CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO: El segundo beso (y el tercero también)
Hacía mucho tiempo que la luna de Kanagawa no lucía tan grande como esa noche.
Y, aunque no fuera tan espléndida, para Hanamichi Sakuragi es la mejor de su vida.
En los tres meses que lleva saliendo con Kaede Rukawa, es la primera vez que se fija en las fases lunares. Y le parece que la luna nunca antes se le había presentado tan hermosa como esa noche.
Camina al lado de Kaede, después de haber pasado la tarde entera de ese sábado en la arcadia de un centro comercial, jugando videojuegos. Después fueron a cenar a Danny's, y ahí se les fue el resto de luz natural. Así, tuvieron que olvidar el partido que habían planeado tener.
Sin embargo, Hanamichi se siente mejor que nunca. Salir con un chico no le ha resultado desagradable. Especialmente ese chico, le gusta mucho. Le gusta cómo lo trata, cómo le habla. Le gusta lo que siente cuando está junto a él.
—Hanamichi —escucha que dice Rukawa. Ya logró acostumbrarse a escucharlo llamarle así. Le agrada.
—¿Qué pasa? —responde, mirando la luna. Se siente extrañamente bien.
—¿Qué vas a hacer mañana? —Kaede imita al pelirrojo y contempla la luna también: le parece que luce muy bella.
—No sé —responde Hanamichi distraído; luego mira de reojo a Kaede—. ¿Por qué¿Vas a invitarme a algún lado? —sonríe pícaro.
Rukawa se ruboriza y baja la vista al sentirse descubierto.
—Yo… Quiero que me acompañes…
Ambos se miran por unos instantes. Kaede prosigue:
—¿Aceptas?
—¿A dónde?
—No seas curioso, Hanamichi —sonríe Rukawa. Cada vez es más frecuente que se muestre sonriente con su pelirrojo—. Sólo acepta y mañana lo sabrás.
El aludido hace un puchero, pero eso no va a convencer al pelinegro.
—Anda, Hanamichi —murmura Kaede mientras se acerca lentamente a su compañero.
El pelirrojo nota la cercanía de Rukawa y empieza a ponerse nervioso. No le desagrada, puesto que siente comezón en el pecho cada vez que Kaede está cerca de él. Y, para ser sincero, le ha rondado una idea por la cabeza desde un par de semanas atrás.
Ambos se miran de frente. Están conscientes de que sus rostros se separan por menos de cinco centímetros, y que un pequeñísimo impulso hacia delante bastaría para que sus labios se unieran… Rukawa contempla el rostro perfecto de Hanamichi, y siente unas ganas inmensas de besarlo… Pero no se atreve. No quiere asustarlo. Se ha prometido a sí mismo ir muy lento para no provocar que se aleje de él. No quiere echarlo a perder.
Hanamichi observa la blanquecina piel de su "novio". Observa sus labios bien delineados, y se le antojan suaves y perfectos. Tiene ganas de besarlo, y se pregunta por qué Kaede no ha tomado la iniciativa todavía. ¿Acaso no sentirá deseos de besarlo? Aunque no lo aceptaría si se lo preguntaran, le ha tomado muchísimo cariño al zorro: es amable, atento, detallista… Le gusta mucho cómo lo hace sentir. Pero no se atreve a besarlo.
—Es tarde —murmura Kaede bajando la vista algo avergonzado de sus propios deseos… Y de su cobardía y de su miedo a perderlo.
—Sí… —responde Hanamichi también en un murmullo.
Caminan al mismo ritmo, uno al lado del otro, hasta perderse en la oscuridad.
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El pelirrojo mira su reloj por tercera vez. Bufa un poco malhumorado por su situación: es la primera vez que se le ocurre ser puntual, y Rukawa decide llegar tarde...
—Ese zorro… —murmura Hanamichi, cruzándose de brazos y recargando su espalda en la pared del edificio.
Quedaron de verse en la entrada del centro comercial a las diez de la mañana. Y Hanamichi, calculando el tiempo porque creía que el compromiso era importante, llegó quince minutos antes de la hora. Pasando diez minutos, empezó a impacientarse y ahora tiene los ojos cerrados y maldice internamente la idea de darle una buena impresión a su novio.
Se acomoda el cabello que le ha caído sobre la frente y divisa a Rukawa acercándose a él a paso rápido, y sosteniendo un ramo muy grande de tulipanes rojos entre los brazos.
—Ya era hora… —dice Hanamichi, emitiendo una sonrisita sin darse cuenta e irguiéndose de inmediato. Nota a Rukawa muy bien arreglado, con pantalón y camisa, y zapatos de vestir. La camisa es azul celeste, y logra resaltar el tono de sus ojos.
—¿Te quedaste sin sueño, Hanamichi? —pregunta Rukawa en tono burlón. Pero nota lo bien que se ve el pelirrojo con ese suéter de chándal marrón y el pantalón negro de vestir.
—Que gracioso, Kaede —responde el pelirrojo, y de inmediato continúa—. ¿Me trajiste flores? Perdona, pero el color rojo no me gusta mucho.
—Lo siento, Hanamichi, pero no son para ti.
El aludido parpadea.
—¿Entonces para quién?
—Para la persona que te voy a presentar —sonríe Rukawa.
El moreno hace una seña y un taxi se detiene frente a ellos. Abre la puerta y da a entender a Hanamichi que suba. El pelirrojo lo hace y escucha a Rukawa indicar una dirección que él no reconoce.
Durante los veinticinco minutos que permanecen dentro del taxi, ninguno de los dos dice una palabra, pero ambos se lanzan miraditas fugaces que el conductor no pasa por alto.
El auto se detiene frente a un hotel muy grande, y Hanamichi se siente nervioso. Pero Rukawa lo insta a cruzar la calle, y ambos entran en el área abarcada por un cementerio. Entonces Hanamichi de verdad que no comprende nada.
—¿A dónde vamos, Kaede? —se atreve a preguntar.
—No preguntes —responde el aludido—. Ya casi llegamos.
Efectivamente, caminan unos cuantos metros más y se detienen frente a una lápida muy grande, con el pasto circundante verde y cuidado, vivo, sin flores adornándola. Y con un nombre al centro grabado en la loza: Rukawa.
—Kaede… —murmura.
Hanamichi observa a Rukawa arrodillarse y retirar la tierra de la loza, para luego colocar los tulipanes encima con muchísimo cuidado.
Kaede une sus palmas y cierra los ojos, inclinando su frente un poco en señal de lanzar una plegaria. Hanamichi observa con solemnidad.
—Hanamichi —llama el pelinegro sin abandonar su posición, pero con expresión serena en el rostro.
—¿Si? —salta Hanamichi. Estaba muy ensimismado.
—Te presento a Tooru Rukawa —Hanamichi parece no comprender de inmediato—. Mi abuelo.
—¿Tu abuelo?
—Sí.
El pelirrojo hace una reverencia e inclina la cabeza. Al tiempo que cierra los ojos, siente la mano de Rukawa sujetando la suya. Y ninguno de los dos puede evitar que sus mejillas se tiñan de carmín.
Permanecen quince minutos frente a la tumba. Es Rukawa quien jala al pelirrojo para desandar el camino, y ambos avanzan tomados de la mano, sin importarles si el sepulturero o los vigilantes los ven.
—Gracias por venir conmigo —dice Rukawa mientras aprieta la mano de su acompañante con suavidad.
—No tienes que agradecer —responde Hanamichi—. Soy yo quien debe sentirse halagado.
—¿Halagado?
—Sí. Porque me presentaste con tu abuelo.
Ambos se sonríen y Rukawa es quien se detiene, obligando a Sakuragi a imitarlo.
Los dos están frente a frente, con sus rostros a escasos centímetros uno del otro.
Kaede mira con fijeza los ojos chocolate de su novio, y no puede resistirse en esta ocasión: lo besa. Dulcemente, con mucha firmeza. Y Hanamichi se siente invadido por una extraña calidez que no tarda en invitarlo a corresponder el gesto del pelinegro.
Y ese beso le parece el mejor de toda su vida.
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El sol está ocultándose con mucha lentitud.
Dos siluetas de hombre se distinguen caminando en la costa, anticipándose al choque de las olas. Caminan tomados de la mano, con una extraña expresión de tranquilidad en el rostro.
—Gracias —suelta el moreno sin previo aviso. La palabra desconcierta a su compañero.
—¿A qué te refieres? —pregunta el pelirrojo. No comprende.
Rukawa se detiene, causando que Hanamichi lo imite. Quedan frente a frente, y Kaede no se atreve a mirarlo a los ojos de inmediato.
—¿Por qué me agradeces? —insiste Sakuragi al no haber recibido respuesta.
—Gracias por esto, Hanamichi —dice Rukawa, y observa los irises castaños de Sakuragi—. Gracias por estar conmigo.
Hanamichi se enternece por las palabras de Kaede, y sonríe con cierta calidez. Se atreve a acariciar la mejilla pálida.
—Gracias por permitirme estar cerca de ti, Kaede —y es él quien toma la iniciativa esta vez, iniciando un beso igual de cálido que los anteriores.
Rukawa siente su pecho arder.
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El lunes amanece nublado. Las clases en Shohoku siguen sin contratiempos, pero ese lunes Hanamichi tiene un mal presentimiento y siente deseos de no asistir a clases.
Sin embargo, sabe que los exámenes finales se aproximan, y decide que tal vez no es buena idea faltar a la escuela.
Con mucha pereza, se levanta de la cama y se dirige al baño. Se da una ducha rápida, se viste con el uniforme y toma un desayuno rápido. Así, sale de su casa con dirección a la escuela. Su madre no está en casa cuando él la abandona.
Youhei no lo espera ni pasa por él desde hace varios meses ya. Hanamichi se siente tranquilo a últimas fechas: Haruko desistió de buscarlo. Eso es un peso muy grande que se ha desprendido de sus hombros. El pelirrojo ya no se siente tan culpable, pero sí tiene remordimientos de conciencia al recordar que ni siquiera el mismo Youhei está enterado de su relación con Rukawa. A veces se ha recriminado a sí mismo la falta de confianza en su mejor amigo, pero rápidamente se justifica atribuyéndolo a la ausencia de Youhei en todo momento.
Eso va pensando Hanamichi en el camino, cuando no se percata de que alguien lo sigue y se le aproxima con sigilo en una bicicleta.
Rápidamente es alcanzado por el vehículo, que lo atropella a propósito porque el conductor, en esta ocasión, no va dormido. Pero, al atropellarlo, lo arrastra hacia un callejón muy solitario…
—¿QUÉ TE PASA, GRANDÍSIMO…!
Pero ya no puede continuar, porque el "Grandísimo…" le ha sellado la boca con un beso que Hanamichi no duda en responder.
—¿Grandísimo qué? —pregunta Rukawa, separando sus labios de los del pelirrojo, pero aprisionando su cuerpo contra la pared.
—Grandísimo zorro… —responde el aludido besando a su novio con igual pasión— No te atrevas a atropellar al talentoso…
Ninguno se preocupa por que alguien pueda verlos, ya que es temprano y esa parte de la ciudad de por sí es solitaria.
—Me moría por hacer esto —confiesa Kaede al tiempo que volvía a besar a Sakuragi.
—Yo también —responde Hanamichi. Pero cree escuchar a alguien aproximándose y retira a Kaede de su posición—. Se hace tarde para la escuela.
Ambos buscan al autor del ruido, y se dan cuenta de que fue un gato saliendo de un bote lleno de basura.
De todos modos emprenden el camino hacia la escuela. Hanamichi acepta subir con Kaede en el la bicicleta, pero ambos concuerdan que es conveniente que se separen un poco antes de llegar a los límites de la preparatoria. Si bien ya se les ha visto juntos en la escuela, piensan que no es bueno revelar todo tan de repente, y cuando entran al patio principal Sakuragi camina al lado del zorro hacia el aparcadero en donde dejará su bicicleta.
Sin embargo, al llegar al aparcadero, ambos se detienen en seco al distinguir una pareja besándose sin mucho pudor bajo la sombra de un árbol: son Youhei y Haruko. Y los dos jugadores de básquetbol los observan con sorpresa, pero por razones completamente diferentes.
—No, Youhei… Aquí no… —dice Haruko entre susurros y permisiones. Pero colaborando con su novio.
—Eres mi novia, Haruko… ¿Qué hay de malo…?
—Esta tarde… Ya te dije que no habrá nadie en casa…
Hanamichi siente que el corazón se le encoge al escuchar la conversación.
Sin querer, Kaede hace ruido con la bicicleta, y la pareja se sobresalta bruscamente al sentirse descubiertos.
—¿Hanamichi? —preguntan Haruko y Youhei al unísono. Y Haruko se da cuenta de que Rukawa está junto a él.
La visión no le gusta ni un poco.
—Hola, Hanamichi —sonríe Mito con sinceridad. Se siente culpable por abandonar a sus amigos al iniciar su relación con Haruko, pero le alegra de verdad ver a Hanamichi.
—Hola, Youhei…
La situación es incómoda para todos.
No intercambian más palabras, y es Hanamichi quien se excusa y se marcha con Kaede.
Pero a los cuatro les ha quedado la extraña sensación de que algo malo va a suceder… Y ese sabor amargo de la tristeza se apodera de sus paladares.
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Notas de la autora:
Hola a todos y a todas.
Gracias por continuar leyendo esta historia.
Este ha sido el capítulo de los besos. Como ven, Hanamichi ha estado relativamente bien. Haruko no lo ha buscado en tres meses que lleva saliendo con Rukawa, y parece que también ella está bien con Youhei¿verdad? (si ignoramos eso de las hormonas de la segunda parejita, aquí no hay nada malo¿cierto?).
Pero… Ya saben eso de que después de la tormenta siempre llega la calma… Y aquí es a la inversa: después de tres largos meses de tranquilidad y paz y amor y esas cosas, lo menos que podemos esperar es que alguien sufra un poquito… Y aquí no va a sufrir sólo una persona, sino tres o cuatro.
De todos modos ofrezco disculpas por la demora, que sé es mucha, y anticipo otras por lo que me voy a tardar en subir la siguiente actualización, que ahora me he hecho un espacio por los días de vacaciones de Semana Santa. Pero el lunes entro y tengo exámenes y tareas y trabajos y un congreso de bioquímica vegetal y la calendarización de mi parcela con cempasúchil (cempoalxóchitl, marigold, rosa de las indias, y demás nombres de la flor de muerto) y el tiempo que hay que dedicarle al novio… Pues soy una persona sumamente ocupada, y además debo hacerle espacio a mis amigos de la preparatoria y de la secundaria, más la parte de que voy a empezar a ir al gimnasio, y encima viene mi cumpleaños… Ya mejor no sigo porque me da flojera pensar en lo que falta.
En fin. Gracias por los reviews que espero recibir, y por el tiempo que se tomaron en leer el capítulo.
Saludos, besos y abrazos.
NOTA PARA KHIRA (por si lee este fic): ACTUALIZA "KODOKU"!
