchón.

-Solo un poco- Edward rió cuando gemí ante la sensación de sus manos en mi piel y continuó con el masaje en mi espalda – Estoy algo estropeada, imperfecta…-

-No seas absurda – dijo mientras sus manos viajaban hacia el frente, colándose bajo el camisón.

-¿No sabes? Me encantan tus imperfecciones, porque con cada una de ellas – uno a uno sus dedos delinearon la cicatriz de mi espalda, mientras su otra mano soltaba mi pecho para tomar una de mis muñecas y hacer lo mismo con las pequeñas marcas -… con cada una de tus imperfecciones me doy cuenta que tú eres perfecta para mí-

Sí, quiero ser perfectamente Imperfecta para él.

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FIN

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Ndla: Ha sido tiempo ¿Verdad? Me pasó algo similar con Mía, que simplemente no podia terminar. Debe ser esos lazos afectivos que creas con tus personajes que no deseas que se vayan. Espero que lo hayan disfrutado, estaba algo convencida que debia haber mas capitulos al momentoq ue estaba escribiendo pero ya les habia prometido que este sería el final. Quedan algunos Outtakes, que tengo a la mitad que espero subir cuando se pueda.

Gracias, muchisimas gracias por su apoyo. Por todas las hermosas palabras que me regalan en sus reviews. Trato de responder a la mayoria y en eso siempre me quedo corta. Pero las quiero a todas y gracias por compartir conmigos estos momentos. Esta no será la última vez que nos leamos espero...

En mi blog aticodeeni(puntp)blogspot(punto)com he dejado cosas como imagenes y los outfit de este capitulo de Bella y Edward , espero les guste.

Gracias de nuevo y muchos abrazos apretados. Aunque twilight ya se ha terminado de grabar, esto no termina! xD

Prometí que no lloraría.. XD again.

PD:Alguien me dijo que este fic se parecía a la trama de Willow, Novela que desconocia. Me refiero más al tema en mi blog, por favor pueden leer ahí si les interesa. No me inspire en esa novela, ni siquiera sabia de su existencia hasta que me lo han mencionado.

Enichepi