Capítulo 14: La Batalla de la Mansión Nero no estaba por terminar, Manigoldo tenía un plan, él no se iba a dar por vencido en ningún momento; estaba decidido, por su fuerte determinación y coraje, en derrotar a Ávido del Altar cuanto antes, no lo dejaría escaparse ni irse de forma intocable. Sabía ahora que aquella Mansión era el "Arsenal", el "polvorín" de su rival, así que las cosas tenían que tomar un rumbo distinto a partir de ahora. Perla, por su parte, observaba la confrontación de miradas que su amigo y el peli blanco tenían, mientras que recuperaba su Lanza de Combate.

- ¿Qué tendrás planeado, Manigoldo?.- Preguntó ella al peli azul.

- Ya lo verás.- Le prometió éste, pero esa promesa era algo que la ponía en un "Estado de Alerta" por lo que podría hacer su amigo, éste, aún estando muy herido, no se rendía y contaba con algún truco o carta bajo la manga.

- ¡Eres bueno como tu amiga!.- Le felicitó Ávido a su oponente, llamando la atención de Perla.

- Sí, tienes razón, creo que yo no tengo las agallas para hacer estallar este lugar con todos nosotros adentro.- Sostuvo el chico, bastante tranquilo en su voz, mientras que su poder iba encendiéndose.- ¡Pero eso no significa que tenga mis manos atadas, sin todas las almas aquí presente, quedarás desnudo. Así que prepárate! ¡Perla!.- Exclamó el peli azul, tomando a la chica y ésta se iba poniendo nerviosa ante la situación, ya que comenzaba a formarse aquel clásico "tornado" de Manigoldo.-

- ¡Ahhhhh, esto se va a poner feo!.- Gritó la joven peli naranja, aterrada.- ¡¿No me digas qué...?!

- ¡Así es! ¡"ONDAS INFERNALES"!.- Respondió Manigoldo a su pregunta y lanzó su ofensiva, la cual parecía despertar temor dentro de Ávido, pero eso duró pocos segundos, por lo que volvió a ponerse arriba del pedestal.

- ¡Eres patético!.- Respondió, repeliendo el ataque.

- ¡¿De volvió todas las almas que había levantado?!.- Se preguntó el Caballero Dorado con furia y mirando a su oponente.

- ¡Con la fuerza que tienes, ahora no puedes manipular a tantas almas; además, ellos están conectados a este lugar por medio de mi Cosmos, no se irán fácilmente, pero está bien, jugaré con ustedes!.- Alegó Ávido con burla y superioridad en su voz, pero aceptando seguir con el duelo.

Fue entonces que, flotando en el aire y terminando delante del peli blanco, apareció un reconocido objeto.

- ¡Esa es la Armadura de Altar, no puede ser! ¡¿Existe una Armadura Negra de Altar?!.- Quedó Manigoldo sorprendido de verla allí.

- Así es, esta es la Armadura que viste el Consejero del Patriarca, es decir, la "Armadura del Perdedor".- Le explicó Ávido, mientras que su cuerpo era protegido por aquel objeto que se unía a él.

- Sí, esa Armadura parece real, pero ¿"Armadura del Perdedor"?.- Le cuestionó el peli azul con una sonrisa burlona a su oponente.- Hasta donde sé, Altar es muy poderoso, no solo no es un perdedor, sino que incluso es más fuerte que el Patriarca.- Corrigió aquella ofensa que Ávido había dicho con anterioridad, viéndose una imagen de cierto Caballero y hermano de Sage, de cuando era joven.

- Es cierto, Hakurei es muy fuerte, pero ese Anciano es un perdedor; ¡a pesar de tener ese poder, no fue capaz de hacerse del Trono del Patriarca ni de esa Armadura Dorada!.- Sentenció Ávido, ya listo y acorazado, mientras que todo el lugar temblaba.- ¿Por modestia, resignación o quizá pereza?! ¡Todas son excusas; perdió ante su hermano menor y se retiró al Lejano Jamir para reparar Armaduras y ser miserable!.- Continuó el albino con su campaña de burlas, viéndose escenas de la Torre de Jamir y de los dos hermanos gemelos, incluyendo de Hakurei y la labor que éste cumplía.- Jejeje y ese Anciano quería que yo lo sucediera como Altar, yo jamás he buscado poder para servirle a alguien más: ¡YO USO MI PODER PARA MI PROPIO BENEFICIO!.- Exclamó, dejando a Manigoldo helado por esas palabras tan crueles y malvadas, revelando su verdadero objetivo y plan maestro.

- ¡Eres un demente, ¿cómo puedes tener un corazón tan frío y cruel?!.- Preguntó Perla con bronca ante semejante acto de maldad que irradiaba Ávido en esos momentos.

No hubo respuesta, ante aquella demostración de poder, Perla y Manigoldo fueron lanzados por los aires hasta estrellarse contra el suelo, quebrando el mismo.

- Jajajaja.- Río Manigoldo hacia su oponente.

- ¿Qué pasó?. Auch, esa caída fue más dura que la anterior.- Quiso saber Perla, mientras que ambos rivales estaban cara a cara.

- ¡Ohhh, qué dolor!.- Se burló el peli azul.

- ¿Por qué esa mirada ausente?. Tu amiga está más asustada que un ratón: El juego terminó, los haré pedazos a ambos y los enviaré devuelta al Santuario, ¡sería fantástico ver las caras de esos dos Ancianos!.- Sostuvo con superioridad, Ávido, mostrando su plan hacia ellos.

- Jajajajaja, ¡JAAJAJAJAJAJAJAJAJJAAJJAJAJAJAJA! ¡SÍ, ME GUSTARÍA VER ESO, PERO DEBERÍAS TENER MIEDO! ¿No lo sabes?.- Le "apoyó" Manigoldo su idea, para después burlarse.

Esa pregunta lo dejó sin palabras al rival, algo estaba pasando, de vuelta ese poder, esa demostración que no podía ser domada, el peli azul tomó a Perla de las manos, mientras que emergía toda su energía, la cual llegaba hasta la chica, quien sentía lo mismo, esa vida, ese Universo delante de sus ojos y todo proviniendo de un Humano.

- Yo entiendo cómo piensas, para ti, todas las vidas son una basura, no importa lo larga que sean, lo más importante es vivirlas para uno mismo, detestaría tener la vida que tienen esos Ancianos. Estoy seguro de que yo habría dicho lo mismo cuando era un niño malcriado.- Dijo y de ahí mostró esa sonrisa que superaba a la de Ávido y que revelaba la verdad.- Pero ¿nadie te enseñó que la vida es un Universo?.- Lanzó aquella pregunta crucial del "Cuestionario".

- ¡TÚ!.- El grito de Ávido salió ahogado.

- ¡ESOS ANCIANOS SON UNOS GUERREROS ESPARTANOS Y ME ENSEÑARON A NO DESPERDICIAR LA VIDA!.- Exclamó Manigoldo y alzando su dedo de la mano izquierda, provocó que todas las Almas salieran de la Mansión, superando el poder de Ávido, quien intentaba frenarlos a como dé lugar.

- ¡GH! ¡QUÉ PESADO Y PERSISTENTE!.- Bramó el peli blanco con furia y apretando los dientes.

- ¡MANIGOLDO, DEBES RESISTIR, ESPERA!.- Pidió Perla y lo tomó con fuerza, haciendo un "Puente" con su cuerpo, logrando unirse al poder del Caballero Dorado de Cáncer.

- ¡LA UNIÓN DE ESA GEMA CON ÉL...ME ESTÁN EMPUJANDO!.- Observó el cambio de papeles que ahora enfrentaba, el peli blanco.

- Je, Altar Negro, ¡todo el Mundo vive para sí mismo, no creas que olvidaré la burla que le has dicho a la Señorita Perla! ¡Ha llegado la hora de que pagues todos tus crímenes! ¡"ONDAS INFERNALES"!.- Sentenció Manigoldo y de ahí lanzó una segunda ofensiva más potente contra su rival.- Los fuertes, los débiles, los Ancianos, tú, Perla y yo, todos vivimos tratando de hacer brillar nuestras miserables vidas, ¡QUE NO ESTÁN AHÍ PARA QUE ALGUIEN COMO TÚ JUEGUE CON ELLAS!.

- ¡INSOLENTES!.- Estalló Ávido de la furia y procedió a atacar.

- ¡AHHHHHHHHHHHHH!.- Aumentaron Perla y Manigoldo aquel poder.

- ¡¿QUÉ?! ¡¿ESTE SUJETO Y ESA GEMA EN VERDAD ENVIARÁN A TODAS LAS ALMAS DE ESTA MANSIÓN AL MÁS ALLÁ?!.- Se preguntó Ávido, mientras que el temblor aumentaba su intensidad y ya podía ver como caían el polvo, estallaban los cristales de las manos y se producían grietas en todo el edificio.


- ¡¿Qué?! ¡¿La Mansión se está derrumbando?!.- Quiso saber Gioca con asombro.

- No, no se está derrumbando, está desapareciendo, como si hubieran quitado aquello que la mantenía.- Corrigió Albafica.

- ¿Almas?.- Preguntó la chica al Caballero Dorado de Piscis.

No hubo respuesta, en aquellos momentos, los temblores se hicieron más severos y eso llevó a que la chica cayera al piso, a los pies de Albafica.

- ¡Gioca!.- Gritó éste con preocupación.

- Estoy bien...- Dijo ella, mirando hacia el techo que se había desplomado y ahora estaban bajo la luz de las Estrellas y la Luna.


- El dinero se queda aquí y las almas van al Paraíso o al Infierno, tanto el dinero como la vida son cosas con las que no se debe jugar. El Mundo no está para satisfacer tu codicia, Compañero.- Sentenció Manigoldo hacia el abatido Ávido, el cual yacía sobre el suelo, mientras que el terremoto finalizaba.


Bajo un sitio oscuro, negro como la propia noche, allí yacía Ávido, una mirada perdida estaba dibujada en su rostro, en ese sitio no tenía poder, no tenía control, no tenía a sus Agentes, a sus Subordinados, todos estaban muertos: Laimargos, Rusé, Allegre y Yudo, todos habían caído en combate y fueron asesinados por su propio poder para evitar que hablaran de más. El dinero se le iba de las manos, estaba solo y delante de toda esa Oscuridad, un reconocido artefacto se movía hacia él.

- No solo el dinero, sino también las almas se van de mis manos, ese Cáncer y su amiga lo lograron, pero está bien, solo tengo que volver a juntar todo. No importa...cuánto odio deba generar.- Dijo, viéndose sin salida, pero de allí, en medio de toda la Oscuridad, aparecía aquel artefacto, el cual provocó una sonrisa en el rostro de Ávido.- Hm, la "Máscara de la Isla Reina Muerte", ¿acaso viniste por mí? ¿Traes contigo el odio de aquellos que asesiné?.- Preguntó y la tomó, poniéndose la misma sobre su rostro.

- Je, tanto el camino del Bien como del Mal terminan llevándote a la Iluminación, ahora tú, ¿qué es lo que ves, Ávido?.- Escuchó aquella voz que lo dejó helado y delante suyo, sosteniendo la Máscara, allí estaba Hakurei del Altar, su Antiguo Maestro.

- Jajajaja, ¿todavía te ves como mi Maestro Hakurei? ¿Vienes a guiar a tu Discípulo que se desvió del camino?.- Preguntó burlonamente, tras salir de aquel "trance".

- Je, sería arrogante que un Hombre pretendiera guiar a otro.- Respondió y volvió a dejarlo sin palabras.- ¡Al final, el que elige el camino es uno mismo!. Tú elegiste un camino contrario al mío, ¡te lo vuelvo a preguntar: ¿Qué viste al caer en la Oscuridad?!.- Interrogó el Maestro al Discípulo.

- ¡Satisfacción!.- Fue su respuesta final.

- Infeliz.- Se lamentó Hakurei con bronca.

- Desde un principio, ser un Caballero no fue para mí, aún si volviera a nacer, de nuevo tomaría ese camino.- Reveló otro dato importante.

- Así que guiar es arrogante, ya veo.- Dijo el peli blanco.

- ¡EN EFECTO, TÚ NO HAS TENIDO NINGÚN TIPO DE INFLUENCIA EN MÍ!.- Exclamó con asco hacia su Maestro.

- ¡ÁVIDO!.- Gritó Hakurei.

- ¡TÚ NO ME DISTE NADA!. Nada.- Fue su respuesta final, mientras que se alejaba de aquel sitio, provocando que Hakurei lo mirara con severidad y decepción.


Allí terminó Ávido, en la Colina del Yomotsu, encontrándose nuevamente con Manigoldo, Perla y los demás.

- ¡Je, así que fuiste terco y te quedaste aquí!. Pero éste es el final, ¡PAGARÁS POR TODO LO QUE HAS HECHO EN ESTE MUNDO, FRENTE A GIOCA Y LA MÁSCARA!.- Exclamó el muchacho, listo para terminar con lo que faltaba.

- Ahora solo está tu alma, fue arrancada de tu cuerpo por mis "Ondas Infernales" unidas a la Lanza de Perla como un "Báculo" y el impacto también dejó tu alma muy lastimada.- Observó, pero el rival no parecía estar preocupado, se lo hallaba muy tranquilo, sereno, fresco, sacando de su abrigo un cigarrillo.- Je, pues yo veo que estás igual, tu alma se estremece después de nuestro combate. Tu intento de vengar a esa niña terminará siendo tu perdición.- Dijo con burla.

- ¡¿Qué?!. Eres tú el que va a caer.- Redobló Perla la apuesta.

- No entiendes, nosotros no somos tus únicos enemigos, vamos sé que puedes escuchar.- Alegó Manigoldo y detuvo a Ávido, caminando un poco hacia él, hasta quedar a unos centímetros, mientras que los muertos atrapaban al enemigo.- Ese montón de voces llenas de odio hacia ti, todos ellos fueron forzados a formar parte de tu Mansión: Su Resentimiento es tanto que no pueden ir al Cielo ni al Infierno, ¡no hasta que nosotros te mandemos al Infierno!.- Señaló el Caballero Dorado.

- Jejeje.- Río Ávido, aún estando atrapado por los enemigos.- ¿No pueden ir a ningún lado por mi culpa? ¡PERO QUÉ DÉBILES!.- Se burló Ávido y de ahí se preparó para el último round, un tercero para terminar con todo.- ¡ENTONCES YO LOS HARÉ DESAPARECER AHORA MISMO!.- Exclamó y tras liberarse, empezó a incendiar a aquellos muertos vivientes.

- ¡TODAS LAS ALMAS ESTÁN ARDIENDO!.- Gritó Gioca, aterrorizada.

- Este tipo es un demente, espero que podamos tener un plan para vencerlo, ¿no?.- Preguntó Perla, viendo como las llamas se elevaban hacia los Cielos de la Colina del Yomotsu.

- Me divertí mucho gracias a ellos, ¡USANDO MI FUERZA Y MIS TÉCNICAS!.- Exclamó Ávido con aires de victoria, teniendo el fuego detrás suyo.

- ¡WAAHHH!.- Gritó Gioca, presa del pánico.

- ¡No te tenemos mido, estás derrotado!.- Bramó Perla con valentía.

- En verdad estás muy enfermo, ¡PERO ESTÁ BIEN, LE PONDREMOS FIN A TU EXISTENCIA!.- Exclamó Manigoldo y se lanzó al ataque con la Gema.

- ¡JAAAAH!.- Gritaron ambos rivales.

Otra vez esa sonrisa malvada se dibujó en el rostro de Ávido.

- ¿Te sientes satisfecho?.- Preguntó el Caballero Dorado, mientras que el rival era lanzado hacia el Abismo Oscuro de la Colina del Yomotsu.

- Sí.- Respondió con orgullo, sin remordimientos ni lamentarse de nada, sacándose el cigarrillo de su boca, mostrando que, aún en la derrota y muerte, él seguía mandando.- ¡SEGUIRÉ DISFRUTANDO EN EL INFIERNO!.- Exclamó y se vio una imagen de Hakurei y luego de Sage como Patriarca y su hermano a su lado.- Maestro, yo quería demostrarte que al tener el poder que tú tienes, puedes poseer todas las riquezas que desees, quería mostrarte que, si yo pude, tú sin dudas podrás. ¡QUÉ ESTÚPIDO ES! ¡WAHAJAJAJAJAJAJAJJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJA!.- Fueron sus últimas palabras, el Don de la Mafia y Caballero Ávido del Altar Negro, mientras que desaparecía ante la vista de todos los presentes, riéndose como nunca en su vida.

- Se estaba riendo.- Dijo Gioca, mirando hacia el Abismo.

- Sea como sea, vivió como él quiso.- Expuso Perla aquellas palabras que describían a la perfección a Ávido.- Pero...uffff, qué sujeto más siniestro.- Dio ella su "calificación" sobre el enemigo.

- ¡Eso no quita que ocasión muchos problemas!. Pero yo no puedo odiar a esa clase de personas.- Sostuvo Manigoldo, girándose hacia la niña.

- Y me lo dices a mí, pero sí, igual que ustedes, él vivió su vida sin titubear.- Finalizó ella con tranquilidad en su voz.


Pasaron los días y con ello, venía la hora de volver para el Santuario, cosa que no le gustó para nada a Manigoldo, ya que deseaba quedarse un tiempo más en Venecia para disfrutar de la ciudad y su gente, pero órdenes eran órdenes y se tenía que regresar, sin rechistar ni cuestionar.

- Bueno, al menos Perla pudo disfrutar bastante de las peleas.- Sostuvo con gracia el Caballero Dorado.

- ¡¿Qué?! Para tu información, casi muero allí, varias veces y tú vienes a decirme que lo disfruté, ¡ja!, espera sentado, la próxima vez ni pienso hacerlo, no volveré a la Colina del Yomotsu nunca más.- Exclamó la muchacha con furia, cosa que hacía reír al peli azul.- Aunque fue bueno que termináramos esta misión, eso sí.- Sostuvo ella con un tono dulce en su voz.

- Disculpen que los interrumpa, pero, Manigoldo, ¿estás seguro de que traes la Máscara contigo?.- Intervino Albafica, quien preguntaba por el artefacto.- Debemos devolverla a la "Isla de la Reina Muerte".

- ¡Cierra la boca, ya te dije que sí, Albafica!. Te pareces a los Ancianos.- Dijo el peli azul con un tanto de molestia al ver que le repetían las cosas.

- Me sorprende lo despegada que resultó ser Gioca, le pedimos la Máscara y nos la dio sin más.- Observó Albafica aquella postura de la joven, mientras que emprendían el viaje de regreso al Santuario.

- Y ni siquiera vino a despedirse.- Añadió Manigoldo con seriedad, hasta que chocó con una cierta conocida, la cual venía acompañada.- ¡OIGAN, MOCOSOS, ESO FUE MUY DESCARADO!.- Exclamó con bronca, mientras que se levantaba del suelo.

- ¡Jejeje, parece que cerré con Broche de Oro!.- Exclamó Gioca con aires de victoria, sosteniendo una bolsa con dinero, la cual pertenecí al peli azul.- Gracias, Manigoldo, Albafica y Perla, iré a visitar esa Máscara por mis propios medios.- Agradeció Gioca, para después despedirse de ellos y dirigirse con sus amigos para continuar con aquel "trabajo" que tenían como carteristas.- Ya lo decidí y cuando eso suceda, no perderé la oportunidad de ir a visitarlos a los tres.- ¡Entonces seré una mujer hermosa y saldré contigo!.- Dijo ella aquellas palabras hacia el Santo de Oro, el cual se sintió un tanto avergonzado por eso, mientras que los amigos de Gioca, los cuales estaban sentados en unas escaleras, se reían.-

- ¿Eh? ¡No digas tonterías!.- Exclamó con "indignación", para después, mientras que reiniciaban el viaje de regreso, éste se dirigió con unas palabras de futuro encuentro.- ¡Te estaremos esperando, Gioca!.- Prometió él, mientras que caminaba junto a Perla y Albafica, rumbo para Atenas, Grecia.

La misión había terminado y con ello, la victoria sobre los enemigos fue triunfante.

Fin del Gaiden de Manigoldo de Cáncer, Perla y Albafica de Piscis


Y con este capítulo, terminamos esta aventura, Pero todavía queda mucho más por descubrir, ¿qué clase de historias siguen de ahora en adelante?. Eso lo veremos en el capítulo que viene.

Próximo Gaiden: El Cid de Capricornio y...todos ustedes se están preguntando y han esperado muchísimo quién es la será su compañera durante el Torneo de Espadas, ¿dije "compañera"?. Sí, así es, les revelo el nombre de la que estará con El Cid en dicho evento: Kelly, personaje perteneciente a "Star vs las Fuerzas del Mal".

¿Por qué decidí ponerla?. Es un personaje, además de tierno, valiente y con un buen manejo de la espada, así que pensé que podría ser una buena Camarada de Armas del El Cid durante aquel Torneo de Espadas, así que a prepararse para el próximo Gaiden.

Saludos y agradecimientos para lady-saintiasailor (Segundo homenaje para vos, amiga :3 y ahora se viene el tercero), FreedomGundam96 y Profesor Franco M. Romano, nos estamos viendo y hasta el próximo arco de aventuras.

Cuídense y buen Miércoles para todos.