Hola de nuevo. Felicidades por el nuevo año, espero que lo hayan empezado genial. Yo por mi parte escribí otro cap y se los dejo... :) gracias por los reviews! Besos.

Capítulo 14: Aquellos lejanos tiempos

Harry abrió los ojos algo contrariado. Sabía que esa no era su cama normal, pero, últimamente, ¿cuál la era? Sabía que ése no era su cuarto. Esa no era la luz de un día común y corriente, de hecho, no era la luz de día. Miró a su alrededor, y notó la cama contigua, vacía. Ahora lo recordaba. Él mismo había aunado ambos muebles para estar cerca de la pelirroja durante la noche, para poder besar sus labios si se le antojaba, o poder deslizar su mano suavemente por algún centímetro etéreo de piel. Pero en ese momento se le antojaba tocar su piel, en ese preciso momento, y ella no estaba. Entonces recordó porqué estaban en la enfermería y no entendió porqué, en pleno amanecer, ella no estaba remoloneando en su cama, entre sus brazos. Se preocupó. Pegó un leve respingo en su recámara y comenzó a llamarla mientras se colocaba los anteojos.
-¿Gin…? ¡Ginny!
-Tranquilo- Le dijo en voz baja desde la otra punta de la sala, justo antes de que él se levantara- estoy aquí.
Harry volteó a verla. Recién cruzaba el umbral de la puerta. Estaba sonriente y al natural, aún llevaba puesta la ropa de juego de la tarde anterior, pero caminaba con más agilidad y desenvoltura. Harry se incorporó en la cama y ella se sentó en la propia, a su lado.
-Buenos días- lo saludo.
-¿Dónde estabas?- preguntó aún con un dejo de preocupación.
Ginny lo miraba distinto aquella mañana. Ese amanecer era especial, aún no tenía bien en claro porqué. Pero en lugar de responder a su pregunta, ella simplemente lo observó detalladamente: el brillo matutino de sus ojos, los cabellos despeinados por la almohada, sus anteojos torpemente colocados, y esa sonrisa. Una sonrisa aún no concretada por completo. Su regular despreocupación y simpleza, aquella mañana se vio teñida por la preocupación aún no aclarada y el desconcierto de no estar abrazándola.
Ginny depositó suavemente una de sus manos en la mejilla del morocho. Miraba fijamente sus labios mientras que con su dedo pulgar los recorría pausadamente, como se recorre una ruta en vacaciones. Harry estaba extasiado por la suavidad y simpleza de aquella caricia, pero su mirada continuaba buscando la de los ojos avellana.
-¿Gin?- Ella levantó la vista mientras su mano continuaba acariciándolo.
-Sólo fui a ver a madame Pomfrey- lo tranquilizó- Me desperté temprano así que aproveché para hacer el trámite- sonrió- Me sacó el yeso, ¿qué tal?- extendió su pierna y se la mostró.
-Perfecta- le sonrió.
-Me dijo que no podía creer que no la hubiéramos despertado en la noche. Esa mujer se cree que somos animales, que sólo vivimos para tener relaciones- sonrió.
-Bueno, ¿Quién la culpa? Claramente la memoria no le falla.
-¡Vamos!, jamás hemos despertado a nadie. Nadie ha dudado de nosotros jamás- Harry rió con espontaneidad e ironía- es cierto- se quejó.
-Ginny, ¿de verdad te crees eso?
-Harry- copió su tono burlón- ¿No crees que de haber dudado de nosotros en su momento, no nos hubieran expulsado… o suspendido, al menos?
-No. Siempre nos quisieron mucho… Los profesores no son tontos, Gin.
-¿Estás diciéndome que…?
-Sólo digo que nosotros fuimos muy obvios, eso es todo. Dumbledore, por ejemplo… él definitivamente sabía- sonrió.
-¿Qué?
-Gin, el hombre estaba en todo, ¿qué te pensabas?
-Pero… nunca una reprenda, eso no es normal.
-Sabía que te amaba con locura… y tú a mí. No podía expulsar a dos alumnos por amarse.
Ginny quedó sin palabras. No surgiría jamás una palabra adecuada para decir en aquellos momentos. Se abrazó a su cuello y lo besó dulce y pausadamente. Se separó unos centímetros y se quedó acariciando su rostro y sonriéndole con frescura. Lo besó fugazmente una vez más, y luego se separó.
-Vamos, quiero sacarme esta mugre de encima.
Ambos se levantaron y salieron de la enfermería tomados de la mano, como si nada hubiera sucedido.


Hermione despertó aunque no abrió los ojos. Priorizó su sentido del tacto y se abrazó más hacia el pelirrojo. Sintió cómo sus brazos se cernían al rededor de su cintura, y sonrió. Abrió los ojos y se encontró enteramente con los suyos.
-Buen día- le sonrió.
-Buen día, profesor- se burló.
-Que no te oigan por los pasillos, podrías generarme un problema.
-¿Otro más?- él sonrió.
-Creo que no exagero al decir que tú eres la culpable de todos mis problemas actuales.
-No. Pero me estoy redimiendo de a poco.
Ron volvió a abrazarla con cierta posesión, y achicó su cuerpo para llegar a sus labios y besarla con vigor. Luego se miraron. Ella estaba levemente recostada sobre su cuerpo, lo que él aprovechaba para acariciar los mechones de su extenso cabello.
-Conmigo no debes redimirte de nada- volvió a besarla. Se miraron un segundo y él sonrió. Miró para todos lados de la sala- con que… así se ven los cuartos de los Hufflepuff- la castaña sonrió- Esta tarde te mostraré el de Ravenclaw.


Harry la acompañó hasta el cuarto de sexto año de las Gryffindor, en el que regularmente dormían durante aquellas cortas vacaciones, excepto claro, cuando algún que otro percance los obligaba a pasar la noche en la enfermería. Ginny tomó un par de prendas y se introdujo en el baño.
-Ya no soporto esta ropa- decía desde adentro.
-¿Te espero abajo?
-Como quieras…- Dijo mientras abría la ducha. Harry estaba por irse- ¡Ah!, Harry…
-¿Si?- volteó en dirección a donde ella estaba.
-Me olvidé la camisa, está sobre la cama, ¿me la alcanzas?
-Claro.
Harry tomó la prenda sobre el colchón y se acercó a la puerta del baño. Estaba entreabierta así que se adentró, pero procurando hacer rechinar la puerta para avisarle de su presencia. El vapor abrazó sus sentidos.
-Aquí la dejo- le dijo, dejándola en una esquina. La pelirroja se asomó por un costado de la cortina y le sonrió.
-Gracias…- Harry se quedó mirándola y Ginny no se atrevió a romper el contacto visual- ¿qué?
-Ahora que lo pienso… yo también estoy algo sucio- Ginny rió y le abrió la cortina de la ducha, invitándolo.
-Pues ven, ahorremos agua.
Harry se desvistió a las apuradas, con torpeza y un yo interno apurándolo por abrazarse a esa mujer desnuda, tras la cortina. Revoleó sus anteojos sobre su ropa, y se metió bajo la ducha. La pelirroja le sonrió, el acto en sí estaba teñido con una naturalidad que sólo conseguía una pareja joven, con una cantidad inmensa de duchas compartidas.
Harry la tomó por el rostro y la besó abarcando lo más posible, sus labios y su cavidad. Ella se abrazó a su cuello, mientras las manos de él la recorrían, como si nunca antes la hubiera tocado, como si no conociera su cuerpo a la perfección. Podía sentir sus pechos redondos contra su torso, y cómo toda aquella situación le encantaba a su cuerpo. Harry comenzó a besar su cuello, mientras la pelirroja, a tientas buscaba pegarse lo más posible a su cuerpo, fundirse en él.
Como tantas otras veces lo había hecho en su juventud, la tomó de las piernas y la levantó varios centímetros del suelo, descansó su peso contra la pared, mientras él con su cuerpo, la aprisionaba contra la misma. Ginny lo rodeó ansiosamente, y aunque su cuerpo le pedía a gritos que la acción comenzara de una vez, ella no podía evitar disfrutar todas las sensaciones que se agolpaban en su cuerpo: El bao del vapor la agobiaba, el golpeteo de la ducha la relajaba, la succión entre el cuerpo húmedo del morocho y el suyo la excitaba, los azulejos refrescaban su espalda, y el roce del miembro erecto de Harry contra su propio sexo la estaba volviendo loca.
Por fin, él comenzó a penetrarla con seguridad, recorriendo aquel camino que tantas otras veces había surcado. La memoria que se tenían los cuerpos era implacable, pero la exquisita sensación de sentirse uno, se renovaba con cada nueva penetración. Harry estaba en el limbo. Sentía todas aquellas cosas que la pelirroja había destacado en su mente, pero no les daba prioridad a ninguna, excepto al hecho de sentir un calor abrasador en su miembro, y aquel cosquilleo intermitente en su entrepierna. Algo dentro suyo le rogaba más. Más de lo que exigía y estaba recibiendo de ella esos días. Le pedía la eternidad. Todos los días de su vida cargados de esa sensación. Sólo eso.


Harry y Ginny bajaban al vestíbulo, tomados de la mano y sonriendo. Cuando se metieron al Gran salón, descubrieron que ni la directora, ni Hermione, ni Ron estaban presentes. De hecho, faltaban varios alumnos más. Un bullicio en el exterior del salón comenzó a hacerse audible. Ambos se miraron y comenzaron a caminar en dirección al bochinche sin saber bien qué esperar.
-¡Le digo que soy el novio!- se quejaba una voz.
Ginny se detuvo en seco y lo miró a Harry.
-¡Es Nicco! Pero, ¿Qué hace aquí?- soltó su mano, y corrió al encuentro con el castaño.
-Ahí está Ron, pregúntele a él, es mi cuñado. ¡Ron!
-Nicco- salió Ginny de entre la multitud de alumnos y profesores- ¿Qué es toda esta batahola?
-No sé qué tanto problema, vine para saber de ti y... no me dejan entrar.
-Ginny, ¿lo conoces?- preguntó la directora. La pelirroja se acercó y le susurró al oído.
-Si, profesora, discúlpelo. Es mi ex novio, creo que es importante.
-De acuerdo, que pase. Pensé que era un loco.
-Gracias, y... lo siento.
La directora dio la media vuelta y enfiló nuevamente para el gran salón mientras se llevaba a los alumnos chismosos y reestablecía de a poco, el orden. En el vestíbulo sólo quedaron Ron, Hermione, Harry, Ginny y Nicco. El pelirrojo miró a su aparente esposa y le hizo señas para que salieran. Harry se quedó unos segundos, esperando alguna señal de la pelirroja, a ver si se iba o se quedaba... pero nada. La pelirroja no lo miró. Sólo podía prestarle atención a su novio y, a porqué estaba allí en ese momento. Contrariado y algo colérico, Harry se dirigió al gran salón dispuesto a no comer ni hablar con nadie.

Ginny guió a Nicco para que caminaran por el exterior del castillo. Si bien hacía un frío de locos, a ambos se les notaba en las mejillas la exaltación por todo el alboroto reciente y, por los comos y porqués de aquella engorrosa situación.
-No te causé ningún problema, ¿Verdad?
-No- lo tranquilizó- No hay problema en que hubieras venido, Nicco. El problema puede surgir del 'para qué'- ambos aguardaron en silencio.
-Necesitaba verte, ¿eso está mal?- la miraba de soslayo.
Ginny caminaba con las manos en los bolsillos de su saco. No había planeado salir a caminar, así que no estaba muy preparada para encarar al clima exterior. Ella negó con la cabeza.
-No, no está mal. Pero pensé que habíamos acordado algo.
-Si, lo sé- parecía conversación de extraños- lo sé pero... todo se fue al demonio cuando me hablaste por teléfono el otro día- el silencio se hizo presente de nuevo- ¿Sabes?- se detuvo de sopetón y la miró con intencidad. Parecía una conversación completamente nueva- Creí entender qué es lo que querías. Te entendí cuando me pediste un tiempo, la idea de sopesar una familia o no, llevaba su reflexión, así que no me quejé. Me costó, pero te entendí cuando me dijiste que sería mejor no hablarnos durante ese tiempo... pensé "bueno, quizás mis palabras la confundan, quizás necesita estar segura por su cuenta" Lo entendí y me hice a un lado. Pero cuando me llamaste diciendo que te habías mudado, como si te me estuvieras evitando, y cuando me dijiste que te habías ido, como si te me estuvieras escapando... o peor aún, cuando me dijiste que viajaste con Harry... No, Ginny, ya no te entiendo. Sé que quieres terminar conmigo, lo que no entiendo es porqué no lo haces de una vez, en lugar de tenerme en la cuerda floja... ¿Qué demonios sucede contigo? ¿Qué más quieres de mí?
Ginny agachó la mirada avergonzada de sí misma. Jugaba con la tela del interior de su bolsillo, mientras pensaba qué decirle, qué ocultarle o qué mentirle. Nicco resopló y comenzó a caminar de un lado para el otro, nervioso. Intentaba volver en sí. Se detuvo frente a ella, ya calmado.
-Lo siento, perdí la compostura, no debí levantar la voz. Es que todo esto me tiene como loco- buscó su mirada pero la pelirroja la mantenía aún en el suelo. A modo de caricia, colocó su mano en el mentón y le hizo levantar la mirada. Él le sonrió dándole ánimos- Vamos pequeña, dime qué pasa. Sólo respóndeme esto... ¿Es por Harry, que nos tienes descuidados? ¿Es por él que quieres acabar esta relación?- ella negó con la cabeza, y unas lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos. Se abalanzó a él y lo abrazó del cuello.
-Lo siento. No sé qué decirte. Aún no sé qué quiero... no sé si quiero o no una familia, no sé si quiero o no tirar lo nuestro por la borda. Yo te quiero, Nicco.
-Bueno... por ahora eso es suficiente- él la separó y la miró- Prométeme que me lo responderás antes de que me vaya.
-¿Te vas a ir?
-No quiero causar problemas. Esta misma noche me iré, además tú no contabas con mi presencia, así que no te arruinaré las vacaciones.
-No, no hagas tal cosa. Le preguntaré a la profesora si puedes quedarte, al menos hasta mañana, ¿si? ¿te quedarás?
-Haré lo que tú quieras- él la abrazó y la atrajo para besarla.


-¿Qué quieres hacer esta mañana?- abrazó a la castaña por los hombros. Ella lo miró sonriente.
-Pues, me parece que tú tienes que dar clase...
-Claro. Pequeño detalle...
-Y creo... que yo quiero verte impartirlas- se acercó a susurrarle- verte delante de una clase es excitante para mí.
El pelirrojo la trajo hacia sí, y la besó. Tomó su mano y caminaron a la par por los pasillos por donde varios estudiantes pasaban entre clases y clases. Un grupo de alumnos que estaba en un costado, se dirigió a Ron.
-Profesor Weasley, ¿ella es su esposa?- preguntaron a modo de piropo hacia la castaña. Ron casi niega, hasta que recordó las apariencias que mantenían allí.
-Si, así que mantente alejado o estarás toda tu vida rindiendo posiones conmigo- bromeó.


Harry se encontraba en su cuarto, ahora más vacío de lo usual, para empezar ella no estaba. Generalmente cuando entraba o salía de ese cuarto, ella lo esperaba dentro o lo seguía detrás. Se dejó caer en la cama deshecha. Miró hacia el techo abstraído.
¿Porqué le había perturbado tanto el ver a su novio allí? Tenía derecho. Él mismo hubiera reaccionado así si ella fuera su novia. La hubiera ido a buscar desde mucho antes. Pero le molestab. Y claro que sí. Había imaginado desde algunos días atrás, que ella comenzaría a pertenecerle. ¡Él había dejado de pensar en Ronney! Lo mínimo que ella podía hacer, era ya no hablar de Nicco, ni salir corriendo cuando este apareciera. Algo en su interior le había hecho creer que, de a poco, aquellos lejanos tiempos volvían. Pero se había equivocado. Se había equivocado y no era culpa de la pelirroja.
Debía tener en claro una cosa antes de bajar nuevamente: ¿la dejaría ir, o no?. Sus yo internos se disputaron gran tiempo. Había una parte de él que quería bajar y eliminar del mapa a su contrincante, poner en el ring ambos amores, y que Ginny optara por aquel que había nacido para estar con ella. Quería que lo eligiera a él. Pero la otra parte de su ser, se sentía extremadamente culpable con Nicco. Él desde el primer momento se había mostrado comprensivo y tolerante para con su amistad con la pelirroja, aún conociendo la historia que ambos cargaban en sus hombros. Jamás un planteamiento, jamás un "no quiero que lo velvas a ver", nada. De hecho ambos habían pasado más tiempo del debido, juntos en Londres, y ambos habían viajado como una pareja. Y aún había más, él había traicionado esa confianza que aquel desconocido le profesaba sólo por ser amigo de su novia, y lo engañó. A la primer oportunidad concebida, abusó de su confianza y se acostó con ella. La disfrutó varias veces y, jamás se detuvo a sentir culpa. Jamás le interesó sentirla... pero ahora, de golpe, toda esa culpa le arremetía los pensamientos y lo dejaba indefenso. Nicco era una mejor persona para ella, y debía entenderlo de una vez.


Ginny y Nicco entraron en el castillo, en la puerta, ella lo detuvo en seco.
-Casi lo olvido, aquí... bueno, la gente piensa que soy la novia de Harry- dijo como disculpándose.
-¿qué? ¿por qué creerían eso?
-Pues... porque nosotros lo dijimos.
-¿qué?
-Lo siento. Es que la directora fue nuestra profesora muchos años, y como sólo veníamos por dos semanas, Harry no quiso decirle lo de su...situación sentimental y, bueno inventó eso, como justo llegamos juntos.
-Claro, claro- calló para no armar más líos de los que ya había causado aquella mañana.
-Aguardame aquí, voy a hablar con McGonagall y, haré bien las presentaciones así no piensa mal de ti ni nada por el estilo ¿si?- él asintió.

Nicco se sentó en uno de los escalos a esperar. Escuchó que alguien bajaba pausadamente, con pesadez. Se sentó a su lado.
-Hola, Nicco- él se dio vuelta, asombrado que el morocho lo saludara.
-Hola.
-¿Y? ¿Te gusta?- el castaño lo miró desconcertado.
-¿Qué?
-El castillo, ¿te gusta?. Aquí pasé siete años de mi vida... cómodo ¿no?- miró los techos.
-Si, es...impresionante- se notaba a la legua que el chico estaba incómodo y algo sorprendido, jamás había estado a solas con él y, sinceramente tanta fama y toda la historia que había tenido con su novia, lo intimidaban un poco.
-Y...¿qué te trae por el castillo?- Nicco apartó la vista de él y se quedó mirando hacia delante.
-Ginny, claramente. Necesitaba hablar con ella.
-Lógico.
Ambos se quedaron en silencio. Harry ya consideraba haber hecho lo posible por entablar una conversación descente y evaporar así, su culpa. Pero era cuestión de piel, ambos jugaban por el mismo premio, y pateaban para el arco contrario, jamás sería cómodo o natural.
-No quiero sonar desubicado, pero aprovecharé esta oportunidad para sacar a relucir un tema y si es posible, darlo de baja- advirtió el castaño, quien, aunque Harry había notado cómo lo intimidaba, tenía reacciones maduras y firmes.
-Te escucho.
-Si estoy aquí, haciendo el ridículo e importunando a las personas que significan algo para Ginny, es porque no me resigno a perderla, ¿me explico?- él asintió- bien. Lo cual quiere decir, que a pesar de nuestros últimos altercados, yo la amo. Y es la mujer con la que quiero compartir mi vida entera- ambos se miraron- Ahora bien... si ella, por alguna razón, me dijera que no quiere nada más conmigo, que lo ha pensado y yo no soy la persona que deseaba para formar una familia, por respeto a ese amor que yo siento por ella... la dejaría ir ¿me sigues?
-Si.
-Bien. Yo estoy aquí para averiguar exactamente eso. Si es que quiere que esto se termine, necesito oírlo directamente de sus labios.
-¿Se lo has preguntado?
-Si... fue lo primero que hice.
-¿Y que respondió?- intentó parecer desinteresado, pero moría por saberlo.
-No ha sabido darme una respuesta rotunda. Creo que está confundida... y, en parte, sé que es por ti- lo acusó con la mirada- Mi problema radica en que, no sé si culparte o no. Porque, o bien tú estás tan confundido como ella, por el lugar y por la historia que tienen juntos, o bien tú sabías que ella se confundiría y la has traído aquí con ese propósito. O bien eres un ser humano, o bien un maldito aprovechador- dijo ya con algo de odio reprimido. El morocho corrió la mirada, vencido.
Harry sabía que él no la había llevado allí con ese propósito, ella se había ofrecido, jamás la invitó. Pero quizás sí fuera un poco culpable de abusar de su historia juntos, y jugar con ello para avivar algún sentimiento dentro de la pelirroja. Lo cual ahora lamentaba horrorosamente.
-Mira, Nicholas... La verdad es que, yo no la traje aquí. No la invité. Ella quiso viajar para distenderse, lo cual pensé porqué no. Sus diferencias se dieron casualmente con mi viaje, el cual ella aprovechó, eso es todo. En cuanto a lo demás... si crees que yo busqué confundirla para que esté a mi lado, desde ya te digo que te despreocupes. Su confusión no es por mí, no es por elegir entre uno u otro... yo... yo no quiero nada con ella, ni ella quiere nada conmigo. Así que no dudes de mí, ni de lo que haga con ella, porque lo nuestro terminó hace ya muchos años y... lo que hoy nos une es sólo amistad, ¿puedes confiar en eso?
-Puedo intentarlo.
-Bien. A eso le sumaré el hecho de que, sé que eres la mejor persona para ella y que, ella misma lo sabe. Jamás intentaría privarla de algo que le haga bien. Es mi mejor amiga, eso es todo- dio por finalizada la conversación- ¿estamos bien?- él, todavía no muy convencido, pero consciente de que con el tiempo, lo haría, asintió.
-Estamos bien.

Ginny que había escuchado casi toda la conversación final, fue como golpeada por una roca. Él no quería nada con ella. ¡Qué expectacular modo de solucionar las cosas! Pensó con sarcasmo. Ella no significaba nada más que una amistad para él. Es decir que cualquier muestra de preferencia por él ante Nicco, era en vano. ¿Qué más podía hacer?

Se acercó a paso seguro a los hombres. Cuando ambos levantaron la vista para mirarla, ella se dirigía expresamente a Nicco. Ambos le sonreían, pero ella sólo le respondió el gesto a su novio. Se agachó para estar a su altura y lo miró.

-Hablé con McGonagall, me dijo que puedes quedarte hasta mañana y yo no quise abusar.

-Está perfecto- sonrió.

-Bien. Dormirás en el cuarto que estamos nosotros- él asintió- Ven, te presentaré a la directora.

Ginny todavía no tenía idea cómo iba a explicarle que había dormido en un cuarto para ellos solos, durante todos esos días. Le ofreció la mano y él la tomó. Ambos se pusieron de pie.

-¡Ah!- se detuvo en seco y volvió a mirar a Nicco- No te presentaré como mi novio porque... Para ella... yo soy la novia de Harry. Es una larga historia que luego te contaré ¿si? -¿Debo precuparme? -¿Sinceramente?- lo miró a Harry fugazmente- No, para nada.

Harry rió para sus adentros, con algo de superioridad. Se puso de pie, y de a zancadas subió las escaleras hasta el cuarto.