Esta historia es realizada sin fines de lucro con el único fin de entretener

Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la manga Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.

Una tarde de otoño una pareja disfrutaba del atardecer desprendía colores hermosos en el horizonte, siempre era un espectaculo para la pareja, sentarse en el pasto en cualquier era una costumbre para ellos, sus hijos siempre decían que lo hacían para alejarse un poco de ellos y tener un poco de paz ya que por lo general al estar juntos se convertían en un enjambre de niños bullicioso y desordenado, ellos sonreían ante los comentarios que cada uno hacia, la realidad era que él necesitaba ese tiempo de silencio para acallar tantos pensamientos, con el pasar de los años había aceptado lo que otros decían de él, o quién era él, para la sociedad y el mundo entero William Andrew había regresado después de un terrible accidente le provocó una amnesia de la cual ya se había recuperado, cuando en realidad él era simplemente Albert, un hombre sin pasado que salió de las tinieblas en el momento en que abrió los ojos y vio aquella joven enfermera de ojos verde estaba a su la do cuidándolo y tenía en sus brazos aquella extrañana mascota, sí aquel hombre que sólo unos pocos conocían como William Andrew se había desvanecido en una nebulosa el día que aquel tren estalló en el frente italiano.

Aquella sensación de vacío e incertidumbre algunas veces regresaban, pero ella siempre estaba para apoyarlo y disipar aquel vacío que por momentos le atormentaba, fue extenuante y tedioso el proceso de validar su existencia ante la ley pues elroy había realizado los trámites correspondiente para declararlo muerto, le parecía increíble que fuera más fácil declarar a una persona muerta si la existencia de un cuerpo, que validad la vida de alguien que estaba de cuerpo presente.

Aunque su destreza en los negocios era innata y sus decisiones siempre fueron acertadas, él siempre añoraba su casa y su vida en Australia, estar en la naturaleza y cuidar de la seguridad de sus amados animales, ese día en especial él estaba acostado en la grama, apoyando su cabeza en el regazo de su esposa que acariciaba su cabello con delicadeza, exactamente ese día se cumplían dieciocho años de aquel día que todos los que habían estado presente no hablaban y querían olvidar.

-Parece mentira cómo ha transcurrido el tiempo, quisiera cerrar los ojos y que al abrirlos estuviera en Australia, ella detenía el movimiento de sus manos al escuchar aquellas palabras que rompía el acostumbrado silencio.

-Lo siento Albert, de no haber revelado nuestro paradero a Archie y George, no nos habrían encontrado, ahora estaríamos tranquilos envejeciendo con nuestro hijos , tendríamos una vida tranquila y sin tantos viajes y pobligacione, yo tambien extraño mi casa y la paz en la que vivíamos en ese tiempo, él abría los ojos y hacia su cabeza hacia atrás para verla.

-No me mal interprete amor amo a nuestros hijos a todos, si algo bueno nos trajo todo aquello fue el haber encontrado a nuestros hijos en el hogar de Ponny, Dios siempre tiene un propósito para todo lo que hace o deja que pase, es solo que a pesar del tiempo no me acostumbro a esto, tener que vivir con guardias acompañándonos a todas partes, tener que separarnos de los niños tan seguido, eso es lo más pesado de todo, lo peor es cuando tengo que viajar y no estas a mi lado, ella sonreía ante aquello.

-Te aseguro Que cuando dejamos a los niños George y Vicent no piensan lo mismo que tu, casi podría jurar que cuando les avisamos que salimos de viaje hacen una fiesta de celebración porque los tienen solo para ellos.

-ja ja ja ja ja eso ni lo dudes, los niños también se les unen, el sonreía por primera vez ese día.

-Esos dos hombres cuando se juntan realmente se convierten en una máquina de consentir, y eso que ya nuestro hijos están grandes.

-Sí, ya William y Anthony son unos hombres ¡ya tomaste una decisión sobre lo que te pregunto Vicent? en ese momento él se sentaba para verla de frente.

-¿No te parece una locura que quiera dejar la naviera en manos de ellos dos? aún son muy jóvenes Albert, ella suspiraba mientras él nuevamente sonreía.

-Ese par va a cumplir cuarenta y tu aún los tratas como a un par de niños, ella blanqueaba los ojos, sí era verdad que aun los consentía y el par se dejaba consentir por su madre, pero lo cierto era que su preocupación era otra.

-¿No sé por qué todos dicen los mismo? yo amo a todos mi hijos y para mi definitivamente siempre serán eso mis niños, me preocupa que por verlos tan jóvenes se quieran aprovechar de eso Albert, si hasta contigo han tratado de hacerlo.

-Candy ese par cuando actúa piensa en todo, lo que uno no puede prevenir lo previene el otro, mira cómo resolvieron eso de huelga, Vicent no había podido solucionarlo en semanas y ellos en tres días lograron un acuerdo, esos dos muchachos tiene colmillo para los negocios como diría George, no deberías preocuparte por eso ellos son capaces de hacerse cargo de eso, creo que la insistencia de Vicent de hacerlos ir con él a la oficina desde pequeños era con la intención de prepararlos para esto.

-¿Entonces era plan con maña? abuelito tramposo, ella sonreía al recordar a George y Vicent peleándose por los gemelos cuando estaban de vacaciones de verano o navidad por llevarlos a las oficinas con ellos.

-¿Entonces qué decides Candy? ya él había charlado con sus hijos que accidentalmente escucharon una conversación sobre lo que el abuelo Vicent pretendía hacer y ellos querían asumir la responsabilidad pues este ya estaba mayor y querían que tomara la jubilación y disfrutaran de sus nietos más pequeños, pues después de muchos años y cuando él menor del Clan Andrew había cumplido doce años, sus padres les habían dado la hermosa sorpresa de que un nuevo miembra llegaría a la familia , y en lugar de uno habían resultado ser dos pequeños, que según todos decían eran una copia exacta de William y Anthony de pequeños.

-Aún no he decidido nada Albert, él solo la miraba no había encontrado la manera de hacerla tomar una decisión favorable para sus hijos.

-Candy debes tener en cuenta que algún día ellos tomarán el control del corporativo, esto les ayudará a tener más experiencia y ten encuenta que ahora estamos George, Vicen y yo para apoyarlos, ella suspiraba derrotada ante aquellos argumentos.

-¿Albert tú crees que pueden con esa responsabilidad? no es solo por protegerlos a ellos, muchas familias dependen de la naviera, él acariciaba su rostro, ella siempre pensaba en el bienestar de todos.

-Sí, tengo la fortuna de tener hijos capaces y muy inteligentes, y la dicha de compartirlos contigo, en ese momento se acercó para besarla, cada vez que tenían oportunida se demostraba el gran amor que sentían el uno por el otro, ya estaba oscureciendo cuando ellos regresaron a su casa y subieron a cambiarse para la cena.

Antes de la cena en el estudio los siete chicos Andrew escuchaban atentos lo que el abuelo George les contaba de cuando su padre era pequeño, lo sólo que siempre estuvo y cuánto añoraba estar en compañía de sus primos y su sobrino al perder a su hermana Rossemary cosa que nunca sucedió.

-Abuelo ¿No será que papá no recuerda esas cosas porque es muy triste? el pequeño Guiorgui como le decían por cariño siempre veía las cosas desde otras perspectivas, para su corta edad era un niño bastante despierto.

-Sí abuelo, si Guiorgui no estuviera conmigo me sentiría muy triste, nosotros dos somos como el abuelo Vicent y tú, el pequeño Albert abrazaba a su hermano, aquello hacía sonreír a George pues después de conocer a los gemelos él y Vicent siempre estaban juntos, contrario a lo que todos creían al principio no era por una gran amistad sino porque ambos competían por ser los preferidos de los niños, con el paso del tiempo si llegaron a ser amigos, pues se habían aliado para proteger a Albert y a Candy que era lo más cercano que tenían a una familia y ese par de niño se había transformado en la razón de sus vidas.

-Eso mismo he pensado yo hijo, tu padre tuvo una infancia bastare solitaria y triste, la conversación era interrumpida por por la pareja de rubios que ya sabían que cuando la casa estaba en silencio era que los chicos estaban con uno de sus abuelos escuchando historias de las hazañas de Willam Andrew y el lugar preferido de todos era él estudio de este, Priscila y Rosse corrían al ver a sus padres parados en el umbral de la puerta, que aunque no había dicho nada estaban llorando tomadas de la mano, las gemelas al igual que sus hermanos eran muy unidas.

-Pasemos al comedor, El Abuelo Vicent ya nos espera para cenar, todos se levantaban de sus lugares en silencio pensando en lo que habían escuchado, William y Anthony se quedaban rezagados y conversaban entre ellos acordando hablar en la sobre un tema que les preocupaba desde que visitaron por última vez el hogar de Ponny, la cena inicio y todos estaban inusualmente callados, cosa extraño a los rubios, que se veían haciendose una seña entre ellos.

-Hoy están muy callados ¿ninguno tiene nada que contar? Albert que conocía bien a sus hijos trataba de indagar qué sucedía.

-Siempre hay cosas que comentar papá, lo que pasa es que es algo delicado y quizás tú y mamá no estén de acuerdo con lo que Anthony y yo queremos hacer, los rubios se miraron, por lo general sus hijos no eran del tipo caprichoso y cuando decían o hacían a alguna cosa era porque ya lo habían meditado, viendo los pro y los contras.

-No deberían adelantarse a lo que su padre y yo podríamos o no pensar, Candy algo intervenía.

-Si mamá tienes razón, William y yo tenemos días tratando de solucionar algo que nos preocupo la última vez que fuimos al hogar, y hoy escuchado al abuelo George, hemos decidido qué hacer, George al escuchar su nombre se ahogaba con su bebido y el líquido le salía por la nariz haciendo reír a los más pequeños.

-¿Y se puede saber ahora que rayos le dijiste a los niños George? Vicent molesto por sentirse relegado reclamaba.

-Pues ya no son unos niños, son dos hombres hechos y derechos Vicent ¿Qué fue lo que dije y qué decidieron hacer? el bigotón sentía curiosidad pues sólo le habia hablado del pasado de su muchacho.

-Veran, cuando fuimos la semana pasada al hogar, subimos a la colina para trepa al padre árbol y encontramos a una niña sentada en casi en la copa, estaba tan distraída que no sintió que nosotros estaba subiendo, se puso como loca cuando se dio cuenta que no estaba sola y prácticamente nos corrió de aquel lugar, que reclamó como su escondite secreto, Candy sonreía al recordar que aquel lugar también había sido su refugio por muchos años.

-Nos preocupamos mucho porque la niña estaba llorando y enseguida fuimos a investigar cómo estaban las cosas, y nos encontramos a los niños haciendo diversos trabajos ¿Mami tu sabias que los estaban poniendo a trabajar? la preocupación de William era evidente.

-Esta bien que ellos aprendan a tener responsabilidades cariño, la hermana María siempre decía que era bueno que cada niño tuviera una.

-A mi no me parece que sea correcto que pongan a los chicos más grandes a trabajar papá, ellos deben estar estudiando, el rostro de Anthony siempre dulce se endurecía.

-Hijo, ellos deben tener responsabilidades y ayudar, Albert se extrañaba al escuchar lo que sus hijos decían.

-Una cosa es una responsabilidad y otra que los tres chicos más grandes están colocados como peones en los ranchos vecinos, William apoyaba a su hermano y al soltar aquello su madre se ponía de pie.

-¿Qué dices? eso no es posible, ellos no tiene necesidad de estar trabajando, Albert tomaba su mano y le indicaba que tomara asiento.

-¿Entonces que pudieron averiguar? Albert no iba a permitir que se cometiera una injusticia con esos niños que estaba prácticamente a su cargo, pues el Hogar después de la muerte de las madres de Candy había pasado a manos de la familia Andrew, ya que tanto el terreno como la edificación les pertenecía.

Continuará...