Capítulo 14: La Selección
El 1 de Septiembre, Albus subió al Expreso de Hogwarts junto con Rose. Delante de ellos, corriendo emocionados por el pasillo del vagón, iban Lily y Hugo.
—¡Nos vemos en Hogwarts, Al! —se despidió Lily, mientras que se metía en uno de los compartimientos vacíos con Hugo.
—Creo que eso quiere decir que no nos quieren con ustedes… —señaló Rose, atónita.
—Lo siento, hermana, pero si nos ven con estudiantes más grandes ninguno de los nuevos chicos querrá entrar en nuestro compartimiento —le explicó Hugo, levemente sonrojado. Apenas terminó de decir aquello, el pelirrojo miró a su prima Lily, como si quisiera asegurarse que había dicho lo correcto. Para su alivio, Lily le sonrió y asintió con un gesto de cabeza.
Rose estaba a punto de quejarse al respecto, pero Albus la tomó por el brazo y la arrastró con él hacia otro vagón, lejos de sus hermanos.
—¡Ey! ¿Por qué no me dejaste hablar? —se quejó Weasley, una vez que ambos estuvieron sentados en otro compartimiento vacío.
—Vamos, Rose, déjalos tranquilos… Es su primer viaje en el Expreso. Además, no íbamos a entrar todos en un solo compartimiento —le explicó Albus, pacientemente. Rose no tuvo oportunidad de refutar aquella teoría, pues en ese instante la puerta de su compartimiento se abrió y Elektra Cameron entró, más bronceada de lo que Albus jamás la había visto.
—Parece que alguien estuvo tomando sol… —bromeó Weasley al verla.
—¡Oh, los extrañé tanto! —saludó ella, envolviéndolos en un caluroso abrazo.
—Me están empalagando —dijo una voz misteriosa y suave detrás de ellos. Los tres giraron para encontrarse con Hedda Le Blanc. Nuevamente, el contraste entre la blancura de ésta y el color dorado de Elektra era impresionante.
—Tranquila, también te extrañé a ti —le dijo Ely, con una sonrisa amistosa. Hedda le devolvió el gesto mientras que entraba su valija al compartimiento
—¿Listos para volver Hogwarts por tercera vez? —bromeó la pálida niña mientras que se sentaba.
—Nunca estuve más listo… —dijo Lysander, mientras que entraba también al compartimiento.
—Lysan… ¿Qué te pasó? —preguntó asustada Rose, al percatarse que el muchacho llevaba completamente vendado su brazo izquierdo.
—¿Hablas de esto? —preguntó, mientras que levantaba el brazo para que todos pudieran verlo—. Fue un pequeño accidente que tuve en Nueva Delhi, mientras escapábamos de una tribu local con mi familia —les contó Scamander, como si aquello fue irrelevante—. ¿Qué tal tu cumpleaños, Al?
—Bueno, lamentablemente no hubo ninguna tribu asesina que quisiera matarme, pero de todas formas fue divertido —bromeó Potter, y sus amigos rieron con él.
—¿Hay lugar para uno más, o están muy divertidos sin mí? —preguntó Scorpius Malfoy, fingiendo estar ofendido.
—Ya nos preguntábamos dónde te habrías metido… El tren está a punto de ponerse en marcha —anunció Hedda, mientras que se asomaba por la ventanilla. Todos hicieron lo mismo, listos para despedirse de sus familias.
Fue así que nadie notó la extraña expresión que se había apoderado de Albus Potter ante la llegada de su mejor amigo. Y es que ver a Scorpius nuevamente le había traído de regreso a la memoria aquel viaje en el tiempo que había hecho a través del cáliz de su padre, donde había visto a Draco Malfoy durante su juicio. El parecido entre padre e hijo era chocante, hasta el punto de rozar lo inverosímil.
—Al… ¡Ahí están tus papás! —lo llamó Rose, desde la ventana, haciéndolo volver en sí.
Albus se asomó por la ventanilla y los pudo ver. Era la primera vez que sus padres quedaban solos en la Plataforma 9 ¾, sin ninguno de sus tres hijos. La más pequeña, Lily, también partía ahora. Y Potter pudo ver las lágrimas acumuladas en los ojos de su madre mientras que sacudía su mano en el aire, despidiéndose de sus tres retoños.
—¡Nos vemos en Navidad, mamá! —gritó Lily, desde la ventana del vagón contiguo.
—¡Nos vemos, cariño! ¡Y cualquier cosa que necesites busca a tus hermanos! —le gritó Ginny, mientras que el tren comenzaba a moverse.
—¡Sí, claro! —rió Lily, mientras que se despedía de su madre. Y entonces, el andén se perdió de vista. Estaban camino a Hogwarts.
Albus se sentó en uno de los asientos y la ansiedad por llegar a Hogwarts comenzó a invadirlo.
—Este año será divertido… ¿Quién creen que será el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras? —preguntó repentinamente Lysander, con su característico positivismo.
—¿Y qué te hace pensar que será un hombre y no una mujer? —inquirió Hedda, interesada en el tema.
—Es un hombre —les dijo Albus. Todos lo miraron atentamente.
—¿Sabes algo al respecto? —preguntó Scorpius, en un susurro, como si se tratara de un secreto.
—No mucho… En mi cumpleaños estuve hablando con Teddy, quien parece conocerlo… No me dijo nada interesante, solo que es una buena persona y que me va a caer bien cuando lo conozca —les contó Potter, encogiéndose de hombros.
—Yo quería que volviera Zaira… —lamentó Elektra.
—No, Zaira no va a volver. Ahora trabaja para el Cuartel de Aurores —le recordó Rose, aunque también con cierta tristeza.
—Talvez el cambio sea para mejor… Es decir, ¿qué puede ser peor que Primus? —dijo irónicamente Lysander. Y todos rieron, Albus incluido.
El haber recuperado su magia le había traído también algo de paz interior. Y había borrado la culpa que lo había atormentado los días posteriores a los eventos en el Templo de Hades. Recién ahora podía hablar de Icarus Primus sin sentir cierta inquietud interna.
Habían pasado casi dos horas desde que habían abandonado la plataforma 9 ¾ cuando Lysander propuso un partido de Póker. Aquel juego de cartas muggles se había convertido en una especie de ritual entre ellos. Y durante las siguientes horas, los seis se mantuvieron inmersos en el juego, ajenos al resto del mundo.
Ya estaba por anochecer cuando el tren finalmente se detuvo en Hogsmeade, y los alumnos comenzaron a bajar del mismo. Albus y Rose decidieron entonces ir a buscar a sus hermanos menores para asegurarse que todo andaba en orden.
Los encontraron juntos, como era de esperar, y en compañía de nada menos que de una de sus primas, Lucy.
—¡Nos vemos adentro, chicos! —se despedía de ellos Lucy Weasley, la hija menor de Percy y Audrey. Ella había entrado a Hogwarts el año anterior, y había sido sorteada a Hufflepuff.
—¡Ojala vengan para Ravenclaw! —gritó otra voz alegre que Albus reconoció al instante. Tessa Nott. La muchacha de abundante cabellera ondulante y ojos negros y alargados se despedía en ese momento de Lily y Hugo, para seguir su camino hacia los carruajes, junto con Lucy y Circe Zabini.
—Lily… —la llamó Albus, y la pelirroja giró emocionada hacia su hermano.
—¡Al, no sabes! Lucy nos presentó durante el viaje a sus amigas Tessa y Circe. Son fantásticas… —comenzó a contarle emocionada su hermana.
—Ya lo creo… Pero ahora tienes que buscar a Hagrid —le recordó Albus. Lily adquirió rápidamente una expresión seria.
—Sí, lo sé… Subiré a los botes, recorreré el lago y finalmente entraré por las mazmorras a Hogwarts… Nos formarán en una fila por orden alfabético y luego, con mucha expectativa, entraremos al Gran Salón donde… —empezó a relatar sistemáticamente la pequeña pelirroja.
—¿Le contaste todo lo que pasa? —le reprochó Rose a Albus.
—¡Si no se lo contaba terminaría por volverme loco! No te das una idea de lo insistente que puede ser, Rose —se defendió Potter. Hugo, junto a Lily, rió divertido.
—¡Todos los alumnos de primer año por aquí! —se escuchó tronar la voz de Hagrid, y entre la multitud, Albus pudo distinguir su inmensa figura.
—¡Tenemos que irnos! —exclamó Lily, exaltada, y tomando a Hugo por la muñeca, lo arrastró hacia Hagrid.
—Por Morgana… Estos chicos me van a causar terribles dolores de cabeza —comentó Rose, mientras que comenzaba a caminar hacia los carruajes que los llevarían al colegio.
Albus la siguió, y con la mirada comenzó a buscar a sus amigos. Pero repentinamente sus ojos se detuvieron en otra cosa.
Una criatura espantosa se encontraba aferrada a uno de los carruajes. Se asemejaba a un caballo alado, pero Albus supo que algo tan horrible como ese animal no podía ser un caballo. Se trataba de un animal raquítico y fantasmagórico, de un color negro espeluznante. Sus alas, como las de un murciélago, se encontraban plegadas a ambos lados del cuerpo, y sus ojos, blancos y brillantes, parecían ciegos. Pero el caballo giró su cabeza hacia Potter, y sus ojos blancos y sin pupilas se fijaron en él… Y Albus supo que podía verlo.
—Al… ¿Te pasa algo? —le preguntó Rose con suavidad.
—Rosie… ¿Tú puedes verlo? —le preguntó Potter, señalando al animal que tiraba del carruaje. Weasley siguió la dirección de su dedo, la cual apuntaba hacia el espacio vacío delante del carruaje.
—No… No puedo verlos —le confesó ella. Albus la miró sin poder esconder cierta preocupación, pero ella le sonrió—. Tranquilo… No hay nada de malo en que puedas verlos —le aseguró ella.
—¿Verlos?
—Sí… Los thestrals tiran de todos los carruajes de Hogwarts —le explicó Rose. Albus giró entonces en búsqueda de otro carruaje, y efectivamente, allí vio a otro de los caballos fantasmas.
—¿Cómo dijiste que se llaman?
—Thestrals —repitió ella.
—¿Y por qué yo puedo verlos? —preguntó Albus, y mientras que formulaba aquella pregunta, supo que la respuesta no sería agradable. Rose frunció levemente los labios, incómoda.
—Porque tú has visto la Muerte, Al —le explicó ella de manera condescendiente.
—¡Rose, Albus! ¡Vamos que llegaremos tarde! —los llamó Hedda, desde otro de los carruajes. El resto de sus amigos ya se encontraban arriba.
Lanzándole una última mirada al animal, Albus trepó al carruaje. Inevitablemente, a medida que éste avanzaba por el camino que los llevaría a Hogwarts, Albus se veía tentado de mirar por la pequeña ventana, a través de la cual podía observar al thestral arrastrándolos.
—Son aterradoramente bellos, ¿no crees? —le susurró Hedda, sin que nadie pudiera oírlos.
—Tú también los puedes ver —se emocionó Potter. Era un alivio saber que él no era el único allí que podía verlos. Hedda asintió con la cabeza.
—Siempre los vi —le confesó ella.
—¿A quién…? —preguntó Albus, pero se detuvo antes de terminar la pregunta.
—¿A quién vi morir? —la terminó su amiga. Potter asintió. —No lo sé… Debía de ser demasiado pequeña para recordarlo. Pero la primera vez que me crucé con un thestral tenía cinco años… Y ya podía verlos entonces —le contó ella. Y durante el resto del viaje, Albus no pudo quitar los ojos de encima del thestral.
Llegar a Hogwarts fue increíblemente renovador. Sus torres alzándose contra la oscuridad nocturna y sus cientos de ventanas lanzando destellos de luz sobre el paisaje campestre y salvaje que lo circundaba le daba una apariencia aún más mágica, si ello era posible. Para Albus divisar a Hogwarts, incluso a la distancia, era como volver a ver a un viejo amigo a quien se quiere y se extraña. Una sensación de nostalgia y añoranza comenzó a gestarse dentro de él, y el deseo de llegar de una vez por todas terminó por dominarlo, impacientándolo.
El Gran Salón lucía exactamente igual que el año anterior. Sus cuatro mesas grandes y largas se ubicaban paralelas unas a otra, todas ellas enfrentadas a una mesa mayor, ubicada al final del Salón, donde ya los esperaban los profesores.
La Profesora McGonagall se encontraba sentada en el asiento central, lugar que le correspondía como Directora de Hogwarts.
Ubicado a la derecha de McGonagall Albus pudo distinguir al Profesor Slughorn, cada año un poco más gordo y cansado, pero todavía en pie para dictar la clase de Pociones; el Profesor Flitwick, igual a como el padre de Albus lo había descrito antes incluso de que Albus llegara a Hogwarts, se encontraba sentado junto a Slughorn. Junto a él, como siempre solía ser, se encontraba la profesora Sinistra, de Astronomía. El último lugar a la derecha quedaba reservado para Hagrid, quien solía llegar más tarde pues escoltaba a los estudiantes de primer año desde Hogsmeade hasta Hogwarts, donde tomaba el mando Neville Longbottom.
A la izquierda de la directora se encontraba sentado el Profesor Spike Gray, quien dictaba Transformaciones. De estatura media y calvo, el Profesor Gray era estricto pero gentil. Y actualmente regía como Jefe a la Casa Gryffindor. Albus se sorprendió al comprobar que había dos asientos vacíos junto al profesor Gray. Uno, sin duda, pertenecía a Longbottom, profesor de Herbología. Y el otro, debía de ser el lugar del nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. Pero no había señales que dicha persona fuera a aparecer esa noche.
—Hola, Potter —lo saludó repentinamente una voz femenina. Albus giró para encontrarse con Chelsea Whitestone, estudiante de sexto año de Slytherin, con quien había compartido el equipo de Quidditch el año previo.
—¡Chelsea! ¿Cómo has estado? —le devolvió el saludo Potter.
—Excelente… Tengo algunas buenas noticias para contarte —le comentó la muchacha de manera orgullosa. —Hablaremos más tarde… El Sorteo empezará en cualquier momento —se percató ella, y con una sonrisa, se fue a sentar junto a Kayler Rasmus, otro jugador del equipo, y compañero de curso de ella.
—Mmm… Así que Chelsea quiere hablar contigo, ¿eh? —dijo Scorpius, fingiendo un tono innecesariamente meloso. Albus chasqueó la lengua ante el comentario. Estaba convencido que si Chelsea quería hablar con él era porque tenía algo importante para decirle.
—¡Ahí vienen! —les avisó Hedda, mientras que se estiraba en su asiento para poder ver mejor a los nuevos estudiantes.
Las puertas del Gran Salón se habían abierto, y Neville Longbottom entraba por las mismas, con una cincuentena de niños caminando nerviosamente detrás de él. Albus pudo reconocer sin inconvenientes la cabellera roja de su hermana, quien lejos de lucir nerviosa, parecía ansiosa. Varios lugares detrás de ella, y entre los últimos estudiantes, aguardaba Hugo, quien estaba pálido como un fantasma.
—Tu primo está tan blanco que podría ser hermano de Hedda —comentó Malfoy, algo preocupado.
—Está nervioso —explicó Potter, quien conocía a Hugo. De todos los Weasley, Hugo era posiblemente el más tímido y callado. Delgado y alto, Hugo se parecía mucho a su padre.
—Pareciera que se va a desmayar en cualquier momento —señaló Hedda. Pero Albus sabía que eso no pasaría. Hugo estaba hecho de un material mucho más resistente de lo que aparentaba a simple vista.
Como siempre, Neville colocó al Sombrero Seleccionador sobre un taburete, y esperó a un lado. Un silencio inmediato se esparció por todo el Salón, y tras unos segundos de suspenso, el Sombrero habló.
A Hogwarts llegáis llenos de emoción,
A la espera de hacer una buena elección.
Cuatro casa encontraréis entre las torres de este lugar
A cualquiera de ellas, yo te puedo sortear.
Es lo que hay en tu interior, lo que a mí me guiará.
Pero más allá de lo que pienso, tú puedes objetar.
Así que piensa, joven hechicero,
En qué Casa recorreréis vuestro sendero.
Gryffindor, casa de guerreros,
De valientes hechiceros,
Gran espíritu, temple de acero,
Encontraréis aquí un lugar sincero.
Ravenclaw, casa de ilustrados,
Aquí encontrarás lo que tu mente siempre ha ansiado,
En inteligencia no superarás jamás
Al águila, animal sagaz.
Slytherin, casa de soñadores,
En ellos verás un sin fin de ambiciones,
Astutos y sutiles,
Para las serpientes nunca hay límites.
Hufflepuff, casa de labradores,
A fuerza de esfuerzo, habrá vítores.
No temerás a trabajar,
Si lejos tú deseas llegar.
Pero recuerda, recién llegado,
Que todos aquí son respetados,
y cuando llegue el momento apropiado,
Los cuatro juntos harán lo adecuado.
Cuatro Fundadores, cuatro valores, cuatro colores,
Forman las casas de esta Institución,
Pero no olvides que al momento de la verdad,
Todo se trata de la misma unidad.
—Vaya… Muy interesante —señaló Hedda, mientras que aplaudía con la multitud a la canción del Sombrero.
—¿Qué fue lo interesante? Todos los años hace una canción nueva —le recordó Scorpius.
—Sí… Pero esta vez ha dado un mensaje distinto… No se trató solo de describir a cada casa, sino que esta vez se tomó la molestia de hacernos notar que, a pesar de todo, somos todos iguales… Somos una misma unidad—le explicó la pálida chica.
—Parece que el Sombrero también está al tanto de la guerra que nos espera… —susurró Albus.
—¡Que comience la selección! —dijo finalmente McGonagall.
—Ascott, Christian —leyó el primer nombre Neville, y el muchacho llamado Christian se adelantó para sentarse y colocarse el Sombrero.
—¡RAVENCLAW! —gritó el Sombrero, y Christian corrió a unirse a la mesa de Ravenclaw.
A continuación, pasaron cerca de veinte chicos antes de que le llegara el turno a Lily de sentarse en la silla. La pequeña pelirroja recorrió los metros que la separaban del Sombrero a los saltos, mientras que todas las miradas del Salón se posaban en ella.
—¿Lista? —le preguntó el profesor Longbottom una vez que se hubo sentado en el taburete.
—Sí, tío Neville —le respondió Lily, en un susurro. Neville le guiñó un ojo, y colocó el Sombrero sobre su cabeza.
Albus miró expertamente mientras que la cabeza de su hermana se cubría en la tela negra y vieja que componía al Sombrero Seleccionador. Segundos más tarde, éste gritó:
—¡GRYFFINDOR!
—¡Sí! —escuchó gritar a James entre los alaridos provenientes de la mesa de Gryffindor.
Lily salió radiante de debajo del sombrero, con una sonrisa que no cabía en su pequeño rostro y, rebosante de alegría, corrió hacia la mesa de Gryffindor donde su hermano le había hecho un lugar junto a él.
Albus no pudo evitar sentirse un poco triste al ver a Lily sentada en otra mesa. Había guardado las esperanzas de que, siendo él su hermano favorito, Lily elegiría ir a Slytherin.
—Raven, Nina —llamó Neville a la siguiente niña en la fila.
La niña llamada Nina caminó hasta el Sombrero luciendo también ansiosa. Había una expresión de sorpresa en su rostro, como si todo lo que la rodeaba le resultara increíble. Albus pensó que de seguro se trataba de una hija de muggles que recién se encontraba con el mundo mágico.
Neville colocó el sombrero sobre la cabeza de la Nina, y todos guardaron silencio, a la espera de la decisión. Pero todos esperaron durante cerca de cinco minutos hasta que por fin, el Sombrero pareció decidirse.
—¡GRYFFINDOR! —volvió a aclamar. Y la mesa dorada y roja estalló nuevamente en aplausos.
Nina abandonó el taburete y se encaminó hacia la mesa de Gryffindor, donde Lily ya le había hecho un lugar para que ocupara junto a ella. En el camino, Nina lanzó una mirada curiosa hacia la mesa de Slytherin, y Albus pudo verla más de cerca.
—Por Merlín, ¿has visto el color de los ojos de esa niña? —exclamó Malfoy.
—Violetas —reconoció Albus, igual de sorprendido. Jamás había visto ese color de ojos en su vida.
Potter siguió a Nina Raven con la mirada hasta que ésta se sentó junto a su hermana y ambas comenzaron a conversar animadamente. Su atención recién volvió a la Selección cuando escuchó el nombre de Hugo pronunciado por el profesor Longbottom.
—¡HUFFLEPUFF! —fue la decisión final del Sombrero tras tocar la cabeza de su primo.
Y extrañamente, Hugo lucía aliviado ante la elección. Como si se hubiera sacado un gran peso de encima, caminó hacia la mesa del tejón, donde Lucy lo esperaba, contenta de tener otro Weasley en Hufflepuff.
—Ahora que la Selección ha terminado, quisiera dedicarles unas breves palabras antes de que el hambre los domine. A los nuevos estudiantes, les damos cálidamente la bienvenida a Hogwarts, y esperamos que se sientan como en casa. A los viejos estudiantes… A menos que las vacaciones hayan borrado su frágil memoria, estoy segura de que todos recuerdan las reglas. Al concluir la cena, los Prefectos deberán guiar a sus respectivas casas hacia las Salas Comunes. Mañana por la mañana, se les entregarán los horarios de este año. Espero que todos hayan descansado, porque les esperan varios meses aquí adentro —anunció la Directora ante la mirada ansiosa y hambrienta de los presentes—. Este año tendremos un nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que, lamentablemente, hoy no ha podido llegar pero que conocerán mañana. Ahora sí… ¡A comer!
Y con aquellas palabras, Minerva levantó su varita y las mesas se llenaron automáticamente de alimentos. Sin hacerse esperar, los alumnos se lanzaron sobre los platos y se dispusieron a devorar todo lo que se ponía en su camino.
Unas horas más tarde, la cena de bienvenida había terminado y Albus se encaminaba junto con sus amigos hacia las mazmorras, agotado y deseoso de acostarse.
—¡Al! —lo llamó repentinamente su hermana Lily, mientras que se abría camino entre los estudiantes de Slytherin para llegar a él.
—¡Lily! ¿Qué haces acá? —dijo Albus, mientras que buscaba con la mirada al grupo de Gryffindor.
—¡Quedé en Gryffindor! —le dijo ella emocionada.
—Sí… Ya me di cuenta, Lil —respondió irónicamente él. La sonrisa pareció vacilar en los labios de la pelirroja.
—Seguiremos llevándonos bien aunque estemos en casas separadas, ¿verdad? —le dijo en voz baja Lily, para que nadie más escuchara. Albus no pudo evitar sentirse sensibilizado ante aquellas palabras. Sabía lo que Lily sentía en ese momento, pues él había pasado por lo mismo en su primer año, cuando él y James se habían distanciado a causa de las Casas.
—Claro que seguiremos llevándonos bien, Lil. ¿O piensas cambiarme por James? —bromeó Albus, mientras que le despeinaba el cabello. Ella rió, relajada.
—¡Lily, vamos! —la llamó repentinamente Nina, la muchacha de los ojos violetas.
—Nos vemos mañana, Albus —se despidió Lily, mientras que se apuraba a alcanzar a Nina.
—Nos vemos, Lil —dijo Albus mientras que veía a ambas chicas correr escaleras arriba en búsqueda del grupo de Gryffindor.
—Vaya… ¿No es encantador, Taurus? —dijo sarcásticamente la voz de Cardigan detrás de él.
—Completamente adorable —respondió de igual forma Taurus Zabini. Albus giró para encontrarse frente a frente con dos de sus compañeros de curso, y enemigos.
—Por Merlín que eres blando, Potter… Casi vomito escuchándote hablar con la enana de tu hermana —siguió provocándolo Cardigan.
—Por la cara que tienes diría que te tragaste el vómito… Ah, no, disculpa, siempre tuviste la misma cara —arremetió Potter, desafiante. E inmediatamente pudo ver como la mandíbula de Portus Cardigan se tensaba.
—¿Por qué no te haces un favor a ti mismo y te cambias a Gryffindor, Potter? Los dos sabemos que tú no tienes madera para estar en Slytherin —lo amenazó Portus, dando un paso al frente.
—Verás, Cardigan… Yo no opino lo mismo —lo contradijo Albus, manteniendo un tono de voz casual y tranquilo, capaz de enervar a sus contrincantes—. Yo pienso que estoy hecho exactamente a medida para Slytherin —agregó con cierto orgullo—. Así que si se sienten incómodos con mi presencia… Pues de seguro encontrarán algún lugar en… Pensándolo mejor, no creo que nadie los acepte, así que mejor quédense donde están —terminó la frase Potter.
—Cuida tus palabras, Potter… Parece que no te das cuenta de con quién te estas metiendo —siseó Taurus, su mirada gélida sobre Albus.
—Creo que eres tú el que no sabe con quién se está metiendo aquí —retrucó Potter, avanzando un paso hacia Zabini.
—¿Quién te crees que eres? —estalló Taurus.
—Albus Severus Potter. Es un nombre que te conviene recordar —dijo Albus, finalmente enojado.
—¿Todo en orden por aquí, muchachos? —intervino a tiempo uno de los prefectos de séptimo año.
—Sí… Todo en orden —mintió Potter, con una sonrisa burlona hacia Cardigan y Zabini.
—Bien. Será mejor que se apuren o se perderán de escuchar la contraseña nueva—los apremió el prefecto.
Con un último cruce de miradas, Albus continuó su camino hacia las mazmorras. Llegando a la Sala Común, se encontró con Hedda y Scorpius, que lo estaban esperando.
Albus no les dijo nada sobre el cruce de palabras que había tenido con Portus y con Taurus minutos atrás. Para él, se trataba de algo personal.
Cardigan había puesto en duda su pertenencia a Slytherin desde el primer momento. No le había dado nunca la oportunidad de mostrarse digno de sí mismo. Y ahora, Albus no estaba dispuesto a darle la oportunidad a él. Si Cardigan quería crear una rivalidad entre los dos, entonces Potter estaba dispuesto a aceptar el desafío. Se aseguraría de que Cardigan, y todos en Slytherin y en Hogwarts, conocieran su nombre.
Antes que nada, quiero decir que no es mi culpa que haya tardado tanto en actualizar... Simplemente había un problema en que no me permitía subir nuevos capítulos. En fin.. Ya lo han solucionado! :)
Pido perdón porque no voy a responder reviews en este capítulo porque sino voy a tardar mucho más en actualizar. Pero prometo responder todas las dudas en el próximo capítulo.
¡Y espero que estén contentos! Porque volvimos a Hogwarts!
Saludos.
G.
