Narciso: Se asocia a la fe, la honestidad, la verdad, el perdón y la franqueza. También es indicativo de renacimiento, nuevos comienzos.


A algunas personas les debemos al menos eso, la verdad. Pero, ¿qué verdad queda por decir cuando tu vida se siente como una mentira, cuando no sabes quién eres nunca más? Te miras en el espejo como los narcisos se miran en la superficie del lago, y no sabes quién es ese que vez en el reflejo, porque si eres todo honestidad no lo sabes nunca más. No sabes dónde comienza y termina la máscara. No puedes compaginar todas las partes en el mismo lugar. Estás atrapado en la misma telaraña que has tejido. Una red de mentiras, una red de omisiones. ¿Cuál es la verdad?, que lo hiciste para protegerla o que lo hiciste para protegerte, porque no querías ver la tristeza en sus ojos o tal vez porque no podías soportar el rechazo de la única persona que amas, porque ella se convirtió en tu verdad. Vives en una eterna lucha entre la luz y la oscuridad, y al final la mayor parte del tiempo la vives entre las sombras. Pero ella te ha ayudado a ver lo perfecto de lo imperfecto, te ha ayudado a descubrir tu verdad. Que tú, como la vida no eres todo blanco o negro, sino una escala de grises algunas veces más claras otras tantas, más oscuras.

Y hoy es el día en el que te deshaces de todas esas mentiras, las compasivas, las que no querían lastimar, las que se han ocultado por años, las que han tomado partes de tu alma. Hoy te liberas de los secretos que si no dices van a hacer tu corazón estallar. Porque hoy sabes que has sobrevivido las tribulaciones de tu pasado, has sobrevivido el invierno de tu vida y quieres un nuevo comienzo, quieres renacer sin máscaras, sin mentiras.

La miras sentada en una orilla del riachuelo admirando las flores cabizbajas de narciso que parecen mirar su reflejo en la superficie del agua. Ves su sonrisa y te sientes vacilar por un breve momento. Pero lo has decidido, quieres la vida que te has imaginado, la que tantas veces te has negado. Tomas una profunda respiración, cierras los ojos y tratas de tranquilizar tu mente.

—¿Ren?

La escuchas llamarte y sabes que ha llegado el momento de ser honesto, de dejar la verdad al desnudo.

—Kyoko, por favor escucha mi verdad.

Y cuando ella te ofrece una sonrisa invitante y comprensiva sabes que todo va a estar bien.