El pecho de Link subía y bajaba con rapidez. Sentía que el corazón le iba a estallar en cualquier momento al sentir le espalda de Zelda sobre él y ver que dejaba caer su cuerpo contra el suyo, totalmente hechizada por lo que estaba viendo en aquellos instantes. Aun así, no había dejado de rodearla con sus brazos ni había apartado las manos de encima de las suyas. En aquellos momentos, mientras Zelda contemplaba, maravillada, la cascada que surgía de lo más alto de aquella parte del bosque de Farone y cómo los árboles se abrían para mostrar la belleza del tímido arcoíris que se filtraba a través del agua, Link se concentraba en no gemir de satisfacción. Lo cierto era que en ningún momento había pensado que Zelda acabara encima de él, pero tampoco iba a quejarse. Estaba claro que el plan improvisado había salido bien y ver los ojos azules brillantes de Zelda estudiándolo todo era recompensa más que suficiente.
Link agachó la cabeza y la dejó a la altura de la Zelda.
-¿Quieres verlo de cerca?-le susurró, nervioso.
Zelda se giró para verle mejor y se encontró con la boca de Link a menos de cinco centímetros de la suya. Inevitablemente, sus ojos se quedaron fijos en aquella parte del rostro de Link durante unos segundos.
-¿Quieres?-insistió Link, divertido, al ver que no reaccionaba.
La voz de Link trajo a Zelda de vuelta a la tierra y le hizo asentir con demasiada fuerza. Link rio por lo bajo y se señaló a ambos.
-Zelda.
-Dime-dijo la joven, azorada, sin poder dejar de mirar cada detalle del rostro fino de Link.
-No puedo bajar contigo encima.
-¿Qué? Oh-exclamó Zelda al darse cuenta de la posición en la que se encontraban sobre Epona- Claro, perdona.
Link estuvo a punto de contestar, pero decidió morderse la lengua. Zelda se echó hacia adelante y esperó a que Link bajara. Una vez abajo, él levantó los brazos y Zelda pasó la pierna izquierda por encima del cuello de Epona. Se mordió el labio inferior y saltó…, con tan mala suerte que Link no se esperaba aquello y ambos cayeron al suelo rodando. Zelda acabó sobre el cuerpo de Link, que se enderezó sobre los codos y se quedó mirándola con una ceja alzada y una medio sonrisa divertida.
-La próxima vez no pienso recogerte-bromeó Link, apartándole una hoja del pelo a Zelda.
-Oh, Dios, lo siento-musitó Zelda, desviando la mirada y deseando por dentro que la tierra se la tragase; estaba claro que la presencia cercana de Link la ponía nerviosa y la volvía torpe.
-No te preocupes, pero Zelda-la joven se atrevió a mirarle a través de las pestañas-, estás otra vez encima de mí.
-¿¡Cómo!?-Zelda bajó la mirada y vio que estaba, literalmente, sentada sobre las caderas de Link, con ambas piernas abiertas y el pecho sobre el del muchacho- Ay, Dios… Perdón...-murmuró, cohibida y abochornada.
-Oye, no hace falta que pidas perdón por todo. Ha sido un accidente.
-Lo siento, soy muy torpe-repitió, diciendo en voz alta lo que había pensado momentos antes.
-Seguro que no tanto-replicó Link, poniéndose en pie de un salto y sacudiéndose la hierba. Por suerte, la camisa de lino blanco seguía impoluta.
-Eso es porque no me has visto en el día a día-repuso Zelda, aceptando la mano que Link le ofrecía y poniéndose en pie para arreglarse la ropa.
-Eso ya lo hago.
Zelda alzó una ceja y retiró la mano que Link aún le sostenía.
-No me refería al instituto, listillo. Me refería a mi casa. Me prohibieron el paso a la cocina cuando tenía tres años-Link frunció el ceño y ladeó la cabeza, extrañado-. Chocaba contra los vasos y las copas, incluso aunque estuvieran en lugares a los que era imposible que pudiera llegar.
»Y en las clases de educación física me aprobaban por pena-añadió Zelda, sacándole una sonrisa a Link-. Cada vez que intentaba participar en algún juego, o le estampaba la pelota a alguien o era yo quien acababa con un chichón en la cabeza-Link rio, negando con la cabeza-. Solo hay un deporte que se me dé bien y no es algo que pueda hacer todos los días.
-¿En serio? ¿Cuál?
Zelda se mordió el labio inferior de nuevo, dubitativa. ¿Estaría hablando demasiado de sí misma? Sin embargo, la parte que últimamente estaba apareciendo más de lo normal la impulsó a responder, aunque no sin cierta reticencia.
-Tiro con arco-respondió con un murmullo.
-Guau, es genial-dijo Link con admiración-. Y, oye, ¿por qué hablas tan bajito?
Zelda se encogió de hombros para evitar responder. Link lo interpretó como que no sabía por qué lo había hecho y sonrió.
-Bueno, ¿quieres acercarte a la cascada o te vas a quedar aquí?-propuso, andando hacia atrás en dirección a la cascada y su pequeño lago.
Zelda esbozó una pequeña sonrisa y asintió. Siguió a Link hasta la orilla del lago y vio que el agua que bajaba a borbotones por la cascada era pura, cristalina y tan transparente que podía ver el fondo desde su posición. No había ni una sola alga, tan solo grandes piedras y arena.
-Es increíble-dijo Zelda con un suspiro-. ¿De dónde sale esta agua tan clara?
Link se encogió de hombros.
-Ni idea. Descubrí este sitio la primera vez que monté a Epona y desde entonces ha sido nuestro escondrijo secreto-Zelda le miró inmediatamente, sorprendida; Link se quedó mirándola fijamente-. Ahora, tú también puedes venir aquí siempre que te apetezca.
-¿Por qué me lo has enseñado?-quiso saber Zelda, emocionada.
Link dudó un momento.
-Tal vez…-comenzó a decir sin estar seguro sobre si debía soltarlo o no- Tal vez sea porque confío en ti y…
Zelda vio que no se atrevía a terminar la frase y le cogió las manos con la intención de animarle a que siguiera hablando. Lo que no supo fue que eso puso a Link más nervioso todavía.
-¿Y?-susurró Zelda con un hilo de voz, expectante.
Entonces, Link la miró a los ojos y vio en ellos aquella dulzura que tanto le había cautivado desde el primer momento. Tragó saliva y se acercó un poco a ella, estrechando entre sus manos las de ella. Zelda tuvo que torcer un poco más el cuello para poder mirarle a la cara. Sus pechos casi se tocaban y podían sentir de nuevo el aliento del otro sobre la piel. Zelda abrió la boca inconscientemente para absorber un poco más de aquel olor almizclado. Link no podía ver más allá de sus ojos y de su boca, entreabierta, con la lengua paseándose por aquellos labios que le incitaban a besarlos.
Necesitaba saber qué sentiría al probarlos. Necesitaba comprobar que lo que estaba sintiendo en aquellos momentos no era un capricho, el simple deseo de besar a una chica realmente guapa, intrigante y dulce al mismo tiempo. Vacilante, Link se inclinó lentamente sobre ella, rozando con su nariz la de Zelda y bajando la mirada hasta su boca, pidiéndole sin palabras el permiso para besarla.
Zelda no sabía qué hacer. Por una parte, le aterraba la idea de que Link la hubiera cortejado tan solo porque quisiera liarse con ella y fardar de triunfo ante Shad, a pesar de que aquello le parecía tan absurdo como descabellado. Link no era de esos, lo había comprobado. Le había dado la confianza suficiente para montarse encima de una yegua y galopar a través de un bosque lleno de ramas bajas y matojos. Además, estaba el hecho de que su corazón le estaba gritando a pleno pulmón que cerrara los ojos y dejara que Link se adueñara de su boca de inmediato.
Después de sentir su pecho contra su espalda, sus brazos fuertes alrededor de su cuerpo y sus manos agarrándola con firmeza aquella tarde, notaba en su interior que un volcán, hasta entonces desconocido, había empezado a entrar en erupción. Sentía calor recorriendo su rostro, y no procedía solamente del aliento de Link. Las manos le picaban y los impulsos que sentía en los dedos le incitaban a soltar sus manos y a tocar a Link por encima de la fina tela de lino blanco de la camisa.
Zelda se mordió el labio inferior y Link maldijo por dentro al sentir una descarga que fue directa hasta su entrepierna. Jadeó y se acercó un poco más, lo suficiente para que Zelda, con un pequeño movimiento, rozase casi por accidente los labios de Link. La tensión en el ambiente era palpable y la temperatura parecía haber subido varios grados. Link fue capaz de aguantar más la espera y, tras una última mirada a los ojos entrecerrados de Zelda, agachó la cabeza lo poco que le quedaba y besó con suavidad y timidez el labio inferior de la muchacha, el mismo que se había estado mordiendo segundos antes.
Zelda cerró los ojos y jadeó, sorprendida. Pero no por el hecho de que Link se hubiera atrevido al fin a besarla, sino porque el sentir la calidez de su boca sobre la suya le resultaba, como poco, placentero. Zelda se atrevió a abrir un poco la boca y correspondió el beso de Link. El muchacho, al ver la respuesta afirmativa de Zelda, le soltó una mano y la subió hasta su mejilla izquierda. Acarició con el pulgar el hueso de la mejilla y paseó los nudillos por su mandíbula hasta llegar a su cuello. A su vez, Zelda subió la mano por el pecho de Link hasta llegar al cuello de la camisa. Sin darse cuenta, sus dedos juguetearon con el cuello de la prenda y bajaron hasta llegar al primer botón. Lo desabrochó y se atrevió a posar la yema de los dedos directamente sobre la piel de la clavícula de Link.
El joven ahogó un gemido y profundizó el beso, no sin ternura. Saboreó la boca de Zelda mientras la otra mano soltaba la de ella y la agarraba por la cintura para pegarla más a su cuerpo. Zelda se dejó hacer y se agarró a la camisa como en trance, moviendo la boca para seguir el ritmo que Link le estaba imponiendo. Estaba disfrutando de lo lindo con el momento, se sentía como si hubiera tocado el cielo con las manos. En medio del beso, Link se lanzó y le mordió con suavidad el labio inferior, arrancándole un gemido de placer a Zelda. Aquel sonido encendió la mecha en su entrepierna y le hizo separarse de ella con suavidad. Todavía no estaba preparado para enfrentarse a aquella sensación, a aquella necesidad de sentirla lo más cerca humanamente posible que podía.
Zelda aprovechó ese momento para coger aire, apoyando la frente sobre el pecho de Link. Él no se quedó atrás y descansó la barbilla sobre su coronilla, jadeando y abrazándola con ternura. Ninguno era capaz de articular palabra. Ninguno sabía qué decir después de aquel beso inesperado, sobre todo porque tanto uno como otro lo habían deseado desde hacía tiempo. Ya habían surgido dos ocasiones antes que habían facilitado ese encuentro, pero ese ansiado beso no había llegado hasta que, realmente, se habían separado del resto del mundo y se habían quedado completamente solos.
Link suspiró y saboreó la sensación que había dejado la boca de Zelda en la suya. Sin que él lo supiera, Zelda hizo lo mismo. Finalmente, fue Link quien se atrevió a hablar primero.
-Te diría que lo siento, pero la verdad es que no lo hago-murmuró.
Zelda no pudo evitar sonreír y sonrojarse.
-Yo tampoco-musitó, para sorpresa de Link.
Link hinchó el pecho de orgullo y sonrió. Sin embargo, la euforia le duró poco. El pensar que podrían haberse llegado a besar la noche anterior en la fiesta de Shad le hizo recordar la conversación que tenían pendiente. Zelda se dio cuenta del cambio que se había producido en el ambiente y se atrevió a moverse para mirar a Link a los ojos, aunque eso no quitó en ningún momento que sintiera como si se derritiera cual helado en el sol.
-¿Qué pasa?
Link chasqueó la lengua y rodó los ojos por el paisaje. La luz del sol comenzaba a ocultarse entre los árboles y, aunque conocía el bosque como la palma de su mano, prefería no quedarse allí de noche más tiempo del necesario.
-Link, ¿qué pasa?-repitió Zelda, intranquila. Él la miró a los ojos y trató de decirle sin palabras lo que ocurría. Como si le hubiera leído el pensamiento, Zelda lo captó- Oh, ya veo.
-No quiero estropear la tarde-se excusó Link, sintiéndose mal por ella de repente-. Lo siento.
Zelda negó con la cabeza y sonrió un poco, intentando tranquilizarle.
-No te preocupes, no vas a estropearla.
-No quiero ocultarte nada.
-Y no sabes cómo te lo agradezco-susurró Zelda, más para sí misma que para él, aunque Link lo escuchó perfectamente.
Zelda bajó la cabeza, pero Link puso un dedo bajo su barbilla y la obligó a alzarla de nuevo.
-¿Por qué has dicho eso?
Zelda hizo una mueca y desvió la mirada. Ya había hablado suficiente de ella y de su pasado por aquel día. Si seguía a ese ritmo, Link pronto se enteraría de quién era. Zelda se estaba esforzando mucho por ser una persona normal, por llevar una vida normal. En cierto modo, eso era lo que siempre había querido y, aunque no fue Ordon el primer lugar en el pensó para llevar a cabo su deseo, no podía dejar de reconocer que, en aquellos momentos, bendecía a su padre sobre todas las cosas por enviarla allí.
-Ya te lo explicaré, ¿vale?
Link quiso protestar, pero comprendió que Zelda no se lo contaría si seguía insistiendo. De modo que asintió y le señaló la yegua con la cabeza.
-Deberíamos irnos. Se hace de noche y no quiero estar en el bosque contigo de noche.
Zelda dibujó una media sonrisa y le dio un codazo en las costillas.
-¿Tiene miedo el caballero andante?-se burló, haciendo reír a Link por lo bajo.
-Eres malísima para tomarle el pelo a nadie, ¿lo sabías?
Zelda se encogió de hombros.
-Ya, pero al menos te has reído-puntualizó.
-Touché. Vamos, anda.
Link y Zelda volvieron a montar sobre Epona y regresaron al establo en silencio, disfrutando de la presencia del otro. En cuanto Epona estuvo segura en su sitio y con grandes cantidades de comida como recompensa por el agotador paseo, Link y Zelda volvieron a Ordon a pie, cogidos de la mano. Ninguno protestaba por ello, a pesar de que tampoco estaba muy claro el punto en el que se encontraban ahora. Zelda pensó que ya hablarían de eso más tarde. Tenían asuntos que atender en esos momentos.
-Link-dijo Zelda, rompiendo el silencio.
-¿Uhm?
-¿Por qué te pegó Ilia?-Link la miró de soslayo y la luna, que acababa de salir por el horizonte, le arrancó un destello plateado a sus ojos- ¿Qué pasó realmente con Shad?
-¿Quieres la versión resumida o con detalles?
-Resumida, por favor.
Link asintió una sola vez con la cabeza.
-Shad se dio cuenta de que habíamos estado juntos en el invernadero-Zelda se llevó una mano a la boca y Link supo que no se había expresado en condiciones-. Bueno, no supo que habíamos estado allí, pero sí que habíamos estado juntos un buen rato. Yo se lo confirmé cuando aparecí contigo en el salón y no te solté.
-¿Por eso me acompañaste a la puerta? ¿Sabías que Shad aparecería?-Link volvió a sacudir la cabeza para asentir- No lo entiendo. Si Shad sabía que estábamos juntos, ¿por qué no fue a buscarnos?
Link torció el gesto y apretó la mano de Zelda entre sus dedos.
-Digamos que le gusta mucho el drama. Cuando se pelea con alguien por otro alguien, le gusta tener público. Testigos. Así, si sale mal parado, tiene quien le defienda.
-¿Tú eras quien solía defenderle?-adivinó Zelda, ganándose una mirada asombrada de Link.
-Me das miedo… ¿Eres bruja?
Zelda rio y le dio un golpecito en el brazo con la mano que tenía libre.
-Aun así, sigues sin aclararme la duda. ¿Por qué fue Shad a por ti? ¿O fuiste tú quien fue a por él?
Link bufó.
-Créeme, no volvería a meterme en una pelea si de mí dependiera. Pero cuando te atacan, tienes que defenderte. Así que…
-Fue él quien te buscó-terminó diciendo Zelda.
-Sí.
-¿Y qué pinta Ilia en todo esto? ¿Se metió entre los dos?
-Ja, ni de broma. Ella no arriesga sus uñas de porcelana ni aunque tuviera que salvar a su madre. No. Le hice una llave a Shad y cuando le solté, me encaró ella. Me puso en ridículo delante de los demás y, para rematar, ¡zas! Y este es el resultado-concluyó Link, señalándose la pequeña herida.
-Oye, pues te hace más varonil-bromeó Zelda, aguantando la risa.
-Vaya, gracias. Tendré que pedirle que lo haga más a menudo.
Zelda rio y Link no pudo evitar sonreír. Era tan fácil estar con Zelda, tan natural…
-Link-dijo Zelda, parándose justo en la entrada del pueblo y bajando la mirada. Link frunció el ceño y se puso delante de ella, cortándole el paso-. No quiero que te metas en peleas por mi culpa.
-No seas absurda-Link le levantó la cabeza lo suficiente para poder mirarla de nuevo a los ojos-. Tú no has hecho nada.
-Sabes de sobra que eso no es verdad. Tanteé a Shad antes de estar contigo. Yo…-Zelda se retorció un mechón de pelo y se mordió el labio inferior- Yo… En ningún momento he querido jugar con vosotros. Es solo que… En fin…
Link levantó una mano y puso el dedo pulgar sobre sus labios, acallándola.
-No tienes que darme explicaciones.
-¿Ah, no? ¿Después de lo que ha pasado en el lago no tengo que explicarte nada?
-Bueno, si tienes eso en cuenta…
-¡Claro que lo tengo en cuenta!-exclamó Zelda, apartándose un poco para poder pensar con claridad- Yo nunca he sido así. Mis amigas, las de Hyrule, sí lo eran y yo me avergonzaba de su actitud. Aquello tanto les he reprochado y he criticado… Y he sido la primera en caer.
-Tú no lo has hecho a propósito, Zelda-negó Link, cogiéndole la cara con ambas manos-. Oye. No estoy enfadado ni dolido. Solo estaba confundido porque te veía con él de la misma forma que actuabas conmigo. Y puede que suene absurdo, una locura, pero tú me gustas. Desde que me choqué contigo en la puerta del instituto no he podido dejar de pensar en otra cosa que no fueras tú. Y fue gracias a eso por lo que me decidí a dejar a Ilia.
-¿La has dejado?-musitó Zelda, enmudecida.
-¡Sí! ¿O me ves tan cabrón como para besarte estando aún con ella?
-No…
Link suspiró y estampó sus labios sobre los de ella, aunque esta vez fue diferente. Su boca buscó con anhelo que ella le respondiera y, tras unos segundos de asombro, Zelda le correspondió el beso, lleno de urgencia, de desenfreno. Link incluso se atrevió a usar la lengua para pasearla por sus labios e intentar que Zelda abriera la boca. Necesitaba demostrarle lo que se le pasaba por dentro cada vez que la tenía cerca. Zelda entendió que Link necesitaba aquel contacto y le permitió la entrada. Dejó que él jugara con su lengua, que la chupara y la besara, que saboreara su boca tanto por dentro como por fuera. Y no fue hasta que se quedaron sin aire cuando Link se separó de ella, juntando sus frentes y respirando con dificultad. Ambos cerraron los ojos y se concentraron en calmar los latidos acelerados de sus corazones.
-Dios…-suspiró Zelda, apabullada por las sensaciones que había despertado Link en ella con aquel beso. Se sentía tan mojada…
-Lo siento-susurró Link, jadeando.
-No lo hagas.
Link abrió los ojos y Zelda le imitó.
-¿Qué me estás haciendo?-musitó Link, perdido en la mirada oscura de Zelda.
-Lo mismo podría preguntarte yo a ti.
Link rio de forma queda y depositó un cariñoso beso en la frente de Zelda.
-Será mejor que te lleve a casa. Vamos.
Quince minutos después, Link y Zelda llegaron a la casa de ella en la calle pija. Link no comentó nada, pero sí levantó una ceja, asombrado.
-Lo sé, es demasiado ostentosa-dijo Zelda rebuscando las llaves en su bolso.
-Yo iba a decir grande.
Zelda le miró con las cejas enarcadas.
-Conmigo no hace falta que disimules, Link. No voy a comerte.
-Vaya-protestó Link, ganándose otro pequeño guantazo por parte de Zelda.
La chica por fin encontró las llaves y cerró el bolso. La certeza de la despedida se cernió sobre ellos.
-Bueno…-dudó Zelda- ¿Nos vemos el lunes?
-¿Puede ser mañana?
Zelda rio y negó con la cabeza.
-No he estudiado nada en todo el fin de semana y solo tengo mañana para ponerme al día.
-Está bien-aceptó Link a regañadientes-. Te veo el lunes, entonces.
-Sí-sonrió Zelda, acercándose a él-. Muchísimas gracias por la tarde de hoy.
-Me gustaría repetirlo-confesó Link con los ojos fijos en los de ella mientras le retiraba un mechón de pelo de la cara-. Buenas noches, Zelda.
-Buenas noches.
Y, ante el asombro de Link, se puso de puntillas y depositó un pequeño y tímido beso sobre sus labios. Zelda se retiró con una sonrisa, azorada, y caminó hasta la puerta de la casa. Metió las llaves y abrió, pero antes de entrar miró una última vez hacia la calle. Link le sonreía. Zelda alzó una mano y se despidió. Link le guiñó un ojo y solo entonces Zelda entró por fin en casa.
