Haikyuu! Pertenece a Furudate Haruichi
Desmoronamiento
Capítulo 14: Decay
Los pulsos acelerados de su corazón le impedían escuchar las voces de su alrededor, voces confusas que gritaban cosas que no llegaba a comprender. Su cuerpo temblaba, no sabía si por el frio, por el cansancio o por el terror que recorría toda su alma en aquellos instantes. El estrés de la situación le oprimía el cuerpo y sentía como si algo le estrangulara desde las entrañas, un nudo en la garganta no le dejaba respirar, y su cuerpo temblaba estrepitosamente, había experimentado algo parecido antes pero no sabía si en tales extremos. Estaba acorralado, no tenía salida, todos sus esfuerzos para mantener su vida un poco en pie se estaban desmoronando poco a poco. ¿Qué debía hacer? Nada tenía solución ahora, aquel callejón por el que había estado corriendo todo este tiempo, escapando de aquel trauma que le perseguía resultaba que no tenía salida. Había intentado escalar por aquel muro que le impedía continuar su camino, pero una y otra vez caía al suelo, cuanto más alto subiese veía más cerca la solución de todo, una pequeña luz al final del camino, pero algo siempre le hacía resbalar. Y caer.
-¿¡Hinata que sucede!? ¡Despierta! –Aquella voz sonaba desesperada.
Había voces muy difusas y solo lograba comprender algunas.
-¡Shouyou! Qué demonios está pasando aquí –aquella voz también sonaba desesperada.
¿Qué estaba sucediendo?
Tampoco es que le importase, por una vez en mucho tiempo sentía como si flotara en una nube, su cuerpo se sentía ligero y su mente estaba despejada…
-Hina…ta por favor.
Esa voz le sonaba, pero nunca la había escuchado con ese tono, era tranquilizadora y suave como si después fuera a soltar un grito desgarrador. Aquella voz. Claro que la conocía era de la persona de la que estaba enamorado al fin y al cabo… como olvidarla. Por su culpa estaba sufriendo él también, siempre le llamaba egoísta pero en esos momentos seguramente no había persona más egoísta que él mismo.
Mentir, llorar, gritar y amar.
¿Se merece una persona como él? Quizás solo debería quedarse así… las voces que súbitamente se oían eran lo único que hacía de aquel sentimiento algo molesto.
Mentir, llorar, gritar y amar.
¿Sería egoísta no despertar ahora? Las voces iban siendo menos audibles poco a poco y su cuerpo se sentía vacío y ligero. No sabía cómo había llegado a esta situación pero de algún modo no le incomodaba.
El muro que siempre le impedía avanzar se iba haciendo más alto, ¿de verdad valía la pena esforzarse por algo sabiendo que caerás de todos modos antes de alcanzar la cima?
Estaba cansado así que simplemente cerró los ojos y se dejó caer.
¿Cómo será la vista desde el otro lado del muro?
-Su hijo ha sufrido un ataque de pánico, por el momento lo dejaremos en observación para ver si no hay secuelas psicológicas –el hombre hizo click al bolígrafo y volvió a meterlo en el bolsillo después de anotar unas cuantas cosas en una pequeña carpeta.
Hinata se encontraba descansando sobre una amplia cama en mitad de la sala, a su alrededor pequeñas máquinas emitían ruidos de vez en cuando haciendo que el silencio que cubría la habitación fuera más incómodo.
Todo había sido tan rápido que ninguno de los allí presentes comprendía la situación. Después de que Shouyou echara a correr sin dirección, huyendo posiblemente de algo, la madre de Kageyama apareció logrando capturar al pequeño antes de que se fuera más lejos. Y a partir de ahí el caos comenzó.
-¿Saben si ha sufrido algún tipo de situación traumática recientemente?
La mujer negó con la cabeza.
-Los ataques de pánico se desencadenan por una situación de la que el sujeto desea escapar. Este tipo de crisis son una muy terrible experiencia; puede producir en la persona una restricción de conducta y adoptar una conducta limitativa para evitar así que se produzca de nuevo la crisis. No me explico como un simple muchacho de quince años haya podido sufrir este tipo de ataque.
-Nosotros tampoco –dijo secamente la mujer.
El doctor se colocó las gafas y salió de la sala haciendo una breve reverencia a los presentes de la habitación antes de irse.
Inmediatamente después dos personas más entraron en la sala al ver que el médico abandonaba ésta, la mujer y el chico contemplaban angustiados la escena de la familia. La madre de Hinata permanecía sentada al lado de Shouyou con una débil sonrisa en su rostro mientras acariciaba su mejilla con ternura, su padre se encontraba sentado en una silla en la pared contraria a la que estaba el pelirrojo, observando con los brazos cruzados toda la situación esperando en cualquier momento una explicación coherente.
-¿Y Natsu? –murmuró Kageyama para romper aquel silencio incómodo.
-Está en la planta infantil con los demás niños –dijo el hombre con voz ronca.
El silencio se estableció de nuevo.
Kageyama apretó los puños dirigiendo una rápida mirada a Hinata antes de volver la vista hacia la madre de éste. Su propia madre al ver la expresión de su hijo dio un pequeño suspiró y le colocó la mano en el hombro para darle fuerzas y apoyo.
-Hina… no –se retractó de sus palabras –Shouyou ha estado siendo acosado… no conozco el tiempo exacto, pero ha sido aproximadamente desde hace una semana –dijo Kageyama.
La señora Hinata se recostó contra su silla.
-Sabía que algo estaba ocurriendo, pero nunca me imaginaba que fuera esto, Shouyou siempre ha sido un chico muy extrovertido, es fácil leer sus acciones y pensamientos pero esta vez… creo que es la primera vez que no he llegado a comprender a mi propio hijo y ni siquiera he podido brindarle un apoyo ni fuerzas para superarlo –unas pequeñas lágrimas asomaban de sus ojos –que madre más desastrosa soy…
El hombre le dirigió una mirada seria pero con preocupación. Kageyama dio un paso adelante.
-Eso no es verdad… Shouyou es el que ha estado ocultándoos todo –miró hacia abajo inseguro –no soy quien más le comprende en estos momentos, pero llevo ayudándolo en todo este lio desde el tiempo suficiente para darme cuenta de que solo lo ocultaba para no preocuparos.
La madre de Kageyama le dio un tirón en el hombro a su hijo haciendo que se colocara detrás de ella.
-Actualmente soy yo la que lleva el caso de su hijo –la madre del pelirrojo miró a la otra mujer con un brillo en sus ojos –soy una de las dirigentes del bufete de abogados de Sendai y la madre de este chico que es amigo del suyo. Shouyou-kun se pondrá bien se lo aseguro, mis hilos y ayudantes han empezado a mover a la gente que está relacionada con todo esta situación, ese chico posiblemente junto con mi hijo han pensado todo este tiempo que habían estado solos en todo este lio, pero no. Compañeros de clase, amigos, compañeros del club, profesores… todos están dando su máximo rendimiento para dar fin a estos sucesos. Todo está organizado solo necesitamos que funcione y para ello pedimos su expresa colaboración como padres y tutores de Shouyou-kun.
Kageyama, mientras su madre hablaba miraba de reojo al pequeño chico que se hallaba tendido sobre la gran cama blanca, parecía un ángel durmiendo, en paz, sin preocupaciones, como si nada hubiera pasado. Aquello iba a cambiar por fin, la gente les apoyaba, después de todo aquello podría volver a ver a Hinata, a su Hinata, sonreír de aquel modo que tanto le gustaba.
Su corazón latió con fuerza, podrían ser felices juntos.
-Pero a mi hijo no solo lo acosaban ¿verdad? –preguntó la madre levantándose de su silla después de oír el discurso de la señora Kageyama.
Kageyama apretó los puños, este sería el peor momento, decir a sus padres lo que más le aterraba, la causa por la cual había terminado durmiendo pacíficamente sobre aquella cama de hospital.
-Shouyou-kun también fue… agredido sexualmente –intentó decir lo más rápido y claramente posible la mujer.
Ambos padres se llevaron una mano al rostro volviendo su mirada hacia el pelirrojo.
-Entonces las marcas son… -Kageyama interrumpió antes de dejarla continuar.
-Cuando lleve a Shouyou aquella vez a su casa diciendo que había tenido una mala caída en realidad… -tragó saliva por el amargo recuerdo –lo acababa de encontrar después de que ese desalmado le pegase una paliza y lo violase… n-no sabía qué hacer ni a quién acudir tenía miedo y eso me impidió contarles la verdad, también sabía que si lo hacía de algún modo… él me acabaría odiando… tiene demasiado miedo a que la gente conozca la situación en la que se encuentra.
La madre del pelirrojo lo miró con una suave sonrisa en sus labios antes de acercarse lentamente y posar su mano en la cabeza del chico.
-Gracias por ayudar a nuestro niño. Si no hubiera sido por ti… a saber qué habría pasado. Shouyou tiene mucha confianza en sí mismo pero a veces necesita a una persona que le ayude o apoye porque si no se derrumba. Es un chico muy fuerte pero estoy segura que no habría podido soportar todo esto sin ti –pasó su mano al hombro del moreno ofreciéndole una sonrisa parecida a la de su hijo –ahora dejad que los adultos nos encarguemos de todo, vosotros habéis tenido suficiente.
La madre de Hinata inmediatamente miró a la otra mujer. Ambas se entendieron con la mirada y salieron de la habitación para seguir conversando sobre todo el papeleo.
-Esta ya es la segunda vez –musitó el hombre de pelo cobrizo.
Kageyama asintió.
-No se lo he dicho a mi mujer para no preocuparla pero aquella noche el día en el que lo trajiste a casa Shouyou gritaba cosas… -Kageyama parpadeó confuso.
-¿Cosas? –el hombre movió la cabeza mirándolo a los ojos.
-Aquella vez te dije que había sido un episodio de pánico pero viendo la situación en la que nos encontramos diría que aquello solo fue una leve pesadilla –posando sus grandes manos en las rodillas se levantó de la silla metiendo a continuación las manos en los bolsillos del pantalón para observar a su hijo.
-Está muy asustado. Y la verdad es que me siento culpable por lo que paso aquella vez, posiblemente nunca me lo perdone, vi a ese chico y mi cuerpo se movió solo, no pensé que fuera a ser más fuerte que yo… y por mi culpa consiguió llevarse a Shouyou y hacer lo que quisiera con él – el moreno apretó los puños.
-¿Te sentirías mejor si no hubieras hecho nada? –los ojos verdosos del hombre se clavaron en los azules de Kageyama.
-No.
-Pues entonces hiciste lo correcto.
Tobio agachó la cabeza mordiéndose el labio inferior.
-Gracias.
El señor Hinata sonrió durante un segundo sacando sus manos de los bolsillos y volviéndose hacia la silla donde estaba sentado antes, cogiendo una chaqueta que estaba colocada en el respaldo.
-Iré a ver Natsu, seguramente despierte dentro de poco –le miró de nuevo intensamente –Quédate con él.
Kageyama asintió viendo cómo se alejaba por la puerta aquel hombre que le resultaba tan increíble y que resultaba ser el padre de su amante.
-El miedo nos ha hecho cegarnos Hinata… la solución estaba tan cerca pero… -alguien le interrumpió.
-No me arrepiento –dijo una suave voz –no me arrepentiré de mis acciones…
-¿Cuánto llevas despierto, Hinata?
No dijo nada.
El más alto se fue acercando lentamente a la cama hasta sentarse en la silla que anteriormente fue ocupada por la madre del pelirrojo.
-¿Sabes? Por primera vez en mi vida he tenido la sensación de que iba a morir… por más que huyera Kai y todo lo que me hacía sentir me perseguían y yo acababa acorralado contra una pared sin escapatoria. Es la primera vez que he sentido tanto miedo por mi vida… y lo peor de todo es que tu no estabas ahí conmigo –le miró con sus ojos color caramelo.
Kageyama lo miraba apenado desde su sitio observando un tubo que lo conectaba a una máquina y medía su pulso cardiaco.
-Todo se va a solucionar.
-Kageyama –buscó su mano con la de su colocador entrelazando los dedos.
Se miraron a los ojos.
-Gracias por estar siempre a mi lado –apretó el agarre.
-Gracias por aparecer en mi vida –respondió el otro.
-Gracias por quererme a pesar de todo.
Se acercaron lentamente el uno al otro haciendo la proximidad cada vez menor hasta que sus dos frentes se juntaron y cerraron los ojos.
-Te quiero, antes, ahora y para toda la eternidad –confesó el más alto.
Hinata sonrió dulcemente después de tanto tiempo. Sin duda la persona que le ayudaría a escalar ese muro que bloqueaba su camino en aquellos momentos seria Tobio, ya lo hizo una vez y esta vez seria para que ambos permanecieran juntos, felices al otro lado.
Kageyama movió su mano libre pasando sus dedos con cariño por la mejilla de Hinata, hasta que acercándose más lentamente fundió de nuevo sus labios en los de su compañero en un tierno beso que cautivo a ambos. Solo fue un roce de labios pero ambos notaban como sus cuerpos se estremecían ante esa cálida sensación que llenaba su interior. La mano que estaba sobre la mejilla del pelirrojo pasó hacia la parte trasera de su cabeza haciendo así que los anaranjados mechones se entrelazaran en sus dedos. El beso era lento pero apasionado ninguno de los dos quería emocionarse y llegar a más, solo deseaban disfrutar el uno del otro a través de ese simple gesto.
Después de unos segundos ambos se separaron lentamente abriendo los ojos para observar el rostro de su compañero.
-Cuando todo termine confiésame tus sentimientos.
Hinata asintió.
Esta es la vista desde la cima
La cafetería del hospital estaba llena y un montón de gente ajetreada corría por ella, las enfermeras y familiares que estaban por allí paseaban con sus cafés de un lado a otro, impacientes. Las dos mujeres se habían sentado en una pequeña mesa recogida del barullo de la sala, donde podrían conversar tranquilamente sobre el tema que afectaba a sus dos hijos.
Primero la madre de Kageyama le contó todo lo que sabía sobre el caso de ambos muchachos, lo hizo lentamente poniendo la máxima delicadeza en los temas de mayor importancia para no sobresaltar o asustar a la otra mujer. Una vez terminada la charla colocó sus archivos encima de la mesa, en ellos había un montón de papeles con nombres y listados, posiblemente del instituto de sus hijos.
-Según me ha dicho Tobio ese chico se llamaba Fushimita Kai es un alumno de tercero transferido de Hokkaido.
La madre de Hinata observaba el papel que le había dado la otra mujer con los datos del chico.
-Fushimita… Kai –apretó el papel con rabia –este es el desgraciado que le ha hecho eso a mi hijo…
-Si… y lo peor es su expediente, al parecer ha sido transferido de instituto más de cuatro veces en dos cursos, no sé cuál es exactamente su objetivo sabiendo que tiene todas las de perder. Puede que sea simple capricho o que tenga una razón más lógica –suspiró sacando algunos papeles más de la carpeta.
-Nadie podría tener una razón lógica para hacerle esto a un chico indefenso de quince años.
La otra mujer la miró con tristeza, no podía comprender el dolor por el que estaba pasando tras enterarse de esa noticia, pero sabía que como profesional debía apoyarla moralmente para sacar a delante el caso.
-Hay otro dato interesante; en Karasuno todos los casos que son de este tipo, que se conozcan claro, han sido realizados a una sola clase en particular, la clase uno de primero. Siendo atacados también, chicos con características parecidas.
-¿Quieres decir que igual no hay un motivo por el cual Shouyou haya sido acosado física y sexualmente?
La abogada asintió leyendo otra hoja.
-También parece ser que tiene ayudantes por así decirlo, alumnos que colaboran secretamente con él por algún motivo o recompensa y que logran llevar a los chicos que son acosados hasta él sin que ellos mismos sean conscientes. Esta chica –le entregó otra hoja –Kitamori Junko. Aparentemente no tiene ningún motivo por el cual ser cómplice con Kai.
La madre del pelirrojo observó bien la foto que había en la ficha de Junko
-Esta chica es la que nos vino a avisar de que a Shouyou le estaban dando una paliza… ¿¡Eso significa que el otro chico también estaba por esa zona no!? –dijo alterada.
-Es lo más probable. Y algo me dice que esos dos no nos han dicho todo lo ocurrido. Kai no tendría razón para ir allí sabiendo lo que nos han contado.
-¿Quieres decir que mienten? –preguntó algo más calmada.
-No, más bien, que hay algo en concreto de toda esta historia que no quieren que sepamos. Si lo decimos de una forma algo más sencilla se podría decir que este caso tiene dos partes, la que nos han contado los chicos que es la verdaderamente grave y luego una secundaria que debe ser una rama que ha surgido a causa de todo esto –se colocó las gafas fijando su mirada en la otra mujer.
La señora Hinata miró a su taza de café tomando un sorbo a continuación.
-Si a estas alturas no nos lo han contado es porque no es importante.
La abogada la miró estupefacta por sus palabras.
-¿Qué quieres decir?
-Venga, tú también has sido adolescente, seguro que había cosas que no querías que supieran tus padres y en realidad no eran cosas malas –la otra mujer soltó una pequeña risa y se quitó las gafas.
-Tienes razón.
La madre del moreno sentía algo de envidia de aquella mujer, conocía a sus hijos como la palma de su mano, a diferencia de ella. Pocas veces había tenido una conversación seria con su hijo o simplemente había pasado más de una semana con él en casa. Deseaba conocer más a su hijo y sentía que este caso lo haría posible.
-Entonces, empecemos con el plan. Tengo una idea en mente, igual no es la que más te pueda convencer a ti como madre, pero es el único modo que tenemos para pillar infraganti a ese chico, de otro modo no lograremos alejarlo de Shouyou –esto hizo que la madre se respigara un poco.
-¿De qué se trata?
-Un cebo, usaremos a Shouyou como señuelo y en ese momento antes de que nada ocurra los profesionales actuaremos y pillaremos a ese chico con las manos en la masa, y tendremos una prueba irrefutable –la madre del pelirrojo dio otro sorbo al café.
-¿La seguridad de Shouyou está asegurada?
-Complemente.
Ambas se sonrieron y guardaron todas sus cosas antes de levantarse de la mesa y volver a la habitación donde estaban los dos chicos.
En cambio ellos dos ya no se encontraban allí.
No sabían si había sido buena idea pero pidieron permiso al doctor para desconectar a Hinata de la máquina y subir a la azotea para que les diera el aire fresco de invierno.
El pelirrojo emocionado salió corriendo de la habitación sin llegar a ponerse una chaqueta o algo de abrigo, Kageyama suspiró y lo siguió de una carrera esquivando a los enfermeros y pacientes de la planta hasta llegar a la escalera. Estaban en la última planta por lo que en seguida llegaron a la azotea. En ella las sabanas recién lavadas y los pequeños tiestos con flores le daban un aspecto pacífico y tranquilo.
-Esta es la primera vez que subo a la azotea de un hospital –dijo Hinata animadamente.
-¿No deberías alegrarte por ello?
El pelirrojo le hizo un puchero y corrió hacia un banco que miraba hacia el exterior del edificio, estaba empezando el mes de diciembre por lo que ya empezaba a hacer algo de frio y Hinata, vestido solo con la ropa del hospital empezó a temblar.
Kageyama lo vio.
-Vas a coger un resfriado idiota –se quitó su propia chaqueta y la tiró encima de los hombros de Hinata mientras él mismo se sentaba a su lado en el banco.
-Ya te tengo a ti para darme calor –soltó una risa pícara acurrucándose contra Kageyama y apoyando su cabeza en su hombro.
Kageyama solo pudo mirar a otro lado con las mejillas parcialmente sonrojadas por aquellas palabras.
-Siento haberte asustado de este modo… -el moreno lo volvió a mirar –no era mi intención preocuparos a todos de esta manera.
Tobio pasó su brazo alrededor del cuello de Hinata haciendo que permaneciera más cerca de él.
-Lo sé, pero lo hecho, hecho está.
-¿Ya lo saben? –preguntó entre dientes el pelirrojo.
-Sí –aquella respuesta hizo que su estómago se revolviese –pero ahora mismo es mejor que no pienses en eso, ya has tenido suficiente por hoy.
Hinata se encogió en su sitio agarrando con sus manos la chaqueta de Kageyama y colocándosela más cómodamente sobre los hombros. Sin pensarlo, cerró los ojos disfrutando de aquellos momentos de paz que tenía después de tanto tiempo. Ellos dos solos, acurrucados, compartiendo esos instantes juntos… Hinata solo podía sonreír tontamente por aquella felicidad que invadía su cuerpo repentinamente.
-Por cierto… oí mal ¿o me llamaste por mi nombre cuando estabais hablando entre vosotros en la habitación? –las mejillas de Kageyama se tiñeron de rojo al instante separándose de él por reflejo.
-¡P-por supuesto que no idiota! No digas tonterías.
Hinata lo miró maliciosamente riéndose entre dientes.
-Si lo hiciste que lo oí, venga llámame Shouyou.
-No.
-¿Por qué nooo? –se quejó inflando los mofletes.
-Porque no.
-Kageyama-kun es un tacaño. Que te cuesta. ¿Un beso? Si lo dices te daré uno.
El colocador lo miró de reojo con los brazos cruzados. Ese chico le conocía demasiado bien. Cerró los ojos y con el rostro en un tono carmín pronunció:
-S-Shouyou… -musitó con vergüenza.
-No te he oidoo dilo más alto T~o~b~i~o -rió con malicia.
-Shouyou… -dijo más claramente.
Hinata se levantó automáticamente del banco al oír su nombre y se lanzó a sus brazos haciendo que ambos cayeran al suelo terminando el pelirrojo encima del moreno riéndose a carcajadas. Kageyama podría enfadarse pero al oír aquellas carcajadas solo pudo reír y soltar un pequeño bufido de la risa.
-Así me gusta –se abalanzó sobre el chico que tenía debajo besándolo como había prometido.
-Idiota.
Capítulo 14 fin
Igual no lo he dejado muy claro pero aquello que ocultan Hinata y Kageyama es solo su romance nada más. No penséis cosas raras.
Y en Japón es de mala educación, por así decirlo, llamar a un amigo tuyo por su apellido mientras sus padres están delante. Es por ello que Kageyama lo llamaba Shouyou.
Por lo demás. Feliz cumpleaños Hinata!
