Hola de nuevo! Cómo estáis? Nuevo día, nuevo capítulo :)
Ayer aproveché mi semana de vacaciones para ir a visitar a mi primita que hacía tiempo no veía. Me hizo jugar a sus juegos y ver sus muñecas. Que mona! :D Lo malo es que toda la familia estaba enferma... espero no ponerme mala! XD
Cada vez queda menos, tanto de la historia, como de mis vacaciones. XD Mi meta es seguir subiendo un capítulo por día, pero tal vez tarde un poco más a causa de la tarde en casa de mis tíos. :)
La historia es de The Misnk, quien ha subido otra historia! Yay! Otra historia por la que disfrutar! XD En serio, me encanta cómo escribe.
Bueno os dejó con este impactante capítulo. Tal vez no pueda subir mañana, os aviso por si acaso.
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Capítulo Catorce: La Respuesta de Rachel
Las siguientes 72 horas pasaron a ser los tres días más estresantes de la vida de Finn. La ansiedad lo perseguía como un virus, con la duda que lo acosaba de reojo. Rachel se mantenía indiferente, distraída y distante mientras que Finn intentaba, desesperadamente interpretar su comportamiento. ¿Iba a aceptar su declaración o iba a desgarrar su corazón latente de su pecho? Finn no podía estar segundo mientras las horas pasaban volando.
Rachel apenas hablaba con él o con nadie, y el resto de la familia se percató de su actitud. Kurt no tenía ni idea que su hermano había llevado a cabo su plan de declararse a Rachel, por lo que no era consciente de los motivos ocultos tras su apagado comportamiento. Sus padres atribuían su melancolía al hecho que la fecha de su partida ya se veía al horizonte, y afortunadamente nadie preguntó a Finn si tenía algo que ver con aquello.
Lo que más preocupaba a Finn era el hecho que Rachel había dejado de asistir las reuniones del Glee Club. Hoy había aparecido en el aula del coro después del instituto, impaciente por verla, y ni siquiera estaba ahí. Kurt la había dejado en casa antes de presentarse en el ensayo lo que dijo lo desalentó.
−Comenzó a llorar después de comer y dijo que quería irse a casa. Mencionó algo de abandonar el Glee Club −.
Desde entonces, su estado de ánimo solo empeoró más. El Glee Club parecía vacío sin ella, prácticamente parecía no tener sentido. Durante un rato, el Glee Club era lo único por lo que luchar en su vida y ahora, sin ella, ya no era lo mismo. Parecía cómo si ella estuviera destinada a quedarse con ellos; cómo si en otra vida ella hubiera sido la estrella de Nuevas Iniciativas y hubiera tenido una vida destinada a Broadway.
Pero aquella no era su vida y, a menos que Rachel acepte casarse con él, a ella solo le quedaban un par de semanas en Estados Unidos. ¿Cómo sería su vida entonces? Ella era la luz, la energía que lo rejuvenecía. Ella era la inspiración para aspirar a ser mejor, para hacer cosas más importantes que resignarse a tener una vida cambiando neumáticos, aceite y lubricante.
Se apresuró en llegar a casa. La casa aún seguía vacía, salvo un suave canto que pudo oír a través de las paredes del piso superior. Kurt había ido a casa de Blaine para cenar y sus padres no estarían en casa hasta dentro de una hora más o menos. Él y Rachel eran los únicos en casa, y, por el melancólico tono de la canción que cantaba, ella estaba bastante triste.
Comprobó la hora en su reloj antes de dirigirse arriba. Habían pasado tres días y un minuto desde que se había declarado y ella aún no le había dado una respuesta. La ansiedad crecía y Finn necesitaba conocer sus sentimientos al respecto. Lo estaba matando por dentro.
Dirigiéndose a su puerta, levantó la mano para llamar, pero entonces detuvo el puño antes de golpear. ¿Debería estar presionándola de aquel modo por algo tan importante? ¿Y si la presionaba tanto y le decía que no?
Así que en lugar de aporrear su puerta como un bárbaro y perdirle una respuesta , se retiró a seguridad y soledad de su habitación, donde practicó con la batería e intentando no pensar en Rachel y en su declaración. Mientras vapuleaba su batería, Finn se puso a meditar los comentarios que Kurt le había hecho hace un par de días. ¿Si Finn hubiera sido aceptado para estudiar música en la Universidad de Akron, seguiría buscando tener una relación permanente con Rachel? La universidad parecía excitante y divertida, y estudiar sería una buena distracción para no echar tanto de menos a Rachel...
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la puerta se empezó a abrirse y Rachel entró en su habitación con una tímida sonrisa. −Estabas tocando y no podías oírme. Estaba llamando a la puerta −.
−Oh, lo siento −, dijo él, mientras bajaba las baquetas y se apartaba de los tambores. −Solo estaba practicando −. Ella asintió, luego cerró la puerta detrás de ella y él se acercó a ella, con anhelo en el tono de su voz. −No has venido al ensayo de Glee −.
−No creo que vaya más −, dijo educadamente, sus ojos reflejaban tristeza. −No tengo motivos para estar ahí −. Sus palabras se clavaron en su corazón como una estaca, confirmando su rechazo. Ella no tenía la intención de quedarse por mucho más tiempo, ¿por qué molestarse en aparecer en los ensayos?
−Así que, ¿ya has aclarado tus ideas? −Dijo él, sintiéndose total y completamente ía sido plantado antes, por alguna de las animadoras más guapas y más populares que jamás había conocido, pero aquello no era nada, comparado con la miseria que sentía ahora cuando su corazón se partió en dos. −¿No quieres casarte conmigo? −
−Non, c'est pas ça −, dijo ella, poniéndose énfasis. −Sería un sueño poder casarme contigo, Finn. Un verdadero sueño −. Sus declaraciones volvían a despertar en su corazón la esperanza mientras intentaba entender su lógica.
−Pero, ¿no puedes decir que sí? −Ella negó con la cabeza.
−Lo siento, Finn, pero no puedo. Ahora mismo mi vida está en Francia. Tengo responsabilidades y a mi familia ahí. Hasta que pueda librarme de todos estas cosas, no puedo prometerte mi vida. Sería injusto. Te amo demasiado como para hacerte daño −.
Sus palabras fueron difíciles de oír para Finn, pero era cierto. Ella no era suya para quedársela como su fuera una especie de premio; ella debía volver a la vida que tenía antes de conocer a Finn, y cumplir con las metas para las que había trabajado. Intentar alejarla de todo eso era uno de los actos más egoístas del mundo, y ahora ella era la que se disculpaba con él.
Kurt había tenido razón todo el tiempo. Tal vez aún no estaban preparados para aquello.
−Lo siento mucho, Finn. Por favor, no me odies. Quiero... −él la interrumpió con un desesperado beso, lleno de amor, de deseo y de disculpas por intentar forzarlos a hacer algo para lo que no estaban listos.
−No te disculpes conmigo, Rachel. No hay porqué disculparse −. Finn se atascó por la emoción, pero aclaró la garganta para continuar. −Es solo que te quiero tanto que me asusta perderte. Pero era una verdadera estrella, Rachel. Más brillante que cualquier otra estrella del cielo y sería un idiota por intentar alejarte de tu destino −. Habían lágrimas en sus ojos mientras asentía con la cabeza, y presionaba los labios contra los de él, para darle un beso que le aceleró el corazón. Sus labios eran suaves y dulces entre los suyos cuando los abrió con la lengua, acariciándola suavemente y profundizando el beso.
Cuando se separaron, Rachel inhaló profundamente, mirándolo con los párpados caídos y una tímida sonrisa. −¿Tenemos que casarnos ahora? −Murmuró ella tan suavemente que apenas pudo oírla.
−¿Qué? −
−Sé que será duro, pero podemos prometer que estaremos juntos cuando vuelva a Francia −. Envolviendo el cuello de Finn con los brazos, este pudo haberle prometido, en aquel instante, cualquier cosa en el mundo. −No quiero a otros chicos. Tú eres el único para mí −.
−¿Hablas en serio? −Preguntó él, claramente indeciso. −¿Crees que podremos con una relación a distancia?
Ella se rió por la expresión extranjera. −Relación a distancia −, repitió ella. −Me gusta. Creo que podremos conseguirlo −.
Sonriendo como un idiota, se separó de su agarre y se acercó a la mesilla de noche, que era donde el anillo estaba escondido, a salvo, en el cajón de arriba. Lo sacó y, delante de ella, se agachó sobre una rodilla otra vez, rebosando alegría y orgullo mientras esta le acercaba la mano izquierda para que él la cogiera.
−Rachel, esto ya no es un anillo de compromiso, esto es una promesa. Una promesa de amarte durante el resto de mi vida, sin importar lo lejos que estés de mí. Algún día nos casaremos, pero ahora mismo tenemos que trabajar para construir un futuro en donde ambos encajemos. Je t'aime, Rachel, y algún día nos casaremos −.
−¡Je t'aime aussi, Finn! −chilló ella alegremente mientras este colocaba bien, en su dedo, el anillo. Su corazón latía muy deprisa, como si fuera a explotar de amor por aquella pequeña pero tremenda joven que le había robado completamente el corazón. No tenían que casarse en dos semanas, en dos meses, ni siquiera en dos años, ya que lo único que importaba era que estaban enamorados, y que tenían tiempo.
Besando cada uno de los nudillos de su mano izquierda, y prolongando al máximo en donde estaba el anillo, Rachel prácticamente se dejó caer entre sus brazos y golpeó a Finn contra el suelo, mientras ambos amantes se abrazaban, besaban y revelaban su felicidad.
−Estaba pensado −, dijo Rachel cuando se tumbaron sobre la moqueta de Finn, mirando el techo. A pesar de las semanas que habían pasado, él seguía hipnotizado por su ligero acento. Su inglés había mejorado tanto que a veces casi se olvidaba que era extranjera. −En solicitar plaza en las escuelas de Nueva York cuando vuelva a Francia −. Estaba pensativa mientras contemplaba las opciones. −Kurt dice que las universidades adoran a los estudiantes internacionales −.
−¿Nueva York? −Repitió él, su mente se aceleraba al pensarlo.
−Oui −, respondió ella. −Es donde Kurt va a ir y además estaré en el país −. Su corazón creció solo de pensar en que se quedaría en Estados Unidos. −Tú también puedes solicitar plazas en los centros de allí −.
−Creo que una idea asombrosa −, contestó él, besándola en la frente.
−¡Formidable! −Dijo ella alegremente, acariciando su hombro con la mejilla. −Sé que entrarás en algún sitio. Tus solicitudes serán bastante tardías, pero verán lo maravilloso que eres −.
−Eso espero −, respondió él amargamente. −Si consigo entrar, siempre podría transferirme en cuanto finalice un semestre en la UA. Si tengo que quedarme aquí en Lima sin ti, mi vida sería lo suficientemente deprimente como para pegarme un tiro en la cabeza −.
−¡Finn! −regañó enfadada, golpeándolo con el dedo en el hombro. −¡Nunca vuelvas a hablar de ese modo! Vamos a triunfar, mon amour −, arrulló ella, cogiéndole, con la palma de la mano, gentilmente, la mejilla. −Nada puede pararnos −.
−Te amo −, dijo él, la verdad de su declaración cubría cada una de las fibras de su ser. −Podemos hacer que esta relación funcione, ¿verdad? −
−Bien sur −, contestó ella, mirándolo a los ojos, agarrándolo y entrando en una especie de trance. −Porque lucharemos por las cosas que amamos −, dijo ella, repitiendo su lema personal, aquel que, en primer lugar, lo había inspirado a empezar a planear su futuro. −Y te amo, por lo que esperaré hasta que estemos listos −.
−Rachel −, exhaló él, acercando su cara, gracias a la barbilla, de modo que pudo presionar los labios contra los de ella una vez más. Finn gimió en el beso, mientras los labios de ella se unían contra los suyos, pasando las menos por su cuerpo y dejando que deambularan bajo sus ropas.
Ambos seguían tumbados sobre la moqueta de Finn, por lo que se sentó en un fluido movimiento, rodeó su espalda y sus muslos con los brazos y la levantó del suelo, dejándola caer sobre la cama con un suave bote y una efervescente risa. Rachel se rió cuando este se unió a ella entre las sábanas, acercándolo antes de provocarle con los labios. La chica cubrió de besos su cara, su cuello, incluso mordisqueó ligeramente el lóbulo de su oreja. Finn tembló de gusto mientras sus ojos se paralizaron al ver el cegador anillo de su dedo. Parecía estar en el lugar perfecto y su corazón crecía de alegría por saber que Rachel siempre sería suya, aun si había un océano entre ellos.
Las manos de Rachel descendieron por su torso mientras seguía su asalto a su cuellos y su cara. Enganchando los dedos en sus pantalones, por el espacio destinado al cinturón, ella tiró de ellos juguetonamente, mientras él intentaba desabrocharlo. Finn ya estaba dolorosamente duro, y cada vez que sus manos rozaban su erección, se le entrecortaba la respiración.
Una de sus manos de metió entre sus pantalones, cogiendo su pene mientras lo masajeaba lentamente y le miraba a los ojos con una sonrisa provocadora. Las de Finn se colaron entre la ropa de Rachel, por la espalda, y se deshicieron del sujetador, rápidamente, en el momento en que esta pasaba el pulgar por la punta de su aparato. El chico creyó en aquel momento que iba a explotar, las estrellas ya aparecían delante de sus ojos, pero gentilmente apartó su mano y estabilizó su respiración.
−No tan rápido −, murmuró él con la voz ronca. −O sino no tendremos tiempo para disfrutarlo −. Ella asintió mostrándose de acuerdo y decidieron tomarse su tiempo. Rachel llevaba puesta demasiada ropa para su gusto, por lo que Finn le quitó la camisa y el sujetador en un hábil movimiento, dejándola sin nada de cintura para arriba y sentada a horcajadas sobre su su regazo. La estuvo observando como si fuera una obra de arte cuando ella le quitaba la camiseta. Él la ayudó pasándosela por encima de cabeza, dejando a los dos amantes, en la habitación de Finn, sin nada cumbiéndoles el pecho.
Sentándose, el joven atrajo su cara hacia la propia, besándola y envolviéndola con los brazos tan fuerte que pudo sentir sus pechos frotándose contra el suyo. Finn dejó las manos en cada uno de los costados de su pecho, acariciándole por encima de los pezones con los pulgares y haciendo que se endurecieran al tacto.
Rachel gimió en su boca, produciendo que su ya dolorosa erección le hiciera incluso más daño, ya que esta seguía frotando sus tetas contra su pecho, y él reaccionara moviéndose también. Las caderas reaccionaron involuntariamente, la fricción hacía que su cuerpo ardiera de necesidad mientras profundizaba el beso mucho más.
Buscando la falda, Finn acarició su trasero por debajo de la tela una vez más antes de bajarla junto a las bragas. La chica hizo maniobras hasta que su ropa cayó y se volvió a acercar a la entrepierna de él. Su pene le dolía demasiado y estaba desesperado por eliminar la última barrera de ropa que los separaba, mientras ella seguía torturándolo.
Tornando los puesto rápidamente, posicionó a Rachel suavemente bajo las sábanas, besándola en la frente una vez antes de quitarse los calzoncillos y colocándose entre sus piernas. Separándolas lentamente con la ayuda de las rodillas, Finn bajó la mirada para contemplar la preciosa visión que tenía delante y acercó las mano a la de ella, agarrándolas y entrelazándolas.
−Te amo −, dijo él sinceramente, viendo en ella nada más que profundo amor por él.
−Yo también te amo, Finn −, ella cogió una de las enlazadas manos y la besó con una tímida sonrisa, y él pudo ver el anillo brillando en su dedo como su fuera un rayo de luz. −À toujours −, susurró ella. −Para siempre −.
−Rachel −, su voz era fina por la emoción y entonces se puso a pensar en los obstáculos que deberían afrontar. Las relaciones a distancia solían estar unidas a desastrosas rupturas y escandalosos engaños. −Quiero que seas feliz, y si encuentras a alguien que te haga en feliz en París, entonces creo que deberías estar con él... −Fue interrumpido por gran jadeo, y, cuando Rachel miraba la intima posición en la que estaban, pudo ver como sus ojos reflejaban había algo parecido a la traición.
−¡Jamais! Nunca estaría con ningún otro chico −. El agarre de sus manos se hizo más fuerte y se veía el miedo en sus ojos. −Tú eres la única persona a la que quiero. Tú eres la única persona a la que siempre querré −.
−Creo −, dijo Finn en voz alta, −que somos almas gemelas, ¿sabías? Cómo si estuviéramos destinados a estar juntos −, sentía como un idiota por mencionarlo en alto, pero en lugar de reírse de él, una radiante sonrisa apareció en su rostro. −La solicitud de Kurt estaba destinada a ser malinterpretada. Que estés aquí no fue ningún accidente −.
Pudo ver una fina línea de lágrimas en los bordes de sus ojos cuando esta le sonreía. Con los cuerpos acurrucados cerca del otro, lo único que los separaba de tener sexo era la intimidad del momento y la necesidad de un condón, que Finn cogió rápidamente a pesar del agarre.
−Almas gemelas −, repitió ella, le gustaba la forma en la que la expresión extranjera sonaba en ella. −Me gusta −.
−¿Estás segura que vas a querer estar conmigo cuando vuelvas a Francia? −preguntó él, su voz temblaba por el estrés.
−¡Bien sur! − Dijo ella enfáticamente, abrazándolo mucho más fuerte. La chica cogió las entrelazadas manos y las colocó entre sus pechos. −Mi corazón es tuyo −.
−El mío también lo es −, confesó él. −Me late deprisa −.
−Tu peux m'embrasser, si tu veux −, contestó ella suavemente, y sus cejas se arrugaron por la confusión. −Puedes besarme si te apetece −.
−Me apetece −, dijo él, antes de presionar los labios con los suyos. Su respiración era fría y dulce contra sus labios, mientras sus caderas estaban sobre las de ella, su pene dolía por ser tocado. Cogió torpemente el condón, intentando no romper su conexión y notando que sus manos estaban en todas partes. Finn se alejó durante un segundo para poder poner bien el condón sobre su miembro antes de besarla una vez más, quitándole el aliento que esta intentaba coger y llenándose del beso.
Rachel gimoteó de placer cuando sus caderas se levantaron y se introdujo en su resbaladizo y sedoso cuerpo. Los ojos de él se pusieron en blanco del placer mientras la llenó lo máximo posible, recibiendo un profundo gemido de su amante. Sus uñas se clavaron en su espalda cuando arqueó la espalda, encontrándose con sus envestidas mientras este comenzó a deslizarse una y otra en ella lentamente. Con un gruñido, Finn comenzó a mantener un ritmo estable, balanceando los cuerpos de ambos, haciendo que el maravilloso placer comenzara a formarse.
Bajando la mirada hacia su amor, su prometida, Finn no vio más que amor y puro gozo irradiando de su cuerpo, cuando comenzó a aumentar la velocidad, descendiendo la mano para frotar su clítoris, mientras seguía embistiéndola. Masajeando lentamente su feminidad, él pudo sentir cómo los músculos de Rachel se contraían a su alrededor de la forma más tortuosa posible, mientras él sentía su propio clímax acercarse. Estaba tan perdido en su propio placer que apenas oyó el ruido de un portazo proveniente de la planta baja.
−¡Ah! −gritó ella de repente, dejando caer la cabeza hacia atrás a causa del placer y dando un grito que señalaba su clímax. Algo lo molestaba; Rachel seguía gimieno, pero él no podía estar seguro si había oído o no aquel ruido.
−¿Finn? −Un fuerte y masculino grito hizo eco a través de toda la casa mientras el corazón de Finn latía muy deprisa en el pecho. Rachel aún seguía bajando de su euforia, sus pechos rebotaban al ritmo de sus respiraciones cuando el chico colocó una mano en su boca para que pudiera oír mejor. −Finn, ¿qué es ese ruido? ¿Rachel está herida? −
El sonido de la voz de Burt que penetraba a través a las paredes, hizo que se sintiera cómo si le hubieran golpeado directamente en el pecho.
Un pánico que jamás había sentido antes atravesó su sistema mientras separó gentilmente a Rachel. Aún no había acabado pero tenía más problemas por los que preocuparse cuando oyó fuertes pasos acercándose por las escaleras. Había un evidente, incompasible miedo en los ojos de ambos amantes, cuando se movieron para intentar parecer que no habían estado haciéndose el amor hasta perder el sentido. Rachel ni se molestó en vestirse; solo recogió su ropa, la sostuvo entre sus brazos y corrió directamente al armario de Finn, dando un portazo en cuanto entró. Liándose con los boxers y, pasando accidentalmente el brazo por el espacio del cuello de la camiseta, Burt comenzó a golpear la puerta.
−¿Finn? −llamó él, buscando el pomo de la puerta para encontrarla cerrada. −Finn, ¿dónde está Rachel? Kurt me envió un mensaje diciendo que estaba en casa y acabo de oír un grito de chica. No está en su habitación −.
−Um, ¡no lo sé, Burt! −respondió él, el pánico en su voz era evidente.
−Finn, ¿ella está allí contigo? −Rugió él, sacudiendo la puerta cerrada una vez más mientras el pánico empezaba a marear a Finn. −¡Abre la puerta ahora mismo! −
−Vale, ¡dame un minuto" −Finalmente se puso correctamente la camiseta, cerró la puerta del armario, justo antes de respirar profundamente, y abrió la puerta. Burt entró inmediatamente, con fuego en los ojos mientras observaba la habitación.
−¿Dónde está? −Dijo con modernamente Burt, pero con una voz alarmada que Finn notó inmediatamente. Este estaba prácticamente paralizado de miedo, pero de todos modos dio una respuesta entrecortada.
−No lo sé −, mintió. −No la he visto desde la comida −.
−He oído el grito de una chica −, dijo Burt, ensanchando las fosas nasales. −Un chica que sonaba sospechosamente como Rachel. Ha estado cantando durante semanas, conozco cómo suena su voz −. Miró bajó la cama de Finn y este no pudo dejar de observar la puerta del armario. −Sabía que os estabais volviendo cercanos, debería haberme dado cuenta que no podía confiar en vosotros a solas −.
−¡Estaba viendo porno! −Dejó escapar tanto como para sorpresa de su padrastro como para la suya propia. Las cejas de Burt desaparecieron por los bordes de su gorra de beisbol, mientras miraba a Finn, asombrado. −Sí, estaba, um, viendo porno. Ese era el ruido que has oído −.
Burt parecía no querer creerle, pero también parecía muy incómodo después de la confesión de Finn y este tuvo la impresión que lo único que quería era escapar de la habitación de su hijastro. Lentamente, empezó a dar marchar atrás, aparentemente olvidando que Rachel aún seguía desaparecida.
Su madre decidió aquel momento para llegar a casa y dirigirse a la planta superior, y se quedó de pie en la habitación de Finn mientras Burt intentaba salir de ahí. Miró a su hijo y a su marida con varias preguntas en los ojos.
−Chicos, ¿qué está pasando aquí? ¿Dónde está Rachel? −Oh no, ¡no, su madre también! ¿Cómo iba a conseguir que Rachel se vista y salga de su habitación ahora que sus padres estaban en casa? Burt se había tragado su mentira, pero su madre no era tan fácil de engañar.
−Oomf −, se pudo oír un fuerte golpe desde el interior del armario de Finn y el corazón de este cayó directamente a su estómago. Cuando se acercó al armario y abrió la puerta, Burt pasó de parecer incómodo a estar furioso, al revelar a una semi-desnuda Rachel vestida solamente con su chaqueta de jugador que le cubría firmemente el vientre. Sus suaves piernas estaban desnudas y eran claramente visibles, mientras intentaba balancearse en el apretado y abarrotado armario.
−Um −, dijo ella tímidamente, mientras Finn, Burt y Carole la observaban. −Salut −, dijo saludando levemente con la mano.
Durante un rato, hubo un completo silencio en la habitación y la cara de Burt pasó de un blanco pálido al más intenso de los rojos. Se le hinchó una vena del cuello que parecía tener pulso propio y, durante un segundo, Finn temió por el corazón de su padrastro.
−¡Carole! −rugió Burt, el mundo de Finn se colisionaba ante sus ojos. −¡Pásame mi escopeta! −
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Notas de la traducción/traductora:
Bromeaba, ya he empezado a traducir el siguiente capítulo. XD
No creo que os haya asustado, pero bueno, jajajaj
Las normas de traducción son las mismas que al principio. Duda alguna, mirad las notas anteriores. :)
Si queréis algún adelanto, avisadme! Os lo daré encantada.
Error alguno, también podéis avisadme!
Nos vemos pronto! :D
