¡Hola! Bueno, pues hoy os traigo una pequeña sorpresita: un POV Blaise. Quería daros una nueva perspectiva de la historia... Y es que voy a rescatar algunos de los que yo llamo "personajes inexplotados", o lo que es lo mismo, personajes de libros que pudieron haber tenido más importancia de la que realmente tuvieron... Entre ellos, Narcissa Malfoy, Blaise Zabini y Theodore Nott. Voy a meter trama de ellos para que no sea todo excesivamente "Dramione" y para que el fic tenga más dimensiones... ¿me explico? De otra forma, quedaría todo demasiado lineal... ¿Qué os parece?
Capítulo dedicado a Liube. ¡Bienvenida a "Destiny", guapa!
Bueno, os dejo con la lectura.
POV Blaise Zabini
Miré el reloj de pulsera que Potter me había dado la noche anterior. Resoplé, molesto. ¿Dónde mierdas se había metido Malfoy?
—Tranquilízate, Blaise, ¿quieres? —dijo Theodore Nott. Estaba tumbado sobre la hierba junto a mí, con las manos entrelazadas bajo la cabeza y los ojos cerrados. Era la serenidad hecha persona.
—Es que empiezo a cansarme de esperar… Son las cuatro y media. Quedamos a las cuatro y cuarto. Y a las cinco tenemos Historia de la Magia. ¿Cuándo va a dignarse a aparecer?
—Ahora sabes lo que se siente al tener que aguardar siempre por los demás… —murmuró Theo con burla, sin modificar lo más mínimo la expresión de su rostro. Sonreí. Eso era cierto. Apenas habían pasado un par de semanas desde que decidí convertirme en un hombre puntual. Antes de eso, una hora de retraso no hubiese sido ninguna novedad tratándose de mí.
—Cuéntame algo —le pedí, pasados varios minutos en silencio. Él suspiró.
—¿Cómo que te cuente algo?
—Sí. Es que me aburro. Dime… ¿qué tal con tu compañero de proyecto?
—No podemos hablar de eso, Blaise. Y lo sabes.
Resoplé, cruzándome de brazos cual niño pequeño en plena rabieta.
—Venga ya, Theo. No se lo voy a decir a nadie. ¿Quién es? ¿Un Gryffindor?
Él respiró hondo como si estuviese armándose de paciencia.
—No, Blaise. No es de Gryffindor.
—¿Hufflepuff, entonces?
—No.
—Pues Slytherin fijo que no es, creen que somos una mala influencia los unos para los otros… Así que Ravenclaw, ¿verdad? —insistí.
—Sí. Es de Ravenclaw.
—Genial. Así podréis pasaros horas compartiendo libros, discutiendo sobre la Teoría de la Relatividad y cosas así —resolví, asintiendo con vehemencia—. Claro que las águilas tienen fama de prepotentes… Se sentirán superiores por sus cerebros. ¿Cómo es el tuyo? ¿Es agradable? ¿O va de listo por la vida? Porque si tienes problemas con él, yo no tengo ningún inconveniente en hacerle saber que con mis amigos no se mete nadie —me ofrecí con una sonrisa de tiburón, pero él ni siquiera se movió—. Theodore. Estoy hablándote. ¿Es amable contigo o no?
—Te estaba escuchando, Blaise… Y sí. Es amable conmigo. Así que descuida, que no precisaré de tu… protección —me respondió él con voz cansada. Fruncí el ceño, observándole.
Una vez más, me pregunté qué ocurriría dentro de la cabeza de Theodore Nott. Y quise saber si sería feliz… aunque hoy día dudaba que ningún Slytherin lo fuese.
Pero en su caso, era aún más complicado. Huérfano de madre desde los siete años y con ese padre… Sacudí la cabeza. Nott Senior había sido un mortífago digno de temer… pero, por suerte para todos, lo habían condenado al beso del dementor el verano pasado.
Aunque, quizás, no fuese cierto que a todo el mundo le había beneficiado la muerte de ese asesino despiadado y terriblemente adicto al alcohol: Theo se había encontrado de pronto con un pesado apellido que sostener él solo, además de las propiedades físicas que el Ministerio le había permitido conservar… un montón de tierras vacías sin nada con que ocuparlas.
Por lo que había logrado sonsacarle, Theo había pasado el resto del verano en su mansión, en la misma en la que vivió junto a sus padres de pequeño… Sin una sola persona a su alrededor.
Yo, al menos, tenía a mi madre. Igual que Malfoy. Igual que Pansy, cuyo padre también había sido ajusticiado. Pero… ¿y Theo? ¿Qué iba a hacer él ahora?
No podía negar que temía por la seguridad de mi amigo, que a sus escasos dieciocho años llevaba ya demasiadas cargas a sus espaldas, aunque confiaba en que su definida madurez le ayudase a sobrellevarlo con calma.
Sin embargo, me preguntaba si la extraña personalidad que le caracterizaba vendría de antes de todo esto. ¿Se habría vuelto un chico solitario, silencioso e introvertido por la muerte de su madre? ¿O acaso siempre había sido así?
Era algo que nunca había logrado averiguar, pero que aún entonces, ocho años después de haberle conocido, seguía cosquilleándome la conciencia.
—¿Y tú qué? —dijo en ese momento él, abriendo por primera vez los ojos y dirigiéndome una inquisidora e intensa mirada azul.
—¿Yo, qué? —pregunté, sintiéndome estúpido por haber sido pillado en pleno viaje por la estratosfera de mis pensamientos.
—¿Qué tal tú con Potter?
Me tensé, sorprendido.
—¿Cómo sabes que Potter es mi compañero de proyecto?
Theo sonrió misteriosamente y volvió a cerrar los ojos, colocándose de nuevo en su posición inicial. Iba a insistir en mi pregunta, pero de pronto unas sonoras pisadas a mis espaldas me hicieron volverme.
Draco Malfoy caminaba hacia nosotros a través de los jardines del colegio; aunque tal vez sería más acertado decir que avanzaba en nuestra dirección tratando por todos los medios de llegar al centro de la Tierra con furiosos pisotones al suelo.
Tenía las manos hundidas en los bolsillos, pero adiviné que estaba apretando los puños con la misma rabia que reflejaban sus ojos.
Theo se incorporó, relajando los brazos a ambos lados de su cuerpo y observando a Draco con inevitable curiosidad.
Cuando llegó a nuestro lado, el rubio nos miró desafiante, como si estuviese esperando que uno de nosotros se atreviese a increparle por su tardanza.
Y ese, desde luego, iba a ser yo:
—Vaya horas de llegar, ¿eh, princesa? Le regalaré un reloj a la primera oportunidad que tenga, mi lady… —canturreé.
—Cierra la boca, idiota —gruñó él por toda respuesta, dejándose caer a mi lado. Tiró la mochila de cualquier manera junto a él y se frotó la cara con cansancio.
—¿Qué te pasa? —dije. Draco me miró con frustración.
—Es esa estúpida sangre-sucia. No la soporto. No puedo con ella y con sus múltiples impulsos de heroína… Ahora se piensa que tengo un problema y que ella y su apoyo pueden ayudarme —resopló, arrancando una brizna de hierba y rompiéndola a tirones de forma inconsciente.
—Bueno —intervino Theo con voz calmada y neutra—. Eso probablemente se deba a que ella es una heroína, a que tú tienes un problema y a que ella y su apoyo pueden ayudarte.
Sonreí sin poder evitarlo al adivinar la tormenta que mi amigo acababa de desatar.
—¿Qué? —gritó Malfoy, poniéndose en pie—. ¡Cierra la boca, Nott! ¡No te metas donde no te llaman! ¡No tienes ni idea! ¡Ni siquiera sabes si…!
Pero Theo alzó una mano con intenciones de apaciguar al furibundo Draco, y siguió hablando sin perder su compostura y su actitud sosegada.
—Siéntate, Malfoy. Y tranquilízate. No me he metido contigo en ningún momento. ¿Te importaría respirar hondo y hablar como una persona normal?
Por increíble que pudiera parecer, esto funcionó, y Draco cogió aire un par de veces antes de sentarse de nuevo frente a nosotros. Al parecer, Theo seguía siendo la única persona capaz de serenarle. Y es que, durante los últimos meses, mientras la inmensa mayoría de los Slytherins nos dedicábamos a despreciar o a evitar a Malfoy, Theo se había limitado a permanecer al margen, por lo que ellos dos nunca habían estado en verdadero conflicto.
—Bien —prosiguió Nott—. Analiza lo que he dicho y verás que tengo razón: ella colaboró desde primera línea del frente de batalla a acabar con Lord Voldemort… además de las muchas vidas que salvó con esto. Por ello, creo que está más que claro y demostrado que, te guste o no, es una heroína, y así es como la ve el mundo mágico. Segundo, sí que tienes un problema, ¿o me vas a negar que tu madre está…?
—Cállate —le interrumpió Draco; pero esta vez, no era una orden, como pude advertir, sino una petición—. No lo digas.
Theo asintió, conforme.
—Ella podría ayudarte, Draco.
—¿Ayudarme? ¿Cómo? —inquirió lacónicamente el aludido.
—Con su apoyo, como tú mismo dijiste antes —finalizó Theo. Malfoy bufó, bajando la mirada.
—No necesito nada de una asquerosa sangre-sucia como ella…
—Pues esta mañana no dio la impresión de que la encontrases asquerosa —dije con mordacidad, recordando en el momento justo el incidente de la poción.
—Lo de esta mañana fue un completo y absoluto error impulsado por el temor que me invadió al pensar que culparían a todos los Slytherins de la muerte de esa niñata, y todo por el capricho de turno de Pansy. No volverá a ocurrir —respondió él, estirándose mientras estrechaba los ojos, afilando su mirada.
—¿Qué ocurrió esta mañana? —quiso saber Theo. Le observé de hito en hito, y él se encogió de hombros—. Estaba en la biblioteca. No me enteré de nada fuera de lo común.
Las comisuras de mis labios se curvaron hacia arriba. Así que iba a ser yo quien diese la exclusiva…
—Oh, no, tranquilo, Theo. No te has perdido nada fuera de lo común, como tú dices… —contemplé de reojo a Draco, y vi que él me fulminaba con su mejor y más aterradora mirada asesina. Pero eso no era ni de lejos suficiente para acobardarme—. Verás, lo que ocurrió fue… vaya, qué memoria la mía, ¿qué fue lo que pasó, Malfoy? Ah, sí… Nuestro querido Draco salvó a Granger de morir envenenada por un Filtro de Muertos en Vida… nada más ni nada menos que besándola delante de medio colegio. Y, por tu expresión mientras lo hacías, hubiera podido jurar que hasta te gustó, Draco —finalicé, sonriente y satisfecho por mi actuación, que había logrado los objetivos deseados: Malfoy parecía querer matarme allí y a plena luz del día, apretando los dientes para contener su ira, y Theo me miraba anonadado con la boca abierta por la impresión. Me apunté un tanto mentalmente. Sorprender a Nott no era algo precisamente fácil de lograr.
Draco se cruzó de brazos y bajó la vista, dedicándome toda clase de insultos por lo bajo. Theo parpadeó y sacudió la cabeza.
—¿En serio, Malfoy? ¿De verdad hiciste eso? —preguntó, incrédulo. Draco no contestó, y eso fue todo lo que Theo necesitó para deducir él solito la respuesta. Asintió despacio con la mirada perdida, como si estuviera confirmándose algo a sí mismo.
—Venga, Draco, confiesa —le presioné un poco yo, con algo de burla—. ¿Te gustó el beso o no?
Entonces, una voz a nuestras espaldas me hizo girarme por segunda vez… y sorpresa, sorpresa. Qué irónico que era el destino.
—Malfoy… —comenzó Granger observando a Draco, que fijaba los ojos en el horizonte, como si negarse a mirarla fuese suficiente para que ella desapareciese. Me tomé unos segundos para detallarla. Merlín, qué bien le había sentado el último año a aquella chica… De pronto, el ratón de biblioteca con pelo de escoba se había transformado: el patito feo se convirtió en un hermoso cisne. Su piel se había tornado suave y morena, su cabello lo conformaban ahora unos perfectos y definidos bucles castaños, su cuerpo se había llenado de demasiadas curvas como para que su inmensa ropa lograse ocultarlas todas, sus ojos color chocolate infundían una ternura sin igual que contrastaba por completo con esos labios de cereza que incitaban al pecado.
Sacudí la cabeza, sonriente. Sí, sin duda Granger había cambiado mucho en los últimos meses. Afortunado Malfoy… y encima el muy idiota se negaba a abrir los ojos para darse cuenta de que la Gryffindor ya no era la niña repelente que un día fue. Porque sí, incluso su personalidad era ahora de mi agrado.
Entonces, ella tragó saliva y volvió a empezar con más potencia en la voz, totalmente ajena al estudio al que yo acababa de someterla.
—Malfoy. Tengo algo tuyo… tu libro de Historia de la Magia. Te lo dejaste en la sala común —finalizó, mordiéndose el labio con nerviosismo. Mientras hablaba, le tendió a Draco dicho libro, y yo aguardé, preguntándome cómo reaccionaría él… si al menos le daría las gracias.
Malfoy suspiró, giró la cabeza y, sin siquiera mirar a Granger, lo cogió bruscamente y lo guardó en su mochila.
Me crucé de brazos, molesto por la actitud de mi amigo. En fin… tendría que salir yo en rescate de lo que le quedaba de alma.
Me puse en pie, dedicándole a Granger una radiante sonrisa pintada de seducción. De esas que ya me salían solas.
—Perdónale, linda… Está teniendo un mal día. Pero descuida, yo te doy las gracias en su nombre.
Ella pestañeó, mirándome con expresión confusa. Sin embargo, rápidamente se recuperó, enderezándose de golpe y alzando una ceja con una altivez digna de un Slytherin. "Un gesto de Draco", adiviné.
—Gracias a ti, Zabini… Te veo luego en clase. Nott —añadió, despidiéndose de Theo con un cabeceo, quien correspondió a su gesto en un caballeroso silencio. Granger le dedicó a Malfoy una extraña mirada, mezcla de preocupación, tristeza y enfado, y después se marchó sin volver la cabeza ni una sola vez.
—Enhorabuena, Draco —dije yo—. Si no habías perdido cosas suficientes, ahora puedes añadir a la lista la falta absoluta de tacto con las mujeres.
—Eso no es una mujer —replicó él, levantándose con el ceño fruncido y escupiendo las palabras—. Y no veo por qué debería tener tacto con ella.
Theo suspiró, poniéndose también en pie y sacudiéndose la túnica. Ambos cogieron sus mochilas y, dando media vuelta, se dirigieron al castillo. Yo permanecí inmóvil unos segundos, contemplando cómo se iban. Una sonrisa nació lenta y perezosa en mis labios. Finalmente, me encogí de hombros y les seguí. Pero un pensamiento giraba al fondo de mi mente, divertido e impertinente, negándose a abandonarme.
Porque Malfoy no había negado que el beso le hubiese gustado.
