Hacía un día realmente hermoso en el pequeño distrito de Tomoeda, el sol brillaba en radiante plenitud, bañando con la tibieza de sus cálidos rayos dorados, todo lo que tocaba a su paso, no obstante a eso, se podría decir que era un ambiente neutro, no hacía realmente mucho calor, y es que si se tenía en cuenta que el verano estaba en su pleno apogeo, el clima resultaba ser uno sumamente benevolente.
Sin lugar a dudas, cualquier adolescente aprovecharía la ocasión para hacer un viaje a la playa, o cuando menos salir con sus amigos a pasear por ahí, después de todo, era un agradable día y las vacaciones ya habían comenzado.
Sin embargo, Sakura no era como ninguno de esos chicos, en su visión personal, aquel día era exactamente como los tres anteriores, oscuro, frío y sin vida.
Llevaba alrededor de una hora sentada en el mismo lugar, sobre el alfeizar de su ventana abierta, mirando pasar a través de sus ojos esmeralda, las escasas nubes que se desplazaban calmosamente, en la inmensidad del cielo celeste del medio día.
Divagaba, sin pensar nada en realidad, viendo la vida pasar ante sus ojos, sin hacer un mínimo intento por formar parte de ella, un concepto incoherente, pero a la vez bastante comprensible, si se tenía en cuenta la depresión por la que atravesaba la joven.
Su ánimo y vitalidad, eran prácticamente nulos, ni siquiera había asistido a la escuela, a pesar de que su participación en el festival escolar, no terminaría hasta en dos días más.
En su mente, había un sólo responsable de su actual miseria, su nombre, Li Syaoran, al que justo ahora consideraba como el mas grande traidor a su confianza, si lo tuviese enfrente, lo mas seguro es que ya le hubiese dado unos buenos golpes, tal vez uno bien dado en su cabeza de chorlito, le acomodaría las ideas.
No podía creer lo cabeza dura que era, es que Syaoran jamás escuchó aquella metáfora que decía, que una mujer enfadada dice cosas muy distintas a las que en realidad siente, por ejemplo, al decirle "te odio, y no quiero volver a verte en toda mi vida", en realidad le estaba diciendo "te amo, y nunca quiero que te separes de mi".
Ya no pudo contender su frustración, y mando a volar lo primero que tuvo al alcance de su mano, en este caso fue un cojín, que para desventura de su pequeño guardián, fue a parar justo a donde él estaba sentado.
- Sakurita ¿hasta cuándo vas a seguir con esa actitud? – se expreso el animalito un poco receloso, y es que de puro milagro había logrado esquivar el certero proyectil, que ciertamente iba dirigido hacia su ser.
Sakura se limitó a verle indiferente por la altura del hombro, con una frialdad tan penetrante, que de haber estado ahí, incluso hubiese helado el mismo infierno. A Kero evidentemente le dolió la frígida actitud de su ama, pero se quedo callado, él mas que nadie había sentido el drástico cambio en su conducta, y es que estando toda su vida a su lado, la conocía mejor que cualquiera y por ende, su preocupación era mayor, ya que la huraña actitud de la muchacha castaña, comenzaba a preocuparlo.
Sakura desvió de nueva cuenta su vista hacia las afueras, tratando de que sus pensamientos se aletargaran, aunque sólo fuera por un minuto, pero poner su mente en blanco, le resultaba una tarea imposible de cumplir, puesto que en cada uno de los pensamientos, siempre estaba "él" presente, lo que le hacia resentir mucho mas su condición de soledad, tristeza y abandono.
Pudo haber seguido lamentándose mucho mas tiempo de su infortunada existencia, de no haber sido porque justo en ese momento alguien llamó a la puerta principal de su habitación, no tenía los ánimos suficientes cómo para responder, así que no lo hizo, mas luego de unos segundos de vana espera por escuchar una respuesta de su parte, aquella persona que estaba tras el otro lado, se decidió a entrar.
Sakura escuchó claramente como la puerta se abría y segundos después se cerraba, luego de que esa persona hubiese traspasado el umbral, ella sabía lo que le esperaba, aun así, no dio muestras de estar interesada en el sermón que su tía estaba a punto de recitarle.
Capitulo 14
Enfrentamiento, confusión y arrepentimiento
Yelan depositó la bandeja con el té y los pastelillos que llevaba en las manos, sobre el escritorio, después se dirigió hasta donde su sobrina se encontraba, dio un hondísimo suspiro al ver como ella seguía empedernida en seguir con esa hermética actitud. Desde que Syaoran se había ido, su sobrina se había cerrado a todo el mundo, incluso a ella, quien desde que se conocieron, se había vuelto mas que en su tía, en su amiga y confidente.
- Me pareció una buena idea que tomáramos el té juntas... espero no te moleste – vertió el liquido caliente de la tetera sobre las tres tazas que llevaba en la charola, posteriormente tomó una de las tazas, y se la ofreció a la joven con su mejor sonrisa, la castaña le miro estoica por el rabillo del ojo, y aunque quiso negarse y seguir con su imperturbable actitud, le fue imposible sostener la careta frente a su tía, por mucho que lo quisiera, no podía hacerle un desaire a esa mujer, a quien ya veía como su segunda madre.
- Gracias... – acotó brevemente, tomando entre sus manos la taza de porcelana blanca que la mujer le ofreció.
Posteriormente Yelan tomó asiento en una silla cercana, cogiendo una de las tres tazas de té que había preparado, y es que Kerberos ya había tomado la última taza, junto con un pastelillo de crema, para variar.
- Sakura, necesitamos hablar... – dio un sorbo al té de su taza, e inmediatamente después fue directamente al grano, le era imposible seguir postergando mas tiempo aquella conversación, al principio había decidido no intervenir y darle tiempo a la chica para que aclarara por sí misma sus ideas, pero al ver como ella en ves de exteriorizar lo que sentía, se encerraba mas y mas en su mundo, se vio obligada a inmiscuirse definitivamente en el asunto.
- Lo sé... – le imitó, dándole igualmente un sorbo al té, mostrándose tan calmada como ella – pero no quiero hacerlo, aun no estoy preparada para hablar... – musito a penas audible.
- Tarde o temprano tendrás que hablarlo con alguien, no puedes seguir evadiendo tu realidad, si no enfrentas tus problemas ahora, créeme que ese monstruo que llevas por dentro crecerá tanto, que después te será imposible superarlo... – se expresó con seriedad, Sakura intentó mostrar indiferencia, pero ya no pudo hacerlo por mucho tiempo, era increíble como esa mujer siempre acababa por derrocar todas sus defensas, sutilmente, Yelan había logrado que Sakura dejara de lado su fachada de chica ruda.
- Es que es tan difícil, nunca imagine que Syaoran pudiera hacerme algo así... – por primera vez se escucho un dejo de desesperación en sus palabras, lo que animó a Yelan a proseguir, después de todo, bajo esa coraza de cruel apatía, Sakura seguía siendo la dulce niña que conocía.
- A mi menos que a nadie me gusta entrometerme en su relación, ya que son asuntos que sólo ustedes pueden resolver, pero en esta ocasión ya no puedo mantenerme al margen..., Sakura, entiendo tu enojo, en verdad, pero si te soy sincera, creo que aquí la culpa fue de ambos...
- ¡Pero Syaoran fue el que me traicionó...! – exclamó impotente, Kero se limitó a pasar su mirada de la una a la otra, como si de un partido de ping pong se tratase, algo le decía que era mejor dejar este asunto en las manos de Yelan.
- Si..., lo sé, y como ya te lo dije, entiendo tu enojo para con él, tampoco quiero que tomes lo que digo como si quisiera justificar las acciones de Syaoran, sin embargo, tengo que ser objetiva en esto, ya que a los dos los quiero por igual... – explicó llanamente la mujer, manteniendo la sobriedad en todo momento.
- Tía, es que entiende que aunque me digas eso, no puedo cambiar así como así mi manera de pensar... – ya no pudo permanecer sentada, en aun acto reflejo se puso de pie como catapultada por un resorte, empezando a caminar de forma pendular, mientras Yelan y Kero la veían ir y venir de un lado a otro, descargando toda la frustración que traía por dentro - ¡Aghhh...! – revolvió desesperada con ambas manos, sus cortos cabellos castaños – ¡simplemente no puedo creerme que me haya abandonado así como así! – su guardián y su tía, intercambiaron una sonrisa cómplice, todo daba a entender que el primer paso para que Sakura regresara a la normalidad estaba dado – ¡fui una tonta, tonta, tonta¡no debí creerme sus palabras! – y siguió con ese vaivén, de un lado a otro de la habitación. Tanto Yelan como Kero le miraron tranquilamente, dejándola exteriorizar libremente su sentir, dándole un sorbo a su taza de té mientras esperaban a que terminara su soliloquio – ¡aun cuando fue a él al primero a quien le entregue la prueba de mi inocencia, ni así le importe...! – Yelan se atraganto con el té, mientras que Kero no pudo contenerse y lo escupió sin mayor decoro.
- Cof, cof, cof... – por un segundo Yelan no supo que decir, no era que no hubiera contemplado esa posibilidad ya, sobre todo teniendo en cuenta la relación tan cercana que había entre los dos y que ambos vivían bajo el mismo techo, sabía que tarde o temprano iba a pasar, aun así no pudo evitar sorprenderse con la noticia – ¿ó...ósea que tú y Syaoran ya...? – titubeo, viendo de reojo a Kero, quien había adoptado una expresión asesina en el rostro, casi se podía apreciar el aura rojo fuego destellante a su alrededor.
- Por supuesto... – dijo tranquilamente – vamos, si es lo mas natural del mundo... – repuso la castaña al ver la cara contrariada de sus dos acompañantes.
- N-no lo voy a negar, es sólo que creo que son aun poco jóvenes, eso es todo... – dijo la mujer, tratando de escucharse lo mas neutral posible.
- ¿No me digas que tú y el señor Li no lo hicieron cuando fueron novios...? – Yelan se quedo muda, nunca creyó que su sobrina la pondría en tal encrucijada, inclusive su siempre inalterable fisonomía, se vio tambalear por un segundo, cuando un visible sonrojo se asomó a sus mejillas.
- Eran otros tiempos, por lo que nosotros tuvimos que esperar hasta que estuvimos casados... – aseguró ella, bastante abochornada.
- ¿En serio? – le miró enteramente sorprendida – ¿entonces el señor Li te dio tu primer beso hasta que se casarón?
- ¿Mi... mi primer beso? – al escuchar el cuestionamiento de su sobrina, Yelan salió rápidamente de su aturdimiento.
- Si, de eso estamos hablando ¿qué no? – les miró acusadora, al darse cuenta como Kero y su tía intercambiaban miradas confusas.
- Oh, si, por supuesto¿de qué otra cosa íbamos a hablar si no...? – la pelinegra dejo escapar una risita nerviosa, lo que hizo que la chica alzara desconfiada una ceja, fue entonces que todo le quedo claro, no pudo evitar abrir desmesuradamente los ojos, al darse cuenta de las atrevidas ideas que pasaba por la cabeza de ese par.
- ¡No me digan qué ustedes creían que Syaoran y yo...! – les señaló incrédula, la simple idea le hacia sonrojarse de forma descomunal – ¡NO...¡por supuesto que no!, Syaoran sería incapaz de pedirme algo así, al menos no sin antes haberlo platicado conmigo... – fue como si oportunamente alguien llamará a la puerta, ya que antes de que Yelan se viera en una postura mas incomoda, el timbre de la puerta principal resonó en sus oídos.
- Yo... yo iré a abrir... – se apresuró a decir la mujer de cabellos negro azabache, saliendo apresuradamente de la habitación, ahora sí que podría decirse que la campana la había salvado.
A penas la puerta se cerro, Sakura clavo severamente sus ojos verdes, en la humanidad del pequeño peluche volador parlante, que en sí, ahora era su guardián. Kero intentó evadirla y hacerse el despistado, pero le fue imposible ignorarla, al tener tan penetrantemente puesta sobre sí, la mirada de la chica.
- Yo..., este..., Sakurita, pues no me vas a negar que lo dijiste de una manera muy sospechosa... – trató de safarse del asunto, cosa que consiguió sin proponérselo, pues justo cuando Sakura iba a recriminarle, Yelan entró de nueva cuenta en la habitación.
- Sakura... tienes una visita... – le informó su tía, con una expresión mucho mas sería a la de hacia sólo unos momentos.
- ¿Visita? – repitió ella un tanto confundida, mas sus dudas quedaron aclaradas al ver a la bella joven de cabellos negro violáceos, que apareció tras su tía un segundo después, Kero se tiró inerte sobre la cama, pero sin dejar de ver a su ama, cuyo rostro había adoptado una sombría fachada.
- Llevare esto abajo... – Yelan se dirigió al escritorio, cogiendo la bandeja que ahí había dejado, para posteriormente llevarse las tazas que estaban utilizando unos segundos atrás, especialmente se apuró a recoger la de Kero, que estaba arriba de la cama, situada sospechosamente frente al "muñeco", junto con el pastelillo de crema a medio terminar, y ya de paso aprovechó para llevarse consigo al pequeño guardián – las dejo asolas para que hablen con mas calma... – y con estas últimas palabras, se despidió de ellas.
- Hola... – saludó tímidamente de la morena, tratando de romper un poco el incomodo silencio que se había formado, luego de que Yelan saliera de la habitación.
- Hola... – murmuró fríamente la castaña, a quien de un segundo a otro, su rostro se había tornado una mascara carente de emociones, por lo que sin tomar muy en cuenta a la que ahora consideraba como una ex amiga, se dirigió al alfeizar de la ventana, donde se sentó nuevamente, perdiendo su mirada esmeralda en el horizonte.
- ¿Puedo tomar asiento? – murmuro con su calma acostumbrada, la joven de amatista mirar.
- Adelante... – condescendió la castaña – ¿y bien¿qué se te ofrece? – aunque sus palabras fueron de lo mas cortantes, la otra chica no se dejó intimidar, exponiéndole lo que tenía en mente decir, desde un principio.
- Estaba un poco preocupada por ti y por Syaoran, desde aquel día ya no eh sabido nada de ustedes y pues yo... – antes de que terminara de hablar, Sakura le interrumpió.
- En cuanto a mí, estoy tan bien como me vez... – repuso mordaz – y en cuanto a Syaoran, de él si no puedo decirte nada, ya que no sé cómo este, hace tres días que se marchó...
- ¡¿Se marchó...¡¿pero a dónde?! – exclamó la amatista evidentemente sorprendida por la noticia.
- Se fue de vacaciones con su abuelo... – expresó lo mas concreta que pudo, no veía la hora de que Tomoyo se fuera, sabía que si seguía haciendo ese tipo de preguntas, ella terminaría por explotar y le echaría en cara todo el rencor que le tenía guardado.
- Él no me dijo que se iría... – murmuro en voz muy baja, debido al desconcierto.
- Únete al club..., aunque se me hace raro que no te lo haya dicho, digo, con eso de que ustedes son "tan unidos..." – lo último lo espetó con malicioso sarcasmo, por mas que quería mantener al margen su ira, esta amenazaba con desatarse en cualquier momento.
- El que seamos unidos, no significa que exista mas que una simple amistad entre nosotros... – le aclaró inmediatamente, al darse cuenta del rumbo que quería darle Sakura a aquella conversación.
- Je¿en serio? – rió sarcásticamente entre dientes – pues yo me quede con una impresión muy distinta la otra vez... – Tomoyo ya no pudo mas, y finalmente se defendió.
- ¡No se cómo puedes creer que Syaoran o yo seamos capaces de traicionarte!, al menos en mi caso, creí que me conocías y sabías que sería incapaz de hacer una cosa así... – al ver la acusadora mirada de la otra chica, la otra joven se salió un poco de sus casillas.
- Yo no eh dicho tal cosa...
- Pero lo insinúas... ¡por el amor de dios Sakura, Syaoran es cómo mi hermano!
- ¡Tomoyo ya no se que creer¡tú y Syaoran actuaron tan misteriosamente los últimos días, que créeme que mi fe en ustedes se fue a la basura...! – expuso ella, perdiendo igualmente los estribos.
- Lo que Syaoran y yo estábamos haciendo no es nada de lo que te imaginas... – el semblante frustrado de Tomoyo se suavizó considerablemente, finalmente comenzaba a entender el porqué del enojo de su amiga, si ella hubiese estado en su lugar, quizás habría desconfiado tanto como ella lo hacia justo ahora.
- ¡No...¡¿entonces no entiendo el porqué de tanto secreto?! – le encaro de pronto – sabes Daidouji, nunca me ha gustado que se burlen a mis espaldas, si tú o Syaoran me hubiesen explicado lo que pasaba, yo lo hubiera comprendido, y me hubiese hecho a un lado si así lo deseaban...
- En verdad Sakura, no es lo que te imaginas... – Tomoyo simplemente se limitó a dejar escapar un cansado suspiro, sin poder reprimir una compasiva sonrisa – no es mas que un malentendido.
- Si es un malentendido, entonces explícamelo por favor, que yo ya no entiendo nada... – su rostro iracundo, se fue tornando paulatinamente en uno confundido, al ver la expresión de calma tranquilidad que el rostro de Tomoyo había adoptado.
- Creo que esto responderá tus dudas... – la joven de cabellos negro-violáceos le extendió un libro de mediano tamaño, el cual había estado abrazando desde que había entrado en la habitación.
- ¿Y esto...? – se escucho decir a la castaña dubitativa luego de tomar el libro de hermosas pastar rosadas, el que resulto ser un álbum fotográfico, Sakura se sorprendió un poco al hojearlo y ver las fotos, ya que en estas aparecía ella con prácticamente todos su amigos reunidos, los mostraba desde sus vacaciones en la playa el verano pasado, sus salidas en grupo, las fiestas, los festivales y hasta en las actividades escolares que habían tenido a lo largo del año, a parte de eso, también le llamó la atención que todas las paginas estuvieran tan laboriosamente decoradas, con bonitos diseños, que estaban acorde a la actividad que aparecían realizando en la foto – no entiendo... – todavía no acababa de ver por completo el álbum, cuando se volvió a ver a la violácea evidentemente desconcertada.
- Syaoran me estuvo ayudando a armarlo, queríamos que fuera una sorpresa para ti... – explicó tranquilamente Tomoyo – pensábamos dártelo luego de la competencia de porristas...
- Yo... – lentamente la culpa fue reemplazando a la furia en su interior, comenzaba a darse cuenta de que había cometido el peor error de su vida. Por sus enfermizos celos, había arruinado la hermosa relación que tenía con Syaoran, y para colmo, no estaba muy segura de si Tomoyo la perdonaría por haber dudado de su amistad – Tomoyo... – desvió la mirada, estaba sumamente apenada, tanto, que ya no pudo sostenerle la mirada a la otra chica – perdón... – musito, en un ahogado murmullo, se sentía tan mal, y es que pedazo a pedazo se fue cayendo la insensible portada que se había formado de sí misma, de un momento a otro, unas incontenibles ganas de llorar se apoderaron de ella.
- Sakura... – Tomoyo se le acerco para abrazarla cariñosamente, Sakura no tardo en aferrarse a ella, había guardado tantas cosas en su interior los últimos días, que sus emociones estaban demasiado inestables, por lo que ya no pudiendo contenerse mas, comenzó a llorar amargamente en el hombro de la que ahora le quedaba claro, era una buena amiga, y no una traidora, como ella erróneamente la había catalogado.
- P-por... por favor perdóname..., fui una tonta..., soy tan idiota... – se maldijo a sí misma, sin poder hacer otra cosa mas que sollozar.
-Tranquila, no hay nada que perdonar, entiendo que estabas confundida... – le decía con voz suave, intentando reconfortarla.
- Pe-pero me porte tan mal contigo... – decía entrecortadamente la de orbes esmeralda.
- Por mi no te preocupes, que ya todo está olvidado... – le espetó afectuosamente, Sakura lucia tan frágil en esos momentos, que difícilmente no podía sentir consideración por ella.
- Pero, pero... – por fin se aparto un poco de Tomoyo, y lo que vio en sus ojos amatista la hizo sentir mucho peor de lo que ya se sentía, no fue odio, ni mucho menos rencor lo que ahí encontró reflejado, sino al contrario, estos se encontraban llenos de comprensión, su amiga había sido capaz de perdonarla incluso cuando ella había hecho un muy mal juicio en su contra, mientras que por su parte, no pudo eximirla, a pesar de que esta si era inocente.
Lugo de unos minutos de lamentos, lloriqueos y recriminaciones contra sí misma, Sakura pudo aclararse un poco, sonrió inconsciente, últimamente parecía una magdalena, llorando un mar de lagrimas por cualquier cosa, cuando por fin se tranquilizó, ambas tomaron asiento en el borde de la cama de la castaña.
- Lo siento... – murmuró entre suspiros la chica castaña.
- No hay porqué, para eso son las amigas ¿o no? – le sonrió cálidamente, logrando arrancarle aunque diminuta, una sonrisa sincera a ella también.
- ¿Así que Syaoran y tú armaron el álbum? – comentó Sakura tratando de dejar aquel episodio en el pasado, repasando nuevamente las hojas del álbum para distraer su atención, sin embargo, no pudo evitar estacionándose en una de las hojas que hasta ahora no había visto, ahí estaba Syaoran, posando como todo un modelo profesional, un sutil tono carmesí, se apoderó de sus mejillas al ver lo guapo que lucia, Tomoyo rió por lo bajo al ver la reacción de la otra joven, después de todo, esas fotos habían valido cada reclamo del chico castaño.
- No tienes idea de lo que me costo convencer a Syaoran para que se tomara esas fotos... – explicó a su amiga, mientras la castaña daba la vuelta a la pagina, y se daba cuenta de que en las últimas paginas del álbum, estaba toda una sección dedicada al chico de ojos ambarino, vaya que Tomoyo había logrado capturar su esencia, ya que la mirada de él denotaba tanta intensidad, como la que el chico irradiaba en la vida real.
- Luce muy bien... – dijo distraídamente, repasando distraídamente con sus dedos todos, los detalles de la fisonomía del chico, en cada una de las fotos.
- Ya lo creo, con decirte que accidentalmente mi mamá vio algunas fotos, y trató por todos los medios de persuadirme para que lo convenciera de que fuera la imagen de la línea de ropa masculina de la próxima temporada en la empresa... – bromeo la joven – si yo le decía a Syaoran que esas fotografías eran oro puro jaja.
- No me lo imagino de modelo... – rió divertida ante la idea, ella mejor que nadie sabía de la guerra declarada que mantenía Syaoran con cualquier artefacto de video – es mas, sigue sin caberme en la cabeza cómo fue qué lo convenciste para que se dejara fotografiar voluntariamente... – tal parecía que los malentendidos habían quedado atrás, y ya las dos actuaban como las mejores amigas que siempre fueron.
- Digamos que tenía un As secreto bajo la manga, al que difícilmente pudo oponerse jojojo – rió maliciosamente mientras la veía, lo que de alguna manera inquietó un poco a Sakura, por lo que decidió no seguir indagando más afondo en el asunto – bueno Sakura, ahora que las cosas quedaron aclaradas y volvimos a hacer las paces¿por qué no vamos de compras para celebrarlo?
- Me parece una buena idea... – accedió rápidamente, poco a poco su vida iba regresando relativamente la normalidad.
- Por cierto, hay un vestido que quiero que te pruebes... – le decía mientras ambas salían de la habitación.
- ¿En... en serio...¿y cuando quieres que lo haga? – una gota de sudor frío cruzó por su nuca, sabía de la tortura que le esperaba, aun así no podía negarse a la petición de su amiga, y es que si antes nunca se había podido negar, mucho menos ahora con la enorme culpa que sentía recaer sobre su alma.
- Ya será mañana, por hoy aun tenemos muchas cosas de que hablar, digo, prácticamente no te eh visto en todo el mes... – le decía animadamente la amatista mientras ambas cruzaban el pasillo y bajaban por las escaleras principales hasta la sala de estar.
- Si, es verdad, con todos los entrenamientos, se me hizo imposible... – la castaña se detuvo abrupta, al bajar el ultimo peldaño de la escalera y ver que en la sala no estaba únicamente su tía, sino que un distinguido joven de ascendencia inglesa, se encontraba tranquilamente tomando el té junto con ella.
- Ah, hola chicas¿pudieron aclarar las cosas? – dijo despreocupadamente el chico de gafas, al verlas entrar en la sala.
- Si, Tomoyo me explicó cómo fue que pasó todo y ya me disculpe con ella... – les informó la castaña, aunque si bien ninguno le hubiese pedido una explicación.
- Me alegro por ti y por Tomoyo querida... – esta vez fue Yelan la que habló, viéndole con serenidad.
- Por cierto Sakura, interesante indumentaria... – intervino el chico, al ver detenidamente la ropa que portaba la joven, una minifalda y blusa de tirantes anchos negras, la ultima sobrepuesta sobre otra de color blanco, medias de red negras, unas muñequeras de largo talle, que casi le llegaban al codo y para finalizar un collar de cuero con dos hebillas a un costado, toda una chica dark.
- ¿No te parece que se ve estupenda?, Sakura nunca imagine que esa gama de colores tan sombríos te quedara, pero veo que me equivoque y creo que el próximo vestido que te haga será uno de corte gótico jojo... – anunció Tomoyo, con un semblante entre soñador y entusiasmado, al parecer su musa creativa estaba inspirándola al máximo – ya lo veras, tendrá amplio vuelo, y un corsé con bonitos encajes y listones negros de satén, huy no puedo esperar a tener el diseño en mis manos para comenzar a hacerlo, te veras di-vi-na, como una muñeca ya lo veras...
- Jejeje - Sakura rió nerviosamente ante su reacción, no sabía porqué le daba mala espina, mas sin embargo repentinamente recodo el hecho de que se encontraran en la planta baja, por lo que se dirigió a Yelan – tía, Tomoyo me invito a salir ¿puedo acompañarla? – se dirigió a la mujer, quien se limitó a sonreírle apaciblemente.
- Adelante, sólo trata de regresar a casa antes de la cena...
- Muchas gracias... – esbozo una enorme sonrisa – ya podemos irnos... – luego se dirigió a sus dos amigos, ya que supuso que Eriol también las acompañaría, aunque no tenía muy claro cómo fue que Tomoyo y él ahora estaban juntos, si mal no recordaba ninguno de los dos se hablaba, luego del incidente en el que Tomoyo se había visto obligada a dar por terminada su relación.
- Hasta luego señora Li, fue un placer tomar el té con usted... – se despidió cordialmente el chico, para después encaminar sus pasos a donde se encontraban las chicas.
- Con su permiso señora Li, le prometo que Sakura regresara a tiempo a casa – lo consecuentó la peli-violácea, dedicándole una cordial sonrisa.
- Adelante y el placer fue mío... – se despidió igualmente de ellos, para posteriormente verlos dirigirse al recibidor.
- ¿Y ustedes andan juntos por...? – le decía indecisamente Sakura a sus acompañantes, quienes se sonrieron con complicidad.
- ¿Quieres saber si nos reconciliamos? – acotó Tomoyo a su comentario, por lo que la castaña se limitó a asentir con la cabeza – pues si, lo hicimos¿verdad mi querido Eriol...? – se dirigió al joven, que justo ahora abría la puerta para que las dos pasara.
- Así es mi bellísima Tomoyo... – beso su mejilla al pasar, por lo que con un sonoro «¡Felicidades!» proferido por Sakura, la puerta se cerró tras ellos, Yelan sonrió sutil al verlos partir, mientras que Kero se posaba a su lado.
- Todo esto fue idea suya ¿no es así Yelan...? – dijo seriamente el pequeño peluche.
- ¿A qué te refieres? – le miró tranquila, dedicándole una inocente sonrisa.
- Usted sabía que si Tomoyo hablaba con ella, Sakura entraría en razón – explicó su punto – fue por eso que le pidió que viniera ¿o me equivoco?
- Yo sólo hice lo que creí necesario... – la sonrisa se borró de sus labios, agudizando su mirada, que se torno un poco triste – sin embargo, no todo está resuelto, supongo que lo de Syaoran tendrá que esperar un poco mas...
Continuara...
