Capítulo 14
Séptimo encuentro
Domingo, 8 de marzo
Le había tomado bastante trabajo el realizar la llamada. Había sujetado su teléfono celular durante un largo rato, mirando la pantalla oscura, y le había tomado también un tiempo considerable el localizar en su lista el contacto que necesitaba, y finalmente marcar. Pero habían acordado ya que se reunirían para cenar. Se habían puesto ya de acuerdo en verse una última vez, antes de que él regresase al día siguiente a su país. Y esta vez, sería sin la promesa de volverse a ver algún día.
¿Era eso lo que quería?
Una parte de su cabeza le indicaba que era lo correcto. Que Sakura Kinomoto era un simple enamoramiento infantil y que tarde o temprano tenía que superarlo. De preferencia temprano, pues su boda se encontraba extremadamente cerca.
Otra parte de su mente le decía que no habría nada de malo en volverse a encontrar con la joven de ojos verdes. Después de todo, ¿quién era él para negarse a lo que el destino le tenía preparado? Pues conforme pasaban los días, estaba seguro de que sus encuentros con Sakura tenían un motivo. Correspondían a un plan mucho más grande que él no llegaba a comprender. Quizá lo mejor fuese simplemente dejarse llevar…
Dejar que la noche siguiese su curso, y si la serie de acontecimientos que deseaba que ocurrieran realmente pasasen, entonces podría simplemente decir "creo que me estoy enamorando de tí", y ver a dónde llevaba aquello. Quizá Syaoran Li fuese correspondido, aunque fuese un poco, y podrían simplemente dejar sus vidas atrás, comenzar algo juntos, y ver qué era aquel plan que el destino les había trazado ya.
Simplemente dejarse llevar.
Y ese pensamiento fue justo el que le dio valor para marcar al teléfono de la joven, y esperar a que esta conectara la llamada.
-¿Si? Esto, habla Sakura.
-Buenos días, Sakura. Habla Syaoran –dijo el joven, mientras miraba por la ventana del vehículo en movimiento, como los enormes edificios se fundían con el azul del cielo-. Lamento molestarte tan temprano.
-Ah, no Syaoran. No es temprano. Es decir, es ya casi medio día –respondió ella, con un tono algo torpe. Daba la impresión de que había sido sorprendida a media travesura-. Y no, tampoco es ninguna molestia el escucharte. ¿Ocurre algo? Bueno, quiero decir, ¿a qué debo el honor de tu llamada?
Syaoran rio por lo bajo antes de responder, mientras la limusina daba vuelta en la esquina, y después de avanzar unos cuantos metros, se detuvo frente al arco de madera, en medio de aquella pared blanca que se extendía a ambos lados, adornada a intervalos regulares por pequeños pinos y bambúes. Se trataba del restaurante Hamadaya.
-Llamaba solo para confirmar la cena de esta noche. Espero aún estés disponible.
-Ah, sí, la cena. Claro que estoy disponible. ¿Tienes ya el lugar y la hora?
El chofer había dado la vuelta al vehículo, y después de abrir la puerta con diligencia, esperó pacientemente a que su jefe bajase del auto. Syaoran se tomó su tiempo para colocarse sus acostumbradas gafas oscuras, y finalmente se apeó.
-Tengo algo planeado cerca de la bahia de Tokio. ¿No hay problema si paso por ti a tu departamento?
-¿A mí…? –se creó un corto silencio, el cual Syaoran aprovechó para cambiarse el teléfono de oído, y abrocharse de nueva cuenta su saco azul marino-. Supongo que no, no hay problema. Te enviaré la dirección en un mensaje, ¿está bien?
-Perfecto –dijo Syaoran, mientras su chofer cerraba la puerta de donde Syaoran había bajado del auto, y volvía a darle la vuelta, para colocarse detrás del volante-. Pasaré por ti a las ocho en punto.
-Te esperaré puntual, Syaoran.
El joven dibujó una tenue sonrisa en su rostro, al tiempo que cortaba la llamada, y se guardaba el celular en el bolsillo interior de su saco. Avanzó un par de pasos, cruzando el arco de madera, y adentrándose en el pequeño jardín que había antes de acceder al restaurante en sí. Se detuvo frente al podio que estaba colocado junto a la puerta de madera, detrás del cual una muchacha de kimono verde pálido con pequeñas flores amarillas le saludó con una reverencia.
-Bienvenido a Hamadaya, ¿tienen reservación?
-Tengo una reunión programada con la señorita Ichihara. Li Syaoran, Vicepresidente de Dinasty Li Enterprises.
La muchacha emitió una profunda reverencia, y se apuró a salir detrás del podio, deteniéndose junto a las puertas dobles de madera.
-La señorita Ichihara lo espera ya, señor Li –dijo educadamente, al tiempo que abría las puertas de par en par-. Si gusta seguirme…
Y así ambos entraron al local.
La llamada de Syaoran la había tomado un poco por sorpresa. Era cierto que habían acordado verse aquel día de nueva cuenta, y era obvio que en algún momento tenían que llamarse para concretar el plan, pero habían pasado tantas cosas las noche anterior, que Sakura se había olvidado de ello por completo. En especial en aquel momento.
La noche anterior, después de que hubiese respondido de manera afirmativa a la pregunta de Yukito, ambos jóvenes habían vuelto a brindar (esta vez con espumosa chamapaña), e inclusive habían salido al pequeño balcón a bailar una romántica pieza que un pequeño cuarteto de violinistas tocaron exclusivamente para ellos.
Después de aquello, tenía una vaga idea de lo que había pasado. Recordaba haber tomado un poco más de vino, y bailado un par de piezas más, hasta que el reloj había marcado poco más de media noche, y como Cenicienta, debía emprender el camino de regreso a casa. Sólo que ella venía acompañada por el príncipe.
Pese a haber tomado la misma cantidad de alcohol que ella, Yukito aún se encontraba en excelente estado. Y considerando que sería una falta de respeto enviar a su prometida sola a casa (siendo que vivían juntos), Sakura se vio ayudada por el doctor Tsukishiro a subir al vehículo de él, y así emprender juntos el camino de regreso a su departamento.
Allí, el doctor Tsukishiro había sido lo suficientemente caballeroso como para llevarla abrazada de la cintura todo el camino (Sakura estaba comenzando a sentirse mareada por el alcohol y se le dificultaba un poco el caminar), y había sido también lo suficientemente seductor como para besarla en el umbral de la puerta, pasando sus labios por los de ella, sus mejillas, su cuello, y un poco más abajo.
Así, los recién comprometidos se deslizaron dentro del departamento (Sakura prontamente se quitó los zapatos y se desprendió del bolso), y mientras reía coquetamente, se apuró a subir la escalinata semicircular y entrar en la habitación, con Yukito pisándole los talones.
Lo que ocurrió después se veía reflejado en lo que mostraba la alcoba aquella mañana.
El vestido de Sakura había encontrado su salida arrojado a los pies de la cama, al igual que los pantalones y la camisa de Yukito, los cuales habían aterrizado en una silla junto a la entrada del closet. El saco del doctor se encontraba a los pies de ésta, mientras que la ropa interior de ambos había creado un claro camino desde la puerta de la habitación, hasta la cama, donde ambos se encontraban descansando, hasta hacía un par de minutos.
Sakura había finalmente abierto los ojos. Después de acostumbrarse a la luz que se filtraba por la puerta que llevaba a su balcón, examinó la habitación, y mientras se sonrojaba por la realización de lo que había ocurrido la noche anterior, se rodeó el cuerpo con una sábana, y se deslizó fuera de la cama, en dirección al baño.
Lo primero que hizo fue tomar una cálida ducha, dejando que el agua acariciase la piel, mientras se lavaba el cabello, antes de dejarse revitalizar por un chorro de agua fría, al tiempo que se limpiaba el cuerpo con una suave esponja y un gel con aroma a moras.
Se deslizó fuera de la regadera y se envolvió en una esponjosa toalla. Tomando otra un poco más pequeña para secar su cabello, se percató de que lo ocurrido la noche anterior la había privado de tener algún par de zapatos para ponerse aquella mañana. Así, caminando de puntitas sobre el suelo laminado, velozmente para no dejar todo mojado, salió de la habitación, y bajó la escalinata de media luna. Recorrió el pasillo que la llevó al recibidor, y se detuvo frente al armario de los abrigos, donde descubrió tanto sus zapatos, como los de Yukito, en el suelo, como si ambos se los hubiesen quitado velozmente. Un poco apenada (sabía perfectamente a qué se había debido eso), se apuró a guardarlos en el armario, y posteriormente tomó sus pantuflas rosadas.
Estaba por dar media vuelta y regresar a su habitación para comenzar a vestirse, cuando escuchó un sonido familiar. Miró a la mesilla que tenía junto al armario de los abrigos, y allí, asomándose desde el interior del pequeño bolso que había usado la noche anterior, se encontraba su celular, emitiendo aquel sonido que era ni más ni menos su tono de llamada.
Sakura se apuró a tomar el aparato, y sin siquiera mirar de quién se trataba, conectó la llamada.
El escuchar la voz de Syaoran al otro lado de la línea la hizo sentirse un poco vulnerable. Siendo finalmente consiente que se encontraba cubierta simplemente por una toalla, comenzó a hiperventilar, preguntándose si el Señor Li no se encontraría viéndola, desde algún punto invisible.
Sin embargo, al mismo tiempo se encontraba contenta de que Syaoran hubiese llamado. Que no se hubiese olvidado de aquella cena que tenían planeada para esa misma noche. Quizá la última comida que compartiesen juntos. Después de todo él debía de volver a China, y debido a lo que le había comentado sobre la veta en territorio nipón, era casi seguro de que no volvería a Japón nunca más.
Así que cuando hubo finalmente cortado la llamada, Sakura dio media vuelta para subir a su habitación, y vestirse con algo cómodo antes de reunirse aquella noche con Li Syaoran.
-¿Con el señor Li? –preguntó Yukito. Sakura se limitó a encogerse de hombros, mientras evitaba mirar a su ahora prometido, a los ojos.
-Es sólo una cena de despedida –se defendió ella, aunque no estaba muy segura de porqué aquello le sonaba a la confesión de un crimen-. Antes de que regrese a China.
Se encontraban en el estudio. Yukito estaba sentado en su rincón habitual, en aquel sillón de lectura, mientras sujetaba uno de sus gruesos libros sobre medicina. Sakura, por su parte, se encontraba sentada detrás de la computadora, revisando sus correos. O al menos fingía que los revisaba, pues en realidad lo usaba de excusa para no mirar a su prometido.
-¿Necesitas que te acompañe? –preguntó Yukito, cerrando su libro (no sin antes marcar la página), y mirando a Sakura, quien seguía con los ojos clavados en el monitor. Tenía unos cuantos correos nuevos, pero la mayoría eran simple spam.
-No es necesario –se excusó ella, abriendo un correo y comprobando realmente que fuese basura, antes de borrarlo-. Syaoran vendrá a buscarme al departamento. Puedes estar tranquilo que también me traerá de vuelta.
-¿De dónde exactamente lo conoces? -la joven finalmente dejó de mirar la pantalla, para clavar sus ojos verdes en los grises de él-. Dijiste que eran conocidos desde hacía muchos años…
-Nos conocimos en la Torre de Tokio –dijo ella, no muy segura de saber qué tanto confesar-. Durante una visita escolar. Conversamos un par de horas, y prometimos ponernos en contacto de nueva cuenta si él regresaba al país –no supo cómo había inventado aquello, pero ya estaba dicho, así que no había vuelta atrás-. Y ahora estamos aquí.
-Y ahora estamos aquí –repitió Yukito, en voz baja, más para sí mismo que para su prometida. Sakura le dirigió una última mirada, antes de volver a bajar la vista y dirigirla al monitor.
Frunció el entrecejo, confundida. Entre el spam tenía un correo de Tomoyo.
Yukito se preguntó si no debía decir algo más, pero estaba seguro que sucumbir a su paranoia no era muy buena idea. Decirle a Sakura que había visto, o creído ver, como ella y el señor Li casi se besaban, era una forma de provocar una discusión entre ellos. ¿Qué pruebas tenía él? ¿Qué excusas tendría ella? ¿Y realmente quería escucharlo? Estaba seguro de que debía de confiar ella. Siempre lo había hecho. ¿Por qué las cosas habrían de cambiar ahora?
Sakura acababa de aceptar su propuesta de matrimonio. Ella estaba jurando serle fiel. Ella había escogido estar a su lado durante toda la vida. Y además, el señor Li también estaba comprometido. Yukito estaba seguro de que el joven no terminaría su relación por intentar algo con una chica que ya tenía una vida antes de él. Aunque se hubiesen conocido hacía años. Ella había creado su vida a su lado, y por más que el señor Li quisiera inmiscuirse, simplemente no pertenecía.
-De acuerdo –susurró antes de volver a abrir su libro-. Esta noche tengo turno nocturno en el hospital, así que no podré esperarte despierto.
-¿Qué? –musitó Sakura. Yukito volvió a desviar la vista de su libro, y mirar a su prometida. La joven se encontraba leyendo algo en la computadora. Podía ver sus ojos recorrer las líneas de lo que fuese había acaparado toda su atención. La expresión de su rostro denotaba una ligera sorpresa.
-¿Ha pasado algo? –preguntó Yukito, cerrando el libro de nueva cuenta.
-Ah, este… -Sakura había terminado de leer, y después de parpadear un par de veces, miró a su prometido, antes de apuntar a la pantalla-. Tomoyo… Tomoyo me ha conseguido una entrevista. De trabajo, creo…
-¿Una entrevista de trabajo? –repitió Yukito. La joven asintió, aun apuntando a la pantalla. El hombre de cabellos grises se levantó de su sillón, y dejando su libro en él, rodeó el escritorio y se detuvo detrás de la silla de su prometida, mirando ahora él también la pantalla.
Querida Sakura, (decía el correo abierto)
Espero y estés teniendo un excelente día.
Te escribo esto desde Korea, disculpándome por no haberte avisado con tiempo, pues he tenido que atender unos asuntos que han surgido de improvisto. Lamentablemente no regresaré a Tokio hasta la próxima semana, por lo que tendré que enviarte muchos besos y abrazos, por este medio, no para desearte éxito (pues ese lo mereces y verás que lo has ganado ya), sino para felicitarte por lo que estoy segura estás por emprender.
Me es un enorme placer y orgullo anunciarte la fecha y hora para la entrevista que Shigeo Otsuka con gusto me ha expedido para ti. El señor Otsuka y su asistente te esperarán el miércoles 11, a medio día, para platicar sobre tu trabajo, y todo lo que puedas aportar a NatGeo. No creo necesario recordártelo, pero no olvides tu portafolio. Estoy segura de que querrán verlo detenidamente.
Nuevamente, te mando abrazos y besos, esperando que te encuentres de maravilla. Igual que siempre, te prometo un agradable recuerdo de mi viaje a estas tierras.
Con amor,
Tomoyo Daidouji
No había podido dejar de sonreír, durante toda aquella tarde. Mientras se bañaba, se perfumaba y se vestía, no había podido dejar de pensar en lo que Tomoyo le había escrito. Una entrevista con Shigeo Otsuka. Un paso más y su sueño de fotógrafa de vida silvestre se haría realidad.
Sin embargo, tuvo que dejar de fantasear sobre paisajes en la antártica, o en la salvaje áfrica, cuando Yukito se detuvo junto a ella, y la miró detenidamente.
-Ya está aquí –anunció su prometido.
Sakura se encontraba sentada frente al tocador. Se había maquillado con lo mínimo (apenas un toque de rímel y colorete, nada de sombras ni delineadores, y una suave pasada de labial rosa pálido) y en aquel momento se encontraba cepillando su cabello, el cual había optado por llevarlo suelto. Miró a Yukito, quien la miraba como si quisiese decir mil y un cosas, pero no se atreviese ni a pensarlas.
-No tardes mucho –dijo él.
El alto hombre dio media vuelta y salió de la habitación, dejando a Sakura de nueva cuenta sola, con la sola compañía de su reflejo en el espejo. La joven se tomó unos momentos más para comprobar que su maquillaje y cabello estuviesen en orden, antes de levantarse del tocador, y también ella salir de la habitación. Bajó por las escaleras de media luna, y una vez hubo llegado a la planta baja, cruzó el rellano para entrar a la sala, donde pudo ver como ambos hombres se encontraban sentados en lados opuestos de la habitación, sin decirse ni una palabra.
-Estoy lista –anunció la muchacha de ojos verdes, con lo que los dos hombres dieron un respingo y se apuraron a levantarse de sus asientos.
-Te ves hermosa –dijo Yukito, quien se había apurado a caminar hacia ella, y ahora la sujetaba suave pero firmemente del talle, mientras su mirada se perdía en sus ojos verdes. Sakura no pudo evitar ruborizarse al tiempo que le sonreía tímidamente.
-Gracias –musitó la joven, antes de que la voz del otro caballero la hiciera volverse a ver a Syaoran.
-En ese caso, deberíamos marchar ya –dijo el señor Li, quien se había contenido de dar un solo paso hacia ellos, y se había limitado a esconderse las manos en los bolsillos de su pantalón.
Yukito también se había girado para ver al joven, y ahora, mientras sujetaba a Sakura de la mano, le indicó a ambos que caminasen hacia el recibidor del departamento. Sakura fue la primera en avanzar, mientras que Syaoran agradeció el gesto del doctor Tsukishiro dirigiéndole una reverencia, antes de seguir el también a la joven.
-Prometo regresarla antes de media noche –dijo Syaoran, mientras Sakura abría el armario de los abrigos y tomaba una ligera chaqueta negra y un pequeño bolso del mismo color.
-Confío en su palabra, tal como confío en que cuidará de ella –respondió Yukito, en un tono que a Sakura le supo un poco severo. Lo miró fugazmente, antes de sujetar su brazo, con lo que el hombre la miró.
Le sonrió tiernamente, mientras se alzaba de puntitas (los tacones que llevaba en aquel momento no eran muy altos así que aún se veía en la necesidad de estirarse), y le dio un corto pero tierno beso en los labios a su prometido.
-Cenicienta puede volver sola en su carruaje si las cosas se salen de control –susurró la muchacha. Yukito sonrió a medias.
-Después de ti, Sakura –dijo Syaoran, con lo que Sakura soltó suavemente el brazo de Yukito, y se apuró a salir del departamento.
Ambos hombres intercambiaron miradas silenciosas.
-Señor Li –dijo Yukito, secamente.
-Doctor Tsukishiro –respondió Syaoran del mismo modo.
Y con esto, el joven de cabello castaño dio media vuelta, y salió del departamento, dejando al hombre de ojos grises, completamente solo.
El problema no era que Cenicienta llegase después de medianoche. El problema era que Cenicienta acudiría a bailar con un príncipe que no era él.
Sintiéndose falto de aire, el hombre de cabellos grises volvió a la sala, a prepararse un whisky, antes de abrir el armario de los abrigos y extraer de allí su bata blanca. Aquella noche en el hospital sería horriblemente larga. En especial porque le asustaba la idea de que muy probablemente encontrase la casa vacía cuando volviera a ella, la mañana siguiente.
Sakura no estaba segura de a qué lugar Syaoran pensaba llevarla, pero estaba segura de que el joven acudiría a aquella cena, con alguno de sus elegantes trajes. Así, sabía que el código de vestimenta de aquella noche poco o nada tenía que ver con el sitio al que fuesen a cenar, sino que debía ajustarse a lo que su acompañante llevase.
Y había sido por ello que había decidido por un vestido rosa, de falda de tul con corte en A, y de torso bordado en fino encaje, sin mangas y de cuello redondo. En el talle llevaba un simple listón negro que adornaba su espalda con un bonito moño. Algo discreto y dulce, que combinaba con sus bajos tacones negros, su pequeño bolso de mano del mismo color, y la ligera chaqueta también oscura.
Syaoran por su parte había optado por un traje sastre color gris, zapatos negros, camisa azul cielo y corbata azul marino, que le daban un aire muy juvenil y relajado.
Cuando salieron del elevador y llegaron a la calle, la acostumbrada limusina del señor Li los esperaba ya. Sakura, a quien aquello no le extrañaba para nada, simplemente se deslizó dentro de ella, y una vez Syaoran se hubo sentado a su lado, se dejó llevar sin atrverse a preguntar a dónde se dirigían.
Su pregunta no formulada quedó respondida cuando el vehículo encaminó al sur, y recorrió un tramo paralelo a la bahía de Tokio, hasta detenerse en la entrada de una Marina. El chofer detuvo el vehículo y se apuró a ayudar a bajar a ambos muchachos, con lo que finalmente ambos pudieron percibir aquel aroma a sal. El chofer realizó una corta reverencia antes de volver a subir al vehículo, y alejarse de allí en silencio.
-¿Lista? Preguntó Syaoran, mientras ambos miraban la bahía.
-Lista –respondió ella, sin saber exactamente hacia dónde se dirigían, aunque se hacía una idea muy atinada.
Caminaron por el embarcadero, mirando aquellos yates amarrados, que se mecían suavemente. Había muy poco movimiento en el puerto. La mayoría de las embarcaciones se encontraban vacías. Mientras caminaban por el muelle, pudieron ver a un grupo de jóvenes que bajaba de una de las embarcaciones; seguramente habían estado en el mar durante toda la tarde. También vieron a un par de parejas que se encontraban preparándose para zarpar.
-Señor Li, buenas noches. Señorita, bienvenidos –anunció un delgado hombre de traje completamente blanco, incluyendo el sombrero de marinero que llevaba bajo el brazo.
Con una reverencia, les indicó que eran bien recibidos en el yate que tenía detrás de sí, y después de enderezarse nuevamente, extendió su mano para ayudar a Sakura a subir a la embarcación. Syaoran la siguió de cerca.
-¿Estamos listos para zarpar? –preguntó el joven de cabellos castaños al capitán, el cual asintió enérgicamente.
-Cuando usted lo indique, señor Li.
Syaoran asintió y avanzando junto a Sakura, guió a la muchacha al balcón de proa, donde había colocada una mesa de corto mantel blanco, y un par de sillas negras, mientras el capitán se dirigía a la cabina, y la tripulación (compuesta apenas por un par de marineros) ayudaban a soltar el yate de su amarre.
Mientras la embarcación se separaba del muelle y lentamente se abría paso entre los demás botes, Sakura se había acercado a la barandilla y miraba como las oscuras aguas se mecían mientras la embarcación avanzaba silenciosa. Syaoran se detuvo a su lado.
-¿Hasta dónde iremos? –preguntó ella, emocionada.
-No demasiado lejos. Descuida, simplemente admiraremos las afueras de la bahía.
Una vez que los demás yates atracados en la Marina quedaron atrás, la embarcación tomó un poco más de velocidad. La suficiente para que la brisa marina acariciase suavemente el rostro de la joven, mientras agitaba su cabello. Debido a que la ciudad de Tokio los apresaba por ambos lados, podían verse rodeados por las luces de las calles y edificios; aunque avanzaban de prisa, y apenas podían distinguirlo como una fina línea. Sin embargo, pronto llegaron a las fueras de la ciudad, donde las luces eran casi inexistentes, y una vez que se encontraron en el Canal de Uraga, delante de ellos solo existía una infinita oscuridad, mientras que detrás de ellos tenían apenas un horizonte tenuemente iluminado.
La embarcación se había finalmente detenido. Debido a que ya no se escuchaba el motor, lo único que rompía aquel silencio absoluto, era el choque de las olas contra el casco del yate. Desviando finalmente la mirada del horizonte, Sakura se giró para ver a Syaoran.
-¿De dónde sacaste un yate? –fue su primera pregunta, a la cual el joven respondió encogiéndose de hombros.
-Lo he rentado por esta noche. Quería que… fuese especial.
El joven de ojos castaños dejó el comentario en el aire, mientras se giraba hacia la cubierta y apuntaba a la mesa.
-¿Quieres que cenemos ya? Seguramente tienes hambre.
Ella le sonrió alegremente.
-Bastante –fue su respuesta.
Syaoran la condujo hacia la pequeña mesa redonda, y la ayudó a sentarse. Mientras él también tomaba asiento, uno de los marineros que formaban parte de la tripulación se apuró a traerles una copa de champaña, mientras que el otro colocó delante de ellos la cena. Se trataba de un enorme plato central con diferentes mariscos (pulpo, camarones, almejas, y cortes de pescado como bacalao y salmón), cocinados con un toque de ajo y mantequilla que provocaba un aroma dulce y penetrante, aunque suave y agradable. Los diferentes mariscos se encontraban posados sobre una suave cama de arroz blanco, y rodeados por ensalada fresca.
-No estaba muy seguro de qué mariscos son los que te gustan más –dijo Syaoran, un poco nervioso-, así que decidí mejor seleccionar diferentes opciones.
-Descuida, estoy segura de que todo será de mi agrado –respondió Sakura, mientras dejaba que el aroma la envolviese por completo.
-En ese caso, puedes servirte tú primero.
Sakura agradeció el gesto con una sonrisa, y se apuró a seleccionar un poco de todo, poniéndolo con cuidado en su plato, procurando que fuese a partes iguales. Cuando hubo terminado, Syaoran la imitó, aunque en su caso, podía verse una clara preferencia por el salmón.
-Está realmente delicioso –dijo Sakura apenas hubo probado el primer trozo de pulpo. Syaoran no pudo evitar sonreírle.
Siguieron comiendo mientras conversaban sobre lo que había ocurrido desde la última vez que se habían visto, lo cual había sido la tarde anterior. Syaoran había compartido con Sakura la exitosa comida que había tenido con Ichihara Yuuko, por lo que estaba confirmada la futura alianza entre sus compañías, cuando la señorita Ichihara acudiese a China a firmar su contrato.
Cuando se hubiesen servido un poco más de mariscos, fue el turno de Sakura de contar animadamente como tenía una entrevista programada con Shigeo Otsuka, para muy probablemente trabajar en National Geographic.
-Parece ser que ambos estamos alcanzando nuestras metas propuestas –dijo Syaoran, mientras tomaba su copa de champaña, después de volver a dejar vacío su plato.
-¿Deberíamos de celebrarlo? –sonrió Sakura, tomando ella también su copa, y alzándola en el aire, proponiendo un brindis. Syaoran la imitó-. Porque tus futuros negocios sigan siendo igual de exitosos que los ya realizados.
-Porque tu carrera de fotógrafa sea tal cual como la soñaste –respondió él, y con esto, dejaron que las copas chocasen, antes de beber de ellas.
Syaoran dejó su copa (ahora ya vacía) en la mesa, y se levantó de su asiento, acercándose a su acompañante, y extendiendo su mano.
-¿Te apetece un baile? –dijo tranquilamente, mientras miraba a la joven. Sakura lo miró de vuelta, un poco cohibida-. Prometo comportarme.
Sakura sintió que se le coloreaban las mejillas. La última (y única) vez que había bailado, estaba casi segura de que él había intentado besarla. Se mordió el borde del labio, pero decidió que lo mejor era no dejar al pobre muchacho con la mano extendida. Así, aun nerviosa, le sonrió tímidamente, y colocó su mano sobre la de él.
-¿Qué…? –susurró Syaoran, mientras miraba la mano de la joven. Ella miró también.
Allí estaba su anillo de compromiso.
-¿Vas a casarte? –dijo él aún en voz baja. Ella asintió. No sabía por qué, pero se sentía culpable por no haberlo mencionado durante la cena.
-Yukito hizo su proposición anoche –respondió mientras se preguntaba si debía ponerse de pie, o retirar su mano. Sin embargo, sintió como Syaoran la jalaba suavemente, y así, se deslizó fuera de la silla.
-Ya veo –fue lo único que Syaoran pudo decir, mientras aún la sujetaba suavemente, y la llevaba lejos de la mesa, en un área despejada. Al instante, los dos integrantes de la tripulación que les habían servido la cena, se detuvieron en un rincón, y comenzaron a tocar un par de violines.
-Te ves sorprendido –susurró Sakura, mientras Syaoran colocaba ahora la mano de ella sobre su hombro, y sujetaba a la joven de la cintura. Tomó su otra mano y entrelazó sus dedos con los de ella.
-Lo estoy, un poco –respondió, mientras comenzaban a bailar-. Es decir, ayer en aquel dedo no había nada. Me sorprende que el doctor Tsukishiro haya sido tan rápido.
-¿Rápido? –repitió Sakura-. Llevamos cinco años de novios; creo que lo ha hecho a una velocidad muy adecuada.
-Bueno, mi prometida y yo nos conocemos desde el jardín de niños. Después de una relación de más de veinte años, a mi juicio, cinco me parecen muy rápido.
Se quedaron callados, mientras la suave melodía de los violines los envolvía, y ellos simplemente se dejaban llevar al ritmo. Podían escuchar también como el mar golpeaba suavemente el casco del yate. Era todo tan relajante. Y aún así, había algo que a Syaoran no le sentaba bien...
-¿Sabes? –dijo Sakura repentinamente-. Es una lástima que uno de dichos negocios exitosos te impida volver a Japón. Es decir, tu compañía y conversación son agradables. Eres un muy buen amigo, Syaoran –agregó Sakura, un poco temerosa de haber dicho demasiado. Pero Syaoran se limitó a encogerse de hombros, intentando quitarle importancia al asunto.
-No puedo volver por negocios –asintió mientras seguían bailando lentamente-, pero no significa que no pueda volver por motivos personales. ¿Unas vacaciones? ¿Visitar a una vieja amiga? –ambos sonrieron, aunque ambos exhibían sonrisas algo melancólicas. Sakura apoyó su cabeza en el pecho de él, con lo que Syaoran miraba ahora la oscuridad del mar, mientras podía oler suavemente el cabello de la joven. La joven había soltado la mano de él, y ahora lo abrazaba, rodeando su cuello con ambos brazos. Syaoran la abrazó por la cintura.
-¿Me visitarás realmente? –preguntó ella, en un susurro. Ya no bailaban. Pese a que los violines aún se escuchaban, ellos se encontraban estáticos, en aquel abrazo, mientras Syaoran miraba al horizonte, y Sakura al suelo.
Syaoran cerró los ojos, y sintiendo su corazón palpitar contra su sien, finalmente respodió:
-Debo atender los preparativos de mi boda. La luna de miel, darle tiempo de calidad a Mei Lin… Y después están los negocios. Este nuevo proyecto con las señoritas Ichihara y Daidouji…
-Si no puedes volver estará bien –dijo Sakura-. Yo lo entiendo.
-No es que no vuelva –se apuró a intervenir Syaoran. Sentía la garganta rasposa, como si decir aquellas palabras le doliese-. Sólo que no sé cuándo pueda regresar a verte.
¿Quería regresar? ¿Quería volver a ver a aquella joven, de pie frente al altar, dando el sí a alguien más? ¿Quería verla felizmente casada con alguien que no era él? ¿Verla con un par de hijos que no eran suyos? ¿O prefería guardar en su memoria el recuerdo de aquella noche, cuando la tuvo por primera y única ocasión entre sus brazos?
-Puedo esperar en la Torre de Tokio otros quince años –susurró ella.
Y allí fue cuando sintió él, como su corazón se partió en dos.
Oh dios, se me ha roto mi kokorito. Espero y no estén yendo a facebook a stalkear mi dirección para venir a golpearme *se ríe nerviosa*. Les aseguro que esto no se acaba aquí! *se defiende apaniqueada* La noche aún no ha acabado (?), y Syaoran parte mañana, así que aún tenemos tiempo para que Sakura corra por todo el aeropuerto gritando "Syaoran, no te vayas" antes de detenerse junto al jet correcto, de donde bajará el chico Li, y se confesarán amor eterno y fin (?)
¡Bonito domingo tengas tod s! Espero y estas dos semanas no les hayan parecido tan eternas como a mí. Como les dije en el párrafo anterior, esto aún no termina, y les aseguro que aún falta un buen tramo. De nueva cuenta no confesaré si esto tiene un final alegre o triste, pero bien puedo decir que me encanta el drama telenovelero, así que l s haré sufrir un rato más~~
Les mando abrazos y besos, no sin antes recordarles que espero sus reviews, likes y follows. De nueva cuenta con mi ajetreada agenda, el siguiente capi espero subirlo en dos semanas, por lo que les pido no desesperen y no me olviden. Tengan un bonito fin de semana (o lo que queda de él), y nos seguimos leyendo. Sigan bellos~!
