Gracias por los reviews Nadia, Paola, Nomit, Melissa, Fanficreader Shipper, veraveraz, Guest, venus, Alex, EvilRegals-Ameh, Sonia, Eris y Kafg!
Me hacéis muy felices con los reviews, como os va lo perver GRR No os ahgo esperar, reencuentro YA! :P Capítulo dedicado a Eris, que mujer más impaciente, vaya noche me está dando aghhhhhhhh xD
CAPÍTULO 14
Sentada en su coche con un capuchino en su mano izquierda y un sándwich en la derecha, una rubia con gafas de sol hacía noche en frente de un taller de barrio. Dado que la noche estaba perdida, pues eran ya las 00:00 pasadas, tendría que dormir ahí y esperar a que a las 8:00 abriesen el taller. Contando esas 8h tan sólo le quedaban 16h limpias para encontrar a Regina, a las 0:00 del día siguiente su contacto le llamaría para asegurarse de que había encontrado y tenía localizada a su presa, y si era así, le ingresaría la pasta, y vendría al lugar en el que el sujeto se encontrase, y lo que hiciese con él, ya no era asunto de Emma. Normalmente solían ser ajustes de cuentas, un marido poniendo los cuernos, cosas así... pero, este encargo, este encargo era muy raro. Regina era una solitaria, que vagaba de hotel en hotel, siempre de cinco estrellas. Su, llamémosle "don" le convertía en una asesina a sueldo, muy profesional y reclamada, o así lo había interpretado Emma, al ver lo acomodada que Regina vivía. Encontrarla sería su perdición, pues la morena de ojos intensos buscaba desesperada a una tal Emma Swan, y a estas horas ya sabría que la rubia repelente era su presa. Emma tiró el vaso del capuchino en el asiento del copiloto tras acabarlo, y limpiándose con la manga tras acabar de comer, reclinó el asiento y decidió echarse una siesta.
En la habitación del hotel, Regina daba vueltas llena de rabia contenida, dando pequeñas patadas a los muebles por la desesperación. Había estado alimentando, vistiendo, dándole un techo donde dormir, y reparando el coche de su presa, y la muy mosquita muerta había disimulado pero que muy bien. ¿Cómo había sido tan estúpida? ¡Nunca le dijo su nombre! Ni se le ocurrió inventarse uno a la muy zopenca. Regina se había dejado cegar por la "bondad" que despedía esa inocente muchachita y le había salido muy caro. Emma no solo sabía que la buscaba a ella, sino que, sabía lo de su don de arrancar corazones, lo cual, era un peligro que se supiese, si a la repelente de Emma se le ocurría ir a la policía... no quería ni pensar el marrón que sería. Debía encontrarle antes, ¿pero dónde? Ahora que Emma había recuperado su coche habría huido sin pensárselo a Boston y no tenía tiempo de ir hasta allí a buscarla, sólo quedaban 24 horas. Regina hizo un recordatorio de todos los sitios en donde habían estado pero... no había ningún lugar clave, más que el orfanato, y Emma no volvería allí ni loca, no era tan estúpida. Recostándose en la cama para intentar conciliar el sueño, Regina, daba vueltas pensando en que iba a hacer. Jamás había fallado un encargo, tenía un status y fama que mantener y por culpa de esa niñata... no, definitivamente, no iba a salirse con la suya. De repente le vino la inspiración ¡Claro eso era! En el registro de el taller aparecía la matricula, iría a buscarlo, luego a tráfico y arrancaría el corazón a un guardia de seguridad cualquiera para obligarle a rastrear el coche, aunque estuviese dirección Bostón, sabría el lugar exacto, y con lo vaga que era, seguro estaría durmiendo en un motel de mala muerte en la carretera camino a Boston. La pillaría con las manos en la masa. Tras poner el despertador a las 6:00 y sonreír maléficamente por el éxito que obtendría, decidió dormir unas horas antes de emprender su marcha.
Localización: Taller *donde trabaja Ruby*
Hora: 7:46
BI BI BI
¡Puto móvil! - buscando con la palma de su mano el trasto que estaba vibrando sin parar en alguna parte de su coche, hasta finalmente encontrarlo y cogerlo con asco para pararlo - ¡No me jodas! Quedan quince minutos para que abran el taller y no me preparé, ¡joder! - empezando a recoger como podía, buscando sus botas tiradas en alguna parte y su chaqueta, y tras mirarse en el espejo la cara de moribunda que llevaba y retocarse el maquillaje, sin peinar, cogió las llaves y se bajó del coche.
-Buenos días Emma Swan - situada a dos pasos del coche de la rubia con una pose recta y serena, Regina se había levantado muy calmada, con unos planes en mente, pero que, por azar, habían salido mejor de lo esperado. No necesitaba salir a su búsqueda a Boston, la tenía ahí, a un metro, recién levantada, desubicada y sin saber que hacer, y también terriblemente sexy, pues como había pasado la noche en ese coche mugriento, Emma llevaba descolocada su camisa básica dejando entre ver medio sujetador, sujetador que era suyo, pero eso no importaba. El caso es que había encontrado a su presa, mucho antes de lo previsto, otra vez más Regina mil había ganado.
-Regina... yo... traté de explicártelo, pero no me dejaste y... - mientras daba pasitos hacia atrás, para esquivar su coche y salir corriendo.
-No te disculpes Emma, fue todo una equivocación mía... "repelente" ¿Cómo pude creer que te llamabas así? Obviamente no lo hacías, pero no me molesté en preguntarte, simplemente confié en ti, como nunca antes había confiado en una persona y como siempre ocurre, acabe sola.
-Regina no se que decir - agachando la cabeza. La morena tenía razón, había hecho por ella en ese corto periodo de tiempo más que nadie en su vida, y así se lo pagaba... es verdad que fue porque sintió miedo, pero, podía habérselo explicado y bueno... no, no, a quién pretendía engañar, no se conocían de nada, ambas tenían un trabajo que hacer, sólo una podía triunfar.
-No digas nada - acercándose a la rubia que levantó la vista y al ver que se acercaba, siguió retrocediendo hasta que pilló un bordillo y tropezó cayendo al suelo.
-¡Emma! - corriendo a su lado a ayudarle a levantarse - ¿Estás bien? - ofreciendo su mano a la rubia para que se incorporase, no entendía por qué había reaccionado así, ese instinto maternal, de sobreprotección, de procurar que no le ocurriese nada a aquella estúpida repelente... Por el contrario, Emma asustada, desearía haberse golpeado la cabeza y quedado inconsciente. No entendía nada, Regina se presentaba ahí, con altas intenciones de sacarle el corazón, y se tropezaba y corría en su ayuda, era muy raro.
-Estoy bien ¿vale? - sin coger la mano que Regina le ofrecía y levantándose - Mira yo a esto solo le veo una solución, olvidémonos, ambas fallemos en nuestra misión y fin... cada cual por su camino - sacudiendo el polvo de sus manos en su pantalón y encaminándose hacia su coche, concretamente al asiento del copiloto.
-Si claro, cuando tengo todas las de ganar, voy a dejarte ir maja...
-¿Las de ganar? - sacando de la guantera una pistola - Yo no diría que es así - cargando la pistola y apuntando a Regina.
-¡Te vas a arrepentir de esto, te lo prometo! Nadie amenaza a Regina Mills y sale con vida, tienes suerte que en este mundo, esta época no exista la... ¡agh! Ya estarías muerta.
-Oh discúlpeme señorita Mills, entendí que me querían con vida - acercándose un poco más a una inerte Regina - ¡Pon las manos donde pueda verlas!
-¿Desde cuando te dedicas a esto niñata? ¿Te regalaron la pistola al salirte de la primaria? ¡Acabaré contigo mequetrefe, eso te lo prometo! - frunciendo el ceño.
-Algunas no nacemos con una corona bajo la cabeza y desde pequeñas nos toca aprender a vivir la vida, eres tú o el prójimo, no hay más. Me dedico a está mierda porque no hay otra cosa, oh vamos, yo no tengo que arrancarte ningún corazón o matarte, te quedas quietecita, llamo a mi contacto, vienen a por ti quien sea que te anda buscando y solucionado. En cuanto me paguen, te hago un gesto y te dedicas a arrancar corazones, y después nos repartimos la pasta al 50% ¿qué me dices Regi? - bajando un poco el arma ante la indefensa Regina que ni se movía.
-¿Sabes qué te digo? ¡Que estás muerta! - abalanzándose rápidamente hacía Emma que sin esperarlo no estaba preparada para la embestida. Regina con un único objetivo fijado en la pistolita de los huevos, forcejeo con la rubia por la posesión de dicho objeto, entre arañazos, tirones de pelo y algún que otro codazo, ninguna daba su brazo a torcer, cuando de repente...
-PUM-
