Disclaimer: No me pertenecen ni la historia, ni los personajes. La historia es de Biianca23 y los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, yo sólo hago la traducción.
Capítulo 14: Cambios no deseados
Dolor. Todo lo que sentía era dolor fluyendo por su cuerpo. Trató de recorrer todo el camino hacia su casa, pero tropezó en las escaleras y no tuvo la energía suficiente para levantarse. Muchos pensamientos nublaron su mente mientras estuvo tumbado, esperando que alguien pasara por allí y lo ayudara. Kagome… Volveré a por ti. Hojo consiguió sentarse. ¿Quién era ese tipo? O… ¿qué era ese tipo? Era obvio que no era humano. ¡A lo mejor amenazó a Kagome! ¡Sí! Por eso no se queda conmigo. Hojo empezó a formular un plan en su cabeza para apartar a Kagome de él. Pensó en involucrar a la marina, pero descartó esa idea inmediatamente. De todos modos les llevaría mucho tiempo llegar allí. Podría decírselo a todos sus amigos para que fueran a junto de ella y la disuadieran de estar con él, pero no quería involucrar a nadie más. Si abría la boca, Kagome sería el centro de los cotilleos, y si descubría que había sido él el que lo había empezado todo, nunca saldría con él.
Alzó la mirada hacia las grandes escaleras de su templo y vio a un anciano quitando el polvo en lo alto. Pero él no pareció verlo. Hojo intentó alzarse, pero terminó volviendo a caerse. Le gritó al hombre, rezando porque lo oyera:
—¡Disculpe! ¡Estoy herido! ¿Puede ayudarme?
El anciano bajó la mirada y tiró la escoba. Hizo un movimiento señalándole a Hojo que esperara allí. Volvió varios minutos más tarde con un joven, urgiéndole a que bajara y lo ayudara. Cuando el chico bajó por las escaleras, Hojo lo reconoció como el hermano pequeño de Kagome.
Estiró la mano hacia él y lo examinó.
—¿Qué te pasó?
Hojo fijó su mirada en él. ¿No sabía que su hermana estaba saliendo con un monstruo? ¡Cómo podía preguntar eso siquiera! A lo mejor el monstruo había puesto a la familia bajo un hechizo. Sí, era eso, sino, ¿cómo podrían estar tan serenos en ese aspecto?
—Soy Hojo. El amigo de tu hermana. Me atacaron.
Souta ahora lo reconocía. Él era el payaso que siempre le pedía a su hermana para salir. Sabía que Inuyasha debía de haberle parado los pies, pero hizo una mueca de dolor al ver lo herido que estaba. Inuyasha no le habría causado tanto daño, ¿no?
Ayudó a Hojo a subir las escaleras y a entrar en casa donde su madre tenía preparados un botiquín de primeros auxilios y agua caliente.
Hojo se sentó en la mesa de la cocina, observando a la madre de Kagome mientras trataba sus heridas.
—¿Qué pasó? Si es que no te molesta que pregunte —preguntó educadamente.
Hojo bajó la mirada.
—¿Sabías que Kagome está saliendo con un monstruo?
La Sra. Higurashi sonrió.
—Debes referirte a Inuyasha. Lo admito, es un poco diferente, pero es un chico de buen corazón.
Hojo bufó.
—Él fue el que me hizo esto.
Ella dio un grito ahogado.
—¿Inuyasha? ¿Estás seguro?
Hojo asintió.
—Sí. Tenía los ojos rojos, y… ¡garras de gato! ¡Las usó para estrangularme! ¡Si Kagome no se hubiese interpuesto tan valientemente, seguro que me habría matado!
La Sra. Higurashi frunció el ceño. Éste no se parecía en nada a Inuyasha. Antes había oído un poco de ruido fuera, pero todos habían asumido que eran Kagome e Inuyasha peleándose y luego reconciliándose. Los había visto besándose cuando había mirado.
—Seguro que te has equivocado. Inuyasha no tiene los ojos rojos, y sé que no te haría tanto daño.
Justo cuando Hojo estaba a punto de replicar, entró el abuelo de Kagome.
—Sé lo que ha pasado.
Todos lo miraron ansiosamente, esperando a que empezara.
—Mi niño, vi lo que pasó. Inuyasha sí que te hirió, pero no tanto como tú dices. Simplemente te empujó un poco, pero tú empezaste a apartarte y caíste por las escaleras. Inuyasha bajó y te ayudó a subir, aquí fue cuando Kagome salió y asumió que te lo había hecho Inuyasha. Ella le gritó y luego se reconciliaron. Debiste de haberte golpeado la cabeza y estabas experimentando algún tipo de ilusión. Obtuviste todos esos cortes y rasguños de las escaleras, no del propio Inuyasha.
Hojo pareció sorprendido. ¿De verdad ocurrió eso?
—Supongo que pudo haber ocurrido así, pero… parecía tan real.
El abuelo de Kagome puso una mano en su hombro.
—Lo sé, mi niño, pero fue todo una ilusión. Una muy terrorífica.
Hojo sonrió y asintió.
—¡Por supuesto! ¡Cómo pude haber pensado que Kagome se relacionaría con alguien así! ¡Qué tonto por mi parte! —rió.
La Sra. Higurashi miró a su padre con una expresión seria en su rostro. Él asintió en su dirección y fue hacia el salón.
La Sra. Higurashi terminó de limpiarle las heridas y lo envió a casa educadamente. Después de eso, entró en el salón y se encontró a Souta y a su padre hablando. Sabía de qué estaban hablando. Se sentó y escuchó.
—Como puede que sepáis, me inventé todo eso. Vi lo que pasó y algo va muy mal con Inuyasha. Sus ojos eran rojos porque era un demonio completo. Kagome es su compañera y él estaba protegiendo lo que era suyo.
Los ojos de la madre se ampliaron.
—¿Su compañera?
El abuelo asintió.
—Cuando los demonios se aparean, lo hacen de por vida. Eso implica la ceremonia de la unión de ambos. Es algo así como el matrimonio, pero más fuerte.
Souta y la Sra. Higurashi palidecieron.
—Quieres decir… que Kagome lo ha… ¿hecho?
El abuelo asintió.
—Ella se ha convertido en su compañera y nosotros no podemos cambiar eso.
La madre dejó de prestar atención. Kagome… ahora sé por qué has estado actuando de una manera tan extraña. Dijo:
—Bueno, como no podemos hacer nada, intentemos ser positivos. Si le ha pasado esto a Kagome, me alegro de que haya sido con Inuyasha. Siempre ha habido algo entre ellos, y me alegro de que lo hayan expresado… Es sólo que no pensé que lo harían tan pronto.
Su padre asintió.
—Estoy de acuerdo. Pero la edad de los demonios es diferente de la de los humanos. Apuesto a que las chicas en la época de Inuyasha ya están casadas y teniendo hijos.
Souta dijo:
—Entonces… ¿ahora Inuyasha es de verdad como mi hermano?
La Sra. Higurashi asintió y sonrió. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo Kagome…
Rayaba el alba en el Japón feudal. Dentro de una cabaña, un grupo de amigos se encontraba durmiendo pacíficamente. Al grupo lo despertó un sonido de pasos fuertes. Kaede entró en la cabaña, llevando puestas sandalias gruesas. Miroku se despertó instantáneamente, frotándose los ojos para quitarse el sueño. Kaede asintió en su dirección, mientras Sango se despertaba. Kaede fue hacia Shippo y Kirara y se aseguró de que todavía estuvieran durmiendo. Cuando Sango y Miroku estuvieron completamente despiertos, salieron en silencio de la cabaña.
—¿Ya es la hora? —preguntó Sango, insegura. Kaede asintió con tristeza.
—Sí, me temo que sí.
El trío caminó hacia el árbol sagrado, donde traerían a su amiga del futuro. Una vez allí, Kaede les explicó el procedimiento. Era el mismo que el del hechizo que habían usado antes.
—Señora Kaede, ¿qué hace que esta vez sea diferente?
—Ahora yo os estaré ayudando —dijo una voz desde los arbustos. Kikyo apareció y se volvió hacia Kaede—. ¿Confío en que todos recordáis qué hay que hacer?
Todos asintieron.
—Por favor concentraos. Aunque poseo un poder espiritual inmenso, no puedo durar eternamente —una vez más, todos asintieron, aturdidos. Kikyo entrecerró los ojos.
—Sé que la mayoría de vosotros os oponéis a esto, pero pensad en Kagome. ¿Creéis que ahora es feliz? Le estáis haciendo un favor.
Todos alzaron la mirada y sonrieron un poco. Sango todavía estaba insegura, pero siguió adelante, esperando poder salvar a su amiga lo más pronto posible. Pusieron una mano en el árbol y se concentraron en Kagome. Kikyo dijo el encantamiento y gritó el nombre de Kagome. El árbol empezó a brillar inmediatamente. Está funcionando. Puedo sentir que su energía se está acercando a nosotros. Pensó Kikyo. Sintieron una sacudida y se separaron inmediatamente. Bajaron la mirada y vieron a Kagome tumbada inconsciente, con un extraño brillo azul.
Sango intentó tocarla, pero Kikyo le agarró la mano.
—No intentes tocarla. Todavía no está completamente aquí. Tenemos que rezar más fuerte.
Pusieron una vez más la mano en el árbol, esforzándose al máximo para ignorar la sacudida que intentaba detenerlos, y rezaron.
—Está completo —oyeron que decía Kikyo. Bajaron la mirada hacia Kagome y vieron que estaba completamente allí, pero todavía inconsciente.
—Ella está bien. Nuestro poder sólo la ha abrumado. Está intentando luchar contra él, y por lo tanto, su energía es baja —dijo Kikyo—. Llevadla de vuelta a la cabaña de Kaede para que descanse un poco.
Kagome abrió lentamente los ojos. Dónde… ¿dónde estoy? Se levantó, sentándose y puso su mano sobre su cabeza. ¿Qué pasó? Todo lo que recuerdo es estar discutiendo con Inuyasha, luego lo siguiente que supe es que me había desmayado.
Kagome miró a su alrededor. Ésta parece la cabaña de Kaede. ¿Acaso he viajado al Japón feudal? Se volvió hacia la entrada cuando entró Sango.
Sango, viendo a su amiga despierta, sonrió.
—¡Kagome! ¡Estás despierta!
Kagome sonrió y asintió.
—Sí. Oye Sango, ¿puedes decirme qué ha pasado?
Sango la miró.
—¿No lo recuerdas?
Kagome meneó la cabeza.
—No. Estaba discutiendo con Inuyasha y lo siguiente que recuerdo es haberme desmayado.
Sango sonrió con tristeza y miró el hombro de Kagome.
—Inuyasha… —dijo Sango pensativamente.
Kagome supo inmediatamente qué estaba mirando.
—Sango, sé lo que estarás pensando, pero…
—No Kagome. Ya sé que Inuyasha y tú estáis emparejados. También sé que el ritual fue forzado.
Los ojos de Kagome se abrieron como platos.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque yo se lo dije.
Kagome y Sango volvieron su atención hacia la entrada donde estaba Kikyo.
—Sentí que tu presencia se unía con la de Inuyasha. Esto sólo pasa cuando los demonios se aparean.
Kagome no pudo hacer otra cosa que asentir, atontada.
Miroku y Kaede entraron poco después. Después de ayudar a Kagome a levantarse y de hacer un poco de estofado, los cinco se sentaron, queriendo saber lo que había pasado entre Inuyasha y Kagome.
Kaede le dirigió a Kagome una sonrisa alentadora. Kagome le correspondió a la sonrisa y les contó todo. Desde cuando había abandonado la época feudal, hasta cuando pensó que la perseguía un demonio para matarla y cuando la había violado Inuyasha. Cuando Kagome terminó de hablar de la violación, los cuatro estaban sorprendidos, incluso Kikyo.
Sus ojos se entrecerraron.
—Es obvio que Inuyasha es ahora un monstruo. Tenemos que quitarle la marca a Kagome para que esté a salvo de él.
Kagome se levantó.
—¡Él no es un monstruo! ¡Tú no lo entiendes! ¡Él ha cambiado! Solo lo hizo porque…
—¿Porque qué? —dijo Kikyo bruscamente—. ¿Te amaba? —se rió cruelmente—. Niña, no sabes cómo funcionan los demonios como Inuyasha. Él no te ama. Él solo quiere tu cuerpo.
Kagome meneó la cabeza, con lágrimas en los ojos.
—¡No! ¡Estás equivocada! ¡Inuyasha es mi compañero y me ama!
Todos fijaron la mirada en Kagome con asombro. No podían creer que lo defendiera de esa manera. Sango agachó la cabeza. Se notan sus instintos de compañera. A pesar de cómo se siente ahora por él, no va a permitir que nadie minusvalore a su compañero. Kikyo se levantó.
—¿Nos estás diciendo que has perdonado a Inuyasha por su atroz actuación?
Kagome alzó la vista hacia la mirada perforadora de Kikyo. Bajó la mirada.
—¡No! Todavía estoy muy enfadada con él, pero yo… lo siento. No sé lo que me acaba de pasar.
Kikyo sonrió con suficiencia.
Miroku alzó la vista hacia Kikyo.
—Señorita Kikyo, han salido los instintos de compañera de Kagome. Sólo está haciendo lo que hacen los compañeros.
Los ojos de Kikyo se volvieron todavía más fríos de lo habitual.
—Más le vale aprender cuándo es el momento apropiado para ponerse del lado de su… compañero —la última palabra la dijo como si fuera veneno.
Sango puso su mano en puño, pero no dijo nada. Miroku y Kagome notaron esto y pusieron sus manos sobre sus hombros, impulsándola a que se calmara.
—Inuyasha llegará pronto. Tienes que tomar una decisión, niña.
Kagome miró a Kikyo.
—¿Una decisión? ¿Qué quieres decir?
Kikyo se volvió a sentar, al igual que Kagome.
—Es posible quitar la marca de apareamiento, siempre que sea transferida a alguien más. Una vez se quite, no dejará ninguna señal de que hubiera estado alguna vez en esa persona.
Kagome meneó la cabeza.
—Todavía quedará una señal. Él me arrebató mi virginidad y nunca la volveré a tener. Cuando piense en ello, siempre lo recordaré a él como quien me la quitó.
Sango puso una mano tranquilizadora en su brazo.
—Ah, pero si se quita la marca apropiadamente, puedes volver a tener todo.
Kagome dio un grito ahogado y alzó la mirada.
—Quieres decir que… mi virginidad… ¿volverá?
Kikyo asintió.
—¿Cómo es eso posible? Es decir, podría recordar la sensación con facilidad.
—Se borrarán todas las señales. El recuerdo del ritual ya no existirá y será como si nunca te hubieras entregado a él.
—Entonces, ¿simplemente lo olvidaré? ¿Olvidaré todo lo que ha pasado en los últimos días?
—No, todavía tendrás el conocimiento de que te apareaste con él, pero cuando pienses en cuando te entregaste a él, la imagen estará en blanco.
—¿Pero sabré que me violó?
—No, no sabrás nada más que el hecho de que te uniste a él. Todo lo demás estará en blanco.
Kagome pensó esto detenidamente. Es como tener una segunda oportunidad. Volveré a tener mi virginidad, ¡y todo podrá volver a la normalidad entre Inuyasha y yo!
Kikyo pareció sentir lo que estaba pensando.
—Pero quedas avisada, las cosas nunca volverán a ser lo mismo entre tú e Inuyasha. Él seguirá emparejado con alguien, sólo que no será contigo. Él será su compañero en todo momento y su amor por ti dejará de existir. Él será consciente de todo lo que ha pasado entre vosotros.
—Quieres decir… ¿que lo recordará todo?
Kikyo asintió.
—Sí. Imagínate cómo se sentirá al saber que su propia compañera eligió renunciar a su marca —Kikyo sonrió con suficiencia.
Miroku interrumpió:
—Ya es suficiente. Dejemos que Kagome piense por sí misma, ¿vale?
Miró a Kagome y sintió una punzada de simpatía. Parecía tan indefensa. Sango no se movió.
—Kagome, si no te molesta, ¿puedo quedarme y hacerte compañía?
Kagome sonrió.
—¡Por supuesto! Me gustaría.
Sango se levantó.
—¡Oye! ¿Qué te parece si vamos a las aguas termales? ¡Será el lugar perfecto para relajarse!
Kagome asintió. Miroku sonrió astutamente y se unió a la conversación.
—A mí también me gustaría hacerle compañía a Kagome. Si vais a las aguas termales, entonces supongo que no me queda otra opción que acompañaros.
Kagome soltó una risita cuando Sango lo golpeó en la cabeza.
—Sé realista, pervertido. Volveremos pronto y si sigues queriendo hacernos compañía, entonces serás bienvenido.
Miroku suspiró y dejó solas a las chicas. Kagome y Sango caminaron en silencio hacia las aguas termales. Cuando estuvieron dentro y acomodadas, Kagome suspiró.
—¿Kagome? ¿Qué es lo que te preocupa de verdad de Inuyasha?
Kagome alzó la mirada.
—Es que… necesito saber si me ama, no sólo por mi cuerpo.
Los ojos de Sango se suavizaron.
—Kagome, por lo que he visto entre vosotros, Inuyasha parece tener algunos sentimientos ocultos por ti. Eso era muy obvio.
—¿De verdad? —Sango sonrió y asintió.
—Sango, no es sólo eso. Quiero recuperar mi virginidad. No es así como me imaginaba mi primera vez. Se suponía que iba a ser tierna y gentil, no forzada.
—Lo sé, pero Kagome, debes saber algo. Kikyo… va a ponerse la marca en ella.
Kagome dio un grito ahogado.
—En… ¿ella…? —Kagome se sintió estúpida. ¿Por qué no pensé en preguntar a quién iba a transferírsele la marca? Kagome sonrió con tristeza—. Bueno, supongo que eso estará bien. Es decir, solían estar enamorados y sé que la parte de medio demonio de él todavía la ama, así que supongo que todo funcionará, ¿eh?
Muy bien Kagome, pensó, eso sonó falso incluso para mí.
Sango miró a Kagome. Pobrecilla. Todavía está pasando por mucho.
—Kagome, a pesar de lo que dijo Kikyo, yo sé que Inuyasha te ama. De otro modo no te habría convertido en su compañera.
Kagome asintió.
—Supongo que es cierto. Sólo desearía… que no me hubiera poseído de esa forma.
Sango dudó antes de hablar.
—Kagome… ¿todavía amas a Inuyasha?
Kagome no se esperaba esa pregunta. ¿Lo amo? Pensó en todos sus momentos juntos. Los buenos, los malos y los de en medio. Mientras pensaba, Sango la miraba sonriente. Ver a Kagome ponerse nerviosa era divertido. No pudo evitar soltar una risotada.
Kagome alzó la vista hacia Sango.
—¿Qué es tan divertido?
—Tu expresión —soltó una risita—. No tienes que responder. Tu cara lo dice todo. Estás claramente enamorada de él.
Kagome tenía una mirada vacía en el rostro. No lo entiendo…
Las dos chicas volvieron a la cabaña de Kaede y allí se encontraron a Miroku, Kaede y Kikyo.
Kaede alzó la vista, pareciendo preocupada.
—Kagome. Tenemos un problema.
Kagome tragó saliva. Odiaba que alguien dijera eso.
—¿Qué es?
Miroku suspiró.
—Inuyasha está aquí. Te está buscando y no está contento.
Kagome palideció.
—¿Qué dijo?
Kikyo tomó la palabra:
—Dijo que iba a ir a buscarte y a llevarte con él. Es obvio que no te ha encontrado.
—Esto es más serio de lo que habíamos pensado. Kagome, tienes que tomar la decisión ahora. Nosotros no tenemos fuerza para alzar otra barrera e Inuyasha probablemente ya sabe que estás aquí y viene en esta dirección.
Kagome empezó a alarmarse.
—A lo mejor si hablo con él y lo llevo a otra parte…
—Eso no funcionará. Él está decidido a mantenerte alejada de nosotros. Sabe lo que intentamos hacer.
Kagome miró a Sango y ella asintió alentadoramente. Kagome tomó la palabra:
—No voy a tomar mi decisión todavía. Es demasiado. Primero necesito hablar con Inuyasha.
Sango sonrió.
Kikyo sonrió cínicamente y se rió con crueldad.
—Estúpida niña tonta. ¿Por qué debes pensar en esto? ¿Quieres ser su puta durante el resto de tu vida? —Kagome soltó una exclamación ante la repentina respuesta de Kikyo.
Kaede habló:
—Kikyo ahora no es el momento de ejercer presión sobre la pobrecilla…
—Silencio Kaede —dijo Kikyo bruscamente—. Ella tiene que saber la verdad sobre estar con Inuyasha.
Kagome no dijo nada pero estaba escuchando atentamente. Kikyo regresó su atención a Kagome.
—Te estoy diciendo que Inuyasha no te ama. Nunca lo hará. ¿Quieres quedarte embarazada de su hijo, Kagome?
Kagome dio un grito ahogado. E… ¿Embarazada?
—¿No lo sabías? Una vez que los demonios toman a su compañera, casi siempre conciben un niño la primera vez. Además, ¿podrás vivir sabiendo que una parte de Inuyasha todavía me ama a mí?
Kagome bajó la mirada y cerró las manos en puño.
—Cállate Kikyo… —masculló. Sus instintos de compañera estaban saliendo a flote. Kikyo continuó:
—¿Podrás estar apareada con él sabiendo que tendrá total control sobre tu cuerpo? te usará, chica. Te poseerá cada vez que le dé la gana y no sentirá ningún remordimiento. Te golpeará y te reprenderá por todo lo que hagas. Te…
—¡CÁLLATE KIKYO! —Kagome puso las manos sobre sus oídos—. Yo lo amo, ¿vale? ¿Era eso lo que querías oír? ¡Yo amo a Inuyasha!
Kikyo se rió.
—¿Lo amas después de todo lo que te ha hecho? Eres patética.
—¡Sólo porque esté enfadada con él no significa que no lo ame! Puede que siempre esté enfadada con él por haberme arrebatado mi virginidad, ¡pero eso no significa que todos esos sentimientos que albergo por él vayan a desaparecer!
Kikyo entrecerró los ojos.
—¿Entonces deseas permanecer como su compañera?
Kagome asintió.
—Eso es.
Todos sonrieron, excepto Kikyo.
—Haz lo que quieras niña, pero no me vengas llorando cuando te destroce —con eso, se marchó.
Kagome sonrió, contenta de haber defendido lo que creía. De repente, Kagome cayó sobre sus rodillas. Todos estuvieron a su lado instantáneamente.
—Lo siento chicos, todavía estoy un poco débil.
Kaede asintió.
—Sí. Deberías quedarte y descansar un poco más. Debería ir a ver qué está haciendo Shippo.
Después de que Kaede se hubiera ido, Sango y Miroku se quedaron.
—Eso fue muy valiente, Kagome —dijo Miroku.
—Sí. Hablaste desde el corazón —concordó Sango.
Kagome se rió.
—Gracias chicos. Me alegra quedarme con Inuyasha. Bueno, voy a dormir un poco. Muchas gracias a ambos.
Los dos salieron de la cabaña y Kagome los observó mientras se iban. Me alegro mucho de tener amigos como ellos. Suspiró y se giró para descansar como se merecía.
Pero lo que no se esperaba era toparse con algo duro. Alzó la mirada y vio que unos ojos ambarinos la miraban fijamente.
—¿Inuyasha? —dijo.
—¿Pensaste que podrías escapar de mí, perra? —la fulminó con la mirada.
—¿Qué? ¡No! ¡Ellos me trajeron aquí!
Inuyasha la agarró por los brazos.
—¡Au! ¡Inuyasha! ¿Por qué me estás haciendo daño?
—Cállate, perra —le dio una bofetada. Kagome lo miró con lágrimas en los ojos.
—Inuyasha, ¿por qué haces esto? Yo elegí quedarme contigo…
—Como si me importara. Volviste a desobedecerme. Creo que es hora de que seas castigada.
Kagome intentó apartarse de él.
—¡Inuyasha, éste no eres tú! ¡El medio demonio nunca haría esto!
Él gruñó.
—Éste soy yo, Kagome. Estoy bastante cabreado contigo. Tienes suerte de que no deje salir a mi demonio. A él le encantaría tratar contigo.
Los ojos de Kagome se abrieron como platos.
—¡Inuyasha por favor! ¡Lo siento!
Él sonrió malvadamente.
—¿Sabes? Deberías haber aceptado el trato de Kikyo. No me importaría tenerla como compañera.
El corazón de Kagome se detuvo.
—Qu… ¿Qué?
—Ya me has oído, perra. Deberías haber aceptado la oferta de Kikyo.
Kagome cerró las manos en puño.
—¿La quieres a ella como tu nueva compañera?
Él fingió pensar en ello por un momento.
—Sí. Ella es muchísimo mejor que tú. Te diré algo. Si haces que te quite la marca ahora, te dejaré ir y no te castigaré, ¿vale?
Kagome lo miró fijamente a los ojos.
—¿Por qué, Inuyasha? ¡Yo pensé que me amabas!
Él se rió malvadamente.
—Perra estúpida. Yo nunca te he amado. Sólo quería ver cómo sería tener al reemplazo de Kikyo. Pero no eres tan buena como la real.
Sonrió cínicamente.
—Sé lo que estás pensando, Kagome, y sí, he chingado antes con Kikyo. ¿Todas esas veces que salía por mi cuenta por la noche y no volvía hasta la mañana siguiente? ¿Qué pensabas que hacía? —sonrió perversamente.
Los ojos de Kagome se abrieron como platos mientras su mundo se derrumbaba. Su corazón saltó en su pecho, haciendo que quisiera vomitar.
—De acuerdo Inuyasha… si eso es lo que quieres…
Kagome se levantó rápidamente y fue en busca de Kikyo, no mirando ni una sola vez atrás. Si lo hubiera hecho, habría visto que Inuyasha se convertía en polvo y que en su lugar, dejaba una marioneta demoníaca de madera.
Kagome entró en la cabaña y se encontró allí a Sango, Miroku y Kaede observándola ansiosamente.
—¿Dónde está Kikyo? —dijo con voz fría.
Nadie quería hablar. Sabían que Kagome estaba enfadada. Kaede fue la que se puso valientemente en pie.
—¿Qué te aqueja, Kagome?
Kagome ni siquiera reconoció su presencia.
—¿Dónde está Kikyo? —repitió.
—Estoy aquí —dijo Kikyo a su espalda. Kagome fue hacia ella.
—Quítala.
Kikyo pareció confundida. Kagome estaba demasiado enfadada como para preocuparse de ser amable.
—¡He dicho que LA QUITES! ¡Él te quiere a ti!
Todos fijaron la mirada en Kagome. Miroku supo inmediatamente lo que estaba pasando.
—Kagome eso no era…
—Bien —dijo Kikyo, interrumpiéndolo—. Ven fuera.
Kagome siguió a Kikyo hasta el árbol sagrado.
—¿Ves ahora lo que intentaba decirte? El corazón de Inuyasha sólo me pertenece a mí.
Kagome no estaba de humor para escucharla.
—Sólo apresúrate y quítala.
Kikyo asintió. Miró más allá de Kagome y vio al Inuyasha verdadero corriendo hacia ellas. Colocó su mano rápidamente sobre su marca de apareamiento y empezó el cántico. Inuyasha se estaba acercando con rapidez.
—¡Kagome! —llamó.
Kagome lo oyó y se dio la vuelta. Kikyo no detuvo su cántico.
—¡Kagome! ¡Por favor no hagas esto! ¡Yo te amo!
Kagome sonrió con tristeza. Si eso fuera cierto, Inuyasha… Inuyasha oyó sus pensamientos y gruñó.
—¡Kikyo! ¡Aparta tus sucias manos de ella!
Kagome estaba confundida. ¿Por qué venía ahora a por ella? Había dejado claro que deseaba a Kikyo.
El hechizo de Kikyo estaba casi completo. Kagome cayó sobre sus rodillas al sentir que la marca se separaba de su piel y que sus recuerdos se alteraban. Oyó vagamente a Inuyasha en la distancia.
—¡Kagome! ¡Ése no era yo!
Kagome estaba perdiendo rápidamente la conciencia. Miró a Kikyo y vio que la marca ya casi estaba sobre ella.
Miró a Inuyasha con lágrimas en los ojos. Inuyasha… te amo…
El corazón de Inuyasha se rompía. Había llegado al lugar, pero el hechizo había creado una barrera alrededor de ellas para que no pudiera entrar. ¡Maldición! ¡Esa jodida perra me las va a pagar!
Arañó la barrera como nunca había arañado nada en su vida. No podía perder a Kagome. No podía. ¡Joder! ¡Kagome, te amo! Pensó con desesperación.
—¡Kagome! —gritó a todo pulmón. Si él no tenía el poder para detener esto, Kagome lo tendría.
—¡Al que te encontraste antes no era yo! —respiró hondo—. ¡Kikyo usó una marioneta demoníaca para hacerte creer que yo la quería a ella! ¡Por favor Kagome, te amo!
Los ojos de Kagome se abrieron como platos. ¿Una marioneta demoníaca? ¿Entonces no era él? Alzó la mirada hacia Kikyo con la energía que le quedaba. La vio sonreír con maldad, confesando silenciosamente la verdad. Estaba a punto de apartarse de Kikyo y detener la transferencia cuando sintió que Kikyo la empujaba. Vio con horror que Kikyo le sonreía victoriosamente.
La marca de apareamiento había sido transferida a Kikyo.
Kikyo era ahora la compañera de Inuyasha.
15 páginas de word, pensé que no acababa nunca. Éste ha sido un capítulo con un final bastante intenso, al menos para mí, espero que os guste.
Muchas gracias por todos los bonitos reviews que me dejáis, me alegran el día. ^^
Besos y hasta la próxima.
