5º ETAPA
14-Creciendo.
20 de Diciembre.
Se escuchó un estropicio en el salón. Pepa, que estaba en la cocina, se llevó un buen sobresalto y corrió hasta el lugar, encontrándose con Silvia en el pasillo, que estaba preparando el baño de los niños. Juntas entraron al salón y vieron a Noah con una pelota de tenis en la mano. Se había roto una figurita de porcelana de la estantería.
-Pero… ¡Noah!-Exclamó Silvia acercándose a coger los trozos grandes con la mano.
-¿Cuántas veces te hemos dicho que no se juega con la pelota en casa?-Dijo Pepa cruzándose de brazos, mirando a su hija.
La niña miró la figurita destrozada y se encogió de hombros.
-Yo no he sido-Pepa puso los ojos en blanco-. Ha sido Iker.
El niño estaba bocabajo, en una mantita. Toqueteaba con curiosidad una de las zapatillas de la niña, que ahora caminaba con unos calcetines gruesos. Iker vestía un body calentito y se movía graciosamente. Tenía ya cuatro meses, seguía siendo un niño grande, moreno, de ojos enormes y oscuros. Aun así, todavía no había dicho ni una palabra.
-Y por eso tienes tú la pelota en la mano ¿verdad?-Preguntó Pepa.
Noah se lo pensó un poco.
-Es que… Yo he cogido la pelota para que no se acercara a los cristales, porque se puede cortar.
-Oh… Muy generoso por tu parte…-Continuó su madre-. Preguntémosle a tu hermano, a ver qué dice.
Se acercaron a él y el niño sonrió en cuanto su madre lo cogió en brazos y lo sentó en sus rodillas.
-Iker, ¿a que has sido tú?-Preguntó Noah con inocencia haciéndole cosquillitas en el pie.
-¡Ta!
-¿Ves? Eso es un sí.
-Oh… Bueno, pues nada, esta noche Iker se gana un poco de helado de chocolate.
Noah miró a su madre extrañada.
-¿Por qué?
-Porque esa figurita era muy fea, a mamá y a mí no nos gustaba. ¿Verdad, mamá?
Silvia, que estaba recogiendo lo que quedaba con la escoba, sonrió. Noah era muy lista, pero de travesuras Pepa sabía más que nadie.
-Verdad.
-¡Gracias Iker!-Dijo Pepa levantándolo, haciéndole reír.
Noah tiró del pantalón de pijama de su madre.
-¡Que no! ¡Que he sido yo! ¡Yo quiero helado! ¡Quiero helado!
Pepa bajó al niño, miró a su hija y le dio un golpecito en la frente. Esta se quejó.
-Primero: no le iba a dar helado a tu hermano, era una broma. Segundo: en casa no se juega con la pelota ¿entendido? Tercero: no se miente. Y cuarto: si lo haces, hazlo bien.
-¡Pepa!-Exclamó Silvia.
La morena la miró como si no hubiese roto un plato.
-Le estoy enseñando supervivencia.
-Di que no, Noah. No se miente y punto. Y venga, ve a bañarte que luego se tiene que bañar tu hermano y al final os acostáis muy tarde.
Ella infló los mofletes y Pepa rio. Madre e hija salieron del salón y la morena se quedó con Iker en brazos, quien jugaba con los botones del pijama de Pepa.
-Tienes una hermana muy traviesa-Le comentó. Iker la miró como si entendiera-. A ver si tú te portas mejor cuando seas mayor ¿vale?
-Da…-Murmuró con el chupete en la boca, concentrado en los botones.
Pepa sonrió tiernamente y se tumbó en el sofá, dejando al niño tumbado bocabajo en su vientre, de nuevo plano. Estuvo un rato así, acariciando la pequeña espalda de su hijo.
-Di mamá, Iker. Ma-má. Venga, si es muy fácil. Ma…
El niño se fijó en la boca de su madre y quiso tocarle los dientes. Pepa sonrió. Iker tocaba con sus minúsculos dedos cada parte de la cara de su madre. Le tiró del pelo y rio cuando vio como Pepa se quejaba.
-¡Eh! ¿A mamá le vas a tirar del pelo? Pues donde las dan las toman ¿eh?-Tiró débilmente del pelo del niño y este volvió a tirar del de su madre. Pepa hizo lo mismo e Iker rio a carcajadas.
-Sea lo que sea lo que le hayas hecho, le encanta-Dijo Silvia apareciendo en el salón. Pepa se incorporó hasta sentarse y su ex mujer lo hizo a su lado.
-¿Y Noah?
-En la bañera, ya le he lavado el pelo.
-Después le toca al diablillo este-Le dio un golpecito en la nariz y él se quejó. Estiró los brazos hacia la pelirroja y Silvia lo cogió con gusto.
Iker hizo fuerzas con las piernas y la pelirroja lo puso en pie, agarrándole los brazos. Él pataleó sonriendo.
-Ya mismo lo vemos correteando por ahí-Dijo Silvia.
-Miedo me da. Antes tenemos que escucharle hablar. Iker, ¿quién es esta?-Señaló a su novia-. Ma-má. ¿Quién? Ma…
-No te esfuerces-Le dio un sonoro beso a su hijo-. Aún es muy pequeño.
-No es tan pequeño…
-¡Tiene cuatro meses!
-Noah dijo su primera palabra a los tres.
-¡Qué va! Noah a los tres meses dijo algo que TÚ tradujiste como "mamá".
-¡Lo dijo muy claro!-Se quejó, como una cría.
-¡Ta!-Exclamó Iker.
-¿Eso es también una palabra?-Preguntó Silvia, haciéndola rabiar. Pepa le dio un leve empujoncito y el niño cayó sentado en las rodillas. Sonrió.
-¿Has visto lo precioso que es? Tiene unas pestañas larguísimas.
-Cómo su…
-No lo digas-Pidió Pepa-. Si quieres, di portador genético, como con Noah.
-¿Por qué?
-No quiero que escuche esa palabra, todavía no.
-¿Tienes miedo de que su primera palabra sea "papá"?
-Un poco.
-Algún día tendrás que contarle de dónde viene.
-Lo trajo la cigüeña.
Silvia bufó y negó con la cabeza.
-Pepa…
-Vale… Llegó de París-Silvia la miró con reproche-. Bueno, pues plantamos una semilla y de la flor apareció él, ¿no?
-No.
-Pues nada, le tendré que decir que tú y yo nos acostamos y el Dios Sexo le hizo aparecer en mi barriga.
-¡Pepa! ¡No digas esa palabra frente al niño!
-¿Barriga? ¿Dios?
-¡Sexo!
Pepa abrió la boca exageradamente y luego la señaló, acusándola.
-¡Hala! ¡Has dicho esa palabra! ¡Gritando! ¡Frente a Iker!
Silvia rio y le dio un golpecito en el brazo.
-¡Eres tonta!
-Ya, ahora disimula… mala madre…
-Ah, sí, ¿no?
-¡Sí!-Exclamó, actuando como una niña pequeña y colocando la cabeza junto a Iker, en las rodillas de Silvia. Él niño comenzó a golpear suavemente la cara de su madre.
-Pues hoy no vas a escuchar esa palabra en toda la noche.
-¡Eh! ¡Chantaje!
-Te aguantas.
-¿Me das un beso?
-¡Encima!
-¡Mamá!-Las llamó Noah desde el baño.
-Tu hija nos reclama.
Silvia cogió a Iker en brazos y se levantó del sofá con rapidez, tirando a su ex mujer al suelo, quien rio y se levantó de un salto, disfrutando de la agilidad que no tenía cuando estaba embarazada. Le dio un corto beso en los labios y le quitó a Iker de los brazos.
Fueron al baño y vieron a Noah salir de la bañera. Silvia se encargó de enrollarla en una toalla y la sentó en el mueblecito de los cosméticos. Pepa puso allí también a Iker, a quien empezó a desnudar.
-Mami, tenemos que hacerle la carta a los reyes-Dijo la niña mientras se apartaba el pelo mojado de la cara.
-¿Qué les vas a pedir, cariño?-Preguntó Pepa.
-¡Un perro!
Silvia, que había ido a coger otra toalla para secar el pelo de su hija, se giró de repente.
-¿Perdón?
-Un perro-Repitió con inocencia.
-¿Un perro?
-Un perro, Silvia, un animal de cuatro patas, peludo, cariñoso…-Aclaró Pepa tirando el pañal de Iker a la papelera-. Yo también quiero un perro.
-No-Negó con seguridad la pelirroja.
-¿Por qué?-Preguntó Noah con pena.
-Eso, ¿por qué?
-Porque ya tengo bastante con cuidar a tres bichos en casa. No quiero cuidar uno más.
-¿Bichos?-Preguntó la niña.
-Sí, tú eres un bichito-Le tapó los ojos con la toalla y le hizo cosquillas. Noah comenzó a reír-. Y tu hermano también es un bicho, y mamá.
-¿Y tú?-Preguntó la niña cuando su madre la bajó al suelo.
-Yo…
-Ella es una flor-Contestó Pepa-. La flor más bonita del jardín.
Silvia sonrió y besó a su mujer con cariño. Pepa le quitó después el chupete a Iker, que se pasó la lengua por los labios, y lo cogió en brazos para meterlo en la sillita especial de la bañera. Noah lo miró con curiosidad y se fijó en algo que ya se había ido fijando durante esos cuatro meses, pero nunca pensó en preguntarlo. Ahora vio la oportunidad.
-Mamá, ¿qué es eso?-Preguntó señalando la entrepierna de Iker. Pepa y Silvia soltaron una carcajada y Noah se quitó la toalla mirándose a ella misma-. ¿Y por qué yo no tengo?
-Genial, ya sabía yo que llegaría la pregunta del millón…-Murmuró Pepa echándole agua a Iker en la cabeza, lo que lo hizo temblar por el primer impacto. Después chapoteó con los pies en el agua.
-Bueno, me voy a hacer la cena-Dijo Silvia con calma.
La sonrisa de Pepa se borró.
-¿Eh? No, tú te quedas aquí contestando a tu hija-La pelirroja hizo caso omiso y continuó por el pasillo-. ¡Silvia! ¡Siempre me dejas con el muerto a mí!
-¿Mami?-Noah seguía con la duda en la cabeza.
-Eso es la… la colita. Y tú no lo tienes porque eres una niña, él es un niño.
-Pero ¿por qué? ¿Es mejor quien tiene colita?
-No, claro que no.
-¿Entonces es mejor quien no tiene?
-Cariño, nadie es mejor que nadie.
-¿Entonces por qué los niños tienen y las niñas no?
Pepa suspiró un tanto agobiada y pensó mientras ejercía un suave masaje en la cabeza de Iker con el champú. Él balbuceaba mientras chapoteaba, esta vez con las manos. Su hija no iba a dejar de preguntar hasta que obtuviera la respuesta deseada.
-Cielo, porque… Porque para hacer bebés hacen falta una persona con colita, y otra sin colita.
-Mierda-Pensó-. Ahora sí que vendrá la dichosa preguntita.
-¿Y cómo se hace un bebé?
-Pues… Te lo contaré cuando seas mayor.
Noah infló los mofletes.
-¡Jo! ¡Ya soy mayor!
-Cuando seas más mayor.
-¿Cuándo?
-Cuando vayas al cole de los grandes, y ahora déjame bañar a tu hermano, ve a ayudar a mamá a poner la mesa.
-Jo… Voy…
La niña salió del baño con los brazos cruzados y Pepa suspiró. Aún no entendía por qué siempre le tocaba a ella ese tipo de preguntas.
Cuando sacó al niño de la bañera y lo envolvió en una toalla, pudo escuchar a Silvia y Noah reír. Le parecía muy tierno verlas juntas, ver como Iker estiraba los brazos hacia Silvia, como Noah la llamaba mamá… Porque era también su madre y para los niños siempre sería así. De hecho, se quejaba mucho de que las preguntas comprometidas le tocaban a ella, pero era porque Silvia no se quejaba, ya que más de una vez era la pelirroja la que se encargaba de contestar las curiosas preguntas de Noah. Y siempre tenía una respuesta buena.
La cena pasó tranquila aunque algo rondaba por la cabeza de Silvia. Aún no habían hablado de lo de David, y le parecía tremendamente extraño. Pepa dijo que no importaba, que la quería… ¿Y ya está? No, ella no era así. A veces tenía intención de preguntárselo pero le daba miedo crear tensión. Ahora que Iker les había traído de nuevo la felicidad, no quería perderla por una absurda discusión.
Pero el tiempo y las experiencias le habían enseñado que guardarse las cosas no era bueno, pues después saldrían todas a la vez en forma de un tornado, destrozándolo todo a su paso.
-Venga, a la cama-Ordenó Pepa apagando la televisión con el mando a distancia.
-¿Ya?-Preguntó Noah sin ganas-. Un ratito más, porfa…
-El programa ha acabado, son las once y mañana vamos al cole a recoger tus notas.
-Va, que esta noche me toca a mí contaros el cuento-Intentó tranquilizar Silvia.
La niña, a regañadientes, se dispuso a dirigirse a la habitación, pero se giró en cuanto vio a Silvia coger a Iker en brazos. A pesar de ser tan tarde no estaba dormido, y es que pasaba casi todas las noches durmiendo de un tirón. El niño comía y dormía estupendamente, el único inconveniente que veían era que no parecía dispuesto a hablar.
-¿Por qué se lo cuentas también a Iker?
-Pues porque a él también le gusta escuchar cuentos.
Noah miró a su hermano con mala cara.
-Pero es muy pequeño, que se quede dormido con mami.
-No seas egoísta, Noah-Dijo Pepa desde el sofá-. No empecemos como siempre ¿vale?
Ella asintió con poca gana y frunció el ceño. Pepa sonrió. Los celos de su hija a veces se notaban más de la cuenta, aunque era normal. Hasta que el niño no cumpliese los tres o cuatro años, esos celos no desaparecerían. Además, también habían acostumbrado mal a Noah, ya que desde el principio fue la princesita de todos. Su abuelo estaba loco con ella y ahora, cuando iban al parque, él se quedaba haciéndole carantoñas a Iker en el carrito. Sus primos siempre se quedaban cuidando de Noah, jugando con ella, y desde que el niño había nacido, las sonrisas estaban repartidas. Sus madres la habían protegido siempre, había sido la niña bonita, a la que contar cuentos, a la que bañar, con la que discutir… y ahora hasta los propios cuidados se compartían. Pepa sabía que no estaban dejando de lado a Noah, que no se centraban exageradamente en Iker, y que no provocaban ellas mismas los celos, simplemente… Simplemente la niña había sido siempre el centro de atención, se había hecho un trono en el centro de casi todos, y por primera vez, alguien parecía destronarle.
-¿Qué cuento quieres?-Preguntó Silvia.
-Me da igual-Últimamente esa era la respuesta. Estaba un poco cansada de tener siempre los mismos libros.
Noah estaba apoyada en la pared y su hermano se frotaba los ojos, tumbado boca arriba.
La pelirroja rebuscó entre los cajones y vio varios folios, todos dibujados. Los sacó para curiosear. Su hija había dibujado lo que parecían ser princesas, o hadas, o niñas.
-¿Y esto?
Noah se mordió el labio inferior y se encogió de hombros. Le daba un poco de vergüenza.
-Un cuento.
Silvia la miró sorprendida.
-¿Lo has hecho tú?
-Todavía no está terminado.
-¿Y cuando esté terminado me lo vas a contar?
Ella asintió un poco avergonzada. Su madre se sentó a su lado con otro de los libros y le dio un enorme beso. Noah sonrió y se abrazó a ella.
-Érase una vez…-Comenzó.
-Mami.
Silvia la miró y cerró el libro. Estaba segura de que su hija tenía dudas sobre algo y cuando Noah quería hablar, se hablaba.
-Dime.
-¿Por qué hacen falta un niño y una niña para hacer un bebé?
La pelirroja sonrió dulcemente y acarició el pelo de su hija.
-Pues porque es como hacer un pastel. Nosotras no hacemos un pastel solo con harina ¿a que no? Necesitamos más cosas-La niña negó con la cabeza-. Pues pasa igual, cada uno pone un ingrediente que el otro no tiene.
-Y los pasteles crecen en el horno y los niños en la barriga, ¿verdad?
Silvia asintió encantada.
-Ay que ver lo lista que es mi niña.
Noah no quiso preguntar qué hombre había puesto el ingrediente para que ella naciera, pero sí se atrevió a formular la siguiente pregunta:
-¿Y yo? ¿Salí de tu barriga o de la de mamá?
-De la de mamá.
-¿Cómo Iker?
-Sí-Silvia cogió a su hijo y lo acunó entre sus brazos. Ya estaba medio dormido. Noah la miró-. Aunque tú dabas más pataditas que él.
La niña sonrió y miró a su hermano.
-¿Y tú nos quieres tanto como mamá aunque no hayas puesto el ingre… ingeden…?
Silvia la miró con ternura y le dio un golpecito en la nariz.
-Mi vida, eso no tiene nada que ver. No todas las personas que tienen hijos, es porque han puesto los ingredientes. Los quieren mucho, como yo a vosotros.
-¿A Iker también?
-También.
-Oh…
La conversación duró unos minutos más, hasta que Iker se durmió por completo. Silvia lo dejó en la cuna y después arropó su hija, a la que besó con cariño.
-Mami… ¿Mamá y tú os vais a volver a separar?-Preguntó antes de que la pelirroja saliera por la puerta.
Esta se quedó un poco petrificada con la pregunta. ¿Por qué tenía tanto miedo de decirle claramente que no?
-No, mi vida. Buenas noches.
-Buenas noches.
Entrecerró la puerta y se apoyó en la pared del pasillo, ausente. Pensaba en la pregunta de su hija, en su tardanza en contestar. Apretó los puños y cerró los ojos. No quería ni imaginarse otra vez sin ella. Quería que todo saliese bien, esta vez sí.
-¿Qué haces ahí?-Preguntó entonces la morena, que iba camino al dormitorio, sobresaltándola.
Silvia se separó de la pared se acercó hasta ella y la abrazó. Pepa sonrió, rodeándola también con los brazos.
-Ya va siendo hora de que hablemos ¿no?
La morena se separó de repente, puso los ojos en blanco, fue al dormitorio y cuando Silvia llegó a él, la vio con la almohada y una manta en la mano.
-¿Qué haces?
-Irme al sofá, voy a acabar allí ¿no?
-¡Pepa!
La morena sonrió y le sacó la lengua. Silvia le empujó y finalmente se sentaron juntas en la cama.
-A ver, cuéntame tus penas.
-Hablo en serio, Pepa.
-Vale, vale.
-Sabes de lo que quiero hablar.
-Sí, pero no sé por qué quieres hacerlo.
-Pues porque tú no quieres.
Pepa frunció el ceño, extrañada.
-Pues por esa regla de tres, ahora debería hacerte cosquillas o pellizcarte, ya que no quieres.
-Pepa, ¿te centras?
La morena volvió a poner los ojos en blanco y se tumbó en la cama, suspirando.
-Dispara-Dijo con poca gana.
Silvia se tumbó a su lado, de costado.
-¿Por qué no quieres hablar de lo de David?
-Porque ocurrió hace cuatro meses, porque él está en la cárcel, porque tú no hiciste nada malo y porque no hay nada de qué hablar.
-Me acosté con él.
Silencio. Pepa se puso un poco más seria, dejando las bromas atrás. La miró fijamente a los ojos.
-¿Por qué me lo dices?
-¿No lo sabías?
-Sí, pero…
-No quiero que nos guardemos cosas, Pepa-La morena volvió a suspirar y se sentó otra vez. Silvia la imitó-. Noah me ha preguntado si nos vamos a separar otra vez y me ha sido difícil decirle que no. Porque ya le hemos fallado varias veces, y lo hicimos antes incluso de que naciera. Por eso ahora quiero hacer las cosas bien.
-Y… para ti, hacer las cosas bien es decir que te has acostado con otro.
-No, para mí hacer las…
-A ver, si quieres hablar, hablamos. ¿Quieres saber lo que pienso? Pienso que me tendrías que haber contado tu infiltración, que me tenías que haber dejado que te lo impidiera.
-Es que precisamente para que no me lo impidieras, no te lo dije. Estabas embarazada y no podías proteger a Noah frente a algo externo de la misma forma que lo hacías antes.
-Ya, pero me sentí una mierda cuando Sara me dijo que me estabas siendo infiel, Silvia.
-Y yo le dije que no te lo contara.
-¡Es mi sobrina!
-Y la entiendo, pero sabía que tarde o temprano atraparían a David, por eso no quería que te lo contara, para no preocuparte innecesariamente.
-Bueno, pues me sentí una completa idiota.
-Y yo me sentí súper culpable, pero ¿qué podía hacer? ¿Le negaba un beso para después escuchar como os amenazaban? Lo hice por vosotras.
-Y lo entiendo, si no lo entendiera no estaría aquí, contigo, muriéndome por besarte.
Silvia no se esperaba aquella contestación y sonrió. Negó con la cabeza para centrarse y a Pepa también se le escapó una sonrisilla.
-Quería hablar en serio para que no tuvieras preocupaciones y que después salieran todas juntas otra vez.
-Vale, y esta vez yo te digo, en serio, que nada me ronda ya por la cabeza. Cariño, deja de preocuparte. Tenemos dos hijos preciosos, una hermosa familia y nos tenemos la una a la otra. No voy a cagarla más, y sé que tú tampoco, confía un poco en nuestra relación.
-Vale…
Pepa la besó.
-Además, tengo un regalo de navidad muy especial para ti.
-¿Ah sí?-Esta vez fue Silvia la que la besó.
-Sí-Beso.
-¿Qué es?-Beso.
-Si te lo dijera, no sería sorpresa. Solo imagínate unos días sin niños correteando por la casa, o llorando, o rompiendo cosas.
Silvia rio y se separó de ella un poco.
-Hace cinco segundos estabas diciendo que teníamos dos hijos preciosos y una hermosa familia.
-Serán preciosos, pero dan un por culo…
Su novia soltó una carcajada.
Se volvieron a besar. Las manos de Pepa recorrieron el cuerpo de su ex mujer, deteniéndose en las manos, con las cuales entrelazó las suyas. Últimamente no habían tenido mucho tiempo para ellas. Tener un hijo más significaba el doble de esfuerzo y de tiempo, y a veces se echaban mucho de menos. Por eso Pepa tenía aquel viaje preparado. Tenía pensado pasar tres días en París, solas, sin despegarse la una de la otra.
Silvia fue la primera en desabrochar la parte de arriba del pijama se su chica. La morena sonrió y aunque le costó separarse de ella, lo hizo para apagar la luz. Silvia la vio caminar por la habitación hasta llegar a la ventana.
-¿Qué haces?
-Hoy hay luna llena, mira-Levantó la persiana y la luz de la luna inundó la habitación-. Romántico ¿verdad?
-Lo sería más si estuvieras aquí-Aseguró dando golpecitos a su lado.
Pepa sonrió y la empujó hasta tumbarla. Se estuvieron besando con pasión, con dulzura, todo a la vez. Silvia le fue bajando los pantalones y Pepa hizo lo mismo, aunque aún no le hubiese quitado la parte de arriba. Besó sus muslos con cariño y Silvia sonrió por las leves cosquillas que las caricias de su ex mujer le provocaban. La morena le fue bajando las braguitas y antes de hacerlo por completo subió a su oído y mordió el lóbulo.
-No voy a dejar ni un milímetro de ti sin acariciar…-Susurró mientras presionaba en su entrepierna. Silvia se encogió y cerró los ojos-. Para limpiar lo que él ensució…
-Lo que él ensució está más que limpio…-Murmuró-. Mmmm… Pero si quieres seguir no voy a ser yo quien te lo impida…
Pepa sonrió y la besó en los labios, compartiendo saliva con la pelirroja. Bajó dando un lento viaje hasta la vagina de Silvia y dejó a su lengua trabajar, como muchas otras noches hacía. Silvia se pasó la suya por los labios y cogió aire para después dejarlo salir en un leve gemido. Pepa se separó un poco y soltó una risita. La pelirroja la miró con cara de reproche y de duda a la vez.
-¿Qué pasa?
-Que me haces gracia… Desde que tenemos a Noah, empezaste a ponerte la almohada en la cara para no hacer ruido, y ahora ya no te hace falta. Te has ido entrenando.
Silvia bufó como si aquello fuese una tontería pero acabó sonriendo también.
-Pues no será porque no me cuesta…
-No te preocupes-Introdujo uno de sus dedos y comenzó con un movimiento de vaivén. Subió para besarla de nuevo, aunque a Silvia ya le costaba respirar-. Dentro de poco vas a poder gritar todo lo que quieras.
- A ver si es verdad… Ah…
Pepa acarició su clítoris con el dedo pulgar y cuando la notó temblar se separó lentamente de ella. Silvia llegó al orgasmo pronto aquella noche porque ambas querían que fuera así. Cuando lanzó el último suspiro y se dejó caer en el colchón con los ojos cerrados, la morena sonrió con dulzura. Silvia abrió los ojos unos segundos después, tragando saliva.
-¿Qué haces?-Le preguntó.
-Te miro.
-¿Por?
-No sabes lo preciosa que estas así, desnuda, bañada por la luz de la luna.
Silvia alargó una mano para acariciar la mejilla de Pepa, que estaba sentada. La miró también con todo el cariño que pudo.
-Anda ven…-Extendió ambos brazos y Pepa la abrazó, dejando su peso caer encima del cuerpo de la pelirroja-. Te quiero.
-Y yo a ti-La apretó junto a sí misma-. Después de todo lo que hemos pasado, te sigo queriendo como el primer día.
Se separó un poco y la besó con ternura. La luna seguía aportando luz plateada a la habitación y Pepa disfrutó de ella acariciándole la cara, los labios, el cuello… Se metieron bajo las sábanas y continuaron abrazadas. Pepa ya se había olvidado del sexo, le pasaba a veces cuando veía a Silvia mirándola tan tierna, diciéndole que la quería. La pelirroja aún se sentía culpable, pero pensó en Noah, su preciosa niña, que iba creciendo poco a poco; en Iker, que era una ricura; pero sobre todo en Pepa, a su lado, abrazándola y… Y aunque sentía que no se lo merecía, lo agradecía infinitamente. Porque haría lo que fuera por ellos, por su familia. Quería a sus hijos y amaba a su novia. De lo único que se arrepentida en ese momento, era de las cosas que las habían separado. Y ahora sí, lo que más deseaba, era pasar el resto de su vida con la mujer que le había traído luz, amor y el mismísimo cielo.
26 de Diciembre.
Silvia
(*) Despertamos muy temprano esa mañana. Serían las seis más o menos cuando sonó el despertador y, seguidamente, un gruñido de Pepa. Qué vaga era…
Bostecé, abrí los ojos para apagar el aparato, y me coloqué boca arriba. Pepa dormía boca abajo, rodeándome la cintura con el brazo.
-Es muy temprano…-Dijo, o intentó decir. Si hubiera alguien más en la habitación no la habría entendido, su idioma mañanero solo lo entendía yo.
-Ya…-Cerré los ojos-. Pero nos vamos a París-Los abrí de repente y sonreír-. ¡Nos vamos a París!
Me levanté con energía y salí de la cama. Pepa se acurrucó en sí misma, la verdad es que hacía mucho frío, pero a mí me daba igual. ¡París! ¡Nos íbamos a París! Pepa y sus regalos, cómo no. Cuando vi los billetes de avión pegué tal chillido que Iker se sobresaltó, aunque comenzó a reír en cuanto me vio dando saltitos. Estaríamos tres noches y dos días en la ciudad del amor y, aunque sonara mal, ¡solas! ¡Sin niños!
-¡Venga, levanta!
-No… déjame dormir…
Me coloqué de rodillas en la cama de un salto y la hice botar. Ella se colocó la almohada en la cabeza.
-¡Pepa!
-Maldito el día en que reservé el vuelo para las once menos cuarto de la mañana… maldito el día…
-Bueno, preparo el desayuno y cuando esté listo te llamo ¿vale?
-Ang…
Lo traduje como un sí.
Me puse la bata con una sonrisa y encendí la luz de la cocina, no sin antes cerrar la puerta de la habitación de los niños. Mientras enchufaba la tostadora comencé a tararear, y con un pequeño bailoteo preparé los cafés. Estaba radiante de felicidad. Esperando a que la leche de Iker se calentara y que las tostadas se hicieran, me apoyé en la encimera. Casi no podía creer que las cosas fueran tan bien. La comisaría tenía más o menos controlados a la banda y por ahora no nos pasaría nada. David estaba en la cárcel, Aitor en el extranjero y yo… yo me iba a Francia con mi mujer. Bueno, mujer no, ex mujer. Novia quizás sea el mejor término para nombrarla, aunque queda un poco infantil. Pareja, amante… Da igual, la mujer de la que estaba locamente enamorada me llevaría a París y mi mundo empezaba a sonreírme de verdad.
Escuché la campanita que anunciaba que el biberón ya estaba caliente y lo saqué para que se fuera enfriando. Metí el vaso de Noah y fui a despertar a los niños.
-¡A despertarse!-Grité encendiendo la luz, sobresaltando de nuevo a mi hijo, que esta vez sí que estaba profundamente dormido y se molestó bastante, por lo que comenzó a llorar. Me acerqué a la cuna mordiéndome el labio inferior, dándome cuenta de que no debería haber gritado. Cogí a Iker en brazos-. Ay, perdona mi amor. Ya está, ya pasó…
-Jo, mami…-Murmuró mi hija sin abrir los ojos. De tal palo tal astilla…-. Ni siquiera es de día.
-Pero nos tenemos que ir pronto. Seguro que Sabina ya te espera impaciente.
Fue ella esta vez quien abrió los ojos de pronto y se incorporó.
-¡Es verdad! ¡Me voy a casa de Sabi a dormir!
-Sí-Miré a mi hijo, que seguía lloriqueando-. Y tú no me llores más, cariño, que te vas a ir con el tito Paco, verás que bien te lo vas a pasar con él y con la tita Lola.
-¿Iker no viene conmigo?
-No, te vas a librar de tu hermano unos días.
Pensé que saltaría de alegría pero me miró no muy convencida. Fui a la cocina con Iker haciendo pucheritos y Noah siguiendo mis pasos. Senté al niño en su sillita y, mientras echaba cacao en el vaso de mi hija, la observé. Le ponía caritas a Iker y este ya sonreía. Me pareció una dulce escena.
-Mamá-Me llamó, yo hice como que no estaba mirando-. ¿La tita Lola sabe cuidar bebés?
-Pues claro que sí-Dije con tranquilidad-. Cuidó de Sara y de mí.
-¿De ti?-Me miró muy sorprendida y yo asentí, orgullosa. Le dejé el vaso de leche con cacao en la mesa.
-Era mi hermana mayor, como tú con Iker. Y como yo no tenía mamá, pues ella me tenía que cuidar a mí.
-¡Hala!-Miró a su hermano y le quitó algunas lágrimas secas que antes había dejado salir-. Pues a Iker no le va a pasar nada si se va con ellos.
-Claro que no-Aseguré, cogiendo a mi hijo en brazos de nuevo, que ya miraba el biberón con ganas. En eso era como Noah. Con su edad, ella también comía muy bien, aunque él estaba más gordito.
Lo acuné en mis brazos mientras le daba el biberón y también miré a Noah. Todo lo que había deseado estaba a mi alrededor. Después del disparo en el estómago perdí toda esperanza de ver lo que ahora veía. A mi hija, mordiendo la tostada un poco somnolienta, a mi hijo, en mis brazos, chupando de la tetina del biberón. Y a la madre de mis hijos, que aunque no la veía, sabía que estaba medio dormida, en la cama donde tantas veces habíamos hecho el amor. Bueno, a ella no me la había imaginado nunca. Mi sueño era uno muy parecido, pero con un hombre en esa cama, en vez de una mujer. Y aun así, ahora no cambiaría aquello por nada. Incluso si finalmente hubiese acabado con Pepa aquella vez cuando discutimos sobre tener hijos, creo que la que estaría ahora en mi cama sería una mujer. Porque me acostumbré a ello, porque lo vi normal, como lo que era. Al final había tenido que verme en una situación como aquella para quitarme la venda de los ojos. Pero no, no hacía falta imaginarme con otra mujer, porque yo tenía a la mejor.
-Cariño-Llamé a Noah. Me había hecho gracia eso de que pensara tanto en su hermano-. Te preocupas mucho por Iker ¿verdad?
Ella me miró un poco avergonzada. Era tan orgullosa y cabezona como yo.
-Bueno… es mi hermano y es un bebé.
-Pues así debe ser siempre, ¿vale? Él te quiere mucho-Ella asintió con una sonrisa tímida, me encantaba verla así. Era toda una princesita-. Anda, corre. Ve a llamar a mamá, que por este camino, hoy no sale de la cama. (*)
…
Pepa conducía por las calles de Madrid a una velocidad más o menos normal. Habían dejado a los niños en casa de Rita y Paco respectivamente. Casi eran las ocho de la mañana y aunque a ella le parecía excesivo llegar tres horas antes al aeropuerto, conocía a Silvia, y sabía que si no llegaban pronto, se desquiciaría. La miró y sonrió al verla feliz, con ese gorrito rosa de lana que la hacía tan mona, cantando la canción que sonaba en el coche. Hoy quería regalarle todas las cosas a su novia, así que le dejó poner de nuevo el disco de Chayanne. Se sabía todas las canciones.
-¡Qué bonita!-Exclamó cuando terminó-. ¡Ahora viene una aún mejor!
En cuanto la morena escuchó la música, subió el volumen. Al final se había aprendido algunas, y a decir verdad, le encantaba la que comenzaba.
Silvia fue a decir la primera palabra, pero calló en cuanto escuchó a Pepa.
-En palabras simples y comunes "yo te extraño"…-Silvia sonrió-. En lenguaje terrenal "mi vida eres tú".
Vio como Pepa la miraba y callaba, por lo que la pelirroja cantó las siguientes frases.
-En total simplicidad sería "yo te amo"… Y en un trozo de poesía, "tú serás mi luz, mi bien… el espacio donde me alimento de tu piel que es bondad, la fuerza que me mueve dentro para recomenzar, y en tu cuerpo encontrar la paz".
Pepa alzó la mano para que callara y después se la puso en su propio pecho, haciendo teatro para que Silvia riera. Y lo hizo, cuando la vio cantar con aquella excesiva fuerza.
-"Si la vida me permite al lado tuyo, crecerán mis ilusiones, no lo dudo. Si la vida la perdiera en un instante, que me llene de ti, para amar después de amarte, vida"
Silvia empezó a reír aún más y Pepa no pudo seguir, ya que soltó también una carcajada.
-¡Tú cantando! ¡Tendrás fiebre!
-¡Estoy contenta!
-¡Y tanto! Como mucho te da por tararear, no más.
-Además, esta canción me recuerda a ti. A nosotras.
Silvia sonrió tiernamente y aprovechó que estaban en un semáforo para besar con cariño a su ex mujer. Se separó justo en el momento para seguir cantando lo que venía después del estribillo.
-Para tu tranquilidad, me tienes en tus manos…-Cantó, aunque mirando a Pepa, diciéndoselo a ella.
Lo mismo hizo la morena que también la miró para decir la siguiente frase.
-Para mi debilidad, la única eres tú.
-Al final tan solo sé que siempre te he esperado-Se encogió los hombros, mostrándole que era verdad, que no podía haberlo remediado. Es lo que había pensado por la mañana. Pepa era esa persona que le había quitado la venda, esa que nunca se imaginó que encontraría, pero que encontró, dándose cuenta de que de verdad y sin darse cuenta, la había estado esperando.
La pelirroja esperaba que Pepa continuara cantando, pero apagó la radio ya que entraban en el parking del aeropuerto.
-¡Ya llegamos! ¡Qué nervios!-Exclamó la pelirroja quitándose el cinturón, dispuesta a abrir la puerta cuando Pepa apagó el motor.
-Espera, espera, espera…-Murmuró la morena quitándose el cinturón también y cogiéndole de la mano-. Ven aquí.
Tiró de ella hasta poder besarla, y no fue un beso corto. Silvia cerró los ojos y rodeó el cuello de Pepa con sus brazos. La más alta profundizó el beso y los pocos ruidos del exterior desaparecieron por completo, haciendo parecer que en aquel momento solo estaban ellas dos. Silvia se separó para respirar y miró a ambos lados. Nadie las veía pero tampoco estaban solas allí dentro. Los coches y pasajeros se veían caminar a los lejos.
-¿Y esto por qué?
-Porque no sé lo que va a pasar en el viaje, ya que siempre discutimos cuando salimos de Madrid.
-Oh…
-Bueno, y porque estás irresistible con ese gorrito rosa.
Silvia sonrió pícara.
-Ah, te gusta, ¿no?-Le dio un pico y Pepa asintió-. Ya veo… Y me pones a caliente sabiendo que aquí no podemos hacer nada, solo porque te gusto con el gorro.
Pepa abrió los ojos con fingida sorpresa.
-¿Te has calentado? No era esa mi intención…
-Ya…
-En serio…-Le dio un beso corto-. Mi intención era calentarte y después hacerlo en el coche.
La besó más intensamente y coló las manos por debajo del jersey de Silvia, esta sonrió y se apartó.
-Pepa, aquí no, que pueden vernos.
-Ya decía yo que no colaba. Bueno, pero por lo menos espero que se cumpla una de mis fantasías sexuales.
-A ver, asústame.
-Hacerlo en los lavabos de un avión.
-¡Mira que eres cerda!-Exclamó dándole un empujón.
Salió del coche sonriendo y Pepa hizo lo mismo. Antes de abrir el maletero para sacar las maletas, la morena se pegó a la pelirroja por detrás.
-Reconoce que antes no lo habías pensado-Le susurró al oído-, pero ahora te mueres por hacerlo.
-¡Pepa!
La susodicha soltó una carcajada y abrió el maletero. Al ver las maletas ya fuera y escuchando los típicos sonidos del aeropuerto, se le iluminó a la cara. Se iban a París. Se iban a la ciudad del amor.
-¡Pepa, mira!-Exclamó la pelirroja mirando por la ventana del hotel.
Era un hotel caro, con unas vistas preciosas donde también, a lo lejos, podía verse parte de la Torre Eiffel. Estaba un poco nublado y hacía muchísimo frío. En el hotel anunciaban -3 ºC y aunque estaban heladas, lo cierto era que estaban impacientes por salir.
-Venga, vamos-Animó Pepa.
-¿Ya sabes dónde ir?-Preguntó Silvia colocándose el gorro y la bufanda.
-Por supuesto, lo tengo todo planeado.
La más baja la miró con mala cara.
-A ver dónde me llevas…
-¡Eh! ¡Ten más confianza! Estaba muriéndome por hacer un viaje a solas contigo y ponerme todo lo romántica que no puedo estando en casa con los niños. Así que basta de quejas y limítate a seguirme.
Silvia sonrió y la besó cortamente. Salieron del hotel abrochándose bien los abrigos y se cogieron de la mano. Ya mismo anochecería puesto que eran casi las cinco, pero eso le venía a Pepa como anillo al dedo.
-¿Crees que nevará?-Preguntó la morena mirando al cielo.
-Pues eso espero, así será todo más bonito.
El hotel estaba cerca de la catedral de Notre Dame así que fueron allí antes que nada. Pepa se adueñó de la cámara de fotos y le hizo unas cuantas a Silvia sin que se diera cuenta. Vieron la catedral por dentro, los alrededores, se hicieron muchísimas fotos y, antes de darse cuenta, era de noche.
-¿Tienes algo pensado por la noche?
-Sí, vamos.
Silvia se dejaba guiar con facilidad. Se aferró a la cintura de Pepa y disfrutó de aquel aire gélido que el París nocturno le regalaba, pegándose más a la morena y sintiendo como esta la apretaba.
Poco a poco y a medida que se acercaban, Silvia fue suponiendo hacia dónde se dirigían.
-¡La Torre Eiffel!-Exclamó dando un salto. Pepa sonrió.
-Y lo mejor no es que vamos a subir, sino lo que vamos a hacer allí.
Silvia se puso seria de repente y la miró con reproche.
-Tú nunca te cansas ¿verdad?
-¡No me refiero a eso, idiota!-Dijo, empujándola-. Intento ser romántica y te vas al lado sexual…No tienes remedio. Pues ahora no subimos, te aguantas.
Pepa se dio la vuelta fingiendo enfado y Silvia le cogió de la cintura por detrás, sonriendo. Parecían dos adolescentes y les encantaba.
-¡No! ¡Va, ya me callo!
-¿Vas a subir sin rechistar?
-Pero si yo no he rechistado.
-Bueno, por si acaso.
-Sí, voy a subir sin rechistar.
Pepa sonrió y se dio la vuelta de nuevo para poder cogerla también por la cintura.
-Y vas a aceptar todo lo que tengas que aceptar.
Silvia se extrañó, miró a hacia la torre y después volvió a mirar a su ex mujer.
-¿Qué has hecho?
-Sube y lo descubrirás-Silvia puso los ojos en blanco y Pepa sacó la cámara-. Pero antes, vamos a hacernos una foto con la Torre Eiffel de fondo ¿no?
A la pelirroja se le iluminó la cara.
-¡Sí!
Se hicieron unas cuantas, incluso le pidieron a un señor que pasaba por allí que les hiciera un par de ellas.
Como Pepa tenía pensado, las colas eran mucho más cortas que durante el día. Subieron en el ascensor, y aunque Silvia quería bajarse en otros pisos, Pepa esperó a que llegaran a uno de los últimos. Cuando se abrieron las puertas los ojos de Silvia se abrieron mucho más y Pepa sonrió satisfecha. Había valido la pena gastar los pluses que Don Lorenzo le había dado en aquello. Era increíblemente hermoso.
Se trataba de un restaurante con una leve iluminación y vistas a París desde casi lo más alto de la torre. Casi todas las mesas estaban ocupadas por parejas y había bastante silencio.
-Maria José Miranda-Dijo Pepa cuando un señor mayor se acercó a ellas. Era uno de los camareros y la chica sabía que tenía que decir su nombre para la reserva. No entendía ni hablaba francés y pensó que sería muy difícil hacerla, pero era un lugar muy bueno y le hablaron en español.
-Por aquí, s'il vous plaît.
Silvia aún no salía de su asombro y miró a Pepa sin creérselo. Esta le dio un leve empujoncito para que siguiera al camarero, y cuando este se marchó y se sentaron la una frente a la otra, Silvia tragó saliva.
-Pepa… Esto es… Joder, ¿cuánto te ha costado?
-Es un regalo, no puedo decírtelo.
-Pero… Dios, te has pasado muchísimo, de verdad. Estoy por levantarme e irme de aquí.
-Dijiste que lo aceptarías todo.
-Ya pero…
-Calla ya y mira-Señaló el ventanal. La mesa era una de las mejores, se veía casi todo París desde allí, iluminado.
-Es precioso. Gracias, mi amor.
Pepa sonrió tierna y estiró una mano por el mantel. Silvia se la cogió y continuaron mirando el paisaje. Jugaban con sus dedos, los acariciaban y se miraban durante minutos sin apartar la vista, solo con amor.
-¿Cuánto hacía que no pasábamos unos momentos a solas, como antes?-Preguntó la morena.
-Como antes, lo que se dice como antes… Desde que nació Noah.
Pepa asintió.
-Por fin tenemos un respiro.
Silvia cambió su expresión de feliz enamorada a una un poco más preocupada. Ahora que lo pensaba, Pepa siempre había sido de esas, de las que regalaban viajes si era posible, a la que le encantaba estar con su pareja a solas, queriéndola. Por eso tuvo tanto miedo cuando dijo que quería un hijo, porque sabía que lo hacía por su mujer, más que por ella misma.
Pepa le apretó un poco la mano y Silvia volvió a levantar la mirada.
-¿Qué pasa?
-Que en parte esto es mi culpa.
-¿El qué?
-Que apenas tengamos tiempo para nosotras, que tengamos que estar centradas en los niños y… Ya sabes, yo era la que quería tener hijos.
-Si no recuerdo mal, fui yo quien lo propuso.
-Ya pero… ¿Recuerdas las dudas? Yo no quería que lo hicieras por mí para que no pasara esto. Ahora tienes que gastarte la mitad de tus ahorros solo para poder estar conmigo a solas.
-No, no, no. A ver, si yo quisiera estar contigo a solas sin gastarme la mitad de mis ahorros, mandaba a los niños a casa de Rita y Paco y nos íbamos al parque que hay al lado de casa. He hecho esto porque me apetecía, porque quería que estuviéramos en París, solas, haciendo un viaje de pareja.
-Ya…
Pepa no la vio muy convencida y suspiró. Acercó más la silla a la mesa y alargó el brazo para acariciarle la cara.
-Cariño…
-Es que no me entiendes. Podías haber disfrutado mucho más si no te hubieses atado tanto a mí. Por mí tuviste a Noah, aunque lo niegues.
-Vale, pensé más en mí que en ti en ese momento, pero siempre lo hago.
-Yo no quiero que pienses siempre en mí.
-Pero es que te quiero-Hubo un silencio y Silvia no pudo evitar sonreír-. Puede que en aquel momento no me viese con un hijo en brazos, quería disfrutar un poco más, desatarme, estar contigo como siempre, hacer viajes, pasar días encerrada en casa simplemente por estar a tu lado… Pero llegaría a los cincuenta, se me habría pasado el arroz y ya jamás podría tener un hijo.
-Podríamos haber esperado más si quisieras.
-Pero yo quería dártelo en ese instante. Ahora no cambiaría a Iker y Noah por nada en el mundo, no me arrepiento.
-¿Nada?
-Hombre… Cuando Noah se pone a patalear o Iker llora por las noches, sí que me gustaría tirarlos por la ventana, pero supongo que sería un poco violento.
Silvia soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza.
-Supongo que ya no hay marcha atrás.
-¿Eso significa que tú sí te arrepientes?
-Para nada-Dijo Silvia segura-. Esta mañana viví una escena que siempre había querido vivir desde que me quedé embarazada y aborté. Yo, con mis hijos y la persona que más quiero al otro lado de la pared.
Pepa acarició de nuevo la cara de Silvia.
-¿Ves?-Dijo, mirándola con cariño-. Ahora hablas del aborto y apenas le das importancia. Eso hace que todo lo que hemos hecho valga la pena.
Silvia se lo pensó y acabó asintiendo. Pepa volvió a sujetarle la mano.
-Te quiero.
-Y yo a ti.
…
Silvia
(*)Entramos besándonos a la habitación, comenzamos en cuanto salimos del ascensor. Me parecía tremendamente gracioso verla abrir la puerta un poco torpe, porque cuando me besaba se perdía, y no por querer llegar pronto a la cama, sino porque quería darme todo el amor del mundo y solo tenía un par de labios y un par de manos.
Creo que por eso quiero a Pepa. Porque lo da todo por mí sabiendo que yo también lo doy todo por ella.
Cuando abrió sonreí y en cuanto cerró la puerta detrás nuestra la empujé hasta que se chocó con ella. Con los ojos cerrados podía sentir que sus manos viajaban incansables por mi cuerpo, y a la vez, dejaba que las mías se perdieran en el suyo.
Aquel día había sido maravilloso, y nos quedaban dos más. Solo de pensarlo toda la tensión y las prisas desaparecían. (*)
Pepa
(*) A veces sentía que no había suficientes formas de demostrarle que la amaba. Existían pocas palabras y no tenía el poder de regalarle la luna o una de las millones de estrellas. Aún así sabía que para ella era suficiente, siempre era suficiente. Si se lo pidiera, se vendría a vivir bajo un puente con tal de estar conmigo. Pero es que yo me tiraría del mismo para estar con ella.
Los abrigos cayeron al suelo y el resto de la ropa no tardó demasiado en hacer lo mismo. La separé un poco antes de tumbarnos en la cama, solo para verla así, sonriente, seductora, con una fina camisa y la ropa interior, y sonrojada, como siempre cuando hacíamos el amor. Me gustaba mirarla, me hacía sentir como en un sueño. A veces dudaba de si de verdad estaba conmigo, porque era perfecta. (*)
Silvia
(*) Sabía que le encantaba mirarme así que yo también lo hice, pero a los ojos, con toda la dulzura del mundo. De pronto, esa noche, lo notaba todo tan… puro. Era como si hubiéramos empezado de nuevo, como si nos estuviéramos diciendo la una a la otra que se había acabado la tristeza, que nada nos separaría esta vez. Me cogió de nuevo de la cintura y me besó con pasión. Yo la envolví con mis brazos y dejé que jugara con mi lengua. Fui tirando de ella hasta que caímos en la cama. Abrí los ojos al notarla encima mía y sonreí. Me encantaba sentir su peso sobre mí, su calor. Me deshice fácilmente de su camisa y cuando comenzó a besarme el cuello la abracé. Para sentirla cerca, para saber que estaba ahí. Entre nosotras, exceptuando los malos momentos, nunca fue solo sexo. Nosotras no nos acostábamos, nosotras hacíamos el amor. A veces con más lujuria, otras con menos, pero siempre había una mirada entre nosotras, un beso dulce, una tierna palabra que nos recordara que sobre todo había amor. (*)
Pepa
(*) Le dejé una pequeña señal. Sus manos ya me acariciaban la espalda con tranquilidad y en su cara se reflejaba la misma relajación. Sus ojos, los más bonitos a mi ver, estaban cerrados, haciendo así a los otros sentidos esforzarse para sentir más de lo que ya sentían.
Mientras me deshacía de su camisa y su sujetador pensé en lo que la quería. Le dije palabras bonitas, la conquisté, le regalé un hijo, la llevé a Málaga, ahora a París, hice que se olvidara de su aborto… ¿Y qué? ¿Qué era eso comparado con lo que ella me había dado? Porque me había dado la vida. Me había dado la cordura que perdí siendo muy joven, llenó de luz un mundo que estaba empezando a ser oscuro cuando me planteé irme de Madrid, me hizo madurar ya que pensé en formar una familia… Y explotó mi imaginación, ya que solo con ella se me ocurrían esas locuras de pistas, de cartas y de camas llenas de pétalos de rosa.
La miré a los ojos y la besé, esta vez con calma. (*)
Silvia
(*) Con aquel beso y aquella mirada me dijo que me quería. Era lo bueno de Pepa, y es que, con un gesto, podía decir cientos de cosas. Yo no tenía esa capacidad de expresión corporal, pero podía decírselo de otras maneras.
-Te quiero…-Susurré cuando el beso se calmó. La volví a besar-. Te quiero-Nos dimos otro corto beso y nos volvimos a separar-. Te quiero-Beso-. Te quiero-Beso.
Ella me abrazó, apretándome. Yo cerré los ojos y respiré el aroma de su pelo. Solo en sus brazos me sentía tan cómoda, tan feliz. Mis manos acariciaron sus pechos ya desnudos y ella me continuó besando. Al principio no sabía si le gustaba o no, puesto que Pepa no era de hacer ruidos, pero poco a poco me acostumbré, y cuando disfrutaba, su respiración se agitaba y apretaba las manos levemente. Besé su cuello y cambiamos de posición, ahora yo me encontraba encima. Nos tapamos con la sábana y mis manos dejaron de jugar con sus pechos, acariciando su vientre. Besé y chupé sus pezones y la noté disfrutar cerrando los ojos. En mi estómago se revolucionaron las miles de mariposas que siempre aparecían cuando nos acostábamos. En cada una podría leerse la palabra "amor", porque eso era lo que sentía por ella, porque ella… porque ella era la única capaz de hacerme sentir así. (*)
Pepa
(*) Bajó hasta mi sexo y acarició la zona más sensible con la lengua. Yo solté un leve suspiro y pronto me penetró, haciéndome sentir sensaciones que no había sentido con ninguna otra y que siempre me regalaba sin saberlo. No se daba cuenta de todo lo que me daba ya que siempre se sentía más inferior, y nunca entenderé por qué. Supongo que debe sentirse como yo cuando la veo tan perfecta, porque yo también dudo de mi capacidad de hacerla lo suficientemente feliz, pero prefiero no discutir. Usó dedos y lengua cada vez a más velocidad y temblé antes de lo previsto. Noté como mis músculos se tensaban con el orgasmo y se relajaban cuando este pasaba, haciéndome caer un poco cansada en la cama. Cansada hasta que ella subía para besarme de nuevo. Mientras nos besábamos le acaricié el trasero. A veces se lo decía de broma, pero definitivamente me encantaba su culo, así, como suena. Lo apreté mientras le mordía el labio inferior y le volví a dar la vuelta, colocándome así encima.
-No te imaginas como me haces sentir con el simple hecho de existir…-Le susurré, consiguiendo que le subiera un escalofrío, pude notarlo. Aquello siempre me salía solo, porque era tan cierto como que el cielo es azul.
-Y tú no te das cuenta de que, si existo, es por ti…
Las palabras que no era capaz de decir cuando estábamos hablando siempre salían cuando hacíamos el amor. La vergüenza desaparecía y de su interior salían cosas mucho más bonitas de las que yo decía. Bajé dando besitos por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna. Besé sus muslos y jugué un poco con su clítoris, haciéndola gemir levemente.
-Ah….
Dios, cómo me gustaba… (*)
Silvia
(*) Estar en el hotel nos regalaba esa opción: la de gritar. Y digo "nos", porque sé que a Pepa le encantaba escucharme. Podía llegar a pensar que lo hacía por ella, pero definitivamente no podía controlarme. Notaba su lengua hacer ejercicio de arriba abajo y sus manos acariciar mis senos de tal manera, que los ruiditos salían sin permiso por mi boca, y más ahora que sabía que los niños no nos podían escuchar.
-Pepa…-Murmuré. Decir su nombre me excitaba aún más, porque la sensación de tenerla acariciándome y la emoción de saber que me quería se unían, haciéndome sentir aún más cosquillas en el estómago.
Noté como bajaba las manos a mi vagina y, antes de introducir algún dedo, subió y me besó, con cariño. Yo ya había comenzado a sudar mientras la hacía disfrutar a ella y ahora estaba mucho más acalorada y, seguramente, muchísimo más colorada. Mientras mordisqueaba mis pezones la noté entrar en mí bruscamente y sin querer solté un gemido bastante sonoro. Ella sonrió, le encantaba. Aunque me era un poco difícil, levanté la mano que apretaba las sábanas y acaricié también su sexo. Quería que llegásemos las dos, juntas.
-Ah… Pepa… Mmmm…
Estaba muy húmeda y esto la excitó más. Utilizó de pronto su pulgar para acariciar a la vez mi clítoris y no aguanté más. Llegué al orgasmo, no sin antes soltar un más que sonoro gemido y conseguir que llegara ella también. (*)
Pepa
(*) Terminamos agotadas y tragué saliva cuando me dejé caer de costado en la cama, sudando. Miré a Silvia y la vi aún con los ojos cerrados, respirando agitadamente y, como yo, con el corazón a mil. Sonreí cuando abrió los ojos y me miró, humedeciéndose los labios con la lengua. Entrecerró los ojos por el cansancio aunque los abrió de nuevo para mirarme otra vez y alargar la mano hasta acariciar mi mejilla un tanto humedecida.
-Te amo-Dijo. Aquello era lo más grande que me podía decir, lo más hermoso.
-Y yo a ti, cariño.
¿Qué otra cosa iba a contestarle? Solo se que antes de dormirme me regaló una de aquellas miradas que transmitían tanto. Ella decía que no era capaz de decirme nada con una mirada, pero se equivocaba. Podía leer su corazón a través de sus ojos y, por suerte, en él estaba tallado mi nombre. A veces, solo de pensarlo, se me ponían lo vellos de punta. (*)
20 Febrero.
- ¡Te deseamos todos, cumpleaños feliz! ¡Bien!
-¡Pide un deseo, cielo!-Exclamó Pepa.
Noah cerró los ojos y después sopló con fuerza. Apagó las cinco velitas y todos aplaudieron. En el chalet de Sara estaban todos los invitados con una sonrisa en la cara, sobre todo la cumpleañera, que había recibido ese día regalos, besos, abrazos, y mucha más atención que su hermano. La anfitriona de la casa también sonreía con Sergio en brazos. El niño tenía ya dos meses y unos ojos tan azules como los de Noah. Los había heredado de su madre. Aun así también se parecía a Lucas, quien estaba babeando con su hijo. Sara se había vuelto a enamorar cuando vio aquella faceta de padre que no conocía.
-¿Qué has pedido, Noni?-Preguntó Sabina. La llamaba así cariñosamente.
-Eso no se dice, que sino no se cumple-Aseguró Don Lorenzo.
-¡A ver! ¡¿Quién quiere tarta!?-Preguntó Pepa en voz alta acercándose al pastel de chocolate.
Paco se acercó con la mano en alto, haciendo un poco el tonto para que las niñas rieran. Pepa metió el dedo en la tarta y llenó de chocolate la cara de su hija, que comenzó a reír intentando atrapar a su madre. Silvia, con Iker en brazos, miraba divertida la escena.
Él ya tenía seis meses y aún no había hablado. Hacía sus intentos, balbuceaba, decía sílabas… pero nunca una palabra entendible. No era preocupante pero ambas madres estaban impacientes.
-¡Ta!-Exclamó moviéndose en los brazos de la pelirroja. Su madre sabía muy bien lo que quería, sobre todo viendo como Noah se sentaba en la alfombra con Sabina a comer su trozo de tarta.
-Vale, al suelo, al suelo…-Murmuró Silvia dejándolo cerca de su hermana.
Se escuchó un llanto y todos miraron a Sergio, que berreaba tirando levemente de la blusa de Sara.
-La hora del pecho y la siesta, es que nunca falla-Comentó la rubia poniéndole el chupete que había escupido poco antes.
-Sube, si ya ha soplado las velas, no te vas a perder nada-Dijo Paco acariciándole la cabeza.
-Vale-Miró a su hijo que lloraba amargamente y le cogió la manita mientras se dirigía a las escaleras-. Dile adiós al abuelo, Sergi. ¡Adiós abuelo, me voy a dormir!
Silvia observó como Paco se quedaba mirando a su hija, que subía las escaleras haciéndole caritas a su hijo. Lola le sonrió y él, tan sentimental como siempre, sacó su pañuelo y se lo pasó por los labios.
-Me parece que vamos un poco descompensadas ¿eh?-Dijo la pelirroja dando a Lola un leve empujoncito con la cadera-. Yo hace nada que fui madre y tú ya eres abuela.
-Ya te tocará, ya.
Silvia asintió y echó un vistazo a Pepa, que miraba por la ventana un tanto seria.
-No se te ocurra decirle eso a Pepa o se morirá solo de pensarlo. No se cree que Noah tenga ya cinco años.
-¿Y tú?-Preguntó Paco-. Yo lo digo por hacer una terapia grupal, que la mía hace dos días estaba en su primer día de guardería, y ahora tengo un nieto.
Silvia soltó una carcajada y Lola la imitó.
-Yo tampoco me lo creo, pero lo asumo mejor.
-¡Mami!-La llamó Noah. Silvia le dio un apretón cariñoso a su hermana y fue hacia ella.
-Dime.
-¿Le puedo dar un poco de chocolate a Iker?-Preguntó con una monedita de chocolate en la mano.
El niño estaba sentado entre las piernas de Sabina. Aunque Noah tuviese muchos celos de él algunas veces, otras se lo pasaba muy bien presumiendo de hermano. Además, le gustaba eso de que fuese creciendo, pues podía hacer más cosas con él ya que comía otros alimentos, se mantenía más o menos erguido y hacía caso a algunas órdenes.
-No le des la moneda entera. Solo un poquito ¿vale? Y cuidado, que se puede…
-Que se puede atragantar…-Murmuró con poca gana-. Ya lo sé.
Silvia puso los ojos en blanco y miró de nuevo a Pepa. No estaba pensando, sino observando, porque intentaba acaparar todo el exterior si era posible.
La pelirroja la cogió de la cintura por detrás y Pepa se sobresaltó.
-¡Joder, qué susto!
-¿Qué haces?
-Nada, disfruto del paisaje.
-Ya…
-En serio. Está muy bien esto del chalet en mitad del campo ¿eh?
Noah partió la moneda en varios trozos y miró a su hermano.
-Ya verás, Sabi, mira qué listo es. Iker-El niño la miró, aunque ya llevaba un rato haciéndolo. Adoraba a su hermana-, dame el tete.
El niño escupió el chupete y Sabina sonrió. Noah le dio un poco de chocolate y, como no, a Iker le encantó.
-¿Ves? Me da el tete. ¿Quieres más, Iker? ¿Quieres más chocolate?-Noah ya no se equivocaba en decir ninguna palabra.
Él estiró los brazos y su hermana le volvió a dar un poco. Después le puso el chupete otra vez e Iker no se quejó. Se limitó a mirar el plato y después a su hermana. No lloraba casi nunca, tenía muy buen carácter. Eso sí, era muy observador, y pudo ver como su hermana se levantaba y se marchaba.
Pepa abrazó a su novia y besó su frente. Aprovechó para mirar de nuevo por la ventana. Juraba haber visto a alguien merodeando por ahí. Ese alguien, sumado a la sensación de que la espiaban desde hace un par de meses cuando iba por la calle, la puso tensa. ¿Aún había alguien detrás de su familia?
-Pepa…-Murmuró Silvia con súplica-. ¿Me vas a decir qué te pasa?
Supuso que lo mejor era no esconderlo, así que la separó de ella y cogió aire.
-Pues verás…
-¡Na-ah!-Escucharon ambas mujeres. Bueno, ellas y todos los allí presentes. El niño tenía una voz muy aguda.
Silvia miró a Pepa y esta asintió empezando a sonreír. Noah, que estaba dejando el plato en la mesa, se giró. Frunció el ceño y miró a su hermano. Se acercó a él.
-¿Me has llamado?-Preguntó, no muy segura.
Pronto se acercaron muchos allí, las primera fueron la madre de ambos niños.
-Iker, cariño, ¿quién es esta?-Preguntó Pepa.
-¡Na-ah!-Dijo de nuevo, extendiendo los brazos hacia su hermana.
Noah sonrió y miró a sus madres.
-¡Ha dicho Noah! ¡Ha dicho Noah!
-¡Sí!-Afirmó Silvia con entusiasmo. Cogió a su hijo en , ¿quién es?-Señaló a Pepa y el niño la miró.
-¡Ba!
-No, mamá. Di mamá.
Noah se acercó a Silvia y el niño se revolvió. Empezó a estirar los brazos hasta su hermana.
-¡Na-ah!-Exclamó de nuevo.
-¡Ay, qué cosa más "bonica"!-Gritó Rita-. La primera palabra del niño es su hermana.
-¡Soy su primera palabra!-Dijo Noah entusiasmada. Estiró los brazos y Silvia se lo dio con cuidado. Él rio-. ¡Iker, he sido tu primera palabra!
Pepa, que había estado toda la tarde pensando qué era eso que las perseguía, se perdió en el precioso momento de la primera palabra de su hijo. Aun así no se olvidaría tan fácilmente de aquello.
…
26 de Junio.
-No me sueltes ¿vale?-Pidió Noah con miedo.
-No te voy a soltar…-Contestó Pepa con cansancio.
Iker miraba con interés a su madre y a su hermana. La niña, montada en la bicicleta, apretaba el manillar. Pepa la cogía del asiento esperando que por fin su hija se lanzase a por todas y decidiera pedalear.
Eran las ocho y media de la mañana de un día caluroso de verano. Silvia había subido a casa a por las últimas cosas para meterlas en el coche mientras Pepa se quedaba con los niños. Aprovechando que Noah estaba dispuesta a –por fin- aprender a montar en bici y no había nada que lo impidiese, y que Iker estaba muy tranquilo en su carrito, la morena decidió practicar un poco para que, al llegar a Málaga, la niña pudiera ir por el carril bici del Paseo Marítimo sin ruedas auxiliares.
-Siempre dices lo mismo, pero siempre me sueltas.
-No te suelto, tú crees que sí, pero no lo hago.
-¡Mentirosa!
-¡Tosa!-Exclamó Iker con el chupete en la boca. Últimamente lo repetía todo, o por lo menos lo intentaba con sus diez meses más que cumplidos. Pepa puso los ojos en blanco.
-Cariño, si no te suelto, no aprendes. ¿Lo pillas?
-¿Illa?-Repitió de nuevo el niño.
-Así que me vas a soltar-Dedujo Noah-. Y me caeré y me haré pupa, ¿lo pillas?-Imitó la pequeña a su madre.
Ella se comenzó a bajar de la bicicleta con el ceño fruncido y su madre suspiró.
-No seas cobarde, Noah. Con tres años tenías unas ganas de aprender a montar en bici tremendas, y mírate ahora, con cinco, y no te atreves.
La niña miró a su madre con los brazos cruzados. Tenía el casco puesto y no parecía tener intención de quitárselo. Resopló. No recordaba lo que pensaba con tres años. El tiempo había pasado muy rápido y ahora parecía que era una niña mucho mayor.
-Bueno… Pero no me sueltes hasta que yo te diga ¿vale?
-Vale, pesada. ¿Preparada?
Noah, que ya estaba subida de nuevo en la bicicleta, se aferró al manillar.
-Sí.
-Una, dos, tres. Pedalea.
Noah comenzó a pedalear y Pepa corrió detrás de ella, medio agachada sujetándola del sillín. Estaban en la calle que había frente a la casa, una calle larga ahora casi desierta a esas horas de la mañana. Un lugar perfecto para practicar.
-¡Ya vas sola, Noah!-Exclamó Pepa soltándola.
A la niña se le ocurrió mirar hacia atrás y se le fue el equilibrio, cayendo al suelo con la bicicleta encima. No había sido un golpe demasiado fuerte pero Pepa sabía que su hija iba a exagerar las cosas.
Se dio prisa en ir con el carrito al lugar del accidente. Noah apartó la bicicleta y se miró la rodilla, donde se había hecho uno de sus muchos rasguños.
-Auch…
Silvia cerró el maletero del coche y repasó la lista de objetos que se sabía de memoria.
-Está todo.
Fue a salir del recinto de los pisos donde estaba el coche para llamar a su familia, pero algo le llamó la atención. Había escuchado la caída de Noah pero no se preocupó demasiado ya que si hubiese sido algo grave, seguramente Pepa la llamaría preocupada. Pero no lo había hecho, así que se centró en aquel cuerpo que observaba a la mujer con los dos niños. También Silvia se había dado cuenta de que alguien las observaba. Una noche escuchó pasos por el pasillo de alrededor de las casas y también había visto alguna que otra sombra cada vez que salían. Le comentaron esto a Don Lorenzo pero tras una semana de preguntas a infiltrados y demás, no descubrieron nada. Acabaron pensando que eran solo obsesión. Pero no… había algo, algo ahí fuera. Y Silvia parecía a punto de descubrirlo.
Abrió el coche de nuevo, la guantera, y sacó de ella su pistola. Se la guardó en el bolsillo, disimulándola por la camiseta verde, fina, de tirantes y cogió aire. Se acercó un poco más a aquella figura y finalmente le dio unos golpecitos en el hombro.
-Perdone…
La mujer se giró un tanto sobresaltada. Silvia se relajó en cuanto vio quién era. Paz, la profesora de su hija.
-¡Silvia!-Exclamó aquella mujer de unos cuarenta y cinco años. Estaba muy joven de todas formas-. Entonces aquella sí que es Noah ¿verdad?-Preguntó señalando a la niña.
-Sí, Pepa está intentando enseñarle a montar en bicicleta antes de irnos de vacaciones.
-¿Os vais de vacaciones?-Preguntó interesada. A Silvia le caía muy simpática aquella mujer.
-Sí, a Málaga, unos días. La niña era muy pequeña cuando vio el mar y probablemente ni se acordará.
-Pues precisamente yo también me voy de vacaciones, pero al norte. Me voy a Los Pirineos.
-¿Ah sí? Es un sitio muy bonito. Bueno, ¿qué hace aquí tan temprano?
-Me ha traído mi hija para que compre no-se-qué-cosa de la tienda de pesca, pero aún está cerrada-Silvia miró hacia dónde señalaba y asintió-. Tengo que comprarlo antes de las diez, nos vamos a ir temprano.
-Sí, mejor salir de Madrid antes porque si no aparecen los atascos en las carreteras y... ¡Buf!
-Por eso estoy aquí tan temprano. Me estaba entreteniendo en pensar si aquellas eran Pepa y Noah o no, porque sin gafas no veo de lejos.
-¡Pero si no es nada!-Se escuchó a Pepa cuando se acercó a mirar la herida de su hija.
-No, pero se les escucha, o será que yo tengo el oído entrenado-Aseguró Silvia mirándolas también.
-¡No toques, mami!-Se quejó la niña entre lloriqueos.
-Solo voy a verla. ¡Anda! ¡Pero si esta pierna necesita una operación!-Paz sonrió tiernamente y Silvia la miró. Era una mujer muy cariñosa y a su hija le encantaba estar con ella-. Voy a pedirle un cuchillo a mamá para cortarte la pierna ¿vale?
-¡Mamá!-Exclamó Noah dándole un empujón.
-Sí, definitivamente son ellas-Aseguró la profesora-. Es que estaba dudando, porque veía un carrito, pero supongo que será una muñeca de la niña.
-No, es el carrito de Iker.
-¿Iker?-Preguntó la mujer-. No me digas que…
-Sí, hemos tenido otro.
-¡Pero qué buena noticia! ¿Cuánto tiempo tiene?
-Diez meses.
-¡Diez meses! Pues voy a verlo.
Silvia y ella se acercaron hasta la madre y los dos niños y enseguida Noah se levantó con una sonrisa, como si nunca le hubiese pasado nada.
-¡Seño Paz!-Exclamó corriendo hacia ella y abrazándola.
-¡Hola pequeña!-Saludó a Pepa con la mirada y después volvió a centrarse en Noah-. ¿Aprendiendo a montar en bici?
-¡Sí! ¡Ya casi sé!
-Será mentirosa la cría…-Murmuró Pepa notando poco después un codazo por parte de su novia.
-Y este debe ser Iker ¿no?-Preguntó, agachándose hacia el carrito-. Hola, guapo.
Él sonrió y Pepa miró el reloj un tanto preocupada. Al final pillarían atasco y ahora le tocaba conducir a ella. No tenía ganas de estresarse.
-Lo siento, Paz. Tenemos que irnos.
-Claro, no os entretengo más. Adiós Noah-Le dio un beso en la mejilla y ella sonrió feliz. Se despidió con la mano mientras empujaba la bicicleta. Se iban de vacaciones.
…
-Un poco raro ¿no?-Cuestionó Silvia en voz alta.
Pepa, que estaba apoyada en la ventana abierta con cara de pocos amigos, la miró. Estaban en medio de un atasco, el aire acondicionado se había roto y aún con las ventanas abiertas y siendo las once de la mañana, hacía un calor sofocante.
-Pues no, no es raro. Estamos en la operación salida, sabíamos que habría atasco aunque hubiésemos salido a las tres de la mañana.
-Eso no, lo de Paz.
Pepa apretó unos segundos el acelerador. Los suficientes como para tener que parar después, esperando a que de nuevo se moviera aquella fila de cientos de coches.
-¿Qué pasa con Paz?
Silvia le había estado dando muchas vueltas. Los niños dormían cada uno en su sillita, en la parte de atrás del coche, y ella no podía quitarse a aquella mujer de la cabeza. Le caía estupendamente, era cariñosa y simpática, además de que Noah la adoraba… Pero le había parecido muy extraño verla allí precisamente, donde tantas veces Pepa dijo ver sombras, donde ella misma escuchó ruidos… Pero sobre todo le pareció extraña aquella sorpresa en cuanto al hermano de Noah.
-No sabía nada de Iker.
Pepa se encogió de hombros.
-Noah no se lo habrá dicho.
-Se pasa el día presumiendo de ser la hermana mayor, además, hasta el director lo sabe. Nos preguntó por él cuando nos dio las notas.
-Pues no sé. Espera, Paz es la tutora de Noah ¿verdad?
-Sí.
-¿Y por qué no nos dio ella las notas?
Ambas madres se miraron y después negaron con la cabeza a la vez.
-A lo mejor nos estamos obsesionando-Intentó quitarle importancia Silvia.
-No, a lo mejor no…-Murmuró Pepa un tanto pensativa-. Dijiste que iba a comprar utensilios de pesca ¿no?-Silvia asintió-. ¿Qué cojones va a pescar en Los Pirineos?
Silvia frunció el ceño y se lo pensó también. Pepa apretó el acelerador de nuevo para frenar unos pocos metros más adelante. Miró a Silvia, que se estaba haciendo una coleta alta para combatir el calor mientras miraba por la ventana a la nada. A Pepa no le gustaba verla tan preocupada estando de vacaciones, así que le apretó el muslo en señal de cariño y sonrió cuando Silvia la miró. Se acercaron para darse un beso corto.
-Sea lo que sea, lo resolveremos cuando estemos de vuelta ¿vale?
-Sí, ahora vamos a disfrutar de la playa, del sol…
-Y de Noah, dando por culo porque le tiene miedo al agua, o de Iker, comiendo arena.
Silvia soltó un sonoro suspiro.
-Y el premio para la rompe-ilusiones profesional es para…-Bromeó Silvia.
Pepa sonrió y le acarició el pelo. Pudo ver como el atasco empezaba a deshacerse. Miró a por el retrovisor y se fijó en Iker y Noah, que dormían en la misma postura. Después miró a Silvia. Se quejaba mucho, pero lo mejor que había hecho nunca fue formar una familia.
28 de Junio
Un hombre de unos cuarenta años pisaba el tercer cigarrillo que, consumido, había dejado caer en el asfalto. Estaba apoyado en su coche, en una carretera frente a la playa. Se secó el sudor con un pañuelo y volvió a mirar por los prismáticos por enésima vez. Miró a derecha e izquierda y vio a una chica con gafas de sol, joven, bostezando tras unas rocas. Esta le miró y, bajándose las gafas, asintió con la cabeza. El hombre sacó el móvil.
-Nada nuevo-Comentó-. Estamos a treinta y tres grados, son las cuatro de la tarde y ya hemos verificado que son ellas, ¿por qué no podemos marcharnos?
-Ya te dije que quiero vigilancia las 24 horas. No quiero que nada falle.
-Aún falta mucho tiempo para que actuemos.
-Son órdenes, Iván. Y las órdenes se cumplen.
El hombre colgó, miró a la chica y negó con la cabeza. Ella, bajo las gafas de sol, puso los ojos en blanco. Estaban deseando empezar de una vez por todas, aunque para eso aún quedaran meses.
Pepa, sentada en una hamaca, leía una revista de moda bajo la sombrilla con interés. Al pasar la página hizo una mueca de dolor y se miró la mano con fastidio. Ayer por la tarde había vuelto a intentar enseñar a Noah a que aprendiera a montar en bici y ella misma se había doblado la muñeca sujetando el sillín de su hija en el último momento. Silvia la estudió un poco y vio que no había llegado a fracturarse, simplemente estaba un poco lastimada.
-Puta mano de las narices…-Murmuró al pasar otra página.
Iker balbuceó algo que nadie entendería y su madre lo miró. El niño había estado jugando con la arena -tras aprender que no se comía- con una pala, recogiéndola y tirándola. Silvia le había puesto un gorrito que a Pepa le parecía ridículo, pero estaba realmente lindo con aquel sombrero amarillo y el bañador naranja. No tenía ni el pañal puesto, en la playa no le hacía falta y se le podría irritar el culito. Bajo la sombrilla y con bastante protector solar, el niño se sentaba ya muy bien erguido con solo dos meses por delante antes de cumplir el año.
-Tú eso no lo digas ¿vale? Mamá ha dicho una palabrota.
Iker la miró y sonrió tras el chupete. Eso sí, no se lo quitaba para nada y era por lo único por lo que lloraba y pataleaba. Les iba a resultar difícil quitarle aquella manía de tenerlo siempre en la boca, y más ahora que le estaban creciendo los dientes.
-Mamá-Dijo, mirándola.
Pepa sonrió.
-Sí, mamá. Mamá ha dicho la palabrota-Estiró los brazos y el niño botó nerviosos en su sitio, extendiendo los brazos también-. Ay, qué precioso eres-Le besó sonoramente en la mejilla. La verdad es que era un niño guapísimo. Piel tostada, ojos oscuros como el carbón y un pelo castaño claro que cada vez se oscurecía más.
Pepa le dio la vuelta y señaló hacia el mar, donde los bañistas disfrutaban de una temperatura exquisita del agua y donde, a su vez, Silvia practicaba la natación con Noah.
-Y es que mamá está aquí diciendo palabrotas mientras tu otra mamá enseña a tu hermana a nadar. Y nosotros no podemos ir.
-No-Dijo negando con la cabeza.
-No… Porque Noah quiere que le enseñe mamá Silvia porque no se fía de mamá Pepa. ¿Sabes lo que dice Noah?
-¿Mana?
Pepa sonrió y lo besó de nuevo.
-Sí, tu hermana dice que si la suelto montando en bici, la suelto en el agua. Si es que… Noah no confía en mí.
-¡Na-ah!-Exclamó sonriendo.
-¿Dónde está Noah? ¿Dónde está la hermana, mi amor?-Preguntó.
-¡Ih!-Señaló el mar y movió la mano alegre, saludando aunque nadie lo viera. Pepa le hizo cosquillitas.
-¡Muy bien! ¿Y mamá?-Se giró, la miró y la señaló-. No, mamá Silvia, ¿dónde está?
-¡Ta!-Señaló el mar de nuevo.
-¡Bien!
Él dio palmaditas como supo y Pepa se acomodó un poco mejor en la hamaca. Se tumbó y su hijo lo hizo también, bocabajo, en su pecho. Tiró del pañuelo que le cubría a Pepa la cabeza y la morena le revolvió el pelo.
Silvia dejó que su hija se le enganchara al cuello y la sujetó por los muslos. Le dio un cariñoso beso en la mejilla.
-¿A que ya nado muy bien, mami?
-Mucho, mucho, mucho. ¿Ya pueden venir mamá e Iker?
-¡Sí! ¡Para que vean como nado! Vamos a llamarlas. ¡Ma…!
Silvia le tapó la boca y Noah la miró extrañada. La pelirroja sonrió malévola y le dijo algo al oído. Ambas sonrieron y Silvia guiñó. Aunque Noah quiso corresponderle el guiño, no le salió muy bien.
Salieron del agua cogidas de la mano y fueron silenciosamente por la arena, aguantándose un poco por la temperatura que esta tenía. Silvia vio como Pepa dejaba a Iker en la toalla otra vez y volvía a coger la revista, así que miró a su hija y asintió.
-¡Cariño!-Exclamó tirándose encima suya, acompañada por su hija.
Pepa abrió la boca y tiró la revista.
-¡La madre que os parió!-Chilló intentando apartarlas. Noah reía-. ¡Estáis empapadas! ¡Fuera, fuera!
-¡Pero si hace calor!-Aseguró Silvia poniéndole las manos empapadas en la cara. Iker las miraba riéndose y Noah imitó a su madre.
-¡Hace calor!
-Mira que fresquita está el agua-Dijo la pelirroja. Cogió parte del pelo y se lo escurrió en el vientre de la morena.
-¡Me cago en…!-La cogió de los hombros y la tiró a la arena.
Hubo un momento de silencio en el que solo se escuchaba la risa de Iker. Noah tenía la mano en la boca y miraba a Silvia, que se había quedado paralizada, aunque enseguida miró a su mujer con cara de odio y Pepa se limitó a sonreír orgullosa.
-Te has pasado.
-Tú vas a mala leche, yo voy a mala leche.
-Sí, ¿no?-Preguntó, sentándose en la arena. Se había puesto perdida.
-Ajá.
-Vale… Pues si estamos jugando a eso…-Tiró del brazo de su novia y la atrajo hasta ella, haciéndola caer también en la arena. Noah soltó una carcajada y Pepa, que había caído boca abajo, se colocó de rodillas. La parte frontal y tostada de su cuerpo estaba escondida tras los granitos de arena. Sonrió incrédula, miró a Silvia y negó con la cabeza.
-Corre-Le dijo. La pelirroja la miró con miedo.
-Pepa…
-Te doy tres segundos.
-Si es solo arena…
-Uno, dos…
Silvia se levantó y salió corriendo entre risas. Pepa la persiguió camino al mar y cuando la atrapó cayeron juntas al agua. Reían sin parar y se hacían ahogadillas. Noah sonrió satisfecha y miró a su hermano, que estiraba los brazos hacia ella.
-¡Na-ah!-La llamó.
Su hermana se sentó a su lado y, un poco traviesa, lo abrazó. Él tembló un poco e intentó zafarse ya que no le gustaba aquella piel mojada. Aún así Noah lo apretó aún más.
-¡No!-Exclamó revolviéndose.
Noah soltó una carcajada y lo volvió a dejar en la toalla. Iker la miró enfadado y le pegó.
-¡Hala! ¡No se pega, Iker!
-¡Ta!-Le dio un nuevo manotazo.
Noah quiso darle otro, pero alguna que otra vez lo había hecho y se había llevado una buena regañina.
-¡Mamá!-Las llamó-. ¡Iker me está pegando!
Silvia y Pepa miraron a su hija. Silvia estaba enganchada al cuerpo de su novia con las piernas y se bajó en cuanto escuchó a Noah. Pepa puso los ojos en blanco y suspiró. Si Silvia tenía la sensación de que Noah y ella iban a pasarse el día discutiendo, Pepa estaba más que segura de que, en unos años, los gritos y las peleas en casa serían principalmente por parte de los niños.
18 de Abril
Pepa le echaba sal a la sopa de verduras mientras la removía con el cazo. Miró la hora y se fijó en pescado, que aún estaba sin harinar. Eran las dos del mediodía de un día cálido de Abril. Pepa se había cortado un poco su larga melena y tenía la muñeca derecha vendada. Absurdamente, la lesión de la muñeca se convirtió en fractura y, aunque los demás le aconsejaron descanso, ella participó en numerosos operativos y se la fue lastimando más y más. La verdad es que iba a los operativos para entretenerse y olvidarse de los juicios a los que Silvia estaba asistiendo. David iba a salir de la cárcel por dos años de buen comportamiento y estaban intentando hacer todo lo posible porque no le cedieran el permiso. Él no sabía que Silvia estaba junto a la comisaría en cuanto a aquella emboscada en el aeropuerto, y si lo supiera, probablemente iría a por ella.
Finalmente, hace un par de meses, Pepa participó en una persecución. Tropezó, apoyó las manos con destreza esperando levantarse pronto, pero la muñeca fracturada le falló y acabó rompiéndosela. No ganaba para disgustos.
Escuchó unos pasos descalzos a su espalda y esperó sin girarse, prefiriendo ser sorprendida. Las manos de una mujer la rodearon y le acariciaron la tripita. Ella sonrió.
-Huy, cuánto cariño…-Murmuró Pepa girándose.
Silvia sonrió y ambas se besaron.
-Es que sé que te gusta abrazarme recién duchada.
La pelirroja tenía el pelo mojado y olía estupendamente. Pepa la rodeó con los brazos y Silvia la volvió a besar, poniéndose de puntillas. En el otro lado de la casa se escuchaban las voces de los niños, aunque poco después se escuchó un llanto y las dos se separaron.
-Mamá…-Murmuró Iker entre lágrimas entrando a la cocina.
A sus dos añitos seguía siendo un niño precioso. Su pelo castaño se había convertido con el tiempo en uno tan negro como el de su madre o su hermana. Era un niño bajito aunque ahora estaba más delgado. Sus ojos, oscuros como el carbón, eran definitivamente los de Aitor. Aun así era en lo único en lo que se parecía a él, puesto que a medida que crecía, se fue pareciendo más y más a Pepa. Y no era lo único que había cambiado. Lo poco que había llorado con pocos meses lo estaba soltando ahora. Era bastante más caprichoso que Noah y solía hacer pucheros por todo, pero también era muy cabezón y se revolvía con fuerza, pataleaba o chillaba cuando quería algo. Eso sí, era menos travieso que su hermana que, a sus siete años recién cumplidos, se pasaba el día haciendo de las suyas y a veces molestaba a su hermano solo por molestar.
Silvia se acercó a él y se puso de cuclillas. El niño la abrazó.
-¿Qué te pasa, mi amor?
-Noah…-Murmuró con mucha pena. Era un gran actor-. ¡Me ha quitado el libo!
-¡Mentiroso!-Se escuchó desde la habitación.
-¡No! ¡Es mío! ¡Mío!
Noah apareció también en la cocina con el libro en la mano, enfadada.
-Lo estaba leyendo y lo quiso coger él-Lo acusó, mirando a Silvia-. Lo que pasa que como es más pequeño, pues se lo tengo que dar. Se cree que todo es suyo.
-¡Mentira, mentira!-Exclamó él separándose de su madre y dando patadas en el suelo-. ¡Yo lo taba viendo y ella me lo quitao!
-¡Tengo que practicar para el cole! ¡Y lo tenía yo!
-¡Que no!
-Ya vale-Dijo Pepa-. A ver, el libro.
Extendió la mano y Noah se lo dio. Silvia se puso de pie de nuevo y puso los ojos en blanco. Pepa colocó el libro encima de la nevera.
-Confiscado.
-¡¿Por qué?!-Preguntó la niña-. ¿Ves, enano? ¡Por tu culpa!
-¡Tú nano, tú fea!-Le dio un empujón.
-¡Mamá!-Se quejó Noah.
-¡Se acabó!-Gritó Pepa. Silvia sonrió, le encantaba verla así, aunque sonara raro-. Noah, al salón, Iker, a tu cuarto.
-¡Jo!-Soltó la niña yéndose de brazos cruzados al salón.
-No-Sentenció Iker frotándose los ojos. Aunque Noah era más traviesa, el niño era más desobediente.
-Iker…-Avisó Silvia.
-¡Que no!
-Venga-Dijo la pelirroja tendiéndole la mano.
Él le dio un manotazo y se tiró al suelo, esperando no moverse de allí.
-No se te ocurra volver a pegarle a mamá ¿eh?-Ordenó Pepa.
-¡Tonta!
-¡Iker!-Saltó Silvia-. ¡Como vuelvas a decir eso te quedas sin helado en el postre!
El niño frunció el ceño pero el verse acallado lo enrabietó y, ante todo, era muy orgulloso.
-¡Tonta! ¡Tonta! ¡Tonta!-Repitió sacándole la lengua.
Pepa le dio un pequeño golpecito en la boca, sin hacerle daño pero dándole una lección. Como siempre, él exageró y se puso a llorar.
-Eso te pasa por no hacer caso-Aseguró Silvia cogiéndole en brazos. Él se revolvió pero aún no era lo suficientemente fuerte. Finalmente Silvia lo sentó en su cama y él se tumbó, lloriqueando.
-¡Ja!-Se escuchó desde el salón-. ¡Te han reñido!
-Noah, no metas más cizaña ¿quieres?-Le llamó la atención Pepa-. Y no seas tan lista, apaga la tele.
La niña puso los ojos en blanco y obedeció con pocas ganas. Así era ahora casi todos los días. Noah había crecido muy deprisa, tanto como la inteligencia de Iker. Sobre todo, el tema de la comunicación había mejorado espectacularmente. Su hermana, con su edad, se expresaba peor, pero el niño veía en ella una referencia y había aprendido muy pronto. En cuanto empezó a caminar y a ir a la guardería, comenzó a hablar seguidamente. Al empezar a hablar, empezó a contestar, y aunque las madres tenían más práctica con esto, Noah era toda una inexperta. Se pasaban el día peleando, pero al final acababan jugando juntos y hasta dándose besos y abrazos. Y es que Noah seguía siendo aquella niña cariñosa, y parecía que era algo que se daba en la familia puesto que Iker no rechazaba tampoco las muestras de cariño.
A pesar de todo, Pepa y Silvia estaban en uno de sus mejores momentos. Por las mañanas trabajaban en comisaría, las dos, aunque a veces también tenían que trabajar por la tarde si había algún operativo en marcha o un caso difícil, pero siempre estaba la otra para hacer el papel de madre por dos. Por las tardes, Noah se podía ocupar bastante bien de Iker y cuando ellos estaban en la habitación o en el salón, ellas estaban juntas, hablando, abrazándose o también dándose un espacio, cada una en sus cosas, porque eso es algo también necesario en toda pareja: el oxígeno y la independencia. Por las noches apenas se escuchaban llantos. A veces sí que tenían que levantarse para tranquilizar a alguno de los niños pero era en contadas ocasiones. Si escuchaban lloriquear a Iker esperaban un poco, después se calmaba y al día siguiente lo encontraban durmiendo con su hermana. A veces también era Noah la que tenía pesadillas, pero estando con su hermano se asustaba menos. Y los momentos en que no estaban pendientes de los niños, estaban pendientes de ellas. Se sentían mucho más tranquilas ahora que los niños eran un poco más mayores.
Después de la comida y una corta siesta para Iker, la familia se dispuso a salir a dar una vuelta y hacer algunas visitas. El destino fue el chalet de Sara.
-Voy a tu cuarto a por más colores, ¿vale?-Dijo mirando a Sergio. Le revolvió el pelo con cariño, le encantaba su primo. De hecho, a ella le gustaban los niños pequeños y se llevaba bien con todos. Con todos excepto con su hermano, claro.
Sergio era un niño gordito, más o menos de la estatura de Iker. Se llevaban cuatro meses y eran unos meses muy notorios, ya que la capacidad de expresión del niño era mucho menor que la de su primo. Tenía unos ojos azules verdosos preciosos, el pelo, rubio y rizado, le caía en una cortita melena por la cara que era igualita a la de Lucas. Sergio era un niño nervioso y, por su padre, sabía bastantes palabrotas.
Los niños estaban pintando en una sala de estar al lado del salón, donde estaban los adultos. Noah salió de la salita y se dispuso a subir las escaleras, pero se paró al escuchar a sus madres y sus primos hablar.
-A todo esto, ¿sabéis algo de Aitor?-Preguntó Pepa dándole un sorbo al café.
-Nada-Contestó Lucas-. Está perdido.
-Y tanto, hace por lo menos un año y medio que no lo vemos.
Noah se acercó a la puerta del salón. Aitor… Sí, se acordaba de él. Cuando volvió teniendo ella seis años le resultó un poco extraño. No pudo abrazarle con tanta facilidad aunque le siguiera pareciendo fantástico. Siendo sincera, apenas se acordaba de él. Aún así, los cinco días que pasó en Madrid hizo que la niña recordara muchas cosas vividas con él y, al verlo marchar, le doliera un poquito. Era su primo al fin y al cabo.
Aitor estaba muy feliz.
Había encontrado pareja en Londres, bueno, algo parecido a una pareja. Era más bien un rollo pero quizás eso se convertiría en algo, solo llevaban unos meses cuando volvió a Madrid. Su inglés era perfecto, había aprobado con muy buena nota los exámenes y ya llevaba casi tres años de academia. Cuando volvió no se sintió atraído por Pepa pero lleno de alegría al verla, ya que seguía siendo su mejor amiga. Lo único que le hizo sentir un poquito de dolor, una pequeña espinita, fue ver a ese niño de año y medio correteando a su alrededor e incluso jugar con él y ver que se parecían tanto. Pero luego lo veía en brazos de Silvia, medio dormido, o en los de Pepa, lloriqueando, y sacaba una sonrisa. Eran las mejores madres que el niño podría haber tenido.
-Ya podría venir a visitarnos-Dijo Sara.
-O ir nosotros-Añadió Silvia. Todos la miraron y ella negó con la cabeza-. Lo he dicho sin pensar, vale. Sería para vernos, nosotros cuatro en el avión y los tres niños gritando, llorando y pataleando.
"Yo ya no pataleo...", pensó Noah. La verdad es que era una niña muy madura, seguramente por las circunstancias que había vivido entre discusiones y divorcios. Odiaba que la tacharan de niña pequeña.
-Como se quede allí a vivir…-Comentó Pepa-. Que a la gente le pasa mucho ¿eh? Van a un lugar durante tres o cuatro años y después se quieren quedar allí.
-Él dijo que volvería en unos años-Aseguró Lucas-. Además, ese no se aleja del jamón ni la tortilla de patatas ni loco.
Todos rieron y después se quedaron un poco en silencio. Noah suspiró, ella también quería verle. Había algo en él que le llamaba la atención. Algo raro. Algo que creció en cuanto lo vio con su hermano en brazos y el niño rio.
-¿Os habéis parado a pensar en esto?-Preguntó Lucas. Las tres mujeres lo miraron-. Es decir… ese cabrón estuvo con mi mujer-Noah abrió los ojos como platos-, y estuvo con la tuya, Silvia-La niña se puso la mano en la boca. ¡Eso no lo sabía!-. Y aquí estamos, echándole de menos.
Silvia carcajeó.
-Lo mío lo superé, no te preocupes.
-¡Hala!-Exclamó Noah entrando al salón. Los adultos la miraron. La niña, enfadada, miraba a Pepa-. ¡Mamá! ¡Fuiste novia de Aitor!
Silvia se pasó la lengua por los labios y a Pepa se le aceleró el pulso. ¿Había tenido tanta cabeza una niña de siete años como para relacionar a Aitor, a su madre, y a su hermano? ¿Había sido capaz de darse cuenta?
-Eh…-La morena no sabía qué decir. Sara miró a Silvia un tanto preocupada.
-¡Pues él es mi novio!-Se quejó la niña.
Los músculos se relajaron, aparecieron suspiros y también se escuchó una carcajada. Lucas se partía de risa.
-Me cago en tu madre, niña…-Murmuró Pepa con la mano en el pecho. Aún no se había recuperado del susto.
Silvia le dio un golpe en la cabeza como regañina a la palabrota y miró a su hija, que la miraba chulesca con las manos en las caderas. Sonrió enternecida.
-¿Aitor es tu novio?
-Sí.
-¿Y eso desde cuándo?-Preguntó Sara también con dulzura. A las mujeres les encantaba ver a la niña así.
-Desde siempre, pero él no lo sabe.
Pepa puso los ojos en blanco y Lucas continuó riendo.
-¡Ay qué cosa más linda! ¡Que me la como!-Sara la cogió y le dio numerosos besos en la mejilla. Noah rio, acabando sentada en las rodillas de su prima.
-Pues… Aitor tiene novia allí en Londres, cielo-Le dijo Silvia siguiéndole el rollo.
-¿Podéis dejar de hablar de novios con la niña?-Preguntó Pepa-. No le metáis prisa, coño.
Lucas se volvió a reír y Pepa lo miró un poco cabreada.
-Ya, pero como ella no sabe que aquí tiene otra novia pues me da igual.
-¡Jajaja!-Lucas no podía más-. ¡A la niña le van los cuernos!
-Te voy a dar una clase de ostia que tu hijo no te va a reconocer-Advirtió Pepa. Lucas se puso la mano en la boca intentando controlar su risa, pero no conseguía.
-¡Noah!-La llamó Iker-. ¡Mamos!
La niña se bajó de las rodillas de su prima y la miró, así como a su madre. Se encogió de hombros.
-A ver si viene pronto, porque tenemos que ir planeando la boda.
Silvia chilló ilusionada y enternecida por su hija. La abrazó antes de que se fuera y luego miró a su sobrina.
-¡Qué mona!-Dijo Sara.
-¡Jajaja! ¡Primero amante y después yerno!-Lucas tuvo que bromear de nuevo sin poder evitarlo.
Pepa apretó los puños y Silvia rio también, acariciándoselo.
-El día en que yo no esté para controlarla, te mata-Bromeó la pelirroja hablando con Lucas.
Él se frotó los ojos. De la risa se le habían saltado hasta las lágrimas.
…
-¡Pofa! ¡Pofa, mami!-Pidió Iker dando saltitos y tirando de los pantalones de Pepa. Estaban todos con el pijama, ya era hora de que los niños se fueran a la cama.
-No-Contestó la morena con tranquilidad.
Iker comenzó a hacer pucheros y Silvia, que estaba quitando el mantel, se ablandó un poco. Por eso dejaba las discusiones a Pepa, porque ella no era capaz de negarle algo a los niños de aquella forma tan rotunda.
-Pues no es justo-Aseguró Noah. Últimamente la palabra "justicia" y sus derivados estaban siempre en su cabeza.
-Sí, sí es justo-Le contradijo Pepa-. Tu hermano nos ha dicho cosas muy feas a mamá y a mí, y además le ha vuelto a pegar un manotazo. Y tú, señorita, has estado castigada en el recreo.
-Nos ha llamado tu profesor-Comentó Silvia. Quería entrar en ese tema-. Te has peleado otra vez y has dicho una palabrota muy grande a unas niñas.
-¡Empezaron ellas!-Se defendió Noah.
-Me da igual, sabes que esas cosas no se dicen.
-Y se acabó la discusión-Terminó Pepa levantando a Iker del suelo. Se había vuelto a sentar en él-. A dormir. Y os quedáis sin cuento.
Noah puso los ojos en blanco. Tampoco es que le importara demasiado, ya no disfrutaba de la misma manera de los cuentos. Prefería leerlos o escribirlos ella misma. Iker era más reacio a aquel castigo.
-¡No!
-Iker, por favor-Empezó Silvia-. Que es tarde y no quiero enfadarme.
-¡Que no! ¡Que no!
Pepa suspiró y lo miró de brazos cruzados. Silvia se colocó en cuclillas para estar a su altura.
-¿Tú mañana vas a ser bueno?-Preguntó. El niño asintió-. Pues si eres bueno, mañana te lo cuento ¿vale?
-Mami…-Murmuró con carita de pena-. Pofa…
Ella miró a Pepa y en cuanto vio esa mirada de negación, suspiró.
-No, mi amor. Te has portado mal y te quedas sin cuento. Venga, a la cama.
Él se fue con poca gana y Silvia suspiró. Se giró y cuando vio el ceño fruncido de Pepa sonrió sin más remedio.
-¿Qué pasa?-Preguntó la morena.
-Me encanta cuando te pones en plan madre.
-¿En plan madre?
-Sí-La cogió del cuello y la miró a los ojos-. Te pones muy sexy cuando riñes a los niños.
Pepa sonrió.
-Pues yo no sabía que te gustaba tanto así.
-Pues ya lo sabes.
Se besaron con ternura y Silvia se encogió cuando notó las manos frías de su mujer acariciarle la espalda por debajo de la camiseta.
-¿Vas a la cama y yo le doy las buenas noches a los niños?-Preguntó la pelirroja.
-Claro.
Se volvieron a besar.
-¿Quieres que te cuente un cuento?-Preguntó Noah mirando a su hermano, que se secaba las lágrimas sentado en su cama. Ya no lloraba, era un poco teatrero, como cualquier niño.
-¿Tú?
-Sí ¿Quieres?
-¡Sí!
Noah se bajó de su propia cama, encendió la lamparita pequeña, apagó la luz del techo y se sentó en la cama de Iker, a su lado.
-¿Cuál quieres?
-Uno nevo.
Noah se lo pensó un poco. Iker le decía eso cada vez que quería que su hermana se inventara alguno. Tenía una imaginación desbordante y al niño le encantaba escucharla contar aquellas historias tan mágicas. La niña tenía pensado contarle a su hermano uno que escribió siendo muy pequeña. Bueno, que dibujó. Al principio pensó que era muy pequeño pero luego se dio cuenta de que así era mejor. Dentro de un par de años se preguntaría, como ella, por qué en los libros siempre salía un príncipe y una princesa. Buscó en librerías y en bibliotecas pero no encontró ninguno para enseñarle lo que quería. Por eso, esa noche, se decidió por fin a contarle aquel cuento. Su cuento.
Silvia, que estaba escuchando desde el pasillo, corrió a la habitación. Le pidió silencio a Pepa y juntas fueron al cuarto de los niños. Desde la puerta, un poco escondidas, escucharon aquella historia que Noah nunca quería contarles. Le daba vergüenza.
-Érase una vez en un país muy, muy lejano, una princesa en una torre. Pero esta no es la princesa del cuento del príncipe que sube por su pelo ¿eh?
-No, porque ese no es nevo.
-No-Se apoyó en la pared y su hermano hizo lo mismo-. Esta princesa era una princesa aburrida. Estaba muy solita en la torre, aunque muchos príncipes habían llegado para que bajara. Pero ella no quería.
-¿Po qué?
-Porque con ellos se aburría. Entonces, un día, llegó una princesa montando a caballo. Una princesa con vestido rojo.
Silvia y Pepa sonrieron. La segunda negó con la cabeza, sin creérselo.
-¿Ota pinsesa?
-Sí, otra. Y le dijo que bajase con ella, que se lo iba a pasar bien. La princesa de la torre bajó para jugar con la nueva princesa, y a la princesa del vestido rojo le pareció muy, muy, muy guapa. Las dos princesas se hicieron muy amigas, pero entonces vino un monstruo y se llevó a la princesa de la torre.
-¡Un mostro!-Exclamó Iker con los ojos muy abiertos.
-Sí, era verde y feo, y la princesa del vestido rojo se puso a llorar. No quería que se comiera a su amiga. Entonces, cogió su espada y fue a buscar al monstruo. Cundo la princesa de la torre la vio, se puso muy contenta.
¿Por qué vienes a buscarme? Le dijo ella. ¡Pues porque te quiero! Dijo la del vestido rojo.
La princesa corrió y corrió y con toda su fuerza le clavó la espada al monstruo. Entonces el monstruo dejó libre a la princesa de la torre y las dos se abrazaron. Después las dos se fueron a vivir juntas a un castillo, se casaron, y fueron felices y comieron perdices. Y colorín colorado…
-¡…Ete cuento s'acabao!
Iker aplaudió contento y Noah se sintió aliviada al ver que su hermano disfrutaba con aquel cuento. No se extrañó demasiado al ver a una princesa con otra princesa. Era normal. Era un niño pequeño que tenía dos madres, ¿por qué iba a ver raro que dos princesas estuvieran juntas? Entonces… ¿Por qué no hacían más cuentos de ese tipo? ¿Tan difícil era? Ahora que Noah era más mayor se lo preguntaba con más frecuencia.
Silvia apareció justo cuando Noah acabó el cuento. Hizo como que no había escuchado nada y besó a sus hijos con cariño. Les cerró la puerta y fue a la habitación, donde Pepa la esperaba sonriente. Ambas se abrazaron.
-Hemos hecho un buen trabajo-Dijo Pepa-. Estaba cagá' porque pensaba que no pero… Lo hemos hecho bien ¿eh?
-Yo sabía que lo haríamos bien.
-Yo sabía que tú ibas a hacerlo bien, eres una madre perfecta. En mí tenía menos confianza.
Silvia la llevó hasta la cama a base de empujoncitos y cuando cayó, se colocó encima. La abrazó de nuevo con cariño, apoyando la cabeza en su pecho.
-Pues ya ves que al final has sido una grandísima madre.
-No cantes victoria, aún nos queda la adolescencia.
Silvia puso los ojos en blanco y se separó para tumbarse en el colchón boca arriba.
-Solo con pensarlo me asusto. Va a ser la guerra viva.
-Noah e Iker ¿verdad?
-¡Noah y tú!-Exclamó Silvia. Pepa abrió la boca fingiendo sorpresa.
-¡Oye!
-¡Cualquiera os aguantará!
La morena rio y la besó. Silvia besó un par de veces su cuello y hundió las manos en la melena de Pepa. Se volvieron a besar.
-¿Todo preparado?-Preguntó Paz hablando por un móvil.
-Todo listo-Aseguró alguien al otro lado del teléfono.
-Pues cuando se duerman, entramos-Avisó Iván sentado al lado de Paz.
La mujer guardó el móvil y tiró del brazo del chico para esconderla tras un cubo de basura. Pasaba un coche por allí y no podían verles.
-Principiantes…-Pensó.
Iván aprovechó para mirar la ventana de casa de los Miranda Castro. Estaba a la altura de un segundo piso y veía casi imposible eso de saltar después por ahí. Quizás, si Noah no se asustaba e Iker no despertaba, Paz podría salir por la puerta y él no tendría que inflar la cama elástica.
Suspiró nervioso y se mordió el labio inferior. Sabía de sobras como eran aquellas mujeres y temía por su vida. Si los niños despertaban y por tanto las madres también, no lo sabría hasta que la mágnum de Pepa asomara por la ventana, por lo que no tendría escapatoria e iría a la cárcel. Si eso pasaba, se entregaría sin duda. Si llegaba junto a la banda de Alec sin la niña, era hombre muerto. Cerró los ojos.
-Por favor, que todo salga bien…-Deseó.
No se imaginó que todo ocurriría demasiado rápido aquellos días.
Paz se puso los guantes oscuros y suspiró con una sonrisa. Estaba llena de adrenalina y le encantaba. Por fin todos esos años estaban dando sus frutos. Con la niña en su clase podía enterarse de todo lo que hacía su familia. Si salían o entraban de casa, si les asustaba esto o lo otro, si tenían puntos débiles o no… Y no era fácil con una niña de tres años, ni de cuatro. Pero cumplió los cinco y la confianza entre ambas creció. Además, Paz estaba segura de que Noah no les contaría a sus madres nada sobre aquellas charlas a la hora del recreo o aquellas veces en que la sacaba de clase de otro profesor para hablar con ella. La conocía bien. Para asegurarse que la niña no contaba nada, sacaba a relucir un tema del que no le gustaba hablar, como el miedo por un nuevo divorcio de sus madres, los celos con Iker, el odio hacia David… Cada vez que Noah salía de una conversación con Paz se sentía bien por dentro. Se desahogaba sobre cosas que no podía contarle a sus madres.
Poco a poco consiguió que confiara tanto en ella que cualquier pregunta, por rara que fuese, le parecía normal. Si mamá Pepa tenía miedo de algo, si mamá Silvia sabía algo de un tal David, si alguna vez habían matado a alguien estando de servicio…
Lo que no sabía Paz era que Noah ya había crecido lo suficiente, y con siete años las respuestas eran menos claras tanto por la vergüenza como por falta de recuerdos. Cuando Paz le preguntó por David, ella respondió que no tenía ni idea. No lo podía recordar, era muy pequeña. Había algunas lagunas en su plan pero eso era precisamente lo que más le gustaba, porque tendría que improvisar.
Se ató bien las zapatillas deportivas y sonrió a su compañero, aunque este no le devolvió la sonrisa. Iván tenía el doble de miedo. Formaba parte de todo eso por herencia. Su padre era amigo del gordo de la mafia italiana, y su hermano menor era Alec, el jefe de otra banda de delincuentes. ¿Cómo zafarse de aquello sin ser acusado de traidor y después asesinado?
-Ve inflando la cama elástica-Ordenó la mujer colocándose bien el pinganillo.
-Yo creo que lo de saltar por la ventana es un poco peregrino.
-Deja de joder, ¿quieres? Si todo sale bien y tú te quedas aquí, calladito, salgo por la puerta.
Él suspiró y asintió. Pulsó el botoncito de un mini motor y la cama empezó a inflarse. Paz sonrió de nuevo y le dio un golpecito a su compañero deseándole suerte, tanto él como a sí misma. Salió de su escondite y comenzó a montar la escalera metálica que iba por partes. A los quince minutos ya estaba dentro. Había sido pan comido.
Sus zapatillas deportivas eran de goma y no hacían apenas ruido al pisar el suelo. Fue poco a poco, controlando su respiración, como siempre había hecho. Estaba más que ejercitada. Antes de dirigirse a la habitación de los niños encendió una linternita minúscula y la apuntó al suelo. Quería la suficiente luz para no chocarse con nada, pero la mínima para que las mujeres no despertaran. Se asomó a la habitación de estas y comprobó que estaban dormidas. Cogió aire.
Abrió la puerta entrecerrada de la habitación de los niños y se sentó en la cama de Noah. Ella se movió un tanto molesta y la mujer comenzó a zarandearla con cuidado. La niña entreabrió los ojos.
-¿Mami?
-Shhh-Le pidió silencio. Hablaba en baja voz-. No, cielo. Soy Paz.
Noah se frotó los ojos y se incorporó con el ceño fruncido.
-¿Seño Paz?
-Sí.
-¿Es un sueño?
Ella rió un poco.
-No, es que vengo a enseñarte una cosa que hay fuera.
Noah frunció el ceño. Juraría que estaba soñando porque aquello era todo menos normal. ¿Qué hacía su profesora ahí, en su habitación y en mitad de la noche? Negó con la cabeza.
-Me da miedo…-Murmuró. Era raro, era muy raro, y con la oscuridad lo parecía aún más.
-¿Qué te da miedo? ¿Yo?-Noah negó con la cabeza-. ¿La oscuridad? Pero si estás conmigo.
-Me da miedo… esto.
Se refería a la situación. Había algo que no encajaba y le estaban empezando a entrar escalofríos. Los mismos que le entraban cuando, por las noches después de cenar, se tomaba aquella horrible medicina para su enfermedad. Ya había dejado el aerosol de nuevo y cada vez iba dejando aquel problema de pulmones más lejos.
Paz fue a contestar, se tomaría todo el tiempo que fuese necesario con tal de que la niña saliese de la cama y fuera con ella hasta la puerta. Después solo tendría que acallarla y llevarla hasta el coche. Era así de simple. De todas formas algo la puso nerviosa.
-¿Noah?-Preguntó Iker somnoliento. La nombrada y Paz lo miraron.
La mujer se levantó y fue hasta su cama. Le acarició el pelo, Iker tenía los ojos cerrados y estaba bastante adormilado por lo que no se extrañó. Con él la jugada habría sido más fácil, era más pequeño. Pero Noah ya había crecido y no se fiaba de la gente así como así, y menos por la noche.
-Shhh…-Susurró Paz tapando a Iker-. Noah está aquí.
-Deja a mi hermano-Dijo Noah un poco más asustada-. Vete.
Paz frunció el ceño y se acercó de nuevo a la niña.
-¿No quieres estar conmigo?
-En el cole sí, aquí no.
-Venga, no seas tonta-Le puso la mano en el hombro.
-¡No!-Exclamó, apartándose bruscamente.
Iker abrió los ojos de nuevo. No solo él, Pepa también lo hizo y después suspiró.
-Creo que Noah tiene pesadillas.
Silvia no abrió los ojos y se pegó más a ella.
-Se le pasará con Iker.
Pepa asintió y se acurrucó también. En la habitación de los niños, Paz empezaba a desesperarse. De nuevo estaba llena de adrenalina, pero esta vez no le gustaba tanto.
En cuanto Iker vio aquella figura en la oscuridad, se tapó con la sábana y comenzó a lloriquear.
-Iker, tranquilo, soy Paz, la seño de Noah.
-No…-Murmuró él.
No les habría asustado si fuese de día, pero en la oscuridad todo se transforma, y más si estás medio dormido.
-Ven conmigo, Noah.
-Que no, déjame…-Noah también empezó a sollozar-. ¡Mamá!
Paz apretó los puños.
-No, Noah. Silencio.
-¡Mamá!
Silvia se incorporó. Pepa lo hizo también. Acostumbradas a la oscuridad, se miraron un tanto extrañadas.
-Pues menuda pesadilla-Dijo Pepa.
-Anda, ve a ver qué pasa. Voy preparando el biberón, porque si ha despertado a Iker, ahora no hay quien lo duerma.
Pepa suspiró con cansancio y salió de la cama con mala gana.
-Se acabó-Paz le tapó la boca como pudo y le cogió en brazos. Noah chilló y pataleó.
Iker, bajo la sábana, se tapaba los oídos, llorando. Llamaba a sus madres, pero muy débilmente. Temblaba de puro terror.
Paz salió con la niña al pasillo y escuchó unos pasos bastante rápidos. La habían descubierto. Todo pasaba terriblemente rápido.
Corrió hasta la cocina y vio la ventana abierta. Noah seguía pataleando en sus brazos y Pepa, asustada por los ruidos, llegó a la habitación de sus hijos. Quiso acercarse a ese bulto tembloroso que seguramente sería su hijo, pero al escuchar los pasos de un adulto y los chillidos que la niña intentaba hacer a través de la mano que se lo impedía, la hizo llegar a la cocina. Cuando llegó se quedó un poco paralizada. Una figura oscura salía por la ventana con la niña en alto.
-¿Iker?-Se escuchó a Silvia en la habitación. Seguramente, al no ver a Pepa allí, se acercó para tranquilizar al pequeño.
-¡Noah!-Exclamó Pepa-. ¡Mierda, no!
Corrió hacia la ventana y lo último que vio antes de correr hacia la puerta fue el cuerpo de una mujer caer en una colchoneta con la niña en brazos.
-¡Silvia, la pistola!
La morena no supo si llegó a cogerla o no, solo sabía que ella sí que no podría hacerlo, y menos con la muñeca fracturada. Abrió la puerta todo lo rápido que pudo y cuando lo hizo, Silvia llegó tras ella.
-¿Qué pasa?
-¡Se la llevan, joder, se la llevan!
Bajaron descalzas las escaleras y salieron a la calle fría, una con un camisón y la otra con la parte de arriba del pijama y unas braguitas, no más.
-¡¿Por dónde?!-Gritó Silvia con la pistola en alto-. ¡¿Por dónde, coño!?
Pepa no contestó, el coche negro que huía despavorido por la esquina habló por ella.
-¡Allí! ¡Noah!
Ambas mujeres corrieron desesperadas por la carretera, pero fue en vano. El coche se alejó y Pepa, que era la que corría delante, se quedó quieta por puro cansancio. Las piernas le fallaron y calló al suelo. Miraba a la carretera desierta por donde acababa de desaparecer el coche. No sabía qué pensar, no pudo. Silvia ni siquiera notó las piernas fallarle. Se desmayó en el momento en que vio a Pepa caer vencida sobre el suelo.
Se habían llevado a Noah.
…
19 de Abril.
Silvia
(*) Yo aún temblaba. Aferrada a mi taza de tila, había dejado de escuchar lo que todos le decían. En realidad no escuchaba desde el principio, casi ni vivía desde la noche anterior. Mis ojos hinchados solo podían compararse con los rojos de Pepa. Eran las tres de la tarde y por aquella casa habían pasado todos y cada uno de nuestros conocidos para mostrarnos su apoyo, para acompañarnos en aquel dolor, para… para nada, porque nada nos servía. Tantas palabras de ánimo me recordaban al "funeral" de Lucas.
Funeral… No quise ni pensarlo.
Mi padre llegó de madrugada. Ni quisimos ni pudimos ir a comisaría. Cuando desperté del corto desmayo vi a Pepa arrodillada frente a mí, llorando. Me incorporé en el asfalto y me abrazó, aferrándose a mí y yo aferrándome a ella, como si lo único que podría llevarnos a no caer en la locura fueran los brazos de la otra.
Iker estaba aterrorizado bajo la sábana pero por suerte conseguimos convencerle de que todo había sido una pesadilla y volverlo a acostar. La policía se había movilizado, los compañeros llevaban horas trabajando… Y mi niña estaba en cualquier sitio de la ciudad, asustada.
-Tita, come algo…-Murmuró Sara. También ella había llorado.
Me limité a negar con la cabeza. Seguía con la mirada fija en un sitio, sin ver nada, solo recordando, escuchando los gritos acallados de mi hija, viendo el coche alejarse. Seguía llorando silenciosamente, notando las lágrimas deslizarse por las mejillas. Apreté la taza caliente sin ni siquiera apartarme las lágrimas. No podía moverme, simplemente no podía.
Pepa no estaba mejor aunque lo llevaba de diferente manera. Era un poco más positiva aunque solo frente a mí. No quería verme así. De todas formas, su mundo también se había derrumbado encima de su cabeza.
-No tenemos noticias-Dijo Curtis negando con la cabeza. Acababa de hablar con el comisario-. Lo siento.
Pepa asintió. Juro que pude ver su alma. No estaba. Se había pulverizado. Apretó los puños, asintió e intentó guardar la compostura pero no lo consiguió. Se levantó del sofá llorando y la vi marcharse, seguramente hacia el baño. Vomitó.
De la misma manera que Paco utilizaba su pañuelo, Pepa vomitaba. Se había convertido en una manía desde que se quedó embarazada de Noah.
Noah… Mi Noah, mi niña, mi princesa…
-No…-Murmuré involuntariamente.
Dejé la taza en la mesa y me levanté mareándome un poco.
-Silvia…-Comenzó Lola. Yo coloqué una mano frente a mí indicándole que se apartara.
-Solo quiero tomar el aire.
Más o menos dije eso. La voz me salía quebrada y los temblores no me ayudaban. Salí al pasillo y abrí la puerta. Estaba dispuesta a gritar pero ni tenía fuerzas ni estaba sola. Policías que ni conocía, investigadores, la guardia civil… Tenían acordonada la zona. Volví dentro y me dirigí a la habitación de invitados. Un sitio neutral donde no encontrar nada de Noah, donde intentar tranquilizarme.
Los vecinos que anoche nos vieron a Pepa y a mí en mitad de la carretera y que habían intentado ayudarnos hablaban ahora con los agentes. Eran testigos al fin y al cabo. Mi mundo giraba a mi alrededor y yo estaba prácticamente quieta. Cualquier movimiento me dolía, y era porque por dentro estaba empezando a deshacerme. Los ojos me dolían, las manos me temblaban, el pecho parecía a punto de reventar…
Abrí la puerta de la habitación y vi a Sabina sentada en la cama con una muñeca de mi hija en las manos. Sabina se había convertido en una niña preciosa de diez años, de pelo castaño claro y una sonrisa que iluminaría Madrid. Una sonrisa que no había visto desde que llegó a casa.
Ella levantó la cabeza en cuanto me escuchó. Yo también la miré. Tras unos segundos sus ojos se inundaron y se los secó con fuerza. Yo cogí aire y me senté a su lado. Acariciaba el pelo de la muñeca de Noah.
-Quiero que vuelva…-Murmuró. Yo me resquebrajé-. Era mi mejor amiga. Quiero… quiero que Noah vuelva.
Me rompí. Me encogí en mí misma y, con las manos en la cara, comencé a llorar. Ella lloraba también. Estaba siendo un día muy duro para todos. Para todos excepto para Iker, que jugaba con Sergio en su habitación, sin extrañarse demasiado sobre todo aquello. Para él, su hermana estaba en casa de una amiga y lo de la noche anterior fue solo una pesadilla.
Una pesadilla de la que yo deseaba despertar. (*)
La tarde pasó horriblemente lenta y no hubo apenas noticias. Los invitados fueron marchándose y Silvia y Pepa por fin dejaron de llorar. Tenían la vista nublosa y horribles dolores de cabeza producidos por el llanto.
Ambas tenían un miedo terrible a quedarse solas. Porque parecería que la niña estaba allí, peleándose con su hermano, riendo, jugando… Pero no. Estaban solas. Ellas e Iker.
Pepa cerró las cortinas, ya era tarde y no quería que su hijo viera todos los policías que seguían buscando pruebas por la zona.
-Venga campeón, a dormir-Dijo la morena alzándolo por encima de su cabeza.
Iker rio y Pepa notó como su corazón latía. Seguía viva al fin y al cabo, y no sola. Silvia la necesitaba y no iba a dejarla abandonada, sola con su tristeza. Intentaría verlo todo de manera positiva frente a ella, para no alarmarla, para que no se sintiera peor. Y estaría siempre a su lado para que no se sintiese sola con respecto a la batalla en la que estaba participando. Una batalla contra ella misma, contra el tiempo, contra sus sentimientos negativos… Una batalla contra esos pensamientos que a veces le venían a la cabeza, esos pensamientos que le gritaban que su hija no iba a volver.
También estaba Iker. Su precioso hijo, alegre, lleno de salud. Ese niño al que por suerte no le había pasado nada y al que debía cuidar. Porque era su madre y quien estaba en peligro era su hermana mayor, aquella que en unos años le ayudaría con los deberes y le peinaría con gomina para impresionar a la persona que le gusta.
-¿Puedo ver tele un atito?-Preguntó el niño.
Pepa negó con la cabeza sacando una falsa sonrisa.
-Haz caso a mamá-Añadió Silvia, que acababa de entrar. Seguía con los ojos hinchados y apenas había cenado nada. Ni ella ni Pepa.
Ninguna de las dos tenía gana de escuchar a Iker quejarse, patalear, llorar y gritar, y temían que la situación les hiciera reñirle exageradamente y asustar al pequeño. Pero en contra de todo pronóstico, él puso cara de pena y asintió. Fue a la habitación seguido de sus dos madres quienes apenas daban crédito a lo que veían. Simplemente se metió en la cama, aceptando lo que le habían impuesto.
Y es que Iker era pequeño, pero cualquier niño entiende los gestos. Él no era como Noah, que se olía a kilómetros alguna pelea de sus madres y sabía alejarse antes de que estallaran. Él apenas las había visto pelear ya que Pepa y Silvia habían estado muy bien desde que el nuevo miembro de la familia llegó. Además, de las pocas discusiones que habían tenido, el niño no se había enterado de la mayoría, porque su hermana sabía cuándo irse y no contestar.
-Ahora no les digas nada-Le solía aconsejar Noah cerrando la puerta de la habitación.
-¿Po qué?
-Porque están hablando de cosas de mayores, y cuando pasa eso tienes que callarte y no molestar. Si no se enfadarán aún más.
Iker no lo entendía muy bien, pero conocía aquella mirada que le había lanzado mamá Silvia. Una mirada llena de tristeza, una mirada cansada. Él lo único que sabía era que en esos momentos debía hacer caso si no quería hacer más daño.
Sus madres lo besaron y antes de apagar la luz miró la cama de su hermana.
-Mami-Las llamó-. ¿Cuándo vene Noah?
Silvia sintió que se le encogía el corazón y prefirió salir de la habitación sin contestar. Pepa se frotó los ojos para intentar eliminar cualquier rastro de tristeza que pudiera preocupar al niño y le acarició el pelo.
-Pronto, cariño. Muy pronto.
Él asintió y se acurrucó bajo la sábana. Pepa apagó la luz y entrecerró la puerta. En el pasillo vio a Silvia, que estaba apoyada en la pared con la mano en la boca.
-Mi amor…-Murmuró Pepa acercándose a ella y abrazándola.
-No puedo…-Susurró comenzando a temblar otra vez-. No puedo más…
Pepa continuaba guardándose las lágrimas y apretó a su novia contra ella, acariciándole el pelo.
-Todo va a salir bien, ya lo verás. Te lo prometo.
Silvia no asintió. Se apretó más a Pepa y después se separó para secarse las lágrimas.
-Vamos a la cama, a lo mejor… a lo mejor si descansamos lo veremos todo de diferente manera.
-Ve tú, yo prefiero quedarme un rato en el salón.
Silvia la miró intentando expresar otra cosa que no fuera tristeza, rotura o preocupación, pero no pudo. Sabía que la morena se lo estaba guardando todo para no preocuparla aunque ahora lo volvería a soltar a solas. Un poco por no empeorar la situación, un poco porque le avergonzaba que la vieran tan débil…Fuese por lo que fuese, Silvia deseaba por una parte que se desahogara con ella, pero por otra prefería no verla llorar, porque se desmoronaría del todo.
Se acercó de nuevo a Pepa para darle un corto beso en los labios húmedos y fue hacia el dormitorio. A mitad de camino se paró, pensándoselo mejor. No era justo que Pepa estuviera apoyándola y ella no pudiera hacer nada. No era justo que Silvia tuviese que dejarse apoyar mientras veía como la mujer a la que más amaba estaba sufriendo incluso más que ella pero no era capaz de demostrarlo abiertamente.
Se giró y volvió sobre sus pasos. Se paró frente a Pepa y la miró a los ojos, prácticamente viendo su interior. Con las manos temblorosas la cogió de la coronilla y tiró de su cabeza hasta colocarla en su hombro.
Pepa no dijo nada. Aquel gesto significaba "llora, necesitas desahogarte y estoy contigo".
La morena dejó caer la primera lágrima, y la segunda, y la tercera. Dejo que el llanto fluyera y se aferró con fuerza al cuerpo de Silvia. Arrugó su camiseta por la espalda y con cada lágrima que caía recordaba a Noah.
-Mi hija…-Murmuró-. Que me devuelvan a mi hija…
Silvia también lloraba. Cerró los ojos deseando de nuevo que al abrirlos la niña estuviera allí, sonriéndoles. Acarició el pelo moreno de Pepa. Era preferible que se desahogaran ahora, mañana tenían mucho en qué pensar y no debían dejarse las cosas dentro. Porque cuando Silvia se lo escondía todo, acababa estallando en llantos y debilidades. Le fallaban las piernas y comenzaba a temblar, como ahora. Pero Pepa, si no se desahogaba… Era capaz de coger la mágnum, salir a la calle y matar a cualquiera que se interpusiera entre el ella y su objetivo: encontrar a Noah.
20 de Abril
David cogió aire antes de entrar a la habitación. Sabía de sobras con lo que se encontraría y no le gustaba nada. Sudaba y tenía los puños apretados pero huir podría ser peor. Abrió con un poco de miedo y finalmente entró. En la sala vio a Paz, a sus dos hermanos y al mismísimo Gordo en persona. Tragó saliva.
-Bienvenido, hermanito-Dijo Iván-. Por fin has podido salir de la trena ¿eh?
David no contestó.
-No hagas caso a este imbécil-Añadió Alec-. Estamos un poco mosqueados contigo, tío. Al final te pillaron.
-Fue una emboscada-Dijo por primera vez, serio.
Paz bufó y él le dedicó una mirada asesina.
-Yo quería a la pelirroja-Habló el Gordo. David se tensó enseguida-. Y no me la has traído.
David era el pequeño de tres hermanos. Eran un trío bastante peculiar que el Gordo adoraba por las cualidades que cada uno tenía. Iván, el mayor, era un dios de la informática, Alec, el segundo, era un manipulador excelente y David… David era capaz de observar el más mínimo detalle. Juntos eran invencibles, o eso suponía, ya que en sus planes no entraba que el pequeño verdaderamente se hubiese enamorado –u obsesionado, más bien- de Silvia ni que el mayor hubiese sentido algo especial por Noah. Una sensación de protección que no todos tenían. Él tenía una hija que murió con cinco años, asesinada. Desde entonces forma parte de la banda. Y Noah le recordaba tanto a ella…
-Pero ella estaba de nuestra parte. Si vuelvo y…
-Y tanto que vas a volver-Intervino Paz. Era la mano derecha del Gordo por lo que a este no le importaba demasiado que se metiera en la conversación-. Vas a ir para convencerla de que se una.
-¿Por qué no contactasteis con ella?
-Creemos que se ha vuelto al lado bueno-Comentó Iván-. Pero no estamos seguros, quizás lo ha hecho para proteger a sus hijos.
-Entonces quizás no quiera volver-Opinó David.
Todos a su alrededor sonrieron. El Gordo soltó una carcajada y Alec se levantó.
-Ven conmigo, hermanito.
Pasaron por un pasillo trasero y llegaron a una habitación. Encendieron la luz y se pudo ver un cristal como el de la propia comisaría. Detrás había una habitación con juguetes, una cama mullida y un montón de libros. Sentada en la cama con los brazos cruzados, una niña medio llorosa. Una niña que, aunque con dos años más, le sonaba muchísimo.
David miró a su hermano sin creérselo.
-¿Noah?
-La misma.
-Pero… ¡Habéis secuestrado a la niña!-Exclamó con los ojos muy abiertos-. ¿Estáis locos?
-Seguimos órdenes. Además, será por poco tiempo, solo hasta que nos aseguremos de que la mujer quiere colaborar.
David miró a Noah y negó con la cabeza. No le dolía verla ahí, le daba igual la niña, solo le importaba Silvia. Además, tenía miedo. Si la niña lo veía acabaría reconociéndolo y hablando de él en la comisaría. Lo volverían a meter en la cárcel y bastante mal lo había pasado allí.
Paz entró a la habitación con una bandeja en la que había un plato de sopa caliente y un poco de pescado. Miró con aires de superioridad al recién llegado y sacó una llave del bolsillo con la cual abrió la habitación de Noah.
-Noah, es la hora de comer.
La niña la miró asustada, pero también enfadada. Aquella valentía convertida en ira procedía de su madre, sin duda. Tenía mucho carácter.
-Déjame.
-Tienes que comer.
-¡No!
Paz apretó los labios. Tenía órdenes estrictas de no hacer daño a la niña porque eso significaría la no colaboración de Silvia, por tanto el posible asesinato de la niña, y así, un delito más acumulado. Apretó la bandeja y la dejó en el escritorio.
Salió de la habitación sabiendo de sobras que no comería. Desde el día anterior no había comido nada y tenían que cuidar de ella.
-¿Dónde vas?-Preguntó David.
-A llamar a Iván, él es el único capaz de convencerla de que coma.
-Se le dan bien los críos, ya sabes, y más después de lo que pasó-Añadió Alec mirando a su hermano y refiriéndose a la pérdida de la sobrina de ambos hacía unos años.
-Sigo insistiendo en que esto es una locura-Admitió David.
-Pues deja de dar por culo, porque ya tienes la maleta en la puerta. Ve a San Antonio e intenta hablar con Silvia como puedas. Si no te llevas la paliza y lo sabes.
-Si no te matan…-Murmuró Iván apareciendo por la puerta-. Tío, no matan a la niña porque no pueden hacer que parezca un suicidio, pero te digo yo que en cuanto dejes de servirles… Pum. Balazo en la sien y tus huellas en la misma pistola que te disparó. Son profesionales.
David suspiró y asintió. Profesionales. También él lo era y no iba a dejarse asesinar tan fácilmente.
Escuchó a la niña toser con la mano en el pecho y le echó un vistazo. Conocía su enfermedad aunque no sabía si ya había dejado el aerosol o no. A Noah se le habían saltado las lágrimas por el esfuerzo. Cogió aire con dificultad.
David acabó de pensarlo. No tenía otra opción, por lo que asintió a sus hermanos y salió de la habitación. Iba en dirección al barrio de San Antonio.
…
-¡Mamos, tita!-Exclamó Iker tirando de la mano de Lola.
La mujer le sonrió y le acarició el pelo.
-¡Mamos!-Repitió Sergio. Siempre repetía todo lo que "su primo" decía.
-Ya va, ya va. Pero… ¿A que no habéis cogido los muñecos?
-Es verdad. ¡Corre, Sergio!
Sergio soltó la mano de su abuela y corrió tras Iker. Los escucharon rebuscar entre los juguetes de la habitación y Lola acarició el brazo de su hermana.
-¿Cómo estás?
-Hecha una mierda…-Murmuró-. Pero un poco más despejada.
-Gracias por llevarte a Iker, cuñada-Dijo Pepa-. Entre Sergio, Sabina y él tienes montada una guardería en casa.
-No te preocupes, es la única manera en la que puedo ayudar ahora.
Cierto. Todos los demás estaban muy ocupados. Se habían acabado las veinticuatro horas de espera oficiales y todos estaban dispuestos a encontrar a la niña. Silvia se quedaría en casa contestando las llamadas telefónicas que no habían dejado de sonar en todo el día, apuntando cosas tan absurdas como números, moléculas de ADN o matrículas. Información de coches robados, nombres falsos… Todo estaba apuntado en diversas libretas que ya tenía más que preparadas. Su casa se había transformado de pronto en una central de información donde ella era la principal afectada, y si Iker estaba correteando por la casa tendría que echarle un vistazo demasiado a menudo y no tendría tiempo.
Pepa saldría de vigilancia y, si tenía suerte, de persecución. Iría en un coche camuflado con Montoya, Lucas y Sara y teniendo siempre conectados a Rita y Curtis al otro lado del pinganillo. Ya era hora de actuar y si tenían que dar una vuelta por toda la ciudad, lo harían.
-¡Ya!-Aseguró Iker.
-¡Ya!-Repitió Sergio.
-Pues venga, que ya mismo llega Sabina y nos vamos al parque.
-¡Bien!-Gritaron al unísono.
Pepa se colocó en cuclillas y sonrió a su hijo, que le devolvió la sonrisa.
-¿Me das un beso?
-¡Sí!
Estiró los brazos para abrazarla también y apretó los labios contra la mejilla de su madre. Apretó todo lo que pudo y la morena se tiró al suelo, exagerando la situación.
-¡Hala! ¡Qué fuerte! ¿Eso es porque me quieres mucho?
-¡Mucho, mucho, mucho!
Pepa lo besó también con fuerza y le hizo unas cosquillitas en la barriga. El niño rio. Miró después a Silvia y también la besó.
-¡Adiós, mamá!
-Adiós, cielo.
Lola les dedicó otra mirada de apoyo, aunque también ella sufría por su sobrina. Salió por la puerta con los dos niños de la mano y cuando las dueñas de la casa se quedaron solas, suspiraron a la vez.
-Voy a por la reglamentaria-Dijo Pepa dirigiéndose a la habitación.
Silvia la miró con aquella mirada triste que la perseguía desde que su hija desapareció hacía dos días. Se frotó los brazos, un poco por cobijo, otra por los escalofríos que sentía de vez en cuando si sentía esas punzadas dolorosas en el pecho.
Pasó frente a la habitación de sus hijos y sonrió un poco al ver los juguetes de Iker por el suelo. Se agachó para recogerlos y cuando levantó la mirada, apretó los puños.
La huella blanca de su hija encima de su cabecero y su nombre en letras finas, negras.
La pelirroja se levantó con un nudo en el estómago y miró seria aquel dibujo. Escuchó a Pepa llegar y después entrar para quedarse junto a ella, seria.
Silvia apretó los labios y acarició la pared, tocando la huella de Noah. Dejó salir un par de lágrimas silenciosas.
Pepa tragó saliva y notó un gran peso sobre sus hombros. Sabía que Silvia quería que lo sacara todo, pero no podía. Para la morena, su deber era sostener a su pareja siempre, mantenerla bien sujeta y evitar que cayese al suelo de bruces. Si ella misma caía no pasaba nada, lo único que deseaba era que, al caer, Silvia no fuese detrás.
Pepa se acercó más lentamente y alargó el brazo hasta posar su mano encima de la de la pelirroja. La acarició con ternura y le dio un beso en la cabeza.
-Todo va a salir bien-Silvia no contestó. Seguía llorando silenciosamente, aun cuando pensaba que era imposible dejar caer más lágrimas-. Cariño, ten esperanza. ¿Confías en mí?
Silvia asintió. Apartó la mano de la pared para secarse las lágrimas y miró a Pepa. Volvió a asentir.
-Todo va a salir bien…-Murmuró como pudo-. Mi niña va a volver.
-Claro-La abrazó con fuerza y miró el reloj. Se separó de ella-. Me tengo que ir, tengo que recoger a Sara antes de ir a comisaría.
-Vale. Ten cuidado.
-Sí. Ya verás como todo se pasará pronto-La besó con dulzura, esperando que aquel beso hiciera desaparecer la acidez de estómago que de nuevo había aparecido.
-Te quiero-Dijo la pelirroja secándose las últimas lágrimas cuando se separaron.
-Y yo a ti, mi amor.
…
El silencio se había apoderado del coche. Pepa conducía mirando a la carretera fijamente mientras que su sobrina miraba por la ventana, ausente. Negó con la cabeza sumida en sus propios pensamientos sin entender por qué se habían llevado a su prima y, por desgracia, comprendiendo el sufrimiento de Silvia. ¿Y si ella perdiese a Sergio? No sabría si podía levantarse de la cama.
-Supongo que debería hacerlo para encontrar a mi hijo-Pensó.
A quien no comprendía tan bien era a Pepa. Sabía de sobras que estaba mal, fatal, pero según Silvia, no lloraba ni la mitad de veces que ella. Eso sí, había hecho varios viajes al baño para vomitar.
-Es algo psicológico-Le había dicho Lucas-. Es su mecanismo de autodefensa, en vez de llorar, vomita.
A la rubia no le parecía muy lógico pero ¿qué era lógico cuando secuestraban a tu hijo? Era algo tan grande, tan doloroso que… que no parecía ser posible de explicar. Algunos gritan, se autolesionan, enferman, mueren o incluso ríen histéricamente. ¿Qué se hacía cuando un hijo desaparece?
-Me preocupas-Dijo por fin Sara abriendo la boca por primera vez.
-Me harías un favor si te preocuparas por encontrar a Noah y no por mí.
-Tita…
-Estoy bien-Contestó tajante cuando paró en un semáforo.
-Eso es lo que me preocupa. Y no solo a mí, también a Silvia. Te lo estás guardando todo.
La morena apretó el volante.
-No me lo estoy guardando todo. He vomitado, he llorado a solas, también con Silvia… Simplemente pienso que ahora es mejor estar con la mente fría para…-Cogió aire y apretó suavemente el acelerador-… Para encontrar a mi hija.
-Te entiendo, pero la mente fría debes mantenerla ahora, no cuando estás en casa.
-Sara… Déjalo, por favor.
-Solo me preocupo por ti.
-Lo sé y te lo agradezco pero…-La miró unos segundos y se frotó los ojos. Sentía de nuevo esas ganas de vomitar, pero iban disminuyendo a medida que las ganas de llorar crecían. Se dio cuenta de que Sara estaba realmente asustada por la situación-. Pero es que no puedo…
-¿Por qué?
Pepa se pasó la lengua por los labios y tragó saliva.
-No quiero preocupar a Silvia. Ella… Ella está prácticamente arrastrándose por el suelo ahora mismo. Y yo intento levantarla, lo intento pero…-Sin querer comenzó a llorar. Cuando empezaba ya no podía parar-. Pero es que no sé si tengo fuerzas ya... A veces intento cargarla a mi espalda y conseguir que siga adelante pero acabo cayéndome yo también. Porque es muy duro, porque… Porque Noah no está.
Pepa se frotó la nariz, puso el intermitente y paró frente al aparcamiento de comisaría. Sara le cogió de la mano.
-No se lo he comentado a Silvia porque parece no recordarlo pero… pero no le hemos dado la medicina en dos días-Sara frunció el ceño, no se había parado a pensar en eso-. No sé qué puede pasar si está mucho tiempo sin tomarla… Yo… Yo también necesito que me digan que todo va a salir bien. Que me digan que mi hija está a salvo, que vamos a encontrarla…
-Todo va a salir bien, Pepa-La morena miró a su sobrina y se abrazó a ella-. Ya verás cómo todo se soluciona antes de que crees.
Estuvieron unos minutos más así, abrazadas, esperando que a Pepa se le pasase el llanto. Cuando se separó de Sara se frotó la nariz y se secó las últimas lágrimas que esperaba dejar caer ese día. Fue a sacarse un pañuelo de papel del bolsillo de la chaqueta y una cajita roja de terciopelo salió sin querer de ahí, cayendo en los pies de Sara. La rubia se agachó para cogerla y antes de abrirla, Pepa se la arrebató.
-¿Qué es eso?
Pepa se puso el pañuelo bajo la nariz y después suspiró.
-Nada., una… una tontería.
-¿Una tontería preocupante o…?
-No, para nada, es que pensaba… nada-Se guardó la cajita en el bolsillo de nuevo cogió el volante, apretando el acelerador para meter el coche en el aparcamiento de comisaría.
Sara la miraba extrañada y mientras su tía le prestaba atención al retrovisor, metió la mano en su bolsillo y sacó la cajita.
-¡Sara!-Exclamó Pepa.
La rubia no hizo caso y abrió la cajita. Un pequeño y simple anillo se erguía en el centro de la caja aterciopelada. Era una alianza. Sara miró con la boca abierta a Pepa.
-Pero… esto…
-¿Me lo devuelves y nos ponemos en marcha de una vez?-Preguntó seria.
-¡Vas a pedirle matrimonio a Silvia otra vez!-Exclamó con una sonrisa.
Pepa suspiró y salió del coche. Su sobrina hizo lo mismo.
-Iba a hacerlo, pero ha pasado todo esto y…
-¡Después!-Pepa la miró-. Después, cuando encontremos a Noah, le vas a pedir matrimonio.
-Solo…-Tragó saliva, le costaba decirlo-. Solo si la encontramos.
-Lo vamos a hacer-Aseguró-. Te lo prometo, ya verás. Y después…-Le devolvió la cajita-. Después vas a darle a la niña una de las mejores sorpresas.
Pepa, por primera vez en varios días, sonrió. Su sobrina tenía mucha fe en encontrar a su hija. Sus ánimos subieron un poco y también su esperanza. La encontrarían. Tuviera que dar su vida por ella o no, iba a encontrar a su pequeña.
Silvia
(*) Las seis de la tarde y ninguna llamada relevante. Pepa me llamó sobre las cuatro para preguntarme si había noticias, para saber si estaba bien y para decirme que ella lo estaba. Yo tenía un enorme dolor de cabeza. Era causado por el continuo llanto, no hacía falta ser médico para saberlo. Me dolían los ojos, me escocía la garganta y la migraña no tenía intenciones de desaparecer.
Llamaron a la puerta y me levanté del sofá un tanto sorprendida. ¿Noticias? ¿Noticias… buenas? Solté el bolígrafo y apagué la televisión. Me froté los ojos hinchados para asegurarme de que no estaba llorando –porque no, ya no sabía siquiera cuando lloraba- y abrí la puerta.
Me paralicé.
Era David. Con más barba, con la mirada más cansada… pero David. No supe cómo reaccionar. Apreté los puños y me preparé para correr, aunque él se dio cuenta de esto último.
-Espera, espera, espera. Vengo a hablar-Me dijo con una voz ronca.
Siendo sincera, estaba más enfadada que asustada. Él era uno de ellos, de los que se llevaron a mi hija. Aun así, estaba en la cárcel cuando todo sucedió. ¿Era también culpable?
-Vete…-Murmuré. Me aferré a la puerta, preparándome por si tenía que cerrarle la puerta de golpe.
-No, escúchame.
-No sé qué quieres ni qué…
-Sé dónde está Noah.
Aflojé los puños, destensé los músculos y mi vista se nubló. Parpadeé varias veces. Intenté hablar pero no pude. Sabía dónde estaba mi hija, eso por lo menos me decía que estaba viva. Si es que no estaba mintiendo, claro…
-Déjame hablar contigo, Silvia. Yo no sabía nada sobre lo de tu hija, te lo prometo. No sé cómo supieron que ese día partíamos hacia Italia pero por lo menos tú pareces haberte librado de la cárcel. Les dijiste que estabas con ellos, ¿no?
-¿Qué…?
Callé de inmediato. Mierda, mierda, mierda… Entre los dos años transcurridos desde la emboscada en el aeropuerto y ahora el secuestro de Noah se me había olvidado que él pensaba que yo era su novia, y más aún, que estaba con su grupo. Tenía mirada sincera, un poco desquiciada, pero sincera. Aún temblorosa le dejé pasar y cuando cerré la puerta a nuestras espaldas, él sonrió. Me quiso abrazar pero me aparté. Fue un acto reflejo pero… pero no creo que pudiera seguir con la farsa de todos modos. En un descuido suyo iría a por mi pistola y al volver le pegaría un tiro o lo detendría. Cualquier cosa para no tener que volver a mentir, a infiltrarme o peor aún, a besarle. No tenía fuerzas para eso, apenas tenía fuerzas para vivir.
-Ha pasado mucho tiempo y…-Comencé excusándome por no querer abrazarle.
-Te comprendo. Necesitas tiempo y encontrar a Noah. Cuando la encuentres volveremos a empezar y…
-¿Dónde está?-Le corté.
-Eso no puedo…
-David-Prácticamente le supliqué-. Dime dónde está la niña.
Se puso más serio y se señaló la camiseta. Tenía un micrófono.
-No puedo. Nos matarían a los dos.
Quise llorar de nuevo y no pude contenerme cuando le cogí la mano. Se la apreté y le miré a los ojos.
-Dime cómo está-Pedí-. Solo quiero saber si está bien.
Él sonrió un poco y asintió.
-Está muy bien.
Suspiré y le solté la mano. Me puse a dar vueltas por el salón y continué llorando. Un poco por pena al imaginarme a Noah asustadísima, un poco por emoción al saber que estaba bien, que estaba viva. Eso me llenó de vida a mí también. David me siguió y cuando me giré lo vi sonreírme con ternura.
-¿Cuándo… cuándo nos la van a devolver?-Pregunté.
-Eso es lo mejor, cariño-Cariño… Aún se pensaba que lo nuestro era verdad. Llevaba micrófonos y no podría detenerle o harían daño a Noah. Tenía que seguirle el juego-. Si vuelves, vuelve la niña.
-Si vuelvo… ¿dónde?
-A la organización-Se sentó en el posa-brazos del sofá y cogió una foto de Noah e Iker que teníamos en la mesita auxiliar-. No has dado noticias en dos años, pero supongo que es normal. Pepa dio a luz.
-Hace dos años, sí-Los datos se amontonaron en mi cabeza y tuve que esforzarme para seguir con aquella mentira. Debía ser buena actriz-. También es mi hijo, tuve que firmar para que no sospecharan.
-Ya…-Se lo pensó un momento-. Pero no os habéis vuelto a casar ¿no?
Yo negué con la cabeza. Volvernos a casar… Nunca lo había pensado. Pepa y yo estábamos realmente bien y quizás, si no hubiese pasado todo esto, nos habríamos pensado eso de casarnos otra vez.
-No, no iba a cagarla de esa manera.
Él volvió a sonreír y dejó la foto en la mesita. Me miró.
-Pues menos mal, porque sino nuestro plan se iría al garete y tú perderías a tu hija.
Me tensé. No quería ni pensarlo siquiera.
-¿Por qué?
-Bueno…-Lo vi nervioso. Se levantó del posa-brazos y me cogió la mano-. Los de la organización piensan que has vuelto al otro bando, al de los polis. No están muy seguros de entregaros a la niña porque creen que es una buena forma de teneros bien sujetas. Pero si se aseguran de que estás de nuestro lado, no nos hace falta Noah. Te tenemos a ti.
-Pues podéis estar seguros de que estoy de vuestra parte.
Lo dije demasiado rápido aunque él no pareció notarlo. La desesperación de no tener a mi hija me debilitaba y ellos lo sabían. David estaba un poco más ciego. ¿Me amaba entonces de verdad?
-Lo sé, yo te creo. Pero ellos son un poco más escépticos.
-Y…. ¿Qué hago? ¿Cómo demuestro que soy de los vuestros?-¿Cómo consigo que me devuelvan a Noah? Necesitaba respuestas y las necesitaba ya. Se estaba haciendo tarde y Lola llegaría de un momento a otro con Iker. No quería que mi hijo conociera a David. No quería poner en peligro la vida de otra persona más.
-Cásate conmigo-Contestó cortante.
Se me volvió a nublar la vista. Muchas palabras, muchos sucesos, muchas propuestas y solo una decisión para salvar la vida de Noah. Casarme con David… Parecía fácil. Fácil dentro de lo que cabe, porque hasta acostarme con él me parecería fácil con tal de encontrar a mi hija.
Pero había que pensarlo bien. A largo plazo, ¿qué significaba? Atarme más y más a la organización, a Alec y al Gordo, y no poder dejar la farsa. Si esto pasaba quizás tendría que asesinar, tendría que acostarme con David e incluso podría utilizarme contra Pepa. Pero a corto plazo… significaba salvar a Noah. Apartar el peligro de mi familia y quizás obtener más tiempo para que los nuestros se preparasen y pudieran acabar con todo por fin.
El objetivo primordial, recuperar a mi hija, me cegó. De todas formas actué para no levantar sospechas a los que escuchaban tras los micros.
-Pide… Pídemelo bien…-Murmuré con una sonrisa como si me hiciera muchísima ilusión.
Él se puso más nervioso todavía y se arrodilló sonriendo. Tragó saliva y sacó una bolsita de color oro de dónde sacó un anillo precioso.
-¿Quieres casarte conmigo?
Apreté los puños.
-Sí. Me caso contigo, David.
Él se levantó triunfal y me abrazó. Nos besamos. No pude ni sentir asco porque en mi cabeza solo estaba Noah. Noah, Iker y Pepa, por supuesto. Lo separé cuando intensificó el beso. Era demasiado pronto, no estaba preparada psicológicamente y mi hermana estaba a punto de llegar.
-Espera, espera-Dije-. Sabéis que podéis confiar en mí, pero cómo sé que yo puedo hacerlo. Quiero a mi hija, David.
-Y la tendrás.
-La quiero ya. Devolvedme a mi hija, casémonos en… en una semana y nos vamos juntos-Escuché la voz de Iker en el aparcamiento, fuera. No hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de que David no había reparado en él y sonreí seductora. Le provocaría para conseguir lo que quería y no haríamos nada porque llamarían a la puerta antes de que pudiera tocarme- Tú y yo a Italia, para siempre-Le cogí del cuello de la camisa y me acerqué peligrosamente a sus labios- Le contaré a Pepa que siempre le fui infiel, que te quiero a ti… La custodia de los niños para ella y tú y yo trabajaremos codo con codo para la organización.
-Eso me gusta…-Susurró él con una sonrisa lasciva en sus labios-. Pero... Tus hijos….
-Lo tengo pensado. Cuando sean más mayores los llevaremos con nosotros.
-¿Con nosotros?-Preguntó aunque con poco interés. Yo ya le estaba desabrochando la camisa.
-Son mis hijos y los quiero...-Le mordí el labio inferior y él sonrió.
-Vale… Organizaremos la boda para la semana que viene y mañana tendrás a tu hija durmiendo en su cama con los peluches de nuevo. Pero ahora…
Llamaron a la puerta. Salvada, lo sabía. Le di un beso travieso y lo hice esconderse tras la puerta. Lola entró y mi hijo me pidió que lo alzara. Cuando nadie miraba David salió. Todo parecía muy fácil. Bueno, según se mirase. Lo único de lo que estaba segura era de que esta vez se lo contaría todo a Pepa. Nada de secretos, nada de mentiras. Todo debía salir bien para que me devolvieran a Noah sana y salva. Lola me sonrió feliz al verme más alegre, yo no disimulé. Conociendo a los de la organización querrían tenerlo todo controlado. La boda no sería en Madrid para pasar más desapercibidos, tendría que invitar a toda la comisaría para que los de la mafia los tuvieran a todos en el punto de mira… Y después ya se vería. Yo lo único que sabía era que mañana tendría a mi hija entre mis brazos otra vez, lo demás… Lo demás no me importaba. (*)
Pepa cerró la puerta del coche con fuerza. Estaba estresada, agobiada. Llegaba a casa tarde, cansada y desesperada. Eran las doce y cuarto de la noche y no habían encontrado nada. Ni una señal, ni un testigo, ni una minúscula pista… Nada. Antes de subir los escalones se apoyó en la pared y se secó las lágrimas. La situación le podía, definitivamente le podía. Desde por la mañana temprano hasta más de media noche buscando, sufriendo por su pequeña en vano. Vio la luz del salón encendida y frunció el ceño. ¿Silvia despierta a esa hora? No solía ser así. Cuando se sentía mal se metía pronto a la cama para pensar, llorar o intentar dormirse, esperando que al despertar todo hubiese sido un mal sueño. Pero esta vez, cuando Pepa abrió la puerta y entró en casa, se la encontró sentada en el sofá, mirándose las manos y con la tele apagada. La morena suspiró y se sentó a su lado.
-Hola mi amor-Dijo dándole un abrazo.
Silvia sonrió cansada y se apretó más a ella.
-Hola.
-¿Iker está dormido?
-Sí, hoy ha jugado mucho.
-Me alegro. Lo mejor que hemos hecho ha sido mantenerlo al margen.
Silvia se pasó la lengua por los labios, se separó de su pareja y parpadeó varias veces intentando tranquilizarse.
-Tengo que contarte algo-Comentó consiguiendo preocupar a la morena.
Silencio. Pepa apretó los puños.
-No…-Susurró con el ceño fruncido.
-No, no es eso-Se apresuró a aclarar Silvia.
Pepa se dio cuenta de que se había tensado sin querer. Soltó todo el aire acumulado por la boca y apretó la mano de Silvia para que la suya dejase de temblar. Por un segundo se había imaginado la peor de las noticias.
-¿Entonces?
-David ha venido.
Silencio de nuevo. Pepa no dijo nada, se quedó un poco paralizada. Tragó saliva, la miró inquisitiva y negó con la cabeza.
-¿Qué?
-David… Ha salido de la cárcel.
La morena se pasó lentamente las manos a la cabeza y se levantó.
-Joder…-Murmuró. Se bajó las manos de la cabeza y con una se tapó la boca. Miró a su novia un tanto preocupada y se acercó a ella-. ¿Te ha hecho algo? ¿Estás bien?
La pelirroja sonrió.
-No me ha hecho nada, tranquila.
Pepa se volvió a separar y suspiró.
-Es que todo viene junto, coño.
Silvia la vio dar vueltas por el salón y prefirió lanzarlo todo de una vez, ir al grano. Si no lo hacía pronto se acabaría arrepintiendo.
-Sabe dónde está Noah.
Silencio otra vez. Se escucharon unas gotitas caer. Empezaba a llover. Pepa miró seria a su novia y se colocó de rodillas en el suelo, apoyando los brazos en las rodillas de Silvia. Frunció el ceño.
-¿Sabe…? ¿Sabe dónde está mi hija?
Silvia asintió. La morena apretó los puños y Silvia los acarició. Entonces le regaló a su pareja una sonrisa que parecía que no iba a volver y algo en el interior de Pepa se agitó. ¿Ilusión? ¿Esperanza?
-Nos la van a devolver, cariño-El labio inferior le temblaba y la sonrisa parecía a punto de quebrarse-. Mañana la tendremos de vuelta.
Pepa no aflojó los puños en un principio, pero si el ceño. Cogió aire y bajó la mirada hasta las manos que sin darse cuenta había entrelazado con las de la pelirroja.
-¿Habéis hablado? Noah… ¿Noah va a volver?
Finalmente Silvia comenzó a llorar silenciosamente y asintió con una diminuta sonrisa temblorosa. Se aferró al cuello de su mujer y la abrazó. Pepa aún estaba un poco desconcertada pero enseguida estiró los brazos y abrazó también a su mujer.
-Mañana. Mañana vuelve nuestra niña, Pepa.
La morena sonrió aunque las lágrimas se mezclaban con su sonrisa. Muchas emociones, muchas noticias juntas. Demasiadas ideas dando vueltas…
Pepa se separó de Silvia y se secó las lágrimas. Cogió aire intentando tranquilizarse.
-¿Por qué? ¿Qué…? ¿Qué te ha dicho? ¿Por qué se la han llevado?
La pelirroja tragó saliva y le pidió con un gesto que se sentara a su lado. Se dejó las manos en la cara unos segundos para hablar con la mente más o menos fría y serena y miró a Pepa muy seria.
-¿Recuerdas la infiltración? ¿MI infiltración?-Puso énfasis en el pronombre. La más alta asintió. Cómo para olvidarla… casi vuelven a separarse-. Pues ellos aún creen que estoy en la organización y que os la estoy jugando a vosotros. Se llevaron a la niña para controlarnos. Parece ser que nos quieren a nosotras, y Noah podría ser una buena moneda de cambio.
-Entonces, ¿por qué la dejan marcharse?
-Bueno…-Jugó con sus dedos-. Me quieren a mí. Me quieren a mí para llegar a ti, a tu hermano o a mi padre, no lo sé. Solo sé que puedo intercambiarme por Noah.
Pepa frunció el ceño. Negó con la cabeza.
-¿Tu cabeza por la de Noah?
-No, no es eso. Mañana tenemos a la niña y yo, dentro de una semana, solo tengo que entrar, sacar información y, cuando lo haga, los nuestros podrán proceder a la detención. Mientras estáis a salvo, tú y los niños.
-¿Y qué pasa contigo?
-A mí no van a hacerme daño, Pepa.
La morena volvió a negar con la cabeza y se levantó de nuevo del sofá. Llevaba todo el día con dolor de estómago y al llegar a casa parecía haberse apaciguado. Ahora tenía ganas de vomitar otra vez.
-No-Dijo muy segura-. Pero ni de coña, Silvia.
La pelirroja entreabrió la boca sorprendida y asintió.
-Es por la niña.
-La niña estará en casa sana y salva mañana y según me has dicho entras a la organización en una semana ¿no? Tenemos tiempo suficiente para detenerlos.
-Sabes perfectamente que no es tan fácil.
-No sé lo que es fácil y lo que no lo es, solo sé que mañana mi hija vuelve a casa y no pienso dejar que dentro de una semana quien desaparezca sea mi novia.
-¡No voy a desaparecer!
-Baja la voz que Iker está durmiendo.
Silvia se levantó también y se apretó la frente con los dedos. Le dolía la cabeza.
-¿Me escuchas?-Pidió la pelirroja. Pepa la miró con el ceño fruncido y los brazos cruzados-. Si cuando tengamos a Noah en casa piensas atacar, morimos todos. En primer lugar los niños.
-Pues se les esconde.
-No estamos jugando, coño. Estamos hablando de la mafia.
-¡Precisamente! ¿Recuerdas aquellos tíos que entraron en mi apartamento? Hablaron de ti, de violarte y de matarte.
-¿Hace cuánto, Pepa? ¡Casi tres años! Las cosas han cambiado.
-¿Por qué cojones han cambiado?
-¡Porque está David! Porque no va a permitir que me hagan daño y por él es por quien estoy metida dentro de la organización y por quien puede que demos caza al mismísimo gordo.
Pepa bufó y dejó caer los brazos sin creérselo. Se quitó la chaqueta y la tiró al sofá. Estaba empezando a entrarle calor. Demasiado estrés, demasiada tensión acumulada.
-O sea, que ahora tengo que darle las gracias.
-No te estoy diciendo eso, joder.
-Ahora tengo que darle las gracias por llegar, infiltrarse en la comisaría, ayudar a los gilipollas que han raptado a mi hija y, por cierto, tirarse a mi novia. ¡Ah, bueno! Fue por un operativo, precisamente el mismo operativo en el que ahora mi novia quiere participar. ¿No será que te da morbillo eso de hacerlo con un chico malo?
Silvia se puso mucho más sería y negó con incredulidad.
-¿Perdona? ¿Me estás hablando en serio? Porque si es así, estás totalmente zumbada. Sabes por lo que lo hice y para no engañarte te lo he querido decir ahora porque pensaba que me ibas a apoyar.
-¡Te estoy defendiendo!
-¿Defendiendo? ¡Pepa, joder! ¡Que falta que me llames puta!
-No exageremos las cosas, ¿eh?-Pidió la morena cuando vio que se estaban saliendo de los límites y que empezaban a alzar la voz-. A ver, con calma. Escúchame, ¿quieres?-Silvia suspiró y asintió con poca gana-. Yo lo único que quiero es que estés a salvo. Tú y los niños. En cuanto tengamos a Noah, con lo que ella nos cuente y con las pruebas que podamos sacar de su ropa, será más fácil encontrar a los del grupo de Alec y la mafia. Y tú no tendrás que engañar a nadie, no te matarán, no te violarán, y a la vez, tendremos a los niños sanos y salvos.
-Vale, lo que tú digas, pero resulta que cuando nos entreguen a Noah, ya estarán todos en el punto de mira ya que los de la mafia los querrán tener controlados.
-¿Controlados para qué? Aquí les interesamos nosotras.
-Pero los de comisaría vendrán a la boda y la mafia querrá tenerlos controlados.
-¿Qué boda? ¿Qué me estás contando?
Silvia se mordió el labio inferior. Eso prefería hablarlo mañana, o un día antes de la boda, o… o en cualquier otro momento que no fuera ese. Quería hablarlo sabiendo que Noah estaba durmiendo bajo el mismo techo, sabiendo que Pepa no saltaría a la más mínima porque la tensión habría desaparecido con su hija junto a ellas.
-Bueno…-Se sentó en el sofá y evitó mirarla a los ojos-. David me ha pedido que me case con él.
Pepa seguía con el ceño fruncido y la miró esperando que hablase en serio de una vez. Suspiró.
-¿Ese tío está sano?
-Le he dicho que sí.
La morena la miró un poco más seria, aunque sin entenderlo del todo.
-¿Qué?
-David me ha pedido que me case con él… y yo le he dicho que sí-La pelirroja levantó la mirada y la enfrentó con la de Pepa. ¿Qué decía su mirada? Aparte de desaprobación… ¿Decepción? ¿Enfado?-. Nos casamos en una semana, es decir… el veintisiete de este mes.
Pepa bajó muy lentamente su mirada al suelo y soltó una sonrisa sarcástica. Se hizo el silencio en el salón y de nuevo la morena miró a Silvia.
-No pensabas preguntarme-No era una pregunta, más bien una afirmación.
-Según los de la banda de Alec y los de la mafia, si me caso estoy demostrando mi lealtad hacia ellos y…
-Estás hablando conmigo para no sentirte mal, entonces-Se miraron a los ojos de nuevo. Una desde arriba y la otra desde abajo-. Para no sentir que me engañas. Porque esta decisión estaba tomada, ya has empezado la infiltración.
-Sabía que si te preguntaba ibas a negarte rotundamente. Me preocupo por los niños ¿sabes?
-Yo también.
-A veces no lo parece. Pepa, esta es la mejor opción.
La morena negó con la cabeza y la miró con decepción. Soltó un bufido.
-Haz lo que te de la gana, como siempre.
Abandonó la batalla. Le dolía el estómago y la cabeza y sentía que tenía que estar en perfectas condiciones para encontrarse mañana con su hija. No sabía si lo que había dicho estaba bien o mal, si tenía razón o no. Solo sabía que quería defender a Silvia, proteger a sus hijos… y que estaba harta de que su novia no contara con ella para los asuntos más importantes.
Salió del salón y dejó en el sofá a la pelirroja, la cual se echó hacia atrás, apoyada en el respaldo. Se frotó los ojos y suspiró. Su vida era una montaña rusa que subía y bajaba continuamente, con muy pocos intervalos rectos y constantes.
Cogió la chaqueta de Pepa y se levantó dispuesta a ir al dormitorio. Para intentar dormir, para relajarse o, si era posible, para continuar la conversación con más tranquilidad, en la cama, pensando que mañana Noah estaría de nuevo entre sus brazos. Al incorporarse se cayó la cajita de terciopelo del bolsillo de la chaqueta de Pepa y Silvia se extrañó al verlo. Se agachó para cogerla y la abrió, sintiendo de pronto como el corazón bombeaba con más fuerza incluso que durante la discusión.
-No puede ser…-Murmuró.
Fue hasta el dormitorio con zancadas grandes y se encontró a Pepa poniéndose el fino camisón que tanto les gustaba a ambas. Pero Silvia no se fijó en aquel momento en la preciosa figura de su pareja.
-¿Qué es esto?-Preguntó la pelirroja mostrándole la cajita con el anillo.
Pepa la miró y apretó los puños. Se paró un segundo pero luego continuó haciendo lo que cada noche hacía. Deshizo la cama, se sentó en ella, se acomodó…
-Pepa…-Insistió Silvia.
-Un anillo de matrimonio-Contestó ahuecando la almohada-. Iba a pedirte que te casaras conmigo cuando esto acabase, pero se me han adelantado.
-Cariño…
-No soy partidaria de la bigamia-Dijo tumbándose y metiéndose bajo las sábanas. No lo decía para nada en broma-. Además, ya me he arrepentido.
La pelirroja miró el anillo, a Pepa, y al anillo otra vez. Lo dejó encima de la cajonera y se comenzó a desvestir. No iba a insistir más, no quería empeorar las cosas. Miró la hora y suspiró. Pronto llegaría Noah y deseaba que con ella también viniera la paz a casa. Lo que menos necesitaban ahora era pelearse.
