14. Unas merecidas vacaciones
Sirius volvía a tener su aspecto normal, lo recuperó en poco tiempo, eso significaba que el plan marchaba bien, ahora tenía que esperar pacientemente. Recordó que Emy le dijo que había aparecido bajo la lámpara de la entrada, así que decidió sentarse en las escaleras a esperarla. Comenzaba a tardar ¿Habría pasado algo? Y es que el tiempo corría despacio, ella se había ido a eso de las cinco y ahora eran las seis y media de la tarde, tanto tiempo no era pero es que sentía que habían pasado días desde que se fue. Necesitaba tenerla frente a él, haberla perdido, haber creído que estaba muerta, y lo estaba, le daba una incesante necesidad de querer estar con ella a cada momento.
Repasó el plan para ver si había algún punto flaco y de repente encontró demasiados, no había tantos cuando ella lo explicó. Oía a los chicos fuera, les había ordenado limpiar la moto para que estuvieran entretenidos. Ellos se habían negado, querían permanecer atentos a la vuelta de Emy pero él insistió, no quería tenerles pegados y tampoco quería que se quedasen mirando a las musarañas mientras se alargaba su agonía, con lo que al final accedieron. A las chicas, mucho más maduras y responsables, no hubo que decirles nada, se pusieron a preparar comida con la abuela Sunny, lo cual era perfecto, porque si encima él tenía que aguantar los sarcasmos de la anciana fantasma, se volvería loco.
Siete menos cuarto, aquello era un tormento. "Vuelve ya, vuelve ya", nada, ni rastro de ella. Miró por la ventana del salón, desde allí podía ver el acantilado, quizás aparecía en aquel lugar pero no; tampoco estaba en la playa, ni en la cocina ni en ningún lado. Sonrió cuando le preguntaron si olía bien lo que estaban preparando pero ni siquiera pudo contestar, tenía la boca seca aunque era incapaz de ingerir ni un mísero trago de agua. Se sentó de nuevo en las escaleras. Las siete de la tarde. "Vuelve ya, vuelve ya". Sirius comenzó a hablar con ella interiormente: "te estás retrasando, necesito saber que estás bien, no sirvo para quedarme parado, esperando sin hacer nada... Si te pasa algo... Tú no lo entiendes... es que no puedo permitírmelo... no puedo volver a estar sin ti... no quiero... nada tendría sentido... no sé qué haría... se acabaría mi aire... no podría respirar de nuevo... no querría". Una luz comenzó a iluminar suavemente la lámpara, se oyó el sonido de los cristales chocando graciosamente entre sí, la intensidad fue subiendo poco a poco hasta el punto que Sirius tuvo que poner su mano delante, porque le hacía daño. De la misma manera que se encendió, se apagó dejando a Emy bajo ella. Se abrazaron para comprobar que ambos estaban de nuevo a un milímetro del otro, lo acompañaron de un beso de desesperación y de un suspiro de alivio.
- No aguantaba ni un minuto más sin ti
- Ya pasó pero estoy muy cansada
- ¿Te ha hecho algo?
- No, nada, sólo mirarme con asombro, todo ha salido a la perfección, entre lo de hoy y lo que vea escrito en los periódicos, la trampa está servida – Emy se dejó caer en el pecho de Sirius – Estoy tan cansada que no creo que llegue a la cama
- Para eso estoy yo – Con un suave movimiento de brazos la cargó y la fue llevando escaleras arriba hasta el dormitorio. Ella hundía la cara en su cuello y se agarraba a su camisa cerrando los puños. Sirius la tumbó en la cama, le quitó los zapatos y la tapó con la colcha – Descansa mi amor, me quedaré velando tus sueños
Harry sintió que llegaba y entró por la cocina avisando a los demás. En el quicio de la puerta vio como Emy y Sirius se abrazaban como si no se hubiesen visto en años. Le conmovió aquella escena, al igual que a todos, ver como él la cargaba mientras ella se escondía en su cuerpo y se agarraba con angustia, era conmovedor. Se quedaron allí en silencio, viéndoles desaparecer por las escaleras arriba hasta que Ron habló el primero.
- Es maravilloso verles juntos, como si no hubiese nadie más en el mundo
- Nacieron el uno para el otro, aunque no crean en el destino – La abuela sonrió al terminar la frase – Su amor estaba escrito en las estrellas
- Merece la pena luchar para que ellos permanezcan unidos – Ginny no pudo evitar que una lágrima cayera por su mejilla
- Yo lucharé para que todos permanezcamos unidos – Harry limpió con una caricia el lamento de su chica – Subamos para ver qué tal está ella
En silencio entraron en la habitación, estaba en penumbra, la silueta de Emy descansaba en la cama mientras que la figura de Sirius se mostraba sentada cerca de ella, vigilando cada respiración. Los cuatro se sentaron junto a él esparcidos por el suelo, al principio guardando silencio pero luego, al ver que ella dormía profundamente, hablando en susurros.
- Todo ha salido según lo planeado pero ahora hay que estar atentos a cada movimiento cuando estemos en el pueblo
- Seguro que ya saben donde estamos – Ron lo dijo con tremenda pena
- No, Emy se ocupó de modificar los recuerdos de Wilcox, él se piensa que estamos a muchos kilómetros de aquí, cerca de Finisterre y que el libro está escondido en una cueva
- Ser capaz de desmemoriar a alguien, pase, pero cambiar casi por completo su percepción de espacio y tiempo ¿eso cómo se consigue? – Hermione se pasmaba del poder de Emy
- Es la combinación de una poción, polvos de basilisco, junto con unos hechizos. Emy quiso ir más allá y añadir magia antigua para que ningún contrahechizo pudiese devolverle la verdad – Explicó Sirius
- Espero que lo sepa poca gente – Intervino Ron – No quisiera ver que algo de mi vida no pasó como yo creía
- Estoy segura que Emy no lo hubiese hecho de no ser necesario – Hermione miraba como ella dormía intranquila – Mira como acabó nuestro segundo profesor de defensa contra las artes oscuras
Tres personas se quedaron calladas, sin mirarse, cada una pensando en un momento determinado del curso anterior.
Los gritos querían taladrarle la cabeza, una angustia le oprimía el pecho y su estómago daba vueltas sin parar. La escena que tenía enfrente le provocaba un mareo continuo, unas náuseas tremebundas provocadas por un sentimiento de culpa infinito, del que quería deshacerse. Se sentía la persona más horrible sobre la faz de la tierra, igual a él, a quien le había arrebatado casi todo en la vida a pesar de llevar su sangre ¿Qué diferencia había, en el fondo, entre matar a una persona y permitir que se hiera? Ella creía que ninguna. Los gritos, los malditos gritos sonaban de nuevo trayendo tanto dolor, haciéndola sentir tanto asco de ella misma. Se incorporó de golpe y abrió los ojos. Estaba en su habitación, tumbada en su cama, al lado de la persona que más amaba en el mundo y de la que era totalmente correspondida. No era merecedora de ese amor, no lo era.
- ¿Emy?
- Sirius, yo...
- Cariño ¿te encuentras bien? – Se sentó en la cama y encendió la lámpara de su mesilla - ¿Has tenido una pesadilla?
- No, es mi conciencia que me aturde, no debí hacerlo... no tenía derecho...
- ¡Oh! Ven aquí – Sirius le estrechó entre sus brazos, besaba su pelo mientras la acunaba para tranquilizarla – No había otra salida
- ¡Claro que la había! Siempre hay otra. Soy una maldita asesina
- ¿Wilcox... murió?
- No... Voldemort le sometió a un interrogatorio, le propinó todo tipo de torturas físicas, mágicas e incluso... ¡Oh, señor! ¿Cómo pude quedarme parada, mirando, sin hacer absolutamente nada? Él le marcó la cara con un hierro incandescente, le aplastó los testículos con un aparato... fue horrible y yo... yo... no hice nada
- Estaba en juego más que la vida de ese miserable
- No, Sirius, no puede ser así como nos toque luchar, no soy yo quien deber imponer un castigo semejante, ni quien designe el destino de una vida, culpable o inocente, eso da igual
- Entonces ¿Le tiene prisionero?
- No
- ¿No? ¿Qué significa eso?
- Le curé como pude y cuando fueron a entrar los mortífagos, él se las ingenió para robar una de las varitas y provocar una explosión, que yo aproveché para desaparecerle de allí y enviarle a Finisterre
- Pero Emy ¡Él es un asesino! ¡Es peligroso! En cuanto nos vea a ti o mí no dudará en matarnos, al menos a mí
- Eso no ocurrirá, en cuanto aparezca en público y haya un mortífago cerca, le matará, son órdenes de Voldemort
- No sé, Emy, esto se nos está yendo de las manos
- No podía permitirlo ¿No lo entiendes? Hubiese dado igual si le mato yo aquí, no puedo cargar con una muerte más, ni si quiera la de Wilcox. Le he dado una nueva oportunidad, él verá si la aprovecha y se aleja de esta locura
- Me da que no lo va a hacer – Sirius besó dulcemente a Emy – Dejemos de hablar de él, aprovechemos estos días que nos quedan para pasar unas merecidas vacaciones ¿vale?
- Vale – Cerró los ojos y se dejó querer, iba a hacer lo imposible por vivir la nueva oportunidad que la brindaban
A partir de la madrugada de ese sábado, las cosas se asentaron un poco. Les quedaban dos semanas para disfrutar de la playa, del pueblo, de los amigos, de la música, del deporte, de la abuela y de ellos mismos. Los días tenían denominadores comunes como, salir a correr y a nadar para luego quedarse en la playa hasta una hora antes de comer, luego preparar la comida juntos mientras se reían de cualquiera de las historias de la abuela o de las ocurrencias de Ron. Los dos Weasley eran capaces de hacerle reír a uno hasta soltar las lágrimas, siempre viéndose alentados por la faceta cómica de Sirius. Las tardes se disponían según el tiempo que hacía, si era bueno, se daban un paseo por el pueblo, o visitaban algún otro cercano, también habían ido de tiendas al centro de la ciudad e incluso salieron en varias ocasiones a navegar en una lancha motora alquilada a un amigo de Ángel. En cambio, si hacía malo, se quedaban en casa aprendiendo a tocar el órgano o estudiando en la biblioteca.
En una ocasión fueron a casa de Samu a pasar la tarde, allí no le quedó más remedio a Emy que resignarse y ver, con los demás, videos del anfitrión y de ella bailando en diversos espectáculos cuando eran jóvenes. A los chicos les encantó ser testigos de esa etapa de la vida de Emy, mientras que ella negaba con la cabeza y se excusaba diciendo que de alguna manera tenía que pagar los gastos del piso y la carrera universitaria. Pero lo que más les gustaba a los cuatro jóvenes eran las tardes que pasaban con el grupo para ensayar, claro que terminaban convirtiéndose en fiestas privadas, donde se les permitía beber un poco de cerveza y oír chistes y conversaciones de todo tipo. Las noches de los lunes, martes y miércoles, se dedicaban a entrenamiento mágico, eso sí, sin duelos o hechizos pero sí meditación, estrategia e intuición. El resto de las noches iban al bar y se la pasaban charlando y bailando mientras bebían alguna copa.
La velada del sábado se convirtió en la mejor de todas hasta el momento. A Emy no le quedó más remedio que dar otro concierto con la banda y fue el mejor. Sirius y ella bailaban juntos a la menor oportunidad pero también estuvieron con el resto del grupo divirtiéndose sin parar. Serían la seis de la mañana cuando abandonaron el local, dejando a Ángel y Lola hechos polvos en contraste con los cuatro chicos de la banda, que iban a seguir de juerga, esta vez en una discoteca cercana, y acompañados por Samu, el cual parecía ser incansable. Llegaron lo seis a casa cuando el día quería arrancar en el horizonte. No hizo falta convencerles para quedarse a ver el amanecer mientras mantenían una agradable conversación. Para Sirius y Emy fue la mejor despedida de solteros que podían haber imaginado. Cuando Harry se metió a la cama el domingo, para dormir al menos un par de horas, deseaba guardar aquellos momentos como uno de los mejores tesoros que tenía. Después de tanto tiempo se sentía feliz y quería mantenerse así, lejos de todo lo malo. Ojalá pudiera congelar ese sentimiento nacido en esos últimos días de vacaciones, porque tenía miedo a perderlo... algo dentro de él se resistía a volver a Hogwarts.
Sólo quedaban dos días para irse, Emy les dijo que el sábado después de comer estaba dispuesto el traslador para llegar hasta el castillo. Esto les sorprendió a todos, no sabían que se pudiese llegar tan lejos con un trasto viejo, aunque si estaba preparado por Emy y por el director de la escuela, tampoco era de extrañar. Aquel miércoles por la noche acabaron agotados, tuvieron un día de lo más completo y por la noche Emy había preparado un entrenamiento muy duro. Ayudada por la abuela y por Sirius, prepararon un circuito de imprevistos en cada uno de los cuartos de la casa, sin incluir la biblioteca. Uno a uno, tuvieron que ir solucionando problemas y tomando decisiones que se encadenaban para dar como resultado una meta distinta. Si no tomabas la opción correcta, el tiempo corría en contra pero si acertabas en tu decisión, acortabas la prueba para así proclamarte campeón de ella.
La primera en salir fue Ginny, que obtuvo un tiempo de treinta y cinco minutos con treinta segundos. Luego fue Ron quien salió, rebajando el tiempo en casi dos minutos. Después le tocó el turno a Hermione, que lo hizo un minuto por debajo de su novio y, por último, salió Harry. Tanto los tres muchachos como los dos adultos y la abuela, se quedaron asombrados ante el tiempo que hizo, y es que no había cometido ni un solo error, así que llegó al vestíbulo sin que hubiesen pasado ni quince minutos. Se quedaron bastante rato en el salón comentando la prueba, qué habían hecho y pensado en cada situación. Entre ellos discutían las diferentes posibilidades mientras que Emy y Sirius hablaban de la asombrosa capacidad de los cuatro pero, sobre todo, de la de Harry. La media noche pasaba ya larga y se notaba el cansancio de los cuatro. Sin que nadie les tuviese que decir nada, se retiraron, no sin que antes Emy apartara a Harry un momento para hablar con él.
- Me preguntaba si mañana quisieras acompañarme a un sitio
- Claro, Emy ¿adónde?
- Bueno, quiero que sea antes del amanecer, no es muy lejos pero sí es importante
- Está bien... me levantaré temprano pero no has contestado dónde vamos
- Al acantilado – Emy miraba fijamente a su sobrino, sabía que había entendido a la perfección que quería hacer a la mañana siguiente – Si dices que no, lo entenderé
- No puedo volver al pasado – Los ojos verdes le brillaban intensamente recordando su viaje
- No lo harás
- Pero Gryffindor dijo...
- Sólo fue para aquella ocasión – La tía levantó la barbilla caída, en signo de decaimiento, de su sobrino para que viese que no le mentía - Si saltas conmigo... solo verás un recuerdo... no estaremos allí en verdad
- Un salto de fe
- Así es
- ¿Sirius lo sabe?
- No
- ¿Y se lo vas a decir?
- No – Emy cerró los ojos
- Quedará entre tú y yo
- No se trata de un secreto – Ella volvió a abrirlos, esta vez sonriendo - Se trata de una oportunidad. Mañana lo entenderás... si vienes
- Iré
- A las seis en la cocina
- Está bien – Harry besó a su tía en la mejilla para darle las buenas noches y se subió a su habitación
Cuando Emy se iba a quedar dormida, bajo las caricias de su prometido, le susurró que había quedado con Harry temprano y que no sabía con exactitud a la hora que iba a volver. Sirius no preguntó nada, simplemente comprendió.
Las olas se arrastraban silenciosas hasta las rocas, no querían perturbar la tranquilidad de una noche despejada, limpia de nubes y en donde la luna brillaba fuerte mientras no le quedaba más remedio que ir menguando. Les alumbraba como un foco en el escenario, señalando la zona en donde caerían para mayor tranquilidad de su vista. Harry apretaba fuerte la mano de su tía mientras ella se limitaba a sonreír. Era una noche perfecta, una brisa cálida movía el cabello de ambos y susurraba nanas para relajarlos. El mar estaba en calma y brillaba con especial intensidad pidiendo, a su modo, ser traspasado.
- Cuando él quiere, sabe ser el mejor anfitrión
- ¿De quien hablas? – Preguntó Harry a su tía
- Del mar, tú puedes sentirlo, aún con poca intensidad pero a medida que pase el tiempo, tendrás un verdadero dominio del agua
- Espero que eso me dé ventaja para no estrellarme
- ¡Jajaja! no seas tonto, yo nunca te dejaría hacer algo peligroso... bueno, sí... bueno, no sé
- ¿Tengo que tirarme yo primero? – Preguntó Harry entre nervioso y divertido
- No, lo haremos juntos, por eso te he pedido que vengas, veremos lo mismo, me lo enseñó tu padre y ahora quiero enseñártelo yo a ti
- Cuando saltabas con mi padre ¿podías viajar al pasado?
- Sí, normalmente veía trastadas que hacía él en el colegio con Sirius e incluso una vez vi cuando ellos se declararon, claro que eso hizo que James saliera con la cara roja como un tomate pero para mí fue genial
- ¿Mi madre no saltaba?
- ¡Ni por todo el oro del mundo! Tú madre no sentía simpatía por las alturas
- No sabía que mi madre tuviera vértigo
- ¡Uy! sí, la escoba no era lo suyo... claro que en eso has salido a tu padre
- Lo sé y me encanta – Harry sintió un escalofrío, llevaba puesto su pijama de verano y sus pies descalzos tocaban la húmeda hierba. Echó un vistazo a su ropa y luego a la de su tía, quien les viese al pie de un acantilado en pijama uno y en camisón la otra, se pensaría que se trataba de un suicidio
- No sé que nos depara el futuro, Harry, pero sí sé que podemos disfrutar del presente y del pasado, hay que aprovechar los dones que nos han otorgado – Emy le sonrió tiernamente - ¿Estás listo?
- Sí
Dieron un paso hacia delante y miraron hacia abajo, el mar estaba preparado para acogerlos, brillaba mientras les llamaba con un susurro seductor.
- En cuanto diga tres, saltas y te impulsas hacia delante, luego te inclinas para caer de cabeza ¿Entendido? – Ella vio como él afirmaba con la cabeza y comenzó la cuenta – Uno... dos... tres
Si hubiese un jurado, les habrían dado al menos un ocho en sincronización, el mismo salto, la misma inclinación, los mismos movimientos y el mismo sentimiento. La mente se vaciaba de todo lo malo, sólo quedaba el intenso estremecimiento que producía la adrenalina y un breve pensamiento, el de que estaban volando en caída libre y que en un instante sus cuerpos se estrellarían contra el mar. Entraron a la vez, sus ojos abiertos veían la misma oscuridad verdosa que, poco a poco, desaparecía para dar paso a una luz brillante y llamativa, que les atraía sin resistencia. Se vieron atrapados por ella en breve y, sin que se dieran apenas cuenta, se encontraban en el jardín de una casa.
Ginny dormía plácidamente, un sueño se comenzaba a dibujar en su mente. Al principio era una escena oscura pero poco a poco pudo comprobar en dónde se hallaba. Un jardín amplio, ornamentado para una boda, lucía ante ella. Sintió su mano agarrando algo y se giró para ver qué era. A su lado estaba Emy, ella sonreía complacida mientras le sujetaba la mano con firmeza.
- Creo, Harry, que no hemos colado en un buen momento
¿Harry? ¿Por qué le llamaba Harry? Miró su mano y vio que no era la suya, es más, era la de su novio, la conocía muy bien. Se fijó en la ropa que llevaba y se extrañó al ver que estaba descalzo y que vestía el pijama con el que se había acostado, mientras que Emy sólo llevaba puesto su camisón blanco satinado de tirantes, que le llegaba por encima de la rodilla.
- Estamos en El Valle De Godric, en casa de tus padres
- ¿Qué? ¡Eso es genial! ¿Les veremos? – Ginny se sorprendió al oír la voz de Harry. Era como si ella estuviese dentro de él, viendo y sintiendo a través de su cuerpo. No le gustó en absoluto esa situación, le recordaba a Ryddle, sin embargo parecía que ninguno de los dos había perdido su propia consciencia, eso al menos la tranquilizaba
- Eso creo, Harry, además me temo que llegamos en un momento muy especial ¡Oh, Señor!
En ese instante entraban, por la verja de la casa, cuatro muchachos bien vestidos. Uno era alto, desgarbado, muy atractivo, con el pelo negro y largo, caminaba con las manos en los bolsillos mientras daba patadas a un canto rodado. Otro, un poco más bajo, con el cabello despeinado, tan negro como el anterior, los ojos escondidos tras unas gafas y con una mueca de desacuerdo, se mostraba nervioso y un tanto cabreado mientras no dejaba de frotarse las manos. El tercero también era alto, éste permanecía más impasible, mantenía una elegante sonrisa en el rostro, era sin duda el mejor presentado en cuanto a movimiento, su caminar era silencioso y distinguido, mientras marchaba entre los dos primeros, guardando silencio. El último iba un poco rezagado, daba pequeños saltos intentando atarse el cordón del zapato izquierdo a la vez que caminaba, su corte de pelo era extraño, como queriendo imitar estar despeinado, era, sin duda, el más bajo de los tres y el menos atractivo, incluso se veía desaliñado y un tanto estúpido por sus torpes equilibrios.
- Ya sabía yo que era una idea estúpida pasar la noche con vosotros ¡con lo bien que habría dormido yo en mi cama! – Harry oyó la voz de su padre y pudo comprobar que hasta en eso se parecían
- Creo que no se puede ver a la novia el día antes... – Dijo el último de ellos – Vamos... eso he oído... bueno... no sé ¡Ay!
- Peter, a veces eres un poco patético – El muchacho dejó de dar patadas a la piedra mientras le miraba cómo intentaba atarse el cordón, ya caído en el suelo
- No empecemos, Sirius – El rostro amable del otro muchacho se tornó serio, sacó su varita y apuntó hacia el zapato, un instante después el cordón estaba dado – James, tranquilízate, si no has dormido bien, es por los nervios
- ¿Nervios? No estoy nervioso, estoy cansado y con sueño, no habéis dejado de roncar, sobre todo tú y Peter
- A Remus no le sienta bien la bebida, siempre ronca cuando se emborracha – Se rió Sirius
- De ti no quiero ni hablar, te has pasado la noche dándome patadas y murmurando en sueños ¿Has conocido a alguna chica que no conozcamos? Porque no era de Abigail de quien hablabas
- Creo, James, que empiezas a estar un poco insoportable – Sirius siguió andando entretenido con su piedra y con las manos en los bolsillos
- Sí, tranquilo amigo – Remus pasó su mano por el hombro de éste – Te casas con la mejor ¡Y anda que no te ha costado!
Se oyó una carcajada sonora por parte de Sirius, a Harry también le hizo gracia el comentario. Miró a su tía, ella sonreía a medias, se notaba nostalgia en su mirada. En ningún momento le soltó la mano, seguían unidas y Harry prefirió no separarse de ella por si se perdía la visión.
- Le prometí que todo saldría bien, que no habría ataques, que sería un día tranquilo y normal, una simple boda feliz – James no disimulaba su tono triste e inquieto
- Mientras yo sea el padrino, eso está asegurado – Dijo Sirius antes de entrar por la puerta que daba acceso a la cocina desde el jardín
- Siendo Sirius el padrino, me temo que todo puede pasar – Contestó Remus riéndose junto con James y entrando después que él
Harry miró a Peter, él ni siquiera había esbozado una sonrisa. "Maldito traidor, seguro que ya estaba trabajando con el miserable de Voldemort" pesó Harry, lo cual también oyó Ginny. Traspasaron la puerta como fantasmas y allí estaban los cuatro, sentados alrededor de una mesa, desayunando todo lo que les ponían por delante. No reconoció a quien servía, era una chica joven, bien parecida y bastante nerviosa.
- Yo tengo que subir a arreglarme – Miró a James para informarle de cómo estaba la situación - Bella les llevó el desayuno y ella y yo ya hemos terminado, así que ya os podéis comer todo lo que queráis
- Estupenda noticia – Remus engullía su tercera magdalena
- Creo que Lily quiere que asistas a la boda Remus, será mejor que no te atragantes – Se limitó a sonreírle mientras el implicado le guiñaba un ojo, luego dio un beso en los labios a Sirius - ¡Ah! Ni se os ocurra aparecer por arriba y James, ya sabes que tu misión es recibir a todos los invitados a medida que vayan llegando, no te quedes con estos tres sin hacer caso a los demás
- ¡Qué sí! ¡Qué sí! – Dijo James con tono cansino, luego se levantó y la fue empujando fuera de la cocina - ¿Tu chica sabe que eres un desastre?
- Creo que no pero debe ser porque no lo quiere ver – Le contestó Sirius a su amigo una vez se hubo sentado éste
Harry volteaba la cabeza entre la escena y su tía, parecía que estaba viendo un partido de tenis y es que no quería perderse ningún detalle, tanto de lo que había sucedido como de lo que repercutía saberlo. Emy, sin embargo, no desviaba su mirada de Sirius, se había quedado en él, sin inmutarse. Ni siquiera observaba qué estaban haciendo James, Remus, Peter o Harry, ella estaba hurgando en la mente de su amado, intentando averiguar algo de lo que no estaba segura.
- Necesito evacuar líquidos si no quiero explotar antes de tomarme un litro de café – Sirius se levantó estirándose y luego miró a Remus, que sonreía pícaramente – Aunque puedo permanecer aquí hasta que sueltes tu chiste sobre mi comentario
- Sabes que no lo haré hasta que te vayas – Soltó el aludido entre risas
- Eres un cobarde, no lo haces porque sabes que podría aplastarte la cabeza – Sirius le amenazaba formando una parodia, que al novio le parecía de lo más entretenida - ¡Suéltalo!
- Tú no tienes líquidos para evacuar, tú tienes gases tóxicos de 90º - Remus se partía de risa junto con James, Sirius simplemente sonreía al igual que Peter, aunque claro que, estos dos últimos, no sabían que a sus bebidas del día anterior se les había agregado cierta sustancia depurativa
- Eres un patético chistoso de mierda, Lunático, dentro de breves momentos vendré a echar por tierra tus bromitas de hoy
- ¿En breves momentos? ¡Jajaja! – James ya tenía que agarrarse el estómago de la risa
- ¡Va! – Sirius desapareció tras la puerta batiente de la cocina, dejando que oscilara unas cuantas veces
- La verdad, no creo que haya tenido tanta gracia ese comentario ¿O sí? – Preguntó Peter un tanto perdido
Pero ninguno de los otros dos pudo contestarle, seguían riéndose con solo pensar que Sirius se pasaría un buen rato sentado en el trono, preguntándose por qué estaba tan suelto. Ya se estaban calmando e intentando devolver la mandíbula a su sitio, cuando la puerta volvió a abrirse. Harry y Emy también se rieron de lo lindo con aquel comentario y es que habían descubierto en qué consistía la broma, era sencillo "piensa mal y acertarás". Los cuatro chicos que allí había, uno de ellos de cuerpo no presente, pensaron que sería Sirius y que el laxante había fallado pero Emy sabía que no era él quien entraba por la puerta.
Una muchacha, más joven que Harry, aparecía en escena. Tenía cara de sorpresa y nada más asimilar la situación, se sonrojó un poco demostrando algo de timidez, luego miró a James y sonrió.
