Declame

Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Mortal de Eileen Wilks.

Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente los combine por diversión.


— Hay tres fotografías que no nos ha enviado. Tres víctimas de las que él no quería que supiéramos nada.

— No podemos estar seguros de eso.

Hermione miró impacientemente sobre su hombro. Baxter estaba sentado en su escritorio, una gastada y rayada reliquia de los cincuenta que parecía fuera de lugar en aquel edificio moderno que albergaba la oficina del FBI en San Diego. Contenía una pila desordenada de carpetas, un ordenador, cinco latas vacías de Dr. Pepper, más la que acababa de abrir.

Aquel tipo tenía una grave dependencia de los refrescos.

Mató el veinticinco, el veintisiete y el veintinueve. No hemos recibido ninguna fotografía del día treinta y uno, pero sí que tenemos víctima el día dos y el día cuatro de este mes. Y luego nada hasta el seis y el ocho. Otra víctima el día diez, y ahora Curtís. Hoy es doce. ¿Qué les dice esto?

— Que tenemos un patrón. No significa que matara en las fechas que nos faltan. Quizá esos días pasó algo que se lo impidió. Quizá no encontró a la víctima adecuada.

— Desde luego, tiene una víctima tipo. —Hermione se detuvo delante del tablón que resumía el caso. Había siete fotografías clavadas en él. Siete fotografías de siete mujeres, todas ellas con el pelo castaño, jóvenes, y estaban desnudas. Cinco yacían en una cama, como Kim Curtís. Una estaba tirada en un callejón, mientras que otra mostraba sus ojos vacíos, apoyada en un árbol. Ninguna tenía señales de violencia en su cuerpo.

Siete personas muertas limpiamente, las manos cruzadas sobre el pecho.

— ¿Por qué nos mandará estas fotografías? —Preguntó Hermione—. ¿Por qué dejarnos pistas que pueden facilitar su detención?

— Todavía no lo hemos encontrado —señaló Baxter—. Pero sí, ya sé qué quiere decir. Dejándonos esas fotografías nos proporciona mucha información.

Se habían tomado con una cámara digital, lo que significaba que las imágenes en sí mismas podrían ofrecerles bastante información. Había grabado el disco en un Kinko's, por Dios.

— Sabemos qué tipo de cámara utilizó y cuándo hizo cada una de las fotografías. Tenemos los nombres de tres de las víctimas, así como el lugar donde murieron. Malditos sean los ojos de Leung.

— No puedo culpar lo porque no se diera cuenta de que la otra muerte sucedida en su territorio también había sido un homicidio —dijo Baxter—. Si tienes a una prostituta muerta, sin signos de violencia, no se te ocurre pensar "Eh, estoy seguro de que ese tipo que lleva un báculo mágico le ha absorbido la vida".

— Pero cuando Curtís ha aparecido muerta de la misma manera, tumbada en la cama como la otra víctima, ya sabía que se había equivocado en el caso de Cynthia Porter. Y aun así nos ha impedido hacer nuestro trabajo hasta que su jefe le ha ordenado que lo deje.

— La policía local suele hacer eso a menudo.

Hermione y Baxter intercambiaron una mirada. Baxter ya sabía que Hermione había estado trabajando en la policía local hasta hacía bien poco.

— Yo nunca lo hice —dijo Hermione.

Él se encogió de hombros.

Hermione y Baxter no se habían entretenido en darse cabezazos el uno contra el otro. La jurisdicción de la DCM en aquel caso estaba muy clara, y Baxter había puesto a varios agentes a disposición de Hermione sin quejarse en lo más mínimo. Pero a ella le había dejado bien claro que pensaba que era demasiado joven y demasiado novata para hacerse cargo de una investigación de aquella envergadura.

Hermione se sentía inclinada al estar de acuerdo con él. Quería que Remus volviera. Ya se lo había dicho a Albus cuando lo había llamado para informarle de las implicaciones de aquel caso. Pero el asunto de los diablillos había resultado ser más complicado de lo que había parecido en un principio. Habían sucedido una serie de incendios, unos cuantos accidentes y ahora, un par de muertes. El gobernador de Virginia estaba pensando en cerrar locales y la fuga ya estaba siendo considerada como la mayor del último siglo. Dumbledore no podía hacer volver a Remus hasta que localizaran la brecha y la cerraran.

Ella había hecho algunos progresos. Tenía identificadas a tres de las víctimas, una en Oceanside, otra en Escondido y la tercera en Temecula, igual que Curtís. Las tres muertes habían sido identificadas, en su momento, como muertes por causa natural, y ahora tendrían que ser examinadas con suma atención. Hermione sintió una oleada de lástima por la asamblea de brujos de Los Ángeles a la cual se le había encargado el trabajo. Al parecer, eran bastantes competentes, aunque les había llevado treinta minutos confirmar que Curtís había muerto a causa de magia de muerte.

Hermione había hablado con el jefe de policía de Temecula y con tres testigos del Zactus Corral, incluido el medio novio de Kim. Ahora estaba esperando para entrevistarse con otro testigo, el camarero que al parecer había servido a Harlowe. Era su noche libre y todavía no había podido ser localizado.

A Hermione le resultaba extraño esperar a que otros trajeran a los testigos. Estaba acostumbrada a ir a por ellos personalmente, pero alguien tenía que coordinar las fuerzas federales con la policía local. Y en aquel momento, ella era la encargada de hacerlo.

Se iba a alegrar mucho cuando llegara Croft.

— Si Gregory asesinó los días que nos faltan —y Hermione tenía la corazonada de que así había sido—, entonces se guardó esas fotografías por alguna razón. ¿Por qué? ¿Hay alguna otra víctima de la que todavía no sepamos nada? La primera fotografía que hemos recibido es del veinticinco del mes pasado.

— Sí, ocho días después de que usted le estropeara los planes con los azá. Me gustaría saber qué estuvo haciendo durante esa semana.

Quizá estuviera escondiéndose en el infierno. Hermione no le había mencionado esa posibilidad a Baxter. No solo hacía que fuera lo suficientemente extravagante para hacer que el agente empezara a dudar de todo lo que Hermione le había contado hasta entonces, sino que además procedía de una fuente que no podía revelar.

— Si tiene razón sobre ese báculo y la necesidad de Harlowe de alimentarlo regularmente —dijo Baxter—, pronto tendremos otra víctima. Espero que esté equivocada, aunque no lo creo.

Hermione lo sabía. Hermione lo sabía, y la seguridad de ese hecho le carcomía por dentro.

— Volvamos a esas fotografías. ¿Por qué las hace? ¿Por qué nos las manda? ¿Por qué quiere o necesita que nosotros sepamos tanto sobre lo que está haciendo?

— Quizá no sepa que nos está dando toda esa información. Hay mucha gente que no controla mucho de informática. Yo nunca había oído hablar de esa información, EXIT.

— EXIF —corrigió Hermione sin mucho empeño. Frunció el ceño mientras observaba el mapa que colgaba en una esquina del tablón. Hasta entonces solo habían identificado a tres víctimas y no era suficiente para establecer un patrón. Pero esas tres muertes les estaban llevando hacia el norte, lejos de San Diego.

— Pero incluso aunque no controle la terminología, sí que se molestaría en investigar un poco sobre el tema, ¿no? Antes de compartir sus fotos trofeo con el FBI, se aseguraría de que esas imágenes no estén desvelando más información de la que desea que desvelen.

Baxter sonrió amargamente.

— Yo no contaría con que Harlowe sea tan listo como yo.

— Es lo suficientemente listo. —Hermione había pasado horas interminables recabando información sobre ese hombre, conociéndolo mejor a través de los ojos de otras personas, para estar segura de eso.

— Los genios que hacen los perfiles de los criminales creen que ansían el reconocimiento. Hasta ahora ha sido más listo que nosotros, pero eso ya no lo satisface. Quiere estar seguro de que nosotros sepamos lo listo que es.

— Quizá. —Hermione hizo repiquetear sus dedos sobre el escritorio—. No, maldita sea, eso no encaja. Simplemente no encaja con el tipo de hombre que era antes, ambicioso, amoral, pero no era un asesino en serie; y se tomaba muchas molestias para pasar desapercibido. Algo ha cambiado, o estamos malinterpretando todo lo que ha sucedido hasta ahora.

La puerta se abrió.

— Quizá se crea invencible —dijo Draco. Sostenía entre sus manos una caja plana de cartón de la que salían aromas maravillosos: peperoni y salsa de tomate—. Quizá crea que nunca podremos agarrarlo, o matarlo.

— Qué demonios —dijo Baxter—. ¿Estaba escuchando detrás de la puerta?

Hermione frunció el ceño. Normalmente Draco tenía mucho cuidado de no hacer sentir incómodos a los humanos que lo rodeaban. Quizá estuviera cansando.

— Tengo muy buen oído. —Draco se acercó al escritorio y dejó la caja—. Son casi las ocho y estoy hambriento. He pensado que quizá quiera un par de trozos de pizza. Espero —dijo mirando a Hermione—, poder compartir lo que quede con mi dama.

Mi dama. Solo Draco podía decir aquello y que sonara normal.

— Nos resultaría muy útil si Harlowe tuviera delirios de grandeza y se creyera invencible, pero Cullen dijo que era Helen la que afrontaba los riesgos. Harlowe solía ser más prudente.

— Eso era cuando el báculo estaba en poder de Bellatrix. Ahora lo tiene Gregory.

— ¿Crees que el báculo cambia la personalidad de quien lo utiliza?

— Creo que tenemos muchas suposiciones y pocos hechos seguros. También creo que es la hora de cenar. Hay una sala de descanso al final del pasillo donde podremos comernos lo que nos deje Baxter.

Baxter ya se había apropiado de tres porciones de pizza.

— Adelante, vaya, el FBI podrá vivir sin usted durante unos minutos.

La sala de descanso estaba tan solo a cuatro puertas de distancia del despacho de Baxter, y a aquellas horas estaba desierta.

— ¿Dónde está Ginny?—preguntó Draco.

— Aquí no había nada que fuera a ayudarla a localizar a Gregory, así que ha ido a echar una mano en otro caso. Secuestro de un niño por parte de uno de los padres. Está segura de que podrá localizar al niño. —Hermione cogió un par de toallitas de papel para que les sirvieran de plato y de servilleta—. ¿Qué era todo eso de "mi dama"?

Draco estaba metiendo monedas en la máquina de refrescos. Sonrió.

— ¿Acaso no lo eres?

— Suena… —Hermione pensaba que sonaba como cuando Draco hablaba de su diosa, pero decidió que no le apetecía meterse en esa discusión en ese momento—. Medieval. Como si estuvieras a punto de montar en tu corcel para ir a detener a algún vil ano con tu lanza.

— Creo que pasaré de la parte del caballo. No les gustamos mucho. —Trajo dos latas de refrescos y las dejó sobre la mesa: Coca-Cola Light para ella y normal para él—. A Baxter le resulta incómoda mi presencia.

— Ya le he explicado que eres un consultor para el caso.

— Es más que eso. Normalmente, cuando uno se siente amenazado, suele tener una respuesta visceral, ya sea miedo o agresividad. Pero él me ignora. Es extraño.

Hermione podía hacerse cargo. Era difícil ignorar a alguien como Draco.

— Tiene un toque de… bueno, como extraño. Es muy débil y no puedo identificarlo. Pero hay algo. Quizá hubiera una bruja entre sus antepasados, o incluso alguien perteneciente a la Estirpe. Eso explicaría por qué es más tolerante que el resto de la gente. —El olor de la pizza le estaba haciendo la boca agua. Cogió una porción y le dio un mordisco.

— Quizá. —Draco se sentó y también agarró una porción, el queso fundido se estiró lo indecible—. Tu hermana se ha casado por lo civil y no ha tenido una ceremonia religiosa.

Hermione parpadeó.

— ¿A qué viene eso ahora?

— Cuando te he llamado "mi dama", ¿no has pensado que es como cuando hablo de la Dama?

— ¿Ahora resulta que eres telépata?

— No. La verdad es que me tengo que aferrar a cualquier detalle que dejes escapar para poder ir conociéndote mejor. ¿Son mis creencias particulares las que te molestan o es la religión en general?

Hermione resistió la necesidad de agitarse en su asiento.

— Simplemente creo que esos asuntos son privados. Me molesta que la gente haga públicas sus creencias.

— Quieres decir, como si fuera la ropa interior.

Hermione sonrió.

— Quizá.

— Me pregunto si es cosa tuya o es una opinión de tu familia en general.

La pizza llevaba champiñones. No es que Hermione odiara los champiñones, pero tampoco le entusiasmaban. Quitó uno de su porción.

— Supongo que es cosa de familia. Las guerras de religión habían terminado ya cuando yo tenía seis años, pero en realidad son treguas armadas con algunas escaramuzas ocasionales, no es una paz duradera.

—¿Hay diferentes creencias dentro de tu familia?

—Mi madre es cristiana dos veces al año, en Pascua y en Navidad. A mi padre lo educaron como budista, pero no estoy segura de que sea algo que tenga muy en cuenta. En vista de que ninguno de los dos es devoto, pensarías que podrían haber llegado a algún tipo de acuerdo, pero… —Hermione hizo un gesto despectivo con el hombro bueno. Se le estaba enfriando la pizza y le dio otro mordisco a su porción.

— Así que te has acostumbrado a ignorar el tema para evitar cualquier conflicto familiar. — Draco asintió—. ¿Pero también has dejado de pensar en ello?

La verdad era que sí. Hermione quitó otro champiñón y habló sin mirarlo.

— Como todo el mundo pasé por la típica fase adolescente de hacerse preguntas sobre todo. Ya sabes, de dónde venimos, por qué estamos aquí, qué significado tiene todo, ese tipo de cosas. Y al parecer todo el mundo tenía una respuesta diferente para cada pregunta y ninguna forma de respaldarla.

— Querías indicios. Pruebas.

— ¿Y qué hay de malo en eso? Si estamos hablando de cosas tan importantes como el sentido de la vida, ¿no deberíamos desear tener algo más concreto que un montón de teorías?

— No hay nada malo en vivir en una realidad basada en los hechos. Pero a la ciencia, por muy buena que sea en explicar el cómo, no se le da nada bien el por qué.

En lo que a Hermione se refería, a nadie se le daba nada bien responder al por qué de las cosas, pero eso no les impedía pensar que lo tenían todo bien resuelto. Hermione frunció el ceño y dio otro mordisco, esperando que Rule captara su incomodidad y cambiara de tema.

Draco cubrió la mano de Hermione con la suya.

— Estoy intentando comprenderte, no convertirte.

Bien. Hermione lo dio a entender asintiendo brevemente, porque tenía la boca llena. Draco quería saber qué opinión tenía ella sobre la fe porque era un tema importante para él.

Y para ella también debía serlo, o no se sentiría tan incómoda al hablar de ello. Aquel pensamiento resultó ser bastante desconcertante; terminó su porción en silencio.

A Draco le pareció bien y no forzó la conversación mientras comían. Hermione pensó que aquella era una de las buenas cosas de Draco. Ella no era un entretenimiento para él. Draco no necesitaba que Hermione le hiciera reír, engordara su ego o lo entendiera de modo que él no tuviera que entenderse a sí mismo. Muchos hombres que decían que buscaban una relación estable, lo que querían en realidad era una combinación de compañera de cama, terapeuta y un espejo en el que mirarse.

Quizá él también hubiera buscado eso en otra época, cuando era joven.

Hermione se sintió súbitamente incómoda, como si alguien le hubiera dado un codazo en el costado sin que hubiera nadie alrededor. No le gustaba pensar en la edad que tenía Draco. Aunque, se dijo a sí misma, más valía que fuera acostumbrándose. Él no iba a rejuvenecer de repente.

Una de las cosas que más le molestaban es que ahora había muchas más cosas sobre él que desconocía. Cosas que habían sucedido en aquellos veinte años de más. Quizá debería preguntarle a Ginny cómo era Draco doce años atrás, cuando los dos habían mantenido una relación.

— ¿Qué? —preguntó Draco mientras se limpiaba las manos con una toallita de papel.

— No he dicho nada.

— Me estás mirando con unos ojos que delatan que tienes grandes preguntas que hacerme.

Hermione tenía la sospecha de que a Draco no le haría gracia que Ginny y ella se pusieran a comparar sus apuntes.

— Es bonito poder estar sentada a tu lado sin sentir la necesidad de echarme encima de ti.

Draco sonrió.

— Me has hundido. Pero quizá lo que te pasa es que estás agotada. Ayer tuviste un día muy duro y no has dormido lo suficiente.

— Estoy bien. —Por lo menos durante un par de horas más—. Y ya sabes a lo que me refiero. El vínculo se ha relajado un poco, ¿no? Ahora podemos alejarnos más el uno del otro. Mucho más.—Hacía poco no habían podido alejarse ni una manzana—. Estar a tu lado sigue siendo agradable, pero es más como si me hubiera tomado una cerveza y no las seis latas del paquete.

— ¿De verdad eras de las que te tragabas seis latas en tu época de la universidad? La verdad es que no te imagino haciéndolo.

— Me emborraché una vez. Y no me gustó. —Hermione no podía comprender por qué la gente veneraba aquella total falta de autocontrol—. ¿Qué hay de ti?

— Un lupus no se emborracha tan fácilmente. Nuestros cuerpos tratan el alcohol como a una toxina y lo limpian de nuestro sistema tan rápido que no podemos intoxicarnos.

— Eso puede resultar muy útil… a no ser que realmente quieras emborracharte.

Draco sonrió, con esa sonrisa suya rápida, limpia y enérgica, como un relámpago.

— Y quise emborracharme, cuando estaba en la universidad. Quería saber qué se sentía. Era tan estúpido como los demás chavales, creyéndonos adultos solo porque habíamos alcanzado la edad legal para beber.

A Hermione le resultaba bastante difícil imaginarse a Draco en la universidad. ¿Se habría inclinado por los deportes? ¿Habría sido estudioso o habría pasado de ir a clase? ¿Habría tenido amigos? Hermione se refería a amigos humanos. Gente que no perteneciera a los clanes.

— ¿Tu padre tiene alguna foto tuya de cuando eras joven? Me refiero a cuando eras niño o un adolescente. Me gustaría verlas.

Draco inclinó la cabeza sorprendido.

— Henry tiene un montón de álbumes. Estoy seguro de que si se lo pides, te dejará echarles un vistazo.

¿Henry? Quién… oh.

— El criado de tu padre, o cocinero, o lo que sea. ¿Él guarda las fotos familiares?

— Henry forma parte de la familia desde hace muchos años. Me cuidó cuando era niño.

A pesar de que estaba claro que Draco no había nacido solamente de la semilla de su padre, Hermione no recordaba haberle oído hablar de su madre. La ausencia materna en las conversaciones la empujó a tener cuidado al abordar el tema.

— Nunca mencionas a tu madre.

— Podría decir que tuve muchas madres. A nuestra gente le entusiasman los niños.

De acuerdo, quería dejar esa puerta cerrada. Hermione lo dejaría pasar por ahora. No era el mejor momento para abordar un tema tan personal.

— Supongo que Luna fue una de aquella figuras maternales… —Su voz fue a la deriva mientras caía en la cuenta—. O no. Ella, eh, debe tener tu edad o estar muy cerca. Probablemente jugaron juntos.

— Ah, su cabello gris confunde bastante. Solo tiene cuarenta y cuatro. Es mi sobrina.

— ¿Tu… sobrina?

Draco asintió.

— Creció con el pueblo de su madre, pero venía al Hogar del Clan a pasar los veranos con Theo.

Luna parecía mayor que Draco. Parecía mayor que su propio padre. ¿Qué ocurriría en una familia cuando la mitad de ella, la parte femenina, envejecía más rápido que la otra mitad?

— ¿Cuántos años tiene Theo?

— Sesenta y cinco.

Dios. Sí que parecía mayor que Draco, pero Hermione le habría echado cuarenta. Y, sin embargo, todavía tenía unos ochenta años más de vida por delante, mientras que su hija…

— Maldición —murmuró Hermione—. Theo será testigo de cómo envejece su hija. Y ella nunca lo verá convertido en un anciano.

— Cuando aún somos jóvenes no es fácil para nosotros tener que enfrentarnos al hecho de tener una hija.

Hermione tuvo una idea repentina.

— ¿Es por eso por lo que los lupi no os casáis? ¿Por eso no creéis en el matrimonio? No podrías esconderle un secreto así a tu mujer. Ella envejecería y tú no, al menos no al mismo ritmo. Y ella moriría. Eso sería muy duro.

El rostro de Draco era una máscara impenetrable.

— Eso forma parte de nuestra vida.

— Yo envejeceré y moriré antes que tú. —Ya está, lo había dicho. Sentía que su corazón vacilaba.

— Posiblemente.

Sus cejas se arquearon.

— Si vives el doble que un ser humano, eso son ciento cincuenta años más por lo menos. Yo quizá viva ochenta y cinco o noventa años, si conservo la salud. Así que cuando yo tenga ochenta y mi cuerpo rechine como una máquina oxidada, tú serás un hombre de ciento seis años saludable y lleno de energía.

—A veces los Elegidos viven tanto como nosotros. No sucede siempre. No sabemos por qué.

Draco no sabía si perdería a Hermione cuando aún le quedaran años y años por vivir. No poder saber eso… era casi tan difícil de asimilar como la desesperación. Hermione tocó su mano. Él se la agarró con fuerza, como si supiera lo que ella estaba pensando. Como si pudiera mantenerla joven por pura fuerza de voluntad. Tras unos instantes, se relajó un poco. Sacudió la cabeza y soltó la mano de Hermione.

— Ya tengo suficiente por lo que preocuparme ahora mismo para pensar en los "y si" que todavía están a años de distancia. Lo más inmediato que me preocupa ahora, me temo, es que esta noche tengo que ocuparme de unos asuntos del clan.

— De acuerdo. ¿De qué se trata?

— El rho ha decidido convocar una reunión de todos los clanes. —Se limpió de migas la palma de la mano y las dejó caer en la caja de pizza—. Me necesitan para establecer algunos contactos.

— ¿Qué supone una reunión de todos los clanes? ¿Os reunís absolutamente todos?

— Sí. Se convoca una cada siete años más o menos. La última se celebró hace apenas dos, así que aún no es hora. Pero hay mecanismos que permiten convocar una reunión de todos los clanes en caso de emergencia. El rho cree que es oportuno poner en marcha esos mecanismos.

— Por Ella. Por la diosa. Porque va a por los lupi.

— Correcto. Por supuesto, ya hemos informado sobre Ella, pero es fácil desechar un cuento como ese.

— Entonces, ¿qué pretende conseguir tu padre con esta reunión? ¿Crees que podrás convencer a más de los tuyos de que la amenaza es real?

— Nunca he intentando adivinar qué tiene Lucius en la cabeza —dijo Draco—. Pero uno de los objetivos es, sin duda, convencer a los escépticos de que el peligro es real. De que Ella está actuando en nuestro mundo otra vez.

Hermione frunció el ceño e hizo repiquetear un dedo en la mesa. Draco le había contado una vez que los lupi habían sido creados para luchar contra la diosa. Fuera cierto o no, Draco lo creía. Y al parecer, también lo creía el resto de los lupi, incluido Blaise, que no era muy dado a creer en ese tipo de cosas que exigían tener fe.

— ¿Y qué supondrá que los demás clanes te crean? ¿Qué harán?

Draco titubeó antes de responder. Sus ojos oscuros mostraban su preocupación.

— Thranga —dijo por fin—. Quizá.

— Bien, ahora lo comprendo del todo. Si tú…

La cabeza de Draco se giró, alertando a Hermione de que había oído acercarse a alguien. Unos segundos después, ella también lo oyó: pasos.

Baxter apareció en la puerta.

— Hastings ha encontrado al camarero en casa de su novia y lo está trayendo para acá. Le he dicho que podemos utilizar mi despacho. El tipo estará más tranquilo allí que en una sala de interrogatorios. —Detuvo su mirada en la caja de pizza—. ¿Os ha sobrado algo?

— No. —Hermione se levantó de su silla—. Enseguida voy.

Baxter asintió y volvió pasillo arriba. Hermione agarró la caja de pizza vacía y la tiró a la basura. Otra vez se les había acabado el tiempo. Parecía que nunca había tiempo suficiente para los temas que importaban de verdad.

Sin embargo, aún estaba a tiempo de abordar uno de ellos.

— ¿Cuál era tu programa de televisión favorito cuando eras niño?

— Haces preguntas muy raras.

— Yo solía ver Barrio Sésamo. ¿Lo daban cuando eras pequeño?

— No, yo era del club Mouseketeer del ratón Mickey.

— Del club Mouseketeer. —Una sonrisa inundó el rostro de Hermione—. ¿En serio? ¿Tenías la gorra?

— No me acuerdo. No, no creo que la tuviera. —Draco se acercó a Hermione y puso una mano sobre su hombro sano—. Supongo que todavía estarás aquí un rato.

— Tiene toda la pinta. Mira, te digo una cosa. Si te hace sentir mejor, te llamaré cuando esté lista para marcharme. —Hermione estaba muy satisfecha de sí misma. ¿Quién decía que no era capaz de comprometerse?

El gesto de la boca de Draco no indicaba que estuviera contento.

— Mi reunión será muy larga. Probablemente tú acabes antes que yo.

— No pasa nada. Si necesitas el coche llévatelo, ya le pediré a alguien que me lleve.

— No puedo dejarte sola a no ser que aceptes a otro guardaespaldas en mi lugar.

—Draco. —No exageres tu reacción, se dijo a sí misma. Ella estaba en el punto de mira del asesino, y Draco estaba preocupado, era natural—. No estoy diciendo que sea invulnerable, pero tengo buena puntería. Podré llegar a casa en perfectas condiciones.

— Un arma es una defensa muy poco útil si resulta que estás dormida cuando decidan atacar.

Hermione miró hacia el pasillo. ¿Era el ascensor?

— Tú también duermes.

— La duermevela es diferente.

— ¿Qué es eso? No, espera, ahora no tengo tiempo para explicaciones. Tengo que volver al trabajo.

— Primero escúchame, ¿qué te cuesta? Seré muy breve. —Draco agarró la cara de Hermione entre sus manos y se inclinó para besarla.

Esa era otra de las cosas buenas de Draco, se dijo Hermione después de que se separara de él y pudiera pensar claramente de nuevo. Cuando la besaba, centraba en ese acto toda su atención.

Quizá Hermione se hubiera equivocado un poco en esa analogía suya sobre la media cerveza.

— Recuérdame que te pregunte sobre esa duermevela.

— Está bien. Theo está en el aparcamiento, esperando para llevarte a casa cuando estés lista.

— ¿Qué?

— He creído que sería mejor que esperara fuera, de modo que no tuviera que deshacerse de sus armas. Está de acuerdo contigo en eso de que las balas pueden ser muy útiles a la hora de enfrentarse a un demonio.

— Eso es un alivio, pero…

— Quizá puedas llamar al guardia de seguridad de abajo y explicarle quién es Theo, para que no piense que mi hermano es un tipo que acecha el edificio con la idea de poner una bomba o algo así. —Draco se dio la vuelta, dispuesto a marcharse.

— ¡Espera! ¡Espera un segundo! No he dicho que vaya a dejar que Theo juegue a ser mi guardaespaldas.

— ¿Juegue? —Draco se detuvo en el umbral de la puerta, sonriendo—. A pesar de que ya has conocido a mi hermano, ¿sigues diciendo eso?

Hermione lo miró muy seria.

Draco suspiró.

— Hermione, el rho tiene guardaespaldas. Eso no hace que sea menos valiente.

— El rho está de acuerdo con tener guardaespaldas. Yo no he dicho ni una maldita cosa.

— Pero no eres estúpida, así que estarás de acuerdo. Además, necesitas que alguien te lleve a casa. ¿Por qué no Theo? Ya está aquí.

— Está aquí porque lo has llamado. Y no me has consultado. —Hermione oyó voces en el pasillo: el camarero, quejándose de que hubieran interrumpido su noche libre, y un agente que intentaba tranquilizarlo.

— Has estado muy ocupada. Me he tomado la libertad de meter el número de Benedict en la agenda de contactos de tu móvil, y también lo tienes en marcación rápida. Es el número doce. Si le dices cuándo quieres irte a casa, él estará listo para llevarte.

Lo que significaba que Draco había planeado esto hacía horas, cuando el a le había dejado el móvil para llamar a Blaise. Y a ella se lo había soltado así, en el último minuto.

— Maldita sea, tengo que irme ya. Pero tú y yo vamos a tener una conversación sobre todo esto.

Draco sonrió.

— Por supuesto. Hasta luego, nadia.


Hola, hola. Perdón por la demora, pero espero que le haya gustado el capítulo. Bueno, al final Hermione le dijo a Draco como se sentía con respecto al tema de la edad y en cuanto a nuestro bombón, es más que obvio que no la quiere perder por nada. Además, de que pudieron estar un rato juntos sin la necesidad de terminar revolcándose por ahí jajajaja.

Ahora, les vengo a traer un concurso... Estaba pensando realizar un concurso de preguntas sobre #LoveDanger, donde la ganadora se llevará el libro Peligro Tentador donde base la obra. Sí quieren saber más sobre esto, deben seguir mi pagina. Igual, más adelante, les dejaré el link donde responderán. Mi página es /lumione/ (también lo pueden encontrar en mi perfil)

De verdad, espero sus comentarios/review. Esto hace a una autora muy feliz.

Se despide hasta la próxima.

Lumione