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PD: Me gusta más como suena Arsenal que Speedy o Red Arrow.

En cualquier otro momento, Oliver hubiese entrado a su estudio y se hubiera puesto a avanzar en su trabajo al igual que siempre hacía cuando necesitaba mantener su mente ocupada o ajena a ciertas situaciones. No obstante, en ese momento sentía que refugiarse en el trabajo, ya fuera este en Industrias Queen o en la Liga, era la peor opción que jamás se le podría ocurrir. La sola idea le provocaba nauseas. Eso era lo que su padre o su madre hubiesen hecho si Oliver hubiese tenido un problema: ignorar el asunto, volcarse al trabajo y después arrojarle dinero para compensarlo sin tener que hacer esfuerzo alguno.

Se dirigió a su habitación y, una vez ahí, comenzó a andar por la enorme recámara, cual león enjaulado mientras intentaba ordenar sus pensamientos… en lo cual falló miserablemente.

Pasado ya rato y sin llegar a nada en concreto, hizo puños ambas manos y golpeó la pared con frustración, apoyando en esta los codos.

"Bueno, cariño, creo que en eso nos parecemos más de lo que te imaginas"

-¡Agh!- volvió a golpear el muro y cerró los ojos fuertemente.

Las palabras de Moira no dejaban de revolotear en su cabeza…

-¡No soy para nada como tú!- masculló, después de apoyar la frente en la fría pared.

Y no lo era. No evitaba a Roy en absoluto ni recurría a cosas materiales para mantener una relación con su hijo. Lo había llevado a comprar juguetes cuando era pequeño, le pagó las clases de artes marciales para que entrenara incluso cuando Oliver no pudiese, le consiguió buenos arcos y flechas, ¡hasta le había comprado una guitarra! Aunque para ser sinceros no recordaba muy bien si había ido él mismo a comprarla o sólo se encargó de que Roy la tuviese…

Entonces se le vino a la mente como una pedrada a la cabeza: Todo eso no había requerido de su parte más que dinero… le había estado arrojando dinero como Robert y Moira habían hecho con Thea y con él.

¡Joder, se estaba convirtiendo en sus incompetentes padres!

Se enderezó y tomó su celular. No había tiempo que perder, no si quería salvar su triste intento de familia. Con eso en mente, marco el número de Dinah.

Cualquiera lo vería y su primer sentimiento sería la estupefacción, es decir, ¿qué tipo de padre decide llamar a su novia y pasársela colgado en el teléfono con ella después de descubrir que su hijo había estado auto mutilándose desde hace ya tiempo atrás?

La cosa es, Oliver no había llamado a Dinah para una conversación acerca de ellos… al menos no esa vez.

-Hola, Ollie. Vaya, no hemos hablado desde ayer en la mañana, ya te echaba de menos- le saludó ella con voz seductora, claramente ajena al amargo día que había tenido su pareja.

-Dinah, ¿Cómo estás?- se las arregló para preguntarle, después de inhalar profundamente. Le costaba un poco concentrarse para encontrar y ordenar en su mente las palabras que quería decir.

-Yo me encuentro perfectamente, ¿pero qué hay de ti? No suenas muy bien que digamos-

-¿Aún tienes el jet que Bruce te prestó hace como una semana?-

Al escuchar aquello, Dinah se extrañó mucho, pero Oliver se negó a decir nada concreto si no era en persona.

No más de una hora y media más tarde, Thea y Dinah se encontraban sentadas en la sala de Oliver. Ambas observaban expectantes al joven empresario, quien no lucía para nada como él mismo. Ahí estaba él con su cabello rubio, sus ojos azules, vistiendo su ropa mientras caminaba de un lado a otro en la habitación, cual león enjaulado como lo había hecho muchas veces ya en el pasado.

Sin embargo, algo no andaba bien y eso llamó la atención de sus invitadas. En lugar de su usualmente relajada mirada, cierta atmósfera sombría y lúgubre lo rodeaba, ni siquiera el fantasma de una leve sonrisa se asomaba en su rostro. Era difícil de describir, ya que no lucía molesto pero tampoco parecía alegre en absoluto, más bien se veía… se veía… destrozado, tan destrozado como si acabasen de anunciar que Batman era el nuevo arquero estrella de la Liga y él había sido reasignado al puesto de ayudante de Aquaman, o algo por el estilo.

Las dos mujeres repartían su tiempo entre mirarse de reojo y dirigirle miradas curiosas a Oliver. Aquella no era la primera vez que los tres se reunían, pero sí era la primera vez que estaban juntos y el arquero se encontraba así.

Por fin, el hombre se detuvo frente a ambas, mirándolas a los ojos.

-Las cosas con Roy no están bien…- fue cómo comenzó aquella explicación que ambas desearon no haber tenido que escuchar nunca, al misma que los privó de sueño toda la noche, plagando sus mentes de preguntas sin contestar.

Al día siguiente Oliver no se quería levantar de su cama. Se quedó acostado, observando el techo sin siquiera verlo en realidad. Perdió la noción del tiempo en lo que trataba de hacerse a la idea de que la noche anterior no había sido sólo una pesadilla que después podría olvidar, sino la cruda realidad.

No se percató siquiera del momento en que Dinah, quien había dormido en una de las invitaciones de invitados por respeto a la madre de Oliver, se levantó, ni de cuando Thea fue a dejar a Moira al aeropuerto. Sin embargo, se vio obligado a levantarse al escuchar la alarma de su celular, indicándole una reunión.

Se sentó en el borde de la cama con pesar, tomó el infernal aparato y marcó el número de su secretaria.

-Buenos días, Anne- saludó, aunque el ánimo en su voz era prácticamente nulo.

-Buen día, Señor Queen- contestó la mujer, totalmente ajena al infierno por el que pasaba el tipo al otro lado de la línea- ¿En qué le puedo ayudar?-

-Quiero cancelar todos mis compromisos para hoy- fue directo al punto, sin ganas de charlar.

-¿Perdón?- le cuestionó incrédula.

-Y los de mañana- agregó-… ¿Y sabe qué más? La semana próxima sólo estaré trabajando hasta media tarde. Si hay alguna reunión después de esas horas, necesitaré que envíen a alguien más- finalizó, colgando de inmediato.

Puso el móvil en su escritorio y se levantó casi al instante, decidiendo que en algún momento tendría que hacerle frente a su vida.

Se duchó y se cambió de ropa en automático. Aun no sabía cómo es que debería manejar todo eso, a pesar de que se había pasado la noche tratando de averiguarlo, prueba de ello eran los enormes círculos obscuros bajo sus ojos y la mirada perdida que tenía en esos momentos. Bajó las escaleras cual prisionero condenado a la horca y se dirigió a la cocina, donde sólo se sentó a la mesa, completamente inapetente.

La mañana de Roy no había sido mucho mejor. Llevaba despierto aproximadamente una hora, pero lo había sentido como si hubiesen sido días. Al abrir los ojos se sintió un poco desorientado pero al notar su camiseta algo arremangada, los recuerdos de la noche anterior volvieron a su mente de golpe. Cerró los ojos con fuerza, tratando de mitigar ese sentimiento de que ya nada valía la pena. Como si no tuviese demasiados… conflictos ya, ahora su patética debilidad había salido al aire. No le bastaba a Oliver el haberse enterado de la marihuana, no, sino que también había tenido que darse cuenta de sus cicatrices.

Demasiado tarde. Con eso había empezado hace mucho tiempo, y se había detenido casi completamente desde un año atrás… Casi, pero aun así, ¿De qué servía ya? Oliver no había estado ahí cuando lo necesitó, jamás había estado durante mucho tiempo antes de dejarlo sólo de nuevo, ¿Por qué ahora debería de ser diferente? No sabía si enojarse con su padre o con él mismo… ya ni siquiera le interesaba averiguarlo. Estaba enojado y punto, ¿con quién? Ni idea, pero lo estaba.

Cuando por fin se levantó, decidió darse una rápida ducha y cambiarse pronto. Si corría con suerte, quizás y pudiese acompañar a Thea a algún lado y así evitarse el ver a los demás.

Desgraciadamente para él, no encontró a Thea por ningún lado. Quizás estuviese desayunando…

Caminó hasta la cocina y se dirigió directamente al refrigerador, sin percatarse en lo absoluto de la presencia del hombre sentado a la mesa. Al no encontrar nada que comer más que pizza fría, tomó dos rebanadas y dio media vuelta para salir de ahí, pero fue sorprendido por un par de ojos azul intenso mirándolo fijamente.

A pesar de lo bien que el adolescente logró disimularlo, su corazón casi se detiene del susto.

-Buenos días- habló finalmente el hombre en una voz abatida, obligando al chico a reaccionar de una buena vez.

Roy, quien se había quedado paralizado al ser tomado desprevenido, lo miró bien. El tipo lucía horrible; cansado, con ojeras y ajeno al mundo… casi parecía que el que se drogaba era él.

-Hola- contestó una vez que recuperó el habla.

Oliver le hizo una seña para que se sentase en la silla frente a él, lo cual Roy hizo con vacilación. Estaba demasiado nervios de repente, aunque seguía enojado.

-Roy… Quisiera saber por qué faltaste a clases el otro día- articuló sin mostrar en la voz nada más que cansancio y sincera intriga. Aquella pregunta de Thea era una de las muchas dudas que lo habían estado atormentando durante la noche.

Roy, por su parte, se puso furioso. Después de todo lo que había sucedido la noche anterior, ¿eso era lo único que le importaba saber? ¡A la mierda con él y su patética escuela!

-Yo no tengo por qué ir. El curso ya lo acabé en Star City. ¡Ni siquiera sé por qué me haces ir ahí a desperdiciar mis vacaciones. No sé en qué estabas pensando cuando me matriculaste!- replicó mordazmente.

-Bueno, Roy, ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Dejarte aquí sólo todo el día?- respondió, tratando de mantener la calma, pero el pulsante dolor de cabeza- cortesía de la falta de sueño- se lo ponía muy difícil.

-No necesito que le pagues a un lugar para que me cuide. No es como si fuese un niño al que tienen que llevar a la guardería. ¿Qué no confías en mí?- siguió contestando insolentemente, levantando la voz poco a poco hasta casi gritar.

Roy sabía muy bien que a Oliver no le importaba dejarlo solo, simplemente lo había recluido en esa tonta escuela porque quería asegurarse de que el mocoso que vivía en su casa no lo molestaría durante al menos siete u ocho horas al día.

Oliver, por otro lado, no estaba de humor para gritos. Ya tenía suficiente con la incertidumbre de no saber cómo actuar como para que Roy quisiera comenzar el día con discusiones. Tan sólo le había hecho una pregunta y el chico ya se sentía en su derecho de evadirlo con una respuesta frívola y, como si fuera poco, ofenderse.

-Pues no me has dado muchas razones para ello últimamente- le respondió, levantando la voz también.

Oliver se sintió mal desde el momento en que las palabras salieron de su boca, pero fue especialmente horrible en cuando vio la expresión herida en el rostro de Roy.

Exhaló exhausto y arrepentido antes de volver a hablar.

-Lo siento, ¿sí? No debí haber dicho eso. Es sólo que estoy cansado y…-

-Da igual. ¡La cagué, ¿no es cierto?!- inquirió Roy a la defensiva, levantándose y preparándose para salir de la cocina.

-¡Oye, cuida tu lenguaje! No estuve bien al decir eso, pero las groserías están de más- le advirtió, mirándolo fijamente- Siéntate, aún tengo que decirte un par de cosas-

Roy estaba que echaba humo, pero decidió que lo último que necesitaba en esos momentos era una paliza, así que obedeció.

Oliver tomó aire para reunir valor y comenzó.

-Dinah opina...-

-¡¿Le dijiste a Dinah? ¿Con qué jodido derecho?!-

-Dinah y Thea tienen derecho a estar...-

-¡¿También a Thea?!-

Genial, ahora Roy sentía lágrimas sin derramar acumulándose en sus ojos. Ya ni siquiera Thea o Dinah sentirían algo que no fuese lástima o desprecio por él.

-Ambas se preocupan también por ti, Roy, tienen derecho a estar al tanto- insistió su padre, haciendo un esfuerzo y suavizando un poco la voz al notar la reacción del adolescente. Aquello no sería nada fácil- Como te decía, Dinah opina que quizás sea una buena idea ir a ver a una psiquiatra amiga suya. Igual no quisiera que te tratara hasta tener todos los resultados de los exámenes, pero iríamos hoy sólo a que se conozcan, quizás ver si se puede lograr un avance respecto a lo que ya tenemos y no necesitamos que confirme ningún examen-

El arquero siguió hablando, pero su hijo se puso de pie abruptamente, mirándolo con profunda indignación.

-¡¿Psiquiatra?!, ¡Mierda, Oliver, que no estoy loco!-

Oliver se levantó también, evidentemente molesto.

-¡Te acabo de decir que cuides tu lenguaje!- espetó, antes de intentar calmarse un poco y reanudar su explicación- No he dicho que estés loco, pero enserio es muy importante arreglar este… este desastre, y creo que, en este caso, ayuda profesional podría ser muy útil-

Roy estaba a punto de replicar otra vez, pero Oliver no le dio oportunidad.

-Y me encargaré de que vayas, incluso si para ello tengo que quitarte tu guitarra, llevarte arrastrando al consultorio, castigarte o hacer que Arsenal desaparezca desde hoy y para siempre-

Roy abrió muchísimo los ojos en señal de estupefacción. ¡El tipo no podía hacer eso!

Sin embargo, en la mirada de Oliver no había más que seriedad…