Al fin muestras los dientes…perro~3
El pequeño edificio tenía en su interior varias habitaciones repartidas a lo largo del pasillo; muchas carecían de puertas, apenas cubiertas por un plástico transparente que se movía por las corrientes de aire. Al pasar por los primeros cuartos Isuke pudo ver en su interior por cuestión de segundos, pero los suficientes para revolverle el estómago, a las mujeres sentadas o acostadas sobre sus horribles camastros.
Vestidas de manera provocativa y sugerente, lloraban cubriendo sus avergonzados rostros con brazos que presentaban señales de maltrato, cardenales verdes, moretones, mordidas. Otras, sólo dormían dando la espalda o pretendían dormir, pues esa situación humillante, en la que sus almas habían sido desnudadas hacía mucho tiempo, debía resultarles imposible de soportar. El lugar servía para que descansaran antes de su turno nocturno o se cambiaran de ropas como hacían otras, algunas habían perdido su casa y se alojaban allí buscando techo sobre sus cabezas, otras sólo pasaban la noche escondiéndose de la vergüenza de regresar a casa y seguir rompiendo el corazón de sus hijos o familia.
Una de ellas miró en su dirección. Estaba completamente desnuda. En sus manos sostenía una falda y top provocador, no había indicio de ropa interior. Sus ojos mostraban un abandono que le produjo un vuelco al corazón, los ojos de un animal disecado podrían tener mayor vivacidad en sus pupilas que aquellos agujeros oscuros. La peli-rosa ignoraba que había dejado de seguir a Haruki, de no ser porque esta tomó su mano quizás hubiera permanecido allí, viendo la ruina de esas almas.
―No las mires por mucho tiempo―le dijo en susurro al pasar entre dos hombres que las miraban descaradamente de arriba abajo mientras sonreían. Siguió a la pelirroja tomada de su mano, pero no pudo con la indicación, cada abertura le daba una visión igual o peor a la anterior, en una un hombre disfrutaba de una mujer que parecía no estar en ese lugar, sino imaginándose en la punta de un faro, quizás caminando descalza a la orilla de un mar que jamás conocerá. En vez de eso le daba la espalda al hombre mientras la empujaba. En otra el celofán aleteo dándole la visión entrecortada de un hombre inclinado sobre una mujer desnuda en la cama, tenía una jeringa industrial cuyo contenido inyectaba en las venas amoratadas de aquella infeliz perdida, no sabía ni quién era o qué era de ella y su cuerpo, despojado de cualquier respeto o pudor, quizás una iniciada rebelde pues no se veían tantos cardenales ni su cuerpo había perdido el tono rosáceo vivo.
Varias otras habitaciones eran parecidas, tipos tumbados viendo a la nada con jeringas en sus manos, otros aspirando un polvo blanco de una mesa. Cada habitación tenía un par de ojos perdidos, hundidos en la escoria y porquería, hombres y mujeres que años atrás debieron llevar una vida muy diferente a esa y ahora se arrastraban en lo más bajo de lo bajo.
―Falta poco, tranquila, Isuke-sama, casi llegamos a las escaleras.―la apegó un poco más, intentando impedir que viese más de esas escenas. Lo mismo sucedió con ella por mucho tiempo, durante años recorrió esos pasillos viendo aquellos ojos. Esos cuerpos hacían aparición en sus sueños. La veían, la tocaban, le llamaban por su nombre e intentaban jalarla donde ellos se ahogaban. No importaba lo fuerte que fueses, lo duro que tuvieses el corazón, aquellas escenas perturban a quien sea. Extinguir una vida es una cosa, presenciar la miseria del día a día de otra, es algo muy diferente.
El olor dentro de aquella edificación estaba muy saturado, contaminado hasta un punto insoportable de tabaco, humedad, sudor, orina e inidentificables olores más. Todo eso le mareaba su cabeza rosa, un denso olor a gases extraños provenientes de otro sitio. Haruki conocía la sensación de mareo, pero acostumbrada jaló de Isuke escaleras arriba, lejos de los gases que desprendía el laboratorio improvisado que Kato tenía instalado, productor de metanfetaminas, cocaína, heroína y varios otras drogas que también le tocó llevar empaquetadas en una raída mochila negra entre calles y callejones trasnochando.
Antes de llegar con su exjefe había dos puertas de seguridad, una que daba al pasillo con cámaras de vigilancia y la que daba directo a su "oficina". Sortearon la primera con la misma estrategia de la puerta principal. Isuke era una representación joven y hermosa del enorme y majestuoso caballo que llevaron los Troyanos, ignorantes, al seno de su imperio. Llegando humildes, apelando a la soberbia y arrogancia de los guardianes del alto muro, obligándolos a poner sus lujuriosos ojos en la hermosa ofrenda dando la espada al arma que los dejaría fuera de la guerra. Caminaron por el estrecho pasillo. A un costado, instalada en la pared había un monitor pequeño donde aparecieron sus rostros en blanco y negro. Haruki tocó la puerta con la mirada fría e inexpresiva con la que hace semanas se había presentado ante aquel rey de trono banal.
―Haruki-chan, preciosa, esperaba a que llegaras antes―escucharon de la pequeña bocina debajo del monitor.
―Lo siento Kato, tenía cosas que hacer en casa antes de venir aquí.
―Ya veo, ya veo, pero mira que tenemos aquí, alguien te acompaña ¿me presentarás tan linda dama?―Haruki apretó la mano de Isuke sin hacerle daño, intentando controlar el asco y enojo que crecía de sólo escuchar esas palabras rimbombantes que usaba al hablar con señoritas ingenuas, endulzándoles el oído con promesas de trabajo bien pagado por posar un poco para la cámara. Desconocía cuanta mierda pasaba por su depravada cabeza.
―A eso mismo eh venido, mi amiga buscaba trabajo y pensé de inmediato en ti―dio una sonrisa a la cámara y también alzó el sobre con dinero que esa misma tarde había recibido de Sato―No quiero problemas, Kato, quiero pagar e irme. Déjame pasar.
―Claro que sí, adelante chica, que grosero de mi parte dejarlas esperando. Yohiru, ábreles la puerta por favor.―se escuchó como las últimas puertas se abrían dándoles paso a aquel lugar de donde provenía el vicio. El sujeto se levantó de su silla frente a un enorme escritorio, el lugar era apenas iluminado por una lámpara de luz naranja y las farolas de la calle frente a la ventana a su derecha. Llegó hasta ellas y estrechó primeramente la mano de Haruki―Me alegra que estés aquí Haruki, tu bien sabes lo que valoro un cliente que paga puntual―esa sonrisa era sucia y advertía cuidado. Haruki no le devolvió la sonrisa, lo veía con suspicacia. El hombre entendió muy bien aquella mirada y sus ojos ambiciosos no tardaron en ver directo a la pelirosa que se mantenía oculta. Relamió sus labios― Pero ¿no vas a presentarnos, Haruki? No quepo en mí por conocer a esta amiga tuya.
Tomó la mano de Isuke entre las suyas, pegajosas y frías.
―Kato ella es Isuke. Isuke este es el hombre del que te hablé, cuenta con muchos negocios.
―Un placer señorita―rio con esa última palabra y beso la mano de Isuke. Ella sintió al instante, la sensación de sus labios sobre su piel. Una ola de asco recorrió su espalda como un escalofrío. Sus labios estaban húmedos, babosos, probablemente por salivación excesiva. Su aliento era caliente. ―Entonces, ¿le interesa trabajar conmigo? ¿Haruki le contó a detalle de mis modestos negocios?―sus ojos de rata miraron a la pelirroja como una advertencia silenciosa. Haruki no se inmuto, había visto muchas veces esa misma mirada, sonrió en su dirección, improvisadamente dejó su mano en la rodilla de Isuke, acariciándola. Kato le devolvió la sonrisa complacido de saber la respuesta.
―El placer es de Isuke~3―fingir una sonrisa era su especialidad, pero jamás tuvo una situación en que sintiese los músculos de sus mejillas tensos por el esfuerzo. Pero el hombre no pudo ver a través de esa sonrisa de ángel. Complacido les invitó a sentarse en un sillón de dos plazas, este puso su enorme trasero en uno individual.―No, Haruki sólo me contó que podía pedirle trabajo temporal o de medio tiempo, que da una generosa paga.
―Pues Haruki-chan dijo la verdad, en cuanto termine mis asuntos con ella podemos hablar tu y yo más a detalle ¿Gustan un trago?―señalo la estantería con varias botellas de licores en todas presentaciones y niveles de alcohol. Haruki negó con la cabeza y fingió preguntarle a Isuke, pero sus ojos se dirigían al cinturón del hombre en una esquina.
―Isuke tiene un poco de sed, pero no bebe―un tono de voz infantil que pedía permiso por sonreír, no había mejor mentira oculta.
―Por supuesto, Yokiru, trae a la señorita ¿refresco? ¿Agua?
―Lo primero estaría bien, si no es molestia.
―Ninguna―guiño un ojo al hombre y este asintió, cerró la puerta tras de sí. Bajaría hasta la nevera, sacaría unas pastillas de una caja y las machacaría muy bien para que se revolviesen con el refresco, no se notarían mucho―Bien, bien, entonces Haruki, ¿el motivo de tu visita?―frotó sus dedos con el pulgar en gesto inconfundible.
―Lo sé Kato, aquí mismo lo tengo, mi plan era traerlo ayer por la noche, pero ciertos sucesos impidieron que viniera.―se sopló con el sobre, los ojos de rata lo siguieron a cada movimiento.
―No te preocupes, chica, tu sabes que aquí todos nos apoyamos, codo a codo, especialmente tú que ningún problema me diste en el pasado―recuperó el control de sí mismo y sacó un puro del bolsillo derecho de su camisa color vino, al prenderle fuego y exhalar el vaho cargado de aquel humo, la habitación empezó a oler a mierda.
―Es curioso que lo digas, Kato.―se levantó del sofá y examinó la estantería―porque hoy tuve visitas de Kento y Shisune, en mi hogar.
― ¿En verdad?―ni siquiera se molestó en fingir sorpresa, parecía complacido de escuchar aquello―Que extraño, si mal recuerdo esta misma mañana les dije que esperaran a que tu llegaras. ¡Pero cómo son las cosas!, tendré que hablar seriamente con ellos. Espero no causaran gran revuelo ―al hablar el humo se escapaba de sus labios.
―Ninguno, salvo algo que me dijo Kento… que me dejó pensando―a la puerta se escucharon golpes e Isuke se levantó a abrirle al hombre con un vaso de vidrio en las manos; Haruki se acercó viendo a los ojos de Kato, entre sus manos tenía algo de aquella cuerda de piano, la desenvolvía lentamente sin romper el contacto visual con su antes jefe―Dijo que me darías el mismo trato que al resto de las personas. Ambos sabemos cuál, ellos no se van, tendrían suerte si tú los olvidas pero nunca pagan del todo la deuda.
Escucharon el vidrió romperse, el hombre desvió la mirada en dirección al ruido. Isuke golpeó al hombre en la garganta con el codo, el estómago con la rodilla y al momento en que este se encogía sujetaba los cabellos oscuros y estrellaba su cabeza contra la puerta. En su mano traía el arma del hombre, carga y lista para disparar. La alzó con una sonrisa nada inocente apuntando al cuerpo voluminoso de Kato. Este se levantó bruscamente, incluso llegó a tirar el sillón, buscó el revólver enfundado en su sobaquera pero un dolor penetrante impidió cualquier movimiento, pensamiento, ruido, reacción. Sólo sentía que se encogía. Nítidamente sintió se hurgado entre sus ropas, luego el ruido de algo metálico ser arrojado lejos.
― ¿Qué haces? Su-suéltame, Haruki, t-te vas a arrepentir―su voz era apenas gemidos y susurros. Todo su rostro se tornó rojo y sus manos temblaban, picaban por tocar su entrepierna pero seguía en la mira de la peli-rosa, se había sentado nuevamente en el sillón de dos plazas y le sonreía sin dejar de apuntarle a la cabeza. Lo tenían agarrado de las pelotas…en sentido literal y metafórico.
―No eres quien para ordenarme nada, Kato―y su mano apretaba más; sendas gotas de sudor perlaban el rostro grasiento del hombre―. Bien merecido tendrías que en este instante te arrancara las pelotas y te las metiera por la garganta, maldito infeliz.
―Vamos, Haruki ¿no podríamos hablar esto racionalmente como gente civilizada que…ghhh…somos?―el dolor se intensificaba, sentía un calor intenso en su parte baja que subía hasta el estómago, sus piernas querían ceder y sus manos acariciarse sus nobles partes.
― ¿Personas razonables? ¿Civilizadas? Por supuesto Kato, ¿Qué tan razonable te parece esto? Salgo de casa, pensando en cómo pagaría o lo que ocurriría cuando me presentara aquí contigo, tal y como o prometí, pero al regresar a casa descubro que mis hermanos fueron atacados, mi puerta tumbada y hay dos de tus hombres amarrados en mi cuarto ¿qué dices a eso? ¿Personas civilizadas mandarían a atacar a otras cuando aún no se cumple el plazo?
―Chica, comprendo tu enojo, pero debes entender cómo es el negocio, mira, podemos llegar a un acuerdo en que…―Haruki apretó, acallándolo tal como si le diese un puñetazo en la boca. La sensación era desagradable e incómoda, apretaba lo más posible que el pantalón del sujeto se lo permitía y hasta se le cruzó por la mente el pensamiento si lo que tocaba era realmente sus testículos. Eran dos pequeñas pelotas que fácilmente se le podían escurrir si no las tomaba firmemente.
― ¿Qué te parece este acuerdo? Te dejo la mitad de tu maldito dinero y en un mes te traigo el resto, yo, personalmente. No enviaras a ninguno de tus lerdos y no me cobrarás más de lo acordado. Ese será el trato―dijo en tono autoritario. Pero Kato no era de los hombre que les gustaba que le tocara las pelotas, tenía hombres, tenía armas, dinero, poder. Ninguna chica huérfana de padre y casi madre vendría a darle órdenes.
―Escúchame niña, no sabes con quien te estás metiendo, no vendrás aquí ¡a darme órdenes a mí, yo te saqué de la calle y si quiero te puedo poner a ti y a todos tus mocosos a trabajar en la misma! ¡Y no podrás hacer nada!―le gritó en su cara, escupiendo al hablar y resoplando. Para su satisfacción esta lo soltó, dando un paso atrás. El corpulento hombre sonrió complacido y malicioso. Arregló sus ropas sonriendo perversamente, mirando a Isuke quien hacia el papel de espectadora de dos fuerzas diferentes en un enfrentamiento de poder. ―Y a tu amiga le esperará la misma suerte, sino es que tus compañeros la rompen primero―relamió sus asquerosos labios viéndola insinuante de arriba abajo. La peli-rosa no cabía en su desconcierto y amartilló la pistola frunciendo las cejas. No aceptaría la derrota de Haruki, ese hombre jugaba de lo más sucio al meter también a sus hermanos.
Pero no era su derrota, su puño impactó con toda la fuerza de su músculo y el peso de su cuerpo contra la rechoncha mejilla de Kato, quien tambaleante y aturdido no pudo mantenerse firme ante el golpe y calló. Más el ataque no paró allí. Haruki se abalanzó como una fiera sobre él, una mano lo sacudía de la camisa y la otra apuraba a desenvolver aquella arma tan fina como el hilo de una araña e igual de letal que su piquete, pronto su cuello de cerdo estaba en el medio; lo jalaba con afán para que se pusiera de pie y cuando el hombre se erguía tambaleante ella lo volvía a golpear, luchaba por no caer y apretar más la fina cuerda de piano. Tomándolo por las solapas lo arrojó contra su escritorio, el hilo le quemó al rozarle, los papeles volaron y ella se colocó frente a su rostro, jalando los hilos, obligándolo a rasguñarse la piel buscando el hilo. Los ojos de Haruki ardían como si el infierno se escondiese detrás de sus pupilas, llamas ambarinas que prometían oro fundido donde nadar y ahogarse.
― ¡A mí me puedes hacer lo que quieras, mandar a tus perros, hacer que me ensucie las manos con tus trabajos, pero ni a mis hermanos ni a Isuke los tocas! ¡A nadie de ellos, Kato!―zarandeó al asustado hombre, su rostro comenzaba a presentar una tonalidad azulina y su lengua se asomaba por los labios cual caricatura mórbida, se sentía estallar, su cerebro reventar y escurrírsele por las orejas y la nariz, los ojos saliendo de sus orbitas y el boqueando en búsqueda infructuosa de aire― ¡A ninguno de ellos, Kato! ¡Tócales un solo cabello, oscuro o rosa, y más te vale que te escondas bajó la piedra más apartada de Japón porque no quedará nada de ti! ¿¡Me oyes!?
Haruki estaba sobre él, invadiendo su espacio personal y marcando el poder que podía tener en su persona, por sí misma era un arma igual de mortal que una pistola y siempre había estado cargada, a la espera de un pequeño empujón que la detonara. Esperando porque Kato apretar el gatillo. Incitándolo a disparar y ver quién perdía más. Lo soltó, Kato se escurrió hasta el suelo sin fuerzas en los brazos para no quedar tendido, jadeaba igual que un perro apaleado, expulsaba saliva.
―S-sí, Haruki―su mano levantada, pidiendo piedad, temblaba. Esa chica era otra completamente diferente a la perdida pelirroja que alguna vez busco trabajo con él. Una chica fuerte e imponente y eso pudo notarlo Isuke. Esa chica siempre le sonreía complaciente con sus injustos caprichos, suspiraba con resignación sin perder la sonrisa como si fuese incapaz de negarle algo, atendía sus necesidades con paciencia. Era consciente de su fuerza y habilidad para pelear, sabía de su motor para seguir adelante, pero no la había visto así nunca, no había visto la firmeza de su carácter, el brío con que no se dejaba amedrentar. Había vivido en la incrédula idea de que la pelirroja era incapaz de gruñir, la idea que pudiese hacer algo más que sonreír no se cruzaba por su cabeza. Defendía a sus hermanos con uñas y dientes. También a ella.
Sentía como si hubiese estado abusando de lo que parecía un manso cachorro, que a la primera de amenaza había saltado cual tigre rugiente. Verla en aquella faceta coloreo sus mejillas. Cuanta fuerza, fuegos imponentes que podían arrasar con todo.
―Volveré tan pronto tenga tú dinero ―le arrojó a la cara unos billetes, que se humedecieron al tocar la saliva y el sudor del hombre―. Pero te meteré una bala por el culo si llego a verte a ti o a tus hombres cerca de los míos ―dijo. Volteó un par de segundos a la puerta y en un movimiento no visto rotó sobre sus pies y golpeó al hombre en el suelo que cayó inconsciente, sus ropas estaban manchadas de sangre y sudor, sucio por el polvo en el suelo y rasgado en varias secciones. Tomó la mano de la peli-rosa y volvieron a recorrer esos pasillos de Sodoma a zancadas apuradas, sentían cada mirada en ellas y esperaban que se les echaran encima, cruzaron el pasillo en cuestión de parpadeos hasta la puerta de entrada y salieron al frescor de la noche, libres de aquella atmosfera que enfermaba sus mentes y cuerpos. La noche era muy hermosa para quedarse allí dentro y el peso sobre sus hombros se había ido. Así debía sentirse la libertad bajo las alas de los pájaros enjaulados al realzar al cielo.
Un sentimiento de frio frescor de la noche les envolvió y lo único cálido eran sus manos entrelazadas aún al cruzar aquel umbral.
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― ¿Estás segura de dejarlo aquí? ¿No sería mejor dejarlo en las vías de un tren?―pregunto Haruki. Ambas dejaron las ventanas abajo al salir del auto estacionado frente un extintor.
―Has visto muchas películas ¿verdad? Isuke duda que lo reporten como robado ―le puso alarma al auto y tiró las llaves al asiento del conductor.
Estaban en el parque cerca de la casa Sagae. Las farolas atraían a los mosquitos y con el reloj puesto en el centro del parque marcando las once y treinta, el lugar era casi todo suyo. Tan agradable con la brisa nocturna despeinándolas un poco y el silencio especial que sólo la ausencia a aquella hora otorgaba.
―Entonces creo que desde aquí caminamos―su mirada estaba perdida en el suelo, las manos metidas en los bolsillos de la sudadera y pateaba pequeñas piedritas al andar. Su acompañante peli-rosa no entendía su forma de comportarse, esperaba que fuese tan enérgica como siempre y escupiera la primera tontería que pasara por su cabeza respecto a la visita de hace unos minutos. Algo más sobre el auto o la forma en que entraron a ese triste lugar.
―Lo hiciste bien frente a ese tipo ―un elogio era una de las últimas cosas que se esperaría que salieras de la boca de Inukai Isuke, pero la sorpresa no parecía llegar a Haruki, esta mantenía la cabeza gacha―. Isuke se preocupó cuando lo soltaste, tenías la cabeza abajo y parecía que tu valor había escapado pero tomaste a ese hombre desprevenido y le diste lo que merecía―Haruki la miró sonriendo al recordar la escena, las palabras de Kato era una verdadera amenaza pero las suyas no eran bromas de niños―, fue asombroso…y a Isuke le gustó lo que vio… ―dijo en un quedo susurro que no alcanzó a oír la pelirroja, apreciar esa cara, aquello que se escondía bajo sus simpatías le hacía querer ver más facetas que la hicieran sonrojar. Haruki la miró confusa.
― ¿Qué fue lo último que dijiste? Perdón, no escuché bien.
―Que al fin demostraste que tienes dientes, perro~3―apresuró a usar una máscara que escondiese la verdadera naturaleza de sus palabras, una máscara fatua.
―Je, pues gracias creo, pero no estoy tan segura de sí lo hice bien ―detuvieron su andar a casa, el césped y arboleda que les rodeaba se veían tan relajantes y ofrecían un ambiente tan íntimo que negarse a caminar por entre su tenue luz era casi imposible―. Kato es rencoroso, en cuanto las vea de ganar no dudará en hacernos daño. Y luego de la vergüenza que pasó, no sé si podrá más el miedo o su indignación ―pateó una piedra que se perdió en la oscuridad de un árbol, las rodeaban las sombras y casi podían sentirse perdidas en un bosque, donde nadie les viera o escuchara. La voz de Haruki denotaba desanimo, también sus hombros caídos.
La preocupación también tomó lugar en Isuke, pero no por los movimientos futuros de aquel hombre o el repercutir de sus actos. Conocía a los hombres como él y sus ojos delataban verdadero miedo, no haría nada por varios días. A Isuke le preocupaba que los temores hirieran la mente de Haruki, dejando una cicatriz imborrable, y aquello no le agradaba para nada. Prefería a la pelirroja importunando a su alrededor con su ruidosa voz que la chica retraída que andaba a su lado sin decir palabra con nada de presencia propia.
―Bueno, pues si ese perro sarnoso vuelve a molestar, Isuke no se tentará la conciencia al disparar~3―dijo obstinada. Sus palabras causaron el efecto buscado, Haruki rio animada.
―Ah ¿Tú tienes conciencia?
―Claro que tengo, desde que Isuke vive contigo te has vuelto mi molestia conciencia~3
―Oh basta de halagos, harás que me sonroje―. Volvió la vista al frente ahora con una sonrisa complacida. Para Isuke eso era suficiente, hacer que esa pelirroja volviese a su estado de ánimo natural era ganancia. El paseo por el parque era perfecto para ellas, la cálida pero fresca brisa nocturna, la quietud de esa noche con cielo estrellado, la luminiscencia de las farolas perdidas entre árboles dando ambiente de media penumbra. Todo era idílico para jugueteos felinos de cierta peli-rosa. En su caminata tenían cuidado por los rociadores de césped, estos podían tirar mucha agua a gran altura y distancia. Isuke sonrió con malicia, cuando dos personas caminan juntas, inconscientemente una sigue a la otra y viceversa. Por tanto no es difícil llevar a alguien distraído de izquierda a derecha. Isuke iba a mano derecha de Haruki, caminó un poco en la misma dirección y guiada por un cable invisible la distancia entre ellas no disminuyo ni aumento; así se fueron acercando al punto de colisión en que el rociador, girando en dirección a las manecillas del reloj, llovería sobre ellas.
Para cuando Haruki notó aquello, el delgado cuerpo de la peli-rosa se encontraba tras el resguardo del suyo, sus brazos sujetos firmemente a los costados y todo su cuerpo dándole cara al chorro de agua, usándose de escudo personal. Se bañó por completo, posicionada perfectamente para que el agua le empapara el cabello, cara y más abajo.
― ¡No! ¡Oye, no! ¡Isuke, eso es trampa!― ni siquiera intento zafarse o forcejear para no mojarse. Dejó de lloverle y Haruki, chorreando por su cabello, cara y hasta barbilla.
―Ja ja ja ja pareces un perro mojada―Isuke sostuvo sus estómago por el ascenso incontrolable de risas―, no puedo creer que hayas caído. Ja ja ja ja
― ¿Ah sí? Pues reo ahora le toca al gato bañarse―sabiendo lo que le esperaba, Isuke alzó la guardia, incapaz aún de detener las risas, daba pasos atrás y con la mano extendida adelante para que la pelirroja no la agarrase―. Te irá peor.
Corrían entre los rociadores, evitando los distintos chorros de agua y charcos que se hacían en los agujeros en la tierra. Haruki trataba de atrapar a Isuke, pero esta se escurría de manera maestral entre los arbustos y arcos de agua. Incluso llegó a mojarse más aún por seguirla y a su risa burlona y divertida.
Sin embargo, sus manos lograron asir la cintura de la chica que intentaba escapar de ella. Con el brazo rodeo su estómago plano y sujetando su muñeca jaló de la peli-rosa en contra de gritos, movimientos y amenazas, sin excluir las risas de ambas. Por la tarde se habían visto envueltas de diferentes situaciones: pruebas físicas extenuantes, peleas desventajosas, abandonar la comodidad y seguridad del hogar para internarse en tierras hostiles y a la noche jugueteando en el parque, jugando con agua igual a adolecentes infantiles, tal si el estrés y preocupaciones no existieran en su mente por el efímero instante que compartían sus tonterías.
Haruki sonreía para sus hermanos, para que estos no se preocuparan de más y pudiesen ser optimistas con las pruebas que vinieran. Haruki sonreía para darles fuerza a sus hermanos. Ella se había convertido en el faro de luz que los guiaba a través de la tormenta hasta tierra firme. Pero todo el sufrimiento y dolor deben ir a algún lado, y el pesar que no cargaban sus corazones jóvenes lo cargaba su hermana, su sonrisa valía el doble pues también era mascara de sus tristezas.
Las personas aprenden a sonreír genuinamente y reír de alegría desde pequeños, es la infancia cuando la calidez del corazón se enciende por el amor que se recibe. Isuke no contaba con una verdadera sonrisa, adornaba sus gestos con sorna, burla, crueldad y orgullo. Su llama cálida estaba rodeada de hielo, más frio que el suelo donde durmió alguna vez, el aire congelado que entraba por debajo de la puerta y la comida que a veces había en su plato.
Pero allí, donde jugaban juntas, todos sus impedimentos y barreras, máscaras y no saberes, el peso en su interior se hacía menos y disfrutaban genuinamente. No tenían idea de lo que cargaban encima hasta sentir aligerarse la carga con abrazos y carcajadas, jugueteos tontos que no conocían de sí mismas. Haruki logró cargar a Isuke en brazos y corría con ella entre los aspersores; sudaban y escurrían agua. Cuando tuvieron suficiente y su cuerpo se cansó, esta tomó rumbo a una banca cercana. Más nunca se debe abusar dela suerte y hasta los mejores hechizos se pierden. Haruki sintió el peso extra en su cuello y por poco cae de cara al suelo de no meter las manos. En un movimiento injusto Isuke se las había ingeniado para zafarse de la chica, desbalanceándola y casi hacerla caer.
―No necesitabas ser tan brusca―limpio el barro de sus manos en el pantalón.
― ¿Qué esperabas, baka? Isuke no iba a dejar que la tocaras con tus sucias manos, necesitas un baño.
―Jeje, te quejas de mí pero la princesita no está impecable―. Era correcto. Estaba completamente sudada, y de alguna forma la tierra había alcanzado a mancharla.
―Ugh vámonos, Isuke está cansada y quiere un baño―empieza el camino a casa. La luna parecía seguirlas por el sendero sin árboles.
―Isuke-sama, gracias por ayudarme, creo que no lo hubiera logrado sin ti. Fuiste de mucha ayuda y… fue una grata sorpresa, no tenías obligación de hacerlo―dijo sonriente, con la vista tranquila a lo lejos. La peli-rosa no perdía detalle de su mirada y perfil, la manera de verla había cambiado―y también por lo de ahora, todo fue muy divertido.
― ¿Qué otra cosa podía hacer Isuke, baka? La única cosa peor que un perro enérgico es uno que anda con la cola entre las patas~3
La lengua húmeda y el aliento a chocolate golpearon su nariz y mejilla antes que un susurro.
―Pues gracias, ama―y después el sonar de pasos rápidos en una carrera a casa y el sentimiento de libertad con la amenaza de un buen golpe si la alcanzaban. Aquello era una de las mejores noches hasta ahora.
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Todos dormían a aquella hora, abrieron con sumo cuidado la puerta para no hacer ruido innecesario, esta rechinaba y se trababa luego de los golpes de aquella media tarde. Saburo no dormía en el mueble como de costumbre, pero a ninguna sorprendió. Isuke se apuntó el primer baño y Haruki fue al cuarto de sus hermanos, quería comprobar que todo estuviera bien. La puerta se abrió sin delatar su presencia, casi todos allí dormían pasivamente.
Los hermanos compartían cercanía en el modesto lecho, casi todos se abrazaban en las camas y los gemelos habían decidido dormir en una sola hamaca. Su hermano estaba sentado a un costado de la puerta. Hacía guardia de todos y acariciaba el cabello de Yuki. Volteó a verla cuando percibió su mirada.
―Volvieron―susurro, levantándose. Su cara seguía amoratada pero no parecía que llegase a empeorar y su labio cicatrizaría en poco tiempo.
―Sí, ¿todo en orden?―entró cuidando no pisar alguna mano o pie.
―Fuyuka tuvo que contarles una historia para que durmieran―refiriéndose a los más pequeños.
― ¿La del dios envidioso?
―Es su favorita, oka-san se las contaba hasta que se dormían. ¿Cómo les fue? Tardaron.
―Nos fue bien, papeleo y eso, declaraciones. Cosa de nada―dijo descaradamente.
― ¿Cómo es que llegaron? No creo que los cargaran hasta la comisaría.
―Siempre has sido un chico listo―Haruki descendió y se puso en cuclillas para poder hablar más bajo, velando el sueño de sus hermanitas ―. Pero eso no tiene nada que ver. Apuesto a que escuchaste el motor antes de que partiera.
El chico asintió.
―Eso creí.
―No es como si pudiéramos quedarnos con el auto. Probablemente sea robado y dentro habrán pasado todo tipo de cosas―acarició los cabellos castaños de su hermana, ¿qué estaría soñando?
―Cierto, pero no lo decía por eso. Hmmmm…ahora me estoy cuestionando todo.
―Je, tu mente te está jugando una mala pasada. Pensar en exceso no ayuda en nada a dormir―arropo bien a sus dos hermanas para que no pasaran frio.
―Tu eres la que me jugó una mala pasada ―dijo en tono acusador―. A mí y a ellos.
―Shhh baja la voz por favor ―su hermano la tomó de la muñeca y le jaló fuera de la habitación.
―Entonces deja de ocultar la verdad. Háblame como debes hacerlo, de igual a igual.
Caminan hasta la sala donde ambos toman asiento. La luz de la cocina estaba encendida, pero en la sala reinaba la penumbra.
―Es lo que siempre hago, hermano.
―No, no lo haces, estoy seguro que no fuiste con Isuke-sama a ninguna comisaría, estarían aquí hombres uniformados. Y todavía no me dices de dónde conoces a esos hombres.
―Les dije que no quería a nadie en casa.
― ¿Y ellos te harían caso? ¿Te dan algún trato especial? No lo creo, Haruki-nee-san, deja de mentirme, ¿por qué conoces a esos hombres? ¿Son ellos los que te han dado dinero todo este tiempo? ¡¿Y qué has hecho para ganarlo?! ―en un arranque se había levantado, apretaba los puños en un intento de no sentirse impotente ante su hermana, sabía que ella velaba por ellos pero el verse ahora dañados por personas, con las que quizás ella tuvo interacción, era algo que no lo podía dejar ir sin respuestas―. No puedo confiar más en ti si no eres sincera conmigo. Quiero escuchar todo lo que puedas decirme.
―Saburo ―alzó la vista, mirándolo directo a los ojos sin velo, nada cubría los secretos que reflejaban sus ojos, las cosas hechas y no hechas en el pasado, lo que se vio obligada a hacer para asegurar el alimento en las bocas de todos ellos, todo en sus pupilas dilatadas viendo a los café oscuro de su medio-hermano menor―. ¿En serio quieres escuchar algo que no quieres saber?
Esos ojos lo amedrentaron, había muchas cosas que el desconocía por completo, pero el ansia de respuestas era mayor al poco temple de su corazón.
― ¡Sí, sí quiero saberlo, quiero saber qué has hecho para que llegasen a la puerta de nuestra casa! ¡Quiero saber la razón por la que Isuke-sama tuvo que lastimarse por protegernos, algo que no pudiste hacer!
― ¡Más cuidado con lo que dices, u olvidaré que estás lastimado! ―también ella se puso de pie, era una cabeza más alta que su hermano, pero él quería que lo hablara de igual a igual―. Todo cuanto eh hecho ha sido por ustedes, por su bien. Las decisiones que tuve que hacer y las cosas a las que me vi forzada a mover la mano fueron impulsadas por ustedes, por el amor que les tengo y mi responsabilidad de cuidarlos y ver que nada les falte. Yo les amo y si eso no es suficiente respuesta, no sé qué lo será.
― ¡No, no es suficiente respuesta! No me basta, esos hombres eran malos ¿¡qué tienes que ver con ellos!? ¿¡A dónde fuiste realmente!?
― ¡Esos hombres son criminales y fui a asegurarme que nunca más los volviesen a tocar, a ni uno solo de ustedes! ―esas palabras empujaron a Saburo, dio un par de pasos atrás, el sentimiento que lo empujaba se esfumó y quedo él dando significado a las palabras de su hermana. Hacía tiempo que sospechaba aquello, pero no había querido darle razón a esa voz que le gritaba las respuestas en la cabeza. Haruki intentó tocarlo del hombro pero este se apartó.
―Tu hermana tuvo que hacer lo necesario por ustedes ―ambos voltearon a la chica dueña de esa voz. Isuke tenía en manos un plato con un par de sándwiches. Dejó en la mesa el plato y se acercó a Saburo con uno en la mano, se diferenciaba del otro pues estaba tostado, tal como al chico le gustaba―. Cuando quieres a alguien, no te interesa lo que tengas que hacer por su bien, la culpa y remordimiento quedan infravaloradas frente al bien que haces por esa persona ―el chico dio una mordida que supo a gloria, no tenía idea del hambre que lo dominaba hasta sentir su boca hacer agua al dar aquella mordida. Miró la mordida con el ceño fruncido, comprendiendo a medias todo lo que había escuchado de su hermana y de Isuke; esta acariciaba sus cabellos pero él estaba muy distraído e ensimismado para notarlo―. No puedes juzgar los actos cometidos por amor, pues no sabes lo que tú harías en las mismas condiciones.
―Sabu-kun, sé que he hecho cosas de las que es fácil avergonzarse, de estar en la misma situación, volvería a dar esos pasos. Solo que esta vez con mucho más cuidado. Sería la única cosa que cambiaría.
El chico agachó la cabeza, Isuke dio un apretón a su hombro en señal de apoyo y se encerró en el cuarto, dejándolos solos una vez más. Ayudó en lo que podía.
―Pero…es que no pudiste encontrar otra forma―no sabía que había hecho, pero su imaginación bastaba para apuntarle crímenes―, alguna otra solución.
―Perdón, Sabu-kun―tomó a su hermano en un abrazo―, estoy segura que si hubieses sido tu hubieras encontrado otra solución, pero no vi otra salida.
―No, no te disculpes, hiciste lo que creías que era lo mejor, yo quizás hubiera fallado. Perdón. No debí hablarte así.
―Ya está bien. Todo está en orden. Te prometo que a partir de ahora hablaré de absolutamente todo contigo―el chico asintió, más aliviado―ahora vete a acostar, yo necesito un baño, je y comerme esto―vio a su hermana darle una mordida al tentempié que la chica había preparado. Isuke se estaba convirtiendo en alguien importante en la vida de su familia.
~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~3~
―Es un poco difícil para mí decir esto, pero muchas gracias, Isuke-sama, de no ser por usted yo no hubiera podido contra esos hombres. Mucho menos mis hermanos. Nos protegió, cosa que yo no pude hacer―vendaba con una nueva gasa la herida vertical, se veía mejor pero no podía asegurar que no quedaría alguna cicatriz. El tacto con la piel lechosa de su mano era agradable entre las suyas, fría y suave. Allí comprendió el término "piel de porcelana."
―Hablas con verdad. Fuiste orgullo de tu hermana mayor al defender a tus hermanos y hermanas~3 ―su lengua acariciaba cada palabra que salía de su boca―. Pero sigues siendo un cachorro que actuó como hombre, valiente pero aun así muy débil para plantearles cara a esos estúpidos~3 ―con el dedo índice dio un pequeño toque en la nariz del niño joven, a la vez que le regalaba una genuina pero pequeña sonrisa.
Sintió su cara arder, sus orejas calientes y vapor imaginario emanando de sus carrillos. Sintiéndose cohibido con el casi inexistente toque. Quizá para la peli-rosa era un mero lobato al que aún empezaban a crecerle los colmillos. Pero a él se le aceleraba el corazón y este salía volando atravesando su pecho.
―Oh, Sabu-kun, pensé que ya estabas durmiendo ―dijo su hermana mayor recién saliendo del baño, tomó un alfiler y reventó su burbuja idílica.
―Sólo vine a decirle buenas noches a Isuke-sama ―trató de justificarse lo más pronto posible. Su hermana asintió pero no le prestaba verdadera atención, tecleaba en su celular y Saburo regresó la vista a Isuke―. Bueno, una vez más gracias y espero que tenga dulces sueños, que descanse ―inclinó un poco la cabeza y salió de la habitación. Siempre le deseaba buenas noches a la chica 5 años mayor que él, con esas exclusivas palabras cargadas del mismo sentimiento puro de un primer amor. Un gusto que ojalá durase por mucho tiempo.
―Ese cachorro se está volviendo un hombre, un par de años más y te quitara el puesto frente la familia~3
―Um ¿sí? ―su completa atención estaba fijada en la pantalla del sencillo móvil.
― ¿Qué se supone que haces? ¿Estás escuchando a Isuke? ―el teléfono comenzó a sonar, el tonito tan conocido se veía fuera de lugar a aquella hora de la noche; en la mente de Isuke el único uso verdadero del aparato era de despertador y contadas ocasiones para hablar con su madre. ¿Sería él quien llamaba?
―Ah…un momento Isuke-sama ¿Hola? ―se levantó y fue hasta la esquina del cuarto; su voz dudaba pero se escuchaba a la vez alegre. No podía escuchar toda la conversación a detalle, pero por el tono y ademanes, caminar en círculos y esa estúpida sonrisa, debía ser amena―. Je, no te preocupes, Omuro-san, yo estoy bien. Mejor dicho ¿cómo estás tú? No te hicieron nada ¿verdad? ― ¿por qué usaba ese insoportable tonito de preocupación? A Isuke se le erizó una cola imaginaria de sólo ver a la pelirroja jugar con su cabello mientras escuchaba con una sonrisa en el rostro ¿qué pasaba allí?―. No sabes cuánto me alivia escuchar eso…sí, sí, no hay problema, raro sería que fueras luego de lo que pasó…pero aun así será una lástima, todo el día será muy aburrido sin ti ―escuchar eso la hizo enojar, ¿aburrido el día? ¿La estaba dejando a menos?―. Pues el jueves me parece perfecto…a esa hora está muy bien, puedo ir a casa y volver a la empresa antes que salgas y te paso a buscar ―la sensación del "vuelco al corazón" es ajena para la mayoría de las personas. No conocen la sensación, sólo la imaginan, escuchan de ella y su descripción, pero en el momento en que lo experimentan, no les cabe la menor duda de lo que es. Isuke no sintió un vuelco sólo al corazón, también en el estómago y sus manos se calentaron de pronto―. Bueno, que descanses y gracias por llamar…jejeje no de verdad, no me pasó nada. Hasta pronto.
Colgó la llamada y dejó el celular en la modesta mesa de su habitación, lo conectó y programó la alarma. Ajustó el pobre y desvencijado ventilador, chillaba dos o tres veces como animal sufriendo y había de darle un par de golpes para que dejase su estado moribundo y volviera al ritmo. Con esto hecho y con una buena brisa, Haruki se dirigió gustosa a su lugar designado, como cada noche sin falta, pero la mirada seria de la peli-rosa rompió en su tranquila rutina, clavándola en donde estaba parada.
―Am ¿pasa algo malo? ―preguntó con la mano en la lámpara de noche.
― ¿Con quién hablabas?
Las razones por las que alguien preguntaría algo como eso, en su mayoría, y dependiendo de la situación, sería por celos. Pero al ser Inukai Isuke de quien se hablaba, esa posibilidad estaba a años luz de ser correcta, o era ese el criterio de Haruki. De las pocas veces que la había visto hablar por celular, muchas de ellas eran con su "madre", por lo que sumando uno más uno daba la respuesta.
―Oh, no era tu madre, Isuke-sama.
Pasaron 90 segundos completos sin que dijeran palabra.
― Entonces ¿Quién demonios era?
Una variante nueva y extraña, un principio característico del demonio rosa era un escaso interés por su vida privada; sumado a que pocas cosas llamaban su atención: a había visto ignorar por completo una película a todo volumen mientras jugaba con su celular o leía mensajes viejos. No estaba muy segura de eso, ni del porqué de su actuar.
― ¿Por qué lo preguntas?
― ¿Quién es tan importante que el día entero te parecerá aburrido? ― "Aún con Isuke aquí".
―Ohhhh era una chica de la empresa, me llamó para disculparse porque le dieron 3 días de descanso y yo la había invitado a cenar.
―Es el colmo.
Su respuesta desconcertó a Haruki.
― ¿A qué te refieres?
―Te quejas de que no hay dinero, de que todo está contado y predestinado para algún gasto y no podemos desperdiciar dinero. Pero no sientes reparo en ir y gastar dinero con una desconocida que sólo te busca por eso, por dinero.
Aquello último le pareció fuera de lugar y completamente injustificado, pero respondió de cualquier manera.
―En ocasiones merezco darme un lujo ¿no?
―No si se trata de algo tan frívolo como eso―respondió cruzada de brazos.
―Claro, lo dices porque tú conoces perfecto las cosas frívolas.
― ¿Dijiste algo? ―preguntó en tono amenazante. Miraba directamente a Haruki con una fina línea enarcada sobre su ojo derecho. Era increíble la habilidad que tenía esa chica para controlar sus expresiones, podía enarcar las cejas a gusto, subirlas y bajarlas por separado. La pelirroja sospechaba que esa facilidad para el drama y control facial era producto de una carrera en el teatro. Quizás hasta supiese enrojecer sus mejillas a voluntad. Pero era algo exagerado. Sagae retrocedió un paso con preocupación y eso bastó para que la agresión disminuyera―. Eso creyó Isuke. Además ―añadió― Isuke está segura que el resto no estará de acuerdo~3
― ¿El resto? ¿Qué quieres decir?
―A tus pobres hermanitos~3 A los que dejas solos nuevamente para salir a divertirte ―se dio cuenta que tenía razón. Le golpeó justo donde debía. Ni Guillermo Tell hubiera encajado con tal precisión una flecha en el corazón de una manzana, como ella había incrustado ese aparentemente inocente cometario. No era posible. No tan pronto. Hacía apenas unas horas habían pasado por un evento traumático. Y habían tenido que superarlo solos. No aceptarían ni la mención de salir a divertirse―. Me alegra que comprendas~3
Isuke alargó el brazo y apagó la lámpara de noche, sin darle oportunidad a Haruki de acostarse. Se quedó ahí, de pie, mirando a la oscuridad que hasta hace poco tenía una forma voluptuosa color chicle. Se mantuvo unos momentos parada, pensando, meditando acerca del asunto. Pero no duró mucho, se vio incapaz de permanecer ahí por mucho tiempo sin acostarse en la oscuridad para brindarle un abrazo relajado y cómodo donde la peli-rosa pudiese acurrucarse; relajarse en compañía desconocida para ella al apagarse la luz, donde los malos tratos y voces orgullosas se acallaban ante el retumbar de cada latido. Los notaba tan claro a veces, tan ruidosos que había noches que no la dejaba dormir.
DamyD: *enciende la cámara. Grabamos esto en punto de las 12:35 de la noche, pero es probable que se suba a eso de la una o una y media. Mucho tiempo sin pasearse, ¿cómo han estado? ¿Cómo los trata la vida?
Alex: Alguien más se siente ya perdido en los primeros días de universidad? O la escuela a la que asistan. Descuiden. Es completamente normal.
DamyD: No es verdad.
Alex: Yo digo que sí. Me suele pasar. Pero depende de la perspectiva. No crees?
DamyD: Bueno eso supongo. De cualquier forma, ánimo con la escuela, tengan siempre en mente "El logro adquirido es proporcional al sacrificio y esfuerzo demostrado" en otras palabras, estudien mucho para ser asquerosamente ricos.
Alex: Solo piensas en dinero Damy. Donde quedaron los principios y el amor al trabajo? La calidad que profesan personad como Alex Hirsch. Where?!
DamyD: Enterrados bajo tierra como él lo estará algún día *sonríe con inocencia. Además de dónde hablas tú de eso? Si ni trabajas ni tienes los principios y amor al trabajo. Vago. Pero bueno, dejemos esas ideas de lado; lo siento por no subir capitulo a la brevedad posible. Unos trabajitos me tenían ocupada y aún le faltaban correcciones, pero aquí está, como pan caliente lueguito del horno, agradezco sus comentarios, en especial de esas personas que se toman un tiempo para dejar un mensaje, yo sé quién se dará por aludido. Pues espero disfrutaran y regalen un comentario, nada mantiene más vivo el espíritu que el trabajo reconocido.
Ah y para que vean que no somos malos, un regalito. ;)
Omake
El frescor de la noche invadió sus sentidos, acariciando con la fineza de un buen amante la piel expuesta y sudada luego de intercambiar el libido; no eran perseguidas pero al correr sin mirar atrás se experimenta la sensación de que hay una bestia a tus espaldas intentando morderte los talones, hacerte caer y saltar a tu espalda para arrancarte la carne de los huesos. Ya sentían los colmillos hundirse en su carne, caer y la mano que sostenían sufriría de un jalón repentino; llegaron doblando la esquina, Haruki saltó la cerca de un viejo terreno baldío, en lugar de esperar que Isuke abriera la puerta. Calló doblando una rodilla, hizo amago de levantarse y seguir corriendo hasta el auto, una zancadilla detuvo su avance.
―Ya tranquilo, perro, que los casacas no vienes tras nosotras~3 ―dijo viendo por sobre el hombro la esquina que dejaron atrás. Ningún hombre corriendo o buscando en los alrededores―. Si no quieres ser foco de cualquier transeúnte responsable que llama a la policía, camina tranquila hasta el auto.
―Ok, ok, pero pudiste ser más amable―se quitó la tierra de las rodillas. El auto estaba estacionado entre un par de autos mucho más modernos y nuevos, al otro lado del pequeño terreno, desentonaba pero no era foco de atención de algún ladrón en aquellos barrios de mala muerte. ―Oye, ¿puedo preguntarte algo?
―Son naturales―respondió inmediatamente, con un pequeño dejo de enojo.
―Jajaja, eso creo yo también, pero iba a preguntar si… ¿puedo conducir? ―juntó sus dedos con premura.
Isuke la miró por prolongado momento al caminar; ya cerca del vehículo le tendió las llaves
―No nos mates~3
―Oh ¡perfecto! ―exclamó al tomar las llaves, abrió la puerta y entró con entusiasmo.
―Nadie te había dado un auto, ¿no? ―dijo apenas entró, la peli-rosa abrochó el cinturón grasiento y sucio, sin molestarse en ocultar su cara de asco.
―La verdad, sí. Mi familia nunca tuvo auto, pero no debe ser muy difícil ¿o sí?
―Bueno ―suspiró―ya veremos que tal sale. Enciende el auto ―Haruki metió la llave y giró como había visto en películas, pero el auto no encendió―tienes que pisar el embrague para que encienda.
― ¿Qué es el embrague? ―la emoción inicial fue dejándole paso a los nervios que se instalaron en su estómago.
―Ugh, a ver ―se apoyó en el hombro de la pelirroja y señalo al suelo―ese de tu derecha es el acelerador, el de en medio el freno y el último se llama embrague, con ese haces los cambios de velocidad.
― ¿Cambios de velocidad?
―No sabes para que sirve.
―No creía que fuera necesario un tercer pedal. Según yo sólo necesitaba adelante y atrás.
― ¿Qué…? Espera ¿nunca habías viajado en auto o qué?
―Lo más cercano que eh estado de eso es el autobús.
―De verdad eres una salvaje ―masajeo su sien izquierda.
― ¡No soy una salvaje! Tengo modales, sé comportarme.
Isuke rio por lo bajo ante la presentación de tales conceptos. Haciendo memoria de los días en la "academia", su compañera era una muchacha joven y tosca, de cabello menudo y rasgos lupinos despiertos. Su cabello, más que una llama ardiendo, era una maraña de pelo rojo mal atado.
―Eres una bruta. Tienes más parecido a un cavernícola que a un hombre moderno.
― ¿De dónde sacas eso?
―De vivir contigo.
―Eso está fuera de lugar ―empezaba a irritarse.
―Bueno, si no puedes manejar un transporte moderno, Isuke no sabe qué pensar~3
―Grrr ¿ME VAS A ENSEÑAR O NO?
―Ya, no actúes como un cachorro, altera el embrague con la llave para que encienda―hizo lo que indicó la peli-rosa, al tercer intento el auto cobró vida.
―Bueno, ahora pon las intermitentes para indicar que vas a salir―ajustó el espejo retrovisor.
―Pero no hay nadie en la calle.
― ¿Quieres hacer las cosas bien, o no?
―Vale, vale, qué carácter ―miró amedrentada la sucesión de botones frente a la palanca, la que tampoco sabía usar ¿para qué esos números y líneas conectadas? Pulsó un botón negro y los faros delanteros y traseros se encendieron.
― ¿Qué haces? Es con la palanca.
― ¿Esta? ―los limpia parabrisas empezaron a moverse y tirar agua en distintas direcciones. Estaban doblados y atrofiados―. Bueno, entonces este.
Se encendió el aire acondicionado. Los conductos, olvidados por el tiempo y los dueños, empezaron a tirar polvo dentro del auto, las chicas empezaron a toser y la serie de eventos que le siguieron sólo podían catalogarse como desafortunados. En medio del aire sucio que expulsaba el auto, apretando botones se activó la radio, las estaciones se cambiaban, el volumen distorsionado. Haruki intentaba bajar los cristales de las ventanas e Isuke volvía a subirlos sin saberlo. Los gritos no faltaban ¿Y cómo no? Si el polvo volaba de un lado a otro cual mini remolino encerrado, encontrando camino a los ojos y la boca. Sus cuerpos rebotaban por los frenos que pisaba Haruki.
Suficiente de aquel chiste, Isuke arrancó la llave del contacto, los faros se apagaron, los vidrios quedaron a mitad de camino y la radio quedó en silencio.
Haruki tomó aire agitada, quitándose el polvo de la boca y la cara.
―Vaya, eso no salió muy bien ¿verdad, Isuke-sama? ¡Ah! ―una cara casi gris, con cabellos rosas deslucidos y opacos con un par de ojos fuegos, era una imagen que fácilmente podía asustar a alguien.
―Baja del auto. AHORA.
No era necesario pedirlo dos veces, en menos tiempo que nada Haruki ya estaba en el asiento del copiloto e Isuke cerraba el auto de un portazo. Se sacudió el cabello y bruscamente dio marcha atrás.
¡CRKASH!
Sus cabezas se balancearon una vez más adelante y escucharon el ruido de pedazos de vidrio caer al suelo. Al salir, Isuke no había tenido cuidado y golpeó los faros traseros con los delanteros de auto de atrás.
Apretaba el volante y los labios. Haruki abrió la boca pero la acalló de inmediato.
― ¡NO digas nada! ―exclamó con los dientes apretados.
¡UIOUUIOUUOIUUOIUUOIU!
Se prendió la alarma del auto trasero. Haruki se carcajeo en medio del acelerón que dio Isuke para salir de allí antes que alguien saliera a ver qué era todo el alboroto. El segundo auto también se encendió cuando golpeo al arrancarse.
Hasta al mejor cazador se le va la liebre.
