Capítulo 13. Recuérdame.
Elieth y Karl ya habían hablado hasta el cansancio sobre el tema de la infidelidad y ahora se preguntaban en donde rayos podía estar Lily. La chica no aparecía por ningún lado y ahora todos empezaban a preocuparse en serio. Eli ya se había cansado de llamarle al celular, al cual ella no respondía, por cierto.
Empiezo a preocuparme.- comentó Elieth, colgando el teléfono.- Pareciera que se la tragó la tierra.
Debí haber ido tras ella.- suspiró Karl.- Fui un completo idiota...
No digas eso, tú no sabías que ella te había visto.- replicó Eli.- Además, la culpa fue de esa infeliz de Simone. Yo la conozco y es una auténtica perr...
Pareces estar muy enterada.- comentó Schneider, sonriendo levemente.
Nah, no hay necesidad de estar muy enterado, Simone es ampliamente reconocida por sus sucias dotes para conseguir lo que desea.
Pues yo no tenía ni idea.- confesó Karl.- Me vi como un idiota, Lily no va a creer que no fue a propósito, ya tuvimos una pelea y hasta me corrió de su habitación, estoy viviendo en un motel de muy dudosa categoría.
¿Lily te envió a un motel?.- preguntó Elieth, escéptica.- ¿Pues qué le hiciste?
No me envió a un motel como tal, más bien me corrió y yo no encontré nada mejor.- suspiró Karl.- Y lo único que hice fue intercambiar un par de palabras con Simone, no estaba coqueteando, al menos yo no, el problema fue que Lily nos vio y se armó la Tercera Guerra Mundial.
Parece que no confía mucho en ti.- comentó Elieth.
Tiene sus motivos.- murmuró Karl, en voz tan baja que ella no supo si se lo imaginó o no.
Los dos se quedaron callados por un momento, cada uno sumido en sus pensamientos. Elieth tuvo entonces una idea que en ese momento le pareció genial y de lo más oportuna.
¿Por qué no te quedas con nosotros?.- propuso Elieth, de repente.- Tenemos mucho espacio.
¿Cómo dices?.- se sorprendió Karl.
Que vivas con Genzo y conmigo.- repitió Eli, entusiasmada.- Tenemos un cuarto libre y preparado para cualquier imprevisto.
No sé si sería buena idea.- comentó Schneider, dudando.- No creo que a Wakabayashi le agrade la idea...
Na, no creo que haya problema.- mintió Elieth, sabiendo que Karl tenía razón.
Lo pensaré.- ofreció Karl.- Gracias, aunque quizás debería de averiguar en donde se está quedando Marie y quedarme con ella. Sin embargo, lo curioso es que cada vez que le pregunto, se hace la desentendida y eso me da mala espina.
Quizás también vive en un motelucho de quinta y no te lo quiere decir para no causarte un infarto.- rió Elieth.
Schneider rió y entonces Elieth se llevó una mano a su cabello para recogérselo, y entonces él, después de babear un poco con el rubio cabello rizado de Eli, vio la pulsera con los colores de Alemania en la muñeca de ella. Karl se sorprendió un poco y Eli se dio cuenta de esto.
¿Te sientes bien?.- quiso saber Eli, extrañada.
¿De dónde sacaste esa pulsera?.- quiso saber Schneider.
Ahm, es uno de mis recuerdos de niña.- respondió ella, encogiéndose de hombros.- La reencontré hace poco y decidí usarla, era mi amuleto. ¿Por qué?
Es que yo tenía una igual cuando era niño.- explicó Karl, tomando la mano de Elieth usando como pretexto el querer ver la pulsera.- Fue una de las que se vendieron durante algún mundial, no recuerdo ahora cual porque era yo un niño, solo recuerdo que eran de colección por haber sido tejidas a mano o algo así, y por un tonto descuido la perdí. Creo que se me cayó y ni cuenta me di de eso.
¿Será de las mismas?.- cuestionó Eli, dejando que Karl le tomara la mano todo lo que quisiera.- Es curioso, pero yo me encontré ésta tirada en el suelo de un parque.
Pues se parecen mucho.- Karl se encogió de hombros.- Es algo tonto e imposible, pero me gustaría recuperarla, tiene muchos buenos recuerdos.
Leo Shanks se apareció y se dio cuenta de que su hermana estaba hablando muy animadamente con Schneider, usando de pretexto una simple pulsera pero se notaba que ninguno de los dos estaba realmente interesado en la pulsera...
¿Ya apareció Lily?.- preguntó Leo, hablando lo más alto que pudo.
Aun no.- Elieth y Karl se soltaron de las manos de inmediato.- Genzo y Leonardo fueron a buscarla.
¿Y ustedes qué hacen?.- cuestionó Leo Shanks.- ¿Leyendo su futuro en las palmas de su mano?
Con este comentario, Schneider se dijo que lo mejor era desaparecer e ir a buscar a Lily. Leo tenía razón en cuanto a lo que había querido dar a entender con su comentario: lo correcto sería que Karl estuviera buscando a su novia, no manoseando a otra chica. Así pues, Karl se salió para buscar a Lily, aunque no estaba muy seguro de querer encontrarla. Muy seguramente la chica volvería a reclamarle por culpa de Delacroix y entonces ni esperanzas de que Schneider saliera del motel... Bueno, de cualquier manera no había muchas esperanzas de que Karl saliera de ese motelucho, a menos que buscara a Marie para quedarse en el mismo lugar que ella o que de plano aceptara la propuesta de Elieth...
"No, ésa no es opción", pensó Karl.- "Wakabayashi nunca estaría de acuerdo y no sería para menos. Sobre todo, si llegara a enterarse de los pensamientos que me pasan por la cabeza cuando veo a su novia... Lo mejor será que intente arreglar todo con Lily y olvidarme de todo lo demás".
Sin embargo, en cuanto Karl salió del estacionamiento, vio una escena que le causó un tanto de confusión, y quizás de celos también...
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"Contrólate, Wakabayashi", se dijo Genzo, a sí mismo. "Ella no es nada de ti, no tienes por qué estar celoso".
Y sin embargo, él sabía que lo estaba, porque no le gustaba la forma en como Rosso miraba a Lily ni cómo le acariciaba el cabello mientras la abrazaba ni cómo le secaba las lágrimas. Era bastante evidente que ese tipejo quería algo más con Lily que solo enseñarla a patinar, y quizás era por eso que Rosso parecía estar siempre tan molesto con Lily y su desempeño, quizás su enojo y frustración contra ella era más por lo que él sentía que por la forma en como la chica patinaba. Genzo suponía que Rosso sabía que Lily estaba momentáneamente fuera de su alcance, no solo por ser ella mucho menor que él, sino también por el hecho de que Lily tenía novio...
Pero para hombres como Ian Rosso, nada es imposible ni ninguna mujer era inconquistable. Todo era solo cuestión de tiempo.
Lily se separó de Rosso y se alejó unos cuantos pasos. La chica se limpió las lágrimas y se compuso el cabello.
Gracias, Ian.- dijo ella.- Lo mejor será que busque a mi hermano.
¿Cuál es la prisa?.- Ian intentó acariciar otra vez el rostro de Lily.- Yo te puedo llevar al hotel.
No sé si sea buena idea.- confesó Lily, dando un paso hacia atrás.
¿Por qué no?.- Rosso dio un paso hacia delante.- Soy tu entrenador. ¿No confías en mí?
No es eso.- ella trató de reír.- Es solo que no quiero molestarlo.
Tú nunca me molestarías.- replicó Rosso, sin dejar de sonreír.- Todo lo contrario...
Lily empezaba a sentirse incómoda. Cierto era que Rosso era su entrenador, pero a ella no le gustaba la manera en como la miraba ni tampoco le agradó que le acariciara el cabello. A Lily siempre le había causado escalofríos su entrenador, pero en esos momentos esa desagradable sensación estaba al máximo. Ella comenzó a sentirse como conejo acorralado y quizás hubiera salido corriendo de no ser porque Genzo se apareció de la nada.
Yuri, te hemos estado buscando por todas partes.- dijo Wakabayashi, con firmeza.- Estamos preocupados por ti.
Lo siento, creo que me perdí.- se disculpó Lily, quien no perdió la oportunidad y se acercó a Genzo de inmediato.- ¿Leonardo me está buscando?
Todos lo estamos haciendo.- respondió él, interponiéndose muy sutilmente entre Lily y Rosso.- Ven conmigo, te llevaré con él.
¿Desde cuando eres su cuidador?.- quiso saber Ian, con sorna en la voz.- ¿No tienes nada mejor que hacer, como hacerle de portero en uno de tus partiditos de fútbol?
¿Y usted ya encontró algo mejor que hacer aparte de golpear mujeres?.- replicó Genzo.- Creo que su trabajo como entrenador terminó hace mucho. Buenas noches.
Genzo tomó a Lily por un brazo y empezó a caminar; ella lo siguió sin decir nada, sin despedirse siquiera de su entrenador. Quería evitarse otra pelea entre esos dos.
Mañana a las cinco, Del Valle.- gritó Ian, enojado.- Le diré a Simone que practique contigo la nueva rutina.
No se podía quedar callado.- gruñó Lily.- Me tenía que recordar a esa maldita vieja.
¿Qué fue todo eso?.- quiso saber Genzo.- ¿Desde cuando tu entrenador te consuela cuando te sientes triste?
Ian nunca había hecho.- contestó Lily.- Y para serte sincera, me causó escalofríos.
A mí también, Yuri.- confesó Genzo.
Lily notó de pronto el apodo y se sorprendió, pero no por el hecho de que Genzo hubiese usado un apodo cariñoso sino por el hecho de que ella recordó que ya alguien mucho tiempo atrás alguien ya la había llamado por ese nombre.
¿Por qué me llamaste así?.- quiso saber ella, intrigada.
¿Así cómo?.- aparentemente, Genzo no se había dado cuenta de lo que había dicho.
Yuri.- respondió Lily.- Me llamaste Yuri. ¿Por qué?
Cierto, lo hice.- asintió Genzo.- ¿Por qué? Sinceramente no lo sé. Creo que... Ja, vas a pensar que soy un estúpido, pero es que hace tiempo, mucho tiempo, yo tuve una pequeña amiga a la que solía llamarle así y pues encontré un recuerdo de ella perdido entre mis cosas. Lo siento, creo que de algún modo te relacioné con esa niña de mi infancia.
No te disculpes.- rió Lily.- No me molesta para nada. De hecho, me agrada bastante, ya un amigo de mi infancia me llamó así antes.
¿En serio?.- Genzo se sorprendió.- Es una palabra japonesa. ¿Has tenido amigos japoneses antes?
Supongo que los tuve.- respondió Lily, encogiéndose de hombros.- Antes de vivir en Francia con Rika y Elieth viví un tiempo en Japón, pero hace ya tantos años que no tengo muchos recuerdos de eso.
No me digas.- Wakabayashi no se podía creer la coincidencia.- ¿En qué parte de Japón viviste?
En Shizuoka.- respondió Lily.- En la ciudad de Nankatsu, creo. ¿Y tú de dónde eres?
Wakabayashi se detuvo abruptamente. En ese momento él lo recordó. La niña de su infancia, su mejor amiga, también era patinadora y Genzo recordó la promesa que él hizo junto con ella de ser los mejores... No podía ser, tenía que ser una coincidencia enorme. Además, debía haber varias mexicanas que vivieran en Japón y cuyo amigo de la infancia la llamara Yuri y que además practicaran patinaje artístico, ¿o no? Y sin embargo, no podía haber dos chicas en ese mundo con unos ojos como aquellos que Lily tenía.
¿Te pasa algo?.- Lily se dio cuenta de que Genzo estaba muy serio y que la miraba fijamente.
Me acordé de algo.- respondió Genzo, hablando muy tranquilo.- ¿Sabes qué recuerdo de mi amiga fue el que me encontré?
No.- Lily entendía cada vez menos.
Una bufanda.- respondió Genzo, sonriendo.- Una bufanda, azul claro. Y yo, a ella, de despedida, le regalé mi gorra. Y prometí con ella que me convertiría en el mejor portero de todos.
Esta vez, fue Lily la que se detuvo en seco y miró a Genzo con ojos como platos. Esa situación le sonaba muy familiar, quizás demasiado familiar. Genzo y Lily se miraron fijamente a los ojos, como queriendo reconocerse a través de los años. Cierto, los dos habían cambiado mucho, pero Genzo seguía conservando su característica media sonrisa y Lily aun guardaba la picardía en su mirada; parecía imposible, pero ahí estaba, los regalos, los recuerdos y… Esa promesa… Y eso explicaría el por qué tanto a Genzo como a Lily creyeron conocerse cuando se vieron.
(Na, mentira, yo no me acordaría de un compañero de kínder si lo veo, pero bueno, es mi fic XD).
Lily estuvo a un tris de lanzarse a abrazar a Genzo cuando de repente Karl apareció, cortándole todas las intenciones. De inmediato, él se dio cuenta de que los otros dos estaban por abrazarse y eso no le gustó pero nadita, así que muy molesto se dirigió hacia la pareja a paso veloz. Sin embargo, al ver a su novio, a Lily se le esfumó la sonrisa del rostro y pareció que en cualquier momento saldría huyendo. Detrás de Karl apareció Leonardo, y antes de que Schneider pudiera decir o hacer algo, Lily fue con su hermano y le pidió que la llevara al hotel cuanto antes, ignorando a su novio en el camino. Karl miró con enojo cómo su novia lo ignoraba olímpicamente para irse con Leonardo, mientras Genzo se quedó con la cara de un niño a quien se le dejó con las ganas de abrir un regalo…
¿Pasa algo, Wakabayashi?.- preguntó Karl, enfocando su enojo hacia el portero.- ¿Qué hacías con mi novia?
Nada, Schneider.- replicó Genzo.- Solo la felicitaba.
Sí, claro.- gruñó Karl.- Qué casualidad. Parecía que se iban a abrazar.
No inventes tonterías, Schneider.- mintió Genzo.- Solo hablábamos.
"Además", pensó Genzo, "No es de mí de quien te debes preocupar, sino de Rosso…".
Schneider intentó buscarle más pelea a su rival; Karl estaba enojado y celoso y quería descargar con Genzo su ira, ya que de verdad que él tenía cara de que había querido abrazar a Lily, pero entonces fueron Leo Shanks y Elieth los que hicieron acto de presencia. Ella de inmediato se acercó a trote ligero a los dos hombres y miró a Genzo con una sonrisa.
Oye, Gen, el pobre de Karl anda sin techo.- dijo Eli.- ¿Por qué no lo invitamos a quedarse con nosotros?
Genzo y Karl se miraron fijamente, mientras Elieth los miraba a ambos con total inocencia…
Rato más tarde, en su cuarto de hotel, Lily pensaba en lo que Genzo acababa de decirle. ¿Era él acaso su viejo amigo de la infancia? Lily recordó la promesa, recordó el día nevado, la bufanda que ella le dio y la gorra que él le regaló a cambio… Una vez que ella y Leonardo llegaron al hotel, Lily se dirigió de inmediato a su habitación y buscó entre sus cosas más íntimas una pequeña gorra roja, de la cual ella nunca se separaba y que siempre cargaba a todos lados a donde iba. Esa gorra era muy importante para ella, porque no solo era el símbolo de una muy importante promesa, sino también el recuerdo de alguien que en su momento fue muy importante para ella.
¿Sería cierto? ¿Acaso Lily se había vuelto a encontrar con su viejo amigo?
