Capítulo 14. Aquí estoy.

Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación es el corazón materno.

Ernest Bersot


Nostalgia. Si pudiera describir lo que siento al estar rodeada de todo esto, sería nostalgia. No sé porque, pero siento como si, este fuera un lugar agradable, placentero, me siento a gusto aquí.

En bobada, miraba a mi alrededor. Me era un poco imposible creer que estaba en este lugar. Muchos lo han buscado por años y nadie ha logrado siquiera acercarse, si alguna vez fui una investigadora, debería de estar eufórica por haber hecho el descubrimiento del año.

Pero todo aquello se quedaba corto, toda mi atención era llamada por aquel lago de aguas oscuras, era como si me estuviera llamando, jalándome con una fuerza invisible, atrayéndome como a un imán.

Todo parecía tan silencioso. Tan vacío.

–¿Te recuerda a algo? –escuché la voz de Asmodeo borrando toda la tranquilidad.

Me giré hacia él para encararlo.

–¿Por qué nos has traído a este lugar? –pregunté. Me sentía tan impaciente.

–A veces pienso que estas fingiendo. –comentó Asmodeo desplegando sus manos detrás de su cintura en una pose pensativa. –¿No es demasiado obvio? ¿O necesito lanzarte al agua oscura?

Natsu gruñó ante su mal tono. Lo miré, fulminante. Aquel tipo parecía fastidiado por mi comportamiento, de alguna manera el ambiente se volvió más tenso que lo habitual.

–¡Asmodeo, hijo de puta! –tremendo grito que inundó el lugar por completo.

Sin poder evitarlo, los tres giramos la cabeza completamente sorprendidos por la persona que había gritado aquello. Una hermosa chica con cabello rojizo salió de entre las sombras con una expresión sombría en su rostro.

Miraba fulminante hacia Asmodeo, que este al verla, sonrió tímidamente.

Aquella mujer era despampanante, y no había duda alguna que era un completo demonio. Su cabello rojizo mucho más claro que el de Erza, era rizado y era tan largo que casi le llegaba a los pies. Su vestido era, al igual que la ropa de Asmodeo, elegante y de época, un poco más medieval, supongo que los demonios no parecen importarles los siglos que hayan pasado.

Los ojos de la mujer brillaban como serpientes hacia Asmodeo, estaba en una posición expectante, con ambas manos en su cintura.

–¡Lilith, querida! –ronroneó Asmodeo un poco nervioso.

–¡Querida una mierda! –exclamó-gruñó la mujer apretando con fuerza sus dientes. –¡¿Qué se supone que planeas?!

Asmodeo respiró profundamente, sin quitar su postura tensa.

–La aniquilación de todo aquello que es considerado puro, ¿No es lo que querías, madre mía? –preguntó Asmodeo con completa calma.

Caminé con lentitud hasta estar a un lado de Natsu, que parecía tan confundido como yo ante la repentina situación.

Lilith relajó su postura y miró a Asmodeo con una mirada algo relacionada a la que daría una madre a su hijo.

Luego recordé… Lilith era la madre de todos los demonios. Una madre incapaz de dar a luz. La primera esposa de Adán, la que se negó ser sumisa ante el hombre y ante Dios.

Ella era otra serpiente en el nido.

–Oh, Asmodeo. –suspiró Lilith con cansancio. –Siempre tan dedicado a tu trabajo. ¿Y los inútiles de tus hermanos no han hecho nada?

Asmodeo rió entre dientes. Se podía distinguir a leguas quien era el preferido de los siete…

–Sabes que me gusta trabajar solo. –comentó Asmodeo acercándose cada vez a su madre. –Mis hermanos no son de los que les gusta trabajar en equipo.

Lilith tomó el rostro de Asmodeo y lo besó, de repente me sentí como una intrusa, yo no quería estar ahí y por la expresión de incomodidad de Natsu estaba segura que él tampoco.

Comencé a mirar a todos lados en busca de una posible salida. Teníamos que aprovechar este momento en el que ambos se encontraban "ocupados" para poder escapar. Natsu pareció percatarse de mi intento desesperado por encontrar una salida y me ayudó.

De poco a poco, nos fuimos retirando, alejándonos cada vez más de aquel par. Se podía ver una posible salida entre las plantas.

Era ahora o nunca…

Corrimos por la posible salida y todo parecía ir bien hasta que dejé de sentir la mano de Natsu entre la mía. Me giré repentinamente para ver como un extraño tentáculo de oscuridad tenía el tobillo de Natsu aprisionado y lo jalaba de regreso al punto donde habíamos escapados.

Maldije.

Corrí de regreso a él. Aunque me estaba gritando que volviera, que huyera, ignoré sus gritos. No pienso dejarlo solo con esa bola de monstruos. No le han hecho nada solo por mí, de alguna manera, aquellos monstruos me querían viva y, Asmodeo no parecía importarle si le pedía que Natsu siguiera vivo.

Así que… no me importa tener que regresar a esa sucia celda si al menos sé que Natsu estará bien. Sinceramente, no confío en esa tal Amon.

Grata fui mi sorpresa cuando miré a Lilith completamente sola. No había rastro alguno de Asmodeo. Me asusté. ¿Y si estaban planeando un táctica para aniquilarnos? ¿Y si nos trajeron a esta abandonada zona para dejar nuestros cuerpos inertes?

Pero no, la absorbente presencia de Asmodeo no estaba por ningún lado. Al menos, yo no podía sentirla.

Lilith soltó sin delicadeza a Natsu. Este se reincorporó y le gruñó.

Pero Lilith lo estaba ignorando olímpicamente, ella tenía su fría mirada en mí. Aquellos tentáculos sobresalían de su espalda y se movían con sutiliza de un lado a otro tras ella.

–Tú. –dijo Lilith señalándome acusadoramente. –Eres la culpable de todo.

Fruncí el ceño. La miré sin comprender ninguna de sus palabras.

–Lucy Heartfilia. –mencionó mi nombre con repugnancia y frunciendo la lengua. –Debiste morir ese día. Debiste morir como toda tu familia… pero él se encargó de que no fuera así. ¡Oh, pobre de mi hijo! Está siendo engañando por una ramera de ojos oscuros.

Gruñí, apretando los dientes como los puños.

–No tengo ni la menor idea de lo que dice. –comenté con mucho esfuerzo para no gruñir.

–Claro que no. –dijo Lilith con suficiencia, haciéndome cada vez más enojar. –Sabes, desde que te conoció en aquel castillo no ha dejado de hablar de ti. –continuó Lilith caminando hacia mí pasando sobre Natsu que seguía en el suelo. –Ha desarrollado una patética obsesión y me duele, sabes, me duele mucho verlo cuidar con tanta euforia por un ser celestial… alguien que fácilmente podría ser un ángel. –ahora estaba tan cerca de mí que podía sentir su veneno en mi cara. –Si no fuera porque me importa Asmodeo, ya te hubiera despellejado.

Me lo imagino. Pensé. Aquella mujer estaba loca, pero era un demonio, así que ¡Dah! Es obvio.

Aunque quisiera tanto estamparle mi puño en su cara, tenía que resistir, controlar mis impulsos, ser inteligente. Aunque fuera odiosa, seguía siendo un demonio mayor y uno muy poderoso, igual o tal vez más que Asmodeo.

Di un paso atrás. Tragándome todos los insultos que parecían juntarse en mi garganta. Natsu me miró sobre el hombro de Lilith, aun en el suelo, con la mirada seria y fija en Lilith.

Pero de nuevo, ella solo parecía mirarme a mí.

–Todo sería tan fácil si simplemente desaparecieras. –dijo Lilith con un leve tono de amenaza. –Permito que Asmodeo se divierta con las mujeres que él desee, pero son solo un juego estúpido de una sola noche, un capricho. Pero tú… tú eres más que eso. –dijo presionando con enojo su dedo índice en mi hombro. –Te metiste en su piel y más que un capricho, te volviste una meta, una obsesión.

–¿Y se supone que esto es mi culpa? –exigí, ofendida de alguna manera.

Lilith me miró con ira. Sus ojos claros, se volvieron oscuros negro, fundiéndose con el iris, volviendo sus ojos similares a los de un tiburón, provocándome un débil estremecimiento, un poco de pavor.

Aunque había optado por no hacerla enojar, ella parecía más que dispuesta a arrancarme la cabeza.

–Si tú desapareces… todo será mejor…. –murmuró Lilith con voz oscura.

–¿Y crees que Asmodeo te perdonará? –pregunté en mi defensa.

Lilith sonrió con diversión, una diversión mórbida y sádica.

–Es mi hijo, nunca podría odiarme. –comentó con burla. –No por alguien como tú. Lo superará, él es un poderoso demonio. Además, siempre se les puede mentir a los hijos por su bien, él no necesita saber que yo te maté.

Una profunda ira nació en mí. Más que miedo, podría llegar a ser confusión, incredulidad. Me costaba creer que tenía a uno de los más poderosos y reconocidos demonios de la historia. Que uno de ellos me quiere a su lado y el otro me quiere muerta.

Vaya, mi suerte…

Intenté dar un paso atrás, absorta de todo, Lilith se encargó de reducir nuestra distancia de nuevo.

Miré a Natsu con precaución, se había acuclillado con la intensión de atacar si era necesario. Negué con la cabeza lentamente, era una locura, fácilmente lo atraparía con esos extraños tentáculos.

Lilith miró por encima de su rostro para mirar a Natsu, luego de regreso a mí.

–No te preocupes. –dijo con tranquilidad. –Lo mataré a él primero. Así no habrá alguien que se interponga en mi diversión.

Abrí muchos los ojos, sorprendida. Lilith lo notó y sonrió más abiertamente, se giró hasta quedar frente a Natsu y darme la espalda a mí.

Esto no puede terminar así. No sé si pueda soportar la imagen de Natsu perdiendo su brillo de vida.

Deslicé mi mano detrás de mi vestido, yo tomé las llaves a escondidas de los súcubos, sabía que las necesitaría, aunque no fuera lo suficientemente fuerte para vencer a un demonio mayor, estaba segura de que podría ganar tiempo o al menos conseguir una oportunidad para escapar.

Pero, tenía que regresar la atención de Lilith hacia mí.

–¿Hijo? –pregunté con una burla siniestra. –Llamas a esos demonios como tus hijos, cuando no lo son. –Lilith me miró y su mirada estaba sumida en una oscuridad que te hacia estremecer, pero me mantuve firme. –Ninguno lo es. Nunca lo serán, nunca conocerás lo que es tener un bebé en tu vientre y verlo nacer. –el rostro humano de Lilith comenzó a volverse cada vez más demoniaco. –Puta estéril.

De las posibles estupideces que he hecho en mi vida, esta, tal vez, se lleve el primer lugar. Mira que hacer enfurecer, tocar la fibra sensible de la conocida Diosa Oscura, la madre de todo el infierno. De verdad, ¿Tanto me importa la vida de Natsu? ¿Qué fue lo que me hiso para hacer todas estas locuras?

Un gruñido para nada humano salió de Lilith. Retrocedí con torpeza, con llave en mano. El fino rostro de Lilith se volvió escamoso, de una textura como escamas de serpiente, escamas negras que hacían resaltar el rojizo de su cabello, sus ojos se volvieron líneas verticales de color rojo sangre, sus colmillos sobresalían de su boca que pareció hacerse cada vez más grande hasta llegar a sus sienes.

Santa Mierda…

Tragué duro mientras me ponía pálida.

Esta imagen me traería pesadillas…

Guerrero dorado y protector de la Luz, Leo. –recité mientras huía como una loca de aquel demonio. –¡Préstame tu poder!

Lilith logró tomarme de la cintura, la llave brillo en mis manos y sentí el poder recorrerme con fuerza por todo el cuerpo. Un fuerte gruñido sonó y miré una masa rosada atacar a Lilith por la espalda. Me soltó, cayendo con rudeza contra el suelo.

La constelación de Leo ahora está de mi lado. Él más poderoso de mis guerreros.

Mis manos brillaban en una luz dorada mientras me enfrentaba al feroz demonio de aspecto escalofriante. Ella, como era de esperarse, nos mandó a volar en un respiro.

Lilith se giró hacía mí y a una velocidad sobrenatural me tomó entre sus garras por mi cuello, su gran boca se abrió y pude ver su larga lengua morada sisear cerca de mi rostro. Podría arrancarme la cabeza con un mordisco…

–¡Lucy! –un gritó conocido resonó en el lugar, regresándome la luz a mi oscuridad.

El tiempo pareció detenerse y una larga melena roja apareció. Golpeó con fuerza el cuerpo de Lilith dejándome caer fuera de sus sucias garras, Erza vestida con su armadura del cielo, golpeando al demonio como un ángel carmesí.

Sonreí. No todo está perdido.

Todos estaban ahí, Gray, Juvia, Levy, Gajeel, Lisanna, Happy, Mirajane, Elfman… ¡¿Evergreen?!

–¡Chicos! –murmuré, asombrada.

–Perdón por la demora. –dijo Gray.

–¡Gran demora! –exclamó Natsu con una mueca de dolor.

Me ayudó a levantarme del suelo mientras mirábamos a Erza pelear con habilidad.

–Debo ayudarla. –dije rápidamente.

Natsu me detuvo, sujetándome del brazo.

–No solo tú. –dijo con seriedad. –Somos un equipo.

Lilith pegó un fuerte alarido que hiso temblar todo. El llanto de una madre en apuros. Pensé.

Una horda de pequeños demonios de diversos aspectos salía de las sombras con intención de ayudar a Lilith.

–Joder…. –maldijo Gray.

–Ugh… estas cosas son repugnantes. –gruñó Evergreen mientras extendía sus alas y volaba.

–¿Qué esperan? –preguntó Natsu poniéndose en guardia. –¡A pelear!

Erza no iba a poder pelear sola con aquel demonio, un horrible presentimiento me invadió. Quería ayudarla. Peleé junto a mis compañeros contra aquellos pequeños pero poderosos demonios en un intento de abrirme paso hasta Erza.

Por más que nos deshacíamos de estas pequeñas bestias, más aparecía, todos peleaban espalda con espalda. Happy revoloteaba junto a Charle sin perder de vista a Natsu, Lisanna o a Wendy.

–¡Mierda! –gruñó Natsu cuando llegué a su lado. –¿De dónde salen tantos?

–¿Ahm…? ¿Del infierno, quizás? –contestó Gajeel con sarcasmo.

–No es momento para sarcasmo. –gruñó Gray. –Nunca vamos a terminar si seguimos de esta manera.

–¿Qué planeas, mariposita? –preguntó Natsu, fastidiado.

Gray ignoró su comentario mientras pensaba.

–Hay una forma. –dije rápidamente. –La lluvia de las mil flechas.

Todos me miraron de reojo sin comprender. Natsu, Lisanna y todos los were-wolf sonrieron.

–Adelante, lúcete. –dijo Natsu.

–¿Qué es eso? ¿Un hechizo? –preguntó Levy con curiosidad.

Saqué la llave de sagitario.

Guerrero de madera y hierro, con tu arco nos protegerás de la oscuridad, Sagitario. –recité llamando la atención de varios demonios. –Préstame tu poder.

La pequeña llave se convirtió en un glorioso arco platinado, estire la cuerda hacia atrás reflejando una larga flecha de luz pura, apunté al cielo y disparé.

Un gran pentagrama mágico iluminó el techo sobre nosotros, dejando precipitarse una lluvia inmensa de flechas de luz, eliminando a nuestros enemigos en un abrir y cerrar de ojos.

Gajeel chifló.

–Hubiera hecho eso desde un principio, coneja. –bromeó Gajeel.

–Woah… ¿Cómo esas… flechas no nos lastimaron? –preguntó Gray, confundido. –Somos medio demonios ¿No?

–Yo decido a quien eliminar. –contesté bajando el arco. –Las flechas apuntan a donde yo quiero.

–¡Magnifico! –exclamó Evergreen aplaudiendo. –Tan hermoso, no se esperaba menos de un ser celestial.

Ser celestial… ¿Por qué todo el mundo me llamaba así?

–Hay que ayudar a Erza.

Caminé hacia ellas, ignorando los comentarios de advertencia y negación de las personas detrás de mí. Mientras caminaba apunté una flecha hacia la cabeza de Lilith. Pero ella pareció notarlo, tomó a Erza de la cintura y la lanzó hacia mí.

Solté mi arco mientras caímos al suelo, este se deslizo a vario metros alejado. Erza se reincorporó rápidamente.

Lilith rió con diversión. Levanté la mirada, ella estaba tan cerca de nosotros, unos de sus tentáculos se volvió filoso como una cuchilla negra e iba directo a Erza.

Mi primera reacción fue atrapar el aire en mis pulmones, luego empujar a Erza a un lado, pero no tuve el tiempo suficiente para lograr salir del campo de apunte.

La fría cuchilla penetró con fuerza mi pecho, dejándome sentí un frió vacío y un dolor agudo.

Este golpe hubiera matado a cualquier humano en un instante, mientras que yo seguía mirando aquel tentáculo con incredulidad. Incluso, había una pequeña, minúscula posibilidad que el humano sobreviviera, pero se depravaría o corrompería al instante, ser herido por un demonio mayor causa una depravación inmediata.

Pero yo seguía ahí. O tal vez no.

Había sangre. Sangre roja escurriéndose, cayendo al suelo mientras era levantada por el tentáculo de Lilith, en su rostro había una sonrisa de felicidad, de orgullo, ella había logrado su cometido.

Más sangre, todo se volvía borroso. Oscuro. Frio. Me estaba muriendo. Yo no era un ser celestial, un ser celestial no se supone que muera ¿O sí? Un ser celestial era un guerrero nato, una persona inteligente y poderosa… yo no era eso. Ya no.

Una fuerte risa inundó por ultimo mis oídos.

–¡La ultima princesa ha muerto! –gritó Lilith con euforia.

Ah, ¿Se refiere a mí?

Fui lanzada, esperé el golpe contra el suelo, pero nunca sucedió. Mis oídos se llenaron de agua. Agua tibia contra mi fría piel pálida. Podía sentirme flotar contra el agua oscura.

Todo se volvió real.

...

–Así que… ¿Cómo son los humanos, Loke? –pregunté llena de curiosidad.

Entrenar con Loke era lo mejor. Él es un guerrero muy poderoso, el domador de las bestias, la pesadilla de los demonios y muchas cosas más. Su brillante armadura dorada era preciosa y resaltaba su cabello anaranjado como la melena de un león.

Mamá había dicho que, a pesar de ser una princesa, debía aprender a defenderme.

–Pues ellos son… muy torpes. –dijo Loke mientras esquivaba con maestría mis golpes. –Muy ingenuos, muy orgullosos…

–¿Cómo? –pregunté jadeando un poco. –¿Tan malos son?

Loke me esquivó haciendo que perdiera mi equilibrio y cayera. Bufé contra el suelo, sus fuertes manos me levantaron con rapidez y sin ningún problema.

Había una expresión de seriedad en su rostro. Lo miré con curiosidad.

–Escúchame, Lucy. –dijo poniendo ambas manos en cada hombro. –Los humanos pueden llegar a ser malos, como buenos ¿Comprendes?

–No mucho.

Loke sonrió.

–Algunos humanos están tentados por los demonios. –prosiguió Loke. –Tú sabes muy bien que los demonios se divierten haciendo sufrir a todos.

–¿No deberíamos ayudar a los humanos a luchas contra los demonios? –pregunté.

–Ellos deben luchar contra la tentación. –contestó. –Pero sí, los ayudamos contra los demonios. Ellos son muy imaginativos, ¿Sabes? Muy talentosos también.

Fascinada le puse más atención.

–Dios les enseñó el arte y la música. –comentó Loke. –Y ellos han creado bellezas visuales y preciosa música que te hace tararear.

–Nee~ Loke. –lo llamé. –¿Algún día me llevaras a conocer el mundo humano?

Loke no parecía muy de acuerdo con aquella idea.

–Primero tienes que ser capaz de vencerme. –dijo riendo.

–¡¿Eeehhh?! –exclamé. –¡Nunca saldré de aquí!

Loke rió más fuerte mientras revolvía mi cabello con su mano.

–¡Lucy! –llamó una mujer.

Giré mi rostro. De pronto… ya no me encontraba con Loke, estaba recostada en la fina hierba dorada de un gran claro. La delicada hierba dorada como el oro se frotaba contra mi piel haciéndome cosquillas, pero no quería levantarme, había algo en este lugar que me era tan reconfortante. El dulce viento soplaba en perfecta armonía.

–¡Lucy~! –la misma agradable voz me llamaba, pero no quería abrir mis ojos, no aun. Una tímida risa. –Luuuucy.

Algo golpeaba la punta de mi nariz.

Abrí los ojos con lentitud, permitiendo que mis ojos se acostumbraran al gran brillo del lugar. Poco a poco el rostro de una mujer se fue aclarando en mi vista. Era una mujer muy hermosa, cabello largo y rubio, como el mío, ojos profundos achocolatados, pero había algo diferente, el rostro de aquella mujer reflejaba sabiduría y años de experiencia.

Me levanté, repentinamente. Girándome para mirar a mi alrededor. No estaba nadie, solo aquella mujer y yo. Mi corazón comenzó a palpitar con rapidez.

El claro parecía infinito a nuestro alrededor. La mujer frente a mí me miraba con curiosidad y con una amble sonrisa en su rostro. Estaba a cuclillas sosteniendo el libro celestial.

Su mano fue hacia mi rostro, tocándome con completa delicadeza, cerré los ojos dejando sentir aquel toque único.

–¿Una pesadilla, mi pequeña? –preguntó la mujer con cariño y amor. –Despertaste agitada.

–¿Mamá…?

–Aquí estoy, cielo.