Era una noche silenciosa, el cielo estaba muy oscuro y realmente hacía frío, no podía creer que apenas a estas horas estuviera llegando al hotel. Ya debían ser pasadas las 11 de la noche y no regresaba de ninguna fiesta o reunión, era una simple discusión con unos ejecutivos.

Que fastidio..

Prendí los focos de mi cuarto de hotel, suspiré, la soledad que evocaban las paredes me lastimaba. Cerré la puerta a mis espaldas, y me adentré al gran cuarto quitándome cualquier rastro de ropa ejecutiva, ya no lo soportaba más.

Que hubiera dado porque una sonrisa sincera y una cálida presencia estuviera en este cuarto esperándome, junto con una voz dulce diciendo "Buen trabajo". Suspiré pesadamente, ya sin tanta ropa sobre mis hombros salí al pequeño mirador, saqué un cigarro y lo coloqué en mis labios, encendiéndolo previamente.

Que frustrante…

No importaba lo mucho que extrañara a esa presencia.

"¿Eh? ¿Un viaje?" Su voz sonaba tan sorprendida, su mirada se desvió hacía el suelo y noté como dibujo una sonrisa forzada en sus labios, me alegré sin querer, no supe en qué momento me volví tan importante para ti.

"¿Por cuánto tiempo?" Dijo de inmediato, la desesperación en sus ojos no podían ocultarse, dolía y me cautivaba ¿Cuándo fue la última vez que fui necesitado por alguien?

Respondí en el acto, sólo sería un viaje simple de 5 días, sin que él lo supiera, eran los días justos en los que accedí a quedarme lejos de él. Fue cuando dijo la pregunta que más me dolió responder.

"¿Puedo ir contigo?" Lo dijo tenue, entre líneas de otras excusas, mientras temblaba.

Tan lindo.

Lo recuerdo perfectamente, negué con la cabeza y lo jalé a mis brazos, no quería que lo malentendiera, por lo que se lo expliqué detalle a detalle.

Mi amado Misaki.

Miré el cuarto vació desde el balcón, ese mismo cuarto que permanecía solo desde que me iba en la mañana hasta horas después que el sol se escondía, no soportaría dejar a mi lindo Misaki encerrado en ese sitio, en un país que no conoce, completamente a la deriva. Por más que mi egoísmo quisiera tenerlo aquí para reconfortarme después de un día agotador, no lo podía permitir.

Saqué mi celular, en Japón debía ser madrugada, lo más seguro es que estuviera durmiendo en nuestra habitación. Con una leve risa marqué su número.

Sé que esto es también egoísta, pero no es nada grave.

Sonreí mirando hacia el cielo esperando a que respondiera la otra línea.

Sólo quiero escuchar tu voz, que me des ánimos y me regañes.

—¿Usagi-san?—Escuché como una melodía, sonaba adormilado y lindo, con sorpresa y emoción, una que tal vez en el oído de alguien más sea imperceptible.

—Misaki— Inconscientemente apreté más mi celular, mi corazón se sobresaltó, cerré los ojos dejando que mi mente me llevara con él.

Quién diría que alguien de 32 años podría experimentar esta clase de emociones todavía.

—¿Pasa algo?—Su voz preocupada me cautivaba.

—Sólo quería escuchar tu voz.

Se rió menos de un segundo y hubiera podido jurar que se hundió más en la cama.

—¿Apenas te vas desocupando? Que pesado.

—Si, bastante—Murmuré olvidando el cigarro por completo, sin duda Misaki era mejor adicción—¿Cómo has estado sin mí cerca?

—No exageres, te fuiste hace dos días—Eso decía con sus palabras, pero no lo decía con su voz.

—Es demasiado, no sabes lo mucho que te extraño..

Todo de ti.

—N..no digas esas cosas…

—Misaki..—Abrí mis ojos encontrándome con la luna brillante en el cielo lleno de estrellas.

—¿Qué pasa?

—Ya debe ser muy tarde en Japón ¿Está bien.. que te hable?

Hubo un momento de silencio—Tonto, esas cosas no se preguntan cuando ya me marcaste—Sonreí ampliamente, todo lo que dices, me renueva por completo.

—Tienes razón—Solté una risa y suspiré, que raro… ¿Por qué habrá sido que me dieron tantas ganas de llorar?—No lo pensé muy bien.

—No importa.. realmente… no importa—Sus palabras de un momento a otro sonaron tan entrecortadas ¿Será que estaba sintiendo lo mismo que yo?—Fuiste tú el que dijo que me marcarias cuando pudieras… Por eso… el horario no importa.

Sonreí ¿Por qué será? Esas palabras retumbaban en mi corazón, como si hubiera sido yo el que dijera esas palabras.

Es porque… el sentimiento que tenemos es tan grande que ocupamos del otro para sostenerlo.

—De igual manera—Solté cuando las palabras volvieron a mi garganta—Te lo compensaré cuando llegue a Japón, cualquier cosa que quiera Misaki.

Escuché su risa, tranquilizándome, vaya marea de emociones que sentía por una simple plática con mi inquilino.

—¿Y eso en que cambiaría de un día normal? Tonto, tonto despilfarrador—Dijo con gracia robándome un suspiro, sonreí echando un último vistazo a la luna antes de entrar a mi cuarto de nuevo. Algo me decía que esa plática acabaría cuando uno de los dos cayera inevitablemente dormido, y nada me agradaba más que ello.