Lo que tu quieres

Por alguna razón en el aeropuerto mi extraña y yo no nos cruzamos, por lo que las posibles sospechas de Leroy quedaron disminuidas a un grado no amenazador, pero aun así supuse que la duda le quedaría rondando algún tiempo. Así que me dedique a disfrutar de los abrazos, que fueron incluso más apretados que cuando llegué, porque un par de padres que son sobre protectores nunca van a ver a su hija como una mujer adulta jamás.

Llegar a Nueva York se sentía como llegar a la vida de otra persona, como si allí o bueno aquí mi yo cambiara por completo, como si mi sangre burbujeara de puro hervor.

Kurt me recibió con una sonrisa algo picara en su rostro y una pila de contratos que no sabía de donde habían salido.

-Tarea querida – dijo entregándome un beso sonoro en mi mejilla – y un regalo en tu escritorio- agregó cuando estaba ingresando a mi oficina.

Una jarra cristalina llena de margaritas, una pequeña nota (realmente diminuta) que decía "Un poco de vida y perfume natural para una oficina a decorar" no había nombre, ni firma, ni siglas, pero su letra era inconfundible para mí a estas alturas y esa fue la primer y única sonrisa de aquel lunes.

Mi oficina ya no era nueva, pero era verdad que la decoración brillaba por su ausencia, otra verdad era que ella no sabía eso, porque hacía un tiempo importante que no venía por estos lados.

Dejé a un lado las margaritas y me senté con la mirada fija en todos esos contratos ¿qué demonios era todo esto? Y por sobre todo ¿de dónde había salido?

-Es un convenio con un hogar en Queens, es la idea por lo menos, necesitan fondos para seguir manteniendo sus instalaciones y por supuesto a los niños que se encuentran allí – su voz, ese sonido envolvente de sentidos, en vez de estremecerme como siempre, la sentí como la llegada de una caricia.

Kitty se encontraba a su lado con la mirada seria, porque ella no podía dejar de asociar a Quinn con Jesse, porque no podía dejar de ser esa amiga que protege a capa y espada. Le sonreí a ella, a Kitty porque me resulto adorable por completo. Sin embargo y a la par me aterraba la idea de que se enterara lo que pasaba entre nosotras.

-Tu trabajo sería crear un contrato en el que puedan anexarse varias compañías con el fin de mantener el hogar en funcionamiento – informó Kitty rozando la molestia, solo asentí con la cabeza – Fabrevans y Weston Media están dentro, ahora crea alguna mierda que concientice y pueda atraer a otras empresas – agregó antes de dar media vuelta y dejarme en frente de Quinn, que cruzada de brazos me miraba divertida.

-¿Por qué sonríes? - pregunte, mis ojos puestos en todo ella.

-Hemos estado reunidos desde temprano, ella me odia y sin embargo tuvo que tragarse su orgullo – dio un paso hacia adentro de mi oficina y sin cerrar la puerta, amplió su sonrisa – si ella se enterara, solo me dejaría pelada – rio divertida, era una gran probabilidad que eso pasara.

-Seguramente… ella sabe que me veo con alguien, sin embargo – me cruce de piernas y agregué – gracias – solo recibí un levantamiento sus hombros como si fuera indiferente.

-El chismocillo debe estar muriendo por saber quién las trajo – sonreí ante el tono jocoso que usaba cuando se refería a Kurt como el "chismocillo", pero había una duda alrededor, ¿qué hacía aquí? Y ¿Por qué no había cerrado la puerta? - Weston creyó conveniente que trabajemos en eso, ya que yo conozco de pe a pa las instalaciones y a las personas que allí se encuentran - ¿de pe a pa? ¿Quién dice eso? Ella me miro extrañada por mi divertida expresión.

-A veces, suenas tan… antigua? ¿Cuántos años tienes? – pregunté con una sonrisa en mis labios y recibí una simple expresión de su rostro, alzó las cejas ante la pregunta y se trasladó a la puerta.

-Sr Hummel - llamó con esa voz autoritaria que me volvía loca, Kurt se acercó de inmediato – no pase ningún llamado, la Srta Berry y yo tenemos trabajo arduo, de acuerdo?- Él me miró directamente buscando la aprobación de aquella demanda de mi extraña, pero había quedado completamente desubicada por su expresión corporal e incluso su tono decidido.

Solo asentí ausente, si me hablara así, de ese modo tendría de mí todo lo que quisiera.

La puerta se cerró y ella se sacó su chaqueta y yo… yo no podía pensar, solo sentir cómo mi cuerpo había disparado mi libido a cada parte, a cada centímetro de piel.

Rodeó el escritorio y se inclinó a mi rostro, tan cerca que podía sentir su aliento dulce y cálido chocar contra mis labios.

-¿Te preocupa mi edad? – pregunto en un murmuro – no tengo tantos más que tú – se auto respondió, su mano en mi rodilla subiendo lentamente, muy lentamente.

- En…- tenía un pensamiento fijo pero… era imposible de decir.

-En tu oficina no? – Asentí mordiéndome el labio – a mí me parece que hoy si – negué, sus dedos rozando el interior de mis muslos – para este punto debes estar mojadísima – sostuve sus mano y me agarre de su cuello, sus labios sobre los míos, sin moverse, mis ojos y los suyos luchando por lo que iba pasar. Finalmente solté su mano y me invadió por completo, porque por supuesto estaba mojadísima.

Gruño sobre mí boca y me mordió el labio inferior, aún seguíamos mirándonos y entonces salió de mí llevándose los dedos a la boca y se volvió al otro lado del escritorio con una sonrisa socarrona en sus labios.

Hasta ese momento, no me había dado cuenta de que estuve conteniendo el aliento, que tenía el cuerpo por completo tenso.

-¿Necesitas agua Rachel?- preguntó como si nada.

No! Carajo, necesito que vuelvas a estar dentro de mí y que me beses fuerte.

Negué con la cabeza en su lugar, sintiéndome algo tímida de repente.

-Me encanta que te sonrojes – dijo suevamente, tomo uno de los contratos y lo abrió – necesitamos una acción concientizadora y que peces gordos hagan su aporte – yo asentí, pero ella tenía sus ojos puestos en el contrato por lo que no me vio.

Me levanté lentamente mientras su atención seguía en el contrato y fui hacía la puerta, cerré el pestillo lo más suave que pude para que Kurt no lo escuchara y me volví, ella me miraba expectante. Gire el sillón donde estaba sentada y subí mi rodilla a su entre pierna. Porque casualmente llevaba pantalones negros y una blusa blanca con cuello mao que le sentaba de maravillas.

Largó un suspiro sonoro y mi mano resbalo a la parte detrás de su cuello… tiré de su pelo hacia atrás poseída por el deseo, me sentía como si hubiese perdido por completo el control de mí y todo lo que quisiera era su cuerpo como un alimento vital.

-Hoy estoy un poco… salvaje- susurre a su oído y luego pase mi lengua por su cuello estremeciéndola.

Vi sus ojos atónitos pero ansiosos por lo que vendría, así que agarré su mentón y entre abrí sus labios con mi dedo pulgar, su lengua se asomó, pero rápidamente retiré mi dedo y le sonreí… este era mí día, por lo tanto mi juego.

-Haremos un evento en el hogar, con juegos interactivos e invitaremos a todos esos peces gordos – indique subiendo mi falda.

Me di media vuelta y me senté sobre ella. Teníamos que recordar que no podíamos hacer mucho ruido, había que procurar eso sobre todas las cosas y entonces sentí sus manos por mis pechos, bajando explorando por mi cuerpo hasta mis piernas.

-No sabes cómo me has calentado – balbuceo en mi oído, menee mi cintura y sentí sus dientes clavarse en mí hombro.

Sus dedos acariciándome sobre la ropa interior, hacía que todo me doliera, que ardiera dentro como una hoguera. Fue un suspiro, un respiro en el cual sus dedos presionaron mi clítoris y mordí mi labio para evitar gemir.

-Es increíble que seas tan estructurada y recta en ciertas cosas pero puedas disfrutar del sexo de esta manera – lo dijo en un gruñido, con su nariz rozando mí oído.

Hizo a un lado mi ropa interior pero me escape, porque era lunes y los lunes mandaba yo. Ella me miró con el ceño fruncido y me agarro de las caderas acercándome a ella, mi falda estaba enroscada en mi cintura para ese entonces, por lo que no tardo en besar el hueso que se exponía de mi cadera.

Lleve mi pierna hacia arriba y ella entendió todo lo que yo quería.

Su lengua parecía arder a la unión con mi piel, era como estar en contacto pleno con una llama que iba deshaciendo todo raciocinio en mi cuerpo, quería verla arrodillada y con su cabeza entre mis piernas.

Y ese pensamiento tan posesivo me sorprendió tanto como el temblor que acusaban mis piernas. Su lengua siempre experta barrió mi clítoris y un húmedo y cálido soplido se llevó toda la moralidad que aún existía en mí.

Enredé mis dedos en su pelo y tiré hacia atrás, su mentón brillaba por culpa de mi humedad, no pude evitar inclinarme y besarla con fuerza, con unas ganas que parecían incrementarse, era como una maldita adicción.

-Por favor- balbuceó entre mis labios antes de que mi lengua barriera toda mi humedad de su mentón – eres perfecta Rachel, me encantas – exclamó abriendo mi blusa para atacar mis pechos.

Y mientras que aquel "en mi oficina no" quedaba en el olvido, mi escritorio se volvió la victima de nuestro deseo, siempre tratando de no tirar el jarrón con las margaritas que tan bien quedaba como decoración.

Cayó una de las reglas que había auto impuesto para delimitar esa relación que deseaba y no quería aceptar. Quinn había sido capaz de ir derrumbando cada estructura que me había obligado a poner para que los sentimientos se quedaran atrapados. Así que lo entendí de ese modo, ella era la llave para que me volviera libre, una Rachel sin ataduras.

Y el orgasmo llego, a ambas de una manera deliciosa, llego con una sacudida que nos dejó exhausta y jadeando, y así con el pecho agitado, con el pelo hecho un desastre mis ojos buscaron los de ella, encontrándose en un invisible camino de respiraciones que trataban de normalizarse.

Beso mis pechos una última vez antes de salir lentamente de mí.

-Me encanta estar dentro de ti – exhaló apoyando su frente en mi pecho desnudo. Ni siquiera recuerdo en que momento perdí mi blusa y mi sujetador.

- Y a mí – respondí acariciando su espalda, igualmente desnuda – deberíamos ponern…

- A trabajar – interrumpió riendo suavemente contra mi piel antes de deslizarse lejos y dejarse caer en el sillón – me encantas – aseguró acomodando su ropa.

Estuve a punto de decirle, "a mí también me encantas" pero un golpe fuerte en la puerta de mi oficina nos alarmó de inmediato.

-Rachel – exclamó la inconfundible y molesta voz de Kitty del otro lado y la expresión de terror de mi extraña y por supuesto que la mía no tardaron en aparecer.

Jamás de los jamases me vestí tan rápido en mi vida, chau sujetador y a penas con la blusa abrochada abrí la puerta.

Confusión.

Esa era la expresión que cruzaba por completo el rostro de Kitty en ese momento, con el ceño fruncido que incluso podría haberle explotado la vena de su frente.

-Customs Travel se une a la campaña, Brian Black le debe un favor a Weston – anunció estirando una carpeta con los datos de dicha empresa hacía mí pecho, pecho que se encontraba sin sujetador y la blusa blanca que llevaba dejaba ver la falta del mismo.

-Genial – atine a decir, siempre en la puerta de mi oficina, con Quinn sentada mirando hacia los ventanales que tenía en frente, tal cual estaba como cuando abrí la puerta.

Kitty dio media vuelta no sin antes fulminar con los ojos la parte trasera de Quinn, que ni siquiera se había dado vuelta a mirarla.

Respire hondo y repetí "En mi oficina no"

Cerré la puerta sin darle vuelta al pestillo y regrese a mi lado del escritorio, lejos de la tentación, y cual fue mi sorpresa al sentarme.

Se estaba abrochando la bendita camisa, si a Kitty se le hubiese ocurrido entrar alguien hubiese quedado pelada.

-No enloquezcas – exclamó en un susurro mirando fijamente mis ojos, el último botón fue abrochado y entonces sonrió antes de cruzar una pierna sobre otra, como si nada hubiese pasado.

-Por esto – señalice todo y la nada a la vez – en mi oficina no, nuevamente – indiqué con el ceño apretado, ella solo levanto los hombros restándole la importancia necesaria a todo eso.

-No vas a preguntar por lo de la franquicia de Berrylandia? – me miro directo a los ojos. Lo había pensado sí, pero mis padres habían sido claros que ella los estuvo "analizando" desde San Francisco, con lo cual al preguntarle sobre eso, estaría metiéndome en sus negocios.

- No realmente – conteste como si nada.

-Pero digo, yo sabía tu apellido, solo que nunca lo asocie con ellos, ni por un segundo – espeto ella, intentando dar una respuesta a una pregunta que nunca había formulado – incluso nunca los asocie contigo por la relación con St James, nunca supe que tú eras esa Rachel, nunca te dejabas ver con claridad en las cientos de fotos que le sacaban en esos "típicos paseos" – agregó casi desesperada por mi impasibilidad.

-Mira nunca me gustó estar bajo el lente de esas cámaras, pero era parte de su vida, no obstante él siempre acepto ser lo más perfil bajo con respecto a mí y por lo otro, no tenías por qué saber que Hiram y Leroy eran mis padres y sé que adoras los juegos, imagino que es una especie de sueño por cumplir – la vi parpadear varias veces, sí, había dicho aquello casi sin respirar, sacudió lentamente su cabeza y me miró fijamente a los ojos.

-No estás enojada – afirmo sorprendida.

-Si lo hubiese estado, ni siquiera hubiese bajado anoche arriesgando que mis padres nos encontraran abrazadas en la puerta de su casa – respondí mirando los datos que tenía en las manos.

-De acuerdo – musito en un susurro.

Finalmente nos trasladamos a la sala de reuniones, porque teníamos demasiadas carpetas y de esa manera evitaríamos posibles tentaciones, aunque las miradas cargadas de todo eran inevitables.

La conclusión final fue un festival, realizar un evento donde pudiéramos hacer partícipe a los niños y a las empresas, con el fin que puedan ver como estos viven y que las encargadas de las instalaciones puedan explicar sus necesidades, tanto de infraestructura como las más básicas.

Kitty se había sumado a la reunión en algún momento, no obstante se mantuvo todo el tiempo en silencio mirando cómo se comportaba Quinn conmigo. Y eso lo sabía porque la conocía, conocía su mirada escéptica y sabía que no se creía ese comportamiento profesional, después de cómo nos había encontrado en mi oficina.

-Creo que es todo – dijo Quinn mirando la pantalla del ordenador donde estaba escrito el proyecto que enviaríamos a cada empresa – yo iré hablar con la madre superiora esta misma tarde así comenzamos con la organización del evento.

-Yo me encargare de enviar todas esas invitaciones – agregue detrás de ella y Kitty re ordeno por décima vez los papeles que tenía en sus manos.

-Perfecto, son un gran un equipo, felicitaciones – espeto y luego dio media vuelta dejándonos solas.

-¿Vino a vigilarnos? – pregunto Quinn agarrando sus cosas.

-Creo que si – respondí con la vista en la puerta, donde había desaparecido Kitty.

-Huelo a preguntas Rachel – musito y giré mi rostro hacia mi extraña y pude detectar cierto deje de preocupación por mí.

-Katherine es muy sobreprotectora, sobre todo después de cómo se dio todo con Jesse, no quiere que me vuelvan a lastimar – explique sin despegar mis ojos de los de ella.

Mordió su labio inferior y con la vista en el piso alzó sus hombros, y con esa era la tercera vez que lo hacía en el día.

-¿Qué? – quise saber, ¿Qué significaba aquella expresión?

-Nada, supongo que tiene sus derechos, es tu amiga y te cuida – contesto con cierta molestia.

-Porque siento que hay un pero escondido – espete acercándome a ella.

-No me conoce, incluso tú no me conoces y me quedo sin oportunidades de poder demostrarte que no soy Jesse – replico llena de resignación.

-Quinn- susurré, porque en ese momento no hubo nada más elocuente en mi mente, ni siquiera atine a hacer algo más – yo…

-No pasa nada Rachel – me cortó rápidamente, colgando su bolso en su hombro antes de iniciar su salida, me quedé congelada, simplemente viendo cómo se iba y como algo dentro mío me gritaba que corriera por ella, que no se fuera así.

Dejé el portátil en la mesa y corrí fuera de la oficina, por que dejar que se fuera de ese modo sería un error.

-Espera – dije agarrándola del brazo antes que entrase al ascensor, sus ojos parecían estar como al borde de las lágrimas y algo se encogió dentro de mí - ¿qué quieres? – pregunte desesperada.

-¿De qué sirve lo que yo quiero Rachel, de que sirven mis sentimientos cuando todo tú y tu alrededor están en mi contra? – se había quebrado y esa lágrima que parecía estar conteniendo se deslizo fuera haciendo añicos mi corazón, nunca antes una lágrima me hizo tanto daño como esa en ese momento.

Ella no era Jesse y mucho menos se le parecía, pero su pasado me aterraba y mis miedos.

-Mira no es el día y mucho menos el lugar – agregó ella suavizando o intentando por los menos suavizar la situación.

-No, todo yo te quiere en mi vida – exclamé lo suficientemente fuerte para que varias miradas ajenas se percataran de nuestra discusión – no importa mi alrededor Quinn, solo lo que yo quie…

-Lo que tú quieres? – pregunto resignada interrumpiéndome, por supuesto era la idiota más grande de todo el mundo. El ascensor se volvió a abrir y de ahí salió Kitty, quien no tardó un segundo en darse cuenta de que algo estaba pasando.

Quinn por su parte esquivo el contacto visual con ella y se metió en el ascensor ignorándome y hasta ese momento no fui consciente de que por mi mejilla corría una lagrima que Kitty no tardo en cuestionar.

-¿Qué te hizo? – pregunto Kitty cuando las puertas se cerraron, pero no conteste, limpie la gota que caía de mi ojo y camine a mi oficina.

Necesitaba ir tras ella, necesitaba hablar con ella, arreglar lo que nos estaba pasando y dejar que los miedos no me hicieran perder la única persona que supo cómo hacerme sentir libre.

Cuando llegué a mi oficina me derrumbe en mi sillón con las margaritas acusándome, ellos, y si Kitty conjuntamente con Kurt entraron en silencio, esperando porque diga algo de lo que en realidad Kurt había sido testigo.

-No quiero hablar, no ahora y seguro que no mañana – musite golpeando el teclado de mi ordenador sin mirarlos.

-Rachel – dijeron a la vez, pero me mantuve en silencio. Porque si hablaba me largaría a llorar, de pura impotencia, por no ser valiente para aceptar que Quinn me gustaba más de lo que pensaba.

Idiota.

Claro que eso era el eufemismo del año, estaba loca por aquella rubia, en realidad, pero no llegaría a esa conclusión hasta más adelante.

Kitty codeo a Kurt y en un segundo estaba sola en mi oficina.

Había empezado el día con una sonrisa y en ese momento tenía tal nudo en la boca de mi estómago por no saber cómo manejar esa situación que el lunes se había vuelto gris.

¿Es que esa huida significaba que todo se había terminado? ¿Mi inseguridad la acababa de alejar? Sí, mis miedos habían hecho eso.

Todo ella hacía que mi cuerpo vibrara y no solo de excitación, ella había abierto una puerta de liberación, me había mostrado un lado de mí que no sabía que tenía, me había enseñado (sin hacerlo) todo lo que quería para mí, todo lo que quería disfrutar y en el proceso esta sencilla atracción se convirtió en una necesidad, de saber cómo estaba, incluso no solo de tener su cuerpo, de saber más de ella, de que se relacione con mis padres, que forme parte de mi vida.

Y ahí justamente en ese momento, como si fuera una revelación o tal vez la aceptación de todo lo que mis miedos no me dejaban ver, me di cuenta que no podía dejar escapar la oportunidad de tener a Quinn Fabray en mi vida.

El problema era como llegar a Quinn, ¿Cómo hacerle ver que lo que ella quería era tan importante como lo que yo quería?

Había sido fácil estar con Jesse, porque siempre fue complaciente, claro que era por todas las demás mujeres con las que mantenía relaciones.

No me había detenido en ningún momento en sus necesidades, excepto las físicas, porque estaba muy asustada con mis propios sentimientos como para ver más allá de eso.

Estaba asustada porque era muy pronto para sentir algo más que no fuera una atracción basada en la belleza del cuerpo de mi extraña, sé que no es un pensamiento apropiado, que tal vez solo tendría que pensar en el sexo, pero tenía que ser sincera y si bien todo desde el principio se basó en el sexo y en los encuentros "no casuales", no podía dejar pasar por alto que siempre la había visto como una diosa, como una creación divina y eso era para tener en cuenta.

Con todo este alud de pensamientos asaltándome agarre mis bolso y salí de mi oficina, hacia la de ella, bajo las atentas miradas de Kurt y Kitty.

Un taxy que no tarde en tomar, 22 minutos después de viaje debido al dichoso tráfico que había en esa hora en la ciudad, me dejaban a los pies del edificio donde se encontraban las oficinas de Fabrevans.

Subí 15 pisos sosteniendo mi orgullo dispuesta a implorar que me diera una oportunidad para velar por sus necesidades.

La recepcionista, esa tal Santana, vestía una media sonrisa en su rostro al momento de atenderme y sin que dijera nada hablo con una rotundidad que me dejo helada.

-Quinn no está – musito tranquila pero mordazmente – acaba de irse a Boston – agregó acomodando unos papeles y yo la miré extrañada.

-Pero… hoy llego de Boston – espete desesperada.

Me miro por un micro segundo, con esos ojos que eran oscuros pero con la misma intensidad que cargaban los de Quinn que a punto me tuvieron de largar un suspiro.

-Negocios – dijo antes de levantarse con los papeles en las manos - ¿necesita algo más Srta Berry?- pregunto y me maldije, ella sabía todo y el calor de mis mejillas no tardó en hacer presencia.

-No muchas gracias Srta. Lopez – respondí antes de dar media vuelta y volver a mi hogar derrotada.

Bajar 15 pisos.

Un taxi con un chofer que dejaba mucho que desear con respecto a la limpieza de su vehículo.

Y finalmente la puerta de mi pequeño y acogedor piso.

Iba a Boston y entonces fue todo claro, ella estaba volviendo por mis padres, ¿qué otra razón la llevaría tan prontamente a Boston si no?

Mi móvil quemaba en mis manos, pero no me atrevía a escribirle, no me atrevía a llamarla, no me atrevía a nada porque simplemente no sabía que decir ni por donde comenzar.

Me tocaba esperar, desesperarme o volverme loca de solo pensar que había echado a perder mi oportunidad de conocerla realmente. Y entonces las lágrimas invadieron mi rostro lentamente, gota por gota, no quería perderla de este modo, no por no saber cómo lidiar con el miedo a un corazón roto, sin embargo, estas lágrimas no eran más que el inicio de eso.

Pero y la luz al final del túnel se dejó vislumbrar, ella iba a iniciar negocios con mis padres, con lo cual, no podría huir de mí por siempre.


Nada de pegarme okey?

Buena semana a todas y la próxima actualización me va a demorar un poco, estoy acomodándome a la facultad y a la tonelada de trabajos que tengo que hacer!

Saludos helados ;)