Al día siguiente un olor a huevos y miel despertó a los habitantes de la cabaña. Los niños bajaron corriendo las escaleras y se sentaron en la mesa, a excepción de Ophiuchus que lo hizo ceremoniosamente; Salazar se dirigió a la habitación donde habían dejado a las chicas la noche anterior, estas estaban despiertas y Helga parecía recuperada.
- Hola – saludo cortésmente – ¿Que tal habéis pasado la noche?
- Bien, a pesar de las circunstancias – respondió Helga
- ¿El olor a comida procede de la misma cabaña? –inquirió Rowena
- Si, Godric se esta encargando del desayuno – respondió como si eso fuera algo extraordinario – y yo me encargare de la cena.
Las chicas lo miraron desconcertadas, ambas pensaban con distintos grados de extrañeza ''¿saben cocinar?''. Tanto Rowena como Helga tenían hambre, pues esta había despertado a causa del delicioso olor del desayuno que se estaba preparando, la sutileza de aromas que fluía por el aire llegando hasta ellas haciendo que la boca se les llenara de saliva. Al poco rato la puerta de la habitación volvió a abrirse asomándose Godric a ella.
- Chicas, Salazar – dijo – el desayuno está listo, ¿venís a degustarlo antes de que los niños acaben con el?
De modo que los cuatro se sentaron junto a los niños para disfrutar del desayuno, este consistía en: huevos escalfados, miel caliente mezclada con cereales y algo de fruta; en definitiva, un copioso desayuno que les permitía saltarse el almuerzo de aquel día.
Cuando terminaron el desayuno los niños salieron para montar una batalla de bolas de nieve unos contra otros; Godric y Salazar, a escondidas de sus hijos hicieron una montaña de bolas de nieve, aproximadamente unas 50, y las encantaron para que salieran volando poco a poco hacia sus hijos, hechizando además 3 o 4 para que no se rompieran al impactar contra su objetivo.
Volvieron a entrar en la cabaña y se dirigieron a donde estaban las chicas.
- Tenemos que hablar – dijo Rowena
- Bien hablemos ahora que los niños están entretenidos – propuso Salazar indiferente
- ¿De que queréis hablar?- pregunto Godric
- Hay varios asuntos que tratar – contesto Helga
- De lo que debemos hablar es del futuro de nuestros hijos, de nuestro proyecto y de la comida – aclaro Rowena - ¿por cual preferís comenzar?
- Me da igual – dijo Salazar – hablemos de lo que hablemos primero trataremos todos los temas.
- Vosotras decidís- dijo Godric.
De modo que se sentaron en semicírculo cerca de la chimenea para poder mirarse unos a otros al hablar.
- Puesto que vamos a crear nuestra propia escuela de magia – comenzó Rowena – deberíamos decidir las características que debería tener el lugar donde entrenemos a los jóvenes magos y brujas – prosiguió – yo pienso que podría ser un lugar grande para poder acoger al mayor número de pupilos y enseñarlos cómodamente – añadió.
- Eso esta bien, pero no estaría de mas que fuese un lugar oculto y lejano para que los muggles no se atrevan a pisarlo – dijo Salazar con una expresión de desprecio en el rostro.
- No esta mal eso de querer proteger a los alumnos – opino Godric
- Pues si tenemos que buscar un lugar así lo tenemos muy difícil – comento Helga con pesimismo.
- Por eso no te preocupes – dijo Godric con tranquilidad – en la montaña habrá espacio suficiente para encontrar un buen lugar, y siempre podemos ponerle defensas mágicas.
- Vale, idea aprobada – dijo Rowena – buscaremos un lugar similar al descrito. Por otra parte me preocupan los niños, pues si nosotros pretendemos enseñar a otros, nuestros retoños deberían ser los mejores.
El resto la miraron como si acabara de decir que montaran una fiesta cuya bebida estuviera elaborada con la amanita muscaria.
- Mi hijo ya es el mejor – afirmo Salazar con presunción
- A mi no me parece mal que mis hijos desarrollen sus poderes con menos dificultad que el resto – reflexiono Godric – pero por ahora son muy pequeños y es preferible que disfruten con juegos, que se estos tambien se aprende.
- Pero cuanto antes empecemos, mayores conocimientos tendrán – rebatió Rowena – además, dudo que se pueda aprender algo jugando
- En esta ocasión opino como Godric – dijo Helga que hasta entonces se había mantenido apartada del tema
- Pero tú no tienes hijos – le dijo Salazar
- Pero eso no significa que no los vaya a tener – contesto esta tocándose el vientre
- Te pido disculpas, no era mi intención ofenderte.
- Disculpas aceptadas
Entretanto Rowena y Godric seguían debatiendo cual era el mejor método educativo para los niños
- Yo no te digo que querer estimularlos intelectualmente sea malo – dijo Godric por enésima vez – de hecho es una buena idea, solo te digo que los niños tambien necesitan jugar y disfrutar de sus juegos.
- Dejémoslo en tablas – dijo una Rowena cansada de discutir sin llegar a un acuerdo.
- Por mi de acuerdo – respondieron Salazar y Helga al unísono, lo que hizo que los otros dos los miraran fijamente.
- Vale, asunto zanjado ¿cuál es el siguiente? – inquirió Godric.
- Comida – respondió Helga
- Tenemos fruta y cereales para unos días – manifestó Rowena – pero no deberíamos alimentarnos únicamente de eso – continuo – por motivos de salud.
- Solo tenemos para unos días – repitió Salazar - ¿y que comeremos después?
- Podemos multiplicarla – pensó Helga haciendo participes al resto de su idea - a mi se me dan bastante bien esos hechizos.
- Si eso es una idea con la que ya contaba – dijo Rowena sonriéndole a su amiga – pero ¿qué pasa con la variedad alimenticia?
- Cazaremos – propuso Godric – de ese modo comeremos carne; tambien podemos pescar un poco y obtener agua de los arroyos –añadió – de ese modo podemos alargar la reserva de cereales y pasaríamos el invierno con pocas dificultades – aclaro.
- Vale – dijo Salazar – yo me voy de pesca, y así mañana saldremos a cazar un ciervo o algo así.
- O ardillas – apunto Godric irónicamente lo que hizo que ambos se desternillaran de risa.
- A mi me gusta aprender cosas – dijo abruptamente Rowena elevando la voz, lo que hizo que los hombres parasen de reír – me apetece aprender el oficio de la caza – explico – ¿podría ir con alguno de vosotros?
- Claro – le respondió Godric – mañana nos vamos tu y yo al alba para volver a medio dia o por la tarde como muy tarde.
Apenas amaneció, Godric y Rowena se dirigieron a un bosquejo que había a unos 500 metros de la cabaña, internándose en la espesura. Iban armados con arcos y flechas, en cuanto estuvieron algo alejados de la cabaña, Godric le pregunto.
- ¿Has practicado alguna vez tiro con el arco?
- No, conozco la teoría pero nunca lo he hecho
- Pues practica un rato con ese tronco de ahí – dijo señalando un grueso árbol que tenían a unos 50 metros.
- Vale
Estuvieron practicando un buen rato y Godric le daba consejos sobre como darle mayor precisión al tiro. Después siguieron adentrándose en el bosque hasta que llegaron a un río que por el aspecto que tenía en esa zona seguramente se trataba del curso medio; se encontraban una zona en la que las rocas que bordeaban la orilla eran harto resbaladizas por lo que se dispusieron a cruzarlo sobre ellas con mayor precaución de la que empleaban para realizar magia sin ser detectados por los muggles. En cuanto se hallaron en un lugar seguro, Rowena comento:
- Cuando volvamos seria mejor buscar un lugar para vadear el río
- Tienes razón.
En ese momento oyeron una especie de rugido unos metros por delante de ellos; al acercarse sigilosamente, se percataron de que era un oso de grandes dimensiones: sin mirase, ambos prepararon sus respectivos arcos.
- ¿Has probado alguna vez la carne de oso? – le pregunto Godric
- No – respondió – ¿sabe bien?
- Yo tampoco la he probado –contesto encogiéndose de hombros – supongo que para todo hay una primera vez.
Rowena contuvo la risa, pues reírse en ese momento alertado al animal. Cada uno se dirigió hacia un lado rodeando al úrsido, cuando estaban en la posición correcta soltaron sus flechas simultanéamele apuntando al animal hiriéndolo; pero este se revolvió dirigiéndose a donde se hallaba Rowena, la cual fue apartada por Godric quien salió victorioso (aunque con algunos ''rasguños'') gracias a su espada. Una vez muerto el omnívoro, le ataron las patas para facilitar su transporte y lo hicieron levitar trasportándolo entre ambos a través del bosque hasta la cabaña donde fue despellejado, desmembrado y vaciado (aunque Salazar se guardo los órganos para sus experimentos) para luego cocinarlo.
