14.- La solución está en tus manos
-¡Ya faltan dos días para el baile!- dijo Lavender en cuanto abrió las cortinas de su cama adoselada. Entró al cuarto de baño y junto con Parvati comenzó a cantar una canción y a decidir qué color de maquillaje usaría.
- „Par de tontas"- pensó Hermione mientras cepillaba su cabello.
Ella no tenía ningún plan en específico para el tan mencionado baile; seguramente pasaría la velada con Harry, Ron y algunos otros amigos de Hufflepuff; no lograba entender la preocupación de Lavender y Parvati por detalles tan insignificantes como el atuendo que usarían, el peinado que llevarían y hasta el perfume que se pondrían; ni siquiera cuando fue al baile de cuarto grado con Krum estuvo así. Aunque...
¿Y si Sirius se quedaba durante todo el día después del partido? ¿Le pediría a ella, Hermione Granger, que lo acompañara?
- ¡Ouch!- pisó un zapato que se había quedado botado en medio de la habitación y se torció el pie, saliendo de su ensimismamiento.
Bajó a la sala común y se encontró con sus amigos.
- Buenos días Herm- dijo Harry dándole unas palmaditas en el hombro.
- Hola Harry, hola Ron.
- Hola- dijo Ron- te apuesto 5 galeones a que no pegaste un ojo en toda la noche por estar estudiando para el examen.
Hermione dio un respingo.
-¿Examen?
-¡Claro!- exclamó el pelirrojo- ay mujer, ¿en qué mundo vives?
Hermione soltó una risita nerviosa y tratando de sonar despreocupada dijo:
- ¡Por supuesto tonto! ¿Cómo crees que me iba a olvidar de eso? La verdad no estudié gran cosa y dormí bien. "Bueno"- se dijo para sus adentros- "más o menos bien..."
Ron se tragó el cuento poniendo cara de desilusión, en cambio Harry, discretamente la miró dándole a entender que no le creía. Por fortuna no dijo nada, evitándole más enredos a su amiga.
En cuanto llegaron a la entrada del Gran Comedor, un chico le hizo señas a Hermione para que lo esperara. Harry y Ron se miraron y siguieron su camino.
- Hola- dijo Draco con una alegre sonrisa y un poco de nerviosismo.
- Ah, hola Draco, ¿qué hay?- contestó Hermione pensando rápidamente en alguna excusa para alejar al slytherin. No tenía ganas de hablar con él.
- Oye, ¿estás bien? Desde el martes te veo un poco rara... y siento que tratas de evitarme.
- No, ¿cómo crees? Estoy bien, es sólo que... tengo un examen de Defensa y pues ya sabes... es muy importante.
- ¿Y es hoy?- preguntó Draco haciendo una mueca de desagrado.
- Sí.
- Entonces supongo que no estarás ocupada después de tu ronda de la tarde. Es que me gustaría platicar contigo sobre lo de ayer...
Ambos se pusieron rojos.
- "No por favor, no... eso no..." Lo siento, Draco- tartamudeó Hermione- quedé de acompañar a Harry y Ron a su entrenamiento- era la segunda mentira del día.
- Será rápido- insistió el Slytherin.
- Mejor... yo te busco luego, ¿si?
- ¿Después de pociones?
- Draco... no tengo tiempo, lo siento- dijo Hermione tratando de no sonar descortés- luego hablamos.
El slytherin bajó la mirada.
-"Seguramente pasó algo con ese mugroso lobo"- pensó con rabia- está bien, no hay problema.
Hermione se sintió un poco culpable al ver a Draco alejarse. Sobre todo por lo que había pasado el día anterior: en la clase de pociones le hizo aparecer en su libreta una rosa y luego, después de la clase de Hagrid le había pedido hablar, sólo que ya no se pudo porque Hagrid lo retuvo por haber armado un lío con el trabajo de Neville. Y después de lo de Remus y la tarde que pasó con Sirius... la chica se había olvidado por completo de Draco.
Entró al Gran Comedor y ocupó el asiento que estaba junto a Harry. Ron estaba sumido en su libro de Defensa, junto con Seamus y Dean y por la puerta seguía entrando más gente.
Mientras comía un poco de cereal, Hermione observaba a todos los que llegaban; Lavender y Parvati, Pansy Parkinson y Millicent Bulstrode, Terry Boot, Hannah Abbott, unos chicos de tercer grado, Lupin con la profesora Monaghan (estudios muggles y runas antiguas) tomándolo del brazo, unos niños de primer grado, Hagrid con su abrigo de piel de topo, Ginny Weasley...
Hermione se quedó de piedra al mirar a la pareja de profesores que acababa de llegar... ¡¿cómo podía él hacerle eso? La chica no podía creer que después de que Lupin la abrazó en Hogsmeade, le insinuó que la quería y la besó unos días antes ahora entrara con otra... no podía evitarlo, los celos la estaban invadiendo.
-¡Hermione!- la voz de Harry la bajó de su nube.
-¿Qué pasa?- preguntó ella con un nudo en la garganta.
- ¿Estás bien?- le preguntó su amigo. Hermione dio un trago a su jugo de calabaza para aclararse la garganta y dijo:
- Las sirenas se alimentan básicamente de "algas revitalizantes" e hígado de calamar; la piel de anguila la utilizan para mantener la viscosidad de la suya propia...
-¡Gracias!- dijo Harry- me leíste el pensamiento, eso era lo que te quería preguntar.
Ella sonrió y dijo:
- Ahora vuelvo, se me olvidó algo.
Se levantó y salió rápidamente del comedor. Su respiración estaba un poco entrecortada.
Fue a un pasillo desierto y se recargó en la pared.
- "Cálmate"- dijo una voz dentro de sí mismo- "cálmate, cálmate; no tienes que llorar por él".
Respiró hondo. Lo había logrado, no derramó ni una sola lágrima. No había llorado por causa de él. Regresó al Gran Comedor junto a Harry.
- Acaba de llegar el correo- le dijo el chico enseñándole un sobre- te llegó esto.
- Gracias.
Harry volvió a concentrarse en su desayuno. Hermione miró extrañada el sobre que no tenía remitente.
"Hoy en la tarde iré a Hogwarts, estaré a eso de las seis en el vestíbulo.
Hocicos"
Una involuntaria sonrisa apareció en su rostro. Se guardó la nota en el bolsillo y tomó sus cosas para irse a clase de encantamientos.
Echó una última mirada a la mesa de los profesores. La profesora Monaghan y Lupin también se estaban levantando de sus lugares. Él tomó su maletín junto con el de su acompañante y salieron. Él a esa hora tenía defensa con los de Slytherin.
- Hasta luego, Rita, yo aquí me quedo- dijo él cuando estuvo en un pasillo cercano a su salón.
- Gracias Remus, nos vemos.
Remus le dio sus cosas a la joven profesora y se fue. Llegó al salón y pocos minutos después comenzaron a entrar sus alumnos.
- Buenos días- dijo con su habitual seriedad que adoptaba cuando estaba con los Slytherins de séptimo- abran sus libros en la página 114. Malfoy, comience a leer.
Draco lo miró desafiantemente como acostumbraba y dijo:
-¿Y qué si no quiero?
- 15 puntos menos para su casa. Nott, haga usted el favor si no quiere perder más puntos.
El chico obedeció y Remus se recargó en su escritorio.
- Bien... la maldición que acabamos de ver es más efectiva de noche, sobre todo si el cielo está nublado. Y también tiene dos variaciones; si se la aplican a un hombre, el efecto pasará rápido, no sufrirá tanto, pero tres días después los efectos secundarios (vómito, mareos e incluso alargamiento de la lengua) se harán presentes; y si la aplican a una mujer, puede llegar a hacer cosas involuntariamente y sufrir pérdida de memoria.
La mano de Draco se hallaba en el aire.
- Yo tengo una pregunta profesor- dijo con malicia- ¿alguna vez usted ha usado este hechizo con alguna chica?
Se escucharon unas risas. Lupin, disimulando su molestia, contestó con la misma frialdad:
- Yo no tendría motivos para hacerlo; pero en cambio, creo que usted sí, siendo tan inmaduro como lo es; he observado que usted solamente puede recurrir a las amenazas e insultos para conseguir lo que quiere.. ¿quedó aclarada su duda?- preguntó con una sonrisa burlona.
La cara del chico adquirió un fuerte tono rosado y no volvió a hablar el resto de la clase.
- Una vez más... - dijo el profesor Flitwick- ¡ahora!
Al instante todas las mesas del aula comenzaron a caminar de un lado a otro.
- ¡Muy bien! Pueden irse, de tarea deberán resolver todos los ejercicios de la lección 15...
Harry, Ron y Hermione salieron del salón cuando sonó la campana.
- Y ahora... toca el examen- dijo Ron.
-"¡Noo! ¿qué hago? Lo tendré que ver" - pensó Hermione- "piensa, piensa... no puedes verlo..." Eh.. chicos, adelántense, yo tengo que ir... al baño.
- Pero...
- ¡Vayan ustedes!- repitió la chica; no quería dar explicaciones de nada, simplemente no quería ir y verlo.
- Vamos- dijo Harry jalando a Ron por la túnica.
Ron dudó un momento, algo le decía que su amiga no iría al examen... después de la discusión que tuvo el otro día con Remus en el pasillo, al final desistió y caminó con Harry por el corredor.
Hermione suspiró aliviada y con algo de impaciencia comenzó a caminar por los pasillos, todo le daba vueltas, todos esos sentimientos mezclados, dolor, rabia, culpa... se sentía como una niña pequeña que lloraba por un amor imposible.
Miró a su alrededor como si sintiese que había alguien que la observaba y leía su pensamiento; una extraña culpabilidad la seguía y la seguía, desesperándola.
¿Qué hacer en ese momento? Iría a su dormitorio, nadie la molestaría ahí. Aunque...
- Mejor iré con la profesora Vector.
Sí, esa era una buena idea: podría recuperar su clase perdida del día anterior y despejarse un poco la mente. Lo que menos necesitaba era pensar en... ¿ellos?
Sacudió la cabeza apartando esos pensamientos y fue en busca de su profesora.
El tiempo pasó rápido en el aula de aritmacia con su profesora, ella le explicó todos los puntos vistos la clase anterior y la ayudó con sus dudas... Hermione estuvo ahí el tiempo de la clase de Defensa, luego decidió que era mejor ir a la torre a pensar bien en cual sería la excusa que daría a sus amigos... lo que nunca pensó fue que se la tendría que dar a otra persona.
- Señorita Granger - esa voz hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo y con nervios e incluso temor de aquella voz ahora tan fría volteó a encarar a su profesor.
Hizo un enorme esfuerzo para no mostrarse intimidada y durificando la expresión de su mirada dijo con tranquilidad:
-¿Qué pasa profesor?
Remus volteó a ambos lados para verificar que el pasillo se encontraba desierto y entonces acercándosele sin disimular el enojo, dijo sujetándola por la muñeca:
-¿Qué diablos sucede contigo? ¡Esto es el colmo!
- ¡Suélteme!- exclamó Hermione tratando de safarse de él.
Remus hizo caso omiso de sus protestas y continuó:
- ¿A caso crees que porque eres prefecta tienes el privilegio de faltar a clases a tu antojo? ¿Por qué no fuiste? ¿A caso no te importa?
Hermione tiró con más fuerza y exclamó:
- ¡Usted no tiene derecho a tratarme así!
- ¡Cállate! ¡No me hables a mí de derechos siendo que eres una chiquilla inmadura!
- ¡Me está faltando el respeto! - exclamó Hermione molesta, entonces la expresión de Remus se calmó un poco y se alejó un poco de ella, la expresión que él tenía en el rostro la asustó.
- Tiene razón - dijo secamente – las cosas de usted no me importan... pero el hecho de que una alumna falte a mi clase sí es algo de mi incumbencia... como usted no respondió a mi pregunta le informo que... está reprobada en el examen de hoy... y no tendrá oportunidad de recuperarse.
Le echó una última mirada y se alejó rápidamente.
-¡Genial!- gritó Hermione con furia - ¡como si su estúpida clase me importara!
Remus la miró ofendido y a la vez dolido. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se alejó lo más rápido que pudo.
Esto era demasiado, no podían continuar así. Él tenía que olvidarla de una vez por todas, como fuera... o con quien fuera...
-"¿A quién quieres engañar?"- le dijo una voz dentro de sí, a la cual ignoró.
-¡Harry! ¡Ron! ¡Espérenme!
Ambos chicos al escuchar sus nombres se dieron la vuelta y esperaron a que su amiga llegara junto a ellos.
- Gracias- dijo la chica. Harry y Ron la miraron con desaprobación- Hey, ¿qué pasa?- preguntó esta al notarlo.
-¿Por qué no fuiste al examen?- le preguntó el pelirrojo. Hermione endureció la expresión de su rostro, tratando de inventar rápidamente una excusa.
- Porque... tuve un problema.
- Entonces últimamente has tenido muchos problemas precisamente a la hora de Defensa, ya que llegas tarde o no asistes- le dijo Harry en tono de reproche. Hermione evitó mirarlo a los ojos y se quedó callada. No podía hablar, simplemente aunque estuviera cansada de mentir tanto, no podía contarles la verdad a sus amigos... no podía...
- No sé qué es lo que te ocurre, Hermione- dijo Ron con seriedad- pero has estado muy extraña. ¿Y sabes qué es lo que nos molesta? Que no nos tengas la confianza suficiente como para contarnos qué es lo que pasa si se supone que somos tus amigos.
Los ojos de Hermione comenzaron a humedecerse. Soltó un sollozo. Harry y Ron se miraron con preocupación y el primero le puso una mano en el hombro.
- Hermi... cuéntanos qué te ocurre- le dijo con suavidad- créeme que haremos todo lo que podamos para ayudarte.
Hermione lo miró con las lágrimas resbalándole por las mejillas. Harry la abrazó y ella dijo con tristeza:
- Lo siento Harry... no puedo.
Ron al verla así se sintió culpable por haberle hablado de la forma en que lo había hecho.
- Está bien- le dijo- no te preocupes... pero por favor ya no llores más. Si no quieres hablar de eso, te comprendemos.
- Gracias...
La chica se secó las lágrimas y junto con sus amigos se dirigió al aula del profesor Binns.
Un perro negro llegó a los terrenos de Hogwarts y se sentó cerca de un árbol que parecía que tenía vida propia. Vio pasar a siete chicos cargando cada uno una escoba dirigiéndose al campo de Quidditch y a los pocos minutos, a una chica cubierta por un grueso abrigo. El perro rápidamente se levantó y moviendo traviesamente la cola se acercó a ella dando divertidos trotes.
Se paró frente a la chica y pronto en su lugar apareció un hombre con una cálida sonrisa.
-¡Hola Hermione!
- Hola Sirius...- contestó la chica.
- Qué bueno que veniste.
Se formó un corto silencio. Ella se sentía un poco cohibida al estar frente a Sirius, un poco apenada; no podía evitarlo, tenía la sensación de que él podía adivinar lo que había soñado. Pero al ver su reluciente sonrisa se convenció a sí misma de que solamente estaba imaginando cosas.
-¿Y cómo te fue hoy?- preguntó Sirius.
- Pues...- Hermione no sabía qué contestar. Le daba pena contarle a Sirius cómo había estado su día pero a la vez no quería mentir.
- Pues...- repitió él cuestionándola con la mirada.
Hermione bajó la mirada. Un sentimiento de preocupación comenzó a nacer dentro del animago. Notó que la chica que estaba junto a él, estaba un poco extraña.
- Herm... sabes que puedes hablar conmigo sobre lo que quieras- le dijo. Ella le sonrió con agradecimiento. La primera sonrisa del día. Y por segunda vez había sido él quien se la había logrado sacar.
- Gracias Sirius.
Comenzaron a caminar junto a la orilla del lago, alejándose de la vista de cualquiera que anduviera por ahí. Él comenzó a contar sus chistes y a hacer bromas con tal de que Hermione se mostrara más animada, pero no estaba teniendo el éxito que hubiera deseado.
Se soltó una ligera ventisca. Ella se sentó en el césped y Sirius la imitó. Ella lo miró y por primera vez habló:
- Sirius... gracias por preocuparte por mí...
Las mejillas del hombre adquirieron un tono rosado.
- No es nada; eres importante para mí y es lo menos que puedo hacer por tí...- dijo un poco cohibido. Hermione puso una mano en su hombro.
Sirius tomó la mano de ella entre las suyas y depositó un dulce beso en ella. Hermione se puso un poco nerviosa y él, en ese instante se acordó de algo muy importante que lo hizo sentirse culpable... un traidor... se había dejado llevar y eso podría traerle terribles consecuencias...
- Lo siento- dijo soltando esa suave mano a la que inconscientemente le gustaba estrechar. Se volvieron a quedar en silencio por unos instantes.
-"Creo que será mejor que me vaya"- dijo Sirius para sus adentros- "no puedo estar haciendo esto, estoy traicionando a mi mejor amigo, no puedo quedarme aquí más tiempo..."
Sirius la miró de reojo.
-"Será mejor que me vaya"- se repitió. En ese instante la chica volteó a verlo. Una triste sonrisa yacía en su rostro.
- Sirius... no me siento bien- dijo. La preocupación que había dentro de él comenzó a crecer.
- ¿Qué es lo que sucede?- preguntó con suavidad. Hermione respiró hondo.
- Ya estoy cansada de fingir y no poder expresar lo que realmente siento... pero es que simplemente no puedo hacerlo...
Sirius no sabía de qué le hablaba la chica y comenzó a sentir curiosidad.
- ¿Qué pasa?- preguntó. Hermione se ruborizó y con voz un poco temblorosa dijo:
- Estoy enamorada de Remus.
En ese momento la joven sintió cómo se liberaba de una gran carga; se sentía más libre.
- ¡Lo sabía!- exclamó Sirius con alegría; pero luego su conciencia lo hundió en un hoyo de confusiones donde la alegría que sentía por saber que lo de su mejor amigo y aquella chica tan especial que estaba a su lado tenía solución y lo que él sentía muy en el fondo por ella se revolvían y no lo dejaban respirar. Hermione lo miró sin comprender.
- ¿Qué quieres decir?
-…- No contestó... no podía articular palabra alguna, era como si se hubiera quedado paralizado; por celos, tal vez, o quizás por tristeza... no sabía exactamente qué.
Hermione lo miraba fijamente notando que la expresión de su rostro era un tanto confusa.
- ¿Estás bien?- le preguntó poniendo una mano en su brazo. Sirius se armó de valor y contestó:
- Sí, no me hagas caso... ¿quieres que platiquemos?
- Sí...
- Bueno, pues soy todo oídos.
- Bien... pues él es un tonto.
Sirius rió un poco y preguntó:
- ¿Por qué lo dices?
Mientras Hermione le contaba todo lo que había pasado los días anteriores, Sirius se decía a sí mismo:
- "Ella es la chica de tu mejor amigo y debes hacerte a un lado..."
-... y encima de todo, hoy a la hora del desayuno lo vi entrar muy "amistoso" con la profesora Monaghan...
Hizo una pausa. Tenía ganas de soltarse a llorar, pero, ¿para qué? Ya era suficiente de tantas lágrimas.
Sirius se había quedado con la boca totalmente seca. Viéndolo bien, ahora la posibilidad de que hubiera una reconciliación o un rompimiento definitivo entre Remus y Hermione estaba
prácticamente en sus manos.
¿Qué haría? ¿Les ayudaría haciéndolos recapacitar sobre todos sus errores y los convencería de que se confesaran sus sentimientos? ¿O se quedaría de brazos cruzados únicamente esperando la oportunidad para... reemplazar a Remus en el corazón de Hermione...?
