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PIEL DE AZÚCAR

Renkotsu y Bankotsu jugaban voleibol contra Kōga y Ginta, un acuerdo al que habían llegado cuando su primo confronto al moreno por a verle golpeado, fue necesaria la intervención de Kagome y la de Renkotsu para que la tensión bajara y de no ser por el comentario de Renkotsu al decir si no quieren que barramos el piso con Ustedes otra vez es mejor que se vayan muy seguramente el pleito hubiese terminado en golpes pero se había tocado el nervio de orgullo de su primo porque el plantearse jugar nuevamente entre ellos fue lo que desencadeno todo lo demás y ahí estaba ella, sentada en la arena junto a la pelirroja de ojos verdes que miraba también atenta al partido de volibol, que ahora se había convertido en la atención de todos en la playa.

-¿Llevas mucho con el hermano de Renkotsu? –le pregunto sin dejar de ver el partido.

-Poco de hecho… –respondió sonrojada –te llamas, Ayame ¿verdad?

-Sí y tu Kagome…

-Así es…

Las dos saltaron cuando el balón reboto en el área de los hermanos Yöhei.

-¿En dónde conociste a Renkotsu?

-En el antro La Perla –Ayame giro ahora su atención hacia ella que le dedico una amplia sonrisa –nos vimos y nos llamamos la atención ¿y Ustedes?

Kagome quiso responder pero lo que en realidad estaba pensando era como explicar todo el embrollo en que se desarrolló su relación, no tenía ni pies ni cabeza, se llevó la mano al mentón e intento formular las palabras exactas, Ayame la miraba expectativa.

-Digamos que las circunstancias nos fueron acercando –respondió al fin para regresar su atención hacia su novio que golpeaba fuertemente la pelota con sus manos y que al sentirse observado había volteado hacia ella, guiñándole un ojo y mandándole un beso que provoco su sonrojo.

Ayame sonrió aún más, mirando la actitud de esos dos que de verdad era digno de admirar.

-Te tengo envidia –dijo al fin Ayame, Kagome volvió a verla –pero de la buena, ojala Renkotsu y yo lleguemos a evolucionar sentimentalmente de esa forma.

Los ojos verdes de Ayame se posaron por un largo rato en los azules cielo de Kagome.

-¡Hay mis cuñis! –exclamo Jakotsu que había llegado por detrás, abrazándolas por el cuello y pegando sus cabezas –Ustedes dos lejos de andar aquí como publico deberían de andar exhibiendo esa figura tan bonita que tienen –ambas rieron –Yo que Ustedes ni me reía porque por allá –señalo a un grupo de chicas que no dejaban de ver a los hermanos y que con extrema coquetería se acomodaban el bañador –hay un grupo de quimeras que busca llamar la atención de sus hombrecitos… así que mejor quítense esos pareos ridículos y demuestren porque mis queridos hermanos las eligieron como sus hembras.

Kagome no pudo evitar carcajear y Ayame le siguió con más fuerza, Jakotsu miraba de un lado a otro al sentirse confundido por su reacción.

-Eres un amor Jaky pero… -Kagome se puso de pie y agarrando las orillas de su pareo se deshizo de él –tus hermanos no nos escogieron a nosotras.

Ayame repitió la acción de Kagome –así es… nosotras los elegimos a ellos –Ayame tenía una muy estrecha cintura, unas caderas anchas, pechos y nalgas proporcionales pero no tan voluminosos como los de Kagome, aun así el rojo de su cabello y el verde de sus ojos eran sin igual, haciéndola una belleza digna de competir con cualquiera –las mujeres estamos para escoger no para ser escogidas.

La pelirroja y la pelinegra rieron con fuerza cuando los hermanos Yöhei desde la cancha observaban el cuerpo semidesnudo de esas dos que se daban la media vuelta dispuestas a meterse a la playa. La pelota cayó de lleno a su lado, dando por finalizado un partido que habían ganado Kōga y su amigo.

-Ven… -les dijo Kōga al acercarse a ellos –ganaron ese día porque me distraje con…

Pero Bankotsu y Renkotsu ya habían abandonado sus lugares y caminaban detrás de esas dos que ahora se metían al agua.

-Sí, yo también me hubiese retirado –murmuro Kōga al notar la razón –Ginta, Hakkaku… vamos por unos tragos.

XOXOXO

Bucear era otra cosas que más le gustaba, apenas salió fue rodeada por unos frondosos brazos que la tiraron en la arena; Bankotsu caía arriba de ella mostrándole esos pectorales perfectamente trabajados, remarcados ahora por las gotas de agua de escurrían hasta la parte baja de su pecho, Kagome se deleitó con ese rico color bronceado de su novio, acaricio su piel suavemente y sonrió de lado.

-Me gusta tu cuerpo –le dijo al acariciar sus pectorales.

-¿Solo eso? –le debatió Bankotsu mientras sostenía su peso con sus brazos, se miraron a los ojos.

No pudo evitar jalarlo por el cuello y besarlo con euforia, Bankotsu respondió, apoyándose ahora contra su cuerpo y sosteniéndose por sus ante brazos mientras Kagome le besaba con mayor énfasis; él se había convertido en una peligrosa droga adictiva y ella se estaba trastornado por su uso diario, sus labios, su piel, su cuerpo, todo en Bankotsu, todo lo que era él empezaba a hacerse una necesidad.

Una tos sugestiva los obligo a separarse y a girar hacia el autor.

-No es que me moleste él que se estén besando en plena playa –dijo Renkotsu a lado de Ayame –pero lo que sí creo es que no es necesario ver una de sus escenas eróticas en plena playa…

Bankotsu carcajeo, se levantó, ayudando a Kagome quien ahora estaba toda roja de la cara e inmediatamente fue abraza por detrás del moreno de piel de canela.

-Si te molesta, puedes ver a otro lado –rebatió Bankotsu.

-Tú arrogancia no es buena hermano.

-Hay… ¿Por qué no mejor vamos a bailar? –sugirió Ayame –el sol es menos intenso y el ambiente se ha puesto muy bueno –los cuatro giraron su atención hacia el grupo de gente que bailaba alrededor de la tarima de DJ –tengo antojo de beber algo y de bailar ¿vamos?

Bankotsu rio de lado.

-¿Quieres ir preciosa? –le pregunto.

-Vamos –acepto la pelinegra.

Ella también quería ser parte de la diversión, Bankotsu suspiro y después de entrelazar sus manos avanzaron hasta el gentío.

XOXOXO

Habían existido complicaciones que lo hicieron retornar al hospital, fue la llamada inesperada de Kaede quien lo hizo volver casi de empicada, ahora estaba afuera de la habitación esperando noticias, se regañó a sí mismo, el fin de semana era totalmente soleado y perfecto y él… él estaba ahora en la sala de espera.

-¿Señor Taisho? –le llamo el medico al salir, él se levantó como un resorte al escuchar su apellido.

-Sí, soy yo.

-La señorita Kikyou tuvo una pequeña recaída pero volvimos a estabilizarla, podrá pasar a verla una vez que el sedante haya perdido efecto.

-¿Y eso cuando será? –demando a saber al recordar que la última vez tuvo que esperar casi un día entero.

-Depende de su organismo –respondió el doctor al terminar de anotar en su tablilla para después retirarse.

Inuyasha volvió a dejarse caer en la silla y se froto fuertemente la cara; estaba perdiendo valioso tiempo que podría usarla para hacer regresar a Kagome y ahora se veía atrapado por las consecuencias de su estupidez. Medito una y otra vez las palabras de su padre, sí, tenía la victoria resguardada pero si quería obtener el todo tenía que asegurarse de que los tiempos fueran correctos, tomo su celular y marco el número.

-Taisho –contesto del otro lado de la línea.

-Padre… -dijo él al escuchar la voz de su progenitor –necesito un favor.

-¿Qué hiciste ahora? –quiso saber al escuchar un cierto fastidio en su voz.

-Yo nada pero Kagome sí.

Escucho cuando su padre tosía para acomodar su voz.

-¿Qué sucede?

-Sale con otro hombre –el silencio perpetuo de Inu No solo le dejo en claro que había entendido la recepción del mensaje que le brindaba.

-¿Está enamorada?

-No sé decirlo –porque ni él mismo sabía definir los sentimientos de su amiga, no sabía si era capricho o verdadero amor, aunque su ser se inclinaba y rezaba porque fuera capricho.

-¿Qué necesitas? –pregunto al fin su padre.

-Que retrases hasta el último día el aviso de nuestro compromiso –Inu No se quedó en silencio –sus padres deben de avisarle el último día de clases.

-¿Algo más?

-Persuade a sus padres para que le digan el motivo.

-Hecho –dijo Inu No –espero que sepas lo que haces.

-Conozco a Kagome y se perfectamente que reaccionara de manera favorable al enterarse de la enfermedad de su padre.

-Sinceramente estoy meditando el dejarle este trabajo a tu hermano –Inuyasha se puso de pie de un salto –Sesshomaru tiene interés por Kagome.

-Deja a Sesshomaru fuera de esto –replico él con furia –el compromiso desde un inicio fue entre ella y yo.

-Eres joven Inuyasha…

-Me importa un bledo si soy joven o no –no, no podía permitir que Sesshomaru se metiera en todo esto –soy yo el que será el esposo de Kagome.

-Haré lo propio –respondió su padre antes de colgar.

La línea muerta solo marcó el inicio de su plan prologando; Kagome no podía estar más tiempo con Bankotsu.

XOXOXO

El anochecer cayó y la sensación de flotar se le quito cuando Bankotsu la rodeo por la cintura.

-Estas ebria –declaro él muy cerca de su oído.

-No lo suficiente –le respondió firme mientras enrollaba sus brazos alrededor de su cuello.

¿Cuantas cervezas había tomado? Perdió la cuenta después de la octava cerveza, ahora mismo bailaba muy pegada al cuerpo de Bankotsu. Cuando hacemos el amor, amor, amor… vuelvo a la vida, cuando toco tu cuerpo resonaba la canción al fondo; nunca en su vida se había sentido tan viva. Bankotsu sujeto sus caderas fuertemente intentado marcar el paso del ritmo mientras se agachaba al besar su clavícula, la verdad era que él también había tomado bastante y ya ni se diga de Renkotsu y Ayame quienes en algún lugar de la pista se besaban apasionadamente, Jakotsu se había quedado en la barra con el barman que repartía las bebidas a gran velocidad.

Pero el baile entre el piel de canela y ella se volvía más erótico tenemos la fortuna de perder el control… se pierde mi blusa y tú pantalón, suma la cama, resta la ropa, bésame rico, vuélveme loca… la erección de él la percibió al clavarse en uno de sus muslos.

-Tienes piel de azúcar –declaró él de repente.

-¿Cómo?

-Tan dulce…

Sus bocas chocaron nuevamente, fusionándose en una sola ¿en qué punto la corriente eléctrica se volvió parte del ritmo de sus besos? ¿Cuándo comenzó hacerse costumbre entre ambos el percibirla? Se estremeció cuando su novio ascendió hasta su cintura, su piel se puso chinita y el muy cabrón había reído al notarlo.

-Vámonos… -dijo él al jalarla y apartarla de la pista de baile.

No replico porque llevaba minutos deseando que él dijera esas palabras mágicas. Bankotsu camino hasta el lugar más apartado de la playa, en ese lugar en donde la luna era la única luz que se reflejaba en el oleaje del mar, ese escenario en donde ambos ahora acostados en la playa se podían besar a plenitud y seguros de no ser vistos por nadie, en donde las luces y la música se reflejaban a lo lejos.

XOXOXO

Kagome sin duda era un delicioso dulce del cual no lograba satisfacerse a plenitud, en su interior admitía que era amor, ese sentimiento del que muchas veces renegó y del que ahora era presa. La besó mientras sus manos viajaban hasta la parte de arriba de su bikini, basto un solo tirón de esas cuerdas rojas para descubrir sus senos que fueron capturados por sus palmas al instante, admitía que jamás lo había hecho en plena playa pero ella lo incitaba a ir al extremo; se separó del beso para lamer sus erectos pezones y que respondieron en un gemino de parte de su dueña, se acomodó entre sus piernas sin importarle que las breves olas del mar los bañaran por instantes.

-Bank… no es el lugar… -murmuro Kagome al ser sentirse presa ante la ola de placer.

Pero el moreno con una de sus manos ya había descendió hasta la parte de su bikini, haciendo a un lado para introducir uno de sus dedos a la húmeda cavidad que lo esperaba ya ansiosa.

-Shhh… déjate llevar –dijo él.

-¡Aaaagh! –resoplo al sentir como uno de sus dedos se introducía a su interior.

Porque se sentía plenamente seguro de que en aquel lugar no había nadie, de no ser así no se arriesgaría a dejar la desnudes de su mujer a merced de cualquier otro, entonces se bajó su short y quito la última parte del bikini rojo; se estremeció él al sentir su miembro palpitar en la entrada de la muchacha. La perforo en un embestida certera, haciéndola gemir al instante.

-Piel de azúcar… -murmuró al lamer su piel.

-Bankotsu… -dijo con un hilo de voz.

-Kagome…

Volvió a embestirla con la misma fuerza; no, no sabía lo que ella tenía porque la condenada seguía igual de estrecha como desde la primera vez que la tomo, su virilidad estaba siendo tan apretada que le estaba costando un maldito triunfo contenerse.

-No… espera –mascullo Kagome sin fuerza.

Era débil en esa posición y sus fuerzas no eran la mismas, a penas y su pudo retenerla cuando ella se separó de su ser y se colocó arriba ¿en qué momento quedo abajo? Su piel se erizo cuando ella se autopenetro, fueron dos embestidas las que se dio, cuando de repente se separó por completo y acaricio su amplio pecho, deslizando sus manos hasta abajo después se agacho a la altura de su erección, el moreno trago duro al adivinar lo que haría.

-Es mi turno de darte placer –menciono ella antes de inclinarse y lamer su virilidad.

El agua por debajo de su cuerpo no ayudo mucho, no mientras ella se introducía una y otra vez su verga en su pequeña boca, que envuelta en su lengua no le permitía ni respirar, sus manos viajaron a su cabeza por inercia, meciéndola de arriba abajo.

-¡Aaaah! –grito él cuando sintió su virilidad más caliente que antes -¡Kagome me voy a….!

Pero ella no se detuvo sino que aumento la velocidad de sus mamadas y sujetándolo por las caderas lo obligo abrir más las piernas para que ella pudiera tener más margen de movimiento.

-¡Demonios, Kagome! –Se revolvió en la arena cuando su hinchada verga pedía a gritos concluir con el acto -¡Kag… yo…!

No tuvo ni tiempo ni de terminar porque segundos más tarde explota dentro de la boca de la mujer que se había separado de su miembro; el ver su pequeña y perfecta boca unida por el hilo del fluido de su ser, la hizo desearla aún más, la jalo por las muñecas y sin importarle que parte de su esencia aun estuviera en ella, la beso.

XOXOXO

-¿En donde estabas? –le pregunto una colorada Ayame –Renkotsu y yo los hemos buscado por horas.

Kagome rio de lado y Bankotsu se limitó a inflar su pecho.

-¿Eres policía? –la cuestiono. Ayame le miro con reproche.

-No, no lo soy pero lo digo porque tu hermano no encuentra a Jakotsu.

-Debe de estar cogiendo por ahí –respondió a la vez que buscaba entre la multitud -¿Dónde está Renkotsu?

-Ahí –señalo la pelirroja en la barra vacía –Renky se las está viendo negras.

-No se muevan de aquí –las miro a ambas con los ojos entrecerrados –y no se les ocurra tomar nada más.

La euforia y el escándalo por la gente había incrementado durante la noche, la multitud ya lucía ebria y muchos había perdido la vergüenza. Pues varios se besaban y se tocaban a vista de todos.

-Y eso que no has visto el carnaval –dijo Ayame a contemplar la misma escena que Kagome –se pone peor.

-¿Enserio?

-Ni que lo dudes –suspiro la pelirroja –el desfile es un caos y la fiesta se extiende por todas las calles.

-Nunca he visto un carnaval ¿es divertido? –adujo ella curiosa al seguir observando la multitud.

-¡Claro! Ojala para ese entonces aun siga con Renky –Kagome la miro confundida –él no me ve igual que Bankotsu a ti… así que…

-No digas esas cosas –interrumpió Kagome –él podría…

-Kagome eres una linda persona pero no debes ser tan ingenua –replico Ayame fuertemente –te lastimaras de tener esa actitud.

La pelinegra se quedó meditando por unos largos segundos la opinión de Ayame, a lo lejos veía a Bankotsu regañar a su hermano quien con el ceño fruncido parecía replicar. No, Bankotsu sería incapaz de dañarla.

XOXOXO

-Amo –murmuro la voz de su sirviente al entrar a su despacho –tengo el informe completo.

-Pasa –ordeno la voz de Sesshomaru al recibir a su pequeño sirviente.

El hombre pequeño le tendió la carpeta que con un sinfín de hojas tomo con brusquedad, al abrirla disimulo muy bien su sorpresa.

-¿Es todo? –le pregunto al hombrecillo tembloroso.

-Si, amo.

Releyó una y otra vez lo que había entre sus manos, verificando las fotos anexas, resoplo cuando se dio cuenta de que todo era autentico.

-Jaken –dijo de repente –hay un cambio de planes.

-¿Cuál, mi señor?

-Necesito que me investigues a la familia Yöhei.

Jaken hizo una reverencia antes de salir de los aposentos de su amo que había inundado con un aura cargada de furia.