Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, solo la trama me pertenece.
Hola :D, muchísimas gracias por sus reviews, alertas, favoritos.
Bella llegó a su casa un domingo temprano en la mañana, exactamente ocho días después de haberse ido a Seattle a buscar consuelo con Bree.
Entró a su apartamento y lo observó completamente. Todo el ánimo y el alivio que había sentido al estar fuera de allí desaparecieron solo con entrar de nuevo en esas paredes, en esa ciudad, en el mismo código postal que él.
Sintió su teléfono vibrar y suspiró de nuevo. Ya tenía tiempo que habían pasado las quinientas llamadas perdidas; su buzón de mensaje de voz se había llenado dos veces y lo había borrado sin siquiera molestarse en escuchar alguno, así como hizo con los mensajes de texto y los correos electrónicos.
Le costó mucho despedirse de Bree y Diego, y sobre todo de Anne, pero tenía que volver al mundo real por mucho que no quisiera. Sonrió al recordar la mirada recriminatoria de Bree al último día por no haberle contestado ninguna llamada a Edward, incluso le reclamaba que al no escucharlo iba a ser todo mas difícil sobre todo trabajar con él, pero a ella no le importaba…
¿Acaso no entendía que su corazón no podía soportar escuchar su voz en ese tiempo?
¿No podía descifrar que no importa lo que él dijera… nada iba a cambiar?
Miró su apartamento de nuevo y se mordió el labio. Necesitaba olvidarlo, dejar de pensar en Edward Cullen y sacarlo de su entorno e iba a empezar con su casa.
Pasó todo el día del domingo limpiando. Cambió las sabanas de su cuarto, incluso ordenó que le llevaran una nueva cama para ver si así alejaba su olor que la embriagaba y no importa cuántos cambios de sabanas había hecho seguía allí como si hubiese quedado impregnado en todo el ambiente.
Eso era lo bueno de tener dinero, pensó varias horas después. Con solo hacer unas llamadas y sin importar hora o día, había cambiado casi toda la decoración de su cuarto, el colchón, las cortinas de sus ventanales, eliminó todas las cosas a las cuales se les podía haber impregnado su olor. Aunque en la noche cuando se acostó agotada después de un arduo día de trabajo, que le ayudo a evitar pensar sobre lo que iba a ser el día siguiente, aceptó que todo su esfuerzo había sido una perdida de tiempo y de dinero…
Todavía podía sentir su esencia donde quiera que estuviera…
Tal vez la solución sería mudarse de apartamento, de ciudad, de país…
Cerró los ojos sintiéndose completamente frustrada… nunca había sido más cobarde que en ese momento…
Además todavía se encontraba consternada por la llamada que había recibido de Lauren la noche anterior. Estaba cenando con Bree, Diego y Anne y se estaban riendo porque Anne estaba comiendo con todo su cuerpo, ya que se encontraba completamente empapada de papilla de los pies a la cabeza. Su teléfono vibró de nuevo y ella, como la masoquista que es, vio el identificador y dio un respingo cuando descubrió que la llamaba Lauren. Se levantó de la silla y fue a otra habitación.
-Hola Lauren ¿Cómo estás?
Lauren suspiró – Bien Bella, ¿cómo estas tu?
-¿Lograste descubrir lo que te pedí? – preguntó sin rodeos.
-Sí, aunque no por Victoria.
-¿No?
-No – continuó Lauren – Busqué la noticia que me mencionaste y llamé al fotógrafo directamente, ya que es un conocido…
-¿Conocido? – preguntó Bella en un murmullo, imaginándose lo que iba a decir su madrastra y sintiéndose enferma por solo pensarlo.
-Si… conocido, me ha ayudado en cuatro obras de caridad que he organizado, siendo el fotógrafo de los desfiles de moda.
-Entiendo… - dijo Bella sentándose en la primera superficie plana que encontró. Después descubrió que había sido el suelo y que su espalda se apoyaba en la pared. Dobló sus piernas en su pecho como si se estuviese protegiendo, ni siquiera había encendido la luz, así que parecía como si estuviese escondida en un rincón oscuro.
-Qué bueno que tú lo haces… porque yo todavía no lo hago – respondió Lauren con voz ansiosa.
-¿Qué te dijo? – preguntó en un susurro.
-Lo llame y le pregunté por qué había vendido esas fotografías, que él tenía un acuerdo de exclusividad conmigo y no lo iba a poder continuar si había traicionado mi confianza y la confidencialidad de mi familia.
Bella sonrió un poco, al sentir la vehemencia del comentario de su madrastra, la fuerza de sus palabras al hablar de ella como parte de un todo – Imagino que siguió ordenes… - anunció.
Lauren emitió otro suspiro más hondo – Si – dijo en voz baja – me dijo que Victoria lo había contactado, que le indicó que no había problemas, ya que éramos familia y que él solo sacó las fotos, no las había vendido, que se las entregó a la persona que Victoria le indicó por teléfono.
-¿Siendo esa persona…? - le preguntó aunque sabía la respuesta.
-La editora del periódico…
Bella asintió - ¿Y cómo…? – no entendía cómo fue tan perfecto, cómo llegó a ese sitio, la encontró con James y sacó la foto.
-Al parecer le ordenó seguirte…
Bella apoyó la cabeza en la pared respirando hondo. Por supuesto, había sido una completa estúpida al subestimar a Victoria. Lo más seguro es que la mando a seguir desde la fiesta esperando la oportunidad, y por casualidad la misma llegó ya que se encontró con James en el restaurante.
¿Hasta cuánto habría llegado su hermana si ella no le hubiese puesto la oportunidad en la palma de su mano?
¿Habría falsificado las pruebas?
¿Habría pautado un encuentro completamente casual con algún hombre para lograr su cometido?
¿Tendría James algo que ver en todo esto? No, su mente lo negó rápidamente. No le habría dicho esas cosas a Edward y ella le tenía confianza. James podría tener mil y un defectos pero nunca jugaría esos juegos.
-Gracias Lauren – le dijo unos segundos después, había olvidado completamente que seguía en el teléfono.
-Espero que te haya ayudado la información en tú… problema – le dijo tranquilamente, aunque Bella sabía que todavía estaba impresionada por saber lo que había hecho su hija.
–Me ayudo mucho, hablamos después - Trancó la llamada sin escuchar que su madrastra decía algo más o no. Se quedó en ese sitio pensando, analizando esa nueva información y allí la encontró Bree unos minutos después.
-¿Bella? – preguntó Bree viéndola sentada en el suelo, apoyada en la pared, con la luz apagada y solo siendo iluminada por la luna. Bree se sentó a su lado y respiró hondo -¿Hablaste por fin con Edward? – le preguntó esperanzada.
Bella no la escuchaba, el impacto que la había hecho quedar paralizada unos segundos atrás se estaba convirtiendo en furia, pura furia - ¡La perra lo planeó todo! – gritó temblando de la rabia.
-¿Qué? – preguntó Bree anonada por su reacción.
-¡Todo! – continuó Bella colocando las manos en puño y golpeando sus rodillas – Tal vez desde la fiesta, quizás por eso se metió en el baño conmigo, para hacer ver como si yo estaba haciendo otras cosas, y me conoce, sabe que no le iba a decir nada a Edward…
-¿Bella? – preguntó Bree confundida…
-Luego espero que él se fuera a Chicago y lo siguió. Conquistándolo con palabras dulces y la actitud de mosquita muerta que conoce bien…
-¿Victoria? – preguntó Bree empezando a entender sus palabras.
-Y mientras tanto dejaba todo organizado en California para que un fotógrafo me siguiera y me filmara en una situación comprometedora. Por supuesto le sirvió que yo como estúpida se la diera en bandeja de plata al hablar con James…
-¿Crees que James este incluido en esto?
-No – negó Bella rápidamente – ¡Oh Dios mío! Tiene mucha suerte – se levantó indignada, aunque después se paralizó al unir la última pieza del rompecabezas – pero de igual forma esas fotos se iban a tomar y James iba a ser la contraparte – dijo con voz sombría.
-¿Qué?
-A los dos días de la foto yo iba a tener una cita de negocios con James, ya que él iba a contratar con la empresa, se lo había dicho a Charlie el día de la fiesta… Charlie me lo había comentado unos días después, que Victoria se lo había sugerido…
-¿De qué hablas?
-¡¿Cómo pude ser tan estúpida Bree? – le gritó completamente asombrada por no unir cabos, por no entender lo que su hermana pretendía.
-No te entiendo Bella. Tu mente y tu boca están descoordinados de nuevo, explica despacio – Sonrió sin poder evitarlo, era su chiste privado, cuando se emocionaba mucho empezaba a balbucear y no le entendían bien qué quería decir.
-Bree… - dijo negando con la cabeza – esa foto del periódico se iba a tomar, yo solo aceleré las cosas…
-Pero…
-Victoria contrató a un fotógrafo para que me siguiera; manipuló a mi padre para que aceptara una cita de negocios con James; pactó con la editora para que la publicará y seguramente le enviará una copia a Chicago… es brillante – dijo sonriendo, aunque más con un gesto de impotencia y tristeza que de alegría y diversión – Yo sólo aceleré los acontecimientos que ya estaban en marcha…
-¿Es decir… Victoria lo planeó todo y es hora de llamar a Edward? – preguntó ilusionada mientras le enseñaba el teléfono.
Bella la miró con aire sombrío – Eso no cambia nada. Él no debió creer en esas imágenes antes de llamarme, tenía que confiar en mí, nunca tuvo que acostarse con Victoria… ¿Continuó? – Bree bajó la cabeza – con esto sólo entiendo el por qué de la foto. Tenía días tratando de comprender por qué salió esa noticia y cómo llegó a las manos de Edward tan rápido.
Bree respiró hondo y se levantó – Tal vez si planeó lo del fotógrafo, planeó lo de Edward también…
Bella sonrió negando con la cabeza – De verdad tienes un problema con los hombres… te gusta pensar lo mejor de ellos.
Bree sonrió – Quiero a Edward, creo que él te ama, estoy segura que tú lo amas, yo te quiero… ¿entiendes a donde me dirijo con esto de querer – amar? – le dijo picadamente – llámame idiota pero me encantan los finales felices…
Bella se carcajeó y abrazó a su amiga – Tu tuviste el tuyo, eso es suficiente.
-No, no lo es terca – le susurró triste mientras volvían a la mesa.
Por fin entendió por qué habían sucedido las cosas de esa forma, no que con eso hubiera cambiado algo o hubiese beneficiado a que su paz interior volviera. No podía creer que existiera una persona tan maquiavélica con su hermana y tampoco entendía ¿qué ganaba con eso?
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Al día siguiente se levantó antes que la alarma sonara. Miró la cama con nostalgia, se habían ido los días en los que luchaba para levantarse porque el sueño y la pereza la influenciaban y habían quedado los de tormenta emocional que solo al abrir los ojos la evitaban poder dormir de nuevo.
Además, ese día se auguraba el más horrible de todos ya que se acabó cualquier medio y método de dilatación. Hoy lo iba a ver.
Desayunó poco y se vistió con más esmero que nunca. No para brillar o para gustarle, no, ya esos pensamientos estaban hundidos en la parte más recóndita su mente. Lo que necesitaba era un buen disfraz, que la ayudara a ver y a sentirme más ecuánime de lo que en verdad podría llegar a estar en esos momentos.
Se colocó un conjunto nuevo de pantalón negro y chaleco azul rey, ceñidos al cuerpo y que Alice había homenajeado por quince minutos cuando se los probó. Según su amiga se veía como una diosa, por el corte del chaleco se podía usar con o sin blusa, claro sin blusa mostraba un poco el escote de sus senos y más piel de la que normalmente ella exhibía en su trabajo; pero como se sentía más osada de lo normal lo decidió usar sin nada, únicamente con un collar de oro de varias vueltas, una pulsera, el cabello suelto con ondas que caían libremente por su espalda y unos zapatos Dolce & Gabanna negros mucho más altos de lo normalmente aconsejable pero que eran unos de sus favoritos.
Llegó a la empresa, que desde ese día estaba segura no iba a ser tan armoniosa como había sido antes y tembló un poco al ver el vehículo de Edward estacionado a su lado. Sabía que estaba allí. Cerró los ojos dándose valor, había llegado el momento y se bajó del mercedes.
Entró a su oficina casi media hora después, ya que cada persona de la empresa la había saludado y le deseó que hubiera pasado unas perfectas vacaciones, por lo que le costó llegar a su oficina más que otros días. Habían sido los momentos más estresantes de su vida al imaginarse que se encontraría con Edward en cualquier instante y le reclamaría frente a todo el mundo. Dejó su cartera viendo la gran habitación y sonriendo al ver que llegó a su santuario particular sana y salva.
-Buenos días Señorita Swan – la saludó Zafrina sonriendo mientras entraba a la oficina.
-Hola Zafrina – le dijo rodeando el escritorio y apoyándose en él - ¿cómo estuvieron las cosas por aquí esta semana?
Zafrina frunció el ceño y suspiró aliviada – Me alegra que este aquí, la Señora Stanley no supo dar respuesta a algunas tareas…
Bella sonrió divertida por la forma democrática en que su secretaria se había expresado. Estaba segura que fue un poco más grave de lo que ella considera adecuado admitir – Comunícate con Jessica y pauta una reunión para dentro de una hora. Dile que organicé el informe de lo acaecido en mi ausencia, así como del seguimiento de los casos más urgentes; necesito las estadísticas y que me haga una presentación esquemática del estado de cada asunto importante – quedó pensativa unos momentos tratando de dilucidar que más necesitaba para poder determinar hasta qué grado se había descuidado el departamento en su ausencia – y necesito que me presente el físico de cada documento que se suscribió en mi ausencia – dijo al fin.
Zafrina abrió los ojos desmesuradamente - ¿Una hora?
Bella sonrió maquiavélicamente. Ella era capaz de hacerlo aunque duraba que Jessica pudiese lograrlo - ¿Mucho tiempo?
Zafrina negó divertida – Creo que no quiero ser yo quien se lo diga.
Bella rió – Esta bien, dile que la reunión será en dos horas, pero sólo porque tú me persuadiste…
Zafrina la miró apesadumbrada – Creo que de alguna forma eso no me congraciara ni me lo hará más fácil.
Bella se carcajeó sin poder evitarlo – Haz eso y me comunicas con Ángela Webber, necesito saber el estado de los documentos de Chicago y si ya los envió a la sede principal…
Zafrina asintió anotado en su libreta - ¿Necesita algo más? –Bella volteó al escritorio a revisar unos documentos que tenía en el escritorio, por si acaso había algo urgente.
-Si – dijo una voz aterciopelada masculina que ella conocía muy bien. Se estremeció y quedó paralizada. Maldición, había pensado que le iba a dejar por lo menos la mañana libre para poder poner en orden las cosas de la empresa antes de empezar la odisea Edward & Bella – Necesito que te retires – continuó él, y sin siquiera verlo sabía que estaba en la puerta, esperando que Zafrina saliera para cerrarla– que no le pases llamadas, que nadie nos interrumpa y que suspendas cualquier tipo de reunión que ella tenga este día.
Bella tembló de la indignación y se volteó sin mirarlo, fijándose únicamente en su secretaria – Haz lo que te ordene, y espero que me pases todas las llamadas, sean importantes o no.
-Bella… - le advirtió.
-Déjanos solos Zafrina – la secretaria asintió, bajando la mirada y pasando al lado de Edward cerrando la puerta, anonadada por lo que acababa de suceder, ya que ellos dos siempre han sido muy respetuosos y Bella siempre había respetado las ordenes de Edward así ella sea accionista igualitaria, ya que su cargo era superior.
Cuando la puerta se cerró ella fijó su mirada en él para enfrentarlo. Por un segundo quedó impactada, él tenía unas grandes ojeras y sus ojos estaban oscuros sin el brillo de alegría que conocía, y estaba un poco más delgado. Movió su cabeza de un lado a otro, para alejar los pensamientos de cariño y preocupación que siempre sentía al verlo en ese estado. Cada vez que se enfermaba ella lo cuidaba, iba a su casa, le llevaba sopa, inclusive lo llamaba para que se recordara de tomarse los medicamentos. Aunque él era peor con ella, ya que sabía de su odio a los médicos, así que siempre la obligaba a ir cuando estaba enferma, la acompañaba y le peleaba si no se cuidaba convenciéndola con dos simples preguntas ¿qué voy a ser sin ti? ¿Qué haré si tú no estás en mi vida? Cerró los ojos alejando esos pensamientos y el dolor que le proferían en su pecho recordarlos, odiaba que tantas cosas hubieran cambiado entre ellos y todo por su culpa.
Con ese último pensamiento lo miró furiosa - ¡¿Cómo te atreves a desautorizarme con mi personal? Yo soy la jefe del Departamento Legal y aquí las órdenes son impartidas únicamente por mí.
Él la miró rabioso y se acercó a ella. La tomó por los hombros antes de que se pudiera alejar de sus brazos o siquiera se hubiese podido mover del mismo sitio donde la encontró - ¿Dónde demonios estabas? – le preguntó en un susurró tan atormentado que ella tembló al darse cuenta de lo que se había preocupado - ¿Tienes... – trataba de respirar para calmarse – alguna… idea… de lo preocupado que estaba? ¿Por qué demonios no pudiste contestarme el maldito teléfono Isabella?
-Primero: No me hables así – le dijo soltándose y alejándose un poco quedando en un extremo del escritorio – dónde, con quién y qué hago no te interesa, creo que te quedo claro esa noche – terminó mirándolo fijamente.
-Creo que te llame mil veces. En cada mensaje te implore que por lo menos me dijeras si estabas bien, fui a tu casa y no estabas, no te habías llevado nada solo tu carro, así que no sabía si habías viajado. Tres días después tu padre me llamó y me dijo que no ibas a volver a la empresa por un tiempo.
Bella lo miraba fijamente sin decir palabra, ella había pensado que su padre le iba a avisar inmediatamente, se había equivocado, lo dejo sufrir un poco más
-Le pregunte dónde estabas y no me quiso decir, solo me dijo que no me importaba tu estado solo tenía que saber que no ibas a estar para que colocara un reemplazo ¿sabes lo que sentí cuando me dijo eso? ¡Claro que me tiene que preocupar! – le dijo gritando y revolviendo sus brazos frustrado
-No, no tiene por qué, tú y yo no somos nada ¡nada! – le gritó sin poder evitarlo, temblando de la rabia, ¿con qué derecho le iba a discutir él? ¿Con qué moral?
-Bella por Dios no me vengas con eso, además tu padre me preguntó que por qué me interesaba por ti si había vuelto con Victoria y le dije que era falso, que no sabía cómo había llegado a esa conclusión… ¿le dijiste eso? ¡Te dije que no había vuelto con ella!
Bella negó apretando las manos fuertemente – No se lo dije – contestó en un murmullo.
-¿Dónde estabas? – le preguntó desesperado.
-Con Diego y Bree – contestó unos segundos después. Una parte de ella quería gritarle de nuevo que no era su maldito problema, pero la mirada que tenía y su propia opresión en el pecho le hizo decir la verdad.
Él apretó el tabique de su nariz y ella lo miró asombrada. Eso significaba que estaba completa y absolutamente molesto, solo lo había visto hacerlo dos veces en su vida, y nunca por ella – Maldita sea – murmuró unos segundos después - ¿Por qué mierda no pensé en ellos? Sabía que no ibas a estar con Alice y Rose, estuve en tu casa esperándote por cinco días y no volviste, no me imagine que estabas con ellos…
Bella lo miró fijamente unos segundos - ¿Se acabo tu interrogatorio? – le preguntó sarcásticamente - Entonces déjame trabajar.
-No – contestó rápidamente – Vamos a hablar, yo tengo derecho a explicarte…
-No – interrumpió rápidamente – No te quiero escuchar…
-Bella por favor… - le dijo acercándose y allí ella noto una cortada en la ceja derecha y una parte oscura en su mandíbula. No se quería imaginar los golpes que tenía debajo del traje, así como no se quería imaginar su cuerpo debajo del traje.
-Te peleaste con James – le reclamó inmediatamente.
-¿Cómo lo supiste? – preguntó mientras se tensaba.
-¿Cómo…? – repitió negando con la cabeza y mirándolo acusadoramente – no importa lo que te dije esa noche, no me crees, nunca lo hiciste, ¡fuiste donde James para que te confirmara lo que ya yo te había negado!
-No.
-¿No? – Replicó - ¿Y por qué fuiste?
-Tenía que hablar con él.
-Con una copia del periódico, amenazándolo porqué se acercó a mí cuando yo no soy nada tuyo, golpeándolo cuando me defendió ¿Qué demonios te has creído?
-Maldita sea quería respuestas y tú no estabas.
-¡Ya yo te di las respuestas! – Le gritó furiosa - ¿Cuándo vas a creer en mí? – le preguntó dolida y pestañando rápidamente para que las lágrimas se alejaran.
Él la miró unos segundos impresionado como si no se esperará esa pregunta – Yo creo en ti – le dijo unos segundos después.
Ella negó con la cabeza y se volteó – No, no lo haces, si no ¿por qué fuiste para la oficina de James?
-Le dije que no se acercará… - anunció como si con eso ella tuviese una explicación más que clara.
-No me acosté con él, no te engañé ¡no estuve con él! – internamente agradeció que las paredes de sus oficinas estuvieran insonorizadas, si no fuera así todo el mundo en la empresa se enteraría de su pelea y de su vida.
-Lo sé – respondió unos segundos después – te creí la primera vez que me lo dijiste.
-¿Entonces…? – preguntó ella completamente perdida.
-Eso no quita el hecho de que él se acercó a ti y te toco.
-¿De qué demonios hablas? – le preguntó ella mirándolo extrañada.
-Que tú me perteneces y yo le dije que no te tocara – explicó mirándola sombría y amenazadoramente, como si se estuviese recordando a James y la fotografía.
-No te pertenezco – le dijo rápidamente – Tú y yo no somos nada – reafirmó – y tú no tenías ningún derecho de golpear a James.
-¿Por qué demonios lo defiendes tanto? – preguntó indignado golpeando el escritorio de roble.
Ella lo miró respirando aceleradamente tanto por la rabia que sentía como por ver como Edward estaba actuando. Estaba descontrolado – En este momento tengo mejor concepto de él que de ti – le explicó tranquilamente.
-Es un maldito cobarde que te dejó por tu hermana – le dijo mirándola completamente rabioso.
Ella lo miró contrariada y con el corazón oprimido de dolor – ¡Y tú eres el imbécil que me partió el corazón por mi hermana! – gritó con las manos en el escritorio agarrándolo tan fuerte que las palmas estaban blancas.
Estaban frente a frente, cada uno en un lado del escritorio, como si necesitaran esa distancia, mirándose fijamente y respirando entrecortadamente.
Bella lo observaba con la mirada nublada, apretaba fuerte el escritorio porque pensaba que si lo soltaba iba a caerse, sentía como su cuerpo se estremecía y por dentro estaba toda revolucionada. Su estómago completamente revuelto, su corazón latía desbocado y le dolía, como si alguien lo estuviese agarrando y lo apretara hasta desgarrarlo.
Edward estaba del otro lado con las manos apoyadas en el escritorio y su cuerpo un poco hacía adelante como si con eso tratara de acercarse a ella. La miraba atormentado, completamente pálido, su traje estaba perfectamente colocado, pero su cabello se encontraba más revuelto de lo normal, como si se hubiese pasado las manos una y otra vez. Aunque efectivamente eso fue lo que sucedió, en esa conversación se lo había revuelto ya cincuenta veces.
-Tenemos que hablar Bella, no puedo más, ¡tienes que escucharme por Dios!... Victoria llegó a Chicago…
-¡No! – Le gritó ella fuertemente – no… - le repitió – no quiero, no puedo Edward – le dijo negando con la cabeza y mirándolo suplicante – Vete…
-Bella… por favor.
-Esta es nuestra empresa, tú y yo somos los jefes, no podemos hacer esto aquí…
-Lo sé – respondió bajando la cabeza – pero por Dios tengo esperándote nueve días Bella, cuando los de seguridad me informaron que llegaste, tenía que verte, confirmar que estabas bien…
-No me mataste – le dijo indignada – no acabaste conmigo y ¡no me iba a suicidar por ti!
-¡Maldita sea! – dijo revolviendo más el cabello y mirándola con expresión perpleja - Eso no es a lo que me refería y lo sabes ¡No me contestabas el teléfono!
-¡Necesitaba estar sola! – gritó ya al borde de una crisis nerviosa mientras cerraba los ojos para tranquilizarse.
-y yo necesitaba saber dónde estabas ¡me iba a volver loco!
-Pues no debiste acostarte con Victoria – le dijo mirándolo fijamente con rabia. Él se quedó callado y ella suspiró – No quiero hacer esto – concluyó un segundo después – vete de aquí y será la última vez que hablemos de un asunto personal en la oficina.
-Bella… - le dijo acercándose pero ella se alejó los mismos pasos hasta quedar en la mitad de la oficina.
-Si quieres consultarme algo legal sabes dónde encontrarme – le indicó mirándolo fijamente completamente seria, haciéndole entender que no estaba bromeado – Pero no quiero hablar nada más personal Edward. Tú y yo ya no somos amigos.
La miró dolido – No, ya no lo somos – dijo un segundo después y ella sintió como su corazón se desgarraba un poco más. Sabía que no lo eran, pero no creía que él pensara también eso, que tampoco quisiera ser su amigo – somos muchos más que eso.
Ella lo miró impactada – No… - negó rápidamente.
-Si – dijo él – así tú no lo quieras aceptar.
Ella le iba a contestar que no había nada que aceptar pero tocaron la puerta y entró Zafrina un poco descolocada. Estaba segura que aunque no escuchaba por qué gritaban si sabía que estaban peleando.
-Le ordene que no nos molestara – gruñó Edward completamente molesto por haberlos interrumpido.
Bella lo miró fulminándolo con la mirada ¿cómo se le ocurría tratarla así?, se volteó a su secretaria respirando hondo para tranquilizarse – Dime Zafrina.
Ella bajó la mirada completamente apenada y asustada por el tono de Edward – Discúlpeme Señorita Swan.
-No te preocupes – le dijo amablemente mirando a Edward amenazante. Él cerró los ojos tranquilizándose - ¿Qué sucedió?
-Es el Señor Jacob Black.
Bella observó a Zafrina unos segundos. Jacob. Maldijo por lo bajo, se iba a ganar una buena reprimenda de él también, la había llamado varias veces esa semana y ella no le había contestado. La verdad no quería saber de ningún hombre en esos días.
Si es sincera, desde que se dio cuenta de sus sentimientos por Edward lo había tratado más y más distante, cualquier hombre aceptaría que le estaban dando calabazas pero no Jacob, ya que era el hombre más insistente que ella había conocido en su vida. Claro tampoco la había llamado tantas veces porque estaba cerrando un negocio en Japón.
Tal vez por eso ella no lo había dejado abiertamente, estaba esperando que por lo menos estuviera en el mismo continente.
-Dile que le devolveré la llamada – anunció Bella tranquilamente.
-No… - dijo Zafrina, pero no pudo continuar la réplica.
-Pues no creo que me devuelvas la llamada, ya que no lo has hecho con ninguna de las que te he realizado en el último mes.
Bella abrió los ojos desmesuradamente al ver a Jacob en la puerta de su oficina, sonriendo de medio lado, con un jean negro, camisa blanca y chaqueta de cuero negro, mirándola divertido y viéndose completamente atractivo - ¿Jacob? – preguntó ella anonadada.
-Pero te perdono solo por tener el placer de observarte en este momento, estas completamente hermosa con ese traje. No te recordaba tan perfecta, aunque tenemos meses que no nos vemos, no importa – dijo acercándose a ella unos pasos – estoy seguro que recuperaremos el tiempo.
Bella sintió más que vio como Edward se tensaba, pero antes de poder si quiera verlo Jacob se abalanzó hacía ella y la abrazó fuertemente cargándola unos cuantos centímetros como si no pesara ni una libra - ¡¿Qué crees que estás haciendo? – le gritó un poco histérica y miró rápidamente a Edward que estaba a punto de tirarse encima de Jacob y matarlo. Ella jura que por un segundo vio como sus ojos se volvían rojos de la rabia – Bájame – le pidió un poco estresada mientras lo golpeaba en los hombros.
-Te extrañe preciosa – informó mientras le daba un pequeño beso en los labios y ella quedó paralizada a la vez que escuchaba la puerta de su oficina cerrarse en un estruendo atroz.
Bella se soltó de Jacob mirando a los alrededores de la oficina.
Edward se había ido.
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