Capítulo 14.
Santana se despertó al sentir el sol en sus ojos, como todas las mañanas. Era la hora de levantarse y bajar las persianas para volver a dejar la habitación a oscuras e impedir que Brittany se despertara. Levantó la cabeza del pecho de Brittany, sintiendo cómo el brazo de la rubia rodeaba su cintura. De pronto notó algo extraño, algo que no cuadraba con la situación. Otro brazo abrazaba su cintura y otro cuerpo más pequeño estaba acurrucado contra ella. Se giró y recordó la noche anterior, cómo había aceptado cuidar de Hannah hasta que su madre volviera, cómo se había enterado de la situación que vivía aquella niña en su casa. Abrazó a la niña con el brazo libre y sintió cómo se movía bajo su abrazo. Estaba despierta.
-Hola.- dijo Hannah levantando la mirada.
Santana se llevó un dedo a los labios y le pidió silencio mientras acariciaba la cabeza de Brittany. Hannah levantó la cabeza y sonrió al ver a Brittany dormida bajo Santana, le recordaba a una niña pequeña. Con cuidado, se colocó al otro lado de Brittany y comenzó a hacer lo mismo que Santana. Acarició los mechones de Brittany, que resplandecían por culpa de los rayos de sol que estaban entrando, y sonrió.
-Es muy guapa.- susurró Hanna hacia Santana.- Creo que te quiere mucho.
Santana no pudo evitar sonreír. Llevó una mano al pelo de la niña y lo revolvió.
-Te diré un secreto.- Susurró.- Yo a ella también.
La niña pasó un brazo por la cintura de Brittany mientras apoyaba la cabeza sobre su pecho, al igual que había hecho Santana.
-Entonces yo también.
Las dos vieron cómo los párpados de Brittany se cerraban con fuerza ante la luz del sol. Hannah se apartó para dejar que se despertara tranquilamente. Brittany abrazó un poco más fuerte a Santana y escondió los ojos en su pecho mientras producía unos pequeños gruñidos. Santana la abrazó y le dio un beso en la cabeza mientras Hannah intentaba no reírse. Brittany se llevó una mano a la cabeza para apartarse el pelo de la cara y, con los ojos entrecerrados para que el sol no le molestase, levantó la cabeza y sonrió.
-Buenos días...- Dijo restregando sus ojos con la mano. Miró a Santana e intentó besarla, pero ella fue más rápida y giró la cara para recibir el beso en la mejilla.
-Britt, cielo, tenemos visita.
La rubia abrió un poco más los ojos y miró a la pequeña que estaba sentada a su lado Acarició el pelo de Hannah y le pellizcó un moflete.
-¿Cuándo has llegado?- preguntó Brittany.- Te dejamos en la otra cama.
-Esta mañana. Me he despertado y no podía dormir otra vez.
-Me estaba ayudando a mantenerte dormida, pero creo que el señor Sol no quiere que duermas.- dijo Santana recogiendo el pelo de Brittany por detrás de sus orejas.- ¿Tenéis hambre?
Las dos rubias asintieron y Hannah se levantó rápidamente de la cama, seguida por Santana. Antes de que abandonara la habitación, Brittany la agarró por detrás y la obligó a girarse para poder besarla. Santana se separó enseguida y apoyó su frente contra la de Brittany, sintiendo cómo las manos de la rubia abrazaban sus caderas para intentar mantenerla cerca.
-Britt... Ahora hay una niña en casa.- Sintió cómo Brittany protestaba interiormente ante esa observación y lo que significaba.- En otro momento, ¿vale?
Salieron de la habitación y Brittany se dirigió a hacer el desayuno. Por suerte habían comprado chocolate por si algún día les apetecía un chocolate caliente, así que, ya que Hannah no iba a tomar café, decidió preparar tres tazas de chocolate. Cuando Santana entró en la cocina se encontró a Hannah jugando con Brittana. El pato corrió hacia Brittany para saludarla y se acurrucó contra sus piernas, como si fuera un gato. Santana se acercó a Brittana y la acarició para darle los buenos días.
-¿Cómo se llama?- preguntó Hanna acariciándola.
-Brittana.- contestaron a la vez.
A Hannah le hizo gracia el nombre y siguió jugando con ella. Santana le pidió que se lavara las manos después de jugar con el pato y luego se sentara a la mesa.
-¿No tienes colegio, Hannah?- preguntó Brittany dejando las tazas de chocolate sobre la mesa.
-Brittany, estamos a finales de Junio, ha empezado las vacaciones.- contestó Santana pacientemente.
-Es que esta ciudad es muy fría, me lío con las fechas.- tomó un sorbo de su chocolate.- Eh, tengo una idea. ¿Qué os parece si vamos al zoo?
La niña levantó la mirada y empezó a asentir con la cabeza ilusionada. De pronto Santana se vio rodeada por dos rubias que saltaban y le pedían por favor que las llevara al zoo. Hannah nunca había ido, y Brittany se moría por ir al famoso zoo de Central Park.
Santana miró el reloj de su muñeca y puso los ojos en blanco.
-Tenéis quince minutos para estar vestidas y preparadas en la puerta.
Hannah se pasó el día corriendo de arriba a abajo por el zoo, perseguida por unas preocupadas Brittany y Santana. Bueno, en realidad, Santana era la que perseguía, Brittany se unía a Hannah, echando carreras para llegar a la jaula de los gorilas, o alzándola en volandas para poder llegar antes a ver las jirafas. La última hora de zoo, la niña se encontraba tan cansada que dejó de correr, agarró una mano de cada una de sus niñeras y decidió caminar junto a ellas tranquilamente mientras observaban a los chimpancés cenar. Brittany pensó que era una estampa muy bonita: ella y Santana con una niña en el centro, las tres cogidas de las manos, paseando por el zoo de Central Park.
Santana decidió que ya era hora de volver a casa. Hannah protestaba, así que se vio obligada a tomarla en brazos para poder sacarla de allí. Apenas habían salido del zoo, Santana notó que la niña se había quedado dormida en sus brazos, estaba demasiado cansada como para esperarse a casa. Pidieron un taxi para no tener que cansarse de más con la niña en brazos y, en cuanto llegaron, decidieron ponerle el pijama con cuidado para no despertarla. Brittany mantenía erguida a la niña sobre la cama mientras Santana le quitaba la ropa y le ponía el pijama. La metieron entre las sábanas y le cerraron la puerta.
-No ha cenado... ¿Debemos dejarla dormir?- preguntó Brittany insegura.
-No le pasará nada por una noche. Me da mucha pena despertarla.- rodeó la cintura de Brittany con sus brazos y la atrajo hacia ella.- Además, quiero estar contigo un rato.
Brittany agarró con dos dedos un mechón de Santana que caía por su mejilla y lo colocó detrás de su oreja. Una vez que tuvo el camino despejado, plantó un tierno beso en su mejilla. Santana sonrió y presionó sus labios contra los de Brittany mientras sentía cómo los brazos de la rubia la rodeaban. De pronto Brittany se separó de ella y le sonrió, entrelazando los dedos de su mano con los de Santana para tirar de ella hacia la cocina.
Santana estaba confusa, pero se dejó llevar por Brittany.
-¿Qué te apetece cenar?- preguntó la rubia, depositando su mano libre en la espalda de Santana para atraerla cerca suya.
-Me da igual.- susurró Santana antes de depositar un beso en los labios de Brittany.
-¿Macarrones?
Santana se rió y asintió con la cabeza. Sintió de pronto cómo las manos de Brittany le daban la vuelta suavemente para ponerla de espaldas a ella. Brittany agarró sus muñecas y, como si fuera una marioneta, llevó la mano de Santana hasta el armario de los utensilios de cocina. Santana estaba perpleja, pero obedeció a Brittany y abrió el armario que estaba sobre el lavadero.
-Saca la olla mediana.- indicó Brittany. Una risa se escapó de los labios de la latina, pero le hizo caso.- Ahora tienes que llenarla de agua.
-¿Qué estás haciendo, Britt?- preguntó Santana girando un poco la cabeza para poder mirarla.
-Quiero enseñarte a cocinar. ¿Qué pasará cuando Natalie vuelva? No quiero que sigas pidiendo comida por teléfono.
La latina volvió a reírse y llenó la olla de agua. Brittany continuó ordenándole qué hacer y cómo hacerlo. Fue un proceso lento, cuidadoso, lleno de risas y tonterías, pero al final consiguieron cocer la pasta con éxito. Ya sólo quedaba cubrir los macarrones con salsa y meterlos al horno para que se terminaran de cocinar. Una vez en el horno, Brittany soltó las muñecas de Santana y se dirigió hacia la radio que había sobre la nevera.
-¿Vas a poner la radio?- preguntó Santana.
-Sí, será más divertido con música.
Brittany terminó de sintonizar la emisora y ayudó a Santana a poner la mesa. En la radio sonaban los primeros acordes de un clásico que Brittany conocía perfectamente, ''Dream a little dream of me''. No pudo evitarlo, dejó los platos encima de la encimera y se acercó lentamente a Santana. La abrazó desde atrás mientras Santana se abrazaba a los brazos de Brittany, y al ritmo de la música sus cuerpos comenzaron a balancearse de un lado a otro, con movimientos lentos y débiles.
Brittany agarró una de las muñecas de Santana y la obligó a darse la vuelta, poniéndolas cara a cara. Sonrió y llevó los brazos de Santana hasta su propio cuello para luego rodear con sus brazos la cintura de Santana. Hacía mucho que no bailaba, y volver a hacerlo después de tanto tiempo, además junto a Santana, le parecía mágico. Enterró el rostro en el cuello de Santana mientras seguían moviéndose al ritmo de la música. Sus manos se aferraron más fuerte a la cintura de Santana mientras llegaba el final de la canción. Deslizó una mano hacia arriba para agarrar una de las manos de Santana e hizo un poco de fuerza para que el cuerpo de Santana se doblará despacio hacia atrás, sujeto por su mano firmemente pegada a su espalda. Las dos se rieron al verse en esa posición, y Santana aprovechó la mano que le quedaba en el cuello de Brittany para poder atraerla hacia abajo y besarla.
Un graznido las hizo volver a la realidad. Brittana se había despertado. Brittany ayudó a Santana a ponerse recta de nuevo y se acercó a su pequeña pata para acariciarla e intentar que volviera a dormirse. Después de un rato, los macarrones ya estaban listos y pudieron sentarse a cenar.
-Ya sabes hacer macarrones, San. ¿No estás orgullosa?
-Sí, pero creo que no voy a poder vivir a base de macarrones. ¿Me enseñarás más recetas?
Brittany sonrió y se llevó el tenedor a la boca.
-Mañana.- se centraron en sus platos, aunque de vez en cuando una mirada se entremezclaba con algún bocado y las hacía reír.- ¿Vamos mañana al hospital?
-No creo que sea el lugar más indicado para Hannah...
-Bueno, ve tú. Yo me quedaré con ella.- De pronto la rubia se calló y agacho la mirada.- ¿Cuándo... cuándo viene su madre?
-No dijo cuándo.- contestó Santana.- Te has encariñado con ella, ¿verdad?
-Es difícil no hacerlo... Me recuerda mucho a ti: testaruda pero en el fondo muy tierna.
-Es curioso, a mí me recuerda más a ti: una rubia inocente pero con carácter.
Brittany sonrió y se levantó para recoger los platos sucios. Guardó los macarrones que habían sobrado en un bol y los dejó en el frigorífico para el día siguiente. Santana se acercó a ella y le besó la mejilla.
-¿Qué te pasa?- le preguntó a Brittany, notando lo ausente que estaba.
-Sólo estaba pensando... ¿Seguro que no puedes...? Bueno, ¿adoptarla?
Santana suspiró y negó con la cabeza.
-Sabes que es muy difícil...
-Pero te estoy enseñando a cocinar... Ahora podrás hacerle la comida... ¡Eso te dará más puntos!
-No es eso, Britt.- agarró sus dos manos y las acarició con sus pulgares.- No se puede, es mejor que lo olvidemos, ¿vale?
De pronto notaron la presencia de alguien más en la puerta y se giraron hacia ella. Hannah estaba de pie, restregando sus ojos con las manos para despertarse. Santana carraspeó y soltó las manos de Brittay mientras ésta se encargaba de recoger la mesa.
-Hannah, ¿qué haces levantada?
-Tengo hambre.- dijo soñolienta.
Santana sonrió y sacó los macarrones que acababan de guardar. Puso unos cuantos en un plato y sentó a Hannah a la mesa mientras colocaba el plato frente a ella. Se los terminó en seguida, tanto correr por el zoo le había abierto el apetito.
-¿Quieres que te acompañe a la habitación, Hannah?- preguntó Brittany acercándose a ella.
La niña negó con la cabeza y se limpió la boca con la servilleta.
-No quiero dormir ahí. Me da miedo.
Brittany dirigió una mirada de pena a Santana. La latina entendió que había algo más en esa mirada, una súplica dirigida solamente a ella.
-No, de eso nada, Britt.- susurró Santana.- No.
-¿Quieres dormir con nosotras, Hannah?- preguntó Brittany sin hacer caso de Santana.
El móvil de Santana comenzó a vibrar sobre la mesilla junto a la cama. Abrió los ojos y levantó una mano para cogerlo. Era un mensaje de Ryan, le pedía que viniera al hospital en cuanto pudiera, Natalie quería verla. Según la hora ya había amanecido, pero por culpa de las persianas ninguna se había dado cuenta de ese detalle. Se las ingenió como pudo para deshacerse del brazo de Brittany que rodeaba su cintura e intentó salir de la cama sin despertar a Hannah, que se acurrucaba junto a ella. Se vistió con lo primero que agarró y las miró dormir, sonriendo ante la postura que las dos rubias habían adoptado. Al notar su ausencia, Brittany había pasado el brazo por encima de Hannah para abrazarla, y la niña se había hecho un ovillo entre sus brazos. Decidió que tardaría lo menos posible en el hospital y al volver las despertaría.
Salió del apartamento con cuidado para no hacer ruido y se dirigió calle abajo. En poco tiempo ya estaba en la habitación de Natalie. Se acercó a su prima y le dio un beso en la mejilla.
-Me ha dicho tu novio que querías verme.- dijo sentándose a su lado.- ¿Qué pasa?
Natalie sonreía mientras se acariciaba el corto pelo castaño que estaba creciendo.
-Queríamos decírtelo los dos, pero Ryan ha tenido que irse...- hizo una pausa y su sonrisa se hizo aún más grande.- Me ha pedido que me case con él.
Santana se llevó las manos a la boca y luego se abalanzó sobre el cuello de su prima.
-¡Enhorabuena! Déjame ver el anillo.- levantó la mano de su prima y observó la sortija de su dedo.- ¡Dios mío, es precioso!
-Eso no es todo.- Dijo Natalie mirando a su prima a los ojos.- Esta tarde va a pasarse por el piso a recoger mis cosas. Quiere que vaya a vivir con él.
La mirada de la latina se clavó en el suelo. Se alegraba por su prima, pero le dolía que la dejara sola. La había echado de menos durante tanto tiempo y ahora que se había recuperado iba a dejarla otra vez sola en aquel apartamento. Intentó sonreír, obligándose a estar feliz por Natalie.
-Lo entiendo, en serio.
-No te pongas triste, por favor.- Le pidió sujetando su mano.- Quiero pedirte un gran favor, Santana. No quiero vender el apartamento, he pasado muchos años en él para ver cómo un desconocido se lo queda. Tú tienes muchos amigos abogados que creo que podrían ayudarme.
-¿Qué quieres hacer?- preguntó Santana, dispuesta a ayudar en lo que fuera a su prima.
-Necesito que me consigas un documento para cambiar el nombre del propietario del piso.
Santana asintió, era algo fácil, no tardaría mucho en conseguirlo.
-¿A quién se lo vas a dar?
-A ti, ¿a quién si no? Llevas viviendo en él siete años. Quiero que sea tu piso, tu propia casa. Brittany puede venirse contigo.
Natlie observó cómo una pequeña sonrisa asomaba en el rostro de su prima. Los brazos de Santana envolvieron su cuello y le devolvió el abrazo, intentando no hacerse daño, aún no estaba del todo bien.
-Te voy a echar de menos.- susurró Santana.
-No voy a irme, iré a visitarte de vez en cuando.- le dio un beso en la mejilla y acarició su pelo. Sonrió al pensar en lo rápido que había madurado ese tiempo que ella había estado en coma.- ¿Cuándo me traerás los documentos?
-Te enviaré a alguien.- dijo Santana levantándose para salir del hospital.- Acabas de darme una idea... Tal vez sea una locura, pero tengo que intentarlo.
-¿Puedo saber qué pasa?- preguntó levantando una ceja.
Santana sonrió mientras clavaba su mirada en los ojos de su pima.
-Tal vez sea hora de que alguien más se una a la familia López.
