Anthony Goldstein
Como siempre, Anthony llegó mucho antes de la hora a King Cross, así que subió al tren, escogió uno de los compartimentos, colocó su baúl en la rejilla portaequipajes y se dispuso a esperar al resto de sus compañeros.
Poco a poco fueron llegando Padma, Mike, Terry, Chambers y Mandy. Todos tenían una expresión de angustia en su rostro, que debía ser un reflejo de la suya propia. Las señales indicaban que ese curso iba a ser el más difícil de todos, y no por los EXTASIS precisamente.
- Lo sabéis ya, ¿no? –preguntó Mandy de pronto -. Lo de los nuevos profesores.
Todos asintieron en silencio. Ese año bajo la dirección de Snape había dos nuevos profesores, los Carrow. Y todos sabían que los Carrow eran fervientes seguidores de Voldemort desde la primera guerra.
Anthony pensó que muy mal tenían que estar las cosas para que dos mortífagos diesen clase en Hogwarts.
- Ayer mi hermana recibió una carta de Longbottom –dijo Padma sin venir a cuento.
- ¿Y qué pasa? –quiso saber Michael.
Padma miró a todos uno por uno y dijo:
- En la carta le ponía que sería bueno volver a formar el ED, que debíamos proteger a los estudiantes más pequeños de los Carrow. No sabemos como actuarán, pero seguramente tratarán de hacernos la vida imposible, sobre todo a los más jóvenes.
- A mi me parece buena idea –afirmó de inmediato Anthony -. Pero claro, supongo que tendremos que hablar antes con Harry, ¿no?
Padma se mordió el labio y continuó hablando.
- No creo que podamos, Tony. Cuando subíamos nos hemos cruzado con Ginny y nos ha dicho que este año no vendría a Hogwarts. Ni Ron ni Granger tampoco.
Anthony tardó un poco en asimilar esas palabras. Lo de Granger lo entendía: al fin y al cabo era hija de muggles, y aunque hubiese querido no hubiese podido asistir. Pero lo de Ron y Harry le parecía pura cobardía. Ahora, cuando el colegio más le necesitaba, se le ocurría huir y esconderse.
Como si le estuviese leyendo el pensamiento, Mandy intervino.
- No creo que hayan huido. Seguramente se habrán unido a la Orden del Fénix.
Todos la miraron asombrados, ya que nunca habían oído hablar de esa orden.
- Es un rumor que corre por el ministerio. Mi padre me dijo que era una especie de orden secreta que actúa independiente al ministerio para acabar con quien-vosotros-sabéis. Y que la fundó el propio Dumbledore.
Aquello encajaba más con la personalidad de Potter. Anthony se recriminó a si mismo el haber dudado de él. Seguramente en ese momento estaba ideando junto con la orden las posibles formas de derrotar a Voldemort. Y Anthony se lo agradeció en el alma.
Pero eso significaba que ahora estaban solos. Durante años, fuesen conscientes o no, Harry les había protegido y había sido una especie de líder entre ellos en la lucha contra Voldemort, enseñándoles incluso a sobrevivir. Y ahora no estaba.
Sitió un nudo en la garganta, ya que no se veía capaz de cargar con esa responsabilidad. No es que fuese malo en hechizos y encantamientos defensivos (de hecho pensaba que era bastante bueno), pero dudaba ser capaz de tener la sangre fría necesaria para luchar cuerpo a cuerpo, fuera de una clase. O de plantar cara a esos Carrow.
- Entre los Carrow y Snape se nos presenta un curso muy movido –dijo Terry, que hasta ese momento no había abierto la boca, y dijo dirigiéndose a él y a Padma -. Contamos con vosotros, ¿no?
Claro. Ellos seguían siendo los prefectos de Ravenclaw.
- Por supuesto –afirmó rotundamente Padma -. ¿Verdad, Anthony?
Anthony Goldstein permaneció unos segundos en silencio. En quinto había sido muy fácil dejarlo todo en manos de Potter, pero ahora las cosas habían cambiado. Ahora eran ellos los que tenían la responsabilidad de velar por el colegio, algo que tendrían que haber hecho hace unos cuantos años. No en vano Harry estaba preparándose para luchar contra Voldemort. En cambio ellos solo tenían que proteger a los más débiles de un par de profesores. En ese momento se sintió poca cosa y le hubiese gustado también entrar en la Orden del Fénix, pero ese arranque de coraje pasó pronto y se vio saturado por las responsabilidades que iba a tener ese año.
No era una tarea que fuese hacer gustoso, pero era su responsabilidad, su obligación. Suspiró resignado.
- Si, claro, contad conmigo. Ahora voy a hablar con Longbottom, a ver si se le ocurre alguna forma para organizarnos. Cuanto antes lo estemos, mejor.
Cerró la puerta del compartimento y una vez fuera se apoyó unos segundos en la pared para pensar con claridad. De pronto, un llanto proveniente de un par de compartimentos a su derecha le sobresaltó. Se acercó con sigilo y escudriñó por la puerta entreabierta. Pudo ver que los llantos provenían de una niña pequeña, quizás de primero. Y justo enfrente de ella, y riéndose abiertamente, estaban Malfoy y Parkinson, diciéndole algo en voz baja que hizo que el llanto arreciase.
Entonces la sangre de Anthony comenzó a hervir y sintió ira, mezclada con una impotencia descomunal. Padma y el resto estaban equivocados: no solo tendrían que cuidarse de Snape y los Carrow, si no también de alguna asquerosa serpiente que otra. Serpientes como esas dos, que seguramente se aprovecharían del nuevo régimen para tratar de imponer sus ideas y sus normas.
Sin necesitar ver más salió corriendo en busca de Longbottom.
Tenían que empezar a organizarse inmediatamente.
