Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Notas: ¡Hello! ¿Hay alguien ahí? Ah, ahí estás, jaja. ¡Hola! Toma asiento, por favor, estás a punto leer drama, mucho drama. Ya hablando en serio, lamento con toda mi alma esta enorme y larga espera que les hice pasar para subir un nuevo capítulo, todo se me ha complicado (residencias, internet, inspiración, falta de tiempo, visitas familiares, mi viaje al concurso), ha sido un total desajuste estos meses. En verdad reciban una disculpa sincera de mi parte. Sé lo que se siente que un fic al que sigues no se actualice en tanto tiempo, lo sé, es horrendo, pero a veces por más que quiera no puedo escribir o subirles el capítulo. Créanme que no me olvido del fic ni de ustedes, gracias por la paciencia que me tienen. ¡Las/los quiero mucho!
Agradecimientos por sus siempre bellos reviews y su apoyo al fic:
Carolina15234 K.H
Verengena 20
angel maria 15
RankaxAlto
Mimi Tachikawa08
calabazita
kandiliz25
Lirio Blanco:
Diana Marcela-Akemi
Mariag1994:
Fadebila
Nanistis
lavida134
vdevenganza
andy'hina
Nali-neechan
Wichipown
Akemi
RankaxAlto (again, jaja)
Sagakami
KattytoNebel
En verdad muchas gracias, sus palabras significan mucho para mí.
También agradezco a los que le dan Fav y Follow al fic. No los interrumpo más, vamos a por lo que vienen ;)
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Suave y áspero
Capítulo 14: Murasaki
Purpura. Hinata pensó que si había un color que definiera a Uzuki Yugao, ese sin duda era el color púrpura, como una flor, un hematoma, como su cabello largo y sedoso, como sus labios gruesos pintados con labial del caro. Pensó que si debiera elegir un color para el capitán Morino, ese sería el negro, tan oscuro como su gabardina. Y ella… ella era de color azul, aunque no sabía exactamente qué tonalidad, si una muy baja o muy fuerte. Un azul celeste, o un azul rey. El color de su cabello le indicó que era azul rey. Bah, estaba pensando en tonterías. El chaleco verde empezaba a calarle en el cuello, no estaba acostumbrada a él de ninguna manera y eso la hacía sentir débil. En cambio, miraba a Yugao correr como el viento, con su uniforme de ANBU pegado como una segunda piel, ella era tan hermosa y ágil, sus movimientos eran finos y sutiles, como una kunoichi profesional. Era una mujer ANBU y eso era muy raro de verse en Konoha.
De repente, por andar de distraída, su pie resbaló de la rama y su rodilla se flexionó, pero en un movimiento rápido Ibiki llegó detrás de ella y la sostuvo del brazo, regresándola a la gruesa rama del árbol con un leve empujoncito en la cadera. Hinata se sonrojó cuando sintió la mano del capitán tocar su antebrazo sin manga e intentó no verlo, hacerse la desentendida.
―¿Estás bien? ―Le preguntó el ANBU de la máscara de mono. Ibiki solo la soltó, observándola con escrutinio.
―Me parece que llovió hace poco, las ramas aún están húmedas. Deberíamos descansar un momento y comer. ―Sugirió Yugao, viendo a los dos hombres por los agujeros de su máscara de gato.
―Creo que es una buena idea. ―La secundó Ibiki y pronto los tres bajaron al suelo. Hinata se movió rápido para darles alcance, concentrándose en tener un salto decente hasta el suelo. Lo logró, cayendo con una rodilla flexionada.
La mujer ANBU se sentó sobre un tronco caído. Los dos hombres tomaron asiento sobre unas raíces y empezaron a sacar sus alimentos de las mochilas.
―¿Qué trajiste de almuerzo? ―Le preguntó Yugao con amabilidad, invitándola a sentarse con ella.
―Uhm, arroz y un guiso de carne con pimiento. ―Abrió la cajita blanca y le mostró su pequeño obento.
―Se ve muy bonito, se nota que sabes cocinar. ―sonrió, mostrándole su cajita del almuerzo que consistía en tres onigiris ―. Como podrás ver yo no tengo muchas habilidades culinarias.
―E… Estoy segura que esos o-onigiris s-saben muy bien.
―¿Quieres uno? ―Le ofreció.
―Muchas gracias, Y-yūgao-san, pero es su almuerzo.
―No me importa, siempre intercambio mis onigiris por algo de comida decente ―Se rió un poco y luego se levantó en dirección al Capitán ―. A ver, Ibiki-taicho, ¿qué has traído de almuerzo? ―Llegó hasta él y observó lo que comía ―. Vaya, qué coincidencia, estás almorzando lo mismo que Hinata-chan ―dijo nerviosa ―. ¿Me das poquita carne y te doy un onigiri?
―¿Qué más da? Siempre haces cambio ―El Capitán le ofreció su cajita mientras ella le daba una bola de arroz ―. ¿Al menos tiene relleno de camarón?
―Claro que sí, ¿acaso piensas que soy una aprovechada? ¡Ah, pero qué rica carne! ¿Desde cuándo cocinas así, Ibiki-taicho?
―Deja de meterte en mis asuntos y come. ―gruñó severamente a lo que Yugao solo rió ligeramente y volvió a sentarse con Hinata.
La chica del cabello azul observaba de reojo cómo degustaba el guiso que ella misma había preparado para el almuerzo del capitán y el de ella misma. Se sentía un poco incómoda de que la ANBU comiera lo que Hinata hizo para Ibiki. Era un sentimiento extraño que nunca antes había experimentado. Como un malestar en el pecho. Por el resto del almuerzo todo continuó normal hasta que reanudaron la marcha, esta vez caminando tranquilamente por el terreno boscoso. Era Ibiki quien llevaba la delantera por ser el líder de la misión, después iban Yūgao y Hinata en el medio, y tras ellas el ninja de la máscara de mono. De repente Yūgao pescaba a Hinata mirándola, la joven se sonrojaba y ella le sonreía amablemente, luego volvía su vista al frente. Se sentía tan intimidada por esa mujer, ella tenía un aura enorme que la hacía sentir pequeña. No podía evitar pensar en la familiaridad con que se hablaban Ibiki y la ANBU. Hinata empezó a llenarse la cabeza de dudas, preguntándose cuándo se habían conocido, si habrían tenido alguna clase de acercamiento o relación, si eran amigos o algo más que ella no sabía. Lo peor de todo era que Ibiki parecía estar evitando a Hinata, la miraba poco, y mejor ni hablar sobre la comunicación entre ellos, pues desde que salieron esa mañana del departamento, ésta fue nula. Era una misión tan incómoda.
―¿Te sucede algo, Hinata-chan? ―La voz de Yūgao la sobresaltó, pues se había sumido en sus pensamientos.
―Nada. ―Negó con la cabeza, sin atreverse a dirigirle la mirada.
―Te veo un poco distraída ―Opinó la mujer ―, tranquila, todo saldrá bien. Tenemos a Ibiki como capitán y además estamos dos ANBU's ―Le dio una palmada en el hombro y luego le sonrió dulcemente, siguiendo su camino.
"Yūgao-san es perfecta", pensó Hinata, "Es una persona fuerte, y además es muy cándida". Era una mujer perfecta, era ANBU, la mejor, sin dejar de ser una fémina dulce. Su cuerpo curvilíneo tenía todo bien definido y en su lugar, era madura y atractiva, y no parecía sentirse incómoda con ello. Hinata no dejó de preguntarse si la señorita Uzuki sería el tipo de mujer que Ibiki estaba buscando.
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Hanabi vio la sangre roja en su plato de sopa como un presagio de que la sublevación estaba por empezar. Sabía que era cuestión de días, pero no pensó que fuera a ocurrir en ese preciso momento. Los miembros de la primera rama vieron sus platos con sorpresa y furia.
―¡¿Pero qué clase de broma es esta?! ―rugió Hiashi a los sirvientes de la segunda rama, sentado a la cabeza de la mesa rectangular. Hanabi, a un lado suyo, casi lo vio con compasión mientras sentía que su corazón latía más rápido, entre nervioso y aterrado.
―Es la sangre inocente que han derramado de nuestra rama ―contestó una sirvienta que rápidamente tomó el cabello del anciano mayor y amenazó su cuello con un cuchillo afilado, tan cerca de su piel que aun si activaban el sello opresor alcanzaría a cortarle el cuello sin problemas.
―Detente o ya sabes lo que pasará ―amenazó el anciano a la sirvienta.
―¿Qué? ¿Vas a visitarme a mi cuarto como todas las noches? ―Ella lloró ahí mismo.
Hiashi frunció el ceño y activó el sello del pájaro enjaulado en la joven, ésta lanzó un grito de dolor pero aun así, como Hanabi lo previó, logró enterrar el cuchillo en el decrépito cuello del anciano; su abuelo. La sangre manchó la ropa blanca de él y los de su alrededor. En seguida los demás miembros de la primera rama intentaron ponerse de pie, pero muchos cayeron rápidamente cuando una turba de miembros de la segunda rama entró al comedor principal armados, aventándose sobre sus opresores. Los miembros de la rama principal no pudieron contenerlos a todos.
Los ojos de Hanabi temblaban ante el panorama que se desarrollaba frente a ella. Los kunais se clavaban fácilmente en los cuellos y entre las cuencas de los ojos, la sangre surcaba los rostros de la familia real.
―¡Hanabi-sama!
―¡Ko!
El joven ninja entró corriendo en medio del caos que se hallaba el recinto, sin importarle que saliera herido. Hanabi sintió que la garganta le raspaba cuando gritó su nombre, era un llamado de "vete, lárgate de aquí". Frunció el ceño y por fin tuvo la voluntad de levantarse y alcanzar a Ko para sacarlo de allí a como diera lugar pero en eso sintió que una mano fuerte la estiraba con violencia, alejándola del lugar y por consiguiente del inocente Ko. Hanabi intentó zafarse del agarre sin saber de quién se trataba mientras veía con pesar cómo el joven castaño era asesinado entre dos miembros. Cuando se alejaron del comedor, entraron por un pasillo apenas iluminado, la persona que la sostenía la empujó contra la pared, haciéndola tropezarse hasta el suelo. Cuatro personas de un sello verde en la frente salieron como furias del gran comedor, pero el hombre de largo cabello castaño rápidamente contuvo a dos con haciendo uso del poder del sello y a los restantes los remató con un golpe al corazón a cada uno, provocando que saliera abundante sangre por sus bocas.
―Padre…
La voz de la joven apenas y pudo salir como un susurro débil y sorprendido. Era Hiashi quien la había sacado de ese salón de masacre. Su padre se volvió hacia ella y de un estirón en el antebrazo la levantó, continuando su camino con pasos firmes.
―Muévete rápido ―Le dijo Hiashi con voz tranquila. Hanabi le admiró el temple que tenía, no por nada había sido elegido dos veces como líder del clan, ahora lo sabía. Continuaron caminando con rapidez entre los pasillos, entrando por las puertas corredizas en un sinfín de pasadizos hasta que al llegar a la salida se encontraron con un hombre más alto que Hiashi, de cabello blanco y ojos lila suave de apariencia gélida.
―Hashimoto ―Tembló Hanabi al ver al segundo mejor miembro de la clase secundaria, después de su primo Neji. El llamado segundo genio.
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Bostezó mientras escuchaba el sonido de un búho cercano, posiblemente estaba sobre el árbol donde su equipo descansaba de un largo día de viaje. La fogata aportaba el calor necesario para sentirse adormilado, pero Ibiki no se dejó arrastrar por el sueño, pues le tocaba hacer guardia por las primeras tres horas. Escuchó que Hinata se daba vuelta en la colchoneta, estaba profundamente dormida. Ibiki se dijo que tal vez debió haber anunciado el descanso una hora antes para que no estuviera tan cansada, después de todo, la peliazul seguía estando bajo su cuidado en esa misión. A la derecha de Hinata se hallaba la mujer de largo cabello purpura durmiendo pacíficamente, sin moverse, casi respirar. Parecía ser una muerta solamente. Así se les enseñaba a los ANBU, pensó, a ser nada más que meras estatuas. Afortunadamente Yūgao no se vio tan afectada gracias a que Hayate siempre la mantuvo con los pies en la tierra. Y aun después de la muerte de su amigo y ex compañero de equipo genin, ella siempre supo comportarse.
Ibiki le preguntó muchas veces; cuando coincidían en la tumba de Hayate, si se encontraba bien. Incluso llegó a preguntarle si tenía algún plan de ataque hacia Konoha por haber dejado impune la muerte de su novio Hayate, al igual que muchos otros.
―Konoha se hizo amiga de Suna. Si atento contra Konoha, sería atentar contra el mismo Hayate. ―Le había respondido con una sonrisa pequeña y débil.
Ibiki nunca supo cómo fue que ella logró superar el recuerdo amargo de su novio. Pero ahí estaba, feliz, siguiendo al servicio de Konoha, siendo una ANBU excepcional. Sin darse cuenta se halló sonriendo mientras veía a Yūgao dormida.
―Sé que Hayate te hizo prometer que me cuidaras, pero no necesito tu protección, Ibiki, yo sé cuidarme sola ―dijo ella hace muchos años. No supo que su memoria almacenaba todavía ese recuerdo antiguo.
Ibiki ahora estaba seguro de eso, Yugao era sanguinaria cuando se lo proponía. No tenía comparación con alguna otra kunoichi al servicio de Konoha por la única y sencilla razón de que el propio Danzo Shimura fue su sensei en su niñez, incluso cuando Danzo no pudo entrenarla por estar muy ocupado con la nueva generación de ANBU's, Yugao fue entrenada dos años más por el mismo Ibiki. Con eso decía todo. Pero luego volteaba hacia la izquierda para encontrarse con Hinata. Vio debilidad en ella. Si se concentraba podía encontrar muchas desventajas en su pequeña huésped. Tal vez la chica no tuviera a su familia para respaldarla, tal vez su propia maestra ninja no había logrado explotar el potencial de Hinata, pero ya venía siendo hora de que alguien lo hiciera. Ella necesitaba renacer como kunoichi. Y él seguiría ayudándola con eso.
―Muy pronto ―Le prometió Ibiki sin que nadie se diera cuenta.
Después de Ibiki tocó el turno de Yugao para la guardia. No se dirigieron ninguna palabra, el hombre alto se dejó caer en su colchoneta rápidamente para descansar de inmediato y recuperar las fuerzas. Durmieron seis horas y ni bien había salido el sol cuando ya todos estaban desayunados y a punto de partir del improvisado campamento.
―¿Necesita ayuda, Hinata-san? ―exclamó el ANBU de la máscara de mono, tendiéndole una mano a la peliazul, quien solo lo vio con sorpresa y confusión.
―Es usted muy amable ―Sonrió levemente ―, pero estoy bien. Gracias.
El ninja asintió y la dejó pasar. Hinata alcanzó a Yugao, quien ya iba algunos pasos adelante. La mujer estaba terminándose un durazno cuando le dedicó una sonrisa de buenos días y le dio una manzana roja.
―Gracias.
―Ibiki-taicho va muy adelantado ―Opinó la Uzuki ―. Siempre es así en las misiones. Es muy entregado con su trabajo. Es un buen hombre en general. ¿Tú qué piensas de él?
―¿Eh? ¿Yo?
―Sí, tú. No veo a otra chica aquí ―Se rió ―. Me dijeron que vives con él. ―Cuando dijo lo último su rostro se volvió serio y no pudo hacer contacto visual con Hinata. La ex Hyuuga lo notó en seguida.
―Sí, solo por el momento. Estaba viviendo con Kurenai-sensei pero ella tuvo una misión de alto rango y me encargó con él.
―Sí, escuché lo de tu salida del clan Hyuuga. Lo siento por eso.
―Estoy bien ―Le aseguró con firmeza.
―Y… ¿Cómo es vivir con el capitán Morino? ―No pudo evitar que una sonrisita ladina se le formara nuevamente.
―Pues… es una persona muy tranquila.
―¿Solo eso? Vamos, cuéntame más.
―Hmm… bueno, es muy agradable. Está e-enseñándome a l-lo que hace en el cuartel. Y fue muy amable de su p-parte darme alojamiento m-mientras Kurenai-sensei r-regresa.
―Las dos a callar ―Las regañó Ibiki con tono arisco mientras giraba la cabeza hacia atrás ―, vamos a correr a partir de aquí hasta que nos dejen de funcionar los pulmones, ¿de acuerdo?
―¡Sí! ―gritaron los tres al mismo tiempo y emprendieron el recorrido a toda velocidad detrás del capitán.
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Sasuke rodó los ojos con fastidio cuando vio que Naruto entraba como rey por su casa, sentándose en la mesa donde el pelinegro se hallaba degustando unos huevos fritos con salsa de soya. El rubio puso los codos sobre la mesa y recargó su frente contra sus brazos en señal de cansancio. El Uchiha elevó una ceja al verlo tan alicaído pero luego continuó comiendo. Naruto gruñó y levantó la vista rápidamente.
―¡¿No me vas a preguntar qué me pasa?! ―reclamó enojado, haciendo su voz más estridente de lo normal.
―Lo que debería de preguntar es quién te dio permiso de entrar a los dominios Uchiha ―dijo con molestia.
―Sabes que Hinata-chan vive con el tipo ese, ¿verdad?
―Sí ―contestó en un tono tranquilo y miró el plato con su alimento.
―¡Sasuke! ¡No puedes estar pensando en comer mientras Hinata vive con él!
―¿Por qué no? ―Lo observó con duda.
―Creo que ellos tienen algo ―Se cruzó de brazos y le dio la espalda a su amigo.
―Yo también lo creo.
―¡¿Pero qué?! ―gruñó Naruto y volteó con Sasuke, quitándole el tenedor de la mano y lanzándolo al otro extremo de la habitación ―. ¿Y lo dices tan tranquilamente?
―Oye, ¿cuál es tu problema? Siempre te ha gustado Sakura, ¿no?
Naruto se quedó pensativo y no dijo nada, Sasuke tampoco.
―¿No me vas a dar un consejo o algún sermón?
―Claro. Que no deberías entrar a casas ajenas sin permiso.
―¡Sobre el pervertido y Hinata!
―Ah. Mi consejo es que dejes de meterte en la vida de las personas. Si Hinata está con él entonces… ―Se encogió de hombros ―, déjala estar con él.
―No voy a hacer eso.
―Entonces sufre en silencio ―Se levantó para ir en busca de otro cubierto.
Naruto frunció el ceño, más no hizo amago de querer refutar el comentario de Sasuke. Su mirada azul estaba triste y frustrada, negó levemente con la cabeza, levantándose para salir de ahí. Caminando lentamente por los dominios Uchiha se planteó la posibilidad de dejar que el tiempo pusiera las cosas en su lugar, pero se conocía perfectamente como para saber que él no esperaría al tiempo. Iría contra todos por ella. Sin darse cuenta sus pasos se volvieron más firmes y rápidos, como si supieran exactamente a donde ir.
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El grupo se hallaba dando lo mejor de sí mismo al correr a gran velocidad por el bosque húmedo. De pronto hubo que detenerse ante la señal del líder.
―Desde aquí nos separamos ―anunció. El par de ANBU's enmascarados asintió en seguida y desaparecieron en un parpadeo que sorprendió a Hinata ―. Ellos estarán cuidándonos entre las sombras. Nosotros a partir de ahora somos ninjas de la Alianza Shinobi que viene a supervisar la Aldea. Hay civiles y pocos ninjas, según se cree, por lo que es mejor no hacernos pasar por simples civiles, ya que nos descubrirían y podrían pensar que estamos intentando algo malo ―Ibiki continuó caminando y Hinata se apresuró para seguirlo.
Estuvieron transitando por ese viejo camino de tierra lodosa hasta que empezaron a vislumbrar unas montañas. Una lluvia constante los apresó por el resto del trayecto. Hinata ya tenía entendido el tipo de clima al que se enfrentarían así que sacó una sombrilla portable de su mochila, extendiéndola. Con timidez levantó el brazo para intentar meter a Ibiki bajo la protección del paraguas, pero no lo alcanzaba, él era demasiado alto. Ibiki la vio de reojo y sin más tomó por sí mismo el objeto protector de lluvia, quitándoselo de las manos para elevarlo entre los dos.
―Gracias ―dijo Hinata con la voz casi inaudible. Ibiki no le contestó nada, solo siguió el resto del trayecto en esa expresión seria y distante que se cargaba para con Hinata desde que salieron de Konoha.
De vez en cuando ella levantaba la mirada hacia él para buscar alguna señal, algo que le indicara cualquier cosa, pero siempre lo encontraba concentrado hacia el frente. Hinata bajaba los párpados hasta el suelo, donde se dedicaba a contemplar las gotas de lluvia en los charcos. Les tomó alrededor de treinta minutos llegar a una casa de apariencia destartalada.
―Buenos días ―saludó la señora del delantal blanco a pocos pasos antes de que llegaran hasta ella ―, ¿qué hacen aquí unos ninjas de Konoha? ―preguntó mirándolos ceñuda al percatarse de la banda ninja en la cabeza de Ibiki.
―Buenos días, señora. Somos ninjas de Konoha, como usted lo dijo, pero venimos en nombre de la Alianza Shinobi ―De su bolsillo en el pantalón sacó una banda ninja con el sello de la Alianza, entregándosela a la mujer quien la vio despectivamente y se la regresó tan pronto la tomó.
―¿Y qué hacen por aquí unos ninjas de Konoha? ―preguntó un anciano, saliendo de la casa para colocarse a un lado de su mujer.
―No queremos problemas. Estamos en una misión de investigación. Hace un par de semanas hubo un incidente grave causado por ninjas provenientes de Amegakure. Teníamos entendido que no quedaban ninjas radicales aquí.
―Como si la peste de los ninjas algún día se fuera a acabar ―La señora bufó mientras hablaba con sarcasmo y hacía un gesto de molestia ―. Escuche, como sucede desde hace varios años, Amegakure sigue dividida…
―¡Mujer! Calla o nos meterás en problemas.
―Les prometemos que no es nuestra intención lastimar a nadie. Solo queremos saber cómo está la situación de Amegakure. Su inasistencia en la cuarta guerra ninja dio mucho de qué hablar, se rumoreó que la aldea estaba vacía.
―Pues no lo está. Nosotros estamos aquí ―dijo el viejo, mostrándose firme.
―¿Eso qué quiere decir? ―Ibiki empequeñeció sus ojos y observó al hombre intimidatoriamente.
―Eso quiere decir que si quiere alguna información de Ame, tendrá que conseguirla por sí mismo. Nosotros no queremos problemas.
El viejo e Ibiki intercambiaron miradas serias por unos momentos haciendo que Hinata se sintiera un poco tensa. No tardaron mucho en cortar las miradas asesinas y volver a lo suyo. Ibiki les podría sacar información sin problemas, pero tampoco se trataba de torturar mentalmente a un par de viejitos.
―Está bien, gracias por su información, l-lamentamos l-los inconvenientes ―habló Hinata con su voz dulce, dando una pequeña reverencia a modo de agradecimiento.
Continuaron con su camino cuando de repente
―Oigan ―Ibiki y Hinata voltearon con la señora ―, apuesto a que en el bar Tezuna pueden encontrar la información que buscan, pero nunca vayan a la torre más alta de Ame, es peligroso si solo van ustedes dos, incluso si van los cuatro.
Hinata abrió grandes los ojos. La señora sabía de la presencia de Yugao y el ANBU con máscara de mono.
―Suerte en su investigación ―Les dijo adiós con la mano y junto a su esposo, se metió dentro de la casita.
―¿Cómo supieron de Yugao y…
―Por la lluvia ―La interrumpió Ibiki, levantando la palma abierta de su mano para sentir la lluvia caer ―. A través de la lluvia ellos saben quién entra y quién sale de la aldea, es como si tuvieran percepción o algo así, la lluvia es como su sangre. Desde ahora saben de nuestra presencia así que hay que ser precavidos.
―¿Y q-quiénes son los que saben que estamos aquí a-aparte de ellos? ―inquirió, preocupada.
―Eso es lo que vamos a averiguar.
Continuaron caminando por una senda casi intransitable. Por suerte Hinata iba preparada con unas botas de montaña bastante resistentes, sin embargo a pesar de que ambos llevaban impermeables, éstos se iban poniendo cada vez más fríos por la insistente lluvia. Las torres grises y altas de Ame se encontraban tan cerca que incluso podían ver sus cimientos, estaban perpetrando en la ciudad de metal, la industrializada Ame, la ciudad prometida, la antigua sede de las tecnologías que fue masacrada por ser el campo de batalla de una de las guerras más sangrientas en la historia ninja.
Transitaban por lo que era la calle principal. Estaba llena de negocios como los que había en Konoha, salvo que éstos estaban desérticos y vacíos en cuanto a mercancías. Las ventanas estaban sucias y quebradas, los carteles viejos y desgastados por el paso del tiempo. Era una especie de pueblo fantasma. Un poco más adelante se encontraron con el nacimiento de las altas torres que tan famosa harían a su aldea. A lo lejos estaba la tan conocida torre más alta de Ame, la que apodaban singularmente como "la torre de Pain" en los libros de historia.
Hinata se quedó observando el monumento con suma atención, parecía ser una cabeza de un ninja enojado color gris metálico que sacaba una lengua puntiaguda y peligrosa, detrás de sus mejillas y bajo éstas se injertaban una serie de cables inconexos de diferentes grosores. Por alguna razón ver aquella torre le hacía sentir frío y soledad. Se abrazó a sí misma intentando darse calor entre aquella lluvia helada. Estar en esa ciudad fantasma la asustaba un poco, tenía qué admitirlo.
"Hinata", destiló el viento un pequeño susurro.
La ninja se sobresaltó y pareció despertar de su ensoñación con alerta. ¿Por cuánto tiempo se había quedado viendo la torre? Apretó los ojos y luego los abrió, enfocando que Ibiki avanzaba sin ella. Hinata se apresuró para alcanzarlo.
―Esta ciudad no me gusta ―agregó en voz baja y alarmada, sin tartamudear.
Ibiki la miró desde arriba, levantó una ceja y dirigió su vista al frente otra vez. Así que incluso Hinata lo notaba.
―Busquemos un lugar para resguardarnos de la lluvia, de esa manera no podrán ubicarnos tan fácilmente.
Al poco tiempo entraron en una casa de apariencia abandonada. No era de noche, pero el cielo estaba tan nublado y oscuro que parecía lo contrario al día. Esperarían a que la tormenta pasara un poco. Sería muy bueno tener un fuego, pero no querían delatarse así que solo se quedaron dentro de la casa fría. Se quitaron los fríos impermeables cuando entraron y luego se sentaron en sobre un sillón de aspecto terrible y polvoso.
―¿Tienes sed? ¿Hambre?―Le preguntó Ibiki más por cortesía que porque le importara, mientras tanto él sacaba lo que parecía ser una botella con agua. Ella no le respondió por unos momentos.
―Tenemos s-suerte de tener a Yugao-san en n-nuestro e-equipo ―comentó como quien no quiere la cosa, pero Ibiki no le siguió el juego, solo se limitó a seguir revisando sus pertenencias dentro de su mochila en silencio. Hinata lo miró de reojo y se sorprendió al encontrarlo observándola también. Ella retiró su mirada de inmediato, nerviosa. Sin poderlo evitar empezó a jugar con los dedos de sus manos ―, p-parece que usted y ella s-se llevan bien ―Aquello le parecía a Ibiki más un comentario que alguna pregunta, por lo que se limitó a cerrar la mochila y abrir un pergamino que empezó a leer concentrado ―…q-quisiera ser como ella, t-tan fuerte.
―Cada quién es diferente, cada quién es como quiere ser ―respondió con seriedad, sin mirarla ―Yugao es fuerte porque desde niña se metió en la cabeza querer ser ANBU. Somos lo que pensamos de nosotros mismos.
Hinata se mordió el labio inferior con fuerza. Sí, ella sabía que por fuera se veía débil, pero por dentro estaban sus sacrificios, sus duelos personales consigo misma, las lágrimas y los recuerdos, los dolorosos fracasos, los castigos de su clan, los golpes de su hermana y su decepción. Frunció levemente el ceño, casi tenuemente. Se levantó de repente, sin previo aviso, y fue hacia uno de los cuartos, dejando la puerta abierta más para comunicación profesional que porque quisiera. Apretaba los puños con fuerza y sentía enojo. Quería ser reconocida por él, ¿por qué? Se reprochó ser una egoísta y el enojo se convirtió en vergüenza. No supo por qué sus ojos de repente ardían como si quisiera llorar.
―¿Qué crees que estás haciendo escondiéndote aquí? ―reclamó, tomando la muñeca de ella.
―S-Suélteme ―Forcejeó para alejarlo, dando unos pasos hacia atrás.
―Estamos en una misión, no en la academia para que armes un drama ―gruñó, sujetándola ahora de los brazos con algo de fuerza y la empujó contra la pared sin el menor cuidado ―, no te olvides de lo que vinimos a hacer en esta aldea. Estamos investigando a los ninjas que te quitaron los ojos, por si lo olvidas.
―N-No lo he olvidado ―Su voz era rápida y temblorosa. Bajaba la mirada o la desviaba, evitando el contacto visual a toda costa.
―Pues parece que sí lo haces.
―¡N-No lo hago!
―¡Entonces deja de hablarme de Yugao! ―Le exigió sin saber que había empezado a gritar también. Hinata se le quedó viendo confundida sin entender su punto, sin embargo, el hecho de que mencionara a la mujer del cabello purpura dolía en el corazón como un pinchazo de aguja filosa.
―Est… Está l-lastimándome… ―Ibiki bajó la vista hacia los brazos de la chica y los soltó en seguida, dándose cuenta de las marcas rojas que le había dejado en su blanca piel.
―Lo siento. No me gusta que menciones el nombre de ella ―exclamó con aparente molestia, mirando hacia otro lado.
―¿Por qué?
Ibiki dirigió su vista hacia ella esta vez. Hinata no sabía cómo determinar la manera en que la observaba. Era misterioso y serio, reservado y a la vez con un destello de anhelo. Ella sintió una mano repentina sobre su cintura que la hizo estremecerse, que todos los vellos en su cuerpo se crisparan. La mano de Ibiki viajo detrás de su espalda y éste se inclinó lentamente.
―¿Por… qué… ―alcanzó a decir Hinata como autómata. La pregunta había quedado bailando en su cerebro y ella solo la estaba repitiendo por inercia.
―Deja de hacerme preguntas ―Se quejó con una voz ronca y baja, callándola con sus propios labios. Llevó su otra mano hacia su espalda baja y la apresó con sus brazos hacia él. Hinata cerró los ojos con fuerza. Nunca sabía acostumbrarse a Ibiki, a momentos era lento, en otros era rápido y profundo. Aprovechando que él había metido sus brazos por debajo de ella, Hinata llevó sus manos hacia los hombros de Ibiki. Si él era lento, las manos de Hinata seguían escalando tímidamente hasta el cuello del Morino, si él era rápido ella se detenía con inseguridad hasta que él volviera a ser tranquilo. De pronto se encontró abrazando a Ibiki del cuello, desconectada de sí misma.
Esta vez ninguno de los dos tenía miedo. No era la primera vez que se besaban y sabían que no sería la última.
Con ambas manos Hinata tomó el rostro de Ibiki, sorprendiéndolo ante su repentina confianza hacia él, en modo de respuesta el Morino la abrazó más contra sí mismo. Ibiki no comprendía qué era lo que Hinata le provocaba, sea lo que fuera hacía que cada vez le resultara más difícil dejarle en paz los labios. Por otro lado, Hinata era un universo en expansión, sentía que dentro de sí misma explotaban sentimientos que nunca creyó poseer. Escuchó el ruido que hacía el zipper de su chaqueta cuando se bajaba completamente, empezó aponerse nerviosa cuando sintió que las manos de Ibiki la desproveían de su abrigo, dejándolo caer hasta el suelo. Hinata sintió frío en sus brazos, sus vellos se erizaban al igual que su piel. Mientras él seguía besándola, Hinata abrió los ojos y lo contempló. Ibiki no parecía darse cuenta del nerviosismo de ella y Hinata temía molestarlo con sus inseguridades, pero estaba asustada. Con sus manos alrededor del cuello de él intentó alejarlo un poco, apenas fue un pequeño empujón, sin embargo aquello pasó desapercibido por Morino.
Inesperadamente Ibiki se inclinó más hacia ella y la apretó contra él, los pies de Hinata de repente ya no sintieron el suelo cuando él la levantó. ¿Cómo podía con ella? Sentía los fuertes y musculosos brazos de Ibiki al lado de sus costillas. De pronto su espalda cayó suavemente contra una cama llena de polvo. Observó que Ibiki lucía igual de serio que siempre. Se separó de ella, sin mirarla. Le dio la espalda y se empezó a quitar la gabardina. Hinata empalideció de inmediato. El hombre se había quedado únicamente con los pantalones. Su torso estaba desnudo, sus pectorales…
La joven de ojos perlados dobló las rodillas y se alejó hasta la orilla extrema de la cama, entre asustada y nerviosa.
―¿Qué? ¿No quieres hacer esto? ―Le preguntó en un tono medio áspero y sin sentimientos. Así era Ibiki.
―Yo… pero… s-se supone que e-eso… s-solo las parejas… l-lo hacen ―Ella tenía el rostro totalmente rojo y bajo ningún concepto podía verlo a la cara, ni siquiera de reojo.
―Bueno, no precisamente solo las parejas ―contestó mientras alargaba una mano para alcanzar la playera de resaque. Hinata se sintió un poco más tranquila cuando él se la puso.
―¿Q-Que significa eso?
―Significa lo que significa.
Ibiki se quedó acostado con los ojos cerrados y los brazos cruzados detrás de la nuca. No parecía que fuera a moverse por un largo rato.
―I-Ibiki-taicho ―Tenía qué decírselo. Llevaba mucho tiempo queriendo hacerle esa pregunta que la estaba matando de a poco todos los días ―, ¿q-que somos nosotros?
―Somos ninjas ―contestó con seriedad.
Los hombros de Hinata parecieron decaer, abatida por la fría respuesta. Se preguntó si él no se estaría burlando de ella. Ibiki lanzó un bufido de aburrimiento.
―¿Qué quieres que seamos exactamente? ―exclamó luego de un largo minuto. Era una pregunta que Hinata no se esperaba. Volteó el tórax hacia él, encontrándolo dormido aparentemente. Ella tomó un respiro profundo y luego sonrió de medio lado, casi levemente. Era Ibiki y sabía que nunca iba a cambiar ―. ¿Y ahora por qué sonríes? ―preguntó, abriendo un ojo.
Hinata se levantó de la cama y fue a buscar su chaqueta, poniéndosela ahí mismo, frente a la sucia y resquebrajada ventana. Se sorprendió al ver lo que parecía ser un ninja en el tejado de la acera de enfrente. Por un momento se alertó, pero luego reconoció a una persona en cuclillas con el uniforme de ANBU, la máscara de gato y el largo cabello púrpura inconfundible echado hacia delante de los hombros. Parecía mirarla fijamente desde donde estaba. Y no hubo ninguna seña de camaradería ni un saludo, la ANBU se puso de pie y desapareció en un parpadeo.
―¿Qué es? ―preguntó Ibiki, colocándose tras su espalda, mirando por la ventana con curiosidad.
―No… No era nada.
―Voy a dormir una hora, te quedas vigilando ―Le ordenó mientras se iba.
―Sí… taicho ―musitó media ida aun mirando el tejado vacío, pensando en qué tanto habría visto Yugao Uzuki. Cuando se dio la vuelta encontró a Ibiki nuevamente tumbado en la cama. Parecía realmente cansado. Se quedó viéndolo con detenimiento.
"¿En verdad me gusta él?", se preguntó mentalmente. Se contestó al siguiente segundo que no se podía engañar ella misma. Suavemente cerró los ojos para poner en orden sus pensamientos. Decidió que le gustaba estar con él, que la llevara a su oficina para leer y ordenar los expedientes, que le enseñara a no ser tan tímida y a ser fuerte, que no la tratara como una "princesa Hyuga", sino como una kunoichi de verdad. Él no representaba algo inestable como el viento, él era algo seguro, como los pies sobre la tierra, o como un puerto siempre firme en la orilla; algo que siempre estaba ahí, y eso era lo que necesitaba. Abrió los ojos de más cuando se dio cuenta. ¿Era acaso que estaba enamorándose? ¿Ella enamorada de Ibiki? Entreabrió la boca, sorprendida por su reciente descubrimiento. No pudo evitar que simultáneamente una comisura de sus labios se elevara. Estaba cambiando, y ella estaba preparada para ese cambio.
―¿Quieres ser mi… ―Hinata creyó que ella había hablado, pues precisamente estaba pensando en esas palabras, pero no era su voz, era Ibiki quien de espaldas, le hacía una pregunta ―, quieres que te diga esas cosas sentimentalistas que les gustan a las mujeres? ―preguntó incómodo y hasta un tanto enojado. Hinata se quedó en silencio. De pronto el hombre alto se puso de pie y caminó hacia ella, quedando a medio metro de distancia ―. No me gusta decir cosas ridículas de amor, ni dar detalles, tampoco soy bueno para acordarme de las fechas especiales, además soy mucho mayor que tú, así que teniendo eso en cuenta, de alguna extraña manera tú… ¿quisieras salir conmigo?
Esa era la declaración más severa, seria, directa y fichada en puntos como si de un contrato se tratara que Hinata había escuchado, y ciertamente era la única declaración de "amor" que había recibido en su vida, así que como no tenía ninguna referencia en la cual basarse, ella solo atinó a sonreír sin poder evitarlo mientras sus mejillas iban adquiriendo un tono sonrosado.
―Yo… ―Cubrió su boca con las manos en un gesto de emoción. Empezaba a ponerse roja hasta las orejas.
―Oye… ¿qué te pasa? ―Ibiki levantó una ceja al verla nerviosa y con un sonrojo endemoniado.
Hinata balbuceó un par de veces y luego cerró los ojos, sus rodillas se doblaron, perdiendo todo el equilibrio. El Capitán Morino la atrapó al vuelo, con un brazo tras la espalda y el otro sobre el abdomen. Puso los ojos en blanco ante el repentino desmayo de Hinata. Ni que hubiera sido la declaración del año, y menos considerando que era él quien la había dicho. La cargó de manera correcta y la puso en la cama.
―Tenías que ser tú ―Se rió ligeramente, de buen humor. Fue por su gabardina negra que yacía al otro lado de la cama y con ella cubrió el cuerpo de la joven ninja.
Vaya, ahora tenía una novia. ¿Cómo iba a ser eso? ¿Qué se suponía que tenía qué hacer? Decidió no darle mucha importancia, después de todo era Hinata, era alguien tranquila. Nunca había pasado de tener a alguien más allá del amanecer, no era hombre de estar atado a una mujer, pero tal vez ya era tiempo de que dejara de estar solo y que ella también dejara de estar tanto tiempo sola.
Tener una pareja no podía resultar tan difícil, ¿no?
.ɸ.
Ella no podía comprender qué era lo que le pasaba. Sobrecogida por la fría lluvia de Amegakure, la mujer del cabello purpura volvió al árbol donde se encontraba su compañero ANBU.
―¿El Capitán y la chica están bien? ―preguntó el de la máscara de mono.
―Sí… bastante bien ―Su voz se oía como raspada y distante. No era como si tuviera alguna relación cercana con Ibiki Morino, tampoco eran algo así como amigos pero siempre se habían visto mutuamente a causa de Hayate, si era así entonces, ¿por qué se sentía rara al haberlos visto juntos en aquella casa abandonada? ¿Por qué se había dejado ver por Hinata si era una ANBU invisible prácticamente? ¿Intentaba demostrarle algo?
Culpó el funesto clima, seguramente sus sentidos estaban embotados y aletargados. No se sentía ella misma. Se acurrucó como pudo entre unas ramas gruesas, intentando descansar. Dejó que las imágenes volaran por su cerebro, los recuerdos se esparcían como enredaderas. Esa noche. Esa noche. Ibiki Morino y ella.
Si has llegado hasta aquí, ¡gracias por leer!, y si dejas review ya sabes que… te… ¡amo!
No sé si lo último me quedó OoC, ¿pero saben qué? No me importa, porque era eso o se morían separados de por vida. ¡Punto! Jajaja.
Ahora sí hablando seriamente, ¿qué les pareció el capítulo? ¿Qué les gustó y qué no? ¿Cómo ven las situaciones que están pasando Hinata y Hanabi? ¿Creen que Hashimoto; el segundo genio del clan, es bueno o malo? ¿Qué opinan de Yugao? ¿A quién le agrada y a quién no?
Cuídense mucho bastante, tengan un bonito día.
Nos leemos luego, si tú quieres.
