Disclaimer: Harry, Draco y sus amigos pertenecen a Joanne Rowling y sus asociados, los pergaminos pertenecen a quien los haya inventado. Yo sólo soy responsable de los momentos robados que me permitieron escribir esta historia. Como se dice por ahí, por amor al arte.
Notas de la autora: no siempre puedo entenderte, muchas veces no veo venir tus intenciones y siempre me parece que no dices ni un décimo de lo que piensas. Pero así te amo, Draco. Jajaja, vale, ya. Como lo anuncié, este capítulo va dedicado a mi querido rubio. Una personalidad tan compleja e intensa que me enamoró desde la primera vez que leí la saga. Feliz cumpleaños 38 a mi Slytherin favorito. Sólo puedo culpar al destino de que este capítulo haya correspondido a este día.
Además, aprovecho para añadir un par de agradecimientos. Como saben, me esfuerzo por siempre contestar las reviews y es una pena que haya algunas a las que no pueda responderles, porque realmente me encanta lo que me escriben. Así que, lo diré aquí. Muchas gracias por sus palabras Catzeruf, Lorve y Mara Mendoza, me hicieron el día.
Y sin más que decir, muchas gracias a todos por estar aquí. ¡A leer!
Capítulo 14: más pudín y algunas confesiones
"When I'm with anybody else it's so hard to be myself…
Well, you drive me crazy half the time
The other half I'm only trying to let you know that what I feel is true
And I'm only me when I'm with you/
Cuando estoy con alguien más es tan difícil ser yo mismo…
Bueno, me vuelves loco la mitad del tiempo
La otra mitad sólo estoy intentando hacerte saber que lo que siento es real
Y sólo soy yo cuando estoy contigo"
I'm only me when I'm with you, Taylor Swift
-No te entiendo.
-Lo que estoy diciendo es que… es conmigo con quien has estado hablando todo este tiempo. El pergamino encantado… yo soy quien te escribe desde enero –Draco dio un paso atrás, negando varias veces.
-No sé cómo te has enterado de eso, pero…
-Hemos hablado de muchas cosas, de nuestros padres, del pudín de chocolate, de música, de nuestros problemas… tú incluso me diste consejos sobre pociones. Funcionaron, por cierto –probó esbozando una sonrisa tentativa pero Draco parecía cada vez más asustado.
-No es posible…
-Sé que creías que era alguien de Ravenclaw. Y nunca te corregí porque temía que al descubrir quién era yo… ya no querrías responder. Que quizás serías tú quien quemaría el pergamino.
-Pero no…
-Mira –dijo apresurado, revolviendo en su mochila- aquí está. ¿Qué más prueba quieres? –cuestionó, mostrándole la pluma a vuelapluma verde.
-¿De dónde sacaste eso?
-¡De la biblioteca! Tú me dijiste donde estaba, bajo ese libro de… Magizoología en latín –Draco apretó la mandíbula, gesto que probablemente indicaba que se esforzaba por mantener la compostura.
-¿Desde cuándo sabes que era yo?
-Con seguridad, desde hoy –Harry percibía la boca seca, como si acabara de reaccionar de un hechizo paralizante- pero lo sospechaba desde… hace algunas semanas.
-Oh, por Merlín…
-No quería decírtelo por medio del pergamino, por eso empecé a pedirte que nos reuniéramos…
-No tienes idea de las ganas que tengo de irme corriendo ahora mismo –confesó a media voz- bueno, en realidad si la tienes. Estás enterado de lo…
-No, no lo digas.
-¡No lo sospeché ni una vez, Potter!
-¿Y estás decepcionado? –preguntó con algo de temor.
-¡Estoy avergonzado, maldita sea!
-No tienes por qué –aseguró.
-Te hablé de cosas muy personales, incluso de… -el rubio jadeó, dándose un golpe en la frente- se pone peor cuando pienso en todo lo que te dije.
-¡Entonces no lo hagas!
-¿Y qué se supone que debo hacer, Potter? ¿Actuar como que nada de esto pasó?
-Por supuesto. Te lo escribí, ¿recuerdas? Te dije que somos amigos y que quería que nos viéramos.
-No puedo.
-Por favor, Draco... –el chico detuvo los movimientos ansiosos de sus manos y le miró entre el despeinado flequillo.
-¿Por qué no dejaste de escribir?
-¿Qué?
-Cuando empezaste a sospechar que era yo. ¿Por qué seguiste escribiéndome?
-Porque tú entendías… y no me juzgabas.
-Porque no sabía quién eras –murmuró. Harry rió tembloroso y pasó una mano por su cabello.
-Me gusta hablar contigo. Con el chico del pergamino. El que no teme decir que tuvo un pésimo día y que también se siente solo a veces –Harry tomó aire, luchando con la desesperación que reptaba por su espalda, advirtiéndole que esas conversaciones ya no volverían- sí, sospeché que eras tú, pero no me importó. Yo no estaba hablando con Malfoy, mi rival de Slytherin. Hablaba con el verdadero tú. Y era agradable. No tener que pretender nada… sólo quejarnos, amargarnos e incluso compartir la nostalgia. Dices que estás avergonzado, pero de verdad no tienes por qué. También te dije cosas muy personales. Y no me arrepiento, porque supiste comprenderme y no te burlaste de mí.
-Tú has tenido tiempo para pensar en esto –dijo despacio, articulando con cuidado cada palabra- yo acabo de… colisionar con la verdad.
-¿Eso qué significa?
-Que no puedo ir por un pudín contigo… no hoy.
-De acuerdo, pero la propuesta sigue. Sabes cómo contactarme –Draco dio una cabezada, cuadrando los hombros.
-Descuida, no correré a tirar el pergamino a la chimenea –Harry se permitió una sonrisa, que fue tenuemente correspondida- hasta luego, Potter.
"Preferiría Harry", pensó. Sin embargo, sólo se despidió con un asentimiento. No le convenía tensar más la cuerda. Al menos Draco lo había escuchado y prometía pensar al respecto, aunque no lo dijera. Sólo esperaba que sus reflexiones no le tomaran mucho tiempo. Ya se lo había dicho esa misma semana.
La paciencia no era su mejor cualidad.
Tres días es mucho y poco tiempo. Para alguien que prepara un examen difícil, es muy poco. Para alguien que visitará una ciudad, es mucho o poco dependiendo de su ánimo. Para alguien que espera un veredicto, es demasiado tiempo. Y ese era el caso de Harry. Había tenido distracciones, por supuesto. Como las restauraciones en la torre de Gryffindor, las asignaciones y los preparativos con Hermione para elaborar una complicadísima poción. La chica estaba muy emocionada por el desafiante brebaje, mientras que el bolsillo de Harry estaba dolorido por lo costoso de algunos ingredientes. Aunque ni siquiera eso lo hacía olvidar ni por un momento la situación indeterminada en que se encontraba. Había sido un reto monumental no mirar de más en dirección de Draco, en especial cuando notó que el rubio lo observaba más de lo acostumbrado. También cargaba de un lado a otro el mapa del merodeador, buscando mantenerse fuera del radar. No quería dar la impresión de que lo seguía.
-Sí sabes que eso no es para consultar la hora, ¿verdad? –dijo Ron en tono aburrido, cuando lo vio revisar el pergamino por quinta vez en la tarde.
Blanco. Seguía en indolente blanco.
-Lo sé, Ron –replicó, casi con la misma entonación.
Sentía que tenía tanto por contar. Un par de veces al día se encontraba pensando en que tenía que hablarle de eso a Draco, antes de reprenderse a sí mismo por haberse acostumbrado tan fácilmente a esas conversaciones.
-¿Desde hace cuánto sabe quién eres?
-¿Qué? –inquirió, pasando las paginas amarillentas del libro de transformaciones.
-Me refiero al mensaje –Harry casi derrama la tinta al comprender lo que su amigo le decía. Imprudentemente, había dejado el pergamino en la mesa y Draco había escogido ese preciso momento para escribir. Una sola palabra.
-Potter.
-Harry estaría bien.
-Potter.
-Como quieras.
¿Qué tal tu tarde?
-Aburrida.
-Debí suponer que por eso escribías.
-¡Hey!
-Jajaja, sabes que es broma.
-¿Estás ocupado?
-Depende quien pregunte.
-¿Juegas conmigo?
-Un poco.
Terminaba la investigación de transformaciones.
-Ah.
-Vamos, rescátame de este suplicio.
-Jajaja, cuánto drama.
Estaba pensando…
-¿Sí…?
-Que creo que ya estoy listo para ese pudín que me debes.
-Te veo en la vieja aula de pociones, tres puertas antes de la sala común de Slytherin.
-¿Cómo sabes dónde está mi sala común?
-Es una historia de transgresión a las reglas e insolencia que no puedo contarte porque involucra a terceros.
-Qué político.
-Estaré ahí en quince minutos. Tengo que hacer una parada obligatoria en las cocinas antes.
-Bien.
-¿Quieres algo más aparte del pudín?
-Un crup.
-Ja ja ja.
Algo de comer.
-Ah. No, sólo asegúrate de llevar suficiente.
-Bien. Nos vemos en un rato.
-Te espero.
-Tengo que irme –dijo apresuradamente.
-No me contestaste, Harry.
-Puedo contestarte o dejar que uses mi pluma a vuelapluma –movió el objeto como un hipnotista muggle. Ron estaba celoso desde el día anterior, cuando descubrió el secreto de su amigo para acabar una redacción de un metro en una hora.
-Dame eso.
-Cúbreme si viene Hermione –pidió.
-Pues vete pronto, porque no debe tardar –el moreno le sonrió con autentico agradecimiento y compañerismo.
La visita a las cocinas le tomó más tiempo del estimado. Los elfos corrían de un lado a otro, preparando la cena. Aun así, se sentían honrados de estar en presencia de un mago y se desvivían por servirle hasta lo que no estaba pidiendo. Salió de ahí tras diez minutos de reverencias y cargando con una cestita con pudín de chocolate, moras y caramelo.
Draco no había vuelto a escribir y esperaba que no tomara a mal el retraso. Llegó a las mazmorras en un par de minutos, luchando con las ganas de correr el trecho que lo separaba del aula acordada. Empujó la chirriante puerta, una mezcla de emoción e inquietud lo embargó. Podría haber sido citado para escuchar un "lo siento, pero no puedo ser tu amigo". Su lucha interna lo acompañó mientras atravesaba el umbral.
-Siento haberte hecho esperar, los elfos son muy… entusiastas todo el tiempo.
-Y eso que los visitas con frecuencia, ¿no? –comentó con tono ligero, acercándose para inspeccionar el contenido de la cestita- ¿no piensas cenar hoy?
-No deberías subestimar mi capacidad para comer pudín.
-Cierto –coincidió, escogiendo una porción de pudín de chocolate.
-¿Cómo estás? Y sabes que decir "bien" no es una respuesta viable conmigo –advirtió, tendiéndole un tenedor.
-No lo sé. Mi cabeza estuvo a punto de estallar hace unos días.
-¿Y cómo vas con eso?
-Intento darle algo de perspectiva al asunto. ¿Tú cómo estás?
-¿Honestamente? Esforzándome por mantenerme ocupado.
-¿Y lo has logrado? –Harry tomó una porción de pudín de caramelo.
-Un poco. He estado trabajando en la torre y haciendo tareas. Creo que Hermione empieza a sospechar que me pasa algo –Draco negó, llevándose un trozo de pudín a la boca.
-Claro… era de ellos que siempre hablabas, ¿verdad?
-Por supuesto.
-¿Y es ella quien ha estado ayudándote con pociones?
-No, te dije que no creí que nuestra amistad lo soportara –Harry notó hasta ese instante que permanecían de pie, comiendo pudín en una polvorienta aula de las mazmorras- es Luna quien ha estado ayudándome.
-Ah, Lovegood.
-De hecho, el día que nos encontramos… venía de un examen extraordinario con Slughorn.
-Oh. ¿Y cómo fue?
-Tengo esperanzas todavía –Draco sonrió de lado.
-Quizás deberíamos…
-¿…sentarnos?
-Sí –Harry lo siguió, escogiendo un par de escritorios casi al fondo del salón- yo tuve otra clase personalizada con Sprout. Y a pesar de lo que digas, la Herbología no es lo mío y dudo que haya truco que me ayude.
-Vamos, debes darte una oportunidad.
-¿Una? Ya van como cinco –el moreno rió, dejando de juguetear con el pudín para empezar a comer.
-Hablando de eso, ¿ya viste la planta que Neville lleva a todos lados? Es preciosa.
-Algo noté.
-Es de las semillas que le obsequiaste –Draco se encogió de hombros y siguió comiendo.
-Ataste todos los nudos, ¿eh?
-Todavía hay algo que no me queda del todo claro.
-¿Qué es? –Harry se tardó más masticando, inseguro de cómo plantear lo siguiente. Quizás debería desistir. Pero era curioso por naturaleza y las intrigas carcomían su espíritu.
-El chico del que hablabas. El Gryffindor que… -el tenedor de Draco cayó al suelo estrepitosamente. Las mejillas del chico habían perdido su palidez habitual y se quedó viendo el pudín como si este fuera a darle alguna ansiada respuesta.
-Yo no… Me sentiría más cómodo si no habláramos de eso.
-¿Por qué no?
-Por mi paz mental –Harry frunció el ceño, pero supuso que podía concederle eso. Si Draco estaba dispuesto a continuar con la amistad, bien podría hacer ciertas concesiones. Movió la varita, atrayendo un nuevo tenedor y se lo tendió. De todos modos, su reacción ya decía mucho.
-De acuerdo.
-Viniste muy rápido. ¿Tus amigos no dijeron nada?
-Sólo estaba con Ron y… llegamos a un acuerdo. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo escapaste de Parkinson? –Draco sonrió a medias, cortando un trocito de pudín.
-Para ella no es tan extraño que yo decida ir a caminar solo.
-¿Le has hablado sobre mí?
-No exactamente. Aunque sabe que uso el pergamino.
-Espera… ¿fue ella la que tuvo un romance fugaz con un Gryffindor en aquella fiesta? –esa vez, la sonrisa de Draco fue completa, aunque seguía sin mirarlo a los ojos.
-No sé por qué te sorprende tanto.
-Lo que me sorprende es que no he escuchado nada al respecto.
-¿A qué te refieres?
-Que debió ser con un chico muy reservado o ya habría escuchado rumores –supuso, reparando en ese detalle.
-No ha querido decirme. La verdad es que tampoco insistí.
-Ya veo.
-He estado pensando mucho –dijo despacio.
-No me digas que te empujé a una nueva crisis existencial –Draco rió entre dientes, negando.
-Pensé sobre lo que dijiste el otro día.
-¿Sobre qué? –preguntó, lamiendo los restos de pudín en el tenedor.
-Sobre por qué seguiste contestando. Al principio no podía entenderlo y luego me pareció tan absurdo.
-¿Absurdo?
-Que después de tanto seas precisamente tú quien puede entender como me siento –Draco dejó el tenedor clavado en el trozo de pudín que le quedaba- recordé lo que dijiste sobre tus padres, tus demás parientes y tus amigos. Las pistas estaban ahí, no sé cómo no me di cuenta.
-Pensabas que era de Ravenclaw.
-A veces hablas como uno –Harry rió, dejando su plato en el gastado escritorio.
-Fue difícil para el sombrero –compartió. Clavando los ojos en la pared de enfrente, dónde una tira de musgo cubría una grieta- Ravenclaw, Slytherin o Gryffindor. Consideró esas tres.
-¿En serio pudiste estar en Slytherin?
-Así es. Pero creo que el sombrero se dio cuenta que soy temerario sobre todo lo demás y por eso gritó Gryffindor –Draco sonrió, llevándose a la boca el último trozo de pudín.
-Ya no corres muchos riesgos últimamente, ¿o sí?
-¿Bromeas? ¡Atrapé una snitch con la manga!
-Cierto. Nuestra promesa del quidditch –recitó. Al parecer también había leído el encabezado de "El profeta" el día después del partido.
-Fue halagador que lo dijeran, pero sabes que no está en mis planes.
-¿Ni aunque te hicieran una oferta seria?
-Supongo que lo pensaría, pero no tengo interés en empezar a trabajar de inmediato.
-Por eso discutiste con Granger, ¿no?
-Eso ya está arreglado –Draco dejó de juguetear con el tenedor, dando un empujoncito al plato vacío.
-¿Y si me sirves un poco de ese pudín de mora que vi en la canasta?
Harry sonrió. Tal vez las cosas podrían ir a mejor después de todo.
-No te vi en la cena.
-¿Esperabas que tuviera hambre después de comer cinco porciones de pudín?
-Yo sí fui a la cena.
-Debe haber un truco para que comas tanto.
-Jajaja. Entreno mucho, ¿recuerdas?
-Claro, claro. La rutina del buscador estrella.
-¿Qué es ese olor? ¿Un poco de envidia, tal vez?
-Quisieras.
-¿Qué hiciste a la hora de la cena?
-Biblioteca.
-¿Sigues ahí?
-No, ya estoy en la sala común. ¿Por qué?
-Ah. Podría haber ido a acompañarte un rato.
-¿En serio?
-Mi improvisada sala común está en el tercer piso.
-Ya es tarde.
-No sería la primera vez que me salto el toque de queda.
-Cierto.
-Me gustó quedar contigo hoy.
-¿Siempre tienes que ser tan directo?
-¿Hay algo malo con eso?
-No lo sé. Debe traerte problemas de vez en cuando.
-Lo he dicho antes, son los problemas los que me siguen a mí, no al revés.
-Jajaja. Claro, claro.
-Olvidé preguntar… ¿Irás a Hogsmeade mañana?
-¿Cómo no ibas a olvidarlo? Te atiborraste de pudín.
-¡Hey!
-Supongo que iré un rato. ¿Y tú?
-Estaré allá todo el día.
-Cuánto entusiasmo, después que decías que no te gustaba ir. ¿Tienes alguna cita?
-¿Qué? No, no es eso. Le prometí a Luna que la acompañaría.
-¿Celebran algo?
-Para nada. Ella ayuda a Aberforth en cabeza de puerco. Fui con ella el mes pasado. Al parecer él está enfermo y me pidió apoyo para mañana. Podrías pasar a verme.
-De buscador estrella a camarero… qué versátil resultaste, Potter.
-Te invitaré a comer algo.
-¿Intentas sobornarme con comida?
-Bueno, funcionaría conmigo.
-Jajaja, eso no lo dudo.
-¿Quieres saber por qué?
-Recuerdo que dijiste que tu gran amor era la comida.
-Sí, pero hay una historia detrás.
-Tú dime.
-Crecí con mis tíos en Surrey. Tenía un primo obeso, caprichoso y bravucón. Siempre fui pequeño para mi edad y probablemente ellos tuvieron algo que ver. Solían asignarme las labores de la casa y no siempre tenía una porción de comida como tal, sino que me tocaban las sobras. Y con un primo obeso, te imaginarás que no eran muchas.
Cuando me castigaban, solían encerrarme en una habitación –cuando ya tuve una- y sólo me daban sopa enlatada o algún pan viejo. El peor de esos castigos fue cuando tenía doce años. Así que cuando volvía al colegio… siempre comía todo lo que podía. Porque sabía que no tendría nada garantizado al volver. Incluso había dulces que jamás había probado. Y aunque desde hace dos años que no vivo con ellos, supongo que es algo que siempre recordaré.
-Demonios.
Y antes te atreviste a acusarme de que yo te dejaba sin palabras.
-No tienes que decir nada.
-Usabas su ropa, ¿verdad?
-Por supuesto. ¿O creías que elegía a propósito prendas cinco tallas más grandes?
-Nunca me detuve a pensar al respecto.
-Bueno, ahora lo sabes.
-Gracias.
-¿Por qué?
-Por confiar en mí.
-No tienes que decirlo.
-Aunque eso sigue sin explicar cómo es que comes tanto y sigues tan delgado.
-Jajajaja. Te dije que entreno mucho.
-¿Cuándo? Tienes clases en la mañana y por las tardes asignaciones y el asunto de la torre… ¿es que no duermes?
-Me levanto con el alba.
-Qué poético.
-No lo dije en ese sentido, jajaja.
-¿Entonces?
-Realmente me levanto temprano. Poco antes de las cinco. Salgo a correr y a veces a volar. Después regreso a ducharme y sigo con mi día.
-¿Y nunca has tenido problemas con Filch por eso?
-Hay formas de evitar a Filch.
-Jamás creí que diría esto.
Tengo mucho que aprender de ti.
-Jajajaja. Cuando quieras.
-¿Dónde estás?
-En la improvisada sala común, tratando de camuflarme con la pared.
-¿Por qué?
-Ron y Hermione dejaron de pelear, pero cuando eso pasa…
-YA. ENTIENDO.
-Jajaja.
Hay algo que quería preguntarte hoy, pero temí que no quisieras hablar de eso en persona.
-Mmm…
-Es sobre los ataques de los que me hablaste.
-No pasó a mayores.
-Me gustaría que me dijeras si es que vuelve a pasar. O si sabes quienes fueron.
-¿Con qué propósito?
-Curiosidad.
-¿Empezarás a mentirme ahora?
-Por Merlín, Draco. No me leas la mente.
-JAJAJA.
-¿Puedo preguntar algo directamente?
-¿No lo haces siempre?
-¿Es Zabini quien te molesta?
-Siento que sin importar lo que diga, te darás cuenta de la verdad.
-Ya veo.
-No quiero que hagas nada.
-¿Qué?
-Oh, vamos. ¿Crees que no sé cómo eres?
No quiero que intervengas, es un asunto entre ese idiota y yo. Además, hace días que ni siquiera me dirige la palabra.
-Pero Parkinson dijo que…
-Pansy es paranoica.
-No te ha estado hostigando sólo a ti. Por lo que he averiguado, tiene todo un historial.
-En ese caso, es Slughorn quien debería hacerse cargo, no tú.
-Draco…
-No necesito que pelees mis batallas, Potter.
-No era eso lo que pretendía.
Se metió conmigo también, ¿recuerdas?
-Por lo que recuerdo, sólo hizo algunos comentarios estúpidos. Y le respondiste bastante bien, de hecho. Diste justo donde le duele.
-No estoy seguro de si me estás felicitando o censurando.
-Un poco de ambos.
-Siento que hay algo que no me estás diciendo.
-Realmente eres perceptivo, ¿eh?
-¿Empezarás a guardarte las cosas?
-Yo no…
-Somos amigos, ¿no?
Si me pides que no vaya tras él, no lo haré. Pero te pido que no empieces a tener filtros conmigo.
-De acuerdo. Suena justo.
Zabini y yo fuimos muy amigos durante cuarto y quinto año. No sé ni cómo se dio, pero empezamos a estudiar juntos y pasar el rato. Sé que le molesta la reputación de su madre, aunque actúe como que no le interesa. Por eso te dije que lo golpeaste donde más le duele. Nos distanciamos en sexto, cuando yo… bueno, sabes de qué hablo. Él censuraba que yo participara en eso, aunque nunca lo dijo así. Se burlaba de mi forma de pensar, de las que eran mis convicciones en ese momento. El año pasado murió el último esposo de su madre y se esparció el rumor de que estaban en bancarrota. Intentó contactarme en enero, pero las cosas eran muy difíciles para mí en esa época y no quise ayudarlo. Honestamente, olvidé esa conversación con lo que pasó en los siguientes meses. Pero cuando volvimos a Hogwarts él estaba diferente, más retador y desmedido.
Básicamente estamos manteniendo una guerra entre nosotros. Entre quienes participamos en la guerra del lado de Voldemort y los que estuvieron escondidos. Ah, y el par que sí peleó junto a ti. Empezó sólo con habladurías en septiembre y se fue poniendo peor. Chicos que huyeron para la batalla final se creen con la altura moral para juzgar a los que defendieron la causa de Voldemort. Nos acusan de homicidas, psicópatas y parias. Lo curioso es que muchos de ellos antes nos miraban con respeto. Y Zabini fue quien propició todo eso. Resulta incluso irónico, si lo piensas bien. Él, que ni siquiera alzó la varita para rebelarse al régimen de los Carrow, ahora se cree el justiciero con los que nos vimos envueltos en todo eso.
Lo primero fue eso, comentarios sobre nuestra cobardía y lo "vendidos" que fuimos. Eso iba hacia mí, obviamente, por haber vuelto al castillo y entregarnos al Ministerio. Después fue el asunto de las cortinas que mutaban a alimañas. Y cuando nos quitaron las cortinas a todos, la cosa no mejoró nada. Dejaron de esconderse y atacaron de otras formas. Quemando tus tareas, dándole de comer algo indebido a tu planta. Nada que se pueda probar. No sé qué pretende, pero sé por qué lo hace. Hasta cierto punto lo comprendo. Está enfadado, buscando culpables y el resto del mundo es su enemigo. No lo justifico, pero tampoco soy indiferente a cómo se siente.
Ahí tienes, me hiciste escribir todo el cuento.
-No creí que los problemas fueran tan… profundos.
-Sí, nuestra sala común perdió la poca armonía que le quedaba. Actualmente es un territorio de guerra.
-¿Qué hay de Parkinson?
-¿Por qué la pregunta?
-No sé, imaginé que también sería blanco de esos ataques.
-Qué buena deducción. Ahora sabes porqué busco alejarla, pero ella simplemente no me hace caso. Las cosas serían más sencillas si dejara de frecuentarme.
-¿Qué?
-Vamos, si lo dedujiste fue por algo. La atacan porque es mi amiga.
-No lo creo, Draco.
-Pansy jamás intervino en el círculo de los mortifagos, a pesar que su padre fue uno de ellos. ¿Por qué más sería?
-Creo que entiendo. No estabas aquí ese día y supongo que ella tampoco te lo ha dicho.
-¿De qué hablas?
-Antes de la batalla final, Voldemort pidió que me entregaran y a cambio no irrumpiría en el colegio.
-Lo sé, yo estaba afuera con… el resto, esperando sus órdenes.
-Pansy intentó entregarme.
-¿Qué?
-Pidió que me atraparan y me llevaran con él, como quería.
Por supuesto que nadie hizo caso. Mis amigos se interpusieron y McGonagall mandó a Filch a evacuar a los Slytherin.
-No lo sabía… pero tú… le hablaste como si nada el día de la práctica y en la torre de Gryffindor...
-¿Por qué sería de otra forma?
Entiendo por qué lo hizo. Estaba asustada. Yo mismo lo estaba, demonios.
-Todos lo estábamos.
-Y no todos enfrentamos el miedo de la misma forma. No sé si a ella le importe, pero si alguna vez hablan de eso… puedes decirle que no le guardo rencor.
-¿No te cansas de ser San Potter?
-Jajaja, es sano perdonar. Creí que entenderías.
-Lo hago.
-Lo sé.
-Ya es tarde.
-Sí, Ron se fue hace un rato. Y por la forma en que Hermione me mira, asumo que quiere hablar conmigo pero tampoco me quiere interrumpir.
-Deberías hablar con ella.
Por cierto… ¿ella sabe de mí?
-Sabe que tengo un amigo Slytherin. Si le doy más piezas se dará cuenta de todo. A veces es molesto no poder esconderle nada.
-Jajaja.
Bueno, en ese caso, ve a hablar con ella. Hasta luego.
-¿Mañana en Hogsmeade?
-Lo pensaré.
-Chico indeciso.
-Jajaja. Buenas noches, Potter.
-Que descanses, Draco.
-¿Tienes problemas para dormir, Herm? –cuestionó, doblando el pergamino.
-Estaba esperando mi turno para hablar contigo.
-Lo siento –la chica frunció el ceño un poco, negando.
-Parecías muy concentrado en la conversación.
-Algo así.
-Llegará el momento, ¿no? –Murmuró, resignada- mañana veré a Rolf Scamander en Hogsmeade. Luna logró comunicarse con él. Y tal como dijiste, fue capaz de conseguir la raíz de árbol de sangre de Dragón.
-¿Eso quiere decir que…?
-Ajá. Es lo único que nos faltaba. Mañana mismo podríamos empezar la preparación.
-Es lindo que quieras incluirme –dijo con una sonrisa- pero sabes que lo estropearía si me entrometo.
-No me dejarás sola en esto, Harry Potter. Al menos estarás ahí para pasarme los ingredientes –advirtió, señalándolo.
-Mañana estaré con Luna en cabeza de puerco.
-Empezaremos por la noche, después de mi ronda de prefecta. No le has dicho a Ron, ¿verdad?
-No quiero alterar sus nervios –Hermione rió, sacudiendo su espesa cabellera- ¿a dónde la prepararemos?
-Vamos, Harry. Creí que lo sabrías.
-Ah. Claro. Seguramente Myrtle nos ha extrañado –su amiga sonrió con complicidad, poniéndose el sombrero.
-Te ves más relajado, Harry. ¿Tiene algo que ver con tu desconocido paradero de esta tarde?
-No se te pasa nada, ¿eh?
-Ron es muy malo encubriéndote.
-Tenía una promesa que cumplir –Hermione lo vio con audacia, pero se encogió de hombros antes de levantarse.
-Me molestaba que no me dijeras, porque creí que no confiabas en mí. Pero por lo que dijiste hace unos días… supongo que tienes motivos para no hacerlo. Y está bien. No puedo seguir molesta. Tenía días de no verte sonreír como hoy cuando volviste.
-Hermione…
-Está bien, Harry. Me voy a la cama. Buenas noches.
-Buenas noches, Herm.
Harry se quedó largo rato viendo la estufa provisional, en ausencia de una chimenea apropiada. Tenía que reconocer que Hermione tenía razón. Hacía mucho que no se sentía tan relajado, sin episodios de problemas respiratorios o sensación de vértigo. Es cierto que ella había dicho que eso se iría con el paso del tiempo, pero quizás también necesitaba poner de su parte. El esfuerzo físico no había funcionado muy bien en esos meses, porque las heridas que necesitaba sanar no eran físicas. De pronto lo comprendía.
Quizás sí era posible construir un puente entre dos mundos que estaban rotos.
Quizás después de entender la soledad es que se empieza a disfrutar la compañía.
Notas finales: y el día de la revelación llegó. Sé que algunos tenían teorías con esto, ya me comentarán qué tan cerca estuvieron de la verdad. También pudieron darse cuenta de que las conversaciones por pergaminos continúan. Aunque para esta "etapa", fueron surgiendo a medida que escribía lo demás, así que tuvieron un tinte distinto para mí. Y bueno, nos leemos en unos días.
En el próximo capítulo: lo bueno, lo malo y lo inesperado.
Allyselle
