Disclaimer: La ilusión de juntar las Esferas del Dragón y así poder revivir a todos los personajes que murieron durante la trilogía, es mía, al igual que esta adaptación. La obra original, contexto y, básicamente, todo, es propiedad de Suzanne Collins. Yo sólo desvarío.
Aclaración no solicitada: Este capítulo salió muy, muy, muy largo, si les aburre o les parece tedioso, lo entenderé. Pero en mi defensa, tengo tres argumentos: 1) Hace tres semanas me picó una araña, no cualquiera, una araña NEGRA, que me dejo tres enormes ronchas en el tobillo que ardían horrible y daban una comezón, peor; junto con un fogazo en el labi, veneno y fiebre; 2) hace dos semanas, después de lo de la araña, me dio infección en el estómago acompañada de escalofríos, naúseas, vomito y fiebre; y, 3) Esta semana me visitó la tos y su inseparable amiga, la gripa. Lo que me esta causando dolor de garganta, nariz tapada, noches sin dormir y fiebre. Conclusión: He escrito este capítulo en plena alucinación gracias a la fiebre, si algo está mal o no tiene coherencia, les súplico me den aviso para que, cuando esté en pleno uso de mis facultades mentales, pueda arreglar las fallas.
Nota: El capítulo comienza con el POV de Catnip.
-¿Adónde vas?
-Voy a la panadería, quiero ver cómo sigue Matt. Un golpe en la cabeza no debe tomarse a la ligera.
Me enfurezco y me meto bajo las cobijas hirviendo de rabia. Cómo es posible que con todo lo que ha pasado mi madre se preocupe por esos.
-Katniss… -siento cómo se sienta a un lado de mí—, no puedes ser tan rencorosa. Debes entender que ellos no son culpables de nada. –-me aferro más a las cobijas-. Peeta no actuó bien, pero, durante un momento, trata de ponerte en su lugar.
Salgo de mi escondite para enfrentarla. Tiene que darse cuenta que está equivocada.
-¡Pero eso no le daba ningún derecho a actuar como un imbécil ni a utilizarme! ¡Él no puede ser una buena persona, mamá, no cuando siente placer por matar! ¡Él mismo lo dijo!
-¿Sientes algo por Peeta, hija? –pregunta, con cautela.
¿A qué demonios viene su pregunta? Me esperaba un sermón sobre la solidaridad, no esto. ¿Qué pretende? Ella sabe que yo nunca tuve trato con él. No tiene sentido.
-Si Peeta llega a matar a Prim, ojalá no te arrepientas por haberte puesto de su lado. -salen las palabras antes de poder detenerlas.
Sé que la he herido, pero no puedo deshacer lo que dije; además, yo no soy de las que pide perdón y, en cierto sentido, es verdad: ella, por alguna extraña razón, siente verdadera simpatía por los Mellark.
-¿Sabes? –-comienza, en un tono tranquilo y derrotista-. Durante estos años he tratado de acercarme, pero no puedo, o, mejor dicho, no me dejas. No, permíteme terminar. –-me silencia cuando ve que iba a responder, más bien, a atacarla-. Sé que hice mal al dejarlas solas pero, créeme, no fue por gusto, estaba enferma. Tú misma has visto que he logrado sacar de ese estado a mucha gente. Fueron tiempos verdaderamente difíciles y terribles, las tres perdimos, no nada más tú. Siento mucho haberte lastimado y delegar sobre tus pequeños hombros toda la responsabilidad, tanto de la casa como cuidar de nosotras además de ti. En verdad lo siento, espero que algún día me perdones.
Mis ojos queman a causa de las lágrimas que no quieren salir. El nudo en la garganta es insoportable. Los recuerdos se arremolinan en mi cabeza y esos sentimientos de soledad, tristeza, desesperación, que sentí en ese entonces, regresan. Me siento tan indefensa. Mi madre supo cómo desarmarme; supongo que esto es lo que ella siente cada vez que yo la despreciaba.
-Cuando por fin pude regresar con ustedes, los muros que construiste contra mí, eran demasiado altos y fuertes. Traté por todos los medios de acercarme. Pensé que poco a poco, paso a paso lo lograría. Pero por cada paso que daba hacía ti, tú te alejabas diez. Nunca pude alcanzarte y creo que nunca lo haré. Eso no significa que dejaré de intentarlo, eres mi hija y te amo… -se quiebra su voz pero evita llorar-, no importa cuántas veces me rechaces, me grites, me ofendas, me desprecies, yo siempre estaré para ti. Es por eso que quiero que entiendas que no estoy de parte de nadie. Amo a Prim, estoy aterrorizada por ella y me duele en el alma verla en esa situación pero eso no significa que tenga que odiar a los Mellark. Ellos nos han ayudado y considero justo regresarles el favor. No trato de justificar a Peeta pero él tiene tanto derecho como Prim, y los otros chicos, de pelear por su vida: él también tiene una familia, personas a las que ama –enfatiza y me da una mirada significativa—y, sobre todo, no es su culpa haber sido enviado a Los Juegos. Ni él ni Prim lo pidieron.
Silencio.
No sé qué decir. Siempre culpé a mi madre pero nunca dediqué tiempo a cuestionarme cómo es que se sentía, cuánto sufrió por la pérdida de mi papá o qué tanto sufre por Prim. Me he apropiado tanto de mi hermana que olvidé que ella es su mamá, la mujer que le dio la vida. Si mi dolor es insoportable, no quiero ni imaginarme el suyo.
-De haber tomado el lugar de Prim, ¿qué hubieras hecho tú, Katniss? –-pregunta mi madre rompiendo el silencio-. ¿Te habrías aliado con Peeta? ¿Lo hubieras utilizado para sobrevivir? Piensa que cuando uno está acorralado, hace hasta lo imposible por salir de esa situación. –-suspira-. Duerme otro rato, supongo que no vas a ir al colegio, ¿verdad? No tardo.
Me arropa entre las cobijas, me da un beso en la frente y me sonríe. Escucho que se cierra la puerta. Estoy sola.
Me hago un ovillo y lloro, dejo mis lágrimas caer mientras me invade un sentimiento de culpa espantoso. Tantas veces la odié por su negligencia y ahora me doy cuenta que yo no soy mejor que ella, ni que los Mellark… ni siquiera que Peeta. ¡No! Claro que yo no soy como él. Todas las acciones que hago tienen justificación: si infrinjo la ley, si soy una cazadora furtiva, si frecuento el mercado negro del Distrito es por mantener con vida a mi familia. Lo que él hace es por él mismo. Es tan egoísta que, de seguro, si quiere ganar no es para darle una mejor vida a su familia, ¿para qué? Ellos viven bien, ¿no? No les hace falta nada. Lo hace por el simple hecho de tener fama, de que se le reconozca. No veo mucha diferencia entre él y la gente del Capitolio.
Peeta Mellark. Por su culpa mis emociones son un caos, paso del llanto al enojo, ataco a mi madre, estoy aterrorizada por Prim, su familia está en problemas, ha dejado mal parado al Distrito 12 al unirse con los Profesionales, ni siquiera pude disfrutar la experiencia de mi primer beso porque se metió a mis pensamientos y… y, ¿qué siento por él? No lo sé. Sí, sí lo sé. Lo odio. Sigo deseando su muerte de la forma más tortuosa posible; más le vale no regresar, porque si lo hace, quizá sea yo la que termine con su vida.
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Mi madre tarda dos horas en regresar. Tengo curiosidad por saber cómo van las cosas allá afuera, específicamente en la panadería, pero ella no dice una palabra sobre el tema. No está enojada ni nada, pero quizá piensa que yo no quiero saber y prefiere evitar otro enfrentamiento. ¡Genial! Ella no va a hablar y yo, por supuesto, no saldré a investigar. Tengo que encontrar la manera de sacarle información.
Mientras pienso en cómo hacerlo, no puedo evitar despegar la vista de ella. Su tez blanca, cabello rubio y ojos azules es tan distinto al común de la Veta. A pesar de la mala vida, la muerte de mi padre, mi desdén y el sufrimiento silencioso por lo de Prim, sigue siendo muy hermosa. ¿Habrá tenido muchos pretendientes en su juventud? No lo dudo. Lo que realmente admiro de ella es que debió estar perdida de amor por mi padre para cambiar la comodidad de la ciudad por las carencias de la Veta. No cualquiera lo hace, por lo regular es al revés. ¿De no haber ido a Los Juegos, Peeta hubiera cambiado todo eso por mí? ¡Pero qué estás pensando, Katniss! ¡Claro que no lo hubiera hecho! ¡Y si sí, lo hubiera mandado al diablo porque en mis planes no hay lugar para romances! Maldita sea ese cretino de Mellark que ya está rondando de nueva cuenta en mi cabeza. Lo detesto tanto…
Se enciende el televisor. Mi madre sirve el té y nos sentamos a ver la repetición.
-¡Buenos días, ciudadanos de Panem! Es un gusto saludarlos y presentarles los mejores momentos de lo acontecido recientemente en esta edición de Los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre. -–chilla Caesar Flickerman-. Buenos días para ti también, Claudius.
-Gracias, Caesar. –-saluda un contento y estrafalario Claudius-. Nuestro público debe estar ansioso por saber qué es lo que ha pasado desde ayer en la noche hasta hoy, y vaya que deberían estarlo, yo aún no lo puedo C-R-E-E-R. –arrastra las palabras para enfatizar su incredulidad. ¿Qué habrá pasado?
-Así es, Claudius, parece ser que este año el Distrito 12, representado por la adorable Primrose Everdeen y el temible Peeta Mellark, está decidido a sorprendernos.
-Y vaya que lo ha hecho. Me pregunto, ¿cuál será el plan del Tributo Peeta Mellark? Es tan misterioso e impredecible que me da miedo, pero… -se acerca a Caesar, como queriendo contarle un secreto-. ¿Sabes? Es de mis favoritos para ganar esta edición, pero, por favor, no le cuentes a nadie, Caesar. –bromea. Como si no lo hubiera escuchado ya todo mundo.
-Fuertes declaraciones, Claudius. –-dice Caesar entre risas-. Yo prefiero ver un poco más antes de inclinarme por alguien. Los Tributos del Distrito minero nos han sorprendido pero desde Haymitch Abernathy no han logrado llegar a los últimos ocho lugares. Espero que en esta edición se rompa su mala suerte.
-Creo que eso esperamos todos. Pero bien, qué te parece si dejamos de torturar a la audiencia y les mostramos el resumen.
-Me parece bien.
El resumen comienza desde ayer en la noche al término del Himno.
Prim y Rue están escondidas entre unos arbustos, bastante cerca de los Profesionales, y lo más quietas posible. El chico del 3, está preparando una fogata mientras los Profesionales se arman hasta los dientes. Parece que van a cazar a los demás durante toda la noche. Peeta, por su lado, está sentado junto al lago, perdido en sus pensamientos y con signos de cansancio en la cara. A diferencia de los otros, él parece no necesitar otra arma más que su lanza.
El chico del 3 les entrega a cada quien una antorcha y se marchan.
Caminan durante toda la noche sin resultado. Pasaron cerca de unos cuantos Tributos que tuvieron la inteligencia de apretar los dientes (parece que el clima es bastante friolento) y aguantar el frío sin titiritar. No movieron ni un centímetro de su cuerpo, incluso parecía que aguantaban la respiración. Por su parte, Prim y Rue, caminaban detrás de los Profesionales, dejando una distancia considerable entre éstos, y guiándose por la luz de las antorchas. Peeta parece nervioso, voltea continuamente a todos lados, es como si sintiera que lo siguen. Ojalá no las descubra.
Todo parece indicar que está noche nadie morirá, pero son Los Juegos del Hambre, y lo normal es que haya muertes, al menos una por día. Y creo que algo terrible está por pasar, ya que las palabras de Claudius y Caesar fueron por algo.
-¡Miren! Alguien encendió una fogata. –grita la chica sexy del 1.
Los demás voltean a su derecha… y sí, algún Tributo estúpido encendió una fogata. Los Profesionales, a excepción de Peeta, voltean a verse y sonríen. Empiezan a caminar en dirección del fuego. Cuando llevan unos cuantos metros avanzando, Peeta interrumpe la caminata:
-Yo no iría. No creo que alguien sea tan idiota como para hacerlo; tal vez se trate de una trampa.
Buen punto. No lo había pensado así, pero deseo que así sea.
-Vamos, Chico Amoroso, no me digas que tienes miedo. No creo que tengan la suficiente inteligencia para armar una emboscada.; son sólo una bola de infelices y mediocres niños asustadizos. –le contesta el chico del 2, Cato, con aires de superioridad. Lo detesto por amenazar y casi matar a mi hermana.
-No lo digo porque esté asustado, sólo dejo entrever la posibilidad… pero tienes razón, no creo que se les haya ocurrido algo así; y de ser cierto, no podrán contra nosotros. En fin, vamos, que alguien parece desesperado por morir.
Idiota. Ojalá Peeta sea el primero en morir… pero mis esperanzas se vienen abajo cuando veo la realidad: enfocan a una chica, creo que es del Distrito 8, calentándose con la fogata y sucumbiendo al sueño. No hay emboscada alguna.
La manada de Profesionales retoma su camino entre pequeñas risas mientras yo siento pena por el triste final de esa chica. Es una tonta.
Cuando están cerca de su próxima víctima, se puede ver que por un momento dudan de su propia valentía y buscan indicios de alguna trampa. Se dan cuenta que no hay sorpresa alguna y se acercan más. Ya que están cerca de la chica, ríen con suficiencia. Peeta es el único que parece sorprenderse un poco.
-¡Despierta idiota! –le grita Cato al tiempo que le patea las costillas con su fuerza bruta.
La chica despierta sobresaltado y gritando de dolor, pero al instante su rostro cambia a una expresión de total terror. Los Profesionales estallan a carcajadas, Peeta sólo hace una mueca que parece ser una sonrisa.
-¡No! ¡No! ¡Por favor, no me maten! –chilla, desesperada, como si esos ruegos la fueran a salvar.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí te mato! –la imita Cato.
-O yo. –dice su compañera de Distrito.
-O quizá sea yo. –dice la chica del 1 mientras tensa su arco.
-O mejor yo. –dice el chico del 1, amenazándola con su lanza.
-O puede que sea yo. –sigue el juego la chica del 4.
Es el turno de Peeta pero, sorpresivamente, calla. Después de unos instantes de silencio, suelta una pequeña risa y habla:
-Bueno, eres afortunada, tienes suerte de escoger quién será tu verdugo.
Es un imbécil. Los Profesionales, junto con Caesar y Claudius que están en el estudio, ríen sonoramente. Espero que Peeta recuerde esas mismas palabras cuando le toque su turno.
Prim y Rue ya están bastante cerca de ellos… y no contengo las lágrimas: lo que van a presenciar las inocentes niñas, es horrible.
-¿Entonces… a quién escoges? –pregunta el chico del 1.
-N… no. No, por favor. –ruega. Pero es inútil.
-Anda, si me escoges a mí, tendrás el honor de morir gracias a este hermoso arco de plata. –dice la chica del 1 y tira su flecha hacia su pierna izquierda haciéndola gritar.
Las pequeñas aliadas contienen un grito de terror, cierran los ojos y tapan sus oídos.
-Pero si me escoges a mí, está bella lanza atravesara tu cuerpo. –dice su compañero, atravesándole la lanza en su otra pierna.
-Los cuchillos siempre son la mejor opción: son rápidos y certeros. –interviene la chica del 2, empuñando su cuchillo a un costado. Más gritos.
-Oh, vamos, chicos, todos sabemos que lo mejor son las espadas. Son tan hermosas, tan finas, tan elegantes. –ahora es el turno del monstruoso del 2, quien clava su espada en el estómago de la chica hasta que se escuchan jadeos en lugar de gritos de dolor.
-¡Doce menos, quedan once! –grita la chica del 1 y los demás le festejan; Peeta se limita a asentir.
-Será mejor que nos vayamos para que puedan llevarse el cadáver antes de que empiece a apestar. –-dice Cato haciendo una mueca de asco-. Regresemos al campamento, ya no tarda en amanecer.
Dan la media vuelta y se disponen a regresar a la Cornucopia.
No puedo creer lo que acabo de ver. Son unos monstruos, mira que asesinar a la pobre chica de esa manera tan cruel, con un solo golpe rápido y certero hubiera sido más fácil. No entiendo la necesidad de alargar su sufrimiento.
-¿No tendríamos que haber oído ya el cañonazo? –interrumpe la caminata la del 2.
-Diría que sí, no hay nada que les impida bajar de inmediato. –responde la chica sexy, Glimmer.
-A no ser que no esté muerta. —inquiere la del 4, mirando fijamente a Cato.
-Está muerta, yo la atravesé. –espeta, furioso.
-Entonces, ¿qué pasa con el cañonazo? –le escupe.
-¡Dije que está muerta!
Comienzan a discutir sobre que si ya está muerta o no; que si tienen que regresar y rematarla cortándola en pedazos para no tener que perseguirla otra vez y no sé qué tantas estupideces. Son unos brutos; todavía de que la torturan cruelmente, buscan otras formas de hacerlo cuando ya está casi muerta. No puedo creer tanta maldad.
-¡Basta de tonterías! ¡Estamos perdiendo el tiempo! ¡Iré a rematarla y seguiremos moviéndonos!
Casi vomito cuando escucho a Peeta silenciarlos. Aquí compruebo que mis conjeturas sobre él son ciertas. Espero que mi madre se dé cuenta de una buena vez la clase de persona que es y deje de justificarlo.
-Venga, Chico Amoroso – le dice Cato-, compruébalo tú mismo.
Veo a Peeta, iluminado con su antorcha, dirigirse hacia la moribunda chica con una expresión de absoluto aburrimiento. Claro, si por él fuera ya estaría asesinando a alguien más y no perdiendo el tiempo.
Mientras Peeta hace su recorrido, enfocan el lugar donde está la chica agonizando. Casi me caigo de la silla: Rue está alrededor de la inconsciente chica registrando si hay víveres, me parece. ¡Maldita sea! ¡Lárgate de ahí! Enfocan a Prim que está escondida en un arbusto con su hermosa cara llena de lágrimas. ¡Demonios! ¡Las va encontrar!
Cuando Peeta está a unos pasos de llegar, se percata de que hay alguien junto a la chica. Se queda paralizado unos momentos pero después se acerca sigilosamente. 'Vete, vete, vete', le grito a Rue pero, desgraciadamente, no puede escucharme. Peeta ya la reconoció y deja escapar un grito de sorpresa.
Rue lo mira asustada, y en vez de echarse a correr se queda paralizada. Prim está aterrorizada y cubre su boca con sus manos, tratando de ahogar un grito. 'Quédate ahí, no salgas, Prim', le ruego.
-¡¿Qué demonios haces aquí?! ¡¿Estás loca?!–le pregunta Peeta a Rue, incrédulo pero con un toque de enojo.
-Yo… yo… algún… quería… -es tanto el miedo de la pequeña Rue que no logra coordinar algo coherente.
-Buscabas víveres, ¿no es así? –Rue asiente-. ¿Encontraste algo? –niega.
La va a matar, la va matar, la va a matar… cierro los ojos fuertemente. No quiero ver.
Como no escucho algún grito o algo así, me obligo a abrir los ojos con la esperanza de que Rue se haya trepado rápidamente a algún árbol y comenzar a saltar sobre de ellos para escapar del bruto de Peeta. Pero sólo veo a Peeta dejar su antorcha a un lado y rebuscando algo dentro de su mochila.
-Toma. Son tiras de carne, vienen ocho, así que raciónalas bien, ¿sí? –estira su mano y le ofrece el paquete. Rue sigue paralizada pero se ve en sus ojos la duda. No confía en él. Y yo haría exactamente lo mismo; quizá se trate de un anzuelo para después asesinarla salvajemente-. No están envenenadas si eso es lo que te preocupa, o al menos eso creo, venían dentro de esta mochila que tomé de la Cornucopia. –bromea, regalándole esa hermosa sonrisa que te dice que es la persona más amable del mundo. Rue le corresponde tímidamente.
Y le creo.
Esa sonrisa me dice que no va a intentar matarla, que la está ayudando desinteresadamente.
Y, maldita sea, le creo.
¡Bum! Suena el cañonazo. Peeta cierra los ojos y suspira, parece aliviado. Rebusca nuevamente dentro de su mochila y saca otro paquete.
-Anda, tómalos. –-le ofrece los dos paquetes-. No es bueno que estés sin nada.
Rue se acerca temerosamente a él con la clara intención de aceptar su regalo, pero en el momento que toma los paquetes, Peeta la toma fuertemente de las manos y ella se remueve desesperadamente.
Me equivoqué. La va a matar.
-Mírame, mírame. –le dice mientras sujeta con una mano sus manitas y con la otra la toma de la cara para obligarla a verlo-. ¡Hey! Rue, mírame. No te voy a hacer daño. Confía en mí. –Rue se queda quieta y lo mira fijamente-. Bien. Quiero que me prometas algo, ¿sí? –la pequeña asiente-. Lo que acabas de hacer fue realmente estúpido. Si ves que los Profesionales asesinan a alguien, aléjate, no te quedes ni mucho menos te acerques, ¿me entendiste? Prométeme que te mantendrás lejos de ellos. Está vez fui yo el que regresó pero si vuelves a hacerlo podría ser otro el que te encuentre, o peor aún, todos juntos. Yo puedo pelear contra uno solo, pero me sería imposible defenderte si los cinco te encuentran, ¿está claro?
¿Defenderla? ¿Escuche bien? ¿Qué demonios está pasando? Peeta no puede haber dicho eso, él no… ¡él es un asesino! Tiene que ser parte de una trampa. Sí, eso es.
-Ahora vete. ¡Corre! –la empuja delicadamente y Rue se echa a correr.
Decir que estoy sorprendida es poco. Peeta Mellark acaba de salvarle la vida y, aunque me cueste creerlo, no intentó matarla, incluso le proporcionó comida sin saber que Prim es aliada de Rue.
Algo tiene que estar tramando para actuar así; quizá, en algún momento, cuando los Profesionales se vuelvan contra él, intente utilizar a la pequeña Rue para su beneficio. De qué forma, no lo sé, pero esa sería la única explicación.
Peeta ve a Rue desaparecer en la oscuridad y retoma su camino hacia los Profesionales. Enfocan a éstos, que hablan en voz baja.
-¿Por qué no lo matamos ya y acabamos con esto? –pregunta la chica del 4.
-No, deberíamos dejar que se quede. Parece que tiene buenas ideas. –responde Glimmer.
-¿Cómo cuáles? –inquiere Cato.
-Pues… pensó que lo de la fogata se trataba de una trampa. Parecía improbable, pero, todo puede pasar.
-A mí me da igual. No creo que nos cause algún problema. No tiene oportunidad contra nosotros. –interviene el tal Marvel.
-Quizá no deberíamos arriesgarnos. –-dice la del 2-. Saco un diez y no sabemos cómo, mientras él ya sabe nuestras habilidades, o la mayoría, y nosotros no tenemos ni una idea de lo que es capaz de hacer. Presiento que está tramando algo.
Por ahora se queda con nosotros… -interrumpe Cato y sonríe maliciosamente mientras sentencia: -. Lo mataremos junto con nuestra siguiente víctima.
Se miran y asienten. Y Peeta se acerca a ellos.
-¿Por qué tardaste tanto, Chico Amoroso? ¿Te costó trabajo rematar a una chica moribunda? ¿Opuso resistencia? –le pregunta Cato en tono burlón.
-Me costó menos trabajo del que te costó a ti no matar a mi compañera de Distrito. –le responde en el mismo tono. Cato se tensa y los demás reprimen una sonrisa-. Pero no tardé por eso, me puse a revisar sus pertenencias para ver si tenía algo útil. ¿Nos vamos?
Cato se traga su enojo y la manada de Profesionales se aleja justo cuando despunta el alba y un aerodeslizador se materializa sobre la hoguera moribunda y de él bajan unos enormes dientes metálicos. Poco a poco, con cuidado, meten a la chica muerta en el aparato. Por otro lado, Rue, al eclipsarse entre la poca oscuridad y ver que Peeta se alejaba, regresó por Prim y, ella, con una sola mirada, dijo todo: tienen que seguirles la pista.
Y van tras ellos.
Y yo, en estos momentos, tengo miedo.
Lo más seguro es que los Profesionales estén fatigados por pasar la noche en vela tratando de cazar Tributos, así que no creo que se den cuenta que las pequeñas los siguen nuevamente. Están haciendo un buen trabajo siendo silenciosas y dejando una distancia prudente entre ellos. Me siento tranquila respecto a eso. Mi miedo se debe a Peeta: los Profesionales se dieron cuenta que, seguramente, podría representar un peligro para ellos y acordaron asesinarlo en cuanto se presente la oportunidad. Su vida pende de un hilo; es cuestión de horas.
Si de algo estaba completamente segura, era que Prim era la única persona que quería y tenía que protegerla de todo y de todos; después, estaba mi madre. Hasta ahora no me había permitido darme cuenta de cuánto la necesitaba, siempre confundí el rencor con miedo. La aparté de mí porque no quería hacerme ilusiones con el regreso de su doloroso letargo para después perderse nuevamente en ese mundo en el que no había cabida nada más que para la tristeza. No podía permitir que me hiriera de nuevo. También está Gale. Con él siempre puedo ser como soy, incluso puedo darme el lujo de sentirme feliz y sonreír muy de vez en cuando.
A esas tres personas se resume mi cariño… pero en estos momentos ya no estoy tan segura.
Sé que no debería, sé que Peeta es despreciable, pero causa demasiadas emociones confusas en mí.
Después de encontrar la forma de sobrevivir en el bosque, me vi incapaz de romper la conexión entre Peeta Mellark, el pan que me dio esperanza y el diente de león que me recordó que no estaba condenada. Me sentí en deuda con él y nunca supe cuándo agradecerle; hasta hace unos minutos deseaba su muerte y ahora… ahora, no sé qué pensar.
Quiero atribuir mi confusión a que ayudó a Rue: le aconsejó y hablo de defenderla. Al hacerlo, indirectamente, protegió a Prim. Gracias a él mi hermana no se quedó sola y ahora tienen un poco más de comida para sobrevivir. No sé si sentirme agradecida, aliviada o aterrorizada. Bien lo dijo Claudius Templesmith, Peeta es impredecible y no se sabe cuál sea su juego. Intento pensar en algo, cualquier pista, en base a su comportamiento durante estos últimos días para saber qué esconde o cuáles son sus intenciones, pero no se me ocurre nada: no somos amigos, se presentó como un equipo con Prim, realmente parecía dolido al declarar su supuesto amor por mí y ayer, al comenzar Los Juegos, se vio claramente que tiene la intención de sobrevivir a toda costa.
Sí, definitivamente, es una persona difícil de predecir, lo que resultaría interesante en otras circunstancias; en este momento, sólo es un obstáculo.
Obstáculo porque, mal que me pese, una parte de mí quiere que siga con vida.
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(POV PEETA).
De regreso al campamento, Cato y los demás le ordenan a Jeff, el Tributo del 3, que arme las tiendas de campaña mientras nosotros desayunamos. Me sorprende la cantidad de comida que tenemos: latas de carne, pollo, pavo, estofado, sopa, espagueti; latas de verdura, paquetes de fruta seca, cereales y galletas; botellas con agua y cinco sacos de manzanas y naranjas. Nos repartimos una lata de carne, una botella con agua, un paquete de galletas y una naranja o manzana, cabe mencionar que Cato se reparte el doble. Yo por mi parte sólo me como las galletas y el agua, y guardo lo demás; si planeo escapar y buscar a Prim, tendré que llevarme todas las provisiones necesarias para cuando estemos juntos.
Como no me complace mucho escuchar la plática/burla de mis aliados respecto a la chica del 8, como lo más rápido que puedo y ayudo a Jeff a armar las tiendas; eso mantiene mi mente ocupada y aleja las imágenes de la chica y de Adem. Sé que directamente yo no fui el causante de la muerte de ella, pero tampoco hice nada por evitarlo. En cuanto a Adem, pues, bueno, ahí es distinto, a él si lo maté.
Durante mi estadía en el Capitolio, traté de prepararme mentalmente para una ocasión como esta; me convencí de que en algún momento iba a matar por proteger a Prim. Pero nunca pensé en las emociones que arrastraría: la presión en el pecho, el nudo en la garganta, el dolor de cabeza y la sensación de un gran peso en los hombros, son nada comparado con la culpa que siento.
Quisiera gritar, llorar, revolcarme de dolor en el suelo y suplicar a sus familias por su perdón; quisiera decirles que no fue mi intención, que yo no pedí estar aquí y mucho menos hacer lo que hice; quisiera explicarles lo difícil que es competir en Los Juegos y la insana e injusta manera que tenemos para decidir quién vive y quién muere; quisiera que entendieran mi postura: yo sé que todos los que estamos aquí somos parte de una familia, de una comunidad; hay personas a las que amamos, que nos aman y nos esperan en casa; tenemos amigos, sueños y metas que terminarán aquí y sólo uno las podrá lograr. Deseo gritarles que, a pesar de no tener perdón ni justificación, mis acciones pasadas, presentes y futuras ni siquiera son por mí, son por ella, por Prim; que yo renuncié a mi vida desde el momento en que salí cosechado… y, y que no es fácil tomar decisiones que significan la vida de los demás, incluso la propia. Ojalá pudieran leer mi mente y darse cuenta que, de ser por mí, Los Juegos no existirían y ninguno de nosotros estaría aquí.
Pero, desgraciadamente, no es así. Sólo uno saldrá con vida y podrá regresar a casa, y tratar de olvidar esto.
Y esa persona tiene que ser Prim.
Inhalo. Exhalo. Inhalo. Exhalo. Tengo que calmarme y guardar bajo llave mis emociones.
'¿Dónde estás, Prim? ¿Dónde estarás escondida? ¿Cómo estás?', pienso, nivelando mi preocupación con tranquilidad: algo me dice que está bien y que está siendo discreta para no meterse en problemas. Me imagino que estará asustada pero con la suficiente sensatez para no cometer algún tipo de tontería, no como la niña del 11, Rue.
Primero pensé que se trataba de algún muto enviado para encargarse de devorar y rematar a la chica de la fogata para después ir tras nosotros, me armé de un poco de valor y me acerqué para comprobar mis sospechas y ver de qué tipo de animal se trataba, así, cuando nos atacará, no me atraparía con la guardia baja y salir corriendo dejando atrás a los demás. Sí, suena demasiado mezquino pero mi prioridad es otra, no ellos. Cuando finalmente estuve a escasos pasos, mi sorpresa fue enorme que no pude ahogar un pequeño grito al darme cuenta que era Rue. Durante unos segundos nos miramos, yo, sorprendido, ella, con el miedo grabado en todo su pequeño ser; pero rápidamente la sorpresa dio paso al enojo. '¿Qué demonios estaba haciendo ahí?', pensé, al mismo tiempo que formulé la pregunta en un tono más duro del que quise, y lo único que conseguí fue que se atemorizara más de la cuenta porque ni siquiera podía hablar, parecía que entre más trataba de hilar una oración, caería desmayada de la impresión. Al ver su reacción, la decepción cayó sobre mí: me temía, y eso dolía.
Sé que es estúpido sentirme mal por esa razón ya que estamos en Los Juegos, ¿cómo iba a adivinar ella que mis intenciones difieren de las de los demás? No podría.
Al ver su cuerpo rígido y sentir el miedo destilar por todo su cuerpo, no pude evitar visualizar a mi pequeña Prim y confirmar lo que estaba de más: no la dañaría. Así que para tratar de suavizar la situación y evitar que gritara o pusiera en alerta a los demás de lo que estaba pasando, le pregunté si estaba buscando víveres –que era lo más lógico-, ella asintió y negó cuando pregunté si había encontrado algo. Y sin pensarlo dos veces, dejé mi antorcha a un lado y comencé a buscar el paquete de tiras de carne que estaba dentro de mi mochila y se lo ofrecí. No iba a permitir que anduviera sola y sin comida. Pero ella me veía con duda y desconfianza; casi deseaba que saliera corriendo y se fuera sin nada antes que seguir soportando eso.
Para desviar un poco la tensión, me permití bromear acerca de la comida que le ofrecí y sonreírle; quería transmitirle un poco de tranquilidad. Y funcionó: recibí una tímida sonrisa de vuelta, al mismo tiempo que resonó el cañonazo que indicaba que la chica del 8 había muerto. No pude más que cerrar los ojos y resoplar ante el alivio de saber que su sufrimiento terminó y no por causa mía.
Al ver que ya no tenía que encargarme de rematarla, me relajé y una idea cruzó por mi cabeza: huir con Rue. Sí, podría largarme con ella en ese momento y no dejarla sola tan cerca de los Profesionales. Podríamos encontrar una forma de sobrevivir, cómo, no lo sé, pero habría que intentarlo… pero así cómo vino, se fue. Si yo huía con ella, los Profesionales estarían desesperados por encontrarme y matarme, y pondría a Rue en peligro inminente. No tendría cabeza más que para correr lejos de ellos y protegerla; no tendría oportunidad de buscar a Prim.
A este tipo de situaciones es cuando me refiero que tienes que tomar decisiones injustas en las que, puedes preocuparte por los demás, pero llevarlo a la práctica es meramente imposible. No puedo protegerlas a las dos… y mi elección está hecha.
Así que, quizá, para sentirme menos culpable por no poder ayudarla, tomé otro paquete de la mochila, las galletas, y se las ofrecí. Al menos podré hacer algo por ella.
La pequeña Rue dudó, pero, aun así, se acercó temerosamente para aceptar la comida. En cuanto estuvo a escasos centímetros de mí y tomó los paquetes, sujeté sus manos y la obligué a mirarme; soy demasiado inútil para protegerla pero eso no me impidió advertirle que tenía que alejarse de los Profesionales y que, pasara lo que pasara, no cometiera de nuevo la estupidez de cercar un cadáver. Ni siquiera le di tiempo para obtener una respuesta, la empuje levemente y la apresuré a escapar.
Cuando la vi perderse en la oscuridad, retomé mi camino hacia los demás. Al llegar a ellos, me percaté de la mirada de complicidad que tenían; seguramente hablaban de mí, concretamente, de mi muerte. Ni siquiera me inmuté, entre más confiados estén, más probabilidades tengo de escapar: si me considerarán un peligro, se hubieran deshecho de mí al comenzar Los Juegos. Pero tampoco yo debo confiarme; tengo que apartarme de ellos lo más pronto posible.
Ya encontraré la forma de hacerlo, ahora, necesito dormir. Dos días sin descansar me puede costar muy caro. Afortunadamente, los demás están igual, o más, deshechos que yo; no creo que intenten algo en mi contra. Dormir es mucho más atractivo que yo muerto… por ahora.
Me alejo de los Profesionales, voy hacia el lago, saco la bolsa de dormir que viene dentro de mi inseparable mochila, pongo ésta encima de la bolsa, improvisando una almohada, y me recuesto. Los demás se quedan cerca de la Cornucopia y se aferran a sus armas antes de caer rendidos. Nadie confía en nadie.
Me relajo, no demasiado ya que tengo que estar alerta a cualquier movimiento de los demás, y cierro los ojos, deseando que la inconsciencia me arrastre a ese mundo de sueños que no es tan malo como esto.
Pero no lo logro.
Estoy sumamente exhausto pero parece que a mi cerebro eso no le importa: no dejo de pensar en Prim.
Me repito una y otra vez que Prim está a salvo, que sobrevivió a la primera noche y que tiene el suficiente conocimiento en plantas para no morir de hambre… y si los Profesionales llegan a encontrarla, los enfrentaré. Sé que ni con un milagro saldría vivo pero tampoco se los haré fácil, puedo defenderme, matar a uno y herir a otro, eso no bastará pero prefiero mil veces que me torturen sin piedad con tal de darle una ventaja a mi pequeña compañera.
Ruego a Cato, a los Vigilantes, a los patrocinadores, a todos y a nadie en particular porque me den la oportunidad de llegar lo más cerca de la final para ser ese pequeño trampolín que necesita Prim para poder ser Vencedora. Y una vez que así sea, ya no tendrá que preocuparse por nada; no pasará hambre, tendrá dinero de sobra y no volverá a preocuparse en los días de Cosecha, salvo por Katniss, ella aún puede ser seleccionada… pero sé que puede ganar Los Juegos. Confío en su fortaleza y valentía…
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He dormido, aproximadamente, unas 4 horas, pero me siento mucho más fatigado que antes. Es exasperante no poder dormir con tranquilidad y que cualquier sonido, por inofensivo que sea, te sobresalte. Si sigo así, alguien podría atacarme y sería una presa fácil, incluso para alguien como la pequeña Rue.
Me levanto de mi improvisada cama y lleno mi botella de agua, y el termo que conseguí, en el lago. Muero de sed. Y de hambre. Pero me limito a llenar mi cuerpo con agua, no me puedo dar el lujo de desperdiciar la poca comida que tengo en mí. Afortunadamente me atiborré de comida durante mi estancia en el Capitolio y logré ganar un par de kilos… ahora, tendré que aguantar la sensación de dolor en el estómago y llenar el hueco que siento tratando de dormir.
Cuando cierro los ojos, escucho unos pasos que se aproximan a mí. Siento miedo pero no abro los ojos. Aprieto mi lanza y me preparo para atacar.
-Doce, doce. –-sacude mi pierna mientras me llama-. Sé que no estás dormido.
Abro los ojos y veo a Jeff, en cuclillas, que me mira exasperado.
-No voy a matarte si eso es lo que crees…-se levanta-. Pero el día está muy caluroso y, a menos que quieras broncearte, que buena falta te hace, puedes dormir bajo mi techo improvisado—me dice, señalando su obra-. Estarás más cómodo.
Asiento y me incorporo un poco para ver de qué me habla: a un lado de la montaña de provisiones minadas, hay cuatro lanzas clavadas en el pasto, con el pico hacia abajo, y un plástico color azul encima de éstas, perforado en cada esquina. Si bien, el plástico se calentará con el radiante sol que hay, al menos me evitara unas quemaduras.
Me levanto perezosamente, cojo la mochila y la bolsa, y sigo a Jeff.
-¿Por qué haces esto? –pregunto antes de poder detener las palabras. Me sorprende este gesto en estas circunstancias.
-Me ayudaste con los cuerpos y a armar las tiendas. –-bufa-. Prefiero no deberte nada.
Y esa es toda su respuesta.
-Gracias. –respondo en un susurro.
Sé que aquí no hay lugar para la amistad y esas cosas, pero el simple gesto merece todo mi agradecimiento.
Al llegar al techo, acomodo mi bolsa y mi mochila tal cual lo hice antes y me acuesto.
-Trata de dormir. -dice, mientras se sienta a un lado de mí-. Si pasa algo, te despierto.
Ése si pasa algo, te despierto, me suena a que si los Profesionales intentan algo contra mí, él me avisará. O eso creo. Quizá mi cansancio es el que me hace leer entre líneas cosas que no existen. Pero lo dejo pasar; necesito tanto descansar que mi mente fatigada me convence en creerle.
Asiento y cierro los ojos, sin soltar mi lanza, y, rápidamente, me pierdo en el mundo de los sueños.
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(POV KATNISS).
Extraño a Prim.
No es lo mismo ordeñar a su cabra sin ella. Cuando Prim lo hacía, le hablaba a Lady, como si fuera uno más de sus amigos; le contaba cuentos que aprendía en la escuela o aquellos que nuestro padre nos contaba, o, simplemente, le platicaba lo acontecido durante las horas de escuela. Yo, por mi parte, no tengo nada que contarle a la cabra, y si tuviera algo qué decir, no se lo diría a ella. No tengo la gracia ni la inocencia de Prim; prefiero tragarme mis pensamientos y sentimientos.
Adentro, mi madre está preparando un poco de pan con el cereal que nos dan por las teselas. No tiene nada que ver con el pan de los Mellark, pero es lo único que tenemos. Por más que quiera ir a cazar, no puedo; no cuando durante los días que duren Los Juegos el Distrito se encuentre lleno de Agentes de la paz, asegurando el orden en la plaza y que la gente vea Los Juegos, y que haya electricidad casi todo el día, me será imposible cruzar la alambrada. Así que, por ahora, tendremos que conformarnos con té, leche y pan pastoso, porque está claro que la limosna de los Mellark se terminó. Mi madre ya los ayudó con su hijo mayor y no les debemos nada.
Entro a la casa, pateando al apestoso gato de Prim, que se atravesó en mi camino, y ganándome un bufido amenazador. Debí ahogarlo cuando tuve la oportunidad. Pongo la leche en nuestra mesa y me siento a esperar la próxima repetición. Son casi las diez, así que ya no tarda en comenzar.
Durante toda la tarde me dediqué a hacer infinidad de cosas que se pudieran hacer en nuestra pequeña casa: tendí las camas, las destendí y las volví a tender; barrí; saqué mi poca ropa, la de Prim y mi madre, las doblé y las ordene: faldas con faldas, vestidos con vestidos, pantalones con pantalones, suéteres con suéteres; todo esto mientras esperaba la repetición de las cuatro o algún acontecimiento de emergencia (que es cuando está pasando algo "grandioso" en Los Juegos y lo televisan a cualquier hora, ignorando los horarios) y tratando de no pensar en Peeta Mellark.
Cuando comenzó la repetición, era un manojo de nervios. Tenía miedo de que los Profesionales hayan llevado a cabo su plan y lo hubieran matado, pero el programa, a ojos de la gente del Capitolio, fue aburrido; para mí, un alivio: no hubo muertes o Tributos cazando otros Tributos.
Los Profesionales, estaban perdidos en el mundo de los sueños; Peeta también. Durante un momento temí que lo fueran atacar mientras dormía, pero no fue así. Al contrario, el Tributo del 3 le hizo un espacio en su tienda de campaña improvisada para que durmiera más tranquilo y se limitó a montar guardia. Por otro lado, los demás Tributos, no tuvieron alguna actividad que llamara la atención, solamente se dedicaron a tratar de cazar algún animal, recolectar algunas bayas, plantas comestibles… en fin, sólo a sobrevivir. En cuanto a las pequeñas aliadas, en cuanto llegaron a los alrededores de la Cornucopia, hicieron un modesto desayuno, unas cuantas bayas, la mitad de una tira de carne y una galleta, cortesía de Peeta, y se escondieron: Prim en un arbusto con su camuflaje; Rue se trepó a un árbol, y cayeron rendidas.
No corrían ningún peligro ya que los Profesionales estaban igual de cansados que ellas, y, por lo que he visto, la táctica de ellos consiste en atacar de noche. Ni siquiera les pasaría por la cabeza que alguien está escondido precisamente en sus narices. Me permito una sonrisa por la valentía e inteligencia de mi hermana.
Y, cuando terminó la repetición, me dediqué a matar el tiempo de nueva cuenta: destendí las camas, quité los colchones y las cambié de lugar; lavé todos nuestros utensilios de cocina y los acomodé por tamaño; limpié la mesa y las sillas; limpié el comedero de Lady; puse agua a calentar para darme un baño mientras mi madre iba a la panadería para ver cómo seguía Matt; me bañé, mi madre regresó, se puso a hacer pan y yo a ordeñar la cabra.
Debo agradecer que mi mamá no dijera ni una sola palabra o algún gesto por mi comportamiento obsesivo. Me alivia saber que entiende la imperiosa necesidad que tengo de mantener la mente ocupada.
-Matt ya está mejor, sólo fue el susto. –-me dice, mientras se sienta junto a mí con dos vasos y el pan que preparó-. Pero tendré que ir a verlo, por lo menos, dos días más para limpiar la herida y evitar una infección. –vierte un poco de leche en los vasos, y me da uno a mí. Yo escucho atentamente; no pienso comenzar una pelea porque es información que me interesa-. Aun así, me preocupa la situación de la familia. La mayoría de la gente sigue disgustada y han dejado de consumirles, eso sin contar que tienen que encontrar la forma y los medios de arreglar los daños en la panadería, y si no cuentan con ingresos no habrá forma de hacerlo. -siento pena por los panaderos pero no dejo de maldecir a Peeta y que por culpa de su comportamiento, su familia pague las consecuencias. Como me gustaría tenerlo en frente y golpearlo una y otra vez-. Y la forma que encontré para ayudarlos fue no cobrándoles por mis servicios. Ellos querían pagarme pero yo me negué; después, quisieron pagarme con pan, pero también me negué. No podría haber aceptado algo sabiendo que lo necesitan más que nosotras. –asiento. Está claro que yo no hubiera hecho lo mismo que mi madre; de haber sido yo, para empezar, ni siquiera hubiera ayudado a su hijo. Pero si lo hubiera hecho, en vez de rechazar la paga, hubiera arrasado con la panadería. Me alegro que haya sido mi madre y no yo quien brindó la ayuda.
-¿Crees… crees que dure mucho tiempo? –me animo a preguntar. Por un momento parece confundida pero logra captar mi pregunta.
-No lo sé. Espero que no… –-toma un trago de leche-, y que la gente entienda que las acciones de Peeta son independientes de su familia. Por lo que sé, el Capitolio cobra un impuesto por cada comercio, y si no tienen los ingresos para pagarlo, se los quita. Si no se resuelve su situación podrían perder lo que tanto les ha costado mantener. Esa panadería lleva muchos años funcionando y siempre ha pertenecido a los Mellark, sería una pena que todo se viniera abajo por un mal entendido.
-¿Por un mal entendido? ¿De qué hablas?
-Lo que quiero decir es que no creo que Peeta sea la mala persona que todos piensan. -se calla por un momento y me mira fijamente, como evaluando mi reacción-. ¿Puedo continuar sin temor a que te enfades? -pregunta, dándome una pequeña sonrisa. Asiento y también sonrío-. Bien. Cómo te decía, creo que todo es parte de un mal entendido. No sé si te lo había dicho pero yo conozco a Vince, el papá de Peeta, desde que éramos niños. –no puedo más que sorprenderme. No lo sabía-. Fuimos compañeros durante todo el colegio y sé que no es la persona que educaría a sus hijos de una forma… tan… tan déspota.
-Quizá él no pero sí la bruja de su mujer. -comento, como si fuera lo más obvio del mundo.
-No creo que Vince se lo hubiera permitido. Él es una buena persona, de nobles sentimientos, bondadoso y, sobre todo, es justo. Ella, Rita, es de un carácter un tanto especial pero tampoco creo que sea para tanto.
-Ella me gritó cosas muy feas cuando me vio escarbando en sus botes de basura, quizá influyó a Peeta más de lo que te imaginas.
-De haber influido a Peeta, no creo que él te hubiera dado esos panes. Y por lo que sé, nunca te pidió nada a cambio ni te cobró o se jactó de eso, ¿o sí?
-No. –susurro. Tiene razón, nunca lo hizo, es más, supongo que ya lo olvidó-. ¿Y por qué dejaste de frecuentar al señor Mellark? ¿Dejaron de ser amigos? ¿Se enojaron? -desvió la conversación por dos razones: una, está empezando a incomodarme la plática sobre Peeta porque en vez de aclararme cosas, me confunde más. Ya no sé qué pensar de él; y dos, no sé muchas cosas del pasado de mi mamá y es la oportunidad perfecta para investigar.
-A pesar de no frecuentarnos ni hablarnos como antes, no creo que hayamos dejado de ser amigos. No nos peleamos ni nada de eso, simplemente, cada quien hizo su vida y tomamos rumbos distintos, incluso tu papá lo conocía y le agradaba. No tenían una relación de tantos años como conmigo, pero eran cordiales el uno al otro.
Nunca me imaginé que mi padre conociera al panadero al punto de agradarle. Siempre pensé que la relación de nuestras familias se limitaba a proveedor/consumidor.
Me gustaría refutar y convencer a mi mamá de que la visión que tiene de Peeta se basa solamente en lo que ella conoció del señor Mellark en el pasado, es obvio que se quedó con esa impresión; quizá el panadero cambió su forma de ser a causa de la vida en el Distrito o por culpa de la bruja de su esposa, pero me trago mis palabras. Yo misma soy un mar de confusión y si seguimos con esta plática, me confundiré más.
Afortunadamente la televisión se enciende y dejamos la plática a un lado. Por la falta de ánimo de los conductores, supongo que no ha ocurrido nada interesante. Lo único que capta mi atención es la mención que hacen sobre Prim, hablan de que es una chiquilla agradable pero muy inocente y que eso puede causar su muerte.
Me aterro. ¿Qué habrá hecho?
La repetición comienza justo donde terminó la otra: los Profesionales durmiendo, los demás Tributos buscando la forma de sobrevivir y las pequeñas aliadas recolectando frutos y sin perder de vista el campamento.
En otra toma se ve que ya es de noche. Los Profesionales se despiertan, el chico del 3 despierta a Peeta, y se disponen a comer. El tal Cato les reparte la comida, él se queda con una parte más sustanciosa y nadie rechista. Mientras comen, hablan de lo bien que la pasará la audiencia está noche ya que se disponen a cazar al menos tres Tributos y lo harán de una forma tortuosa. Peeta, por su parte, no dice nada, sólo los escucha y voltea a su alrededor constantemente, como si buscara algo. Me sorprende ver que, otra vez, casi no come nada, se limita sólo al paquete de tiras de carne, la mitad de éstas, y toma mucha agua. Disimuladamente, guarda lo demás.
Las pequeñas aliadas siguen escondidas y atentas a los Profesionales. Pareciera que están platicando, o más bien, que Prim no deja hablar a Rue. Pero cuando acercan la toma, me doy cuenta que se encuentran en un silencio absoluto. Prim mueve los labios pero sin emitir sonido alguno. ¿Qué le pasará? ¿Habrá comido algo que le hiciera daño? ¿Alguna planta alucinógena? Esto último lo descarto rápidamente, Prim no cometería un error así. Sigo el movimiento de sus labios hasta que caigo en la cuenta de lo que está diciendo: Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta, Peeta…, es lo que repite incesantemente.
¿Qué diablos le pasa? ¿Por qué lo nombra de esa manera?
No tengo que esperar mucho tiempo para saber por qué.
-Si quieres que te escuche, tendrás que gritar. –le susurra Rue.
-No puedo hacer eso. Si grito, los demás nos descubrirán.
-Entonces, nunca se dará cuenta de que estás aquí. Yo creo que deberíamos irnos y buscar otro escondite.
-No, no puedo irme.
-Lo que no entiendo es por qué no puedes. ¿Tienes algún plan? ¿Piensas matarlos a todos? –pregunta la pequeña Rue, adivinando mis pensamientos. No es que crea que mi hermana es una asesina, pero su comportamiento parece indicar que sí. ¿Para qué querría estar cerca de esa bola de brutos si no es para matarlos?
-¡Por supuesto que no! –-se defiende mi pequeña, aterrorizada por el comentario-. No tengo ningún plan pero… es sólo que…-balbucea.
-¿Pero qué? –Rue la anima a seguir. Está expectante, al igual que yo.
-Peeta y yo… él… teníamos un plan. –suspira-. Él prometió que vendría por mí y yo prometí esperarlo.
-¡¿Qué?! –-pregunta una incrédula Rue-. Pero… pero, entonces, ¿por qué está con los Profesionales? ¿En qué momento vendrá por ti?
-No sé por qué está con ellos… -duda y se le quiebra la voz-, bueno, en parte, y tampoco sé cuándo vendrá por mí. No sé nada, sólo que tengo que esperar. Él lo prometió y lo va a cumplir. Tiene que hacerlo. -dice, más para ella y tratando de creerlo. Deja escapar unas cuantas lágrimas.
-¿Estás segura? –le inquiere Rue. Prim no dice nada, guarda silencio y se pierde en sus pensamientos.
-No… no lo sé. –-rompe el silencio con una voz que denota derrota-. Pero tiene que hacerlo. Uno no puede hacer promesas y no cumplirlas, mi padre decía que eso habla mal de una persona…
Y se suelta a llorar.
-No llores. –le dice Rue y la abraza-. Vamos a esperar el tiempo que sea necesario.
-¿Y… y si nunca viene? –pregunta Prim, sollozando.
-¡Claro que vendrá! –la anima-. Él se portó bien conmigo y me regaló comida… quizá no sepa que estás aquí y crea que te alejaste. –se queda pensativa unos segundos y, por la forma en que brillan sus ojos de emoción, presiento que se le ha ocurrido algo-. Lo que tenemos que hacer es llamar su atención sin que los otros se den cuenta. Algo se nos ocurrirá. Así que está noche no iremos tras ellos, nos quedaremos a idear un plan y dormir mucho para llevarlo a cabo. –dice sonriente y Prim asiente, desganada y con la esperanza escapando por sus ojos. En este sentido, Rue es justo lo contrario que Prim: para mi hermana, las aventuras son un calvario.
Siento las lágrimas arremolinarse en mis ojos mientras digiero lo que acabo de escuchar: Peeta y Prim tenían un plan; él le prometió cosas que no pensaba cumplir; jugó con sus emociones, se burló de su inocencia y la abandonó a su suerte.
Es despreciable.
Tengo ganas de abrazarla y consolarla; de protegerla porque me imagino el terror que debe estar sintiendo. Siento una angustia en el pecho que no me deja respirar y, en contraste, un gran orgullo por la lealtad de Prim.
Ella es tan buena que no se merece nada de lo que está pasando. Y todo por culpa de Peeta Mellark y su oportunismo, pero, sobre todo, por culpa mía: yo soy quien debería estar ahí. Yo soy quien debería morir en la Arena. Yo…
Yo soy quien debe matar a Peeta Mellark.
EllaCampbell: Oh, no te disculpes por lo de mi clase, fue una buena experiencia. Y sobre qué le pasa a Katniss, pues, es demasiado desconfiada y tiende a pensar lo peor de las personas, pero se va a dar de topes cuando sepa la verdad. ¡Lo juro! Y respecto a tu amenaza fantasmal, espero que no lleguemos a esos extremos D: Muchas gracias por leerme y espero tus comentarios.
Dannie: Muchas gracias por leerme. Y ya, prontito, se darán cuenta de las verdaderas intenciones de nuestro amado Peeta.
Sole713: Me agrada y emociona que te parezca buena mi historia. Es motivante. Espero que este capítulo te guste y, también, espero tus comentarios, criticas, objeciones, reclamos, etc. Gracias por tomarte el tiempo de leerme.
Tayloves: Yo también detesto a Katniss con todo mi ser es… es insufrible, o no sé, simplemente nunca terminó de convencerme, gustarme y demás. Arg! Me cae muy, muy mal. Gale, a diferencia, sí me agrada; presiento que a muchas personas les cae mal por culpa de Katniss (o eso me digo a mí misma porque recurro a culparla de todos los males). Y las pequeñas aliadas, ¡ahhhh!, me emociona escribir sobre ellas y saber que están juntas. Las amo. Muchas gracias por leer. Espero que el capítulo sea de tu agrado.
Neo GS: Es emocionante recibir en cada capítulo tu apoyo y comentarios. Gracias. Sí, Prim, la pequeña es demasiado sensible pero no es tonta. Sabe que algo raro pasa y que lo que Haymitch en su momento les aconsejó, no es en vano. También, conoció y convivió con Peeta y se dio cuenta lo buenísima persona que es él. Eso tiene que pesar más que las feas palabras que tuvo que decirle T_T Mil millones de gracias por seguir desde el principio. Espero que sea de tu agrado el capítulo y estoy ansiosa por leer tus elocuencias XD
Vale-Misty Cullen: Sí, pobre de los Mellark, la están pasando demasiado mal. Pero ya, la gente del Distrito, y la propia Katniss, se van a arrepentir de lo que hicieron y pensaron. Prometo vengar a Peeta. Gracias por seguir leyendo esta historia. Un abrazo.
XkanakoX: Es muy, muy injusto, lo que pasa con la familia de nuestro Peeta pero ya pronto terminará su pesadilla, al menos para ellos. Y se darán cuenta de la buena gente que es mi Chico del Pan. Ojalá te guste el capítulo. Muchas gracias por leerme. Un abrazo.
Julia: Ohhhhh, muchas gracias. Espero sea de tu agrado y me dejes tus impresiones sobre este capítulo.
KoyukiBetts: Sí, pobre Peeta, tiene que armarse de valor, temple y demás para no hacer algo que lo comprometa o deje ver sus verdaderas intenciones delante de los Profesionales. Pero ya llegará el momento en que deje de actuar y todos vean la gran persona que es, incluyendo a Katniss y Gale. Y sí, Prim también se me hace mucho más fuerte y madura que Katniss, sólo que ella o no quería darse cuenta o de plano fue muy tonta para hacerlo. No sé, el punto es que se llevará gratas sorpresas al ir conociendo y ver cómo es que va creciendo Prim en la Arena. Ojalá te guste el capítulo. Y muchas gracias por leer este intento de drama.
EnithCrystal: me tardé un poco en actualizar, espero que eso no me convierta en una hija de… Snow. Gracias por leerme.
Demetris-Katniss: Gracias por leerme. Ojala sea de tu agrado el capítulo.
Mil gracias también a los lectores anónimos.
Dudas, quejas, sugerencias, reclamaciones, etc., son bienvenidas.
Próximo capítulo: "Reencuentros."
