Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. Yo solo los uso para entretenimiento en está humilde historia, es de fans para fans :) Son de Masashi Kishimoto, su creador.
Notas de autor: ¡¡Holaaaaa~!!
He aquí, otro capítulo más de esta historia :)
¡A leer!
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Capítulo catorce: Descubrimiento.
Inojin Yamanaka se dirigía a la torre del Hokage a dejar el reporte de su misión conjunta con el equipo Konohamaru de esa misma mañana. Su compañera, Chochō le había, básicamente, ordenado la tarea de redactar el informe final para entregárselo al Séptimo. Recién había terminado de escribir el reporte con tinta negra y una caligrafía pulcra.
Mientras lo había hecho, se puso a pensar mucho en Sarada, normalmente solo la observaba recorrer la aldea sin atreverse a ir más allá como para seguirla o dedicarle tanto tiempo de su vida. Solo era una especie de entretenimiento, lo único que la había distinta a los demás, era que a él le interesaba realmente el verla revolotear por ahí para plasmarlo en hojas de sus blocs de dibujo. Pero el hecho de que sus amigos parecieran confundidos por sus inexplicables ausencias le producía una sensación cosquilleante de curiosidad muy tentadora.
Pero había decidído que no se iba a entrometer en su vida, ni que iba a indagar más allá de lo que pudiera decifrar con la sola acción de verla de vez en cuando por los alrededores de la aldea. Recorrió lo necesario para llegar hasta la oficina del Hokage, antes de ahí había una especie de cubículo donde estaba el padre de Shikadai, Shikamaru Nara, hundido leyendo un documento que sostenía a pocos centímetros de su vista con una cara de estar a punto de colapsar de aburrimiento extremo. Justo como su hijo, Inojin pensó que eran muy parecidos físicamente al igual que en personalidad.
—Disculpe, he venido a entregar este reporte de misión—Le hizo saber el muchacho de ojos verdes a el consejero del Hokage que apenas y levantó la vista para verle.
—Pasa—Le indicó sacudiendo la cabeza en dirección a donde se encontraba la puerta de la oficina del mandatario de Konoha. Para después volver a sus monótonas tareas que debía realizar, sin mucho entusiasmo—Está en su oficina.
Inojin avanzó por el largo pasillo de alfombra roja con el pergamino con el reporte en la mano derecha. Quería librarse se esa encomienda y poder tener tiempo libre para dibujar.
—Estamos juntos — Decía una voz desde el interior, Inojin no le prestó atención. Colocó su mano en el pomo dorado de la puerta y la giró, abriéndola.
Lo siguiente que vio, fue una imagen que iba a llevarse a la tumba. La visión más impactante y reveladora que alguna vez había tenido el dudoso honor de presenciar; Naruto Uzumaki, el Séptimo Hokage y Sarada Uchiha, besándose con pasión.
Como si la vida se les fuera en ello.
Era irreal, creía que sus ojos le estaban jugando un mala pasada. No podía ser... ¿Sarada y el mismísimo Hokage? ¿Qué tan probable era aquello? Parpadeó varias veces, se sentía profundamente aturdido. No por el hecho de que él sintiese algo similar a la atracción por la chica ahí dentro de la oficina, si no, por lo que aquello representaba.
Inmediatamente, se dió la vuelta y huyó de ahí. Tan rápido como sus piernas le permitían alejarse de ahí, incluso había dejado caer el pergamino debido a la rapidez y el impacto. No terminaba de digerirlo, le parecía algo completamente incorrecto. El corazón le latía con tanta fuerza dentro del pecho que creyó que le rompería las costillas, sentía un nido en la garganta.
Había visto algo que no debía, y ahora, conocía un secreto que no le concernía y estaba mucho mejor sin saber. Precisamente, tomó la desición firme de no indagar en la vida de la joven Uchiha para no enterarse de cosas como esas.
Sentía verdadero horror.
Y ahora, sabía su secreto.
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Cuando se separaron, Naruto sonrió para ella. Se giró para poder ver la hora en un reloj analógico sobre la pared y notó que la puerta estaba abierta. Abrió lo ojos con sorpresa al percatarse de la presencia del pergamino en el umbral como si alguien lo hubiera dejado caer...Su corazón dió un vuelco dentro de su pecho, ¿Sería posible qué...? No, era imposible. ¡No! Simplemente no quería siquiera considerar esa posibilidad, su mente iba a toda velocidad y creaba sin cesar todos los escenarios posibles que abría la probabilidad de que ser descubiertos.
Casi todos malos.
¿A quién quería engañar?
Todos eran escenarios malos en mayor o menor medida.
Se separó de Sarada dejándola ahí parada, saliendo de la oficina, sin decir, nada con mucha prisa hasta el pequeño cubículo de Shikamaru, apoyó las manos con brusquedad sobre el mostrador detrás de que estaba su consejero muy sumergido en los documentos que el mismo le había dado esa mañana para revisar y sellar. Estaba mareado y la cabeza le daba vueltas como nunca antes, era una sensación más allá del miedo...
Pánico.
Shikamaru Nara levantó la vista bufando con aire cansado para encararlo, al menos, Naruto tuvo la certeza de que él no se había dado por enterado de lo que había sucedido en su oficina a solo una puerta de distancia. El Nara alzó una ceja mirándolo muy perdido, sabia que por más que tratara de disimular su nerviosismo no lo estaba logrando con éxito. Todos sus miedos y temores que tanto solían atormentarlo cada cierto tiempo acudían a sus mente como golpes sin piedad de realidad.
—Shikamaru, ¿Ha venido alguien? —Preguntó modulando el tono de sus voz para ocultar su debilitante miedo que casi le cerraba la garganta y le cortaba el oxígeno de los pulmones.
Shikamaru entornó los ojos y bajó la vista volviendo a los papeles en su escritorio, para desesperación del Uzumaki.
—Uhm...Sí, Inojin Yamanaka. Vino a dejar un reporte de misión hace un rato—Musitó bostezando por el cansancio y el aburrimiento mezclados. Era más que evidente que Shikamaru no se enteraba de nada o quizá, simplemente, no le interesaba meterse en asuntos de otras personas por más cercanas que estás fueran. No parecía inmutarse por el obvio nerviosismo desconcertante de su superior, como si decidiera ignorarlo.
Naruto asintió agradeciendo su ayuda, obteniendo un asentimiento perezoso de su concejero como respuesta. Con el corazón en la mano, volvió temblando hasta su oficina buscando llevar una bocanada desesperada de aire a su sistema respiratorio. Cerró la puerta tras de sí, apoyándose en ella con la cabeza hecha un total desastre. Sólo... no era posible. ¿Los habría visto? Todo apuntaba a que así era, pues al parecer, el muchacho había dejado caer el pergamino que contenía el informe final de la misión que les había dado esa mañana a su equipo y el de Sarada.
Su mente cargada de trabajo y un sinfín de obligaciones se vacío por completo, sólo un nombre rondando y haciendo eco en los confines de su psique.
«Inojin Yamanaka»
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—Tus hijos merecen algo mejor—Declaró Hanabi Hyuūga desde su posición, mirando con atención las hermosas flores de tonalidades pastel en el prado lleno de plantas frondosas de un vivo color verde y muy bien conservadas de un jardín que pertenecía al clan, donde la antigua rama principal de los Hyuūga, solía pasar la tarde en reposo o tomando el té. Aquella arcaica tradición de sellar y segregar a los miembros del clan en dos grupos.
La menor de las hermanas Hyuūga mostraba una expresión de seriedad absoluta mientras sostenía su recipiente con té de hierbabuena en su mano derecha, clavando su mirada en su hermana Hinata que solo la escuchaba hablar. Aquella mañana, la mayor de las hermanas había acudido a ella de improviso y sin previo aviso, pero a pesar de las circunstancias, Hanabi había hecho un espacio forzoso en su ocupada vida para detenerse a conversar con ella.
La desesperación que notó surcar los ojos lilas de Hinata era algo que Hanabi jamás había presenciado, lucía muy desmejorada; tenía unas pronunciadas ojeras bajo sus cuencas carentes de toda emoción y una palidez mayor a la usual. No tuvo que decir nada, ella sabía que todo era consecuencia de la terrible e infernal situación familiar que atravesaba en esos momentos, sabía de primera mano que Naruto ya no se pasaba casi nunca por la residencia fuera del clan que compartían junto a sus hijos, y con el tiempo comenzó a distanciarse cada vez más de su esposa.
Y naturalmente, de sus hijos también.
—Deberías firmar—Le sugirió Hanabi con cierta frialdad, sin reflejar nada, como si fuera la opción más lógica de todas—Los he visto, son infelices.
Hinata pensó mucho desde que Naruto manifestó directamente sus deseos de divorciarse de ella. En ningún momento le expuso una razón clara, sin embargo, estaba implícito el hecho de que no existía amor entre ambos. Su memoria le hacía recordar todos aquellos momentos tristes o que quedaron arruinados debido a los estragos que la indiferencia causaba en su familia, los últimos, en especial habían sido los peores; al ser sus hijos más mayores, sus excusas no les bastaba.
Podían observar y juzgar por sí mismos.
Ellospodían ver la verdad.
—Todos lo son—Reafirmó, refiriéndose a la familia de su hermana.
Hinata asintió.
Realmente lo comprendía. Todo ese tiempo, por ya, muchísimos años, había estado perpetuando el sufrimiento propio y de sus dos hijos para tratar de manera desesperada el preservar todo aquello que tanto le costó obtener y ya no estaba. Si era verdad que en un inicio se desvió por unificar la familia que tenía, pues deseaba que Bolt e Himawari pudieran tener una familia sólida para crecer y desarrollarse.
Esa desición fué pésima, ahora veía las terribles consecuencia. El insistir en forzar las cosas para que funcionaran solo causó que la situación empeorara mucho más y sacará lo peor de cada uno de los involucrados. Bolt era el ejemplo más claro de esa afirmación, se veía cansado y muy resentido hacía su padre, no soportaba su presencia o estancia en la casa que compartían y no dejaba pasar la mínima oportunidad de reprocharle sus ausencias, olvidos y errores con mucho ímpetu, haciendo que la tensión familiar aumentará exponencialmente.
Era momento de dejarlo ir.
Justo ahí, sentada frente a frente con sus hermana menor. Hinata tomó una desición importante para su vida y la de otras personas, no por ella ni por Naruto.
Por su hijos.
Ya habían sufrido demasiado. Merecían ser felices, un poco de paz en su hogar y respuestas a todas sus preguntas internas.
Por qué era lo correcto.
—Voy a firmar—Aseguró con una convicción que jamás sintió en toda su vida. Qué sorprendió a Hanabi, sus ojos perlados relucían—Lo haré.
Y así sería.
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Notas de autor: Recién publiqué el inicio de un fanfic TobiIzu, llamado «Hipócrita». Si así lo desean y les agrada la temática, pues pasen a leerlo :)
Este es un capítulo corto pero ya saben, mejor así que con relleno innecesario y que deban estar con lupa buscando la trama en un bloque de texto enorme :)
«Miércoles 20 de Septiembre del 2017»
