Hola! siento la tardanza pero escribir cada capítulo con las tres historias diferentes me exigue más tiempo, pero aquí tenéis un nuevo capítulo para que lo disfrutéis muchísimo desde el punto de vista de las chicas. Espero poder subir pronto. Muchas gracias por el apoyo, besos.

Los personajes pertenecen en su mayoría a Stephenie Meyer pero la historia es mía.

Capítulo 13

Alice Reed

Miro al hombre que está recostado a mi lado en el enorme sofá blanco. Sus ojos me miran fijamente, hace rato que hemos dejado descansar a la cámara y nos hemos echado sobre su sofá, pero no hemos dejado de mirarnos en ningún momento. Las últimas palabras que me ha dicho siguen en mi mente; "Eres el sol que calienta e ilumina todos mis días". Jasper es el chico más romántico, cariñoso y sincero que he conocido en mi vida. Y le tengo frente a mí, me ha abierto la puerta de su casa y creo que la de su corazón también, o al menos eso es lo que a mí me gustaría.

Ambos sonreímos como dos tontos todo el rato, recuerdo nuestra sesión de fotos alocada y se me escapa una risita. Es guapísimo, todo un príncipe. Y debe tener a un montón de chicas detrás de él, me grita mi subconsciente. Decido no pensar en eso cuando siento sus dedos sobre mi mejilla. Es una caricia tierna que pone toda mi piel de gallina en el momento que su pulgar roza mi labio inferior.

-¿En qué piensas?- me pregunta con la curiosidad reflejada en su azulada mirada.

-En ti- le digo sinceramente, veo como abre los ojos mostrando su sorpresa. No esperaba esa respuesta para nada.

-¿En mí? espero que sea algo bueno- dice acercándose y dándome un ligero mordisco en el labio inferior para luego juntar sus labios con los míos. Creo que nunca me cansaré de él, de la tranquilidad que me transmite y de lo que me gusta sentir sus labios sobre los míos.

-Tal vez sea bueno… o tal vez no- digo intentando hacerme la interesante. Jamás podría pensar mal de él.

-Eres mala- dice con una sonrisa juguetona, y antes de que pueda reaccionar empieza a hacerme cosquillas. No puedo parar de reír, es el efecto que tiene Jasper sobre mí. Y me encanta.

-Para, para, por favor- susurro sin poder reprimir las carcajadas que escapan de boca. Siento que deja las manos sobre mi cintura. Abro los ojos y ahí están los suyos mirándome a escasos centímetros. Roza su nariz con la mía y me da un corto pero tierno beso en los labios.

-Quédate conmigo, puedo cocinar para ti- vaya, eso sí que no lo esperaba la verdad. Pero sin duda me encanta la idea de quedarme a pasar el día con él. Dentro de poco tengo que regresar a las clases y eso me va a impedir verlo a menudo. Ese pensamiento me inunda la mente pero lo alejo de inmediato, no voy a estropear este maravilloso día.

-Vale, no te vas a deshacer de mí en todo el día- digo enredando mis dedos en su hermoso pelo rubio. Lo tiene un poco largo pero me gusta.

Me mira de repente alejándose unos centímetros de mí, eso me obliga a retirar mis manos de su pelo. Le miro esperando que diga algo ya que parece haber recordado alguna cosa en este preciso momento.

-Ahora vengo- se levanta rápidamente y veo que se dirige hacia una pequeña puerta, por lo que he podido observar creo que es la que da directamente al pequeño patio trasero. Me siento en el sofá a esperar su regreso.

Antes de que levante la vista, algo se hecha sobre mí haciendo que vuelva a acostarme en el sofá. Una lengua inquieta empieza a darme lametazos por todo el rostro y no puedo evitar echarme a reír cuando intentando apartarlo de mí toco su pelaje. ¡Es Romeo! El pequeño husky que puse en manos de Jasper, bueno literalmente lo hizo la maravillosa Maggie a la que le estaré eternamente agradecida.

-Oye Romeo, no te pases que es mi chica- oír esas palabras de la boca de Jasper hacen que me estremezca de la cabeza a los pies. Su chica, ni más ni menos.

El perro al escuchar la voz de su dueño se detiene al instante y sale disparado hacia él. Veo como Jasper se agacha para hacerle unas caricias y jugar un poco con él. Los miro completamente embobada. En ese mismo momento, él levanta la mirada y nos quedamos observándonos mutuamente durante unos instantes. Su sonrisa se ensancha y sé que la mía debe de ser similar. Desde que le conozco nunca se me ha borrado esta sonrisa de la cara.

Sin dejar que se mueva tomo la cámara de nuevo y les hago una fotografía a los dos juntos. Creo que son grandes amigos y me encanta saber que ambos han congeniado a las mil maravillas.

-Perfectos- digo mirándoles a ambos.

-La única perfecta aquí eres tú, mi pequeña hada- me sonrojo por el sobrenombre que me acaba de poner, hada.

-¿Tengo pinta de hada?- pregunto divertida caminando hacia ellos.

-Sí, eres mi hada del amor- me toma por la cintura dejando que Romeo salga disparado hacia el patio. Es pequeño y muy gracioso aunque se hará bastante grande. -¿En qué piensas ahora mismo?- dice Jasper sacándome de mis pensamientos.

-En Romeo- vuelvo a ser sincera, no me gustan los secretos ni las mentiras así que predico con el ejemplo.

-Oh, eso me ha dolido- dice haciendo una gran actuación de un ataque al corazón y dedicándome la cara de ofendido que mejor le sale pero que no le pega para nada. Consigue hacerme reír, otra vez.

-¿Voy a tener que llamar a urgencias?- digo haciéndome la graciosa.

-Eres una graciosilla, te vas a enterar- veo sus intenciones y salgo disparada del salón sin saber muy bien hacia dónde dirigirme.

Al final me doy de bruces contra la barra de la cocina y, cuando me dirijo hacia la puerta que da al patio, siento las manos de Jasper sobre mi cintura y me eleva haciéndome gritar de la impresión. Ambos reímos como unos tontos mientras Romeo corretea a nuestro alrededor.

-Ahora que me has pillado ¿qué vas a hacer conmigo? soy una pobre chica indefensa- digo poniéndole morritos para darle pena y él estalla en una enorme carcajada.

-Comerte a besos sin duda- dice repartiendo tiernos y dulces besos por todo mi rostro, desde la sien hasta los labios pasando por los ojos, las mejillas y la nariz. No deja ningún rincón de mi rostro por besar y siento que el corazón se me va a escapar por la boca.

Nos miramos y apoyo mis manos en su pecho, siento cómo su corazón también late acelerado al igual que el mío.

-He dicho que voy a cocinar para ti así que voy a cumplir mi palabra- dice sin intención de soltarme.

Me doy cuenta de que somos como una pareja que se conoce desde hace mucho tiempo. Estamos en su casa, en su cocina y vamos a preparar la comida juntos.

-Te voy a ayudar, no me gusta que nadie me mantenga ni me sirva- digo con una sonrisita y cuando intento soltarme de él para ponernos manos a la obra, me sorprende tirando de mí hasta dejarme pegada a su pecho.

-Esa es una de las muchas cosas que adoro de ti- me susurra al oído. Me derrito cuando me dice este tipo de cosas y encima al oído. Es todo un conquistador romántico, de eso no tengo la menor duda.

Me separa un poco de su pecho para mirarme a los ojos, los suyos azules están contentos y una sonrisa traviesa aparece en sus labios. Parece un niño grande y me encanta.

-Vamos a cocinar algo o dentro de poco Romeo se nos comerá a nosotros- dice soltándome.

Me rodea para estar a la otra parte de la barra de la cocina y me da un suave azote que me hace dar un pequeño brinco. Le sigo y me pongo a su lado. Miramos lo que tiene en la nevera y empezamos a sacar multitud de productos. De hambre seguro que no moriremos, digo para mis adentros. Miro lo bien que se domina Jasper en la cocina y eso me hace pensar que seguramente él se cocina su propia comida.

Cocinamos entre risas, caricias fugaces y dulces besos por sorpresa. Nos sentamos en la mesa de madera que hay al lado de la puerta trasera y nos ponemos a comer sin dejar de hablar en ningún momento. Con él mantener una conversación es tan fácil como respirar.

-¿Tienes algo que hacer esta tarde?- pregunta sacándome de mis pensamientos mientras recogemos la mesa. Le miro recordando si tengo algo que hacer.

-No, estoy libre ¿tu estas ocupado?- pregunto y me sorprendo cuando cruzo los dedos deseando que no esté ocupado y pueda pasar la tarde conmigo.

-Para nada, podemos hacer algo juntos- su sonrisa hace que mi corazón vaya a un ritmo descontrolado.

-Claro, ¿tienes algo en mente?- pregunto realmente curiosa.

-Por supuesto, sígueme- dice tomándome de la mano.

Nos dirige hacia la segunda planta y entramos en un pequeño despacho. Hay algo diferente en esta estancia, porque no parece el típico despacho lleno de papeles. La mesa solamente tiene un ordenador Apple último modelo de color blanco y nada más.

Jasper se acerca hacia la pared que hay al fondo de la estancia y apaga las luces haciendo que quedemos iluminados por una luz roja muy intensa. Entonces soy consciente de unas pequeñas cuerdas que hay en el techo. Caigo en la cuenta de lo que vamos a hacer y me emociono solo de pensarlo, pero necesito confirmarlo antes de llevarme una sorpresa.

-¿Me vas a enseñar cómo revelar fotos a la vieja usanza?- pregunto acercándome mucho a él que me toma de la mano. Me doy cuenta que la cámara que hemos utilizado para nuestra sesión privada de fotos está aquí.

-He pensado que sería divertido y es algo que a ambos nos gusta hacer- me acerco más a él y le miro ansiosa.

-Me encanta la idea- digo verdaderamente emocionada, pero él me mira fijamente-¿Qué?- pregunto sin saber muy bien que esperar.

-Dijiste que te encantaría hacer algunas fotos del hotel, tal vez mañana si no tienes nada que hacer puedas pasarte por allí. Yo estaré encantado de atenderte, mostrarte todo el hotel y cenar contigo- guau, eso es una cita en toda regla.

-No tengo nada que hacer, puedo ir hacia las seis de la tarde porque ya tengo clases y tengo que trabajar pero estaré libre a esa hora- acaricia mi rostro y asiente dando por finalizada la charla.

Creo que este y todos los momentos que pase con este maravilloso hombre serán los mejores momentos de mi vida.

Estamos sentados en la alfombra que hay cerca de la chimenea. Hemos pedido comida china y no hemos dejado de reír después de leer lo que las galletitas nos deparan para el futuro.

-¿Qué depara tu futuro Alice?- pregunta Jasper después de leer el pequeño papel que ha sacado de su galleta.

-Vive cada momento intensamente- digo mostrándoselo.

-Interesante- murmura volviendo a leer el papel que aún tiene entre sus manos. Me mira a mí y al papel alternativamente.

De repente lo deja en el suelo y se acerca a mí como un felino que ha atrapado a su presa.

Sin duda atrapada sí que me tiene, pienso para mí misma. Apoya ambas manos en el sofá que tengo a mi espalda, dejándome atrapada entre el sofá y su cuerpo. Desliza su nariz por mi mandíbula con una suave caricia y roza sus labios con los míos.

-¿Qué dice tu galletita?- pregunto en un susurro con voz entrecortada incapaz de apartar la mirada de sus labios.

-Aprovecha el momento, y eso es lo que voy a hacer- cuando escucho esas palabras salir de sus labios sé que no solamente me tiene atrapada físicamente, sino que también es el dueño de mi corazón.

Bella Swan

Siento una calor terrible, es invierno y nuestra calefacción es incapaz de hacer que suframos calor en pleno mes de enero.

Abro los ojos y los cierro de golpe cuando la luz me da directamente en la cara. Me decido a volver a abrirlos pero esta vez lo hago más lentamente. Miro el techo y luego miro las sábanas blancas que me cubren. Entonces me doy cuenta que lo que realmente me cubre y me da calor es en cuerpo de Edward. Me tiene apretada contra su cuerpo, con su brazo rodeándome por la cintura y su cabeza apoyada en mi hombro. Tiene todo el pelo alborotado y los labios ligeramente entreabiertos. Los recuerdos de anoche me vienen a la cabeza como una película, imágenes claras de lo que sucedió ayer con este Dios inundan mi mente. Vine a su casa, me eché en sus brazos, devoró mis labios y…

Oh dios mío, me ruborizo y me tapo la cara con las manos. No puedo creer lo que he hecho, ahora ya no soy virgen y la perdí voluntariamente. No me arrepiento de nada porque lo que siento por Edward no lo había sentido por nadie jamás, pero ¿qué pasará si para él soy una más? Me dijo cosas muy hermosas anoche pero estoy confundida, no sé qué pensar.

-Mmmm- Edward se mueve un poco a mi lado pero no me atrevo a mirarle.

La mano que tiene sobre mi cintura se desplaza hasta mi ombligo y empieza a hacer pequeños círculos a su alrededor. Sus labios empiezan a repartir suaves besos por mis costillas ascendiendo por el centro de mis pechos. Mis entrañas se contraen excitadas y yo tengo calor, mucho calor.

Intenta apartar las manos que cubren mi rostro pero no lo consigue, así que hace un camino de besos desde mi clavícula izquierda hasta el lóbulo de mi oreja.

-Quiero verte- me susurra suavemente. Su aliento me hace estremecer pero no de miedo sino de excitación. Me muerde el lóbulo de la oreja y un gemido escapa de mis labios. Él aprovecha el momento para apartar tiernamente mis manos de mi rostro.

-Así mucho mejor- dice mientras se posiciona encima de mí. No me siento capaz de mirarle a los ojos pero no puedo escapar. Su mirada me ha atrapado por completo. Me dedica una sonrisa torcida que me vuelve loca, parece un adolescente en este preciso momento.

-Hola- digo casi sin voz y devolviéndole la sonrisa.

-Hola pequeña, ¿cómo estás?- pregunta realmente interesado y preocupado. Se preocupa por mí y eso no lo esperaba porque la primera noche pensé que era un Don Juan. Pero anoche… me dijo tantas cosas y no sé si todas eran ciertas aunque espero con todo el corazón que si lo fuesen.

-Bien- intento aclararme la garganta que tengo repentinamente seca. Con sus manos acaricia mi rostro, nuestros pechos están pegados y caigo en la cuenta de que ambos seguimos desnudos.

-Me muero de ganas por hacerte el amor, lenta y tiernamente- dice contra mis labios. En este momento me doy cuenta de que yo también quiero eso, quiero sentirle y tenerle. De todas las formas posibles.

Mi cuerpo se pone en movimiento sin dejar que mi cerebro le dé órdenes. Acaricio su pelo rebelde con mis manos y le atraigo más hacia mí. Nuestros labios están pegados.

-Yo también me muero de ganas- susurro antes de besarle como si fuese la última vez. Un gruñido salvaje escapa desde el fondo de su pecho y con sus manos y su boca empieza a devorarme y hacerme suya. Y yo me aprieto contra él, le acaricio y araño la espalda suavemente sin dejar de devorar su boca. Ambos estamos calientes y en pocos minutos nuestros cuerpos van a colisionar y a sufrir una combustión a causa de tanta pasión.

Acaricio su pecho y dejo en él pequeños besos mientras sus manos pasan por mi pelo. Miro el reloj y veo que son más de las diez de la mañana. Yo hoy tengo que prepararme para las clases que empiezan mañana. Vuelvo a la realidad de golpe dejando que desaparezca la dicho postcoital por completo. Él debe de estar muy ocupado, es el presidente de una empresa muy importante y le estoy distrayendo.

-Debes de estar muy ocupado y yo te estoy molestando- digo sin poder evitar la tristeza de mi voz. Él me aprieta más contra su pecho.

-No me estás molestando, tú nunca me molestas. Bella, todo lo que dije anoche y lo que he dicho esta mañana es lo que siento. No eres una más para mí, así que no pienses eso jamás. Anoche cuando te dormiste cancelé toda mi agenda para hoy así que soy todo tuyo- levanto la cabeza de su pecho y le miro el rostro. Está sonriendo, tranquilo y relajado.

-¿Todo mío?- susurro levantando una ceja mientras me acerco y beso sus labios. Él acepta gustoso este beso y me lo devuelve de buena gana.

-Vamos a darnos una ducha y a disfrutar del día juntos antes de que cambie de idea, te ate a la cama y no te dejé irte nunca más- su mirada traviesa me hace sonreír, me da un azote en el trasero que me hace gritar por la sorpresa y nos levanta a ambos de la cama.

-¿Juntos?- cuando dejo que la pregunta salga por mi boca me siento estúpida, él me ha visto desnuda y yo le he visto a él, más o menos porque estaba demasiado ocupada intentando no morir de sobre excitación. Me sonríe y me arrastra de la mano hasta el cuarto de baño.

Nos metemos en la ducha que es enorme y cabemos sin ningún tipo de problema. No he visto toda la casa pero parece un castillo. Debe de ser triste vivir aquí solo. Siento sus manos sobre mis hombros y le dejo que me enjabone completamente. Luego es mi turno y hago lo mismo con él.

Salimos y nos envolvemos cada uno con una toalla. Él se pasa las manos por el pelo y con una sonrisa traviesa sale del baño entrando en la habitación. Yo tengo que hacer algo con mi pelo así que empiezo por desenredarlo.

Cuando he terminado salgo al dormitorio y le veo en la cama poniéndose unas converse negras. Está guapísimo e informal totalmente. Lleva unos vaqueros oscuros y una camiseta negra pegada a su pecho, a su lado veo la chaqueta de cuero negra que supongo se va a poner.

-No tengo más ropa que la de ayer- digo sintiéndome incómoda de repente. Él me mira y me dedica una sonrisa tranquilizadora. Me señala la silla que hay en una punta de la habitación y allí está mi ropa.

-Recién sacada de la secadora- me dice acercándose a mí y dándome un beso en los labios.

-Vaya, ¿has lavado y secado mi ropa?- pregunto sorprendida y enormemente agradecida.

-Bueno la secadora la controlo, la lavadora más o menos pero he pensado que ibas a necesitar tu ropa- me guiña un ojo y me acuerdo de cuando intentó arreglarme el coche. No puedo evitar soltar una risita y él me mira enarcando una de sus perfectas cejas.

-Por suerte la secadora es más sencilla de manejar que un coche- ambos empezamos a reír sin poder parar.

-Oye, no te metas conmigo. Solo intentaba impresionarte porque pasabas de mí- dice haciendo un gracioso puchero. Le paso los brazos por el cuello y él se inclina para estar a mi altura.

-Es imposible para una mujer ignorarte, eres demasiado… atractivo e interesante- digo dándole un rápido beso en los labios. Me estoy volviendo una atrevida pero me gusta dejarle perplejo.

-Venga, vístete pequeña que todavía puedo cambiar de opinión- me da un azote y sale del dormitorio. Me cambio encantada de la vida y cuando me siento en la cama para ponerme mis zapatos veo una pequeña mancha de sangre en las sábanas blancas. Me ruborizo y salgo disparada para no pensar demasiado.

-Lista- digo cuando llego a la cocina que es donde me está esperando.

-Estás perfecta como siempre, he pensado que podríamos ir a comer por ahí y luego dar un paseo- me tiende la mano y se la acepto encantada. Cualquier cosa que me proponga me parecerá bien siempre que sea con él.

Vamos por una puerta que a diferencia de lo que yo creía, no da al exterior sino que entramos en un enorme garaje con gran variedad de vehículos. Parece un concesionario. Me abre la puerta del copiloto de un deportivo negro, lo observo y veo que pega perfectamente con él.

-¿Descapotable?- pregunto curiosa cuando ambos estamos dentro.

-Sí, hoy hace un día estupendo- me mira fijamente mientras arranca el coche y retira el techo apretando un simple botón. –Debe ser porque estoy contigo- me da un rápido beso y salimos disparados de su garaje. No sé hacia dónde vamos pero disfruto del sol y del viento. Aunque de lo que más disfruto es de Edward que hoy está más relajado que nunca, incluso canta las canciones que suenan por los altavoces del vehículo. Aparta una mano del volante y toma la mía entrelazando nuestros dedos. Ambos nos sonreírnos y seguimos nuestro camino.

Nos detenemos delante de Skylines Burgers, un lugar que parece de los años 60.

-Las mejores hamburguesas de la ciudad- le sonrío sin poderlo evitar, este lugar seguramente no es uno de los que él suele frecuentar. No es lujoso ni caro. La gente viste de lo más informal y me encanta.

Estiro mi mano y acaricio su pelo revuelto a causa del viento.

-Me encanta-se acerca a mí y me besa rápidamente.

Bajamos del coche y entramos a disfrutar de unas increíbles hamburguesas, está lleno y me doy cuenta que es hora de comer. Con él siempre se me pasa el tiempo volando.

Comemos entre risas y charla ligera, el ambiente es relajado. Se siente cómodo y yo también.

Cuando terminamos volvemos a subir al coche y me doy cuenta de que nos dirigimos hacia el paseo marítimo. Las vistas por la tarde son increíbles, sobretodo porque se puede ver el agua teñida de naranja mientras el sol se esconde.

Vamos dando un paseo tranquilamente tomados de la mano. Somos como una pareja más.

-¿Por qué donaste todo ese dinero al orfanato?- es algo que he querido preguntarle desde que me enteré de que él es el donante anónimo.

-Porque te vi jugando con esos niños y me llegaste al corazón tanto tú como ellos. Pensé y pienso que eres un ángel, demasiado buena para mí. Bella yo si tengo que pisotear a alguien para conseguir lo que quiero lo hago, no me suelen importar los demás pero contigo tengo la necesidad de no hacer daño a nadie. – vaya, él piensa todo eso de mí. Cree que soy demasiado para él y yo pienso la situación a la inversa.

-Edward te agradezco mucho lo que hiciste por esos niños, tú eres un buen hombre y soy yo la que es demasiado poco para ti. Eres un multimillonario, un magnate y yo seré una maestra de infantil que adora a los niños y niñas por encima de todo- se detiene y nos miramos fijamente. Estamos uno frente al otro y no sé qué decir. He expresado lo que siento porque estoy enamorada de él.

-Bella, a mí no me importa lo que la gente diga o piense, nunca me ha importado y yo a la que adoro como un loco es a ti, por sobre todas las cosas- siento que mi corazón va a salir disparado en cualquier momento, aunque se hace el duro es un hombre romántico o ¿solo es así conmigo?

-Edward yo… creo que te quiero- digo agachando la cabeza, tal vez es muy pronto y a él ese tipo de compromiso no le guste. Toma mi barbilla entre sus manos y me la levanta para que le mire.

-Escúchame bien, yo no creo que te quiera yo sé que te quiero. Y este día ha sido el mejor de mi vida porque ha empezado y está terminando contigo- sin necesidad de escuchar nada más me lanzo a sus brazos olvidándome de mis miedos, mis inseguridades y del resto del mundo.

Rosalie Collins

Increíble, así ha sido el día que he pasado con Emmett. Está anocheciendo y ha llegado el momento de la despedida. Me es bastante difícil apartar mis ojos de él, está concentrado en la carretera pero de vez en cuando me lanza una mirada tan única de él y me sonríe mostrándome toda su blanca y perfecta dentadura. Cuando el coche se detiene lentamente decido apartar mi mirada de su rostro perfecto y caigo en la cuenta de que estoy en casa. No puedo evitar que un suspiro escape de mis labios. Siento su mano acariciando mi mejilla y me vuelvo para mirarle. Se ha quitado las gafas de sol y me mira con una sonrisita que curvan sus carnosos labios.

-¿Lo has pasado bien nena?- pregunta verdaderamente interesado.

-Ha sido el mejor día de mi vida- digo intentando reprimir las ganas de besarle.

Hemos hecho muchas cosas durante todo el día pero la que más he disfrutado ha sido el contacto de sus labios con los míos. No es el primer chico al que beso, pero sí el único que consigue volverme loca y deseosa de más.

Me sonríe y yo me quedo embobada mirando cómo se baja del coche. No lo puedo retrasar por más tiempo; dejo escapar un enorme suspiro de frustración y bajo también del vehículo.

Sorprendiéndome, Emmett cierra la puerta del copiloto por la que acabo de salir y me impide moverme poniendo sus manos sobre el techo del coche, atrapándome entre sus dos musculosos brazos.

Se inclina ligeramente sobre mí y me roza la mandíbula con sus tentadores labios, cierro los ojos e intento reprimir un gemido que escapa entre mis labios sin poderlo evitar, haciendo que Emmett me mire divertido y yo me ruborice por primera vez con un chico.

-Muchas gracias Rosalie- ¿gracias? ¿Por qué? No lo entiendo, me acaba de dejar desconcertada y sin saber que decir.

-No sé porque me das las gracias- digo perpleja pero muy curiosa. Quiero saber que pasa por su cabeza loca.

-Por la visita inesperada en la constructora, el café y por regalarme el mejor día de mi vida- roza sus labios con los míos y todo mi cuerpo se transforma en gelatina.

Suerte que me tiene bien atrapada entre el coche y su cuerpo. ¡Oh dios! Menudo cuerpo… Basta de babear Rosalie, me riño a mí misma, debe pensar que soy tonta.

-Lo he hecho encantada, me ha gustado muchísimo pasar mi último día de libertad contigo- digo sonriéndole y posando mis manos en sus fuertes brazos, siento sus músculos tensarse bajo mis manos.

-¿Último día de libertad?- pregunta curioso enarcando una de sus perfectas cejas.

-Mañana empiezan las clases- digo haciendo un mohín dejando claro que quiero más vacaciones, sobre todo si mis días son como este.

-¿No echas de menos al director Clark?- dice soltando una enorme carcajada. Yo me uno a sus risas al pensar en su padre. No tienen nada que ver el uno con el otro, son cómo la noche y el día, y yo prefiero a Emmett.

-Ojala el director fueses tú- digo entre risas. Pero veo que el rostro de Emmett se ha vuelto serio, creo que he metido la pata. Dejo de reír y nos miramos fijamente a los ojos.

-Eso quiere mi padre también, pero no es lo que yo quiero por mucho que él insista cada vez que nos vemos- dice serio, le conozco poco pero jamás le había visto así, está incluso sombrío. Quiero que vuelva el Emmett risueño, despreocupado y juguetón que conozco y que tanto me gusta.

-Lo siento, lo he dicho de broma. No pretendía…- no me deja terminar la frase, pone un dedo encima de mis labios y vuelve a mostrar su sonrisa tan particular.

-No te preocupes, si me das un beso te lo perdono- el Emmett juguetón ha vuelto.

Deslizo mis manos por sus brazos y le cojo el rostro, tomándolo por sorpresa. Le acerco a mí y le beso. Es lo que quiero y lo que él me ha pedido.

Ambos nos dejamos llevar por el beso, yo enredo mis manos en su corto y oscuro cabello y él posa sus manos en mi cintura pegándome a su cuerpo completamente.

Cuando nos separamos para tomar aire no dejamos de mirarnos a los ojos, azul contra azul. Los dos estamos sonriendo y yo dejo caer las manos hasta su cuello. Es muy cálido y me encanta tocarle, acariciarle y estar pegada a él. Eso es algo que solamente Emmett provoca en mí.

Las luces de la calle empiezan a encenderse y ambos miramos hacia el cielo. El cielo de Portland no suele dejar ver las estrellas pero esta noche, el cielo está totalmente despejado y millones de estrellas nos observan desde las alturas. Soy consciente de que estoy viendo las estrellas entre los brazos de un hombre único, que me ha hecho sonreír incluso en casa de mis padres. Estando lejos me ha hecho compañía, aunque me llama nena y algunas veces bombón, no soy un objeto. Eso me ha quedado más que claro durante el día que hemos pasado juntos. Se ha interesado por mí, mis aficiones, mis gustos, mis sueños…

Sé que hace rato no miro las estrellas, sino el rostro de Emmett que está por encima de mi cabeza. Sonrío sin poderlo evitar y en ese momento él baja la mirada. Nos miramos intensamente y él con una mano pone un mechón de mi cabello detrás de mí oreja.

-No puedo dejar de mirarte, me tienes completamente hechizado- esas palabras me dejan sin respiración. Sin pensarlo, me pongo de puntillas y le beso. No es un beso urgente, sino uno dulce y lleno de un cariño que no sabía que albergaba en mi interior.

-Tú hechizas a las mujeres, todas te miran como si fueses su Dios. Y lo entiendo- digo sinceramente, he visto todo el día a las mujeres babear por él y me he puesto un poco celosa, tengo que reconocerlo.

-¿Te tengo hechizada a ti?- pregunta muy serio. No parece que vaya de broma pero con él es difícil saberlo.

-Completamente- digo en un susurro. Sus manos se aferran a mis caderas y esta vez es él quién me besa a mí. Al principio es un beso tierno pero luego se vuelve algo muy sensual, algo con urgencia.

Cuando sentimos que ya no podemos respirar, nos separamos para llenar los pulmones siempre mirándonos a los ojos.

-Yo nunca he necesitado hacer esto Rosalie- dice sincero. Pero no tengo claro a qué se refiere. Parece leer el desconcierto en mi rostro y prosigue.- No he tenido que tener citas o al menos no más de una cena rápida para poder estar con una mujer. Pero contigo es diferente, quiero pasar tiempo contigo, hacerte reír, conocerte y hacer que me conozcas. ¿Qué estás haciendo conmigo?- no sé si es una pregunta retórica o está esperando una respuesta así que le sonrío y le respondo algo que él mismo ha dicho.

-Está claro, hechizarte- ambos nos reímos pero sé que todo lo que me acaba de decir es totalmente enserio. Pude verlo la primera noche que nos vimos, las mujeres se le echaban encima.

Emmett con un movimiento rápido se coloca justo en el lugar donde antes estaba yo, con la espalda pegada a la puerta del copiloto y yo entre sus brazos. Mi espalda está pegada a su duro pecho y nuestras respiraciones se acompasan.

-Quiero ver las estrellas contigo- me susurra al oído y yo solo me relajo, levanto la vista y veo todo el cielo que es testigo de este enorme sentimiento que está despertando mi dormido corazón.

Suena el despertador, abro los ojos y le fulmino con la mirada pero termino apagándolo. Empieza otra vez la rutina. Un gemido de frustración sale de mis labios. Me levanto y me meto en la ducha, dándome cuenta de que ni Bella ni Alice están en casa. ¿Habrán venido a dormir? No lo creo.

Me pongo unos vaqueros, una sudadera y me recojo el pelo en una cola alta. Salgo disparada hacia la universidad y decido ir a pie. Debo aprovechar el buen tiempo. Mientras voy camino a la facultad dejo que mi mente viaje hacia el día anterior. Fue el mejor día de mi vida sin duda y Emmett, es un encanto. Me da un poco de miedo admitirlo pero creo que me estoy enamorando de él. Creo que su padre le presiona para que ocupe su puesto y por eso no tiene una buena relación. Emmett siempre hace lo que quiere y lo que le gusta, es único y diferente. Por eso me gusta y me atrae tanto.

Sin darme cuenta ya estoy en los jardines del campus. Voy directa a clase antes de que no pueda apartar de mi mente a Emmett. La clase empieza y caigo en la cuenta de que no he pasado por la secretaria de dirección para recoger el listado de libros nuevos de este semestre. Espero hasta que termine la clase y voy directamente a ver a la secretaria del director Clark.

Entro totalmente tranquila pero mi sonrisa desaparece cuando en lugar de la secretaria el que está allí es el director Clark. En un principio él no me ve y me planteo seriamente irme y regresar más tarde. Está hablando por teléfono y por su rostro enrojecido está enfadado, muy enfadado. Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas pero no puedo hacer nada por evitarlo, el director está gritando como un loco.

-Llevo más de una hora esperándote, mueve el culo hasta aquí Emmett- grita como un poseso y al escuchar el nombre de Emmett mi corazón late desbocado. Él va a venir aquí, me pongo nerviosa ante la idea y vuelvo a sonreír. Después de una pequeña pausa, el director vuelve a la carga.

-Me importa una mierda Emmett y ¿quién es esa zorra con la que te han fotografiado los paparazis?- lanza el periódico al suelo justo frente a mí y entonces se da cuenta de que estoy aquí. Peor mis ojos no se pueden apartar de la enorme foto que ocupa la portada del diario de Portland. Yo sí sé quién es esa chica con la que sale Emmett, soy yo. Y es una fotografía de ayer porque ambos llevamos las gafas de sol y el gorro. A él se le reconoce pero a mí no.

-¿Qué demonios hace aquí señorita Collins?- me grita el director hecho una verdadera furia.

-Yo, ya me iba- susurro incapaz de moverme.

-Lárguese, no estoy de humor para soportar a nadie y menos a rubias como la de la foto. Seguro que otra caza fortunas que intenta aprovecharse de mi hijo- dice con un odio que me da verdadero miedo. No quiero eso de Emmett.- ¡Fuera!- grita como un poseso y consigue que me encoja. Al ver que no me muevo se acerca y cuando va a tomarme del brazo para empujarme una mano le toma a él por el brazo.

-Si le pones una mano encima se me olvidará que somos familia- un estremecimiento me recorre todo el cuerpo, es él. Emmett…


Estoy ansiosa por saber qué os ha parecido y que opináis, espero que os haya gustado. Muchísimos besos y gracias por el apoyo que siempre me dais.