PRIMERA PARTE

EL PORTAL DEL TIEMPO

Capítulo IV - Comienza la feria del milenio

1

La feria del Milenio fue montada sobre la plaza Leene, construida hace casi cuatro siglos por orden directa del Rey Guardia de aquél entonces, en honor a su querida esposa, la entonces reina Leene. Fue erigida sobre los cañones de Truce, donde en algún tiempo las bestias se guarecían de las guerras entre humanos y místicos, y ahora, en una era de paz; los extintos cañones mostraban una acogedora plaza donde la gente de Truce, Porre, Choras, algunos Medinos, y claro está, servidumbre y albergados del castillo Guardia, se reunían para celebrar los mil años del vasto reino.

Al llegar finalmente, la gran sorpresa se la llevaron tanto Marle como Crono, quien no recordaba que las celebraciones se pusieran tan animadas en Leene durante el primer día de la feria en años anteriores. Además de la cantidad de hombres, mujeres y niños riendo, corriendo y jugando por ahí, había globos flotantes, tiendas y atracciones en todos los lugares posibles de la plaza. Algunos bufones deambulaban entreteniendo a la gente, y el olor de las golosinas y dulces manjares impregnaban el ambiente. No pudieron explicarse cómo los malabaristas podían andar entre la gente sin chocar con nadie al hacer sus cabriolas.

En definitivo, y recordando las festividades de fin de año anteriores, sin duda el rey Guardia no había escatimado costos ni esfuerzos en hacer de aquella celebración una experiencia inolvidable para su gente.

Entre las docenas de carpas y puestos, intentaron detener a un caballero enfundado en una gruesa armadura, para preguntarle si conocía la localización de los Gendius, pero este se dispuso a correr sin prestarles atención; una niña les advirtió que ni él ni ninguno de los que se encontraban corriendo alrededor de la plaza les atendería, pues eran parte de una competencia de carreras recién empezada. Marle se entretuvo observando a los corredores: Además del hombre con la gruesa armadura, estaba otro caballero con una antigua armadura de Guardia más abultada y pesada corriendo con dificultad, también había un hombre disfrazado de lo que parecía ser un monstruo con cabeza de reptil, y hasta un gato los seguía sintiendo curiosidad por el hombre verde. Más adelante estaba un sujeto discutiendo con un grupo de personas, organizando apuestas en base a la carrera, claro está, tras haber consultado previamente con un experimentado anciano con reputación de ser bueno en predecir el resultado de aquél tipo de eventos.

Crono observó al fondo del atrio inferior de la plaza al herrero Melchor, en compañía de su asistente en su puesto ya montado a un lado de las escaleras, con los exhibidores de espadas listos y en orden. Sofía mostraba las armas a la venta a unos viajeros, mientras su maestro con el ceño fruncido evaluaba unas joyas que intentaban venderle.

—¡Mira, Crono!

Marle señalaba hacia una actividad de la feria donde había muchos hombres haciendo fila. Consistía en golpear con un mazo una viga, cuyo extremo contrario deslizaría hacia arriba una pesa hasta la campanilla alta al final de un soporte erguido. Quién lograra tal hazaña, ganaría uno de los premios en exhibición al lado de la atracción, como osos de felpa, escudos reales viejos, espadas oxidadas, nada respetable, salvo los juguetes y una anticuada ballesta aún en buen estado.

—Ese tipo de espadas no valen la pena. De todas maneras no creo poder darle —le explicó el chico.

—No lo sabrás si no lo intentas.

Dejándose convencer por la muchachilla, aguardó en la fila hasta su turno. Luego de pagarle al hombre por los tres turnos que le concedía, el muchacho tomó el mazo, lo alzó, golpeó, y la pesa quedó apenas a medio camino de llegar a la campanilla.

—No te desanimes, te quedan dos turnos —le incitó Marle.

Pero sin importar todo el esfuerzo que puso en el segundo intento, también fracasó. En esa ocasión la pesa ni siquiera llegó a la mitad.

—La tercera es la vencida —le decía con ánimo su amiga.

—Es verdad —intentó reconocer alzando el mazo—. Como sea, intentaré ganar algo solo para ti en este turno.

—¡Tu nunca habías hecho eso por mí! —Agregó una tercera persona.

Tan asustado se puso por escuchar ese familiar tono de voz, que por la impresión descargó el mazo con toda su fuerza consiguiendo finalmente golpear la campanilla. Mientras el comerciante anunciaba al primer ganador del día, Crono palidecía al ver a Lucca Gendius tras él, vistiendo demasiado informal, con unos pantaloncillos verde oscuros cortos y un saco naranja. Marle vitoreaba a su amigo sin percatarse aún de la muchacha.

—Ho… hola Lucca —la saludó su amigo preguntándose el motivo por el que se sentía de pronto tan nervioso, como lo haría un niño atrapado a mitad de una travesura—. Tu madre nos había dicho que te encontraríamos aquí.

Marle reaccionó al escuchar el nombre, y sin perder tiempo, prestó finalmente su atención a la muchacha de los anteojos recién llegada.

—Tú debes de ser Lucca, la amiga noble de buen corazón de la que me habló Crono —la saludó olvidándose del recato y ofreciéndole la mano—. Es un placer, me llamo Marle Q'Bey.

En un solo instante Lucca se encargó de borrar cualquier expectativa de la joven sobre ella. No se trataba de que Marle hubiese esperado a la típica doncella de noble cuna, quizá una chica bella buscando hacer presunción de sus hermosas y costosas galas, a lo contrario de su apariencia. Se debió a que su amigo la había descrito como una persona amable y gentil; y dado que la joven de cabello corto, al conocerla se limitó a barrerla con la mirada, dejándola con el brazo extendido, y viéndola con una expresión tan fría como la señora Gendius en un inicio, la mucama no supo que pensar al instante de ella. Solemnemente, Lucca le contestó en cierta manera socarrona.

—Curioso, Crono al contrario no me había hablado de ti.

—Bueno, nos conocimos esta mañana.

La misma mirada glacial de Lucca, fue a parar a Crono y el mazo aún en su mano con el que ganó un premio para Marle.

—En realidad esto es curioso también. Te conozco desde hace años y nunca habías tenido ese tipo de gestos conmigo.

—Jovencitos, ¿no van a escoger su premio? —Intervino el encargado del juego.

Crono permitió a Marle escogerlo, dado que a ella le dedicó el juego. La muchachilla no tomó uno de los infantiles muñecos como se imaginó, sino la ballesta. Lucca arqueó la ceja sorprendida por su elección.

—¿Sabes usar eso?

—¡Claro! Tengo muy buena puntería, aunque mi padre nunca ha consentido permitirme portar una de estas, ni siquiera un simple arco.

Su amigo asintió al recordar cuándo por la mañana, ella le lanzó una pedrada a uno de sus fastidiosos vecinos a una distancia considerable. Sintiéndose apenada al darse cuenta por primera vez de su comportamiento, la inventora se acercó de manera discreta al muchacho mientras Marle se ocupaba en inspeccionar la ballesta con interés reflejado.

—Perdona mi reacción, solo que… digamos me está costando algo de tiempo entender que tu y yo... ¡Aparte ayer parecías insinuar querer algo conmigo!

—Lo sé, pero no estoy intentando cortejar a Marle, solo… bueno, la conocí por la mañana. Es nueva en Truce y le ayudo a pasar el tiempo. Además es una fugitiva de Guardia.

—¿Qué?

—Luego te cuento.

Cuando Marle se unió a la conversación, Lucca sintiéndose incómoda al ver a la muchacha al lado de Crono y temiendo volver a cometer una imprudencia debido a sus sentimientos, decidió que lo mejor sería separarse de ellos por el momento.

—Pues bien. Fue un placer conocerte, Marle. Yo… tengo que ayudarle a mi padre con el montaje de mi invento. No estará listo sino hasta en la noche —pronto recuperó su habitual ánimo tratando a Marle con la simpatía que ella había esperado al principio—. Tienen que venir a verlo, ¡Es el invento de mi vida! Lo probé anoche y el resultado fue fascinante.

—¿Qué es lo que hace? —preguntó Marle, mientras Crono se contestaba mentalmente que posiblemente explotar.

—Tendrás que verlo para descubrirlo. Quizá necesite… —la dulce mirada de Lucca hacia Marle, se volvió de pronto maliciosa— una voluntaria para hacer la prueba.

Entendiendo la indirecta, Marle se entusiasmo ante lo que consideró un honor, pero Crono palideció observando a Lucca como si no la conociera. En respuesta, ella lo miró traviesamente.

—Entonces los espero en la noche, chicos.

Cuando la hija de Taban se retiró, alegremente la doncella intentó preguntarle a Crono al respecto.

—¿Realmente me permitirá ser la primera en probar su invento?

—Espero que no —murmuró sombríamente.

Continuaron andando por ahí.

Lo que más parecieron disfrutar fue el bailar en el segundo nivel de la plaza. "Los Cavernarios", eran un grupo de músicos muy reconocidos en el Reino conformados por cuatro integrantes: dos hombres adultos, un anciano y una joven doncella para atractivo visual del público masculino. Vestían como cavernícolas; los varones llevando el rudimentario taparrabos y pieles de animales, la muchacha un escote fabricado con lianas, además una falda de hojas de palmera. Tocaban acelerados ritmos con tambores y huesos; su mayor éxito era la canción "Ritmo Jurásico". No habían sido los únicos con ese nombre y ese tema, el grupo tenía siglos de existir. El de aquél tiempo presente, era conformado por los antepasados de la anteriores bandas. Fue un gran entretenimiento. Los niños, las parejas y los ancianos bailaban recuperando su juventud; Marle no se quedó atrás haciendo pareja con Crono, quien se sorprendía al ver la forma desinhibida de su compañera al bailar, riéndose, agitándose y moviendo los brazos y piernas.

Buscando conseguir puntos plata para "la casa de los horrores", donde las actividades más divertidas se concentraban, pero donde se tenía que pagar con los dichosos puntos plata para participar, compitieron en algunos eventos y juegos de la feria. La más complicada fue en el "catador valiente", donde Crono participó intentando junto con otros ocho competidores, ser el primero en terminarse doce pequeños vasos de ron concentrado. Aunque hizo su mayor esfuerzo, fue derrotado cuando apenas intentaba aventurarse por el segundo trago.

—Eres muy competitivo, Crono —intentó animarlo Marle al verlo decepcionado y ligeramente mareado.

—Un poco —contestó tambaleándose al caminar—, lo malo es que creo que me puse algo ebrio para nada.

—Caminemos un poco por ahí, eso te lo bajará.

Pasados unos minutos y ya repuesto, curiosearon entre los puestos de chucherías. Marle mostraba mucho interés en algunos caramelos traídos de Choras, cuando una niña de unos ocho años chocó con ella al correr desesperada. La pequeña cayó al suelo, y la pareja la ayudó a levantarse. Crono estaba por reprimirla, aunque ocultando su sonrisa al pensar que en aquél día se estaba conociendo a mucha gente interesante al chocar entre sí, pero se contuvo al notar a la pequeña sollozar.

—Tranquila, no pasa nada —le decía Marle haciéndole una caricia en el pelo—. No tienes por qué llorar. No estoy enojada. ¿Es que te lastimaste?

—No —gimoteó—. Perdí a "Manchas", mi gatito. Es amarillo, con manchas café en la espalda y la cabeza ¿No han visto uno así? —Ambos negaron con la cabeza— ¡Hay no! Gracias de todas maneras.

Continuaron su camino encontrándose con un tramposo comprando los puntos plata para poder ir a la casa de los horrores. Sin duda, pensaron que a los guardias en los extremos en la plaza no les haría mucha gracia de enterarse, pero la pareja prefirió dejarlo pasar, especialmente porque Marle las tenía de perder en su situación actual.

Mucha gente se agrupaba en la parte Norte de la Plaza intentando ver el invento de Lucca, sin embargo había dos sujetos que impedían el paso de las personas, rogándoles que tuvieran paciencia hasta que todo estuviera listo. Otros no tan entusiasmados esperaban en el centro de la plaza, sentados frente a la campana de Leene. Crono sintió cierto pesar al suponer que muchos, lo que en realidad querían era ver fracasar nuevamente a su amiga en su proyecto, como en años pasados. Más que por sus éxitos, Lucca se volvía la comidilla del pueblo por unos días cuando pasaba aquellos ridículos

La gente mayor, más respetuosa de las tradiciones, hacían oraciones en algunos altares situados en los extremos de la plaza, dando gracias por que la guerra de hace cuatrocientos años en contra de los Místicos hubiese terminado ante la derrota de Magus, el emperador Místico en aquél entonces; pero los niños como es propio de su edad, les daban poca importancia a las tradiciones, sin entender el alboroto por la caída de aquél viejo líder místico. Por supuesto, era una celebración exclusiva de los humanos, en ningún momento se llegó a ver a algún místico en la feria, debido al fuerte resentimiento que seguían guardando con la especie vecina.

—Mira esto, es de lo que te hablaba.

Crono condujo a Marle a un lado apartado de la plaza: Se trataba de un sitio amplio y despejado, salvo por el inmenso ser de metal obeso con orejas de gato y con la apariencia de un guerrero. Se trataba de uno de los inventos desechados de Lucca. El muchacho introdujo una moneda de plata en una ranura del aparato, y Marle retrocedió algo asustada cuando al ser se le iluminaron los ojos amarillos. De ese modo Gato se irguió hacia adelante, y comenzó a cantar desafinadamente con la voz distorsionada de Taban Gendius:

«Saludos, soy Gato; jueguen un rato. Estoy hecho de lata, gáname y tendrás puntos plata. »

—Lo que tenemos que hacer es que se rinda golpeando las zonas redondeadas de su cuerpo —le explicó el muchacho señalándole los costados, el pecho y la cabeza de esa cosa.

—¡Parece divertido!

Gato intentó embestir a Marle, pero ella le esquivó y le lanzó una flecha con la ballesta golpeando al primer intento en su estómago, la flecha reboto contra el metal, pero un gemido artificial proveniente del aparato marcó como válido el golpe.

Crono iba a golpearle con la espada, pero el compartimiento del pecho de gato se abrió por la mitad golpeándolo en el rostro con un tercer brazo escondido. Enseguida, Marle logró distraer lo suficiente a la máquina para que Crono terminara haciéndole el mayor daño posible. Gato no caminaba, ni esquivaba los golpes, solo giraba su cintura e intentaba golpearlos con movimientos muy limitados. Pasados un par de minutos, sonó una campanilla desde el interior de su cuerpo, y el inmenso cuerpo de barril regresó a su posición inicial cantando:

«Tu ganaste y también disfrutaste. Inserta una moneda si quieres otro combate. »

Uno de los compartimentos del artefacto se abrió soltando algunas monedas falsas de plata: los puntos necesarios para el siguiente evento. Ambos las recogieron y se retiraron, al menos Crono tenía la intención, siéndole difícil arrastrar a Marle lejos de Gato. La joven había quedado fascinada por el invento de Lucca y hubiese deseado combatir nuevamente con el bélico ser de lata, sin embargo, ya tenían finalmente lo suficiente para participar más adelante en "la casa de los horrores".

Poco antes del atardecer, Marle y Crono lamentaban no haber tomado algo de comida para el camino. Sabían que los dulces de los puestos no les llenarían gran cosa. Notaron cerca del establecimiento donde vendían pollos asados, a un viejo cascarrabias de familia noble quejándose por el mal servicio que recibió, dejando a la vez desprotegido su almuerzo sobre una mesa. Crono se acercó haciéndole una señal discreta a Marle para que lo siguiera. Disimuladamente, el muchacho le indicó que se ocultara junto con él bajo la mesa. Marle seguía sin entender.

—¿Qué vas a hacer?

—¿No adivinas? —Contestó con malicia acercándose a ella para calcular el lugar donde el plato con el pollo asado del anciano estaría arriba.

—¿Qué te crees? ¡Si soy decente! —Le bromeó pícaramente con la cara ruborizada.

—¡No! —exclamó su amigo también ahora con el rostro encendido—. Voy a conseguir comida gratis. El viejo se ve le sobra el dinero. Seguro no extrañará su almuerzo.

—Con que eres un ladronzuelo, ¿he?

—¿Qué tan diferente es el robarle a un anciano hacendado, a hacerlo con la princesa de Guardia?

No le contestó.

Con su ayuda, al muchacho le fue muy fácil hacerse con el pollo. Una vez con él, salieron rápidamente de ahí antes de ser descubiertos.

Bajaron a otro nivel de la plaza, y ya sentados en la barandilla, Crono dejó el plato en su regazo, con Marle a su lado. Hambrientos comieron la suculenta ave a grandes bocados, olvidándose por completo de los buenos modales.

—No fue tan grave. —dijo Crono con un poco de comida en la boca.

—Cerra bra bbocla. Ebress unm cerrdo —Le recriminó animada con la boca llena.

Lanzaron un hueso al suelo, y de pronto salió un pequeño gato amarillo de piel manchada acercándose para roer el trozo. Los muchachos se vieron entre sí. Con restos de comida lo atrajeron hacia ellos, hasta que Marle logró tomarlo con sus manos. El gato se dejó cargar sin dejar de masticar.

—¿No es el gato de esa niña? —preguntó ella.

—¡Oigan, ustedes!

Cuando apareció el anciano con el rostro contraído de la rabia al descubrirlos devorando su comida recién comprada, la pareja corrió con el gato en brazos. Gracias a la multitud, a los muchachos les resultó muy sencillo perderlo.

—¡Ahí está la niña! —advirtió de pronto Marle.

—¡Manchas! —Gritó la pequeña corriendo hacia ellos, viendo ilusionada a su mascota antes perdida.

El gato saltó de los brazos de Marle a los de su dueña al reconocerla

—Gato malo, no me dejes de nuevo. Muchas gracias señores, son muy amables.

Crono acarició por última vez al animalito, y con una mano en el hombro de la niña le dijo:

—No fue nada, cuida a Manchas e intenta disfrutar de la feria.

Marle se enterneció por el gesto.

—Que dulce eres con los niños, Crono.

Y el muchacho enrojeció de nuevo.