Hey! Siento haber tardado tanto, OTRA VEZ, pero esta vez sí que tengo excusas. Casi no tengo tiempo para escribir entre una cosa y otra...
Este capítulo es más largo, como ya había dicho que sería. Espero que os guste :)
Capítulo 14
-¿Te vas? –preguntó Rick con voz triste. Al ver acercarse a la detective a donde estaban ellos de nuevo.
Kate miró a Rick y luego a Martha antes de contestar. –No, bueno, no si yo no quiero.
-¿Y quieres? –inquirió.
-Será mejor que os deje solos. Subiré a mi habitación. Avisadme si necesitáis algo. –Poco después Martha había desaparecido escaleras arriba.
-Castle, ya hemos hablado de esto. Sabes que en algún momento tendré que volver a mi vida. Más tarde o más temprano, me iré.
-Ya lo sé –reconoció con pesar. –Solo que yo esperaba poder estar más tiempo con mis hijos.
-Lo siento, pero las cosas están así.
-¿Eso es un sí? Te vas… -los ojos del escritor estaban llenos de lágrimas y aunque estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar sabía que no lo iba a poder conseguir y las lágrimas comenzarían a salir de un momento a otro.
-Castle, no, no me voy, al menos no por ahora.
-Pero tú me dijiste que cuando te llamasen te tendrías que ir y… y te han llamado, ¿no? Además,… –Preguntó un poco sorprendido.
-Sí –lo interrumpió- pero no era para avisarme de que tenía que volver. Mi jefe es amigo mío y me ha dado vacaciones hasta después de Navidad. El 3 de enero tengo que estar de vuelta.
-Entonces, ¿no te vas? – volvió a preguntar, pero ahora más contento.
-No, ya te he dicho que no.
En ese momento se escuchó el llanto de uno de los bebés que se acababa de despertar. Rápidamente Beckett fue a cogerlo.
Ya con el pequeño Alex en brazos, Beckett se sentó al lado de escritor. El niño que había dejado de llorar nada más su madre lo había cogido, le echó los brazos a su padre.
-¿Quieres irte con papá? –le preguntó Kate a su hijo mientras le daba un beso y se lo pasaba a Rick.
-Ven con papi –dijo mientras tomaba a su hijo. -¿Sabes? ¡Vamos a pasar la Navidad juntos! –exclamó el escritor, el niño rio. -¿No es genial? –Rick le dio un beso a su hijo. –Gracias por querer quedarte –agradeció a Kate.
-De nada. Pero no sé hasta cuándo me quedaré. Tal vez regresé unos días antes para tener todo listo cuando tenga que regresar al trabajo.
-Lo entiendo. –El escritor no dijo nada más. No quería pensar en ese momento. Por ahora disfrutaría de sus hijos y tampoco le podía pedir más.
El pequeño comenzó a mover su bracitos y a balbucear para volver a llamar la atención de sus padres.
-¿Qué te pasa amor? ¿Qué no te hacemos caso? –le decía cariñosamente Kate a su hijo de casi 5 meses mientras le hacía cosquillas, a lo que el pequeño reía.
-No te muevas tanto que te vas a caer. –Rick agarró más fuerte a Alex.
Maddie comenzó a llorar
-Parece que Maddie también quiere jugar con papá y mamá –dijo el escritor mientras Kate cogía a su hija y se sentaba con ellos.
A lo largo del día Rick le pidió al conserje que le trajese del trastero las cajas donde guardaba todos los adornos de Navidad, quería decorar la casa para la ocasión. Estaba feliz. Con ayuda de Martha y Kate la casa estuvo lista varias horas después. Todo había quedado increíble, como siempre. A Rick le encantaba la Navidad, era su época favorita del año. Y ésta tenía a dos pequeños para disfrutarla más aún.
Esa noche Kate se acostó nada más cenar y dormir a sus hijos, estaba cansada. Además, ver la casa adornada así, le había traído muchos recuerdos, como la última Navidad que pasó con su madre, su última Navidad con su familia, y en todo lo que ocurrió después de aquella. Aún con el paso de los años le dolía pensar en ello. Echaba mucho de menos a su madre. Aunque cada vez la recordaba con más cariño y menos dolor.
Martha y Castle seguían despiertos. Estaban en la sala. La actriz bebía una gran copa de vino mientras el escritor bebía un refresco.
-¿Qué va a pasar entre tú y Kate? –le preguntó cambiando el tema del que le estaba hablando su hijo.
-No lo sé, madre.
-¿Qué va a pasar cuando se vaya? –prosiguió.
-Tampoco lo sé y no quiero pensar en eso.
-Por más que no quieras pensar en eso tarde o temprano ese momento llegará. ¿Qué día es hoy? ¿19 de diciembre? Hay días por delante hasta que tenga que volver, sí, pero pasarán y será mejor que lo sepas para cuando ese momento llegue.
-Lo sé –dijo con pesar -pero ahora quiero disfrutar de la Navidad con mis hijos. Disfrutar todo lo que pueda con ellos.
-¿Y con Kate? ¿No piensas luchar por ella? ¿Dejarás que vuelva a irse sin intentar arreglar nada? Tú no la has olvidado…
-No sé si debo luchar por ella. –La interrumpió.- Ni siquiera sé qué ha sido de su vida durante este tiempo, no sé si ha rehecho su vida y ahora tiene pareja. No sé nada.
-¿Y por qué no le preguntas?
-Porque no sé si sería justo. Yo le hice mucho daño, no puedo intentar volver a su vida como si nada.
-Como si nada no. Demuéstrale que la quieres. Esfuérzate. Vuélvela a enamorar si hace falta. Pero no te quedes quieto. La perderás y cuando te quieras dar cuenta ya sí que será demasiado tarde.
-Pero no sé si tengo derecho hacerlo…
-Richard, hijo, -Martha apoyó una mano en el hombro de su hijo- te portaste muy mal con Kate pero si ni tú mismo empiezas por dejar el pasado atrás, ella tampoco lo hará. No puedes hacer nada por arreglar el pasado pero puedes hacer algo para compensarlo. Está en tu mano. Puedes intentar no perderla, tienes la Navidad para hacerlo antes de que se vaya, o puedes darlo todo por perdido sin ni siquiera empezar. Tú decides, pero procura tomar la decisión aceptada para que, en un futuro, no te arrepientas. Tú mejor que nadie sabes que Kate es más que la madre de tus hijos, es el amor de tu vida. Piénsalo. –Después de decirle eso, la actriz, se levantó del sofá y le dio un beso a su hijo antes de dirigirse a su habitación.
A la mañana siguiente el escritor fue el primero en despertarse. No había logrado dormir mucho pensando en lo que le había dicho su madre. Puede que tuviese razón. Tras dar varias vueltas en la cama, decidió levantarse. Le esperaba un largo día. A las 11 recibiría la visita de la psicóloga Julia Wilson y por la tarde tenía que ir al hospital para que el doctor Robsten le revisase las heridas.
Se dirigió a la cocina para desayunar pero al darse cuenta de que no podía hacer mucho con un solo brazo, comenzó a mirar por los armarios para ver qué encontraba. Escuchó unos pasos y al girarse se encontró a Martha bajando las escaleras.
-Buenos días, madre. ¿Tú despiertas a estas horas? Qué raro.
-Buenos días a ti también, Richard. He quedado con una amiga para ir de compras. ¿Y tú?
-Dentro de unas horas vendrá la psicóloga.
-Ah, y ¿cómo es que vendrá ella? Yo pensaba que tendrías que ir al hospital.
-Lo hace como favor. Para que no tenga que ir dos veces en el mismo día al hospital. Además, dice que le viene bien, que así sale un poco de allí. –Antes de que su madre le pudiese contestar siguió hablando él. - ¿A qué hora has quedado? ¿Tienes tiempo para ayudarme con algo?
-He quedado dentro de, a ver –la actriz miró el reloj – he quedado dentro de una hora y cuarto.
-Bien, entonces puedes ayudarme –dijo contento el escritor.
-Pues cuéntame a ver qué es eso con lo que te tengo que ayudar.
-Quiero que me ayudes a prepararle el desayuno a Kate y mis hijos.
25 minutos después el desayuno estaba listo. Mientras Rick escribía algo en un papel para ponérselo en la bandeja a Kate, su madre le tendió una rosa roja.
-Pónsela también.
-Madre, no sé si… Yo le he preparado el desayuno para agradecerle que se haya quedado y para pedirle perdón por mi comportamiento de ayer cuando me quiso ayudar. No sé si es conveniente.
-Richard, hijo, ¿recuerdas nuestra charla de ayer? No seas más idiota y empieza ya a demostrarle que la quieres, empieza ya a luchar por ella. Así que –Martha puso la rosa en la bandeja justo encima de la nota. Le dio un beso a su hijo y se dirigió a la puerta. – ¡El tiempo es oro! –exclamó volviendo por el camino.
-Gracias, madre. Y gracias por ayudarme. Por cierto ¿de dónde has sacado la rosa?
Martha le guiñó un ojo y cerró la puerta como contestación.
El escritor quitó la nota que le había escrito anteriormente para sustituirla por otra. Ésta venía más al caso. Con cuidado de no derramar nada cogió la bandeja y se dispuso a subir a la habitación de Kate.
Cuando llegó, dejó la bandeja en el mueble que estaba cerca de la puerta de la habitación de Beckett, tocó la puerta varias veces antes de entrar con el desayuno. Cuando lo hizo vio que Beckett aún seguía dormida así que volvió a dejar lo que traía en algún mueble y se agachó al lado de donde dormía la detective.
Por un momento sopesó la idea de despertarla a besos como tantas veces había hecho cuando estaban justos pero ahora era muy diferente así que desechó la idea. Sonrió al verla dormida. Recordó lo mucho que le gustaba despertarse junto a ella cada mañana y que ella fuese lo primero que viera nada más abrir los ojos. Después de acariciarle el rostro con cuidado decidió que la despertaría tocándole suavemente el brazo.
-Kate –decía mientras le acariciaba el brazo. –Kate.
-Castle –musitó mientras abría los ojos e inconscientemente sonrió.
Rick sonrió también. –Buenos días, te he traído el desayuno –dijo levantándose y yendo a por él a donde lo había dejado.
Kate frunció el ceño sorprendida. –Buenos días. -Castle al verla empezó a explicarle:
-Es para agradecerte que hayas decidido quedarte y, también, aunque te merezcas mucho más que un simple desayuno en la cama, para agradecerte todo lo que has estado haciendo por mí todo estos días. Ten –el escritor le tendió la bandeja acomodándolo en su regazo. Y se sentó en el borde de la cama.
Kate rápidamente se fijó en la rosa y en la nota que había justo al lado del plato que contenía las tostadas. Y miró a Rick, éste simplemente le sonrió. –Puedes leerla después si lo prefieres. – Kate asintió y comenzó a comer mientras Rick la observaba.
-¿Tú no desayunas? –le preguntó. -¿O ya has desayunado?
-No, no he desayunado pero éste –dijo señalando la bandeja- es tu desayuno –Rick remarcó el "tu". –Yo lo hice para ti. Bueno, en realidad fue mi madre, yo aún no puedo hacer mucho con este brazo –el escritor levantó un poco su brazo derecho. –así que le tuve que pedir que me ayudase.
Kate le sonrió. –No importa, la intención es la que cuenta. Y come, aquí hay comida para dos fácilmente. No podría comerme todo esto ni aunque quisiera.
Rick rio. –Entonces te ayudaré – y cogió una de las tostadas.
Beckett cogió la nota y la rosa roja y la puso encima de la mesita de noche. –Para mí el café y para ti el zumo.
-Hecho –dijo bebiendo un poco de éste.
-Estaba muy bueno –dijo Kate mientras le daba el último sorbo a su taza de café.
-Gracias, se lo diré a mi madre –ambos rieron.
La detective fue a levantarse al escuchar como sus hijos lloraban pero fue parada por Rick. -No te preocupes yo los traigo. También les hemos preparado su desayuno, solo hay que calentarlos. Pero primero los traeré.
Pocos minutos después Rick volvía a parecer en la habitación de la madre de sus hijos con ambos niños en brazos.
-Rick, no deberías haber cogido a Maddie con el brazo derecho, ya sabes que no debes hacer esfuerzos. –Kate se levantó y fue a ayudar al escritor cogiendo ella a uno de sus hijos.
-Pero esto no es esfuerzo –dijo alzando un poco a su hija y dándole besos en el moflete. La niña reía y Rick no podía evitar sonreír. Kate también esbozó una pequeña sonrisa.
La detective se sentó en la cama y Castle le pasó a su hija para bajar a la cocina por el desayuno de los bebés. –Ahora vuelvo –se despidió antes de salir.
-Aquí está el desayuno de los niños más bonitos del mundo –decía Rick mientras entraba por la puerta. –Los bebés comenzaron a balbucear al escuchar las palabras de su padre. Castle se volvió a sentar en la cama y cogió a uno de sus hijos para darle él la leche.
Cuando los bebés estuvieron listos y cambiados de pañal Rick los llevó al salón para darle tiempo a Kate para ducharse y vestirse. Cuando ya estaba completamente arreglada vio la nota y la rosa en la mesita de noche y se acordó de que todavía no había leído lo que ponía, así que la cogió y se sentó en la cama para leerla:
"Hay amores que no merecen la pena,
Hay amores que te corren por las venas.
Hay amores que se van como han venido,
Hay amores que estarán siempre contigo."
Es una estrofa escrita por un viejo poeta. Desde que regresaste, pude comprobar que mi amor por ti es de los de ''Hay amores que siempre estarán contigo'.
Como también, hay amores que tu corazón devora, amores con el que el cielo se toca.
"Hay amores que en el alma se te clavan". Rick.
Después de leerla, Kate, la guardó en uno de los cajones de la mesita de noche y puso rumbo al piso de abajo. Cuando llegó vio a Castle vuelto de espaldas jugando con Maddie y Alex y por un segundo decidió dejarse llevar por un impulso y abrazarlo. Pero solo fue por ese pequeño instante, así que al final, para cuando llegó donde ellos se encontraban, simplemente, se unió al juego.
-Esta tarde tengo que ir a ver al doctor, espero que me quiten ya esto –dijo señalando el cabestrillo -y pueda mover el brazo.
-Si te lo quitan, lo podrás mover pero no creo que puedas forzarlo mucho. ¿A qué hora tienes que ir al hospital?
-A las 4 y media.
-Si quieres puedo acompañarte -se ofreció.
-¿Quieres? –dijo sorprendido.
-Claro, ¿por qué no? –sonrió.
-Pues si tú quieres, yo quiero –esbozó una sonrisa. –Iré a prepararme, dentro de poco llegará la psicóloga y no quiero que me encuentre en pijama. Ah, y gracias por acompañarme.
-De nada. –Kate se quedó jugando con sus hijos mientras el escritor desaparecía por la puerta de su habitación.
Desde la ducha Castle escuchó el timbre de la puerta y supuso que era Julia, así que decidió darse un poco más deprisa.
Kate fue a abrir la puerta con uno de sus hijos en brazos.
-Buenas tardes, soy Julia Wilson, la psicóloga –se presentó ofreciéndole la mano.
-Kate, Kate Beckett –dijo estrechándole la mano un poco sorprendida. Ella se esperaba a una psicóloga más mayor, una mujer superando los 50 años de edad y no a aquella joven mujer que estaba ante ella con más o menos su misma edad. La verdad es que la muchacha que tenía delante era muy guapa. Julia vestía una blusa color azul eléctrico, una de las mangas caía sobre su hombro derecho, junto a unos pitillos negros y unos zapatos de tacón bastante altos. Su pelo caía en su lado izquierdo recogido en una trenza de espiga. Llevaba también unas gafas negras Vintage, que dejaba ver su característico lunar sobre su ceja izquierda. –Uy, perdón, pase –dijo Beckett haciéndose a un lado para que la psicóloga pudiese entrar.
Julia miraba de un lado a otro contemplado el moderno loft. Kate cerró la puerta y se acercó a la psicóloga.
-¿Quiere algo de beber? Castle debe estar terminando de arreglase. Siéntese.
-Gracias. Agua, agua está bien. –le dijo con una leve sonrisa.
-Como quiera. –Cuando la detective regresó vio como la psicóloga Wilson le hablaba cariñosamente a Maddie, la niña estaba sentada en su sillita. –Aquí está el agua –Beckett le tendió el vaso.
-Gracias –Julia bebió un poco antes de hablar- Tiene unos hijos preciosos. Se parecen mucho a su padre.
-Gracias, yo qué puedo decir soy su madre. –las dos mujeres sonrieron.
-Ya estoy aquí –dijo Castle apareciendo por detrás de Kate. El escritor le tendió su mano a Julia para saludarla y ésta la estrechó. -¿Empezamos?
-¿Aquí? –preguntó.
-Bueno, yo pensé que podíamos hacerlo mejor en mi despacho.
-Sí, a mí me da igual. Pero allí tendremos más privacidad si quieres.
-Sí, vamos entonces. –Julia siguió a Rick hasta su despacho cerrando la puerta después de entrar ambos.
-¿Qué tal estos días desde que has salido del hospital?-preguntó Julia sacando una pequeña libreta de su bolso.
A pesar de que las sesiones eran de una hora, Rick y Julia tardaron 1 hora y media en salir del despacho.
Kate, aprovechando que los niños estaban dormidos, estaba en la cocina haciendo el almuerzo cuando los vio salir.
Rick acompañó a la psicóloga hasta la puerta.
-¡Se me olvida! –exclamó Julia dándose la vuelta para quedar cara a cara con el escritor. –Ten –cogió su mano izquierda con suavidad y le puso la pulsera que poco antes ella se había quitado. –Ya sabes para que te acuerdes de lo que hemos hablado. Cuando sientas que no puedes, mírala para que recuerdes que tienes que luchar –le dijo con una sonrisa.
El escritor también le sonreía. La detective que no llegaba a escuchar del todo bien lo que estaban diciendo se puso celosa al ver aquella escena.
-Muchas gracias, Julia.
-De nada, ya sabes que es mi trabajo. –le dijo, aún sonriendo.
-Bueno, esto especialmente, creo que no es su trabajo – rio. -Recuerda que has quedado el domingo conmigo para cenar. No hagas planes.
-Cómo olvidarlo, Rick. Pasaré por ti a las 8.
-Te estaré esperando.
-Bueno, ya sí me tengo que ir. Hasta el domingo entonces. Adiós –se despidió levantando la voz para que Kate la oyera.
-Adiós –contestaron los dos al unísono antes de que Castle cerrase la puerta.
Gracias por leer :)
