Holaaaaaa!
Soy tan cool y buena escritora que les traje el capítulo ni bien lo terminé. Bueno, me atrasé un par de días (cofcof) pero uno hace lo que puede. He hecho son las siete de la mañana y todavía no me fui a dormir (suerte que curso de noche ._.) por el maldito estudio.
Se suponía que es cap. iba a ser un aperitivo antes del capítulo del manga que todos esperamos, pero oh sorpresa, de alguna manera se camufló antes de tiempo. ¿Lo leyeron? Está todo muy loquillo, aunque tengo un buen presentimiento. No sé por qué, pero lo tengo. Por cierto, ¿no les recordó en algo a la biblia todo ese cuento del fruto prohibido? A mí sí :O
En fin, los voy dejando leer tranquis. Una última cosa: Victoria SyS, este capítulo responderá tu pregunta (los demás muéranse de la curiosidad, no la voy a citar... *risa hipermalvada*). Acuérdense que yo publiqué este fic por primera vez el año pasado, mucho antes de la fumada de ser hokage de Sasuke y todo eso (acá Sasuke tuvo un versus contra Naruto y después se fue a desertar por ahí aunque la guerra había terminado). Así que los parámetros en los que encuadré la historia no tienen mucho que ver con esa realidad. A pesar de todo trato de mantenerme actualizada en ese tema, tampoco me gusta que lean algo que no sientan real.
Ahh y querida (si Victoria, VOS) hacete una cuenta por favoooooor! Me encantaría poder contestarte como al resto. Son pocos los que mandan reviews como los tuyos sin cuenta. Es muy fácil, solamente necesitás poner tu correo, contraseña, un par de datillos locos y gualá! :D
Bueno ahora sí los dejo leer.
PD: Capítulo 13 de la segunda parte, ufff odio ese número... la desgracia.
El desertor olvidado, parte II: Capitulo XIII.
Los refugios estaban llenos de la gente más débil de la aldea, de todos los civiles y los niños. Hinata los había guiado hasta allí, y había cerrado las puertas fuertes que los cubrían y pasaban desapercibidos. Allí adentro era a prueba de ruidos, tenían oxígeno, agua y un poco de comida enlatada también… incluso baños cerrados y algunas frazadas. Pero, a pesar de todo, era un lugar bastante rustico y descuidado. Oscuro, lleno de humedad, empolvado por los años. No pensaban que tendrían que entrar a él de nuevo tras la subida de Naruto al puesto de hokage.
Hinata estaba sentada en el suelo, al igual que todos, con los tres niños a su alrededor. Ella miraba al vacío, fuertemente preocupada por lo que ocurría afuera y sintiéndose extremadamente inútil allí dentro sin poder ayudar a su esposo y a su clan a luchar.
—Tía Hinata, ¿estás bien? —le preguntó Itachi, mirándola con el entrecejo fruncido.
Ella sonrió inmediatamente, fingiendo. Le acarició la cabeza.
—Por supuesto que sí… —ella se tocó el vientre, la verdad es que estaba muriendo por ir al baño. La batalla no la hacía estar menos embarazada, así que miró a todos con una sonrisa y se puso de pie— Iré al baño, por favor quédense un minuto aquí —les pidió, yéndose.
Los tres se quedaron en el suelo mirando cómo se iba, y luego se miraron las caras entre ellos.
—Mi mamá no está bien —dijo Minako. Yota le puso la mano en el hombro, sonriéndole igual que ella antes.
—No te preocupes hermana, todo estará bien —la quiso consolar, pero no funcionó.
—Tengo miedo por mi mamá —les confesó Itachi finalmente. Minako lo miró frunciendo el ceño.
—Pero ese señor que nos salvó está con ella, y también nuestro papá —le dijo ella. Itachi sacudió la cabeza.
—Quiero saber si está bien, quiero ir con ella —le dijo, casi suplicándole que lo ayudara, con la mirada. Yota sacudió la cabeza de manera veloz al instante.
—Por supuesto que no, es peligroso Itachi, tenemos que quedarnos con nuestra mamá —le dijo con precaución el pequeño rubio. Itachi lo miró un momento, pero luego desvió su mirada a la de Minako. Ella lo miraba también, con la misma fijeza que él, y Yota estaba al margen observando una conversación que no podía escuchar.
—Hola niños —se escuchó a Hinata, llegando del baño—, ya volví. ¿Qué les parece si…? —ella quiso comenzar, pero algo la detuvo.
Un ruido en la compuerta de entrada, uno fuerte, como un forcejeo. Todos los aldeanos observaban en silencio, petrificados. Hinata se asustó también, pero no lo pensó más: Activó el byakugan, de pie, en posición de lucha dispuesta a cualquier cosa.
Las torres bloqueadoras no parecían tener un alcance más largo que todo el perímetro de Konoha, y aquel refugio estaba muy por fuera de la aldea.
—Pónganse detrás de mí —les dijo a los tres sin mirarlos, observando fijamente la compuerta de metal duro que estaba frente a ella. Ellos le hicieron caso, mirando asustados.
Y luego, extremadamente despacio, la compuerta comenzó a abrirse dejando entrar aire frío. Hinata entrecerró sus ojos y comenzó a dirigir el chakra a sus manos, a punto de lanzarse a atacar con el vientre de tantos meses que llevaba ya.
Una mano comenzó a aproximarse, a intentar ingresar por un pequeño espacio.
—¡Detente ya mismo! —exclamó Hinata con una determinación increíble.
—¿Hinata… eres tú? —susurró alguien del otro lado. Hinata abrió los ojos, sorprendida tras reconocer aquella fina y delicada voz.
—¿Hanabi? —preguntó. La chica se asomó por completo, terminando de ingresar.
La chica de cabello largo hasta la cintura y oscuro igual que Neji, tenía puestas ropas de anbu y llevaba una espada en la espalda. Era delgada y grácil, lucía como una niña inofensiva y delicada, pero era el miembro anbu femenino más joven de todo Konoha.
—Nos enviaron a mí, Konohamaru y su grupo a vigilar esta parte de las afueras de la aldea. Bajamos varios enemigos que intentaban subir a la colina, por eso vine a ver si estabas bien. Nadie sabe cuál es su ubicación exacta, no te preocupes —le dijo la chica, ingresando con una copia de la llave del refugio. Muy pocos tenían una.
Hinata desactivó el byakugan, suspirando con alivio. Cerró sus ojos, y luego comenzó a sentir que todo a su alrededor le daba vueltas. Se había excedido, el estrés y el uso de chakra la había consumido en demasía. El embarazo no era un juego.
Hanabi corrió a ella, dándose cuenta de que algo andaba mal. La sostuvo, y varios aldeanos fueron en su ayuda también. La colocaron en el suelo, para que descansara la espalda.
—Tú no estás bien, no estás bien hermana —le dijo, preocupada. Hinata sonrió.
—No te preocupes tanto, sólo necesito descansar un poco.
Todos observaban preocupados la situación, y en la distracción del momento, Minako codeó a Itachi. Éste la miró, sorprendido.
—La tía dejó abierta la compuerta… —le susurró la chica, sin mirarlo. Intentaba pasar lo más desapercibida que podía. Yota no estaba mirado, estaba sentado al lado de su madre preocupado por ella.
—Minako… —le respondió Itachi, vacilando.
—Vete, es la única oportunidad que tendrás —lo interrumpió ella.
—¿Por qué…?
—Porque no quiero que algún día me reproches el no haberte ayudado a salir para estar con tu mamá —le respondió ella instantáneamente. Luego lo miró de reojo con el ceño fruncido— ¡Vete ya! —le gritó en un susurro.
Itachi asintió, sonriéndole levemente. Corrió, escabulléndose entre el gentío alrededor de Hinata. Salió por allí, corriendo por un sendero que pocos conocían. Miró y a lo lejos estaba el equipo de Konohamaru de pie, reunido esperando a Hanabi.
Se deslizó entre las ramas cuesta abajo, hasta llegar a las casas. De ahí no supo a dónde ir, no había nadie cerca. Miró a su alrededor, intentando oír. Se escuchaban gritos a lo ancho de toda la aldea, peleas, cosas cayendo, incluso fuego quemando algunas casas. Aquello lo sacó de sí por un momento. Jamás había visto u oído algo parecido, no podía creer que su hogar estaba siendo atacado de esa manera. Sólo leía en los libros de historia, o por cuentos de los ancianos, cosas similares que habían ocurrido muchos años atrás.
El miedo le recorrió la sangre por un instante, y sentía que sus extremidades no respondían. Tenía miedo de lo que pudiera ocurrirle si continuaba su travesía. ¿Y si alguien lo agarraba? Pero luego se recompuso, pensando en su mamá. El rostro de su tierna madre, la que le hacía el desayuno todas las mañanas, la que lo llevaba siempre a la casa de sus amigos. Caminó a la deriva, escondiéndose entre los arbustos o los tapiales de las casas. Sus sentidos estaban más alerta que nunca antes.
Simplemente iba a donde su instinto le dictaba ir.
Pero, en otro lugar, en un punto más o menos alejado de allí, estaban Sasuke y Sakura corriendo entre los árboles sin salirse de la zona de la torre, con aquel samurái persiguiéndolos. Ya estaban cansados, Sasuke sin poder usar aquella parte de su chakra que le daba poder, y Sakura alcanzando un límite dentro de su cuerpo.
—Esa puta armadura —masculló Sakura, mirando a Sasuke—, ya intenté golpearlo, pero no funciona. Es demasiado dura, él ya estaba preparado cuando vino a invadir —le informó a Sasuke. Él resopló aire.
—Ni siquiera nos deja salirnos de Konoha para evadir el bloqueo de la estúpida torre —añadió él—, nos acorrala y alcanza a cada rato. ¿Qué demonios es lo que le da tanta fuerza, tanta velocidad? Es sólo un maldito viejo.
—La sed de venganza —respondió Sakura, sorprendiéndolo. Luego un kunai le rozó el rostro, dejándole un rasguño visible.
Ambos se detuvieron, bajando de los arboles al mismo punto de antes.
—¿Estás bien? —le preguntó Sasuke, preocupado. Ella asintió.
—Escúchame, hay algo que podría funcionar. Lo estaba guardando para la torre, pero no hay manera de que logre alcanzar esa maldita cosa sin que él me detenga. Ni siquiera tú puedes distraerlo el tiempo suficiente para q ue yo haga eso.
Sasuke no entendía muy bien de qué iba ella.
—¿Te refieres a romper la torre?
—No, intentarlo. No sé si funcionará, pero debo intentarlo.
—Ni siquiera esa fuerza tuya podrá destruirla. No puedes siquiera romper su armadura —le señaló Sasuke.
—Lo sé… no en mi estado actual. Aunque estoy alcanzando mi límite, puedo ampliarlo. A lo largo de todos los años de tu ausencia entrené, entrené como nunca. Perfeccioné todo lo que me enseñó Tsunade… incluso la liberación del sello yin —le explicaba ella. Sasuke comenzaba a darse una idea de su plan.
—¿Vas a liberar el sello yin ahora?
—Lo intentaré, pero cuando lo haga lo que tengo que hacer es destruir su armadura primero, para que podamos matarlo de una vez y tenga despejado el camino a la torre —Sasuke ya iba entendiendo todo lo que ella le decía—. No sé si funcionará… no sé si romper una sola torre hará diferencia alguna… pero no hay mucho más que podamos hacer, ¿verdad? —le preguntó ella.
Él simplemente la miró. Miró sus ojos verdes, su determinación. Su porte, su tonalidad dura al hablar, sus cejas inmutadas, su piel firme. Sakura definitivamente no era más una niña, había alcanzado un punto de madurez mucho más fuerte del que él jamás hubiera imaginado.
Para ella todo estaba en juego, así que ella misma se ponía en juego. Finalmente él asintió, dándole su visto bueno. Tenían que hacerlo… intentarlo.
El samurái llegó a ellos nuevamente, con espadazos precisos y secos intentando atacar primero a Sasuke. Él devolvió los espadazos, intentando guiarlo lejos de Sakura, de la manera más discreta posible. Ella comenzó a concentrar su chakra enseguida. ¿Conseguiría despertar el dichoso sello?
Había acumulado chakra por muchos años para liberarlo en un momento crucial como ese. Podía recordar las palabras y las enseñanzas de su difunta maestra. Ni siquiera Shizune sería capaz de hacer algo como eso. Ella no tenía la sangre Uchiha, ni tampoco el zorro encerrado dentro. No tenía nada especial, sólo valentía, fuerza de voluntad, talento y un potencial que era inigualable para cualquier kunoichi de Konoha.
Cerró sus puños, cerró sus ojos. Se concentró… y liberó todo ese chakra con una precisión envidiable. Sonrió triunfal cuando sintió que en su frente se dibujaba un rombo pequeño y poderoso. Podía sentirse llena, más rápida, más fuerte. Como si su cuerpo anterior hubiere sido transformado por completo. Su interior parecía nuevo, rejuvenecido. Podía sentirse tan fuerte, mucho más que cualquiera.
Sasuke seguía peleando contra el interminable e incansable samurái, cuando una repentina embestida poderosa de Sakura lo arrojó muchos metros lejos de allí. Sasuke la miró totalmente sorprendido por su cambio radical. En un principio, cuando ella le dijo que lo iba a hacer, la creyó capaz de lograrlo… pero verlo era totalmente distinto. Ella lo arrastró hasta el tronco de un árbol, partiéndole aquella dura armadura de un solo golpe.
Una diminuta sonrisa triunfal y orgullosa se posó sobre los labios de Sasuke a medida que corría en su encuentro con ella y el enemigo, que estaba tirado e inmovilizado. A ese paso iba a acabar matándolo ella misma sin necesidad de que él le lanzara ningún otro Jutsu para quemarlo o electrificarlo.
Pero Sakura era consciente de que estaba falta de tiempo, de que debía aprovechar la distracción de todos los otros enemigos para correr a la torre e intentar destruirla, si acaso podía hacerlo. La tenía lejos, pero en su estado actual podía alcanzarla en tan sólo diminutos segundos… así que se impulsó hacia atrás, concentrando toda su fuerza en sus piernas para actuar como una bala y atravesar la bendita torre.
…Y lo hizo.
—Tú puedes… tú puedes Sakura —susurraba Shikamaru en medio de su propia lucha.
Era como una ráfaga de viento rosa, lleno de poder, lleno de fuerza y esperanza. Todos miraban sorprendidos cómo la pelirrosa iba ya a mitad de camino… cuando una voz inesperada la detuvo.
—¡Déjame! —lloraba Itachi, lejos de allí.
Sakura perdió toda concentración posible, su corazón se detuvo en medio del impulso. Se desconcentró tanto que perdió gran parte de su fuerza y cuando llegó a la torre apenas pudo darle un puñetazo débil que le hizo una grieta visible que se extendió desde la base hasta el tope más alto… pero no era suficiente.
Ella cayó de pie, buscando desesperada a su hijo. Estaba absolutamente segura de lo había escuchado cerca de allí. Sasuke acababa de electrificar al samurái que yacía inconsciente tras el golpe de Sakura, cuando se dio cuenta de que algo extraño estaba ocurriendo. La torre seguía allí, ¿acaso Sakura no había conseguido romperla? No, era imposible… ni siquiera la había oído golpearla con todo su poder.
—¡Itachi, Itachi! —oía gritar a Sakura en la lejanía. Aquello lo sacó de lugar, y corrió a buscarla también. ¿Itachi estaba allí? La desesperación lo sucumbía peor que a ella.
Y finalmente, en el medio del polvo y la oscuridad de la noche, de las luchas y los gritos, Sakura llegó al lugar donde una silueta alta sostenía a una pequeña con una sola mano.
Cada vez se hacía más visible: estaba estático, esperándola a ella. Era un hombre fornido y gordo, de pelo corto y oscuro y piel del mismo color. Tenía ropas comunes y grises, no parecía un samurái pero su rostro lucía complacido y lleno de odio al mismo tiempo.
Tenía a Itachi de los brazos, imposibilitándole moverse un poco siquiera. El pequeño forcejaba, no pudiendo hacer nada contra la fuerza bruta de aquel hombre. Ella estaba dispuesta a correr a él y arrebatarle a su hijo a como dé lugar, pero el tipo sacó un kunai filoso y lo puso en el cuello del niño de manera amenazante.
—Muévete siquiera un poco y el niño se desangra —le advirtió con una sonrisita desagradable en los labios. Ella le hizo caso, deteniéndose al instante aunque la furia le carcomía cada hueso.
—Déjalo ir, él no tiene nada que ver —le pidió Sakura seria. Él comenzó a reír.
—Sé bien quién es este chiquillo —le respondió.
—No sé qué te haya hecho Sasuke en el pasado, pero él es sólo un niño… véngate conmigo si eso quieres, pero déjalo ir —le pidió nuevamente casi en un ruego.
—¿De qué me serviría hacer eso? ¡Sería muy aburrido sólo matarte! —le gritó— Además te he estado observando, ¿crees que soy idiota? Ya vi tu show de fuerza bruta, tú podrías romper aquella torre y si lo haces perdemos esta guerra en un instante. Además si dejo ir a este niño ni siquiera sé si podré contra ti.
—¿Acaso me tienes miedo? —le preguntó ella con una sonrisa.
Él acercó el kunai más a su cuello, haciéndola desdibujar aquella sonrisa en una expresión seria y tajante.
—Lo entiendo, lo entiendo —le dijo ella, intentando calmarlo—. Me acercaré lentamente a ti. Dejaré que me mates para que mi hijo pueda vivir —se ofreció.
Él arqueó una ceja.
—¿Cómo puedo confiar en ti? —le preguntó él, dudándolo.
—Tienes a mi hijo tomado del cuello con un kunai, ¿tú qué crees?
Él tipo sonrió satisfecho con la sonrisa, y ella comenzó a caminar lentamente a él. Cuando ya iba llegando, él comenzó a aflojar el agarre de Itachi, que estaba totalmente asustado por lo que ocurría. Estaba tan arrepentido de haber ido allí… al final sólo lo había empeorado todo.
Él comenzó a apuntarle el kunai a ella, dispuesto a matarla cuando la tuviera en frente… pero alguien se interpuso, recibiendo la herida por ella en el hombro. Luego contrarrestó el ataque y golpeó de una patada al enemigo, lanzándolo unos centímetros más lejos.
—¡Sasuke! —exclamó la pelirrosa, preocupada por él.
—¡Estoy bien, llévate a Itachi fuera de aquí! —le ordenó él, y ella observó a Itachi tirado en el suelo, levantándose. Corrió a él en medio de la desesperación y le quiso tomar la mano para llevárselo lejos, pero un grito del pequeño la detuvo.
—¡Mamá, cuidado!
Ella se dio vuelta de inmediato, no llegando a tiempo a cubrirse del espadazo que le dio en el brazo. Gritó del dolor, soltó a Itachi por instinto y Sasuke viró a verla un segundo siendo impedido nuevamente por aquel fornido hombre que lo estaba atacando a fuertes puñetazos ahora.
Cuando ella abrió los ojos para ver a su atacante, no era otro que el samurái que supuestamente habían matado minutos antes.
—¡¿Cómo puede ser?! —le preguntó ella, totalmente alterada— ¡¿Acaso Sasuke no te electrificó?!
—¡Por favor! ¡¿No se dieron cuenta de que cuando me arrojaste contra el árbol y rompiste mi armadura, me cambié por un clon?! ¡Hasta un samurái puede hacerlo, pero el inútil del Uchiha no pudo siquiera distinguir un clon del real cuando me electrificó sin sus grandes habilidades del sharingan! —exclamó, acercándose a ella de manera amenazante con la espada. Era veloz, muy veloz. Ella intentó ponerse de pie, pero el brazo le sangraba de a chorros. No podía curarse, ni siquiera con el sello yin era tan rápida.
Escapar no era una opción, no podía dejar a Itachi solo y tampoco tenía el tiempo o la capacidad física con el brazo herido, para tomarlo e irse… era el fin.
Itachi observaba petrificado la situación, no podía moverse. Pero luego vio la expresión de su madre… rendida, tirada en el suelo. Y vio al samurái, corriendo a ella para matarla con aquella katana filosa y larga en sus manos.
Una sensación extraña comenzó a llegar a su corazón. Lo que antes era miedo ahora estaba transformándose en coraje, en valentía. La sangre le recorría las venas de una manera veloz, su estómago se sentía distinto, su pecho también. Su respiración era más fluida, y en su mente sólo había una palabra posible:
Proteger.
Él sentía que podía protegerla, que debía hacerlo a costa de cualquier cosa. Cerró sus ojos, sintiendo que algo en ellos cambiaba. ¿Qué era esa sensación? Sus parpados le ardían, sus pupilas se sentían diferentes y era como si tuviese una mayor percepción de todo lo que lo rodeaba: ahora todo era mucho más visible para él… El sharingan había despertado.
Corrió a ella, sintiéndose más rápido que nunca, más determinado y firme que jamás en su vida.
—¡Katon: Gōkakyū no Jutsu! —gritó cuando la alcanzó.
—¿Qué dem…? —masculló el viejo.
Los párpados de Sakura se abrieron de manera inconmensurable cuando una ráfaga tremenda de luz la cegó. Itachi expulsó de su boca una cantidad enorme de fuego, era increíble.
Los gritos del samurái quemándose vivo se expandieron por toda la zona, provocando las miradas shockeadas de todos los presentes. Itachi se detuvo, virando a su madre que seguía mirándolo totalmente sorprendida. Él la abrazó, todavía con el sharingan activado.
—Lo despertaste, lo despertaste —repetía ella, en un hilo de voz.
—¿Qué es esto…? —le preguntaba él, más confundido y sorprendido que ella. Ni siquiera sabía qué acababa de hacer, solamente hizo lo que su instinto subconsciente le dictó. Aquella técnica que su padre había intentado enseñarle, de alguna manera la recordó en el momento preciso para liberarla.
Él la miraba, esperando que ella respondiera.
—Mamá… me siento raro… —le decía, casi entre lágrimas.
Ella le sonrió feliz, llorando con él. Le acarició el rostro con las manos.
—Es porque eres un Uchiha, igual que Sasuke —le reveló, provocando asombro en él.
—¿Uchiha…? ¿Cómo Sasuke…? —intentaba comprender— ¿Significa que somos parientes…? —él trataba de atar los cabos sueltos en su mente. Ella asintió, sonriéndole emocionada.
—No quería decírtelo así, pero ustedes son más que parientes —continuó revelando ella, provocando cada vez más asombro en su pequeño rostro.
Sakura comenzó a ponerse de pie, con el brazo herido todavía, y él hizo lo mismo.
—Mamá… Sasuke y yo… —le titubeaba, a lo que ella asintió.
Sasuke se dio vuelta tras finalmente vencer a su enemigo, observando los rojizos ojos del pequeño Itachi. Luego se percató del cuerpo quemado del samurái, y lo comprendió todo. Corrió a ellos, preocupado al ver sangre de Sakura en el suelo.
—Estaré bien —le dijo ella a medida que él se acercaba.
Sasuke no sabía qué decir, Itachi lo miraba de manera extraña. Pero luego se percató de un detalle importante.
—¿Cómo lo activó, si la torre bloquea las habilidades Uchiha? —le preguntó a Sakura.
—Es la grieta, la grieta que hice antes liberó algo que le permitió activarlo —explicó ella, deduciéndolo de su propia lógica, mirando la torre—. Debes cuidarlo, esta vez sí la romperé por completo.
Ella no se curó el brazo, no había tiempo que perder. Volvió a impulsarse para destruirla por fin.
Comenzó a correr a ella, sin mirar atrás y dejando de rastro solamente una fragancia a ella en el aire. Sasuke e Itachi se quedaron inmutados observándola. Luego Sasuke miró a su alrededor, observando bajas tanto de Konoha como de los enemigos. Las luchas continuaban en todos lados, destruyendo casas y arboles a su paso.
Y entonces, en medio de toda esa gente, vio a otro samurái solo. Estaba lejos, muy lejos, mirando a Sakura de una manera extraña. Tenía la espada en sus manos, observándola quieto y en silencio, escabullido de los ninjas que podrían atacarlo.
Luego lo observó levantar la espada, y colocarla en una posición extraña. Sasuke se dio cuenta casi instantáneamente de lo que planeaba hacer: Tirársela a Sakura en el aire para detenerla.
Sasuke ni siquiera le dijo algo a Itachi, corrió con todas sus fuerzas, con todo el chakra que pudo concentrar, a ese tipo para detenerlo. A pocos metros de distancia, la espada ya no se encontraba en sus manos y arremetió a él de todas formas sin percatarse de ello. Éste no tenía la misma habilidad del otro viejo, su armadura no lo protegía de los ataques de Sasuke así que no le costó demasiado atravesarle el torso con un chidori.
El tipo gritó, cayendo muerto. Sasuke se puso de pie, mirándolo mientras respiraba agitado por la furia del momento. Luego dirigió sus ojos a sus manos, para ver la espada… pero la espada no estaba.
La espada no estaba. La espada no estaba. N-o e-s-t-a-b-a.
—¡Mamá! —un grito atroz de aquella infantil voz provocó en Sasuke un paro cardíaco momentáneo.
En ese momento creyó sentir solamente su respiración y los paralizantes latidos de su propio corazón. Todo se detuvo. El tiempo no existía más.
La miró, miró a donde estaba la torre. Solamente a dos metros de ella, casi como si se tratara de una broma perversa, un bulto yacía en el suelo de espaldas. Un bulto con cabellera rosa… con cabellera rosa y una espada atravesándole el pecho.
Todas las miradas se dirigieron a ella, todos dijeron algo, todos se shockearon. Pero Sasuke no reaccionaba, sólo observaba en la lejanía su cuerpo inmóvil en el suelo. No escuchaba a nadie, aunque seguramente alguien le gritó algo. No sentía nada, ni siquiera sabía si respiraba, si ello era real.
Lo único que escuchó por un momento fueron los gritos desesperados de Itachi… y corrió. Corrió tan fuerte como el momento le permitió hacerlo hasta que la alcanzó.
La tierra se había teñido de sangre.
